Memoria dirigida al Sr. Marquez de Loreto, Virey y Capitan General de las Provincias del Rio de La Plata

Part 2

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El Super-intendente del Rio Negro, con la cosecha del trigo de dicho año, que ascendió á 1269 fanegas y tres cuartillas, acreditó podia subsistir la poblacion con sus frutos; y de resultas del reconocimiento de aquel rio, que emprendió el segundo piloto de la real armada, D. Basilio Villarino, internándose hasta muy cerca de Valdivia, proporciones de los parages que anduvo, esperanzas que prometian los rios que quedaron por reconocer, y la descubierta que á poco tiempo hizo el teniente de infantería D. José de Salazar, abriendo camino por tierra desde dicho puerto de San José á dicho rio, en oficio de 13 de Octubre del mismo año, expuso al Señor Virey lo importante de ambos establecimientos; fundando las razones y motivos en estas últimas resultas, que rebatian las objeciones de los informes y dictámenes, y á un mismo tiempo manifestando las utilidades que podian sacarse de ellos. Pero como todo llegó tarde, no bastó á contener la desgraciada suerte que sufren; que, aunque no tan infelices, como las de Sarmiento en el estrecho de Magallanes, han tenido casi la misma inutilidad los gastos, trabajos, pérdidas y muertes que costaron para llevarlas al estado en que se hallaban al tiempo de su abandono; pues el de San Julian ya tenia habitaciones para repararse con alguna comodidad de la inclemencia de los tiempos; cuyo abrigo cortó el escorbuto causado de los muchos frios de aquel clima. Empezaban á producir sus terrenos, frutos para mantenerse; los indios cada dia se iban domesticando y aficionándose á los nuestros, de modo que con fundados motivos podia esperarse la reduccion dentro de pocos años de estos idólatras al gremio de nuestra Santa Fé; y por este medio, que tuviera el Rey nuevas poblaciones de estos naturales, sirviendo el ejemplo de unos para sus convecinos á tan santo fin. Y ultimamente, con poco mas que se hubiera gastado, quedaba efectuada la poblacion, y en términos de subsistir por sí, siempre que se le hubiera podido auxiliar con todo género de ganados, como único vigor de la agricultura, y alma de los pueblos. De forma que puede decirse expiró esta poblacion cuando empezaba á tomar aliento, y á dar unas grandes pruebas de poder conseguir lo que con tanto anhelo y tan repetidamente ha intentado la Corte.

Si reflexionamos en las poblaciones de Sierra Morena, encontraremos una segura hilacion de los esfuerzos y oposiciones que habrán mediado contra los establecimientos patagónicos. En la formacion de aquellas no podian mediar las grandes dificultades, riesgos y trabajos, que en los de estos, por estar en el centro de España, y no carecer de cuanto necesita el hombre para la conservacion de su vida y desahogo del ánimo en la sociedad racional. Muy al contrario eran las proporciones de estos establecimientos. La carne salada, el mal tocino, la miniestra picada, y las harinas añejas por lo regular han sido el principal sustento de sus individuos. El trato racional reducido unos á otros, los riesgos muchos por los indios salvajes, y las habitaciones unos miserables ranchos, ó barracas de paja, irresistibles á la inclemencia de las estaciones. Véase pues la desigualdad que média de unas á otras. En las de Sierra Morena no habia mas que hacer que edificar las casas, operacion muy sencilla por los muchos materiales y operarios con que fueron sostenidos. Para el cultivo de las tierras se les facilitaron bueyes domados, y aperos excelentes que llenaban sus deseos. En las de la costa patagónica de todo carecíamos: el clima es rigoroso de frios, particularmente en San Julian, y solo encontrabamos al mayor auxilio donde debia recelarse el riesgo. Los indios salvages nos sostuvieron y fomentaron en aquel puerto, socorriendo á los infelices pobladores con la carne de guanaco, sin cuyo auxilio hubieran perecido, y en el Rio Negro, con las liebres, caballos y mucho ganado vacuno. Ahora pues, cotejese las ventajas que gozaban los de Sierra Morena con las infelicidades de los de San Julian y Rio Negro, y justamente podrá decirse que allí todo era gusto y alegria, y aquí todo infelicidad y tristeza. No obstante esta desigualdad, y estar á las inmediaciones de un rey el mas sábio que logra el universo, se urdieron las intrigas y contradicciones que son notorias, de las cuales se puede inferir las que habrán mediado en tan dilatado hemisferio, donde unicamente los dos comisionados han sido y serán unas inespugnables rocas en sostenerlo.

