Los favores del mundo

Part 6

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GERARDO. ¿Quién a Príncipe sirvió tan piadoso y liberal? (_Vanse_.)

[_Habitación de García, en Madrid_.]

[ESCENA IX]

Salen GARCIA y HERNANDO, de camino.

GARCIA. ¿Cómo está el Conde?

HERNANDO. No es nada. ¡Un piquete siente así! Como es señor, es de vidro, y está su vida en un tris. Tiene en la tabla del brazo una sangría sutil; que la manga de la cota no le llegaba hasta allí. Una vena le rompiste; desangrábase, y así se desmayó; ya está bueno, y ha pedido de vestir.

GARCIA. Huélgome. ¿Vienen las postas?

HERNANDO. Ya comenzaba a subir el postillón, batanado en el angosto rocín.

GARCIA. Mucho tarda a mi deseo.

HERNANDO. Esto ¿es irte, o es huir?

GARCIA. ¡Fuego de Dios en amores y privanzas de Madrid!

HERNANDO. ¿Esos dos polos quisiste con tus dos manos asir? A entrambos pierde de vista el ingenio más sutil, y el que más alcanza, dice que ha de conservarse aquí Ganimedes con embuste, y con dinero Amadís. Andas en cueros por las calles despreciado el dios Machín, y como se ve tan pobre y ciego, ha dado en pedir. En amaneciendo Dios, ya en chinela, ya en chapín, de los nidos salen bandas de busconas a embestir, todas buscando el dinero, no al galán sabio y gentil: quien no tiene es un demonio, y quien tiene, un serafín. Ninguno cumple deseo, si bien lo adviertes, aquí; que el pobre jamás llegó de sus intentos al fin; y el rico, si no desea, ¿cómo lo puede cumplir? Porque antes de desear, alcanza el rico en Madrid. Sin estos inconvenientes, considero yo otros mil, que es un asno el que en la corte con ellos quiere vivir. Un lancero ¿a quién no mata con un cuerpazo hasta allí, dando voces como truenos, que hacen los perros huir? ¿A quién no cansa un barbón con un tiple muy sutil, lastimero y recalzado, diciendo: _ili portuguí_? ¿Quién sufre un burro aguador, que me sabe distinguir a mí de un poste, y se aparta del poste, y me embiste a mí? ¿Quién sufre un cochero esento cuya lanza cocheril rompe más entre cristianos que entre moros la del Cid?

GARCIA. ¿Esas cosas te dan pena?

HERNANDO. Estas me la dan a mí, que son con las que se roza la jerarquía servil. Y si cosas tan menudas me desesperan así, ¿cuál estará entre las grandes el que juzgan más feliz? ¡Buena pascua! Vamos presto: nunca tan cuerdo te ví; que aquí todo es embeleco, todo engaño, todo ardid. Al que promete aquí menos, y al que cumple más aquí, el pronóstico de Cádiz no se la gana a mentir. Coche y Prado son su gloria, y esta se reduce al fin a mirarse unos a otros, y andar de aquí para allí. Pero las postas son estas.

GARCIA. Pues alto, Hernando, a subir.

HERNANDO. Bien puedes; que a punto están la maleta y el cojín. (_Vase_.) Adiós, corte; adiós, Anarda.

[ESCENA X]

Sale DON JUAN.

[DON JUAN, GARCIA.]

JUAN. Los caballos despedid; que os manda quedar su Alteza en la corte.

GARCIA. ¡Qué decís!

JUAN. Que cesó la causa ya por que os mandaba partir, y así ha cesado el efeto.

GARCIA. ¿Y puedo saberla?

JUAN. Sí.

GARCIA. Decilla presto, Don Juan. ¿Qué causa al Príncipe di de tan repentino enojo?

JUAN. Erráisos, Garci-Ruiz. No de enojo, mas de amor mudó el clavel en jazmín, por una nueva que yo de vuestro riesgo le dí.

GARCIA. ¿Y era el riesgo...?

JUAN. Del enojo del Rey.

GARCIA.¿Del Rey contra mí?

JUAN. Por la herida de Mauricio.

GARCIA. Pues ¿quién le pudo decir que fuí yo el actor?

