Los nueve libros de la Historia (1 de 2)

Part 36

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CLXXXIV. Mas allá de los garamantes, a distancia también de diez leguas de camino, se ve otro cerro de sal, otra agua y otros hombres que viven en aquellos alrededores, a quienes dan el nombre de atarantes; son los hombres anónimos que yo conozca, pues si bien a todos en general se les da el nombre de atarantes, cada uno de por sí no lleva en particular nombre alguno propio. Cuando va saliendo el sol le cargan de la más crueles maldiciones e improperios, porque es tan ardiente allí que abrasa a los hombres y sus campiñas. Tirando adelante otras diez jornadas, se hallará otra colina de sal y en ella su agua; cerca del agua, gentes que allí viven. Con esta cordillera de sal está pegado un monte que tiene por nombre Atlas, monte delgado, por todas partes redondo, y a lo que se dice tan elevado, que no alcanza la vista a su cumbre por estar en verano como en invierno siempre cubierta de nubes. Dicen los naturales, que su monte es la columna del cielo; de él toman el nombre sus vecinos, llamándose los atlantes, de quienes se cuenta que ni comen cosa que haya sido animada, ni durmiendo sueñan jamás.[452]

CLXXXV. Hasta dichos atlantes llegan mis noticias para poder dar los nombres de las naciones que viven en la cordillera de sal; pero de ahí no pasan, si bien se extiende la loma hasta las columnas de Heracles, y aun más allá. Hay en esta cordillera cierta mina de sal tan dilatada, que tiene diez días de camino; y en aquel espacio viven unos hombres cuyas casas son hechas generalmente de grupos o piedras de sal. Ni hay que admirarlo, pues por aquella parte de la Libia no llueve jamás; que si lloviera, no pudieran resistir aquellas paredes salinas.[453] De aquellas minas sácase sal, así de color blanco como de color encarnado. Más allá de la referida loma, para quien va hacia el Noto tierra adentro de la Libia, el país es un desierto, un erial sin agua, un páramo sin fiera viviente, sin lluvia del cielo, sin árbol ninguno, sin humedad ni jugo.

CLXXXVI. Así que, desde el Egipto hasta la laguna Tritónida, los libios que allí viven son nómadas o pastores, que comen carne y beben leche, si bien se abstienen de comer vaca, siguiendo en esto a los egipcios; lechones, ni los crían ni los comen. Aun las mujeres de Cirene tienen también escrúpulo de comer carne de vaca por respeto a la diosa Isis de Egipto, en cuyo honor hacen ayunos y fiestas, pero aun hacen más las mujeres de Barca, que ni vaca ni tocino comen.

CLXXXVII. Más allá de la laguna Tritónida, hacia poniente, ni son ya pastores los libios, ni siguen los mismos usos, ni practican con los niños lo que suelen los nómadas; pues que estos, ya que no todos, que no me atrevo a decirlo absolutamente, por lo menos muchísimos de ellos, cuando sus niños llegan a la edad de cuatro años, toman un copo de lana sucia y con ella les van quemando y secando las venas en la coronilla, y algunos asimismo las de las sienes: el fin que en esto tienen es impedir que en toda la vida no les molesten las fluxiones que suelen bajar de la cabeza, y a esto atribuyen la completa salud de que gozan. Y a decir verdad, son los libios los hombres más sanos que yo sepa;[454] esto afirmo, pero sin atribuirlo a la causa referida. Si acontece que al tiempo de hacer la operación del fuego les den convulsiones a los niños, tienen a mano un remedio eficaz, a saber, echan sobre ellos la orina de un macho de cabrío y vedlos ahí sanos; de lo cual tampoco salgo fiador, sino que cuento simplemente lo que dicen.

CLXXXVIII. Los nómadas en la Libia hacen del siguiente modo sus sacrificios: ante todo cortan como primicias del sacrificio la oreja de la víctima y la arrojan sobre su casa; después de esta ceremonia hácenle volver hacia atrás la cerviz. El sol y la luna son las únicas deidades a quienes ofrecen sacrificio todos los libios, aunque los que viven en los contornos de la laguna Tritónida sacrifican también a Atenea con mucha particularidad, y en segundo lugar a Tritón y a Poseidón.

