# Los favores del mundo

## Part 5

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GARCIA. Búscase en vano firmeza en bien del mundo lisonjero, y el que en la voluntad de un nombre humano libra sus dichas, ha de estar primero apercebido para la mudanza, que del favor admita la esperanza. Ayer, ya vos sabéis por qué camino, hallé fácil al cielo la subida ¡Mentirosa amistad de mi destino! ¡Traidora prevención de la caída! La humilde vara en levantado pino fué con súbito aumento convertida, porque del viento airado a la violencia diese efeto mi propia resistencia. Aquel alto lugar que ayer tenía, perdí, señora, anoche; sabe el cielo que por fineza más que culpa mía; que tengo en mi conciencia mi consuelo. Cuando pensé que al mismo sol subía, con todo el edificio dí en el suelo. Erré, mas no pequé; soy castigado; que es con el Rey un yerro gran pecado. Miróme disgustado, reprehendióme severo, y las espaldas volvió esquivo, y entrándose en su cámara, dejóme fuera de ella y de mí, sin alma y vivo. No sé cuál medio en tal extremo tome: a entrar o a estarme en vano me apercibo, como, al que sueña toros, hace el miedo que ni pueda correr ni estarse quedo. Al fin, sin velle a mi posada vuelvo; que es, aunque sin razón, príncipe airado; la noche toda en confusión me envuelvo, sin atreverse el sueño al gran cuidado; y al fin, en ausentarme me resuelvo, y el cuerpo huyendo al peligroso estado y a la inquietud de la ambición sedienta, vivir con mis vasallos y mi renta. Y hoy, cuando a visitaros ya partía, por despedirme, Anarda, y disculparme, llegó un recado vuestro que podría, a ser sol fugitivo, repararme. Viene obediente el que cortés venía: mandadme liberal para obligarme; que da, pidiendo, vuestra gran belleza, y es dejaros servir vuestra largueza.

ANARDA. Señor Garci-Ruiz, desdicha grave siempre tocó al mayor merecimiento. Si rodó la fortuna, ¿quién no sabe que sólo en ser mudable tiene asiento? Lo que yo admiro, y en razón no cabe, es sólo vuestro poco sufrimiento; que ¿quién pensara que faltar podía gran fortaleza a grande valentía? A suerte desigual igual semblante es propia acción de pechos valerosos. Animoso emprender, sufrir constante consigue los laureles vitoriosos. No al primero desdén huya el amante; grandes los bienes son dificultosos; poco al Príncipe amáis, oso decillo, pues pretendéis servirle sin sufrillo.

GARCIA. ¿Poco es perder la vida por su gusto?

ANARDA. Sufrirlo es menos, e impaciente os hallo.

GARCIA. Un injusto rigor sufrir no es justo.

ANARDA. A ser justo, ¿qué hiciérais en llevallo? Y debéis advertir que si es injusto, ausentaros será justificallo. Ponerse del juez en la presencia es el mejor testigo de inocencia. No os vais, Garci-Ruiz, o por lo menos pensaldo bien primero; que seguirse prueban mil libros de sentencias llenos, presto arrojarse y presto arrepentirse. Ved a su Alteza; que los hombres buenos no se ausentan del Rey sin despedirse.

GARCIA. A despedirme dél por vos venía.

ANARDA. Yo ¿qué poder del Príncipe tenía?

GARCIA. ¡Feliz quien tal ingenio y beldad ama!

ANARDA. No, no, lísonjas no, que no os las creo; que yo supe que ayer a cierta dama centellas envió vuestro deseo; y hoy de la ardiente repentina llama, pues queréis ausentaros, libre os veo. ¡Múdase tal varón en un instante, y culpa a la fortuna de inconstante!

GARCIA. Al que muda con causa de consejo, no puede darse nombre de liviano.

ANARDA. No me satisfagáis, que no me quejo.

GARCIA. ¿Tiráis la piedra y escondéis la mano? Dios sabe, si tan alta empresa dejo, que un poder me ha oprimido soberano.

ANARDA. Contra amor firme no hay poder bastante.

GARCIA. Precióme de leal, si de constante. Si a quien debo lealtad, esa persona quiere, ¿será razón que yo prosiga?

ANARDA. En el amor es yerro, y se perdona lo que sin él, traición que se castiga, y el diferente fin la acción abona del vasallo a quien más la ley obliga; que si casarse intenta, nada ofende al señor que gozar sólo pretende. No digo que lo hagáis, que es causa ajena; allá con vos las haya, la ofendida; sólo probaros quiero que la pena tenéis, que os da fortuna, merecida. Pecáis mudable, y por castigo ordena otra mudanza, mal de vos sufrida. O firmeza aprended en vuestro intento, o en ajenas mudanzas sufrimiento.

GARCIA. Si como firme os amo...

