María Luisa, Leyenda Histórica

Part 4

Chapter 43,994 wordsPublic domain

"Es una mansión de hadas donde se miran colores de empíreo, se goza de suavísimos aromas y se apura el opio de las huríes del paraíso."

"--¡Ver Nápoles y morir!--me decía con frecuencia un condiscípulo mío y yo le contestaba:--Ver la Alhambra y quedarse allí para siempre."

"El gran palacio de Alhamar parece á primera vista un conjunto de casas y templos en ruina coronados de perpetua vegetación; pero á medida que se penetra en su recinto, surgen por todas partes bosques de finísimas columnas revestidas de flores, galerías de asombrosa arquitectura, fuentes inmensas, patios alfombrados de rosas, cúpulas aéreas y artesonados de riqueza prodigiosa."

"De un gran patio sigue una galería y una mezquita, de allí se pasa á otro patio ó al baño y al retrete oculto que fueron nidos de amor y de felicidad; después á un jardín donde se respiran perfumes de paraíso y se oye á los ruiseñores cantando en los laureles, hasta que fatigada el alma, se siente presa de una fascinación misteriosa y deleitable."

"El Patio de los Leones con su fuente monumental y sus arcadas donde la piedra toma la forma de la filigrana y el encaje, á la verdad es una maravilla del arte oriental, que arranca frases de admiración y suspiros de tristeza."

"Aquel sitio pintoresco parece una decoración de teatro preparada para representar escenas de las legendarias cortes de amor y gentileza, que ocuparon al mundo aristocrático en los tiempos de la Caballería."

"El Patio de los Arrayanes cubierto de flores y rodeado de bellísimos salones, trae á la memoria la hermosura de las odaliscas, la riqueza de los califas y el valor de los abencerrajes."

"En el baño de las reinas y sobro todo, en el _gabinete de Lindaraja_, parece que aun habita el amor con sus misterios y sus quimeras; allí se ve la fuente que derramaba perfumes costosísimos, el rincón en que ardía el pebetero y la ventana ojiva donde se morían las flores al contacto de la mano ardiente de la sultana prisionera que también agonizaba de amor ó de tristeza."

XXXIII.

"¡Cuántas veces me sorprendió la noche vagando mudo y errante por aquel misterioso paraíso!"

"Sentado con la frente sobre la mano, veía la luna tender su manto de plata sobre aquellas espléndidas ruinas."

"Sentía una dulce tristeza y abandonándome á la esperanza de mejores días, pensaba en mi patria, en mi madre y creo que mucho más en María Luisa."

"El aura suave como el eco de profunda queja me repetía su nombre y yo acariciaba su imagen que veía en los lánguidos rayos de la luna mientras mi pecho exhalaba el ay del desterrado."

"En una de las ocasiones que visité aquellos fantásticos parajes, subiendo la colina donde se alza la Alhambra, miré pasar junto á mí una hermosa gitana que llevaba el mismo rumbo."

"Esbelta y ligera, vestía enagua roja y corpiño blanco; sus cabellos negros y rizados sobre la frente, caían hacia atrás recogidos por una cinta carmesí."

"El hechizo de sus formas peregrinas y su ligereza que la hacía nadar en el aire como mariposa, luego llevaron á mi mente la imagen de la mujer que amaba; cuando volvió su rostro para verme con ademán gracioso, pude advertir que entre una y otra existía increíble semejanza."

"Iba tan rápida que parecía no tocar el suelo con los piés."

"Yo la seguí á cierta distancia y observé que desapareció en una casa cuya puerta no pude distinguir porque llegando á la mitad de la calle encontré varias otras iguales."

"Proponiéndome ir otra vez por aquel lugar para ver si se repetía tan agradable aparición, quise tomar nota de la calle y luego advertí que me hallaba en un barrio muy apartado del centro de la ciudad, entre casas ruinosas y senderos estrechos."

"Estaba yo en el Albaicín, famosa república de gitanos."

"Allí en medio de la moderna España está un pueblo independiente, vicioso é inculto, escondido en habitaciones arruinadas, junto á una bellísima ciudad."

"Aquello es un mundo aparte."

