Los guiños del pasado

Chapter 5

Chapter 5640 wordsPublic domain (Wikisource)

Toda una vida le había suplicado a Carlos que la aceptara como esposa; que ella había nacido para él; que había dejado casa y familia por seguirlo; que había renunciado al ballet por estar a su lado, mas él la miraba con ojos burlescos. -No chiquita. No seré más para ti. Si no te pones a trabajar para darme mis lujos olvídate de que existo. No eres fea, pero no eres de las que me convienen. Trabaja más, te digo, y cómprame, si quieres. Sí, soy un juguete de lujo; si me quieres de verdad como dices, ya sabes... Desde jovencita, cuando iba en sexto de primaria, se había enamorado de Carlos, el dandy de la prepa, y locamente perdida le suplicaba más atención de la que le prestaba. -Me he entregado a ti sin condición. Haz hecho conmigo todos tus gustos. Busqué trabajo para mantenerte siempre conmigo. Y tú qué haces; me paseas a tus prostitutas frente a mis ojos.- Selma le reprochaba, pero Carlos era inconmovible si no le daba dinero; y aunque se lo diera. Siempre lo consideraba muy poco. Ella, hasta la más vil ignominia había descendido con tal de que aquel hombre apuesto le concediera las migajas de amor que le pedía. Él le daba un beso, pero era más por lástima que por pasión. -¡No puedo seguir así! - ella le imploraba y él, burlándose con una amplia sonrisa de conquistador, la despreciaba más que nunca. Selma, en su vivienda de vecindad se la pasaba llorando por él. Era una pasión incontrolable, desmedida. ¿Qué sucedería, si la dejaba? Y una angustia desesperada la hacía revolverse a gritos en su camastro estrujando sábanas y almohadas. Esa tarde desolada pensó temblorosa con los ojos enrojecidos de angustia y de odio: -Soy joven. Tengo veinticinco años y aún puedo rehacer mi vida. Tengo que dejarlo. No sé de dónde voy a sacar las fuerzas, pero sobreviviré. No soy fea y puedo sacar provecho de mi cuerpo. Además muchos dicen que canto y bailo muy bien. Aceptaré la invitación que Mr. Mercury me hace para llevarme a Las Vegas. Dice que puedo tener futuro allá. Está ya viejo, pero tiene las relaciones que convienen en estos negocios. Dicen que las morenas claras como yo tienen mucho pegue. Total, de quedarme a continuar siendo humillada… ¿Qué más puede pasarme? Mis padres murieron y mis hermanos no me hablan por andar con ese… que amo… En fin, el tiempo tendrá la palabra. Un día, la joven desapareció y él no la volvió a ver más, hasta que sorpresivamente una tarde, luego de cinco años, cuando parecía haberse olvidado todo, Selma regresó y se puso en contacto con él. -¡Sorpresas de la vida! ¿No que no, chiquita? A ver qué me traes…- dijo al apagar el celular y vanidoso, se arregló para la cita que había pactado con ella, convertida en toda una potentada precedida de una gran fama como vedette. Carlos, que esperaba a la puerta del lujoso Meliá, se sorprendió al verla bajar de su lujoso Roll-Royce y dirigirse a él, con toda su elegante y lujosa presencia, sonriente; saludando gentil a quienes la reconocían por su fama, para decirle en el peor tono burlesco: -¿Quieres más, chiquito? ¿Sí? Mas ahora no hay para ti. ¡Nada más! - El la miró estupefacto, como nunca, sin saber qué decir, mientras la magnate lo señalaba ante unos hombres trajeados de negro que se hallaban presentes y daba la vuelta de inmediato, como en pasarela de modas, y regresaba a su auto del año. Una vez en él, ordenó a su chofer, con la nariz despectivamente levantada, que la llevara al hipódromo. Carlos apenas si la alcanzó a ver, mientras unos agentes de la interpol lo aprisionaban por ser un buscado tratante de blancas.

Categoría:Obras de Antonio Domínguez Hidalgo Categoría:Cuentos Categoría:P2009