CLXXXIX. Parece sin duda que los griegos tomaron de las mujeres libias así el traje y vestido en las estatuas de Atenea, como también las égidas, pues el traje de aquellas es enteramente el mismo que el de Atenea, solo que su vestido es de badana, y las franjas que llevan en sus égidas no son unas figuras de sierpes, sino unas correas a modo de borlas. Aun más, el nombre mismo de égida dice que de la Libia vino el traje de nuestros _Paladios_ (estatuas de Atenea), pues las libias acostumbran meterse encima de su vestido en vez de mantilla unas egeas o marroquías adobadas,[455] teñidas de colorado con franjas, de suerte que los griegos del nombre de estas egeas formaron el de égidas. Soy asimismo de opinión de que la algazara usada en los sacrificios griegos tuvo su origen en la Libia, donde es muy frecuente entre las libias, que son excelentes plañideras. Del mismo modo los griegos aprendieron de los libios el tiro de cuatro caballos en la carroza.

CXC. En los entierros siguen los nómadas las mismas ceremonias que los griegos, aunque deben exceptuarse los nasamones, pues estos entierran sentado el cadáver, y a este fin observan al enfermo cuando va a morir, y lo sientan entonces en la cama, para que no expire boca arriba. Son las casas de los nómadas unas cabañas hechas de varillas de gamón entretejidas con juncos, casas portátiles de un lugar a otro.[456] Tales son sus usos en resumen.

CXCI. Por la parte de poniente del río Tritón confinan con los auseos otros pueblos de la Libia, de profesión labradores, que llevan el nombre de maxies, y usan levantar sus casas con regularidad. Críanse el pelo en la parte derecha de la cabeza, y se lo cortan en la siniestra; píntanse el cuerpo de bermellón y pretenden ser descendientes de los troyanos.[457] Esta región de la Libia, como también lo restante de ella hacia poniente, es mucho más abundante en fieras y bosques que la de los nómadas, pues que la parte oriental de la Libia, que estos habitan, es una tierra baja y arenosa hasta llegar al río Tritón; pero la que desde este río se dilataba hacia poniente, que es la parte que habitan los libios labradores, es ya un país en extremo montuoso, y muy poblado de árboles y de fieras. Hay allí serpientes de enorme grandeza; hay leones, elefantes, osos y áspides. Vense allí asnos con astas; se ven hombres _cinéfalos_, y otros, si creemos a lo que nos cuentan, _acéfalos_, de quienes se dice que tienen los ojos en el pecho, y otros hombres salvajes, así machos como hembras; vense, en fin, muchas otras fieras reales y no fingidas.[458]

CXCII. Pero ninguna de las que acabo de decir se cría entre los nómadas, aunque se hallan entre ellos otras castas de animales, los _pigargos_,[459] las cabras monteses, los búfalos, los asnos que no beben jamás, pero no los asnos cornudos, los ories o unicornios, de cuyas astas hacen los fenicios sus varas de medir, siendo estos animales del tamaño de un buey; las basarias, especie de vulpeja, las hienas, los puercoespines, los carneros salvajes, los dicties, los lobos silvestres, las panteras, los bories,[460] los cocodrilos terrestres de tres codos de largo muy parecidos a los lagartos, los avestruces de tierra, y unas sierpes pequeñas cada una con su cuernecillo. Estos son los animales propios de dicho país, donde hay asimismo los que producen los otros, a excepción del ciervo y del jabalí,[461] pues ni de uno ni de otro se halla raza en Libia. Vense allí tres castas de ratones; unos se llaman _dípodes_, de dos pies; otros _zegeries_, palabra líbica que equivale a _collados_; los terceros erizos: críanse también unas comadrejas muy semejantes a las de Tarteso. Esta es, según he podido alcanzar con mis informaciones las más diligentes y prolijas, la suma de los animales que cría la región de los nómadas en la Libia.

CXCIII. Con los maxies están confinantes los zaveces, cuyas mujeres sirven de cocheras a sus maridos en los carros de guerra.

