Metamorfóseos o Transformaciones (1 de 4)
Part 2
Ni Anfitrite[6] extendia sus brazos[7] hasta la extremidad de la tierra, y por donde habia tierra habia tambien agua y ayre. De este modo ni la tierra era sólida, ni el agua fluida: al ayre faltaba la luz; y en suma, ningun elemento tenia aun su propia figura. Los unos servian de obstáculo á los otros; pues en cada uno de ellos[8] la frialdad chocaba con el ardor; la sequedad hacia resistencia á la humedad; la dureza á la blandura, y la levedad á la pesadez. Hasta que últimamente Dios, ó la Naturaleza[9] mas probida, puso fin á todas estas desavenencias, separando el cielo de la tierra; esta de las aguas, y el ayre mas raro[10] del mas denso. Desenvuelto el caos en esta forma, colocó á cada uno de los elementos en el lugar que le pertenecia, y los enlazó á todos en amigable concordia, bien que colocados en diversos lugares. Resplandeció aquella parte de fuego mas sutil y ligera del arqueado cielo, y fixó su asiento en el lugar mas eminente: el ayre es á este el mas inmediato en ligereza y situacion: la tierra, mas densa que estos, se apropió las partes mas crasas, y quedó en el centro equilibrada en su propio peso; y el agua que la ciñe ocupó el lugar último, coartando y penetrando la dura redondez de la misma tierra.
[Ilustración: (4) Prometheo forma al Hombre de Tierra y Agua.]
FÁBULA II.
_DE LA CREACION DEL HOMBRE._
Luego que aquel Dios,[11] quien quiera que sea, dividió aquella masa, y así dividida la distribuyó en sus partes; hizo redonda primeramente la superficie de la tierra á modo de un grande globo, para que su superficie quedase por todas partes á igual distancia del centro. Extendió los mares, y ordenó se embraveciesen con la rapidez de los vientos, y que circundasen las riberas de la tierra ceñida por todas partes de las aguas. Las distribuyó tambien en fuentes, estanques y lagunas; enfrenó en sus tortuosas márgenes á los rios, de los quales, aunque colocados en diversos lugares, parte embebe la tierra, y parte van á desaguar al mar; en donde teniendo un espacio de agua mas dilatado, hallan anchas riberas en lugar de las limitadas que ántes tenian. Tambien mandó á los campos extenderse, á las selvas cubrirse de hojas,[12] á los escarpados montes elevarse, y á los valles abatirse. Y así como dos zonas dividen por la derecha al cielo, otras dos por la izquierda, y en el centro está colocada la quinta, que es la mas ardiente; del mismo modo la providencia de aquel Dios dividió la tierra baxo la misma disposicion. La zona del medio es inhabitable,[13] á causa de su excesivo calor: las de los dos extremos estan siempre endurecidas con el rigor de la nieve y del hielo; pero las otras dos son templadas con la agradable alternativa de calor y frio. Sobre ellas está el ayre, que es tanto mas pesado que el fuego, quanto el peso del agua es mas leve que el de la tierra: en él[14] determinó que habitasen las nieblas, las nubes, los truenos, que atemorizan al hombre, y los vientos, que forman el rayo y el granizo. Pero el Criador del mundo no permitió á estos enseñorearse á su arbitrio alternativamente de los ayres, pues á pesar de tener cada uno sus límites, con mucho trabajo se les contiene, para que no destruyan al mundo:[15] ¡tan grande es la discordia que reyna entre estos hermanos! El Euro fixó su asiento en el pais de la Aurora, y reyna comunmente hácia la Arabia, la Persia y otros pueblos del Oriente. El lucero de Vénus, y las templadas riberas donde el sol se oculta, cupiéron por suerte al Céfiro. El terrible Boreas se apoderó de la Escitia, y de los helados climas del Septentrion; y la region contrapuesta[16] á este se humedece con las continuas nubes, y el viento meridional. Colocó sobre estos el éter mas puro y ligero, que nada tiene del ayre denso que nos rodea, y apénas habia prescrito á todos estos seres límites fixos, quando los astros, que habian estado ocultos en la masa comun del caos, empezáron á brillar por todo el cielo; y para que á ninguna region faltasen sus propios animales, las estrellas y los Dioses[17] ocupáron el cielo: los plateados peces habitáron las aguas, las fieras[18] pobláron la tierra, y las aves el ayre. Faltaba aun en el mundo un animal mas perfecto que todo esto, el qual, dotado de un espíritu mas sublime, fuese capaz de mandar á los otros. Fué hecho el hombre, sea que le formase de su divina semilla el Autor de la Naturaleza, orígen de mundo mas excelente[19], ó que la nueva tierra, separada poco ántes del sublime éter, encerrase dentro de su seno algunas partículas del cielo, nacido al mismo tiempo que ella; y Prometeo[20], amasándola con las aguas de los rios, la dió una forma semejante á los Dioses que todo lo gobiernan. Porque quando los demas animales llevan siempre inclinada la cabeza á la tierra, á este concedió el semblante erguido, y le mandó contemplar el cielo, y dirigir á las estrellas sus elevadas miradas. De este modo la tierra, que ántes era una masa informe y sin expresión, recibió con esta mudanza las figuras que ántes no eran conocidas.
