Part 4
¿Qué te importan mis crímenes? ¿Serán castigados por otros crímenes ó por otros mayores criminales? Vuelve á sumergirte en el infierno, yo permanezco aquí; tú no tienes ningun poder sobre mí, y sé que nunca me poseerás. Lo que he hecho, está ya hecho; llevo en mi pecho un tormento al cual no añadirá nada el que puedes causarme; un alma inmortal se recompensa ó se castiga á sí misma; independiente de los lugares y de los tiempos, lleva consigo el orígen y el término de de sus males; una vez despojada de su cubierta mortal, su sentimiento interno no presta ningun color á los vagos objetos que la rodean, pero se encuentra absorbida en las penas ó en la dicha que nacen del conocimiento de sus crímenes ó de sus virtudes. Tú no has podido tentarme ni engañarme un momento: ¿porqué vienes á buscar una presa que jamas te pertenecerá? Me he perdido á mí mismo, y seré mi propio verdugo. (_A todos_.) Huid, demonios impotentes; la mano de la muerte está sobre mí, pero no la vuestra.
[Los demonios desaparecen.]
EL ABAD.
¡Ay! vuestra frente se pone pálida, vuestros labios pierden el color, vuestro corazon está oprimido, y vuestros acentos salen con un sonido ronco de vuestro pecho palpitante. Dirigid vuestras oraciones al cielo, suplicad á lo menos con el pensamiento ... pero no os entregueis á la muerte de este modo.
MANFREDO.
Esto es hecho, mis ojos no pueden mirarte, todo se mueve á mi rededor, y la tierra parece que se hunde bajo mis pasos. A Dios padre mío; dadme la mano.
EL ABAD.
Está fría ... también lo está su corazon. Una sola súplica... ¡Ay! ¿qué es lo que va á sucederle?
MANFREDO.
Anciano, el morir no es difícil.
[Espira.]
EL ABAD.
Ya no existe; su alma ha tomado vuelo: ¿á dónde irá?... Temo el pensarlo ... murió[5]....
FIN.
* * * * *
NOTAS DE MANFREDO.
1 ... Es el efecto que producen los rayos del sol sobre la parte interior de los torrentes de los Alpes: ninguna cosa tiene mas semejanza á un arco íris tan inmediato á la tierra que se puede pasear al instante por debajo. Este fenómeno dura hasta el mediodia.
2 ... El filósofo Jamblico. La historia de la invocacion de Eros y de Anteros se encuentra en su vida escrita por Eunopino.
3 ... La historia de Pausanias rey de Esparta, y de Cleonice, nos ha sido trasmitida por Plutarco (vida de Cimon) y por Pausanias el sofísta en su Descripcion de la Grecia.
El rey Pausanias es el que mandaba á los Griegos en la batalla de Platea y que pereció despues, convencido de haber querido hacer traición á los Lacedomonios.
4 ... _Los hijos de Dios_ vieron á las hijas de los hombres y las encontraron hermosas etc.
En aquellos tiempos habia gigantes en la tierra; y cuando los _hijos de Dios_ hubieron conocido á las hijas de los hombres y las hubieron hecho hijos, estos mismos hijos se hicieron hombres poderosos é ilustres según el siglo.
_Génesis_, cap. vi, ver. 3 y 4.
5 ...«¡Ay! cuando un dia el alma se verá finalmente libre de los lazos odiosos del cuerpo, y no conservará de la vida material sino lo que le queda á una ligera mariposa que acaba de romper su prision de invierno; cuando los elementos se reunirán á los elementos semejantes y que el polvo ya no será sino polvo, ¿no sentiré entonces realmente todo lo que creo ver: los espíritus aéreos, el pensamiento incorpóreo, y el genio de cada parage, cuya inmortal existencia esperimento algunas veces?»
(Childe-Harold, canto iii.)