CXCIV. Con estos confinan los gizantes, en cuyo país, además de la mucha miel que hacen las abejas, es fama que los hombres la labran aún en mayor copia con ciertos ingenios o artificios.[462] Todos los gizantes se pulen tiñéndose de bermellón. Comen la carne de los monos, de los cuales hay en aquellos montes grandísimos rebaños.

CXCV. Cerca del país de dichos gizantes, según cuentan los cartagineses, está la isla Ciravis,[463] de 206 estadios de largo, pero muy angosta, a la cual se puede pasar desde el continente. Muchos olivos hay en ella y muchas vides, y se halla en la misma una laguna tal, que de su fondo sacan granitos de oro las doncellas del país, pescándolos y recogiéndolos con plumas de ave untadas con pez. No salgo fiador de la verdad de lo que se dice, solamente lo refiero; aunque puede muy bien suceder, pues yo mismo he visto cómo en Zacinto se saca del agua la pez en cierta laguna. Hay, pues, una laguna entre otras muchas de Zacinto, y la mayor de todas, que cuenta por todas partes 60 pies de extensión, y tiene de hondo hasta dos orgias: dentro de ella meten un chuzo, a cuya punta va atado un ramo de arrayán; apégase al ramo la pez, la cual sacada así huele a betún, y en todo lo demás hace ventaja a la pez de Pieria. Al lado de la laguna abren un hoyo, donde van derramando la pez que, recogida ya en gran cantidad, sacan del hoyo y la ponen en unos cántaros. Todo lo que cayere en esta laguna va al cabo pasando por debajo de tierra a salir al mar, distante de ella cosa de cuatro estadios. Esto digo para que se vea que no carece de probabilidad lo que se cuenta de la isla que hay en Libia.

CXCVI. Otra historia nos refieren los cartagineses, que en la Libia, más allá de las columnas de Heracles, hay cierto paraje poblado de gente donde suelen ellos aportar y sacar a tierra sus géneros, y luego dejarlos en el mismo borde del mar, embarcarse de nuevo, y desde sus barcos dar con humo la señal de su arribo. Apenas lo ve la gente del país, cuando llegados a la ribera dejan al lado de los géneros el oro, apartándose otra vez tierra adentro.[464] Luego, saltando a tierra los cartagineses hacia el oro, si les parece que el expuesto es el precio justo de sus mercaderías, alzándose con él se retiran y marchan; pero si no les parece bastante, embarcados otra vez se sientan en sus naves, lo cual visto por los naturales vuelven a añadir oro hasta tanto que con sus aumentos les llegan a contentar, pues sabido es que ni los unos tocan al oro hasta llegar al precio justo de sus cargas, ni los otros las tocan hasta que se les tome su oro.

CXCVII. Estas son, pues, las naciones de la Libia que puedo nombrar, muchas de las cuales ni se cuidaban entonces ni se cuidan ahora del gran rey de los medos. Algo más me atrevo a decir de aquel país: que las naciones que lo habitan son cuatro y no más, según alcanzo; dos originarias del país, y dos que no lo son; originarios son los libios y los etíopes, situados aquellos en la parte de la Libia que mira al Bóreas, estos en la que mira al Noto; advenedizas son las otras dos naciones, la de los fenicios y la de los griegos.

CXCVIII. Por lo que toca a la calidad del terreno, no me parece que pueda compararse la Libia ni con el Asia ni con la Europa,[465] salva, empero, una región que lleva el mismo nombre que su río Cínipe, pues esta ni cede a ninguna de las mejores tierras de pan llevar, ni es en nada parecida a lo restante de la Libia; es de un terruño negro y de regadío por medio de sus fuentes, ni está expuesta a sequías, ni por sobrada agua suele padecer, si bien en aquel paraje de la Libia llueve a menudo, y en cuanto al producto, da por cada uno, tanto como la campiña de Babilonia. Y por más que sea feraz la tierra que cultivan allí los evesperitas, la cual cuando acierta la cosecha llega a rendir ciento por uno, no iguala con todo a la comarca de Cínipe, que puede dar trescientos por uno.