FÁBULA III.
_LA EDAD DE ORO._
Principió la edad de oro, y en ella se echaban de ver naturalmente la fidelidad y la justicia, sin que hubiera leyes que las hiciesen observar, ni jueces que las vindicasen. No se conocian ni el castigo ni el temor: ni se grababan en bronce las leyes amenazadoras; ni delinqüente alguno se miraba temblando en la presencia del juez; porque vivian todos seguros sin necesidad de quien los defendiese. No habia entrado en los mares árbol alguno cortado de los montes para descubrir tierras extrañas;[21] ni el hombre conocia otro pais que aquel en que habia nacido. Aun no ceñian las ciudades fosos ni murallas; los clarines marciales, trompas, morriones y las espadas no se conocian en este tiempo; pues sin la defensa del soldado vivian los hombres tranquilos en los brazos de la dulce paz. La tierra libre, y no tocada de los rastrillos, ni hendida con el arado, producia todo género de frutos, y sus habitantes, contentos con sus naturales producciones, se alimentaban de madroños, fresas, cerezas, y de la bellota, que sazonada caia de las copadas encinas.
[Ilustración: (5) La edad de Oro y la de Plata en que reynaron la Inocencia y la Justicia.]
La primavera era continua: los blandos céfiros mansamente agitaban con suaves soplos las flores que nacian sin ser plantadas. Tambien la tierra producia trigo sin el cultivo del arado, y el campo, sin renovarle, se ponia blanco con las granadas espigas: ya corrian rios de leche, ya de néctar, y el verde sauce destilaba menudas gotas de la miel mas regalada.
FÁBULA IV.
_LA EDAD DE PLATA CON LAS QUATRO ESTACIONES DEL AÑO._
La edad de plata, inferior á la de oro, pero superior á la del pálido bronce, apareció sobre la tierra, luego que Júpiter precipitó en el obscuro Tártaro á su padre Saturno,[22] y se apoderó del imperio de la tierra. Acortó Júpiter la duracion de la antigua primavera, y dividió el año en quatro estaciones, que son el invierno, el estío, el inconstante otoño, y la corta primavera. Desde entónces se calentó el ayre abrasado con los ardorosos calores del estío; y se sintió la escarcha formada con los helados vientos del invierno. Entónces se viéron precisados los hombres á buscar donde guarecerse; pero sus primeras casas fuéron las cuevas, los espesos árboles, y las ramas entretexidas en los troncos.
[Ilustración: (6) La Primavera, Estacion en que lo reproduce todo la naturaleza.]
[Ilustración: (7) El Estío, estacion risueña, y tan útil como hermosa.]
[Ilustración: (8) El Otoño, Estacion en que triunfa Baco.]
[Ilustración: (9) El Invierno estacion que aunque útil á la Naturaleza la priva de sus bellezas.]
Entónces la semilla de Ceres[23] fué envuelta por la primera vez en los surcos que prolongó el arado, y quando gimiéron los novillos oprimidos baxo el pesado yugo.
FÁBULA V.