JUAN. No sé: por esto os mandó partir, como os ama, temeroso de algún suceso infeliz; y el enojo que en él vistes fué contra el pecho ruin que a indignar al Rey con vos dió aliento a la lengua vil. Entró luego a ver al Rey, y díjole con ardid cómo a Toledo, García, os llevaba a vos y a mí. Que nos llevase en buena hora, dijo su padre, y de aquí, que era falsa, colegimos, la nueva que yo le dí; que a estar con vos indignado, no os permitiera seguir al Príncipe, y en su rostro que mintió la fama ví. Con esto y con que a su Alteza libraros, Garci-Ruiz, de cualquier riesgo es más fácil que no apartaros de sí, os manda quedar, y encarga a ese esfuerzo varonil lo que con voz ha tratado.

GARCIA. ¿Y es menester para mí este recuerdo? A su Alteza, Don Juan amigo, decid que sólo triste partía de pensar que le ofendí, y, alegre de que fué engaño, quedo a servirle en Madrid.

JUAN. Dadme los brazos, García.

GARCIA. Don Juan, ¿tan presto os partís?

JUAN. Al Príncipe he de alcanzar, que va a Illescas a dormir. (_Ap_. Ni más por tí pude hacer, ni más te puedo decir; valor y prudencia tienes, tú sabrás mirar por tí.) (_Vase_.)

[ESCENA XI]

GARCIA. Encontró Amor a la Fortuna un día, émula de su imperio soberano; de Aqueloo las reliquias una mano, y la rueda fatal otra movía.

El soberbio rapaz la desafía, y el arco flecha; pero flecha en vano; que no la ofende su poder tirano, si el cetro menos él della temía.

Al fin, reconocidos por iguales, dios cada cual en cuanto ciñe Apolo, ni él las viras dejó, ni ella los giros.

¿Qué tanto soy contra enemigos tales? No se vencen los dioses ¿y yo solo bastaré a sus mudanzas y sus tiros? (_Vase_.)

[_Sala en casa de Anarda_.]

[ESCENA XII]

Salen JULIA, ANARDA e INÉS.

JULIA. En lo que ahora te digo, mi amor te quiero mostrar. A Mauricio, tu enemigo, el Rey pretende casar contra tu gusto, contigo, y siguiendo aqueste intento, vendrá agora de su parte quien acabe el pensamiento, con orden para llevarte, si resistes, a un convento.

ANARDA. Cuando la mano le dé al Conde, o no tendré seso, Julia, o sin vida estaré.

JULIA. Si te resuelves en eso, un consejo te daré.

ANARDA. Ya, prima, tu lengua tarda.

JULIA. Éntrate al punto en el coche; del furor del Rey te guarda; que yo desde aquí a la noche haré tu negocio, Anarda.

ANARDA. Bien dices.

JULIA. Presto; que ya vendrá la gente que digo.

ANARDA. (_Llamando_.) ¡Hola! El coche.

INÉS. Puesto está.

ANARDA. El manto. Inés, ven conmigo.

JULIA. Las cortinas llevará tendidas el coche, prima: no sepan que vas en él.

ANARDA. Mucho tu amistad me anima; que es una amiga fiel la joya de más estima.

(_Vanse Anarda e Inés_.)

[ESCENA XIII]

[JULIA.]

JULIA. (_Ap_.) ¡Qué bien la supe engañar! Quien camina descuidado es fácil de saltear. Agora pienso acabar el enredo comenzado. Con esto a mi amor quité el mayor impedimento; que como a solas esté con Alarcón, a mi intento hoy dulce puerto daré. Hoy lograré mi esperanza; porque es necio el que no entiende que hay peligro en la tardanza, si con brevedad no alcanza quien con engaños pretende.

[ESCENA XIV]

Sale BUITRAGO.

[BUITRAGO y JULIA.]

JULIA. Anarda ¿fuése?

BUITRAGO. Imagina cada caballo español, según con ella camina, que lleva en el coche al sol, y que es nube la cortina.

JULIA. ¿Viene Alarcón?

BUITRAGO. Al momento me respondió que venía. (_Vase_.)

JULIA. Sus pasos son los que siento, pues se alegra el alma mía y se turba el pensamiento.

[ESCENA XV]

Salen GARCIA y HERNANDO.

[JULIA, GARCIA y HERNANDO.]