PARTE SEGUNDA.

La pesca de la ballena, el abasto de sal en la provincia de Buenos Aires, y proporcionar por este medio el comercio de carnes, de las muchas que se pierden en los inmensos campos del Rio de la Plata, facilitar puerto para que arriben nuestros buques que navegan á la mar del sur, y se haga mas suave y cómoda esta navegacion, abrir camino por agua ó por tierra para Valdivia y Chile, por donde con menos gastos y riesgos puede transitarse é introducirse el comercio que logra Buenos Aires; y ultimamente reparar y extender el que tiene esta capital en el corambre de sus campañas, talvez hasta el Rio Negro, uniendo á esta importancia la seguridad de sus fronteras en que estriba el aumento de las poblaciones, sugecion de los indios y medios de atraerlos al verdadero conocimiento de Dios y bien del Estado, son las utilidades que con el tiempo podemos sacar y conseguir de la conservacion del establecimiento del Rio Negro. Lo vasto y asombroso de ellas, á la primera impresion, manifiesta un aspecto tan extraño que se mirará con el mayor desprecio. No obstante nada me acobarda, porque el amor y espirítu de patriotismo con que he mirado las justas, piadosas y benéficas intenciones del Rey, en la ejecucion de estos establecimientos, á todo arrostra.

Voy á satisfacer por la misma série los particulars que llevo propuestos, con las razones y fundamentos que me asisten, sacados de la experiencia y conocimiento que he tomado de aquellos parages.

Los Ingleses nos han abierto los ojos sobre el inagotable tesoro que trae la pesca de la ballena; pues de tan remotas regiones, y á tanto riesgo, se entregan á la discrecion de los mares sin mas puertos, sin mas auxilios, ni mas refrescos que la inseguridad de los elementos, y lo que conducen sus embarcaciones. Con estos trabajos y peligros hacen sus pesquerias, y sacan grandísimas utilidades de nosotros mismos, por medio del aceite que nos venden para carenar nuestros navios: de modo que, siendo este comercio frutos de nuestros mares, somos peregrinos de él, y perdemos el dinero que nos cuesta, que debia quedar á beneficio del Estado, y el que podiamos adquirir por los mismos medios de esta nacion y otras, cuyos intereses darian mucho aumento y gloria á la nuestra.

No quiero referir repetidos hechos de las veces que hemos encontrado en estos mares á los Ingleses ocupados en su pesqueria, porque basta la presa que se les hizo el dia 10 de Marzo del año anterior próximo, de la fragata llamada el Mayo, sobre los 34 á 35 grados sur, que con otras de la misma nacion estaban ocupadas en dicha faena, y las que reconocieron las fragatas Santa Sabina, y la Perpetua, en el viage que acababan de hacer á Montevideo, conduciendo á V. E. Voy solamente á demostrar con cuan diferentes ventajas nos podemos aprovechar de estas utilidades por medio del establecimiento del Rio Negro.

La tentativa que acaba de hacer D. Francisco de Medina, vecino y del comercio de esta ciudad en el puerto de San José, con la fragata llamada la Ventura, (y antes el Mayo cuando fué de los Ingleses) nos dá un verdadero conocimiento de las proporciones que presenta aquel puerto. Sin salir de él, arponearon 50 ballenas en un mes. Es verdad que se malogró esta loable empresa por la mala calidad de los arpones, é ineptitud de aquellos operarios.

