María Luisa, Leyenda Histórica
Part 3
"El día estaba caluroso; como fuí corriendo llegué fatigado á la puerta de la iglesia donde me recibió María con un vaso de agua dulce y helada que apuré precipitadamente."
"En el acto sentí que una ráfaga de viento pasó por mi cuello causándome tanto malestar, que me ví obligado á volver inmediatamente á casa."
XV.
"Una inflamación en la garganta, seguida de calentura muy ardiente, me tuvo en cama muchos días sin probar alimento alguno."
"Cuando comencé á sentir alivio creí estar soñando, porque no pudiendo abrir los ojos, escuchaba muy cerca de mí unas voces tiernas y dulces como arrullos de palomas ó ecos perdidos de música lejana."
"Luego me pareció ver algunas sombras que pasaban á mi lado y percibí una voz infantil que decía:--Yo lo quiero más que tú--y otra que contestaba:--No, yo más todavía.--Yo lo velé una noche,--dijo la primera, y la segunda replicó:--Yo algunas veces me quedo sin comer por venir á verlo."
"Hice un esfuerzo para abrir los ojos y encontré paradas junto á mi cama á Carolina y María Luisa."
"Entonces gritó mi prima:--¡Ya abrió los ojos! y salió de la pieza."
"La otra se me aproximó diciendo:--¡Ya no se muere!--Tomó mi mano y acariciándola, me veía con afectuosa languidez."
"Al punto llegó mi madre y luego el médico que me consideró fuera de peligro."
XVI.
"No extrañé la presencia de Carolina en la cabecera de mi lecho, pero sí la de su compañera."
"María Luisa en cuanto pudo, me refirió que teniendo noticia de mi enfermedad, iba diariamente á la casa para tomar informes; mas un día el portero, sin duda por ahuyentarla, dijo que había yo muerto; ella en el acto lloró con tanto estrépito, que fué oída por mi madre, quien la mandó subir para persuadirla de lo contrario, permitiéndola verme cuando quisiera."
"Desde entonces ambas niñas permanecieron en la casa, creyéndose comisionadas de velar por mi restablecimiento; la verdad era que pasaban el día divirtiéndose ó disputando á mi lado."
"Frecuentemente cubrían mi cama con los juguetes de Carolina y algunas veces, disgustadas entre sí, permanecían en silencio; pero cuando tenían buen humor, me participaban á porfía sus esperanzas y deseos."
"Carolina pintaba con creyón letras y flores en mi almohada y me refería pasajes de la Biblia; la otra contaba historias de muertos y aparecidos."
XVII.
"En ambas criaturas observaba yo un constante disgusto que las hacía mutuamente antipáticas; tal vez lo causaba la diferencia de nacimiento y la idea que cada una tenía de que yo estimaba más á la otra."
"Carolina era tímida y modesta, se expresaba con un acento virginal y melodioso, revelando en sus maneras á la hija de la clase culta y acomodada."
"María Luisa, ligera y expresiva, lánguida de cuerpo y fogosa de espíritu, empleaba el lenguaje y los modales aprendidos en su vida callejera."
"Ciertamente, para mí, Carolina no podía soportar el paralelo; la otra tenía más atractivo; era, sin saberlo yo, el primer cariño de mi vida; le confiaba mis placeres y pesares y le prometía para cuando sanara, ir al portal todos los días solamente por mirarla."
"Ella me trataba con la misma familiaridad empleada por mi prima."
XVIII.
"En una de aquellas confidencias, la dije con voz muy suave para que sólo ella me oyera:--Tengo hambre, traeme pan ó lo que puedas, pero que nadie lo sepa."
"Luego me llevó unos trozos de pan que fué á conseguir clandestinamente, yo los devoré con ansia porque me veía sugeto á una dieta rígida."
"Aquella cariñosa niña que comía con los criados, se privaba de lo más agradable para ofrecérmelo cuando no la veían."
"Urgida por las dificultades que tenía para proporcionarme comestibles, un día fué á su casa, de donde me trajo varias frutas verdes que fueron para mí un regalo magnífico, pero muy perjudicial."
"Las cáscaras que arrojé bajo la cama me denunciaron y reconocido el cuerpo del delito sufrí una reconvención de mi madre."