GARCIA. Sujeto a vuestro mandado vengo a ver lo que queréis: nada me encubra el cuidado, pues me confieso obligado a la merced que me hacéis.

JULIA. Gloria ilustre de Alarcón, este cuidado que os muestro no os pone en obligación, porque por mi honor, el vuestro procuro en esta ocasión. Casarse con vos intenta mi prima, que hacer pretende a vos y a su sangre afrenta; y como en ella me ofende, tomo el remedio a mi cuenta. Del vuestro pende mi honor, y aunque para defendello, casado, tendréis valor, viendo el peligro, es mejor evitallo que vencello.

GARCIA. ¿Posible es que sólo el celo de lo que apenas os toca os causa tanto desvelo? Más viva causa recelo que a tal cuidado os provoca.

JULIA. (_Ap_. Temblando está mi edificio; esfuércelo otra invención.) Parte es celo, parte oficio que paga la obligación en que me ha puesto Mauricio. A su ruego lo he intentado, y porque mi honor mejora; y no habiéndolo alcanzado, a ser tema viene agora lo que fué razón de estado. Pero ¿qué sirve que os cuente la causa? El efeto ved a vuestro honor conveniente; si es buena el agua, bebed sin preguntar por la fuente. Yo os digo, Alarcón, verdad, la causa cual fuere sea: después, de vos os quejad; sólo en el Príncipe emplea Anarda su voluntad. No os mueva el falso favor de aquel honesto fingir, porque su intento traidor es, con vuestra mano, abrir las puertas a ajeno amor. Y porque sepáis, García, si apresuran vuestro daño (que esto a vos sólo podía decirse) (_Ap_. con este engaño he de hacer gran batería), Anarda a cierto lugar parte agora, igual al viento, adonde la fué a esperar su Alteza, para trazar el fin deste casamiento.

GARCIA. ¡Que un pensamiento traidor quepa en sangre principal!

JULIA. Como eso puede el amor, pues que te prevengo el mal, prevén remedio a tu honor.

GARCIA. El no casarme con ella es el remedio.

JULIA. Alarcón, si él llega a mandallo, y ella da la mano, ¿qué razón has de dar de no querella, y más cuando tu de amor a Anarda muestras has dado? Viéndote así retirar, ¿por fuerza no han de pensar que su intención te he contado? Pues mira tú si es razón que con el bien que te he hecho granjee su indignación.

GARCIA. No cabe en mi noble pecho ingrata imaginación.

JULIA. Y por tí también es justo que algún ímpetu violento temas del Príncipe injusto, o porque no haces su gusto, o porque sabes su intento. Si ve su pecho real que sabes falta tan grave dél, teme un odio mortal; porque todos quieren mal a quien sus delitos sabe.

GARCIA. Ya que a mi incauto navío mostraste con pecho fiel el fiero oculto bajío, sólo en tu valor confío, Julia, que lo libres dél. Aconséjame.

JULIA. El consejo edad y prudencia quiere.

GARCIA. Mi amor en tus manos dejo; que al más sabio y al más viejo tu claro ingenio prefiere.

JULIA. Pues tanto te satisface mi voluntad conocida, que en tu bien discursos hace, digo que la diestra herida de la misma herida nace. Si te ofenden con casarte, el casarte te defienda; busca a quien pueda igualarte, y antes que el Príncipe entienda que se trata, has de obligarte.

GARCIA. ¡Fuerte remedio!

JULIA. Violento; mas pídelo el mal cruel, y un honrado pensamiento fácil arriesga el contento, si aguarda el honor con él.

GARCIA. ¡Ay cielos! ¿Tanto rigor?...

JULIA. (_Ap_.) Ayude amor mi esperanza.

GARCIA. ¿Con hombre de mi valor? ¿Esto es corte? ¿Esto es privanza? ¿Esto honra?

JULIA. (_Ap_.) ¿Y esto amor?

GARCIA. ¿Cómo quieres que halle yo mujer?...

JULIA. Si se determina tu pecho a lo que me oyó, quien el remedio ordenó te dará la medicina.

GARCIA. ¿Mujer igual a quien soy me darás?

JULIA. Digo que sí.

GARCIA. Pues determinado estoy.

JULIA. ¿Dirás que es igual a ti, si igual a mí te la doy?

