Metamorfóseos o Transformaciones (1 de 4)
Part 5
No obstante la sagrada Tierra, como estaba rodeada del mar entre las aguas del Piélago, y las fuentes que se habian congregado de todas partes para ocultarse en su seno, levantó seca hasta el cuello su cabeza, que tan fecunda era en otro tiempo: se puso la mano en la frente, é infundiendo en todas las cosas un horroroso temblor, se sentó un poco, y se halló mas abaxo de lo que solia estar, y con voz santa habló de este modo: „Si esta es tu voluntad, supremo Dios, y yo lo he merecido; ¿para qué cesan tus rayos? Permítaseme, si he de perecer á la fuerza del fuego, que perezca con el tuyo, y aliviaré mi desgracia, recibiéndola de mano de mi Autor.” Apénas pudo abrir la boca para articular estas solas palabras, porque el calor habia desecado sus fauces. „Mira mis cabellos tostados, mis ojos cubiertos de humo, y mi rostro de cenizas. ¿Es este el fruto que espero? ¿Esta recompensa me das en premio de mi fertilidad, y del servicio que hago en sufrir las hendiduras que me hace el corvo arado y los rastrillos, viéndome combatida todo el año? Esta es la recompensa de suministrar pastos á las bestias, al hombre frutos, y alimentos suaves, y á vosotros el incienso. Haya yo merecido en hora buena esta destruccion; pero ¿en qué la han merecido las aguas? ¿en qué mi hermano?[121] ¿Por qué se disminuyen los mares que le tocáron en suerte, y estan mas distantes del cielo? Pero si no te conmovemos mi hermano y yo, á lo ménos compadécete de tu cielo. Mira á una y otra parte, y verás humear ámbos polos; y si el fuego llegare á apoderarse de ellos, vendrá á ser reducido á ceniza tu mismo palacio. Mira padecer al mismo Atlante,[122] y que apénas puede sostener en sus hombros el ardiente cielo. Si perecen el mar, la tierra y los cielos, serémos confundidos en el antiguo caos: si ha quedado aun alguna cosa, líbrala de las llamas, y mira por el universo.” Este fué el discurso de la Tierra; y no pudiendo resistir mas el calor, ni seguir hablando, ocultó su cabeza en su centro hasta llegar á las cavernas mas inmediatas al profundo infierno.
[Ilustración: (25) Júpiter hiere á Faeton con un rayo para evitar un incendio universal.]
FÁBULA II.
_FAETON ES HERIDO DE UN RAYO._
Pero el Padre omnipotente, haciendo ver á los Dioses, y al mismo Febo que le habia entregado el carro, que iban á arruinarse todas las cosas, segun el fatal hado, si no se acudia con prontitud al socorro, subió á lo mas alto del Olimpo, de donde suele enviar las nubes á la tierra, y de donde hace resonar los truenos, y arroja los rayos; pero no teniendo entónces nubes que enviar, ni lluvias que poder arrojar del cielo, truena y arroja contra el Cochero[123] un rayo vibrado con todo el impulso de su brazo poderoso, con que le quita la vida, y á un mismo tiempo el carro, matando de este modo un fuego con otro fuego. De este modo se apagó el fuego con el mismo fuego. Se espantan los caballos, y dando un salto hácia atras, sacan el cuello del yugo, dexando las riendas rotas. Aquí quedan los frenos, allí el exe apartado de la lanza, en otra parte los rayos de las ruedas hechas mil pedazos; y finalmente por todas partes quedáron esparcidos despojos del derrotado carro. Cae de cabeza Faeton, abrasándole las llamas sus rubios cabellos, y es llevado por los ayres un dilatado trecho, así como muchas veces lo es una exhalacion, que, estando el cielo sereno, nos parece haber caido, aunque en realidad no cae. El Erídano le recibió en una region muy distante de su patria,[124] y le lavó su rostro cubierto de espuma.
[Ilustración: (26) Cerca del Sepulcro de Faeton fueron transformadas sus hermanas en Álamos y el Rey Cicno en Cisne.]
FÁBULA III.
_LAS HERMANAS DE FAETON TRANSFORMADAS EN ÁRBOLES, Y CICNO EN CISNE._
Las Ninfas de la Hesperia[125] dan sepultura al cuerpo, que aun humeaba con la llama de tres puntas, entallando en su sepulcro este epitafio.