"María, delatada por Carolina, fué despedida de la casa."
"Ella salió temblando, muda y llorosa y yo no supe qué me hacía sufrir más, si la nueva enfermedad causada por haber quebrantado la dieta ó la separación de María Luisa."
"Mi recaída duró algunas semanas y cuando pude salir á la calle, mi madre me ordenó que fuera á la iglesia; pero yo quise antes pasar por aquel portal que tantas veces había soñado."
"¡Cuál fué mi pesadumbre cuando no encontré allí á María Luisa ni á su tía ni los cestos de fruta!"
XIX.
"Durante mucho tiempo la busqué por todas partes inútilmente."
"Su memoria consolaba el aislamiento de mi corazón."
"Su imagen pasaba en mis sueños como una sombra encantadora."
"Y aun despierto creía oir el eco celestial de la voz de aquella niña tan hábil, tan bella, tan dispuesta siempre á servirme."
"Perdone Ud., Padre, que me exprese de este modo; nuestras primeras impresiones serán siempre nuestros últimos recuerdos."
"Lo que más me hacía sufrir, era el temor de que María hubiera vuelto á su oficio de mendiga y temblaba ante la idea de que hubiese muerto en la miseria."
"Diariamente pasaba yo por el portal, iba con frecuencia á los mercados, la buscaba por todas partes y permanecía muchas horas en el balcón esperando que pasara; pero todo sin resultado."
"Bajo el peso de una inexplicable tristeza, quería estar siempre solo y á nadie comunicaba mi sufrimiento."
"Así pasaron algunos años."
"El tiempo empezó á calmar mis solitarios pesares y llegó un día en que la imagen de María Luisa quedaba en mi corazón como una luz agonizante ó un pálido recuerdo."
"Había llegado para mí esa época fugaz y característica de la juventud, en que se alimenta el alma con gratas quimeras y da formas tangibles á las imágenes de sus delirios."
"No obstante, me parecía imposible llenar el vacío de mi vida."
XX.
"Ya contaba yo diez y ocho años y María Luisa debería tener diez y seis."
"Mi madre quiso dedicarme al sacerdocio, pero yo deseaba ser abogado; sus temores de que alguna vez pudiese arrastrarme la política en su voraz torbellino, me obligaron á optar por la profesión de mi padre y comencé á estudiar medicina."
"Una tarde al volver del colegio con el libro bajo el brazo y muy satisfecho por mis adelantos, quedé admirado, mudo é inmóvil en la puerta de la sala donde mi madre trabajaba."
"Veía, sin poder creerlo, á María Luisa, que ya convertida en mujer núbil y hermosa, estaba sentada cosiendo junto á mi madre, con la frente caída y la cabellera destrenzada."
"La joven, sorprendida y llena de rubor, se paró á saludarme con respetuoso afecto."
"Aquella criatura que había yo conocido tan pequeña y tan débil, la contemplaba entonces bellísima, gentil y esbelta, flexible como palmera y gallarda como antílope."
"Tenía la mirada de la noche y la sonrisa de la mañana."
"Su tez mórbida y pura ofrecía el tinte de las rosas y el terciopelo de los lirios."
"Me pareció que la primavera vivía en su alma y que la estancia se iluminaba con la luz de sus ojos orientales."
"Vestía un corpiño blanco que realzaba sus formas estatuarias y una enagua obscura y corta permitía ver sus piés desnudos y rosados como los piés de las palomas."
"Oí su voz tan suave y cariñosa como antes, pero algo melancólica."
XXI.
"Mi madre, con su natural ingenuidad, me dijo:--Aquí está María Luisa, ¿qué te parece? Mucho tiempo ha vivido en un pueblo y cuando murió su tía vino á la ciudad; hoy al encontrarla en la calle, me contó que servía en una casa donde yo sé que hay malas costumbres; por eso la he ocupado aquí mientras tiene colocación en otra parte."
"Yo no supe qué responder, estaba sintiendo la turbación eléctrica que se apodera del espíritu en los momentos supremos de placer ó de martirio."
"Ese día formó época en mi vida; despertaron en mi alma las más tiernas afecciones, me pareció que se habían satisfecho todas mis vagas y confusas esperanzas de felicidad."