ANARDA. Si pensara que yo de vuestro amor era el objeto, ofendida de vos, no os escuchara, que la mudanza es falta de respeto. Quien una vez conmigo se declara, tal debe estar del amoroso efeto, que por lealtad, honor, premio o castigo, ha de romper hasta casar conmigo. No, bien sé que otra amáis, o lo he creído, que a pensar que era yo, disimulara, por no dar ocasión a que atrevido vuestro pecho su amor me declarara; mas siempre cortesana ley ha sido decir lisonjas y alabar la cara. Si por eso lo hacéis, yo más querría tosca verdad, que falsa cortesía.

GARCIA. Si es la verdad grosera, soy grosero.

ANARDA. Basta, mirad que el Príncipe me ama.

GARCIA. Peco si intento, pero no si os quiero.

ANARDA. Amor da intentos como el fuego llama. Decir _amo_ es intento verdadero; que a recíproco amor el amor llama.

GARCIA. El fin diverso abona mis acciones.

ANARDA. No son para conmigo mis liciones; para con la que amáis os las he dado. Bien sé que otra os ocupa el pensamiento; que a ser yo vuestro amor, dichoso estado le daba la ocasión a vuestro intento; pues para lo que ahora os he llamado, es para que tratéis mi casamiento con el Príncipe vos, si habéis de vello, diréos la causa que me obliga a ello.

GARCIA. Por fuerza os he de obedecer, señora.

ANARDA. Sabed que está Mauricio, el Conde, herido, y dice que, si bien la mano ignora, sabe que yo la causa dello he sido, y puesto que me iguala y que me adora, me resuelva a admitille por marido, o que contra mi sangre verá España salir todos sus deudos a campaña. Yo aborrezco a Mauricio, y si le amara, esta amenaza que a mi sangre ha hecho, a no dalle la mano me obligara; que no se rinde el gusto a su despecho. En favor de Mauricio se declara mi tío, que procura su provecho; el Príncipe, que tanto amarme jura, muéstrelo en remediar mi desventura; que pues su Alteza no ha de ser mi esposo, y querer mi deshonra es no quererme, es en esta ocasión lance forzoso, buscar quien pueda honrarme y defenderme. Por si resiste el Príncipe amoroso, de vuestra autoridad quise valerme. Vos persuadidle, y advertid, García, que en vuestra voluntad dejo la mía.

(_Vase y topa con Julia_.)

GARCIA. (_Ap_.) ¡Con cuán honestas señales Anarda en esta ocasión me ha mostrado su afición!

ANARDA. Dile tú agora mis males. (_Vase_.)

[ESCENA XVI]

[JULIA, GARCIA, HERNANDO.]

GARCIA. (_Ap_.) ¡Dichoso mil veces yo!

HERNANDO. ¿Ya se pasó la tristeza del enojo de su Alteza?

GARCIA. Con tal trueque, ¿por qué no? Cuando en tal privanza estoy, ¿qué importa la que he perdido? Haz cuenta que ya marido de la hermosa Anarda soy.

HERNANDO. ¿Tan presto?

GARCIA. Ella misma ha abierto a mis intentos lugar.

HERNANDO. ¿Quién creyera en tanto mar que estaba tan cerca el puerto?

JULIA. Caballero forastero...

GARCIA. Bella cortesana...

JULIA. Oíd, por forastero en Madrid, un consejo daros quiero. No tengáis a poco seso que, sin pedillo, os le doy, porque disculpada estoy con lo que en dalle intereso, Anarda, según he oído, poder de casalla os dió, y a Mauricio os declaró que no quiere por marido. La causa os diré, y así vos de ella colegiréis lo que en esto hacer debéis, y lo que me mueve a mí. Soy su prima, y de su amor secretaria; mas ahora soy a su amistad traidora por ser leal a mi honor. Por su Alteza Anarda muere: y como ya el Conde herido deste amor está advertido, por esposo no le quiere; que a impedir es poderoso la infamia que Anarda intenta, y a quien lo ignore o consienta quiere tener por esposo. De aquí podéis entender lo que me va en no callar, y si vos debéis mirar a quién la dais por mujer. (_Vase_)

[ESCENA XVII]

[GARCIA, HERNANDO.]

GARCIA. ¿Qué es aquesto, cielo eterno? ¿Soy yo aquel que agora fuí? ¿De un paso al cielo subí, y de otro bajé al infierno? Agora tuve delante la gloria por quien suspiro, y en medio en un punto miro mil montañas de diamante. El que a tal nació sujeto, ¿qué perdiera en no nacer?

HERNANDO. ¿Qué te ha dicho esta mujer?

GARCIA. ¿No te lo ha dicho el efeto? Un desengaño.

HERNANDO. Fortuna nos da su retrato en tí. Agora pisar te ví con los mismos pies la luna, y ya en el centro profundo de dolor y rabia fiera.

GARCIA. Paciencia; desta manera son _los favores del mundo_.

ACTO TERCERO

[_La calle frente a la casa de Anarda_.]

[ESCENA PRIMERA]

DON JUAN, JULIA.

JUAN. Su Alteza, que por mandado del Rey a Toledo parte, de Anarda quiere encargarte en esta ausencia el cuidado.