CXCIX. La región Cirenaica, que es la tierra más elevada que hay en la parte de la Libia poseída por los nómadas, logra todos los años tres estaciones muy dignas de admiración, pues viene primero la cosecha de los frutos vecinos a la marina, que piden ser antes que los demás segados y vendimiados: acabados de recoger estos tempranos frutos, están ya sazonados y a punto de ser cogidos los de las campiñas o colinas, como dicen, que caen en medio del país; y al concluir esta segunda cosecha, los frutos de la tierra más alta han madurado ya y piden ser cogidos: de suerte que al acabarse de comer o de beber la primera cosecha del año, entonces cabalmente es cuando se recoge la última; con lo cual se ve que los cireneos siegan durante ocho meses.

CC. Bastará ya lo dicho en este punto; y volviendo por fin a los persas, los vengadores de Feretima partidos de Egipto por orden de Ariandes, pusieron sitio a Barca, pidiendo luego que llegaron se les entregasen los autores de la muerte de Arcesilao, demanda a que los sitiados, que habían sido comúnmente cómplices en aquel homicidio, no querían consentir. Nueve meses duraba ya el asedio de la plaza, en cuyo espacio hicieron los persas minas ocultas hasta las mismas murallas, y dieron asimismo varios asaltos a la plaza, todos muy vivos y obstinados. Iba descubriendo las minas un herrero que se valía para dar con ellas de un escudo de bronce, el cual iba pasando y aplicando por la parte interior del muro: si escudo aplicado donde el suelo no se minaba, no solía resonar; pero cuando daba sobre un lugar que minasen los enemigos, correspondía el bronce con su sonido a los golpes internos de los minadores; y entonces eran perdidos los persas, a quienes con una contramina mataban los barceos en las entrañas de la tierra. Hallado este remedio contra las minas, se valían los barceos del de su valor para rebatir sus asaltos.

CCI. Pasado mucho tiempo en el asedio y muertos muchos de una y otra parte, y no menor número de persas que de barceos, Amasis, el general del ejército, acude a cierto ardid, persuadido de que no podría ver rendida la plaza con fuerza, sino con engaño y astucia. Manda, pues, abrir de noche una hoya muy ancha, encima de la cual coloca unos maderos de poca resistencia, y sobre ellos pone una capa de tierra en la superficie, procurando igualarla por encima con lo demás del campo. Apenas amanece otro día, cuando Amasis convida por su parte a los barceos con una conferencia, y los barceos por la suya, como quienes deseaban mucho la paz, la admiten gustosísimos. Entran, pues, a capitular estando encima de la hoya disimulada y se conciertan en estos términos: que se estaría a lo pactado y jurado mientras aquel suelo donde se hallaban fuese el mismo que era;[466] que los barceos se obligaban a satisfacer al rey pagando lo que fuese justo en razón, y los persas a no innovar cosa contra los barceos. Viendo estos firmadas así las paces y llenos de confianza en fuerza de ellas, abiertas de buena fe las puertas de par en par, no solo salían con ansia fuera de la ciudad, sino que permitían también a los persas acercarse a sus murallas. Válense los persas de la ocasión, y derribando repentinamente aquel puente o tablado falaz y oculto, corren dentro de la plaza y hacia los muros, de que se apoderan. Movioles a arruinar dicho suelo de tablas la especiosa calumnia y pretexto de poder decir que no faltaban a la fe del tratado, por cuanto habían capitulado con los barceos que las paces durasen todo el tiempo que durase el mismo aquel suelo que había al capitular, pero que arruinado y roto el oculto tablado ya no les obligaba el tratado solemne de paz.

CCII. Feretima, a cuya disposición y arbitrio dejaron los persas la ciudad, no contenta con empalar alrededor de sus muros a los barceos que más culpables habían sido en la muerte de Arcesilao, hizo aún que cortados los pechos de sus mujeres fuesen de trecho en trecho clavados. Quiso además que en el botín se llevasen los persas por esclavos a los demás barceos, exceptuando a los batiadas todos y a los que en dicho asesinato no habían tenido parte alguna, a quienes ella encargó la ciudad.