AQUÍ YACE FAETON, COCHERO DEL CARRO DE SU PADRE, QUE AUNQUE NO LE RIGIÓ CON FELICIDAD, LO EMPRENDIÓ SIN EMBARGO CON ARROGANCIA JUVENIL.
Entre tanto su miserable padre habia inundado su rostro con el triste llanto;[126] y si se ha de creer la tradicion, no hubo sol un dia, y el mismo incendio sirvió de luz al mundo, hallándose de este modo alguna utilidad en medio de tanta desolacion. Pero Climene,[127] despues de prorumpir en todo lo que es propio de una madre sitiada de semejantes penas, recorre todo el mundo, llorosa, loca, rasgando sus vestidos y seno. Buscaba primeramente los miembros muertos de su hijo, y despues eran sus cuidados los huesos, que halló por último casualmente sepultados en tierra extraña. Sentóse en aquel sitio, y leyendo el nombre que estaba grabado en el mármol, le regó con sus lágrimas, calentándole despues con su desnudo pecho. Lúgubres llantos tributan á la muerte tambien las Heliadas;[128] consolándose de este modo vana é inútilmente, é hiriéndose el pecho con las manos, llaman de dia y noche á Faeton, que ya no puede escuchar sus compasivas quejas, y permanecen postradas sobre su sepulcro. Quatro veces habia iluminado la luna toda su redondez, uniendo sus puntas brilladoras,[129] y ellas continuaban sus lamentos (pues el uso se habia trocado ya en naturaleza) quando Faetusa, que era la mayor de las hermanas, queriendo sentarse en tierra, se quejó de habérsele endurecido los pies. Fué detenida, al ir á socorrerla la blanca Lampecia, con raices nacidas repentinamente; la tercera arranca hojas con sus manos, quando solo intentaba arrancarse los cabellos. Una se queja de que sus piernas se transforman en troncos: otra de que sus brazos se vuelven ramas; y miéntras estan admiradas con este prodigio, empiezan á cubrirse los muslos de corteza, que por grados ocupa el vientre, pecho, hombros y manos; solo les falta por cubrir la boca con que llaman á su madre. ¿Pero qué habia de hacer esta desdichada sino discurrir por acá y acullá como una loca, y miéntras puede, juntar sus labios amorosos con los de las hijas? No se contenta con esto, se empeña en arrancar sus cuerpos de las raices, y dividir con las manos las tiernas ramas; pero en vano, porque manan de ellas gotas de sangre, como de una herida. No hagas eso, madre, claman ellas heridas. Madre, rogámoste no lo hagas, porque nuestro cuerpo es despedazado en el árbol con los esfuerzos que haces. Quédate ya con Dios. Á estas últimas palabras acabó de cubrirse su boca con corteza. Corren lágrimas de estos árboles;[130] y el ámbar,[131] que destilan sus ramas, se endurece con el sol; la cristalina corriente le recibe, y lleva para uso de las matronas Romanas.
Presenció este prodigio Cicno, hijo de Esteneleo, quien, aunque estaba unido á Faeton, por el parentesco materno, lo estuvo mas por la amistad. Este Príncipe, Señor de muchas poblaciones de Liguria,[132] y de populosas ciudades, dexando sus Estados, se fué á las riberas del Erídano, y las llenaba de quejas, como igualmente á las selvas aumentadas por las hermanas de Faeton, quando la voz se le disminuye, y sus cabellos se le mudan en blancas plumas; del pecho le sale el cuello largo, y la juntura liga á los roxos dedos; y un pico redondo ocupa la boca; en una palabra, Cicno se transforma en cisne, ave nueva; pero acordándose del fuego, que tan injustamente arrojó Júpiter, no mira al cielo, ni á aquel; habita los estanques y espaciosos lagos, eligiendo por su morada á los rios, cosa contraria al fuego, que tanto aborrecia.[133]
Entre tanto Febo, desaliñado y privado de su hermosura, como quando se ve eclipsado, se aborrece á sí mismo, á la luz y al dia: se entrega á la tristeza; con ésta aumenta su ira, y no quiere alumbrar al mundo: bastante, dice, he trabajado desde el principio de él, y estoy pesaroso de un no interrumpido trabajo, que no me sirve de honor. Gobierne qualquiera otro el carro que lleva la luz; y si no hay ninguno, y confiesan todos los Dioses que no pueden, gobiérnele el mismo Júpiter, para que á lo ménos, y miéntras maneja mis riendas, dexe los rayos, que han de privar á los padres de los hijos. Pues quando vea por la experiencia el ímpetu de los ardientes caballos, conocerá que no fué digno de muerte el que no los gobernó bien. Á estas palabras rodean al sol todos los Dioses, y con rendidas voces le suplican no quiera introducir en el mundo las tinieblas. Tambien Júpiter se disculpa de haber arrojado el rayo, é imperiosamente añade las amenazas á los ruegos. El Sol recoge los caballos furiosos, y aun sobresaltados del terror, y castigándolos con la espuela y el látigo, se enfurece, y les da en rostro con la suerte desventurada de su hijo, imputándoles su muerte.