GARCIA. Y que excede a mi deseo.

JULIA. Pues en tí, noble Alarcón, tan ilustres glorias veo, que a la mayor presunción pueden dar honroso empleo. Mas cuando en casar contigo, mucho de mi honor perdiera, que diera la mano digo, si de esa suerte saliera con el intento que sigo.

GARCIA. ¿Qué dices?

JULIA. ¿De qué te alteras?

GARCIA. ¿Agora das en probarme?

JULIA. Las causas que consideras me fuerzan; mas ¿obligarme tú por ti no merecieras?

GARCIA. (_Ap_. Grandes malicias advierto: mucho me da que entender aqueste nuevo concierto. Si me quiere esta mujer, el engaño he descubierto, yo lo veré.) Mi esperanza de un favor tan soberano teme el engaño o mudanza.

JULIA. ¿Darás crédito a la mano, si la lengua no lo alcanza?

GARCIA. ¡Cuánto estimara tu intento, a ser hijo del amor!

JULIA. Basta; no me dés tormento; no engendra solo el honor tan resuelto pensamiento.

GARCIA. ¿Luego en efeto me quieres? Díme, por Dios, la verdad.

JULIA. ¡Qué discreto, Alarcón eres! No dicen más las mujeres de mi estado y calidad.

GARCIA. ¿Pues y Don Juan? ¿Qué diría? Que sé que te quiere bien.

JULIA. Eso a mi cuenta, García.

GARCIA. Corre a la mía también, porque de mí se confía.

JULIA. Don Juan sólo se entretiene, porque al Príncipe acompaña cuando a ver a Anarda viene; mas ni mi favor le engaña, ni es amor el que me tiene. Y cuando me tenga amor con que te obligue a lealtad, mira si se está mejor el conservar su amistad que dar remedio a tu honor. Si no le piensas callar lo que hemos tratado aquí, tu intención ha de estorbar; que ha de querer agradar más al Príncipe que a ti, y no es razón que lo intentes en mi daño.

GARCIA. En todo hallo montañas de inconvenientes.

JULIA. Los del honor son urgentes.

GARCIA. Déjame por hoy pensallo.

JULIA. El remedio que te doy, consiste en la brevedad.

GARCIA. Ya de eso advertido voy, y de que a tu voluntad, obligado, Julia, estoy. (_Vase_.)

JULIA. Grandes cosas he emprendido, y mis enredos extraños lo posible han excedido; mas quien de amor no ha sabido no condene mis engaños. Buitrago.

[ESCENA XVI]

Sale BUITRAGO.

[JULIA y BUITRAGO.]

BUITRAGO. Señora.

JULIA. Id donde mi prima os aguarda, y que se venga decid.

BUITRAGO. En el Soto está.

JULIA. Y si Anarda algo os pregunta, advertid... (_Vanse hablando_.)

[_Calle.--Es de noche_.]

[ESCENA XVII]

Sale HERNANDO, de noche.

[_Contando las horas que da un reloj_.]

Dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once. ¡Válgate Dios por mujer! ¿Has de venir esta noche? ¡Que a estas horas esté fuera una doncella!¡Qué azotes! ¡Pobre coche el que una vez una ballenata coge! Piensa que el cochero es piedra y los caballos de bronce, y la noche, cuando viene, lleva dos mil maldiciones. ¡Poh!¡Mal hubiesen los gatos que dan algalia a estos botes! Ya empiezan las cosas malas de entre las once y las doce. Como salen a tal hora en otras partes visiones, en Madrid por las narices espantan diablos fregones. ¿Otro? ¡Mal haya la Arabia que engendra tales olores! Agora huele a adobado, y es la quinta esencia entonces. Coche suena; por la calle sube de los Relatores... ¡Señor, señor!

[ESCENA XVIII]

Sale GARCIA. [GARCIA y HERNANDO.]

GARCIA. ¿Qué hay, Hernando?

HERNANDO. Por acá, que viene un coche.

GARCIA. ¿Si será Anarda?

HERNANDO. La vuelta da hacia su casa: paróse. Mujeres son.

GARCIA. Ello es cierto. Claramente se conoce que Julia dijo verdad.

HERNANDO. ¡Dos solas, y a media noche!