"Entre arboledas frondosas y rocas escarpadas se ve un hacinamiento de casas miserables, mezquitas en ruina y barracas ennegrecidas por el humo é incrustadas en los restos magníficos de monumentos árabes; todo dividido por senderos solitarios y adornado con el lujo de una vegetación prodigiosa."

XXXIV.

"En Granada el barrio del Albaicín es la primitiva ciudad de los musulmanes, el cadáver disecado de la vieja capital morisca, la sombra del islamismo que se ha retirado al pié de la montaña llorando como lloró el rey Boabdil al despedirse de su patria."

"En el orden moral, esas familias de gitanos pueden considerarse como los restos putrefactos de aquel pueblo culto, sabio, fanático y valiente, al que le fué preciso morir envenenado por la molicie de sus costumbres y el fatalismo de su religión."

"Los gitanos apenas reconocen al gobierno español, no le piden derechos ni le pagan contribuciones, son chalanes, mendigos y agoreros; ejercen el comercio por avaricia y la mendicidad como profesión lucrativa."

"Los hombres, altivos y apasionados, tienen fama de ladrones y las mujeres son bellas, pero siempre andan sucias y mal vestidas."

"En aquel laberinto de calles donde me perdí varias veces, conversaba con ancianas casi desnudas, muchachos harapientos y jóvenes graciosas."

"Las mujeres me dirigían miradas indagadoras, los niños se agrupaban en mi derredor y todos me podían _cualquiera cosa_."

"Yo les daba lo que podía y ellos entonces me decían la buenaventura."

"En honor de la verdad declaro que nada tuve que sentir de aquellas turbas y jamás volví á ver á mi bella desconocida por la que tampoco me atreví á preguntar."

XXXV.

"Una tarde, al volver del Albaicín, me entregaron cartas de México; sin saber por qué temblaba al abrir la de mi madre, su lectura me causó amarga sorpresa, pues en aquella carta aflictiva, participándome su enfermedad, me llamaba para verme por última vez."

"En esa misma noche, haciendo desembolsos y causando molestias á mis amigos, emprendí el viaje de regreso y luego que llegué al puerto, sin haber tocado á Madrid, tomé la primera embarcación que me ofrecieron."

"Como había entrado la primavera, el mar estaba tranquilo y la temperatura muy ardiente."

"Pasaron muchos días sin que las velas se agitaran por una ráfaga de viento."

"El buque no se movía en aquel mar impasible."

"Yo estaba lleno de agitaciones y temores; en el rumor del viento creía percibir la moribunda voz de mi madre que me llamaba desaprobando mi tardanza."

"Más me valiera tal vez, haber naufragado, porque iba muy pronto á soportar un naufragio peor que el de las olas."

"Cuando llegué á Veracruz me alojé en la casa de un comerciante amigo de mi familia, que ya tenía preparado un carruaje para que continuara mi marcha, porque el vómito negro estaba en esos momentos atacando principalmente á los viajeros de Europa."

XXXVI.

"Mientras llegaba el coche fuí convidado á comer por mi bondadoso amigo, quien esperó que concluyera para entregarme una carta en cuyo sobrescrito conocí la letra de mi tío."

"Con breves palabras me informaba de que mi madre había muerto á pocos días de haberme llamado."

"La muerte quizás por ser mujer es ingrata; cuando se la llama no responde y los que la quieren no son correspondidos."

"Yo la pedí á gritos en aquel día memorable."

"Tuve deseos de ser atacado por la peste y morir en el acto."

"El papel cayó al suelo y yo quedé frío, mudo é inmóvil, sentado llorando en un sillón."

"Cuando me recobré ya era de noche."

"Estaba sufriendo esa opresión de espíritu que desconcierta el pensamiento y rompe el corazón."

"No obstante, el hombre es tan débil que no puede ser largo tiempo desgraciado; aun en medio de las más grandes congojas se consuela á sí mismo y se engaña con pintarse horizontes de lejana ventura."

"Por esa funesta condición de la humanidad, veía yo en mis sueños dolorosos á María Luisa, tan amada y tan amable, como único afecto que me quedaba en el mundo; estaría sin duda esperándome para consolarme con su ternura incomparable; su amor sería el último asilo de mi corazón."

