María Luisa, Leyenda Histórica

Part 5

Chapter 53,995 wordsPublic domain

"Aquella confesión extensa y franca de María, me inspiró mucha lástima porque á pesar de todo sentía yo que la amaba."

"¿Y qué hacer con ella? Castigarla me era imposible; ponerla en libertad sería ponerme yo en evidencia ante la honrosa opinión que se tenía de mí."

"¿Cubriría con velos de flores aquella historia de miserias y bajezas? ¿Cómo anteponer mi amor á mi conciencia, mi posición social y la dignidad de mi carácter?"

"Al fin prevariqué. Padre, porque aquella mujer me dominaba como una tentación de Satanás."

XLVIII.

"El juez dió un fallo venal y el hombre cayó bajo el poder de la pasión; mas el caballero se salvó como lo sabrá Ud. adelante."

"--Voy á darte libertad, búscame mañana en mi casa y hablaremos,--la dije retirándome."

"Entonces acabé de comprender toda la pérfida hipocresía de mi tío, puesta en práctica para conseguir que se perdiera de algún modo María Luisa y así preparar mi matrimonio con su hija."

"Con razón no pudo señalarme el sepulcro que le pedía."

"La postdata de aquella carta de Carolina, él la inventó."

"Sebastián y los demás criados fueron arrojados de mi casa y su misma hija enviada muy lejos para que no descubriesen tamaña impostura."

"Ese día sentí la más grande aversión por el autor de semejante trama y hasta Carolina que era inocente participó de mi desvío."

"Como Ud. calculará, no me fué difícil torcer la justicia decretando que la esposa criminal no era causa de aquel doble asesinato y después de ordenar su libertad renuncié la judicatura con vergüenza de mí mismo."

"María Luisa no faltó á la cita; triste y humillada se presentó en mi casa, cubierta con un rebozo negro de seda, vestía enagua negra también y bata blanca muy corta sujeta en la cintura."

Su hermoso semblante, algo demacrado, se cubría de cierta languidez graciosa y provocativa.

"Su voz era verdaderamente dulce y melancólica."

XLIX.

"No me habían engañado los libertinos que me hicieron tantos elogios de la seductora belleza de María."

"La niña púdica y sencilla que yo conocí estaba convertida en perfecta cortesana."

"Sus ojos brillaban con un resplandor extraordinario, pero el estigma de las bacantes había sustituido sobre su frente á la corona de las vírgenes."

"Yo la perdoné, pero no podía conformarme con su pasado imperdonable; padecía un dolor intenso pensando que aquella pobre mujer no volvería á sentir el cariño inocente de la adolescencia."

"¡El arcángel vendió sus velos de oro, para cubrirse con las repugnantes alas del vampiro!"

"Sus ropas estaban perfumadas con esencia de aloe, su boca exhalaba un olor de orgía y no era natural el color de sus mejillas; pero á la vez, su acento me pareció la voz del cisne moribundo y sus ojos derramaban una luz y una ternura incomparables."

"Disculpé su caída y sus errores acusando al abandono en que había vivido y al fin me creí responsable de todo por haberla dejado."

"Ella, inclinando el rostro hacia el suelo, me refirió extensamente lo que había sufrido en su enfermedad después del fallecimiento de mi madre y volvió á contarme las seducciones de mi tío y su afán por casarla con uno de sus criados, así como la manera brutal con que despidió al pobre Sebastián por haberla defendido."

L.

"Mucho había yo visto en Europa y después en el tribunal, con relación á las miserias y las úlceras sociales; pero mucho más me contó María Luisa, por haberlo presenciado en su época de afrentosa disipación."

"Acusándose con dureza me refirió los acontecimientos de la vida y la lucha de su alma tempestuosa, hasta el momento en que causó la muerte de aquel hombre que tanto la quería."

"Después de unos instantes en que á la par nos mirábamos silenciosos y aterrados, la dije señalándole una silla."