CCIII. Al retirarse los persas con sus esclavos los barceos, llegados de vuelta a la ciudad de Cirene, los moradores, para cumplir con cierto oráculo, dieron paso por medio de ella a las tropas egipcias. Bares, el general de la armada, era de parecer que al pasar se alzasen con aquella plaza; pero no venía en ello Ainasis, general del ejército, dando por razón que había sido únicamente enviado contra Barca y no contra alguna colonia griega. Con todo, después que pasó el ejército y se acampó allí cerca en el collado de Zeus Licio, arrepentidos los persas de no haberse aprovechado de la ocasión, procuraron, entrando de nuevo en la plaza, apoderarse de ella; pero no se lo permitieron los de Cirene. Hubo en esto de extraño y singular que cayese de repente sobre los persas, contra quienes nadie tomaba las armas, un miedo tal y tan grande, que les hiciera huir por el espacio de 60 estadios antes de atreverse a plantar sus tiendas.[467] Al cabo, después que allí se acampó el ejército, llegole un correo de parte de Ariandes con orden de que se le presentaran; para cuya vuelta, provistos los persas de víveres, que a su ruego les suministraron los cireneos, continuaron sus marchas hacia el Egipto. Durante aquel viaje, lo mismo era quedarse algún persa fuera de la retaguardia, que caer sobre él los libios y quitarle la vida para despojarle de su vestido y apoderarse del bagaje; persecución que duró hasta que estuvieron ya en Egipto.

CCIV. Este es el ejército persa que se haya internado más en la Libia, habiendo sido el único que llegó hasta Evespérides.[468] Los prisioneros barceos, traídos como esclavos al Egipto, fueron desde allí enviados al rey Darío, quien les dio un lugar después para su establecimiento de la región Bactriana. Dieron ellos a su colonia el nombre de Barca, población que hasta hoy día subsiste en la Bactriana.

CCV. Pero Feretima no tuvo la dicha de morir bien; pues vengada ya, salida de la Libia, y refugiada en Egipto, enfermó bien presto, de manera que hirviéndole el cuerpo en gusanos, y comida viva por ellos, acabó mala y desastrosamente sus días, como si los dioses quisieran hacer ver a los hombres con aquel horroroso escarmiento cuán odioso les es el exceso y furor en las venganzas. De tal modo se vengó de los barceos Feretima, la esposa de Bato.

FIN DEL TOMO PRIMERO.

ÍNDICE.

LIBRO PRIMERO. Rapto de Ío, Europa, Medea y Helena. — Expedición de los griegos contra Troya. — El imperio de los Heráclidas pasa a manos de los Giges. — Su descendencia: Ardis, Sadiates, Aliates. — Guerra contra los de Mileto. — Fábula de Arión. — Creso conquista algunos pueblos de Grecia, despide a Solón de su corte y es castigado con la muerte de su hijo. Consulta a los oráculos sobre la guerra de Persia y envía dones a Delfos. Deseando aliarse con el imperio más poderoso de Grecia, vacila entre los atenienses y lacedemonios. — Estado de ambas naciones, dominada la primera por el tirano Pisístrato, y la segunda en guerra con los de Tegea. — Decídese Creso por los lacedemonios; hace alianza con ellos y marcha en seguida contra los persas: pasa el río Halis, pelea con Ciro en Pteria y se retira a Sardes, donde sitiado, y en breve prisionero de los persas, se liberta de la muerte milagrosamente. — Respuesta del oráculo a sus increpaciones. — Costumbres, historia y monumentos de los lidios. — Origen del imperio de los medos. — Política de Deyoces para subir al poder: su descendencia; Fraortes, Ciaxares, Astiages. — Aventuras de Ciro durante su niñez, su abandono, reconocimiento y venganza contra Astiages a quien destrona, haciendo triunfar a los persas de los medos. — Religión de los persas, sus leyes y costumbres. — Guerra de Ciro contra los jonios, historia de estos y preparativos para resistirle. — Sublevación de los lidios contra Ciro instigados por Pactias. — Derrota y conquista de los jonios y otros pueblos de Grecia por Harpago, entretanto que Ciro sujeta al Asia superior y en especial la Asiria. — Descripción de Babilonia, asedio y toma de aquella ciudad. Costumbres de los babilonios. — Desea Ciro conquistar a los maságetas: rehusando Tomiris su reina casarse con él, toma pretexto de esta repulsa para invadir el país, y después de una victoria parcial es vencido y muerto. 17