FÁBULA IV.
_CALIXTO ENGAÑADA POR JÚPITER._
Pero el Padre omnipotente recorre el grande ámbito del cielo, y registra si hay alguna cosa maltratada de la violencia del fuego que amenace ruina; y viendo que todas estaban en su vigor, vuelve la vista á la tierra, y á los trabajos de los hombres.[134] Sin embargo tiene particular cuidado de su Arcadia;[135] renueva sus fuentes y rios, que no se atrevian aun á correr. Hace que la tierra produzca yerbas; viste los árboles de hojas, y manda que reverdezcan las selvas destruidas. Miéntras discurre por acá y acullá, fixó su atencion en la doncella Nonacrina,[136] y el amor que le causó su vista, le penetró hasta los huesos. Esta hermosa Ninfa no se ocupaba en hilar, ni en componerse los cabellos, sino que despues que recogia con un cíngulo sus vestidos, y con una blanca cinta sus desaliñados cabellos, echaba mano unas veces del ligero venablo, y otras del arco; era compañera de Diana, y no tuvo otra Menalo,[137] que mas agradase á Trivia,[138] pero ningun poder hay durable.
[Ilustración: (27) Júpiter toma la figura de Diana para hacerse querer de la Ninfa Calisto.]
Ya habia pasado el sol del medio dia, quando ella entra en un espeso bosque, al que ningun contratiempo habia destruido. En él se quita de los hombros la aljaba, afloxa el flexîble arco, y se recuesta en el suelo entapizado de yerba, sirviéndola de almohada la pintada aljaba. Viéndola Júpiter cansada, y sin guarda: „mi muger, dice, seguramente ignorará este hurto, y si lo supiere, poco importa, son burlas, ¡oh! ¡son burlas de mucho precio!” Toma inmediatamente la figura y vestido de Diana; la dice: „Ó doncella, única parte de mis compañeras, ¿en qué collados has cazado hoy?” Ella, levantándose prontamente, „Dios te guarde, dixo, Deidad, á mi parecer, mayor que Júpiter, aun quando él me esté escuchando.” Oyelo, y se rie, alegrándose de que le prefiera á sí mismo; la da ósculos poco castos, y ménos dignos de una vírgen. Quando se disponia á contar en qué selva habia cazado, se lo impide abrazándola, y no se descubre, sino intentando un delito. Se resiste ella, y se defiende con quantos medios puede una muger. ¡Oxalá lo hubieras visto, hija de Saturno,[139] pues serias mas compasiva! Defiéndese en efecto; ¿pero qué muchacha ó mortal podrá vencer á Júpiter? Sube este al cielo despues de su victoria. Calixto aborrece aquel bosque y aquella selva, testigo de su delito, de donde al retirarse, casi se olvidó de recoger la aljaba con las flechas y el arco que habia colgado de un árbol.
[Ilustración: (28) Las Ninfas descubren á Diana la preñez de Calixto.]
FÁBULA V.