[ESCENA XIX]

Salen ANARDA e INÉS, con mantos.

[ANARDA, INÉS, GARCIA y HERNANDO.]

GARCIA. Escucha, Anarda.

ANARDA. [_Acercándose a la puerta de su casa._] ¿Quién es? ¡Hola! Una luz.

GARCIA. No dés voces. Alarcón soy.

ANARDA. ¡Vos, señor! ¿Qué queréis?

GARCIA. No te alborotes.

ANARDA. ¿De qué, dónde vos estáis? (_Tira Anarda a Inés con temor hacia sí_.)

INÉS. [_Ap. a su ama._] Ya entiendo. (_Ap_. El manto me rompe.)

GARCIA. Perdonad mi grosería, si lo es preguntar de dónde viene sola y a estas horas una doncella tan noble.

ANARDA. Aunque para hablar no es este tiempo ni lugar conforme, aquel es tiempo y lugar donde riesgo el honor corre. Díjome Julia que el Rey determinado dispone, o que me entre en un convento o que dé la mano al Conde, y que esta tarde vendría su gente por mí, con orden de ejecutar este intento; que con mi ausencia lo estorbe; que ella, ausente yo, daría traza como no se logre el intento de Mauricio. Aprobélo, tomé el coche, y solas Inés y yo nos fuimos al Soto, donde un escudero de Julia al anochecer llamóme. Yo, que de espías del Rey es fuerza que miedo cobre, hasta las horas que veis no quise salir del bosque.

GARCIA. (_Ap_.) Con lo que a su prima oí, esto ¿qué tiene que ver? A Anarda llego a creer, y a Julia también creí. ¡Ay de mí! ¿en qué ha de parar la confusión de mi pecho?

ANARDA. ¿No estás, señor, satisfecho?

GARCIA. (_Ap_.) ¡Ah Dios! ¿Quién pudiera hablar?

ANARDA. ¿No hablas?

GARCIA.¿Tú fuiste, Anarda...? (_Ap_. Por Dios que estoy por decillo.) ¿A verte?... ¿con el Sotillo?...

ANARDA. ¿Qué dices?

GARCIA. Digo que... Aguarda... Que fuiste tú...

ANARDA. ¿Adónde fuí?

GARCIA. ¡Jesús, que priesa me das!

ANARDA. ¿No ves que en la calle estás, y que yo estoy mal aquí?

GARCIA. Digo... (_Ap_. No puedo en efeto; que si Anarda me ha mentido, es darme por entendido y descubrir el secreto.)

ANARDA. Si pones en mi verdad y en mi honor dudas, advierte que yo en el satisfacerte no pongo dificultad; con que adviertas, Alarcón, que la obligación entiendo de quien me pide, no siendo mi esposo, satisfación; y te des por entendido de lo que te da a entender quien, no siendo tu mujer, satisfacerte ha querido.

GARCIA. ¿Tan torpe de entendimiento, tan ciego piensas que soy, que en tus tiernos ojos hoy no te leyese el intento? Y ¿tú decirme podrás que no te he dicho mi pena, que sólo el Príncipe enfrena los intentos que me das?

ANARDA. Que no ha de estorbarme, advierte, lo que convenga a mi honor, y eso supuesto, señor, yo quiero satisfacerte.

GARCIA. Luz es esta.

INÉS. Julia viene.

GARCIA. Y con ella la ocasión con que la satisfación puedo tener que conviene.

ANARDA. Dí cómo.

GARCIA. Díle que soy el Príncipe, que, enojado, incrédulo y porfiado, celos pidiéndote estoy. Que ella la verdad refiera; y si concuerda contigo, que estoy satisfecho digo.

ANARDA. Soy contenta.

[ESCENA XX]

Salen JULIA y BUITRAGO, con una luz; éntrase BUITRAGO con la luz; embózase GARCIA. [ANARDA, JULIA, INÉS, GARCIA y HERNANDO.]

ANARDA. Prima, espera. Quita la luz. [_A Buitrago.] [Éntrase Buitrago con una luz, y embózase Don García._]

JULIA. He bajado a buscarte, prima, así, porque ha gran rato que oí el coche, y me dió cuidado. (_Ap_. ¡Oh celos!)

ANARDA. Me ha detenido su Alteza...