En este pasage y en otros muchos, lord Byron manifiesta el deseo de comunicar con los espíritus, lo mismo que Manfredo, y de irse lejos del mundo en donde le cuesta mucho trabajo el marchar por el terreno rastrero de los pormenores de la vida. Identificándose tambien con el personage de Manfredo, el poeta pinta con colores muy vivos, las fuertes agitaciones, las pasiones turbulentas, y la vuelta contemplativa sobre el destino, que nos hacen conocer el fondo de su corazon. La musa de lord Byron ambiciona la gloria de inspirarnos simpatía con una clase de personas con las cuales nos avergonzariamos de reconocernos la menor conformidad de sentimientos. En despecho de nuestras reclamaciones en favor de los principios de gusto y de moral, el poeta se apodera de nosotros, por decirlo asi, con la mano de un genio sombrío, y forzándonos á descender en los secretos pensamientos de nuestro corazon, nos descubre allí, admirándonos de espanto, el gérmen de las negras ideas á que se abandonan todos sus héroes. Poco le importan las consecuencias morales, con tal que escite las agitaciones casi involuntarias que le hacen dueño de la imaginacion de sus lectores.
En Manfredo, lord Byron parece adoptar al principio bajo nombres persas, la creencia de los maniqueos que admiten en el mundo intelectual la oposicion poderosa del principio del mal, contrariando sin cesar á la eterna Providencia. Manfredo reconoce sin embargo y fuerza al mismo Ariman á reconocer la supremacia del dios del bien, cuando rehusa el doblar la rodilla y proclama un ser delante del cual deben temblar los genios malignos. Es una grande concesion la que hace aquí lord Byron á la moral religiosa; pues le vemos, muy á menudo armarse de una duda sacrílega, atacar toda revelacion venida de arriba, y hasta lo que nos descubre un sentimiento íntimo, la existencia de un criador.
Se ve fácilmente que el drama de Manfredo no ha sido nunca destinado á la representacion teatral: cuando mas podria confiarse á los actores de la Pan-hipocrisiada de M. Lemercier.
Este drama ofrece numerosas relaciones con el de Faust que analiza madama de Staël con su talento acostumbrado. Vamos á ensayar por medio de algunos estractos de ambas obras el modo de que el lector pueda comparar el espíritu de estas dos piezas estraordinarias. Primeramente debe notarse que la nobleza y dignidad trágica no cesan nunca de caracterizar el estilo de lord Byron, mientras que Goëthe ha introducido en la escena personages de la ínfima plebe, que se esplican en el innoble lenguaje de su estado y que parecen no representar su papel, sino para probar que el autor está tan acostumbrado á las conversaciones bajas de los bodegones, como á las maneras elegantes de la corte; pero no puede juzgarse á Goëthe según los principios establecidos, porque ha afectado el escribir contra todas las reglas; «no se puede ir mas lejos en pensamientos atrevidos, y la memoria que queda de este escrito conserva siempre un poco de desvario.» Pero este talento no debe ser muy envidiado ni admirado, porque brilla particularmente á espensas de la moral, del juicio interno y de la religion. Goëthe no trata solamente de destruir todos los consuelos de la vida presente, probando que el hombre está destinado á la miseria desde su nacimiento, sean cuales fueren su rango, su fortuna y su inteligencia, pero procura tambien despojarle de la sola esperanza que le queda cuando se halla en el colmo de la desgracia: la promesa de una felicidad futura. Faust es un hechicero como Manfredo «sus conocimientos profundos no le preservan del fastidio de la vida; ensayó para librarse de él, el hacer un pacto con el diablo y este concluyó con llevársele. Ved la primera palabra que ha dado á Goëthe su obra singular.»
«El diablo es el héroe de esta pieza: el autor no le ha concebido como una fantasma hedionda, tal como se acostumbra á representarle á los niños; ha hecho de él un malvado por escelencia, acerca de quien todos los malos, y el de Gresset en particular, no son sino novicios, apenas dignos de ser los criados de Mefistofeles. (Este es el nombre del demonio que se hace amigo de Faust.)
«Goëthe ha querido representar en este personage real y fantástico á un mismo tiempo, la mas amarga chanza que ha podido inspirar el desprecio, y no obstante tiene una alegria audaz que entretiene. En los discursos de Melistofeles hay una ironia infernal que se dirige á la creacion toda entera, y juzga al universo como un mal libro cuyo censor es el diablo.
«Faust reune en su carácter todas las debilidades de la humanidad: deseos de saber y fatigas del trabajo, necesidad del buen resultado y saciedad del placer. Es un perfecto modelo del ser variable y movible cuyos sentimientos son todavía mas efimeros que la corta vida de que se lamenta. Faust tiene mas ambicion que fuerza, y la agitacion interior le dispone contra la naturaleza y le hace recurrir á todos los sortilegios para libertarse de todas las condiciones duras, pero necesarias, impuestas al hombre mortal. En la primera escena se le ve en medio de sus libros y de un número infinito de instrumentos de física y de frascos de química. Su padre se ocupaba tambien de las ciencias y le trasmitió el gusto y la costumbre. Una sola lámpara da luz al retiro sombrío, y Faust estudia sin cesar la naturaleza y particularmente la magia, de cuyos secretos ya posee algunos.