_LA EDAD DE BRONCE Y DE HIERRO._
Á las edades de oro y plata sucedió la de bronce, mas áspera que aquellas por la crueldad de los vivientes, y pronta para las horribles armas; pero no del todo viciada. La última edad fué la de hierro; é inmediatamente se originó de ella toda maldad con un siglo de peor vena.[24] Desapareciéron el pudor, la verdad y la lealtad; y en su lugar se entrometiéron el engaño, la traycion, la violencia, y la insaciable codicia. El piloto se entregaba á los vientos sin conocerlos; y las naves, que por tanto tiempo habian sido el decoro de los encumbrados montes, fuéron abandonadas á la furia de las olas no tratadas: ya se hizo indispensable que el diestro agrimensor señalase límites á la tierra, comun ántes á todos, como lo eran la luz y el ayre; y no contentos con las abundantes cosechas que producia, iban á extraer de sus entrañas las riquezas[25] que escondia, y habia depositado en el infierno,[26] y que despues fuéron el orígen de innumerables males.
[Ilustración: (10) La edad de bronce y la de hierro en las que se manifestó la ferocidad del género humano.]
Ya estaba descubierto el nocivo hierro[27] y el oro aun mas perjudicial,[28] quando se apercibe la guerra á lidiar con ámbos,[29] y hace resonar por todas partes el estruendo de las armas con mano[30] sanguinaria. Vivíase del hurto, y el huésped arriesgaba su seguridad. El suegro no estaba seguro del yerno, y apénas los hermanos vivian en paz. Velaba el marido por quitar á su muger la vida, y esta al marido: la desapiadada madrastra hacia uso del veneno, y los hijos ántes de la muerte de sus padres averiguaban los años que podian vivir. La piedad estaba en el olvido, y la doncella Astrea[31] abandonó la última de los Dioses la tierra, contaminada ya con la sangre de los malos.
FÁBULA VI.
_LOS GIGANTES DESTRUIDOS POR EL FUEGO DE LOS RAYOS._
Y porque el sublime cielo no estuviese mas seguro que la tierra de estas atrocidades, cuentan que los Gigantes[32] le acometiéron tambien, y para escalarle pusiéron montes sobre montes hasta acercarse á las estrellas. Entónces Júpiter, vibrando el fuerte rayo, derribó el monte Olimpo, y destruyó al Pelion, aplanando tambien el Osa; quedando destruidos con su propio peso aquellos enormes cuerpos. Tambien dicen que se humedeció la tierra empapada con la sangre que habian derramado sus propios hijos, y que la reanimó estando aun caliente, para que produxese nuevos hombres, y se conservasen algunos indicios de una generacion tan bárbara y descomunal; porque esta generacion fué menospreciadora de los Dioses, ansiosa de muertes y de crueldades. Por la sangre se puede venir en conocimiento de tales hijos.
[Ilustración: (11) Los Gigantes que intentaban escalar el Cielo son destruidos por el rayo de Júpiter.]
[Ilustración: (12) Júpiter convoca á los Dioses y les propone la destruccion del Universo.]
FÁBULA VII.
_LA ASAMBLEA DE LOS DIOSES._
Gimió Júpiter luego que observó esta tropelía desde su encumbrado alcázar, y considerando los crueles convites de la mesa de Licaon,[33] no divulgados por lo inaudito de la atrocidad, determina tomar una venganza digna de su persona; y para esto convoca á los Dioses, los quales concurriéron sin tardanza. Hay un camino muy elevado nombrado la _via lactea_,[34] fácil de observarse por su extremada blancura, quando está el cielo sereno. Por él se encaminan los Dioses al suntuoso palacio del gran Júpiter: por su derecha é izquierda se freqüentan las casas de los principales Dioses: los inferiores habitan diversos sitios; pero los mas nobles y mas poderosos fixáron su asiento á la entrada de la misma _via lactea_. Este es el lugar, al qual, si me es permitido, me atreveré á llamar el alcázar del alto cielo. Habiéndose pues sentado cada uno de los Dioses en una pieza interior fabricada de mármol, Júpiter, ocupando un asiento mas elevado, y apoyado en su cetro de marfil, sacudió tres y quatro veces la terrible melena de su cabeza, con cuyo movimiento hizo estremecerse la tierra, el mar y el cielo; y lleno de indignacion prorumpió en estas expresiones:
„Jamas me vi tan apurado y solícito para conservar el imperio del mundo, como ahora me veo, quando los dragones de los Gigantes, cada qual con sus cien robustos brazos, quisiéron hacerse dueños del cielo; porque aunque era poderoso y fiero el enemigo, la suerte de la guerra dependia de sola una multitud de hombres mancomunados, estimulados todos de una sola causa; pero hoy he de destruir al género humano por toda la redondez de la tierra, que baña Nereo, por hallarse atestada de maldades; lo juro por los rios infernales que corren baxo la tierra, por las selvas de la Estigia:[35] he procurado los medios posibles para salvarle; pero la parte incurable se ha de cortar, para que no inficione los miembros sanos. Tengo Semi-Dioses,[36] Ninfas, Faunos, Sátiros y Silvanos de los montes; á quienes permitiremos habitar las tierras que les hemos señalado, pues no les juzgamos aun dignos de entrar en el cielo. ¿Pero creeis, Dioses, que podrán vivir estos seguros entre los mortales, quando intentó quitarme la vida la conocida fiereza de Licaon; á mí, á cuya disposicion estan el rayo, y vosotros mismos, á quienes gobierno?” Se horrorizáron todos, y pidiéron con ardientes deseos la venganza de un delito tan horrendo. Del mismo modo se llenó de pasmo el género humano, y de horror todo el orbe, quando las manos parricidas quisiéron extinguir el nombre romano con la sangre de César. No os fué ménos grato, ó Emperador augusto, el zelo de vuestros conciudadanos, que á Júpiter el de los Dioses en esta ocasion; y despues que apaciguó con palabras y acciones el murmullo que habia excitado su discurso, calláron todos; y sosegado que fué el clamor, contenido por la gravedad del presidente, continuó hablando en estos términos:
„Ya queda castigado el delinqüente, no os altereis; pero os referiré su delito, y la pena que le he impuesto. Noticioso de los desórdenes á que los hombres se habian entregado, y deseando fuese falsa la noticia, baxo del Olimpo, y ocultando mi divinidad en forma humana, recorro todo el universo. Me detendria mucho si os dixese las abominaciones que en todas partes se cometian; porque el mal excede á todas las ponderaciones de la narracion.”
[Ilustración: (13) Júpiter castiga á Licaon Rey de Arcadia transformandole en Lobo.]
FÁBULA VIII.
_LICAON TRANSFORMADO EN LOBO._
Despues de haber pasado el espantoso monte Menalo, por ser habitado de diferentes fieras, los helados pinares del Licéo, con el Cileno, llegué al anochecer á la Arcadia, y entré en el cruel palacio del tirano Licaon, dando señales de que era un Dios. El pueblo principió á venerarme; mas Licaon, despreciando los religiosos cultos, pronto veré, dice, con una infalible experiencia, si este es un Dios, ó un mortal, de modo que no me quedará duda. En efecto, determinó (por este medio queria descubrir la verdad) matarme improvisamente quando durmiera. No contento con esto degolló á uno de los que tenia en rehenes de la nacion Molosa, y coció parte de sus palpitantes miembros, y parte asó: apénas me presenta en la mesa tal manjar, quando destruyo con vengadora llama su palacio, para que le sepultase entre sus ruinas con sus dignos penates. Licaon huye espantado quando ve abrasarse su casa; y llegando á un solitario campo, principia á dar fuertes ahullidos, haciendo vanos esfuerzos para hablar: la rabia se traslada de su corazon á la boca, y exerce en los ganados su acostumbrada carnicería; deleytándose aun entónces en derramar sangre. Sus vestidos se convierten en pelos, los brazos en piernas, y él en lobo; pero sin embargo de esta transformacion conserva señales de su misma figura, las canas son las mismas que ántes tenia, la misma fiereza en el semblante, el mismo fuego en sus ojos, y todo su cuerpo es un retrato vivo de la crueldad.
[Ilustración: (14) El Diluvio Universal.]
FÁBULA IX.