XXXVII.

"Al recoger la carta fatal, ví otra que llegó adjunta y de la que no me había apercibido cuando también cayó al suelo."

"Era de Carolina, que con su genial dulzura me daba detalles relativos á la enfermedad de mi madre prodigándome consuelos y despidiéndose de mí porque se iba para Guadalajara donde permanecería por algún tiempo en un colegio; mas en postdata escrita con letra que denunciaba no ser la suya, me decía con frío laconismo:--Te participo que, contagiada con la enfermedad de tu mamá, también murió María Luisa."

"Entonces creí que mis sufrimientos habían llegado al límite del dolor humano."

"Al asomarme en el abismo que la muerte abría en mi alma quitándome cuanto amaba en el mundo, sentí el vértigo de la desesperación. ¿No cree Ud., Padre, que tenía justicia?"

Estas últimas palabras las pronunció D. Carlos con voz muy agitada y el Padre José le contestó inmediatamente:

--No, hijo mío, no le pidamos á Dios cuenta de sus obras; Él sabe lo que hace...... Las gotas amargas que apuramos en algunas ocasiones, suelen ser preservativos para la desgracia...... el llanto derramado para dominar una pasión puede ahorrarnos la necesidad de vadear el río de lágrimas que corre por el valle de la vida.

XXXVIII.

D. Carlos moviendo ligeramente la cabeza, prosiguió:

"No fué aquel llanto el último derramado por esa causa...... Sólo mi corazón sabe cómo fué destrozado después sin merecerlo."

"¿Qué había de hacer? Sofoqué mis lágrimas é hice el viaje á México, dejándome llevar como el moribundo arrebatado por el alud."

"En el camino todo me disgustaba; veía el país árido y el cielo enlutado."

"Sintiendo frío en el corazón y dolor en la cabeza los golpes del coche me parecían retumbos de lejana tempestad."

"Cuando llegué á mi casa con el pecho oprimido y conteniendo el llanto, la encontró sola, sin criados, sin flores, sin ruido."

"Mariano, el hijo del mayordomo de la Hacienda, me abrió la puerta, era el único que allí habitaba y no pudo contestar ni una sola de las innumerables preguntas que le hice, porque acababa de ser empleado por mi tío."

"Todos los criados que me conocían fueron despedidos cuando mi madre murió y no pude hallarlos después."

"La primera pregunta que hice á mi tío, luego que lo ví, fué por el sepulcro de mi madre é inmediatamente nos trasladamos al panteón."

"Allí permanecí largo tiempo y en vano quise ver la sepultura de María Luisa; para los pobres no hay quien grabe su nombre sobre una losa."

"Mi tío me dijo que había sido enterrada violentamente con otros cadáveres en una fosa común, por temor de que se propagara el tifo y procurando tratar de otro asunto, empezó á darme cuentas de mis bienes, pero yo no quise oirle."

"Sólo me quedaban de aquella niña desgraciada una medalla de cobre y una memoria dolorosa."

"Pensando en ella se me figuraba una de esas dulces aves de primavera, que llegan á cantar en nuestras casas y luego se van dejando únicamente como señas de su paso, el eco de su voz y algunas plumas de sus alas."

XXXIX.

"Mucho tiempo viví encerrado comunicándome apenas con las personas que me servían."

"Sintiendo cansancio del pasado y desconfianza en el porvenir, no sabía qué hacer con la poca vida que me restaba."

"Obligado por la necesidad de verter lágrimas y poseído de ese hondo pesar que devora pero no mata cuando se mira el alma sola por la falta de un bien perdido para siempre, no salía de mi casa más que para ir al panteón en donde siquiera encontraba vestigios y recuerdos consoladores."

"Con la vehemencia de mi dolor, pensé algunas veces volver á Europa ó profesar en un convento, pero no tenía fuerza para tomar resolución alguna."

"Por fin, un día reflexionando en los inmensos deberes que el hombre tiene que llenar en la sociedad, me resolví á salir de mi retiro; pero con la firme creencia de que no me sería posible alzar una sola ilusión de felicidad sobre las ruinas de mi amor."

"Necesitaba concluir mis estudios y ver por mi salud y mi fortuna que podían menoscabarse."