Repitiendo iguales tentativas, reparadas las causas que la malograron, está todo vencido; y con los auxilios que le franquee el establecimiento del Rio Negro en la venta de sus frutos, se hace mas fácil y menos gravosa al interesado esta pesqueria; y á un mismo tiempo logra cuanto necesita para desde aquel puerto, sin tocar en el Rio de la Plata, hacer viage con su cargamento á los de España. El establecimiento del Rio Negro se vá sosteniendo y prosperando con la salida de sus frutos, y por medio de ellos puede hacerse esta pesca, sin el gasto de mantener otras embarcaciones que las menores que se necesitan para ella. Las otras que son de mayor costo y gastos, en él intermedio que se proporcionan sus cargamentos, pueden ocuparse en conducir sal del Puerto de San José, ó Rio Negro á la capital de Buenos Aires y Montevideo; y por unas mismas operaciones, como accesorio, logra de este útil abasto la Provincia; su abundancia franquea comodidad para salar y beneficiar las carnes que se pierden en sus inmensas campañas, introduciendo este nuevo comercio en España, Africa ú otros parages de Europa: pues solo con el mucho consumo de nuestras armadas y presidios tendrán despacho, y se consigue evitar las extracciones de dinero que nos atrae la que compramos en el norte, quedando á beneficio del reyno. Los interesados en la pesca de la ballena se aprovecharán de lo que puede rendirles este primer género. Los naturales de Buenos Aires y sus convecinas poblaciones en las matansas de ganado, para el acopio de corambre, tienen esta nueva utilidad al aumento de sus jornales. Los dueños podrán sacar talvez por este medio libres los costos de ellas, y los del Rio Negro se ocupan en el trabajo de la saca y conduccion de sal al muelle, que es otro apoyo grande á su subsistencia. Por estos medios ha de ir tomando incremento la poblacion, y talvez, viendo el fruto que se saca de estas nuevas plantaciones, se extiendan los españoles con sus pesquerias mas hácia el sur, y nos descubran y faciliten algunos puertos con comodidad y proporcion para arribar los buques que navegan á Lima, ya volviendo á fomentar el establecimiento de San Julian, pues la experiencia ha manifestado puede subsistir de sus frutos; ya reconociendo el estrecho de Magallanes con la exactitud que necesita y merece, donde todos los derroteros aseguran hay abundancia de maderas: circunstancia que le acredita adaptada para poblar, sin que pueda causar prueba en contrario el efecto de las poblaciones que hizo Sarmiento, que no podian tener otras resultas con el método, forma y disposiciones que las intentaron.

En la Tierra del Fuego, que se compone de varias islas, el año de 1765, ó 1766, se perdió el navio llamado la Concepcion de Escurruchea, en las costas de una de ellas, cerca de 14 leguas de la boca del Estrecho. La tripulacion que se salvó, hizo por si un barco de bastante porte para transportarse con sus provisiones á Buenos Aires; donde informaron á su Gobernador D. Pedro Ceballos, que los indios de esta isla habian sido muy humanos y caritativos, ayudándoles á pasar madera para la construccion del barco, y asistiéndoles en todo; con otras particularidades y noticias de aquellos parages: de todo lo cual envió D. Pedro Ceballos una relacion exacta á la Corte, y propuso establecer una colonia en la isla. Pero, habiendo sido en ocasion que se trataba comprar á los franceses las Malvinas, no tuvo efecto esta propuesta.

Que estas noticias ofrecen muchas esperanzas de poder subsistir poblaciones en aquellos terrenos, y ser utilísimas al comercio, estado y religion, no puede dudarse.

La latitud de 52 grados y minutos, al polo, aunque es clima muy frio, no puede compararse con la situacion de Suecia, Dinamarca y Rusia, que por estar á mas de 70, no dejan de tener terrenos fértiles y abundantísimos. Querer sin el auxilio de ganados, sin el beneficio de la agricultura, sin la prueba de los experimentos, arreglar y perfeccionar la calidad de terrenos, con conocimiento de su intemperie al uso de las labores, y efecto de sus producciones, es tirar al blanco con los ojos cerrados. Los climas desiertos varian por el concurso de gentes y ganados que componen una estable poblacion. Con los fuegos, alitos y calor de los vivientes, poco á poco se vá templando la atmosfera, y produce en la tierra vapores, que le hacen mas benigno y le atraen otra fertilidad.