_CALIXTO ARROJADA DE LA COMPAÑIA DE DIANA._
He aquí á Diana, acompañada de su coro, que entra por el alto Menalo, orgullosa con las fieras que habia cazado; ve á Calixto, y la llama; pero ella huye, temiendo que Júpiter estuviese aun transformado en Diana; mas despues que conoció que las Ninfas andaban igualmente, se acerca á ellas persuadida á que no habia engaño. ¡Ah! ¡quán difícil es que no salga á la cara un delito! No se atreve á levantar los ojos del suelo; no va al lado de la Diosa, ni la primera de todas sus compañeras, como ántes solia; al contrario, guarda un profundo silencio, y con el rubor da señales de su pudor perdido. Diana, á no ser vírgen, hubiera conocido su culpa por muchos indicios; pero aseguran que las Ninfas la conociéron. Ya la Luna iba caminando á llenar por la nona vez su plateado rostro,[140] quando la Diosa cazadora, fatigada del calor de su hermano,[141] entró en un fresco bosque, del que baxaba un resonante arroyo, y corria por las golpeadas arenas. Despues que alabó aquel sitio, tocó con el pie la superficie de las aguas; y alabándolas igualmente, no hay testigo, dice, que nos vea: bañémonos en sus cristalinas corrientes. Se cubre Parrasia[142] de rubor: las demas Ninfas se desnudan, y ella sola busca dilaciones. Desnúdanla al verla dudosa, y su delito quedó luego patente. Atónita ella, y queriendo tapar el vientre con las manos, sal de aquí, la dixo Diana, y no contamines estas sagradas aguas; y la mandó apartarse de su compañía.
[Ilustración: (29) Arcas va á matar á su madre Calixto transformada en Osa por Juno.]
FÁBULA VI.
_CALIXTO TRANSFORMADA EN OSA CREYÓ SER MUERTA POR SU HIJO._
Hacia tiempo que sabia esto la muger del gran Tonante, y habia diferido el castigo para el tiempo conveniente. Pero no hay ya motivo de dilacion, quando habia ya nacido de la adúltera el niño Arcas, cosa muy dolorosa á Juno: luego que viéron á este niño sus airados ojos: „solo, dixo, me faltaba, muger adúltera, ver que fueses fecunda, y que con el parto se hiciera pública mi injuria, y se testificase la infamia de mi marido. No te quedarás sin castigo; yo te quitaré, muger odiosa, la hermosura con que te complaces, y que ha sido de tanto atractivo para Júpiter.” Dixo esto, y asiendo sus cabellos por la parte anterior de la cabeza, la hizo dar con la cara en tierra: ella le tendia los brazos pidiéndole perdon, quando empezáron á ponérsele horrorosos con negro vello, á torcerse las manos, y á crecerle en corvas uñas para servirle de pies; el rostro, recreo de Júpiter en otro tiempo, se para disforme con un largo hocico; y porque á nadie puedan mover á compasion sus ruegos y ociosas palabras, pierde tambien el uso de la habla, y solo la queda una voz iracunda, amenazadora y llena de terror, que sale de la ronca garganta. No obstante, aunque convertida en osa, conserva su antiguo entendimiento, y expresando sus sentimientos con continuos gemidos, levanta las que en otro tiempo fuéron manos al cielo y á las estrellas, é interiormente conoce ingrato á Júpiter, ya que no puede llamárselo. ¡Ah! ¡quantas veces, no atreviéndose á descansar sola en los desiertos bosques, se reclinaba delante de su casa, y en los campos en otro tiempo suyos! ¡Quantas veces se vió obligada á correr entre los peñascos estimulada de los ladridos de los perros! Huye amedrentada de los cazadores, habiendo sido cazadora: muchas veces se ocultó de las fieras que veia, olvidándose de lo que era; y aunque osa, se amedrentaba de los osos que habia en los montes, y temia igualmente á los lobos, no obstante que su padre estaba entre ellos. Preséntase aquí Arcas, descendiente de Licaon, y de quince años de edad, sin saber la desgracia de su madre; y quando persigue á las fieras, quando elige aptos bosques para el intento, y rodea las selvas de Erimanto con texidas redes, encuentra con su madre, que se detiene apénas le ve, dando á entender que le conocia. Él retrocede, é ignorante teme á la que sin cesar clavaba en él los ojos sin moverlos, y no se atreve á llegarse mas cerca. Hubiera traspasado su pecho con el penetrante venablo; pero lo impidió el Padre omnipotente, y separó de allí juntamente á ellos, é impidió la maldad;[143] y arrebatándolos con un rápido viento por los ayres, los colocó en el cielo, é hizo estrellas cercanas. Luego que vió Juno á la adúltera lucir entre las estrellas, se llenó de ira, y se presentó en el mar á la blanca Tetis, y al viejo Océano, á quienes dan mucho honor los Dioses; y al preguntarla la causa de su venida: „¿Quereis saber, les dice, por qué la Reyna de los Dioses se halla aquí abandonando los alcázares del cielo? Otra en mi lugar le ocupa. Tenedme por embustera, si quando la noche obscurece todo el orbe, no viereis honradas en lo alto del cielo á estas estrellas, deshonor mio, en la misma parte en que el último y mas pequeño círculo[144] rodea con su espacio al extremo del exe. ¿Habrá, pues, quien sienta ofender á Juno, y la tema ofendida, quando solo entre los Dioses hago bien, causando daño?