JULIA. (_Ap_.) Mi mal cesó.

ANARDA. Que por correrme, corrió la posta.

JULIA. (_Ap_.) Amor lo ha traído.

ANARDA. Díle, prima, lo que pasa; que me ha encontrado a la puerta, y es milagro no estar muerta, según en celos se abrasa. De dónde vengo le cuenta, y a qué de casa salí.

JULIA. Yo, señor, decir oí que el Rey, vuestro padre, intenta que Anarda la mano dé a Mauricio, su enemigo, o en un convento en castigo de su resistencia esté, y que hoy por ella enviaba para ejecutarlo así; yo al remedio me ofrecí, si al rigor el cuerpo hurtaba. Con esto al Soto partió, donde la nueva ha esperado, que Buitrago le ha llevado, de que la fama mintió.

ANARDA. ¿Estás satisfecho?

GARCIA. Sí.

ANARDA. Prima, ¿y nuestro tío?

JULIA. Ya entregado al sueño está.

ANARDA. Pues sube; que voy tras ti.

JULIA. Sin temer el menor daño puedes hablar hasta el día. (_Ap_. Quizá entre tanto García vendrá a confirmar mi engaño.) (_Vase_.)

[ESCENA XXI]

[GARCIA, ANARDA, HERNANDO, INÉS.]

GARCIA. ¿Quién creyera que mentía tan bien compuesta invención?

ANARDA. Ya te di satisfación.

GARCIA. Como tuya, Anarda mía.

ANARDA. ¿Qué determinas?

GARCIA. Rendir a tu gusto mi albedrío.

ANARDA. Dichosa yo si eres mío.

GARCIA. Nada lo puede impedir.

[ESCENA XXII]

Salen DON JUAN y EL PRINCIPE, de camino; GERARDO.

[ANARDA, INÉS, EL PRINCIPE, DON JUAN, GARCIA, GERARDO, HERNANDO; luego BUITRAGO.]

JULIA. Rendidas quedan las postas.

PRINCIPE. Tal ha picado el amor.

JUAN. ¡La casa de Anarda abierta!

PRINCIPE. Sí; que estaba ausente yo.

JUAN. Tras la puerta hay una luz. ¿Entraremos?

PRINCIPE. Ciego estoy, y la novedad obliga, si convida la ocasión.

JUAN. Aquí hay gente. ¿Quién va allá?

GARCIA. Don Juan y el Príncipe son.

ANARDA. Sacad, Buitrago, esa luz. (_Saca la luz_.)

PRINCIPE. ¿Es Anarda?

ANARDA. Sí, señor.

PRINCIPE. ¿Quién está contigo?

GARCIA. ¿Quién puede estar, sino Alarcón, si por guardia vigilante vuestra Alteza me dejó?

PRINCIPE. ¡En el zaguán y a tal hora, solos y a escuras los dos!

GARCIA. En este punto, de fuera, señor, Anarda llegó, y yo, que estaba en espía con los celos de tu amor, de venir tan tarde estaba preguntando la ocasión.

PRINCIPE. [_Ap. a él._] Rabio, Don Juan.

JUAN. [_Ap_.] Disimula.

PRINCIPE. El seso perdiendo estoy.

JUAN. Toma de Julia el consejo: de dos daños el menor. Dala por esposa al Conde, y, aunque con esa pensión, verás fin en tu deseo, y no en el suyo estos dos.

PRINCIPE. Gerardo, busca a Mauricio, y dí que lo llamo yo. (_Vase Gerardo_.)

[ESCENA XXIII]

Salen JULIA y DON DIEGO.

[ANARDA, JULIA, INÉS, EL PRINCIPE, DON JUAN, GARCIA, DON DIEGO, HERNANDO, BUITRAGO.]

JULIA. ¡En esta casa su Alteza!

DIEGO. ¿Qué novedades, señor, a tal exceso os obligan?

PRINCIPE. Noble Don Diego Girón, para evitar los disgustos que hay entre Mauricio y vos, quiero dar esposo a Anarda, y hacer estas paces yo.

DIEGO. De vuestra mano real es, señor, tan noble acción.

ANARDA. ¿Con quién, señor me casáis?

PRINCIPE. Al Conde, Anarda, te doy.