"Entonces conocí esa ilusión espiritual del sentimiento, ese amor primero que para unir el cielo y la tierra, nace con la adolescencia y muere con la vida."
"¡Qué torbellino de ilusiones se levantó en mi cabeza delirante!"
"¡Qué palacios de nubes alzaba yo en el cielo purísimo de mis sueños!"
"Por mucho tiempo á nadie manifesté lo que sentía."
"El amor que calla es el verdadero amor."
"Yo escondía mi cariño como una flor guardada en el alma, y María Luisa por su parte, sin decir su amor, lo exhalaba como un aroma en torno suyo."
XXII.
"Bajo el humilde traje de la criada, lucían con soberana galanura los deliciosos contornos de su cuerpo y en su frente de diez y seis años admiraba yo la gracia, el esplendor y la belleza de las mujeres que había conocido en las leyendas del Oriente."
"Cuando tenía necesidad de pasar junto á mí ó se hallaba de improviso en mi presencia, sonreía dulcemente, pero luego apartaba su mirada, y varias veces me pareció verla temblar."
"Yo á su lado sentía todas las dichas del cielo."
"No obstante, huía de ella y ella de mí como si fuéramos criminales."
"María ocupaba en mi casa el puesto de una sirvienta, pero su carácter afable, su continuo trabajo y los cuidados que á mi madre prodigaba la hicieron tan necesaria, que no se volvió á tratar de darle colocación en otra parte."
"Solamente Carolina, cuando iba de visita, parecía disgustarse al encontrarla."
"Dos ó tres veces no más, me atreví á dirigir á la bella joven insinuaciones cariñosas, pero honradas."
"Ella entonces, palideciendo, se alejaba sin contestar, pero ante mi madre siempre me hablaba con tranquila familiaridad como cuando era chica."
"Mi tío administraba con gran provecho suyo las haciendas y explotaba la nobleza de los sentimientos de mi madre, inclinándola en algunos casos á tomar determinaciones que me parecían inconvenientes."
"Por entonces no comprendía yo que las tendencias del padre de Carolina consistían en realizar más ó menos tarde mi casamiento con ella; pero sí presumía que deseaba separarme de María Luisa."
"Como él, sin duda, no había conocido más que el amor grosero de la tierra, quería pactar un matrimonio que sólo significara la unión interesada de dos capitales."
"Una vez me propuso que fuéramos á viajar por Europa en compañía de su hija; pero yo me excusé manifestándole la necesidad que tenía de concluir mi carrera profesional."
XXIII.
"Trascurrido poco tiempo, en ocasión que pude cruzar algunas palabras con María, me dijo fijando en mí sus ojos con tristeza:--Tú dirás...... la señora me ha indicado que pronto deberé ir á la Hacienda para servir á Carolina."
"Yo le contesté resueltamente:--Haz lo que te manden y cuando sea yo médico me casaré contigo."
"La huérfana inclinó su lánguida cabeza y luego, moviéndola lentamente, me dijo con expresión de cariño y de dolor:--Eso es imposible."
"Antes de que yo replicara, la humilde joven había desaparecido."
"Tenía razón, su alma estaba enferma de amor, pero no se le ocultaba el mundo de obstáculos puesto por la fatalidad entre ella y yo."
"La intriga de mi tío no tuvo resultado porque María Luisa era la alegría de la casa, sus servicios importantes y su conducta irreprensible."
"Mas por haber sufrido yo una dolencia intestinal, mi madre se afectó mucho y un día me habló de esta manera:"
"El médico ha declarado que nunca sanarás completamente si no haces un viaje largo.--Después de meditar un momento prosiguió:--Hemos dispuesto que concluyas tus estudios en Madrid; al cabo de dos ó tres años iré por tí. Yo te lo pido por tu bien."
"Su voz temblaba y al pasarse el pañuelo por la frente advertí que sus ojos rebozaban lágrimas."
"¿Quién resiste al llanto y al ruego de una madre?"
"En el instante me resigné á mi destino y la dije:--Iré á donde Ud. quiera."
XXIV.
"Muy pronto quedó arreglado el viaje porque mi tío luego se ofreció para llevarme hasta Veracruz donde me recomendaría con un comerciante amigo suyo que estaba próximo á embarcarse para Cádiz."