LIBRO SEGUNDO. Antes de pasar Heródoto a referir la conquista de Egipto por Cambises, hijo de Ciro, que reserva para el libro siguiente, traza en este segundo una descripción topográfica del Egipto. — El Nilo, su origen, extensión y avenidas. — Costumbres civiles y religiosas de los egipcios. — Heracles. — Animales sagrados. — Métodos de embalsamar los cadáveres. — Reyes antiguos de Egipto: Menes, Nitocris, Meris. — Sesostris, sus conquistas, repartición del Egipto. — Proteo hospeda en Menfis a Helena, robada por Alejandro, entretanto que los griegos destruyen a Troya. — Rampsinito. — Queops obliga a los egipcios a construir las pirámides. — Micerino manda abrir los templos. — Invasión de los etíopes. — Setón, sacerdote y rey. Cronología de los egipcios. — División del Egipto en doce partes. — El laberinto. — Psamético se apodera de todo el Egipto: su descendencia: Neco, Psamis, Apríes. — Amasis vence a Apríes y con su buena administración hace prosperar al Egipto. 141

LIBRO TERCERO. Expedición de Cambises al Egipto: derrota de los egipcios. Intenta Cambises conquistar la Etiopía; relación de los descubridores enviados a este país y desgracias de los expedicionarios. — Búrlase Cambises de los dioses egipcios: sus locuras y muerte de su hermano y esposa. — Fortuna de Polícrates, el tirano de Samos, a quien atacan los lacedemonios y corintios. — Álzase contra Cambises el mago Esmerdis y se apodera del trono de Persia: muerte de Cambises. — Descúbrese la impostura del mago y muere a manos de los siete conjurados. — Artificio de Darío para subir al trono. — Contribuciones del Imperio persa. — Descripción de la India, Arabia y sus producciones. — Oretes, gobernador de Sardes, mata a Polícrates: castigo de Oretes. — Artificio del médico Democedes para regresar a Grecia. — Darío ayuda a Silosonte para recobrar a Samos. — Rebelión de Babilonia, su asedio y reconquista. 263

LIBRO CUARTO. Refiere Heródoto en este libro las dos expediciones de los persas contra los escitas y la Libia. — Origen de los escitas; sus tradiciones y costumbres. — Descripción geográfica del orbe conocido en tiempos de Heródoto. — Ríos que bañan la Escitia; sacrificios y costumbres guerreras de aquellos habitantes; sus adivinos y entierros. — Expedición de Darío contra los escitas: puentes sobre el Bósforo y el Danubio. — Cobardía de los aliados de los escitas. — Episodio acerca de los saurómatas y su casamiento con las amazonas. — Estratagema de los escitas y retirada de Darío. — Motivos de la expedición de los persas contra la Libia. — Fundación de Cirene: reyertas de los cireneos. — Descripción de la Libia y de sus habitantes. — Perfidias de los persas para apoderarse de Barca, y venganzas de Feretima. 379

NOTAS

[1] He creído que lo mejor que podía hacer era tomar esta noticia de la que publicó el infatigable Pedro Wesselingio al frente de su edición de Ámsterdam, pues en erudición y fidelidad nada deja que desear sobre la materia. (_Nota del T._).

[2] Heródoto dividió su historia en nueve libros en memoria de las nueve musas, y a cada uno impuso el nombre de una de ellas.

[3] Algunos creen que este proemio es de mano de Plesirroo, amigo y heredero de Heródoto; pero otros lo atribuyen al autor mismo bajo la fe de Luciano y de Dion Crisóstomo, y en efecto así aparece de la identidad del estilo.

[4] Sabido es que los griegos llamaban _bárbaros_ a todos los que no eran de su nación.

[5] _El mar Rojo_. He querido conservar en la geografía los nombres antiguos, así porque los modernos no siempre les corresponden exactamente, como por conformarme todo lo posible a las formas originales del autor.