«Quiere hacer aparecer uno de los genios creadores del segundo órden; el genio viene, y le aconseja no elevarse sobre la esfera del espíritu humano.» Corresponde á nosotros, le dice, el sumergirnos en el tumulto de la actividad, en las olas eternas de la vida que el nacimiento y la muerte elevan y precipitan, rechazan y vuelven á traer. Nosotros estamos criados para trabajar en la obra que Dios nos manda y cuya trama cumple el tiempo. Pero tú, que no puedes concebir sino á tí mismo, tú que tiemblas cuando quieres profundizar tu destino, y que mi soplo hace estremecer, déjame, no me llames mas.» Cuando el genio desaparece una desesperacion profunda se apodera de Faust, y quiere envenenarse.
«¡Es pues hácia tí, licor ponzoñoso, que mis miradas se fijan! Tú que das la muerte, te saludo como á una pálida luz en un bosque sombrío. En ti honro la ciencia y el espíritu del hombre; tú eres la mas dulce esencia de los jugos que proporcionan el sueño. Tú contienes las fuerzas que destruyen la vida, ven á mi socorro, ya veo que se calma la agitacion de mi espíritu. Quiero arrojarme al mar: las aguas cristalinas brillan á mis pies como un espejo. Un nuevo dia me llama hácia la otra orilla; un carro de fuego pasa sobre mi cabeza, quiero subir en él, sabré recorrer las esferas etéreas y gustar las delicias de los cielos.
«Pero ¿cómo merecerlas en mi abatimiento? Sí, yo lo puedo, si me atrevo á hacerlo, si derribo con valor las puertas de la muerte, delante de las cuales todos pasan temblando. Ya es tiempo de manifestar la dignidad del hombre. Ya no es necesario que tiemble á la orilla del abismo en donde su imaginacion se condena á sí misma á sus propios tormentos, y en donde las llamas del infierno parece que impiden el acercarse. Quiero verter el mortal veneno en esta copa de cristal puro. ¡Ay! en otros tiempos tenia un uso diferente: se pasaba de mano en mano en los festines alegres de nuestros padres, y el convidado recibiéndola, celebraba en verso su hermosura. ¡Copa dorada! tú me recuerdas las noches bulliciosas de mi juventud, no te ofreceré mas á mi vecino, no alabaré mas al artista que supo hermosearte. Te ha llenado un lícor sombrío, yo le he preparado, le he escogido; ¡ah! ¡que sea para mi el ofertorio solemne que consagro á la mañana de mi nueva vida!
«En el momento en que Faust va á tomar el veneno, oye las campanas que anuncian el dia de Pascua á la ciudad, y los coros que en la iglesia inmediata celebran esta santa fiesta.
«Cantos celestes, poderosos y dulces, ¿porqué me buscais entre el polvo? Haceos oir á los humanos á quienes podeis consolar. Escucho el mensage que me traeis, pero me falta la fe para creerlo. El milagro es el hijo querido de la fe. Sin embargo, acostumbrado á oir estos cantos desde la infancia, me llaman á la vida. En otros tiempos un rayo de amor divino bajaba sobre mi durante la solemnidad tranquila del domingo. El sonido bronco de la campana llenaba mi alma del presentimiento del porvenir y mis oraciones eran un goce ardiente. La misma campana anunciaba tambien los juegos de la juventud y la fiesta de la primavera. La memoria reanima en mí los sentimientos propios de los pocos años, que hacen olvidarnos de la muerte. ¡O! haceos oir todavía, cantos celestes; la tierra me ha reconquistado.»
«Este momento de exaltaciones pasagero: Faust tiene un carácter inconstante, las pasiones mundanas vuelven á apoderarse de su corazon, busca el modo de satisfacerlas, y desea el entregarse á ellas. El diablo, bajo el nombre de Mefistofeles, viene y le promete ponerle en posesion de todos los goces de la tierra, pero al mismo tiempo sabe disgustarle de todos ellos; porque la verdadera maldad seca el alma de tal manera, que concluye por inspirar una indiferencia profunda por los placeres igualmente que por las virtudes.