"En vano intenté hablar con María Luisa, porque huía de mí procurando estar cerca de mi madre."
"La víspera de mi marcha me esperó al anochecer en el fondo de un corredor por donde yo debería pasar."
"Su mirada me sonreía á través de sus lágrimas."
"Viéndola extender sus brazos hacia mí, pensé que intentaba abrazarme y quedé inmóvil.--Esto era de mi madre,--me dijo poniéndome en el cuello un cordón del que pendía una medalla de cobre grabada con la imagen de la Virgen."
"Yo me sentí bañado con su aliento y nada pude contestarle porque en el acto desapareció."
D. Carlos suspendió unos instantes su narración y poniéndose la mano en el pecho, continuó:
"Aquí guardo todavía esta prenda del sentimiento y de la gratitud."
"¡Cuántas veces la he besado, la he comprimido sobre mi corazón y mojado con mi llanto!"
"Era lo único que poseía en el mundo aquella niña desdichada."
"Aun no amanecía; después de abrazar á mi madre, bajé á tomar el coche acompañado por mi tío; Sebastián conducía el equipaje y una linterna."
"En el descanso de la escalera encontré á María Luisa, que había estado allí toda la noche para verme pasar."
"Sus labios temblaban y sus cabellos caían en desorden; sus ojos llenos de lágrimas me dirigieron una mirada de agonía."
"Al pasar junto á ella me pareció escuchar un gemido triste como el ay de la tórtola cuando llora por el hijo que le han robado."
"Yo no tuve ánimo para decirle adiós."
"El coche partió en la calle de mi casa y el buque se hizo á la vela en el puerto de Veracruz."
"Aunque uno de los más hermosos sueños de mi vida consistía en viajar por lejanos países y á pesar del encanto secreto que goza el alma de la juventud cuando corre á lo desconocido, aseguro á Ud., Padre, que no pude soportar el dolor de la nostalgia y pronto me consideré más desventurado que nunca."
XXV.
"Todavía padezco al recordar el peso que cayó sobre mi alma cuando ví desaparecer las encantadas playas de mi patria."
"Me fueron indiferentes las tormentas, las calmas y la magnífica hermosura del mar; yo llevaba una borrasca perpetua en mi corazón."
"Las imágenes queridas del hogar lejano á quienes da forma sensible la magia del amor y los recuerdos, me acariciaban y oprimían al mismo tiempo."
"En los dulcísimos rayos de la luna, en los celajes de la aurora y en el cristal de las aguas contemplaba el semblante de mi madre."
"Los suspiros del viento y el arrullo de las olas me repetían sin cesar el último gemido de María en su silenciosa despedida."
Al oir el Padre José hablar de patria y de familia, se puso la mano en la frente, cerró los ojos cual si quisiera evocar algún recuerdo é interrumpiendo á D. Carlos, exclamó:
--¡Es verdad; existe un poder invisible que nos sujeta con vínculos de flores al lugar donde nacimos!...... Las memorias más gratas y á la vez más dolorosas son las de la patria perdida. Cualquier país que no sea el nuestro nos parece la tierra del castigo y del destierro. Por más que vivamos con tranquilidad y mucho amemos á la patria adoptiva, queda en lo interior del alma un hondo vacío que no se puede llenar. Yo por mi parte, después de cuarenta años y ciego que estuviera, podría llevar á Ud. á la distante aldea y al humilde hogar de mi familia, le mostraría el árbol que me dió su sombra, la floresta donde pasé los días de la inocencia y aquel obscuro rincón en que mi madre me enseñó á rezar.
Después de una pausa ligera concluyó diciendo con tranquila satisfacción:--No obstante, D. Carlos, en todas partes hallamos á Dios y su providencia.
La campana dió el toque de la oración y ambos se dirigieron al convento.
Repentinamente llovió de una manera estrepitosa.
Un fuerte viento sacudía los árboles y maltrataba las flores.
Ocultas entre las ramas piaban tristemente algunas aves, cuyos nidos habían caído deshechos por la tempestad.
XXVI.
En la tarde siguiente llegaron los dos amigos á ocupar el mismo sitio.