Estos son los principios y fundamentos seguros, en que se han de sostener y apoyar unas empresas tan árduas, y unas dificultades que á la vista de todos se han graduado por imposibles. El establecimiento del Rio Negro y fomento de la pesca de la ballena han de ser el único agente que con el tiempo insensiblemente las ha de allanar y vencer.

En el dia, los que se dediquen á promover esta pesqueria por su propia utilidad se han de ver obligados, el tiempo que dure, á mantener un puesto ó establecimiento provisional en el puerto de San José para reparar su gente de la intemperie, y conservar los viveres, utensilios y efectos. Si á este comercio unen el de la sal, de la que allí abunda, es ocupacion de todo el año. Para ello necesitan bueyes, y la carne fresca les sería muy provechosa y barata. A todo ofrecen proporcion aquellos terrenos: fomentando la cria de ganado, puede abundar con el tiempo, en términos que se saque algun fruto de sus cueros y de las carnes; pues allí será muy fácil y barato este comercio, por la abundancia y excelente sal de sus salinas, y ser de superior calidad aquellas carnes á la de los campos de Montevideo y Buenos Aires, por lo salitroso de sus pastos. Este es otro incentivo que, unido á los antecedentes, prepara una poblacion que haga útil aquel puerto para nuestros buques que navegan á la mar del sur en sus arribadas: pues con la inmediacion del Rio Negro pueden refrescar y abastecerse de cuanto necesiten, prosperando de esta suerte las navegaciones, cerrando á los Ingleses esta puerta por la cual tienen fácil entrada en aquel rio, y por consiguiente en todo el reyno del Perú, cortándoles los progresos que hacen, y pueden adelantar con las luces que nos han dado estos descubrimientos en la importantísima pesca de la ballena; como todo ello con mayor extension le tengo expuesto á dicho Señor Vertiz en mi citado oficio de 13 de Octubre á que me remito.

Si nuestros españoles llegan á establecer este comercio con los accesorios que se proponen, en términos que produzca á la Corona los mismos ó mayores intereses que saca la de Portugal de la isla de Santa Catalina, por las temporales licencias que concede á las compañías establecidas á este fin, puede ser el mas eficaz, y proporcionado modo de ir reconociendo la costa y Estrecho, y adelantando las poblaciones.

Solo es facultativo de la potestad real conceder licencia temporal ó absoluta para el aprovechamiento de estas pesquerias, como mares que pertenecen á sus dominios. Abiertos los ojos con conocimiento práctico de la mucha utilidad de este comercio, ha de atraer interesados á su aprovechamiento. Este es el estado en que puede sacar fruto la Corona, no por medio de los intereses que gira Portugal, sino por los reconocimientos y poblaciones en aquellos parages mas avanzados al sur, que tanto nos importa ó interesa. Al que se aventaje en los mas útiles, y nos demuestre puerto seguro para el abrigo de las embarcaciones, ofreciendo poblar, compénsesele estos gastos con la concesion de algun privilegio, ó licencia para hacer su pesqueria en el tiempo que parezca regular, con formal obligacion y contrata de hipotecas. Unansele aquellas gracias que permite la real proteccion y soberania, y de este modo, sin dispendio del real erario, conseguirá el Rey hacer útiles estos despoblados dominios, preparando los medios de atraer á verdadero conocimiento tantas almas idólatras que los ocupan, en la propagacion de la Fé y utilidad del Estado, y proporcionará diferentes ventajas á la navegacion y comercio.

Aunque del estrecho de Magallanes é islas del Fuego nos es importantísimo un verdadero y exacto reconocimiento, por si permite puertos que nos faciliten aquel pasage á la mar del sur, no debe despreciarse el golfo de San Jorge, que está situado á los 45 grados y minutos, para mirarlo con la indiferencia que hasta aquí.