_EL DILUVIO UNIVERSAL._
Pereció en verdad una casa; pero no es sola la que debe arruinarse: por todo el mundo reyna la impiedad y el furor; y parece que se han comprometido todos los hombres con un sacrílego juramento para practicar la maldad. „Ea, paguen todos prontamente su merecido.” Esta es la sentencia que fulminó. Parte de los Dioses aprueba de palabras el parecer de Júpiter, y le estimulaban mucho para que se executase: otros daban con gestos y acciones señales suficientes de su consentimiento; pero á todos era sensible la pérdida del género humano; y preguntaban á Júpiter, ¿cómo se encontraria la tierra no quedando en ella un linage tan ilustre? ¿Quién ha de ofrecer sacrificios al pie de los altares? ¿Acaso piensas abandonarla á la ferocidad de las bestias? Queda de mi cargo todo, responde el Rey de los Dioses á los que le preguntaban esto: no paseis pena por nada, que yo os prometo una generacion desemejante al pueblo primero, nacida de un modo maravilloso. Ya estaba para vibrar sus rayos sobre la tierra; pero se detuvo, temiendo que tanto fuego como era necesario para asolarla subiese hasta el cielo, y abrasase los exes en que se sostiene. Acordóse asimismo que estaba escrito en el libro de los destinos,[37] que vendria tiempo en que arderian el mar, la tierra, y aun los sagrados alcázares del cielo, y que padeceria mucho la costosa máquina del universo. Dexa los rayos que los Cíclopes[38] acababan de fabricar; forma el contrario designio de destruir á los hombres entre las aguas, y enviar de todo el cielo copiosas lluvias. Encierra al punto en las grutas de Eolo[39] al Aquilon, y demas vientos que disipan las nubes, dexando en libertad al del mediodia. Vuela este con húmedas alas, cubierto el rostro de una nube obscura, y la barba poblada de nieblas. Las nubes hacen asiento en su frente; sus alas y vestidos despedian un continuo rocío; y apénas este tempestuoso viento oprimió con sus manos las nubes suspendidas por toda la extension del ayre, se oyó un gran ruido, y el agua principió á caer fuerte y copiosamente. Iris,[40] mensagera de Juno, adornada de diversos colores, trae nuevas aguas, y va renovando la humedad de las nubes. Abátense las mieses; quedan sin efecto las súplicas de los labradores, y en un momento perece el trabajo de todo un año. No se aplaca la ira de Júpiter con las aguas que despide desde el cielo; acude su hermano Neptuno á socorrerle con las aguas de su cargo. Convoca en su palacio á los rios, y luego que se le presentan: „No hay necesidad de muchas palabras, les dice: dad libre curso á vuestras aguas, esto es necesario: abrid vuestras urnas;[41] y apartando qualquier obstáculo, soltad las riendas á sus torrentes.” Apénas les habia dado esta órden, quando se retiran los rios á sus mansiones; y quitando todo impedimento á las fuentes, corren con precipitado curso por la dilatada llanura de los campos.
El mismo Neptuno hirió la tierra con su tridente, con cuyo movimiento tembló esta, y abrió paso á las aguas que ocultaba en sus senos. Los rios, fuera de sus madres, inundan los espaciosos campos, destruyen los sembrados, los árboles, los ganados, los hombres, las casas, y aun los mismos templos; y si alguna cosa pudo resistir á tanto mal sin arruinarse, la sobrepuja enteramente el agua, y las torres mas altas quedan sepultadas debaxo de las corrientes. Ya no habia diferencia alguna entre el mar y la tierra: todo era un dilatado mar, y este no conocia ya sus antiguas riberas. Unos huyen al collado: otros se sientan en la cóncava barca, y reman por el mismo sitio que acababan de arar: estos navegan sobre sus mieses, ó sobre las alturas de su aldea ya anegada: aquellos hallan peces en la altura de los olmos. Si alguno echa casualmente el áncora, se clava en el verde prado: los baxeles reman sobre las viñas; y donde poco ántes paciéron las hambrientas cabrillas, descansan las monstruosas focas:[42] las Nereydas se admiran de ver debaxo de las aguas las grandes casas, las ciudades y los bosques: los delfines habitan las selvas, corren por las altas ramas, y sacuden los agitados robles: el lobo nada entre las ovejas: las olas arrastran tras sí á los leones y tigres. De nada sirven al jabalí sus fuerzas poderosas como las de un rayo, ni al arrebatado ciervo su ligereza para libertarse del naufragio. Caen al mar las aves, despues de tener sus alas cansadas, buscando inútilmente tierra en que descansar. Ya la inundacion cubria las montañas, y las nuevas olas batian en sus cumbres. Los mas de los mortales perecieron entre las olas, y los que no fuéron sumergidos en ellas viniéron á fenecer á los impulsos de la hambre.