"--Siéntate: cuando yo acabe de hablar me dirás: _sí_ ó _no_, porque de tu resolución determinante depende nuestro porvenir. Tú no eres culpable; has sido presa de un vértigo fatal. El mundo infame no comprende los riesgos de la infeliz mujer que vive abandonada á sí misma. Cuando algún desocupado corta las alas á una débil mariposa, viene otro y creyendo que es gusano, la pisotea. La sociedad hipócrita no concede iguales derechos, pero exige los mismos deberes á la niña de alta cuna, guardada y protegida por todos, que á la pobre hija del pueblo criada en la servidumbre, como si no fuese capaz de sentir y de inspirar ese noble y santo amor que perfuma el corazón; en vez de darle buenas costumbres, la expone al precipicio y cuando delinque seducida y engañada, la desprecia y la arroja entre flores y gusanos al degradante tráfico del vicio; después la juzga y la condena sin mirar que aquel daño infinito es obra suya."

LI.

"María Luisa se estremeció y secó el llanto que derramaba involuntariamente, yo continué:"

"--Los hombres, después de haber agotado la juventud, quizás con malas costumbres, llegamos á ocupar puestos distinguidos y nos llaman respetabilísimos señores, mientras que á la pobre mujer que luchó en defensa de su honor y sucumbió por hambre, al verla pasar humillada bajo el peso de la deshonra, con el alma herida profundamente y la corona del oprobio en la cabeza, en vez de llamarla para limpiar el llanto de sus ojos y las llagas de su corazón, le decimos como los judíos: _Adelante, tú has faltado al deber, no mereces compasión_. Y ella, por culpa nuestra, rueda en la pendiente de la fatalidad pasando desde los salones hasta los tugurios, de allí á los cuarteles y después al hospital. ¡Qué horror! En estos tiempos de progreso y democracia, se forman sociedades de beneficencia, se abren liceos para ilustrar á la juventud, se inventan máquinas que alivian el trabajo del hombre, se aseguran los buques para que el mar no absorba el dinero del rico y todavía no se piensa en la rehabilitación de la joven descarriada...... Pocas son las mujeres que se pierden por instinto, casi todas son irresponsables; han sucumbido por engaño, por necesidad ó por mala educación. Cuando alguna niña sola, pobre y hermosa llega á la edad en que el botón se vuelve flor y la adolescente ángel, los mercaderes del amor impuro y los libertinos de profesión, la ponen asechanzas, la narcotizan con su aliento de serpiente, y como perros de presa, la persiguen hasta precipitarla en el abismo del desprecio. Esa eres tú, María, huérfana hermosísima, dotada de gigantescas pasiones y falsamente persuadida de que te habían robado el primer amor de tu corazón ¿qué habías de hacer? Viviendo en mi casa como una señorita, te lanzaron de repente á la vida libre de la servidumbre; rodeada de seducciones y necesidades, llena de juventud y de belleza, fuiste una perla caída en el fango, fuiste un ángel que se perdió buscando el camino de los cielos. ¡Qué infames son los que te han engañado, vendido y enlodado! Pero yo sé que tu alma está virgen todavía; tú tienes talento y un corazón sensible; aun puedes ser buena y llegar á sentir algún día el inefable contento de la casta esposa y la honorable madre. Yo me propongo regenerarte por medio del trabajo, del honor y de la religión. Créemelo, María, quiero ser tu padre ó siquiera tu hermano por algún tiempo. Tú ya no eres la joven que se pudiera encerrar en un colegio; el ave acostumbrada á volar de árbol en árbol, se muere de tristeza cuando la guardan en la jaula. Si tú quieres te pondré una casa donde tengas criados que te sirvan, maestros que te instruyan y respetos que te honren; yo desde lejos procuraré que nada te falte, mirando en tí una prenda de ventura puesta por Dios bajo mi amparo. Cuando hayan pasado tres ó cuatro años, si aprendiste y observaste los deberes de la dama honesta y fuerte, iremos á vivir donde no te conozcan y me casaré contigo, pero has de cumplir estas tres condiciones que te exijo: primera, te instruirás en los deberes y las labores de la buena educación; segunda, ninguno sabrá de tus labios que yo te amo y te sostengo; y por último, vivirás con modestia y honradez sin tacha."

LII.