"En compensación de tanto sufrimiento, la sociedad me acogió con todos sus halagos y fascinaciones."

"Muy pronto el nuevo gobierno de la República me devolvió los bienes de mi padre, y el pueblo, sabiendo que era yo hijo de uno de los primeros insurgentes sacrificados por la patria, me dió sus votos para presidir el Ayuntamiento de la ciudad."

XL.

"Carolina volvió á México y entonces ya tuve con quien quejarme."

"Ella era la única flor aun no marchita en el inmenso páramo de mis recuerdos; su amistad, como una especie de bálsamo, consoló mi tristeza y mi abandono."

"Con frecuencia la comunicaba mis proyectos y mis secretos; pero jamás le hablaba de María Luisa, por el contrario, alguna vez pensé que si aliviándome del frío indiferentismo que sentía, formaba una familia, sólo Carolina por la dulzura de su carácter y su cariño nunca desmentido, podría volverme no dichoso, pero sí menos infeliz."

"Poco trabajo tuve para obtener el título de abogado é inmediatamente recibí nombramiento de Juez primero de la Capital, empleo molesto y laborioso que acepté con agrado, considerando el trabajo como remedio para mi habitual disgusto y esperando que la repetición de sensaciones fuertes, moderaría el pesar de la pérdida de mi madre, así como el ardor de aquella pasión avasalladora que me oprimía sin objeto y sin esperanza."

"En efecto, el estudio, la aplicación de una ciencia que apenas conocía y el trato con diversas personas, bastante me ocupaban, pero mucho padecía cuando me hallaba en presencia de algo que pudiera relacionarse con mi pasado."

"Concurría maquinalmente á las diversiones y paseaba mi alma descontenta viendo todo con desdén, excepto lo que me recordaba la leyenda dorada de mi primera juventud y tanto era así, que por todas partes creía encontrar mujeres parecidas á María Luisa, las contemplaba y las seguía, cayendo después en un abatimiento inexplicable."

XLI.

"En el teatro, una noche, ví que asomaba por la más alta galería, la cabeza de una mujer tan parecida á María Luisa, que inmediatamente subí á buscarla; pero al llegar quedé persuadido de que todo era ilusión de mis sentidos fascinados."

"Otra vez al anochecer, vagando distraído por las calles, tropecé con una joven donosa y esbelta, que al mirarme, bajó la frente y se cubrió con el rebozo; yo sentí pasar por mi pecho una corriente eléctrica que me conmovió profundamente y regresé con violencia para perseguir á la misteriosa aparición, considerándola como la imagen de la mujer amada que me había robado la muerte; ella precipitó el paso y yo casi corrí para no perderla como á la gitana de Granada; pero se ocultó en un viejo caserón ante cuya puerta me detuve; inmediatamente sentí que me tocaban el hombro; era un amigo mío alegre y conocedor de toda clase de gente, que con acento malicioso me dijo:--Resuélvete á entrar ó aléjate, porque esta casa tiene mala fama. ¿Qué dirán de tí?"

"Me separé de aquel lugar con vergüenza de haber corrido tras de una mujer desconocida, sólo porque me pareció bella como María Luisa y ponderando mi necedad, me dije:--¿Cómo había de estar entre las víctimas del libertinaje, ni la sombra de aquella niña recatada y pudorosa?"

XLII.

"La vida tan agitada que tenía y el conocimiento diario de miserias é infamias, así como la necesidad de castigarlas, me hacían sufrir mucho."

"Solamente algunas tardes me distraía dirigiendo la reconstrucción de varias casas que mi tío había descuidado."

"De preferencia me dediqué á formar una huerta sobre un terreno que había dejado mi padre sin construcción, en la calle que conduce al Paseo."

"Sobre la mitad de aquel campo edifiqué dos casas y el resto lo llenó el jardín que dejé comunicado con una de ellas."

"Después vendí las casas, reservándome el jardín para ocultar allí mis fastidios y estudiar tranquilamente cuando podía."

"En mi cabeza trastornada comenzaban á calmarse las ideas y al sentir algo aliviada la pasión que me había lastimado tanto tiempo, tuve deseos de buscar un remedio para el aislamiento de mi corazón."