«Mefistofeles conduce á Faust á la casa de una hechicera que tenia á su disposicion unos animales medio monos y medio gatos. Esta escena puede considerarse en algun modo como la parodia de las brujas de Macbeth.
«Faust frecuenta las sociedades acompañado siempre de Mefistofeles; pero él se fastidia y el diablo le aconseja que se enamore. En efecto se manifiesta enamorado de una jóven plebeya totalmente inocente y sencilla, que vive pobremente con su madre y que se deja seducir luego. Faust se cansa del amor de Margarita lo mismo que de todos los goces de la vida. No hay nada mas hermoso en aleman que los versos en que manifiesta á un mismo tiempo el entusiasmo de la ciencia y la saciedad de la dicha.
«Espíritu sublime, tú me has concedido cuanto te he pedido, y no has sido en vano que hayas vuelto hácia mí tu rostro rodeado de llamas, tú me has dado la encantadora naturaleza por imperio, me has dado la fuerza de conocerla y de gozar de ella. No es una fria admiracion la que me has permitido, pero sí un íntimo conocimiento, y me has hecho penetrar en el seno del universo igualmente que en el de un amigo; tú has conducido á mi presencia la multitud variada de los vivientes y me has enseñado á conocer á mis hermanos en los habitantes de los bosques, de los aires y de las aguas. Cuando suena la tempestad en el bosque, cuando arranca y derriba los pinos gigantescos, cuya caida hace resonar la montaña, tú me guias á un asilo seguro y me revelas los secretos maravillosos de mi propio corazon; cuando la luna tranquila sube lentamente á los cielos, las sombras plateadas de los tiempos antiguos se presentan á mis ojos, sobre las rocas y en las arboledas, y parece que me suavizan el severo placer de la meditacion.
«Pero lo conozco, ¡ay! el hombre no puede alcanzar nada que sea perfecto. Al lado de las delicias que me acercan á los dioses, es preciso que sufra el compañero frio, indiferente y altivo que me humilla á mis propios ojos y que con una sola palabra reduce á la nada todos los dones que me has hecho. Enciende en mi corazon un fuego desordenado que me consume y arrastra hácia la muger hermosa: pero con enagenamiento del deseo á la dicha, pero en el seno de la felicidad misma un vacilante fastidio me hace echar de menos el deseo.»
«La historia de Margarita contrista dolorosamente el corazon, su estado vulgar, su entendimiento limitado, y todo lo que la somete á la desgracia sin que ella pueda resistirlo, inspira tambien piedad en su favor. Goëthe casi nunca ha dado calidades superiores á las mugeres, pero pinta maravillosamente el carácter débil que les hace tan necesaria la proteccion. Lord Byron ha adornado á Astarte de todos los encantos y de todas las perfecciones, pero en la pieza no se descubre sino su sombra y el poeta no alza sino un momento el velo misterioso que cubre á la hermana y á la amiga de Manfredo.
«Margarita es la causa de la muerte de su madre y de su hermano, y Faust la llena de amarguras. ¡Ay! esclama en un momento de remordimientos, ¡hubiera sido tan fácilmente dichosa! una pobre choza en uno de los valles de los Alpes y algunas ocupaciones domésticas, hubieran bastado para satisfacer sus deseos limitados y llenar su vida pacífica; pero yo, enemigo de Dios, no he descansado hasta despues de haber despedazado su corazon y de haber arruinado su miserable destino. De este modo la paz debe haberle sido robada para siempre, y es necesario que sea la víctima del infierno. ¡Y bien! demonio, abrevia mis angustias y haz llegar lo que debe suceder. Que la suerte de esta desgraciada se cumpla, y á lo menos precipítame con ella en los abismos.»
«Mefistofeles imagina el trasportar á Faust á la junta nocturna de las brujas á fin de distraerle de sus penas; y hay una escena que es imposible esplicarla, aunque en ella se encuentran un gran número de ideas que retener. La junta de las brujas es verdaderamente como una fiesta de las saturnales.