"Cuando acabé de hablar, María Luisa continuaba llorando y me contestó profundamente conmovida:"

"--Ni mi madre que me quiso tanto, ni mi tía que me dió muchos consejos al morir, ni los hombres ricos, sabios y apasionados que tuve á mis piés, me han dicho esas cosas. Toda mi vida te serviré contenta y agradecida; tú eres mi padre."

"Aquella tarde María Luisa, trémula de dicha, se despidió de mí bien aleccionada y provista del dinero suficiente para comprar una de las casas contiguas á mi jardín, que según yo sabía, era fácil obtener y su adquisición nos convenía porque, como he dicho antes, cuando formé aquella finca, quedó comunicada con el jardín; por allí podría visitar á María Luisa, cuando fuera preciso, para no ser visto y dar lugar á maliciosas interpretaciones."

"A los ocho días quedó ella instalada en la casa que había obtenido y adornado con cristales, pájaros y flores; yo le obsequié un tocador de mármol y una cama de ébano adornada con arabescos de marfil, que ostentaba en la cabecera una magnífica Virgen de Murillo, en placa de concha, cuyos muebles habían pertenecido á mi madre."

"También la dí lo necesario para comprar otra finca, cuyas rentas completarían sus gastos."

"El público supo que María Luisa había recibido uno de los primeros premios de la lotería; yo, fiel á mi propósito, la visitaba cada ocho días, permaneciendo á su lado sólo el tiempo preciso para que me diera cuenta de sus adelantos y necesidades."

"Una de las piezas que ocupaba en el jardín cuando iba yo á estudiar ó distraerme desde que comencé á formarlo, era la que tenía comunicación con la casa de María."

"Abriendo una pequeña puerta, me hallaba en un pasillo largo que tenía otras dos, una á la derecha para la alcoba y otra en el fondo para la sala, de modo que cuando María cerraba la puerta principal de la sala, que conducía al corredor, quedaba sola y á la hora convenida podía yo entrar sin ser visto de los criados."

LIII.

"Protesto á Ud., Padre, bajo mi palabra de caballero, que durante todo el tiempo en que semanariamente visité á María, no tuve para ella una sola palabra que no fuese honesta, ni un solo pensamiento que no fuese honrado."

"A veces ni la mano le pedía para despedirme."

"Un día no más, un día de su cumpleaños, recuerdo que tomando su cabeza entre mis manos, como si fuese una criatura, le dí un beso en la frente."

"Ella por su parte se manejaba como una perfecta señora, parecía ya completamente regenerada y era feliz porque mecía su corazón en las más brillantes ilusiones."

"Siempre manifestaba repugnancia ó temor de salir á la calle, su trato era sencillo y afable, su vestido modesto, sus maneras elegantes, y aun en ciertas ocasiones, creí sorprender en su rostro algo parecido al pudor de la niñez."

"Aquel espíritu volcánico daba señales de haberse calmado para siempre."

"Como me sentía yo fascinado, encontraba en el porte distinguido y la palabra fácil de aquella mujer, mucho de lo que hay de puro en los sentimientos y de noble en las costumbres."

"En su casa respiraba un aire de tranquila felicidad y las horas se me volvían instantes."

"María Luisa no sabía escribir ni leer; comprendiendo yo que se mortificaría con imponerle un maestro de primeras letras, me comprometí á enseñarla."

"Cada semana recibía mis lecciones, me entregaba lo que había escrito y me participaba sus progresos y dificultades con una gracia verdaderamente infantil."

"Al poco tiempo ya escribía con regularidad y por mi orden, buscó una maestra que la enseñara ciertas labores de lujo y le diera lecciones de música."

LIV.

"Por entonces fuí electo Magistrado del Supremo Tribunal de Justicia y á pesar de mi resistencia para servir empleos públicos, debí aceptar el honorífico puesto que se me ofreció sin solicitarlo."

"Bajo el velo del misterio continuaba mis honradas comunicaciones con María, cuyo comportamiento preparaba mi felicidad."

"Yo veía en ella una hermana ó una hija; era el único afecto de mi vida, el ídolo de amores colocado en el altar de mi corazón, para venerarlo durante todo el porvenir."