ANARDA. Para hacer así las paces, menester no érades vos; que ya fuera mi marido, si hubiera querido yo. Hacer lo que otro no puede es milagro del valor: y así, pues hacer las paces el vuestro nos prometió, y cumplirlo es imposible si al Conde la mano doy; para que cumplir podáis tan precisa obligación, a Garci-Ruiz la mano con vuestra licencia doy.

PRINCIPE. [_Ap. con Don Juan._] Arrojóse.

JUAN. Él no querrá; que es leal, y ve tu amor.

PRINCIPE. [_A Anarda_.] ¿Sabes que querrá García?

GARCIA. Si quisiera a Anarda yo de suerte, que mi mal diera a la envidia compasión, no me casara, no siendo con vuestro gusto, señor.

PRINCIPE. ¡Qué bien dijiste, Don Juan! Vos, García, sois quien sois, y sois mi primer amigo y mi privado mayor.

GARCIA. Al Príncipe, Anarda, debes esta mano que te doy; porque, a no querer su Alteza, no me obligara tu amor.

PRINCIPE. ¿Qué decís?

GARCIA. Vos ¿no queréis casalla?

PRINCIPE. ¿Yo?

GARCIA. Sí, señor.

PRINCIPE. Con el Conde.

GARCIA. Con el Conde; pero si habéis dicho vos que vuestro mayor amigo y mayor privado soy, lo que dábades al Conde, ¿cómo puedo pensar yo que me lo neguéis a mí?

HERNANDO. (_Ap_.) Concluyólo, vive Dios.

PRINCIPE. Sofísticos argumentos en el vasallo, Alarcón, arguyen claras malicias, sin disculpar el error. Idos luego a vuestra tierra, porque nunca bien sirvió el que con su dueño arguye.

GARCIA. Puesto que el vivo dolor de haberos dado disgusto me atraviesa el corazón, vuestro mandado obedezco, y por él gracias os doy, pues que trueco al bien de Anarda los males de la ambición.

JUAN. Señor, mira que García... y su valor...

(_Hablan los dos en secreto._)

PRINCIPE. Siempre vos...

JULIA. Al fin, necio ¿de su Alteza perder quisiste el favor?

GARCIA. Perdílo ganando a Anarda; _favores del mundo_ son.

PRINCIPE. Vos lo pedís, y García tiene disculpa en su error.

JUAN. Alarcón, ya de su Alteza tengo alcanzado el perdón.

GARCIA. Su benigno pecho alaben cuantos gozan luz del sol.

HERNANDO. Tantas vueltas en un día, ¿cuándo fortuna las dió?

JUAN. Julia, cumplid la palabra que me distes.

PRINCIPE. Siendo yo el padrino, bien podéis.

JULIA. Ya es forzoso; vuestra soy.

BUITRAGO. El Conde viene.

HERNANDO. ¡A buen tiempo!

[ESCENA XXIV]

_Sale el Conde_.

[ANARDA, JULIA, INÉS, EL PRINCIPE, EL CONDE, DON JUAN, GARCIA, DON DIEGO, GERARDO, HERNANDO, BUITRAGO.]

CONDE. Aunque sin salud, señor, salí luego a obedeceros.

PRINCIPE. Yo mismo el tercero soy para que le deis la mano, Conde, a Don Diego Girón.

CONDE. Pensé que a Anarda.

PRINCIPE. Ya Anarda es esposa de Alarcón; y no os pese, que a fe mía que os ha importado el honor.

CONDE. Pues Vuestra Alteza lo manda, soy su amigo.

DIEGO. Vuestro soy. Y _los favores del mundo_ dan fin, y piden perdón.

* * * * *

CORRIGENDA.

La indicación de escena al principio del acto tercero, que dice "La calle frente a la casa de Anarda", debería decir: "Sala en la casa de Anarda".

Sobre rimas probablemente equivocadas, véase la nota al pie de la página 106.

ERRATAS. (ya corregidos)

Página Línea Dice Debe decir

18 29 situacinoes situaciones

19 28 nostoros nosotros

30 10 alcalde alcaide

34 14 albrooto alboroto

42 17 hazaañas hazañas

47 2 que un si un

68 13 portuna fortuna

79 17 el Príncipe al Príncipe

89 25 ya y a