"Al fin, por vivir tranquilo y honrado resolví casarme."

"Carolina era muy digna de ser amada y capaz de volver dichoso á un hombre mejor que yo."

XLIII.

"Cuando indiqué tal intención á mi tío, inmediatamente accedió porque no deseaba otra cosa; luego le recibí mis bienes sin pedirle cuentas, dejándole la Hacienda de Guadalajara en compensación de sus servicios."

"El día que hablé á Carolina sobre nuestro porvenir, me contestó llorando:--Ya sabes que toda mi vida te he querido."

"A la vez no dejaba yo de sentir remordimientos, porque en el fondo de mi alma vivía intacta la imagen de María Luisa y mi cariño para Carolina no era más que el resultado de una transacción que intentaba celebrar conmigo mismo; en tal virtud dejé para un tiempo indeterminado la realización de mi matrimonio."

"Por entonces un acontecimiento tan singular como inesperado, cambió la faz de mi vida."

"Cierta noche, cuando ya estaba durmiendo, me buscó el jefe de la policía, para levantar el cuerpo de un hombre asesinado en una casa de vecindad."

"Con mucho disgusto salí proponiéndome renunciar el cargo que me daba tantas molestias."

"La temperatura estaba muy fría y bastante lejano el lugar del suceso."

"En la calle me refirió mi conductor que el occiso había muerto en riña, por causa de una mujer llamada _la mora_."

"Este apodo no me era extraño porque alguno de mis amigos que no tenía costumbres muy sanas, me había ponderado la hermosura de aquella famosa cortesana que yo no conocía."

XLIV.

"Al entrar en la casa donde había ocurrido aquella desgracia, encontré á los vecinos agrupados en la puerta de un cuarto, cuyo acceso estaba defendido por la policía."

"En medio de la pieza ví, sobro un charco de sangre, tendido el cadáver de un joven blanco y delgado que según su traje negro, su sombrero de fina paja y la brillante pistola que aun apretaba con los dedos crispados, parecía ser hijo de buena familia."

"Recostado en una pobre cama y envuelto en un cobertor, estaba otro joven grueso, pálido y desgreñado que quiso incorporarse al verme."

"Cerca de la cama y sentada en el suelo, contemplé á una mujer que sollozaba cubriéndose la frente con ambas manos."

"El hombre que apenas podía moverse, me dijo con voz muy sofocada:--Sólo yo tengo la culpa de lo que ha pasado aquí por haber creído que sería capaz de amar esa mujer á quien quité del camino de la perdición........ Yo he sido un artesano trabajador...... ella era una mujer deshonrada...... pero estaba enamorado y me casé..... mucho trabajaba para proporcionarle comodidades; la consideraba y la quería esperando que fuera una esposa honesta y una buena madre de mis hijos...... pero la encontré con ese hombre...... él me tiró un balazo causándome esta herida...... y yo lo he matado con uno de los fierros que me servían para trabajar tanto para esa ingrata."

"No pudo decir otra palabra y arrojando sangre por la boca, sacudió la cabeza con marcada desesperación."

XLV.

"Yo estaba emocionado ante aquel cuadro desolador y ordené que el muerto y el herido fueran conducidos al hospital y la mujer á la cárcel."

"Apenas dormí esa noche; no podía olvidar aquel desastre."

"¡Cuán terrible situación la de aquel hombre, que como premio de su honradez y de los sacrificios hechos por una mujer infame, había recibido ingratitud, deshonra y un balazo en el pecho!"

"Aquella esposa degradada me pareció un mónstruo de impudicia y deslealtad, por lo que no había querido dirigirle la palabra."

"Como juez, mi fallo estaba preconcebido; yo la encerraría en una prisión, perpetua y solitaria."

"Nunca fuí defensor de la pena de muerte; pero en aquella ocasión, creí que debería subsistir en ciertos casos para cortar en su raíz el cáncer de la sociedad."

"Por primera vez me sentí un tanto consolado de la pérdida de María Luisa."

"¿Qué habría yo hecho,--me preguntaba,--si unido á ella me hubiera infamado reconociendo los instintos de su sangre y los ejemplos de su primitiva educación? ¡Y luego el mundo condena inicuamente al marido por las faltas de la esposa infiel!"