"Y ella me miraba como el amparo de su vida y la salvaguardia de su honor."

"Pasaron así dos años sin que el mundo percibiera mi felicidad; únicamente me remordía el compromiso contraído con Carolina y repetidas veces me preguntaba yo reconviniéndome: ¿Cómo llegaré á decirle que no la quiero, que nunca la he querido?"

"Apenas tenía presencia de ánimo para hablarla y ya no la visitaba con frecuencia."

"Ella con exquisita modestia guardaba silencio y esperaba."

"María Luisa, en mi concepto, era dichosa, ya tenía concluida su educación; cumplía con gusto sus deberes domésticos, estudiaba mucho, hacía flores y tocaba el piano perfectamente."

"Mas una tarde, antes de abrir la puerta para entrar en su casa, dí el toque de contraseña y no me contestó; según lo convenido, me abstuve de entrar por temor de que se hallara enferma y en presencia de sus criadas, proponiéndome volver á los ocho días; pero tampoco fuí recibido."

"Como no tenía otro medio de comunicación con ella y para el mundo éramos extraños completamente, no sabía cómo informarme de su salud."

"Ya estaba resuelto á buscarla por la puerta principal de su casa cuando á la tercera semana me recibió por el jardín."

"La encontré pálida, triste y muy consumida; luego me participó, con cierta indecisión, que había estado enferma, pero no pudiendo explicarme su dolencia me dijo que tenía insomnios y dolores de nervios."

"En el acto resolví apresurar nuestro matrimonio, pues había sufrido mucho en aquellos días por ella y por mí."

LV.

"Para el efecto, vine á esta ciudad donde tan bondadosamente fuí recibido en el año anterior."

"Con intenciones de radicarme aquí, pensaba fundar una empresa explotadora de filones auríferos y al mismo tiempo dedicarme al cultivo del nopal que alimenta á la grana siempre valiosa en los mercados extranjeros."

"Habiendo explorado y elegido esto bello país, regresé á México resuelto á vender mis bienes y trasladarme con María Luisa para que inmediatamente Ud. bendijera nuestra unión; pero Dios dispuso todo de otra manera."

"A mi vuelta encontré á María ligeramente aliviada y me manifestó que ya no se curaría porque el médico le había dirigido solicitudes bochornosas, de lo cual me consideré como el único responsable por tenerla tan aislada."

"Sin embargo de haber pedido una licencia ilimitada para separarme de la Corte de Justicia, un día me llamó el Presidente de la República y creyendo que yo conocía el Gabinete de Madrid por haber vivido en España, me confió el encargo diplomático de proseguir las negociaciones entabladas para que aquella nación reconociera oficialmente la independencia de México."

"Yo no me consideraba capaz de llenar semejante misión, pero no pude rehusarla y pedí que me acompañasen personas honorables y experimentadas en asuntos internacionales."

"Pronto dispuse el viaje y ofrecí á María Luisa que inmediatamente después de mi vuelta, vendríamos á Oaxaca."

"Ella sollozando me suplicó que la llevara, lo cual era imposible dada mi posición social, el rango que tenía y mi resolución inquebrantable de no vivir á su lado hasta el día que pudiera presentarla en el mundo como mi esposa legítima."

LVI.

"Yo no sé cómo son las grandes borrascas, porque sólo he sufrido en el mar dilaciones y calmas eternas."

"La embarcación que me conducía se detuvo mucho tiempo en Cuba por enfermedad de su capitán, luego en otros puntos por falta de viento y provisiones y hasta después de cuatro meses llegué al puerto deseado."

"Ya estaba yo aburrido de vivir sobre las olas, pero no quise desembarcar ni permitir que lo hiciera mi comitiva, sin previo aviso á las autoridades de Cádiz, para que me recibieran con las formalidades acostumbradas, en honra de la Nación que representaba."

"Indudablemente hubiera yo sido víctima de un desaire si no le hubiese ocurrido visitar el buque á un comerciante amigo mío, que luego me comunicó lo que había pasado en México durante mi larga travesía, según noticias llevadas por otros barcos más afortunados, que salieron de Veracruz después y llegaron á Cádiz antes que el mío."