El reconocimiento que en Marzo de 1780 hicieron los pilotos de la expedicion que salió al mando de D. Antonio Viedma, para establecer en San Julian, solo reconocieron con la lancha del paquebot San Sebastian, unas 40 leguas por la banda del norte, tirando al oeste de dicho golfo. Por informes y noticias que se han tomado de los indios prácticos de sus inmediaciones, aseguran que á este rumbo llega muy cerca de las cordilleras, donde desaguan algunos arroyos de agua dulce, y que en el terreno que media á ellas, está el camino de los indios de San Julian para el rio Tucamelel, ó de la Encarnacion. Esto se comprueba con el diario de Villarino del reconocimiento del Rio Negro, en que refiere el viage que acababan de hacer á las inmediaciones de aquel rio los expresados indios. Si el ingles reconociera y se apoderára de este golfo, tendria entrada por él para Valdivia y otros pueblos del reyno del Perú, y le seria fácil establecerse sin noticia nuestra. Abunda de gran numero de ballenas, cuyo parage proporciona esta pesca con mayores ventajas que otras. Estos fundamentos, que á ser ciertos manifiestan su importancia, alentarán á los interesados en la pesqueria á su reconocimiento, el que nos ha de desengañar, y dar una verdadera luz de la importancia de aquel golfo, y comunicacion que se teme. Lo cierto es que los indios de aquellos parages transitan el Rio Negro por el camino que se dice, y desde este rio pasan á las fronteras de Buenos Aires.

Todas estas utilidades nos las ha de atraer la subsistencia y fomento de la poblacion del Rio Negro. Ella le ha de dar la mano al puerto de San José con sus frutos y ganados, y como por escala, han de salir estos auxilios para las demas poblaciones, descubriendo los caminos que transitan los indios, sus aguadas, campañas y montes hasta el Estrecho: pues de todos hay noticia, y solo ha faltado en el anterior ministerio el calor que se necesita en semejantes casos, para que en el tiempo que ambos Super-intendentes han estado en sus respectivas comisiones, hubieran reconocido la parte mas principal de este continente.

La internacion del comercio para Valdivia, Chile, Mendoza y otros parages por el Rio Negro, seria utilísima por la menor distancia que media comparada á la de Buenos Aires, por el auxilio de la navegacion, y porque se presentan otras comodidades que pueden hacer mas suaves las asperezas del camino.

Los mas opuestos enemigos del establecimiento del Rio Negro confiesan la utilidad de esta internacion, pero lo dan por imposible, hablando con tanta valentia y seguridad, como si hubieran medido palmo á palmo aquellos caminos, y se hubieran enterado con un conocimiento práctico de la navegacion del rio.

No falta sugeto á quien se le debe hacer la justicia de confesarle instruccion y talento superior, que apoye y sostenga la misma imposibilidad, y me aseguran lo ha hecho manifiesto en un papel que entregó al superior Gobierno; el que por mas diligencias no he podido obtener. Seria utilisimo que estas impugnaciones fueran recíprocas, y con conocimiento mútuo de ellas: porque de la contenciosa y racional oposicion resulta el esclarecimiento de la verdad, que es la que apetecen y buscan los que procuran el acierto. Si tantos dictámenes que se tomaron para dar en tierra con los establecimientos, esto es, para disuadir al Rey y sus Ministros de la importancia de ellos, se les hubieran primero pasado á los Super-intendentes, para que en su vista informasen y respondiesen, entonces se hubieran tenido otras noticias y conocimientos que esclareciesen la verdad de todo. Por estos motivos se solicita y apetece el citado papel, pues son asuntos que no deben reservarse con tanto misterio de unos sugetos que han merecido la confianza del Rey para el desempeño de tan importante comision; mayormente cuando parece ha corrido entre personas que no tienen conexion con estas materias, por las cuales se me noticia aquellos puntos mas esenciales de dicho papel, aunque en confuso, las que expondré para satisfacer y demostrar cuanto llevo propuesto.