"En la primera hora útil del día siguiente, me trasladé al hospital para seguir averiguando las causas de aquel triste suceso y me recibieron con la noticia de que el herido había muerto sin pronunciar una palabra."

"Inmediatamente fuí á la cárcel, donde me dijo el alcaide que la mujer aprehendida en la noche anterior, pedía que la dejasen hablar conmigo á solas, para revelarme un secreto que yo debería conocer."

"Accedí á su deseo entrando luego al calabozo cuya puerta cerré."

"Aquel lugar estaba en su mayor parte obscuro, porque sólo una pequeña claraboya se abría cerca del techo."

XLVI.

"En el acto salió de las sombras la prisionera, temblorosa y despeinada; cayendo de rodillas á mis piés, con las manos extendidas, gritó llorando:--¡Perdóname, soy muy culpable!"

"Yo quedé como herido por un rayo, con los ojos fijos y los brazos caídos."

"¡Era María Luisa, la misma María Luisa que volvía yo á encontrar como aparición milagrosa!"

"--En nombre del cielo......--la dije:--¿Eres tú María?"

"--¡Perdón! ¡Perdón!--repitió sin oirme,--déjame aquí toda la vida ó mátame, porque si no me mato yo; pero antes perdóname."

"Sí, María, te perdono con todo el corazón,--contesté,--pero levántate y dime ¿por qué te encuentro así? ¿Por qué me dirían que habías muerto?"

--"¿Por qué me dijeron que te habías casado en España?--repuso sin que cesara de llorar."

"Después de un momento de penosa vacilación se levantó y permaneciendo muda é inmóvil como la estatua del dolor, sus ojos derramaban un fuego sombrío y sus lágrimas rodaban hasta secarse en su pecho enardecido."

"Mostraba tal melancolía en su frente y tanto dolor en su mirada, que me causó inmensa compasión y no queriendo que me viera estremecerme de pesar, retrocedí buscando un apoyo en la pared."

"¡En qué estado y en qué lugar encontré á la mujer que había sido el hechizo y la adoración de mi vida!"

"Cuando partí á Europa dejé una flor sin mancha, una virgen cándida y pura como ángel del cielo y aquel día contemplaba llorando á mis piés, una mujer perdida para siempre, un vaso de ignominia sacado á subasta en el albañal del vicio."

"Por la turbación de mis sentidos no sabía cómo concluir aquella escena terrible."

"Tuve miedo, vergüenza, horror...... y permanecía mudo también."

"Ella rompió el silencio y en breves palabras me refirió cómo después de la muerte de mi madre se enfermó gravemente y apenas restablecida, mi tío quiso seducirla persuadiéndola de que yo estaba casado en España y no volvería; ofendido por su resistencia la despidió de la casa, lo mismo que á Sebastián, única persona que le daba buen trato en memoria mía."

XLVII.

"Enferma y abandonada, se refugió en la guardilla de unas mujeres pobres y vivió algún tiempo á expensas de la caridad; luego fué á servir á una casa de donde salió también acosada por pretensiones infames; después vivió sola trabajando en el Estanco de tabacos y más tarde, abatida y desesperada, se fué con un militar que la llevó á diversos pueblos donde servía; pero habiendo sufrido mucho con aquel hombre grosero y ebrio, lo abandonó el día que supo sus relaciones con otra mujer; al fin, rodando de precipicio en precipicio, fué á parar en ese mercado vil de los placeres, que en los centros de población es siempre censurado, pero nunca suprimido, aunque derrame la gangrena en las arterias de la sociedad."

"Por entonces supo que había yo venido de Europa y que no estaba casado."

"Avergonzada de su mal vivir, huía de mí; mas procuraba verme de lejos."

"Ella fué la que casualmente ví en el teatro y la misma que aquella noche, al encontrarme, corrió para ocultarse en la casa que por desgracia frecuentaba."

"Cansada de arrastrar su existencia por aquel camino en el que todos los días era simultáneamente galanteada, complacida y pisoteada, se casó con un artesano á quien no amaba, por lo cual le fué infiel y le causó la muerte."