"La última revolución que ha conmovido este país donde por desgracia todavía no se constituye un buen orden político, cambió, como Ud. sabe, la forma y el personal del gobierno, quedando interrumpidas las negociaciones con España."

"Como era natural, ya no quise anunciarme ni desembarcar y acordé mi regreso en el mismo buque para el día siguiente."

LVII.

"Mi corresponsal de Cádiz me entregó varias cartas de México que confirmaban la inutilidad de mi viaje, quedando por consecuencia, el Ministro plenipotenciario convertido en simple pasajero."

"Ciertamente no me disgustó mucho aquel percance por los vivos deseos que tenía de volver á mi patria."

"Entre otras recibí una larga carta de María, que con gracioso tipo de letra, principiaba de esta manera:--Aunque te sirviera de rodillas toda la vida, no te pagaría lo que has hecho por mí...... terminando con esta frase lisonjera, si bien repetida en vano por muchas mujeres:--Siempre te será fiel tu María Luisa."

"Las flores viven con las miradas del sol y mueren al contacto venenoso de un insecto; así el corazón del hombre se colma de felicidad por una palabra de cariño y se ahoga con una gota de amargura."

"Esto último sucedió al mío con la lectura de otra de aquellas cartas; era de un Sr. López á quien había vendido las dos casas contiguas á mi jardín, de las que una vendió él á María Luisa."

"Aquel sugeto creyendo que permanecería yo largo tiempo en Europa, me pedía un certificado de que la casa de María Luisa soportaba de la otra cierta servidumbre de aguas, lo cual había dado lugar á disputas entre ambos propietarios."

"Desde luego consideré la solicitud del Sr. López como una pretensión inútil, porque cuando yo contraté con él hice constar que existía tal servidumbre, y al trasladar el dominio á María, ratificaron ambos aquella imposición; pero el final de la carta me puso frío y colérico; así decía:--Doy á Ud. tanta molestia, porque á causa de este asunto estoy soportando malos tratamientos de un joven, que se titula hermano de la señora que me compró la casa y para mí es enteramente desconocido."

"¡Dios mío! exclamé, ¡María tiene un hermano, es joven y se ingiere en los asuntos de su casa!"

"La pasión de los celos es el cáncer del corazón, aparece un punto negro, luego se extiende, corroe y mata; ¡es el furioso cerbero que parece dormido en silenciosa calma, pero no deja de oir el paso de una pluma ni de una sombra!"

"Hacía poco tiempo que sin motivo fundado, mantenía yo, respecto á la conducta de María una terrible lucha con la duda, peor aún que la lucha por la vida."

"¿Esta carta--me preguntaba yo--trae una impertinente solicitud ó es un aviso que con mucho tacto me manda el Sr. López? ¿Tiene María Luisa un hermano que yo no conocía ó me es infiel y más aún las gentes lo saben? ¿Esa mujer me oculta sus desórdenes bajo la careta audaz de la hipocresía? ¿Y yo que la he preferido á todas las cosas de la tierra, recibiré de su propia mano un bofetón en público? No, tal vez algún amante despechado quiere perderla y por eso la calumnia."

"Estas ideas pasaron como relámpagos quemándome la frente durante mi viaje de regreso, que por fortuna ó por desgracia no duró mucho tiempo."

LVIII.

"Turbado por muchas dudas, oprimido por pensamientos tiranos y sin comunicarme con mis compañeros de legación, que me consideraban mohino por el fracaso diplomático, pasaba las noches velando sobre cubierta y los días encerrado en mi camarote."

"Cuando llegué á México, sin pensar más en mi embajada, lo primero que hice fué dirigirme á la casa del Sr. López para pedirle, de una manera disimulada, la explicación de la terrible sospecha que me había hecho concebir; pero hasta hoy no sé si aquella carta me fué dirigida por algún amigo prudente ó el mismo López se apresuró á darme sin responsabilidad, un grito á tiempo para que cuidara de mi honor; el caso fué que aquel sugeto, con marcada extrañeza, me dijo que nada había escrito y mostrándome su firma distinta de la que tenía la carta, protestó que ningún disgusto había sufrido por la casa que vendió."