Dos son las mas poderosas objeciones que parece demuestra este sugeto, en las cuales apoya y sostiene los fundamentos de su oposicion. La primera, la dificultosa navegacion que hizo Villarino en el reconocimiento del Rio Negro hasta el Catapuliché, donde llegó, que ella misma demuestra su inutilidad para el comercio. La segunda, graduar de intransitables las cordilleras, desde aquel parage hasta Valdivia.

Por las mismas operaciones, expresadas en el diario de Villarino, demuestra este sugeto lo inaccesible del Rio Negro en su navegacion. Si hubieramos de estar á aquel punto, á aquella estacion, á aquel estado en que encontró y navegó el rio Villarino, es menester confesar su inutilidad: pero si todo ello varía con la diferencia de tiempos, y con mas repetidas pruebas que dén una verdadera luz de los canales, arrecifes, saltos y corrientes del rio, demostrando el modo de vencerlas con otros auxilios, parece en algun modo extraño que con tanta viveza, sin esperar á distinto conocimiento práctico, se condene y falle por inútil un asunto que tanto interesa á nuestra felicidad.

La navegacion que hizo Villarino fué en la estacion mas contraria. Los cuarenta y cinco dias que se detuvo en el Choelechel, esperando víveres para continuarla, le atrasó el tiempo, de modo que cuando llegó á la confluencia que hace el Diamante con el Rio Negro, habian bajado las aguas, en términos que causaron lo penoso de su navegacion. Esta falta descubrió saltos y arrecifes, y su vencimiento fué la mayor dificultad. Si se hubiese salido á este reconocimiento por el mes de Julio, que es el tiempo en que principian las crecientes, y duran hasta Marzo, seria menos dificultosa y mas suave; no se descubrieran tantos saltos y arrecifes; y las canales no causarian tan vehementes corrientes, originadas de lo angosto de ellas, pues con la mayor agua se extiende el rio y evita el impetu de sus efectos. Con el auxilio de los caballos ó mulas (de que no pudo valerse Villarino, por los riesgos que se preveian de los indios, que son el atractivo de sus invasiones) se suavizaba y facilitaba la navegacion, tirada de ellas á la sirga, recayendo el mucho trabajo de los marineros en las fuerzas y vigor de este ganado, desmontando y abriendo camino por las orillas del rio á hacer útil estas operaciones.

Para tomar un verdadero conocimiento de todo esto, es menester distintas experiencias que la gravedad del caso lo pide: pues no debemos deferir á la relacion de una precipitada y obscura tentative, que por muchas razones puede engañarnos.

Es caractéristico de todo descubridor ponderar las dificultades y trabajos que ha vencido para hacer valer su mérito, y aun sin faltar á la sinceridad y buena fé, aquellas primeras impresiones suelen causar en el hombre distintas apariencias á proporcion de los afectos en que lo cogen. No seria estraño que á Villarino y los suyos, las soledades de aquellos parages, falta de comunicacion, y otros acasos, les produgesen un afecto ó pasion odiosa, que en su imaginacion elevase á encumbradas montañas de dificultades las colinas ó barrancas accesibles.

Cuando descubrieron el Rio Negro, el primer piloto de la real armada, D. Manuel Bruñel, y el teniente de infanteria D. Pedro García, en la zumaca San Antonio la Oliveyra, fué tal la impresion que les causó la barra, que retrocedieron al puerto de San José, y dieron por imposible su entrada. Fué Villarino, y demostró lo contrario; y en el dia se hace tan fácil, que con viento por la proa á bordos han entrado los bergantines. Si hubieramos estado á la decision é informes de aquellos sugetos no hubieramos visto un desengaño tan claro.

La navegacion del Rio Negro no se nos presenta imposible, sino dificultosa: esto es accesorio á todos principios, pues las mayores facilidades que despreciamos en el dia, en su orígen costaria mucho trabajo y vencimiento.