D. Carlos, invitado por el Padre José, continuó su historia en estos términos:
"Por espacio de tres años mi vida en Madrid fué pesada, solitaria y monótona, con excepción de breves temporadas."
"Encerrado en un colegio, solamente veía la calle cuando era muy preciso."
"Estudiaba con ahinco, huía de mis compañeros y pensaba sin cesar en mi familia y en mi patria."
"Mi madre y María Luisa eran los objetos invariables de todos mis votos y todas mis esperanzas."
"El sueño había huido de mis ojos."
"Aquella pasión devastadora exasperada con la distancia, estaba consumiendo mi vida."
"A la par que por complacer á mi madre había empezado mis estudios de medicina, también frecuentaba las cátedras de jurisprudencia por cuya carrera tuve siempre decidida vocación."
"Durante largo tiempo no abandoné los libros ni á las horas de comer."
"Vivía como refugiado en mi aislamiento, teniendo la patria en el corazón y la cabeza llena con esas ideas que matan esperanzas y presentan el porvenir del color de la noche."
XXVII.
"Solamente cada tres ó cuatro meses recibía noticias de mi casa porque deshechos á causa de la guerra los lazos que unieron á México y España, las comunicaciones entre uno y otro país no eran muy fáciles."
"Escribía yo á mi madre procurando que no conociera mi pesadumbre y ella me contestaba enviándome sus bendiciones y ofreciéndome ir á reunirse conmigo para regresar á los tres años."
"El respeto inmenso que la debía, siempre me impidió preguntarle por María Luisa."
"Tampoco en mis cartas á Carolina manifesté interés por la mujer á quien ella indudablemente aborrecía."
"Desesperado por no saber cuál era la suerte de la pobre niña que tanto amaba y que desde el otro lado del Océano estaría llorando por mí, mandé con distintas fechas dos cartas á mi buen criado Sebastián preguntándole por todas las personas de la casa y para que no sospechara el interés particular que tenía por María Luisa, le pedí noticias aún de cosas triviales como mis caballos, mis árboles y el perro que nos acompañaba."
"Después de mucho tiempo tuve por única respuesta, el aviso que me dió mi tío de que Sebastián quería dejar la casa para establecerse con el producto de sus ahorros en un pueblo lejano."
"Comprendí que habían sido interceptadas mis cartas y me resigné á no saber de María Luisa hasta el día de mi regreso, pues también ella como no sabía escribir y jamás había profanado su amor haciéndolo pasar del corazón á los labios, era seguro que no se comunicaría conmigo por no valerse de personas extrañas."
XXVIII.
"El rector del colegio, compadecido de mi situación, me permitió salir cuando quisiera y pasar las vacaciones fuera de la capital."
"Aunque tuve tanta libertad no puedo dar amplias noticias de aquella hermosa ciudad ni de su valiente pueblo, que todavía estaba ufano por haber causado á Napoleón la primera derrota de las que lo condujeron al destierro."
"Tan sólo conocí los museos, las bibliotecas y el Palacio real."
"El bullicio de las calles me cansaba y en los paseos me aburría."
"Unicamente en los jardines de la Alhambra y en las soledades del Escorial veía correr menos lentas las horas de mi vida."
"En uno ú otro de aquellos maravillosos sitios pasaba el tiempo de las vacaciones."
"Al aproximarse la Semana Santa cerrábanse las cátedras y me dirigía inmediatamente al famoso alcázar de Felipe II."
"Aquella inmensa mole de piedra obscura, que se alza despreciando los siglos al pié de un monte árido y bajo un cielo sombrío, aquel convento en forma de parrilla, que por sus altos muros y sus techos de plomo parece una gran cárcel ó una morada de sombras donde todo duerme bajo el peso del misterio y del olvido, con razón se ha llamado la octava maravilla del mundo, pero es la más triste y la más solemne."
XXIX.
"Allí todo es melancólico, pesado, formidable."
"El silencio reina por todas partes."
"En aquellos patios abandonados se pasean las nieblas á manera de fantasmas y las fuentes no murmuran."
"Aquellas galerías que se pierden en la distancia, jamás han sido visitadas por los rayos del sol; en aquellos árboles envejecidos ya no cantan las aves."