"Hallé á María Luisa con perfecta salud; pero estaba distraída y descontenta; me acusaba de ingratitud por no haberla llevado á España y conteniendo suspiros que apenas salían á sus labios, se manifestaba sin gusto y sin sosiego en mi presencia."

"Sus ojos estaban agitados por el llanto, su casa no me pareció tan arreglada como antes, el teclado del piano tenía polvo y sobre las mesas no encontré libros ni señales de labor alguna."

"Al preguntarla por la causa de aquel cambio, me dijo, entre misteriosas reticencias y afables rodeos, que yo tenía la culpa porque difería nuestro casamiento é insistió en que cuanto antes deberíamos tomar una determinación, pues ya estaba sintiéndose desesperada."

LIX.

"Como yo la amaba locamente, todo lo disimulé y resolví venir á Oaxaca para preparar una casa, pero ya no tenía yo calma, los celos me devoraban."

"Contemplando aquella mujer tan hermosa y tan querida miraba levantarse, á pesar mío, entre ella y yo, una á una burlándose de mí, las siluetas de los hombres que habían habitado su corazón y pensaba en los recuerdos y las perpetuas inquietudes que debería encontrar bajo la almohada del lecho conyugal."

"Empecé á desconfiar de todos los que pasaban por la casa de María Luisa, de los que la servían y aun de los que la miraban, creyendo en mi celoso aturdimiento, que nadie podía verla sin amarla porque había nacido para enloquecer los corazones."

"Me acostumbré á pasar de día y de noche por su casa para ver si me engañaba, pero sus balcones permanecían á toda hora cerrados y no entraba en la casa persona que me inspirase desconfianza."

"Por un instinto secreto, lo que más me mortificaba al pasar todos los días, era ver parado en la puerta de una panadería que estaba frente á la casa de María Luisa, un joven como de quince años, de moreno rostro y baja estatura, ojos negros muy vivos y cabellera rebelde y abundante."

"Preocupado por mis celos, me figuraba que aquel muchacho veía con insistencia los balcones de María Luisa y que al mirarme, bajaba la frente cuando no había podido esconderse antes de que yo pasara junto á él."

"Habiendo comunicado mis sospechas á María, me dijo con voz dulce y burlona:--No seas bobo; ese muchacho que se llama Luis y todos le dicen _Lucho_, es hijo del panadero que vive frente á esta casa y pronto debe casarse con una joven que yo conozco."

"Todo lo creí, pero no dejaba de sufrir temiendo constantemente que alguien llegara á imponerse de lo que me pasaba y reírse á expensas de mi honra."

"¡Oh! Ciertamente yo era un bobo y no sólo para María Luisa, sino también ante el tribunal de la opinión pública, como pude conocerlo por varios incidentes harto desagradables que ocurrieron poco después."

LX.

"Una mañana saliendo de casa para concurrir á las bodas de uno de mis criados que quise apadrinar, me detuvo cierta vendedora de alhajas proponiéndome un collar de perlas:--No lo compro, señora,--la dije,--porque no tengo á quién regalarlo.--¡Cómo no ha de tener Ud!---me contestó con acento animado y un tanto malicioso, añadiendo:--¿Y la novia de quien es Ud. padrino? ¿Y la Señorita María Luisa?"

"No supe qué contestar y continué mi camino."

"Más tarde, todos los convidados al casamiento bailaban y reían excepto yo; pero no queriendo aparecer disgustado ante aquellas buenas gentes que tanto me obsequiaban, invité para bailar á una joven de alegre fisonomía y talle muy ancho, que se hallaba sentada junto á mí."

"La niña no era fea y yo, por hablar algo, la dije:--Es Ud. la joven más graciosa que hay en esta reunión."

"Inmediatamente me contestó con mal reprimida coquetería:--Y _la mora_ no es graciosa?"

"Si aquella muchacha me hubiera dado una bofetada en vez de contestarme como lo hizo, no hubiera sufrido tan fuerte alteración."