Faust sabe que Margarita ha hecho perecer al niño que habia dado á luz, esperando por este medio el escusarse la vergüenza de su conducta. Su crímen ha sido descubierto, se le ha puesto en prision, y al dia siguiente debe morir en un cadalso. Faust maldice con furor á Mefistofeles, y este acusa á Faust con frialdad, y le prueba que es él quien ha deseado el mal, y que no le ha ayudado sino porque le habia llamado. Se ha dado una sentencia de muerte contra Faust porque quitó la vida al hermano de Margarita; pero no obstante se introduce secretamente en la ciudad, obtiene de Mefistofeles los medios para libertar á Margarita, y se introduce de noche en su calabozo cuyas llaves habia ocultado.
«Oye á lo lejos que ensaya el cantar una cancion que prueba la pérdida de su razon. Margarita cree que vienen á buscarla para conducirla al cadalso: escena tierna entre ella y Faust que no puede decidirla á que le siga; Margarita pasa rápidamente de una idea á otra, no reconociendo á su amante sino por intervalos. Mefistofeles comparece á la puerta y les dice: daos prisa ó estais perdidos; vuestros retardos y vuestras dudas son funestos, mis caballos tiritan, el frio de la mañana se hace sentir.--_Margarita._ ¿Quién sale de este modo de la tierra? él es, él es; hacedle ir. ¿Qué hará en el lugar sagrado? Es á mi á quien quiere llevarse.--_Faust_. Es necesario que tu vivas.--_Margarita_. ¡Justicia divina, me abandono á tí!--_Mefistofeles á Faust_. Ven, ven ó te doy la muerte igualmente que á ella.--_Margarita_. Padre celestial, yo soy tuya, y vosotros ángeles salvadme, coros sagrados, rodeadme, defendedme: Faust, tu suerte es la que me aflige...--_Mefistofeles_. ¡Ya está juzgada! Las voces del cielo esclaman: ¡está salvada!--_Mefistofeles á Faust_. ¡Sigúeme! Mefistofeles desaparece con Faust; se oye en lo interior la voz de Margarita que llama inútilmente á su amigo «¡Faust! ¡Faust!»
«La pieza queda cortada después de estas palabras.» «Es necesario añadir alguna cosa» concluye madama de Staël, y nosotros aplicamos lo que dice á nuestra traduccion de Manfredo: «es preciso suplir por la imaginacion al hechizo qne debe añadir una hermosa poesia á las escenas que he ensayado traducir. En el arte de la versificacion hay siempre un género de mérito reconocido por todo el mundo, y que es independiente del objeto á que ha sido aplicado en la pieza de Faust. La cadencia cambia segun la situacion, y la brillante variedad que resulta es admirable.
«La creencia de los malos espíritus se encuentra en un grande número de poesías alemanas. La naturaleza del Norte se acomoda bastante bien con semejante terror, y asi es mucho menos ridículo en Alemania que lo seria en Francia, el servirse del diablo en las ficciones.
«Es imposible el leer la pieza de Faust sin que se presente en la idea de mil maneras diferentes, se enfada uno con el autor, se le acusa, se le justifica, pero da motivo para reflexionar sobre todo, y para valerme del lenguaje ingenuo de un sabio de la mediana edad, _sobre alguna cosa mas que todo_.
«La crítica de una obra semejante debe ser un objeto muy fácil de prever de antemano, ó mas bien el género mismo de la obra puede merecer la censura, todavía con mas razon que el modo como está tratada; porque una buena composicion, debe ser juzgada como un sueño; y si el buen gusto se halla siempre vigilante en la puerta de marfil de los sueños para obligarles á tomar la forma convenida, muy rara vez chocarán á la imaginacion.
«Sin embargo la pieza de Faust no es ciertamente un buen modelo, y sea que pueda ser considerada como la obra de un delirio del entendimiento, ó de la saciedad de la razon, es de desear que no se repitan semejantes producciones; pues cuando un ingenio tal como el de Goëthe, rompe todas las trabas, la multitud de sus pensamientos es tan grande, que por todas partes esceden y trastornan los límites del arte.
«Dichosos los autores que como Goëthe, estan traducidos y comentados por una muger á quien lord Byron ha proclamado ¡la primera de su siglo y de todos los siglos pasados! y aunque algunas de sus críticas pueden hallar su aplicacion en las obras del autor de Manfredo, nuestras citas no podrán ser desagradables á un poeta que fue constantemente el admirador y el amigo de Corina.»
FIN DE LAS NOTAS