La Fócida, que divide la Beocia del Ática, pais fértil quando era tierra, se convierte en un brazo de mar, y en un dilatado campo de agua.[43] Hay en ella un monte llamado Parnaso, que se eleva hasta el cielo por sus dos extremos, y cuya altura se empina hasta mas allá de las nubes. Luego que Deucalion con su muger llegáron conducidos de una pequeña barca á este sitio, que era el único á quien habian dexado descubierto las aguas, adoráron á las ninfas Corycidas,[44] á las deidades de aquel monte,[45] y á Temis, que entónces pronunciaba los oráculos. No hubo hombre mejor ni mas amante de la justicia que Deucalion; ni muger mas virtuosa y temerosa de los Dioses que Pirra.
[Ilustración: (15) Neptuno sosiega las olas y manda á Triton que toque su Concha.]
FÁBULA X.
_NEPTUNO AMANSA LAS AGUAS._
Viendo Júpiter el mundo reducido á líquidas lagunas, y que de tantos millares de hombres solo sobrevivia uno, y una muger de otras tantas; ámbos justos, ámbos adoradores de los Dioses, disipó las nubes, y arrollándolas con la impetuosidad del Aquilon, descubrió las tierras al cielo, y el cielo á la tierra. La ira del mar se aplaca; y Neptuno, deponiendo su tridente, amansa las aguas, y llama al cerúleo Triton,[46] que está siempre sobre ellas con sus brazos cubiertos de natural púrpura: le manda tocar la concha, y á los rios y olas que vuelvan á sus lugares, luego que se haga la señal. Toma la cóncava concha, bocina torcida hácia un lado, que va ensanchándose desde el principio, y que quando se toca en medio de la mar hace oirse de polo á polo. Luego que la llegó á su boca este Dios, mojada con la humedad de la barba, y promulgó, inflada, los preceptos que le habian dado, fué oida de todas las aguas, tanto de las de la tierra, como de las de la mar, y reduxo á sus antiguas márgenes á todas las que la oyéron. El mar vuelve á tener riberas, y los rios á correr dentro de su propia madre: báxanse estos, y parece que empiezan á salir los collados: la tierra se descubre poco á poco, y segun baxaban las aguas, iban creciendo los lugares. Las selvas, ocultas tanto tiempo entre ellas, presentan sus cumbres desnudas, y sus árboles cubiertos de cieno.
[Ilustración: (16) Deucalion y Pyrrha vuelven á poblar la tierra siguiendo el oráculo de Themis.]
FÁBULA XI.
_DEUCALION Y PIRRA._
Restituido á su ser antiguo el universo, libre ya de la inundacion, vió Deucalion la tierra enteramente desierta, y que se hallaba en un profundo silencio. Entónces afligido, y derramando muchas lágrimas, habló á Pirra en estos términos. „¡Ó hermana! ¡Ó amada esposa! ¡Ó muger la única que ha sido preservada de la desgracia de las demas, con quien la naturaleza, el deudo de primos, el lecho conyugal, y ahora unos mismos peligros me enlazan! nosotros dos somos los que quedamos ilesos de tanta multitud de hombres como habia de Oriente á Occidente: de todas las demas cosas es dueño el mar; pero ni aun ahora está segura nuestra vida: aun ahora abaten mi ánimo las nubes. Di, muger digna de compasion, ¿cómo se hallaria tu espíritu, si por decreto de los hados hubieras sido sola libre de la inundacion sin mi compañía? ¿Cómo podrias tolerar sola esta pena? ¿Quién te consolaria en tu desgracia? Porque yo te aseguro, querida esposa, que si las aguas te hubieran arrebatado, no podria sobrevivir á tu pérdida, y las mismas olas me servirian de sepulcro. ¡Oxalá que yo poseyera el secreto de mi padre Prometeo, para poder renovar el género humano, animando, como él lo hizo, un poco de barro! ¡Solo á nosotros dos ha quedado reducido el universo! Así lo quisiéron los Dioses, y nosotros solos somos los exemplares de los demas hombres.”