"La original estructura del edificio, las memorias clásicas que guarda y la soledad que le rodea, parecen convidar á la meditación y las reminiscencias."
"Dejándome llevar por la corriente de mis recuerdos escondía yo mi vida en aquel retiro solitario."
"Cuando no pasaba días enteros en la biblioteca leyendo las obras del ingenio español, permanecía en la iglesia contemplando los cuadros de Giordano y Tintoreto, los riquísimos artesones y las reliquias consagradas que allí existen ó ya con el corazón entristecido dirigíame á la cripta de los reyes para meditar y consolarme de mi abandono ante la negra caja que guarda el polvo de aquel monarca misántropo, primer dueño del Escorial y dueño también de la mitad del mundo."
XXX.
"En invierno, cuando había yo terminado mis exámenes, tomaba el camino de Andalucía, provisto de libramientos y recomendaciones."
"Padre, tiene Ud. razón de sentir, como me lo ha manifestado, que por las vicisitudes de la suerte no haya podido conocer á Granada y su Alhambra, esa joya preciosa de la ilustración y el sentimiento religioso de los árabes."
"Granada, según la expresión de un poeta español, reina del país risueño y pintoresco que la rodea, es una ciudad moruna, sultana favorita del sol y de los genios, que soñando en el amor se oculta en sus jardines ungida con el aliento de las flores y arrullada por el canto de los bardos."
"Bajo un cielo azul sin mancha ve correr á sus piés las aguas del Darro y el Genil, mientras que las auras puras y apacibles de Sierra Nevada descienden á refrescar su frente y á besar sus labios."
"Allí no hay sombras de invierno ni aquilón ni tempestades."
"La atmósfera está siempre tibia, rosada y trasparente."
"Los días son serenos y las noches luminosas."
"En casi todas las plazas se hallan fuentes y arboledas."
"Cada casa es un jardín y cada jardín un paraíso."
XXXI.
"La vega de Granada, vista desde lejos, es una brillante alfombra de verdura, surcada por limpias corrientes y salpicada de bosques donde asoman numerosas casitas blancas como nidos de cisnes."
"Al lado de aquellas casas corren bulliciosos arroyos, en sus puertas anidan pájaros cantores y sobre sus techos pasan enjambres de dorados colibríes."
"En aquel sonriente oasis donde reinan las flores, los torrentes y las aves, vive un pueblo exquisito en sus costumbres, pueblo bizarro y contento, cuyos hijos nacen dotados del noble carácter español y la ferviente sangre de los moros."
"Los hombres allí, por lo común, son altos, morenos y gallardos, portan un traje vistoso parecido al que usan los lidiadores en nuestras plazas de toros."
"Las granadinas, hermosas y elegantes, vestidas de colores muy vivos y cubiertas con la tradicional mantilla blanca, tienen el acento de la pasión y los arranques del genio, cualquiera creería que llevan el sol en sus ojos soberanos."
"Las jóvenes tienen miradas de gacela y donaires inimitables; las niñas parecen mariposas."
"Muchas veces visité la tumba del Gran Capitán y los mausoleos de los reyes Fernando é Isabel, que ofrecen recuerdos inmortales, así como la maravillosa Cartuja donde los himnos de la religión suben al cielo arrebatados por la brisa de la montaña."
"Al dirigir mis solitarios paseos por aquellas sombrías encrucijadas y aquellos aromáticos vergeles tapizados de mirtos, encontraba jóvenes de singular belleza, ligeras, altas y morenas, con ojos que despedían relámpagos."
XXXII.
"Dominado por un solo pensamiento, en aquellas graciosas moriscas encontraba yo algún parecido con María Luisa, quien no sin razón recibía en mi casa el nombre de _la africana_; una tenía su cuello voluptuoso, la otra sus ojos negros nadando en luz y alguna sus labios de un vivo nácar como flores de granado."
"Pero lo que más me atraía y en donde pasaba días enteros y deliciosas veladas á la luz de la luna era en la Alhambra de Alhamar."
"Aquello no es un alcázar oriental, es un conjunto de palacios y jardines encantados, un mosaico espléndido é inmenso, un fragmento del Edén perdido que ha pasado á través de los siglos y subsiste á despecho de la miseria humana."