[145] ¡Oh quánto he hecho! ¡quán vasto es mi poder! La privé de ser muger,[146] y la he hecho Diosa: así castigo á los culpados: de este modo es mi poderío engrandecido. Vuélvala Júpiter su antiguo semblante, quítele la figura de fiera, como lo hizo en la Argólica, hermana de Foronéo.[147] ¿Por qué no se casa con ella, repudiando á Juno, la coloca en mi tálamo, y hace á Licaon su suegro? Pero si en vosotros hace mella el desprecio de vuestra alumna ofendida, no concedais á los Septentriones las cerúleas aguas; apartad de ellas á estas estrellas, trasladadas al cielo en castigo del estupro, para que no se bañe en el puro mar una adúltera.” Concediéron los Dioses del mar su solicitud; sube á los rápidos ayres la hija de Saturno en su ligero carro, tirado por pintados pavones, tan poco ha estrellados con la muerte de Argos, como, loquaz cuervo, que súbitamente vestias alas negras, habiéndolas tenido ántes blancas; porque esta ave fué antiguamente tan blanca con nevadas plumas, que igualaba á todas las mas blancas palomas. No cederia ni á los patos, que estaban constituidos guardas del capitolio por su voz vigilante, ni al cisne amante de las aguas. Le dañó la lengua, haciendo su loquacidad que el color, que era blanco, fuese ahora contrario á lo blanco. No hubo otra mas hermosa en toda la Tesalia que Larisea Coronis. Agradote ciertamente, Délfico númen,[148] miéntras que, ó fué casta, ó estuvo sin guardas; pero la febéa ave conoció el adulterio; y para manifestar como centinela inexorable el oculto delito, caminaba á su Señor; síguele la parlera codorniz, batiendo las alas para indagarlo todo; y habiendo oido la causa de su viage, „inútil es tu camino, le dice: no desprecies los presagios de mi lengua.”
FÁBULA VII.
_CORONIS TRANSFORMADA EN CORNEJA._
Atiende á lo que fui y á lo que soy, pregunta por qué lo he merecido, y hallarás que la fidelidad fué mi ruina; porque en otro tiempo habia cerrado Palas á Erictonio, hijo criado sin madre, en una cesta texida de mimbres de Ática; confiando su custodia á las tres hijas de Cecrope de dos formas;[149] pero con condicion de que no registrasen sus secretos. Yo, oculta entre las ligeras hojas, observaba sus operaciones desde un espeso olmo. Las dos hermanas Pandrosa y Herse guardaban sin fraude lo que se les habia confiado; solo Aglaura llama á las tímidas hermanas, y rompiendo los nudos con sus manos, ven un niño y un dragon puesto junto á él. Doy cuenta á la Diosa de este hecho, por lo que me da una paga tal, que se dice de mí haber sido abandonada de la tutela de Minerva, y pospuesta á la ave nocturna;[150] mi castigo sirva de exemplo á las aves, para que no busquen el peligro en su lengua.
[Ilustración: (30) Coronis perseguida por Neptuno y convertida en Corneja por Minerva.]
Pero si acaso piensas, que no solo me desechó por esto, sino porque no fui digna de su compañía, te digo que ella me hizo su compañera contra mi voluntad, y sin pedir yo tal gracia. Pregúntaselo, si no lo crees, á la misma Palas, pues aunque ahora está contra mí airada, no te negará esto su enojo. La historia que te cuento es bien sabida; porque nací del ilustre Coronéo en la region de Fócida: yo era una rozagante doncella (¡ah! no me desprecies), y solicitada de ricos pretendientes. La hermosura fué mi daño; porque paseándome un dia con lentos pasos, como tenia de costumbre, sobre la arena, vióme el Dios del mar, y muy enamorado de mí, despues de haber gastado inútilmente el tiempo en blandas caricias, quiso valerse de la fuerza, y me persigue: yo huyo, y dexo la densa playa; pero en vano corro sobre la blanda arena; y no teniendo otro remedio, imploro la proteccion de los Dioses y de los hombres: á ninguno de estos mueve mi voz; y solo la Diosa de la virginidad[151] se condolió de mí por ser vírgen, y me prestó su socorro: pues quando levantaba yo los brazos al cielo, empezáron estos á ennegrecerse con ligeras plumas. Quando queria arrojar el vestido de los hombros, era ya pluma, y se habia arraygado profundamente en la piel. Quando intentaba herir mi desnudo pecho con las manos, no tenia ya ni uno ni otro. Corria, pero la arena no detenia ya mis pies como ántes, sino que me levantaba sobre la tierra; luego soy elevada por los ayres, y hecha, sin ser culpada, compañera de Minerva. ¿Pero de qué me aprovecha todo esto, quando goza del honor mio Nictimene, hecha ave por un exêcrable delito?[152]
[Ilustración: (31) Nictimene convertida en Buho por el incesto con su Padre Nictéo.]
FÁBULA VIII.
_NICTIMENE CONVERTIDA EN LECHUZA._
Porque ¿quién ignora la cosa mas sabida por toda Lesbos? que Nictimene violó el lecho de su padre. Ella ciertamente es ave; acordándose de su culpa, huye de la vista y luz, encubriendo su pudor con las tinieblas, y todas la aves la persiguen en la vasta region del ayre. Al estar diciendo esto, la responde el cuervo, „por vida tuya, que estos agüeros te sean perjudiciales, que yo, por mi parte, los desprecio como vanos.” Dichas estas palabras, sigue su camino, y da parte á su señor de haber visto á Coronis acostada con el jóven Hemonio.[153] Tanta fué la turbacion de Apolo al oir el delito de su amante, que se le cae la corona de laurel, se le demuda al mismo tiempo el semblante, dexa caer el plectro, pierde el color, é hirviendo su pecho en ira, toma las armas acostumbradas,[154] doblega el flexîble arco por las dos puntas, atraviesa con el inevitable dardo aquel pecho tantas veces unido al suyo. Gimió herida,[155] y sacando el hierro de la herida, tiñó con la roxa sangre sus blancos miembros. „Pude, Febo, dixo moribunda, pagarte mi culpa; pero bien podia haber parido ántes, y no que ahora morimos dos[156] juntamente.” No habló mas, y perdió la vida al mismo tiempo que la sangre. Un frio mortal se apoderó de su cuerpo ya sin alma. Se arrepiente su amante; pero ¡ah! tarde, de un castigo tan cruel, y se aborrece á sí mismo por haber dado oidos al cuervo, y haberse así enfurecido. Maldice al ave que le obligó á saber el delito y la causa de su dolor. Maldice la cuerda, arco y mano con que tiró las saetas, armas temerariamente manejadas. Procura socorrerla despues de haber caido; solicita vencer el hado con un tardo socorro, y se vale inútilmente de sus artes médicas. Mas luego que conoce que todos sus esfuerzos eran ya inútiles; que se preparaba la hoguera, y que sus miembros habian de arder en el último fuego, suspira y se queja de lo mas íntimo de su corazon (porque no era decoroso á un Dios derramar lágrimas) del mismo modo que lo hace la novilla quando ve matar su ternerillo delante de sus ojos. Mas luego que derramó en el pecho de su amada los tristes ungüentos, la abrazó, é hizo las no debidas exêquias, segun costumbre; no permitió que su descendencia pereciese en las mismas llamas; y para librar al hijo[157] le extraxo del vientre de su madre, y le entregó á Quiron[158] de dos formas; y al cuervo, que esperaba la recompensa de su lengua veraz, le despojó de la pluma blanca que ántes tenia.
FÁBULA IX.
_OCIROE TRANSFORMADA EN YEGUA._
Se hallaba alegre el Semifiera con tener por alumno á un Dios, y preferia este honor al trabajo de educarle: quando he aquí que se le presenta con los hombros cubiertos de sus rubios cabellos su hija, á quien la Ninfa su madre puso por nombre Ociroe, habiéndola parido en las riberas del rápido rio Caico.[159] No se contentaba esta con haber aprendido las artes de su padre, sino que vaticinaba los secretos de los hados. Un dia pues, concibiendo en su mente los fatídicos furores, y cobrando vigor con el espíritu divino que tenia encerrado en su pecho, miró al infante,[160] y le dixo: „Crece ¡ó niño! que traes la salud al orbe:[161] muchas veces te deberán la vida los cuerpos de los mortales.
[Ilustración: (32) Ociroe anuncia á su padre Quirón el destino del niño Esculapio.]