JULIA. (_Ap_. Ocasión me da con esto para esforzar mi invención.) En estrecha obligación hoy el Príncipe me ha puesto; que pues de mí se confía, guardarle debo amistad, y el decirle la verdad corre ya por cuenta mía.

JUAN. Habla pues.

JULIA. Dile que vea que al forastero Alarcón tiene mi prima afición, y ser su esposa desea. Si lo consigue, su Alteza se puede dar por perdido; que da el amor del marido a la mujer fortaleza. No hay qué esperar si se casa con hombre de tal valor y que sabe ya el amor en que el Príncipe se abrasa. Ella dirá que desea casarse por allanar el camino y dar lugar al Príncipe; no lo crea, que es engañoso artificio, y ha de resistir después.

JUAN. Pues tu consejo ¿cuál es?

JULIA. Que la case con Mauricio, a quien da en aborrecer Anarda, que de ofendido está muy cerca el marido que aborrece la mujer.

JUAN. Y Mauricio ¿no es honrado, y a guardar su honor bastante?

JULIA. Deste intento está ignorante; nada puede un descuidado.

JUAN. ¿Sabes si el Conde querrá?

JULIA. Sé que por Anarda muere.

JUAN. ¿Pues cómo, de que la quiere el Príncipe, ajeno está?

JULIA. Su Alteza es tan recatado que nunca el Conde Mauricio tuvo de su amor indicio; tú solo celos le has dado con tus rondas y paseos. Mas eso no ha de estorballe, pues cesa con declaralle que causo yo tus deseos.

JUAN. Si el Conde está sospechoso, ha de pensar que es enredo.

JULIA. Pues quitarémosle el miedo con que seas tú mi esposo.

JUAN. ¿Qué dices? ¿Tan gran favor he merecido de ti?

JULIA. ¿No es tiempo que obren en mí tus méritos y tu amor?

JUAN. ¡Dulce fin de tantos daños!

JULIA. (_Ap_.) Anarda la mano dé al Conde; que yo sabré usar contigo de engaños.

JUAN. Su Alteza, mi bien, me espera.

JULIA. ¿Hasme de olvidar, Don Juan?

JUAN. Antes, Julia, olvidarán las estrellas su carrera.

JULIA. De tu ausencia y mi tristeza ¿cuándo el fin tengo que ver?

JUAN. Esta noche he de volver por la posta con su Alteza. (_Vase_)

JULIA. (_Ap_. Bien engañado lo envío. Mas ¡ay! ¿si se va Alarcón a Toledo? Una invención remedie el tormento mío.) Don Juan. (_Vuelve Don Juan_.)

JUAN. Señora.

JULIA. Oye.

JUAN. Dí.

JULIA. Mira que es inconveniente que Garci-Ruiz se ausente en esta ocasión de aquí, que examinar su intención con cautela es acertado; que si paga, enamorado de mi prima, su afición, tales cosas le diré, que aborrezca a la que estima, y despechada mi prima al Conde la mano dé.

JUAN. Dirélo al Príncipe así. Loco voy con tu favor. (_Vase_.)

JULIA. ¡En qué laberinto, amor, me voy entrando tras tí! A Don Juan he dicho ahora que está Mauricio ignorante de que es el Príncipe amante de Anarda; y que no lo ignora dije a Don Diego, mi tío. Con sus intenciones varias, y por dos causas contrarias a un mismo efeto los guio.

[ESCENA II]

Sale DON DIEGO.

[JULIA, DON DIEGO.]

DIEGO. Ya, Julia querida, he dado cuenta al Rey de nuestro intento, y que el Príncipe al momento de Madrid salga ha mandado.

JULIA. ¿Y en lo que a Mauricio toca?

DIEGO. Que la mano le dará, o en un convento tendrá justo castigo esa loca.

JULIA. Yo haré con tal artificio lo que tu pecho desea, que el mismo Príncipe sea quien la case con Mauricio.

DIEGO. De remediar nuestro honor tengo justa confianza en lo que tu ingenio alcanza.

JULIA. (_Ap_.) Di en lo que alcanza mi amor.

(_Vanse_.)

* * * * *

[_Cámara del Príncipe._]

[ESCENA III]

Salen EL PRINCIPE, con botas, y GERARDO, con las espuelas, para ponérselas. [Luego DOS PAJES.]

PRINCIPE. Acaba; que me tienes ya cansado.

GERARDO. (_Ap_.) En quemar la materia más cercana, al fuego imita un Príncipe enojado.

PRINCIPE. Pónlas, acaba. ¡Cuán de buena gana con ellas las entrañas le rompiera al que pena me dió tan inhumana!

(_Sale un Paje_.)

PAJE. Ya apercebido el carrüaje espera.

PRINCIPE. Pues ¿quién te lo pregunta?

PAJE. Vuestra Alteza mandó que en siendo tiempo lo dijera.

PRINCIPE. No obedecerme fuera más fineza, que el discreto no da, sin ser forzado, nuevas que sabe que han de dar tristeza.

(_Sale el Paje 2°_)

PAJE 2°. A vuestra Alteza aguarda aderezado el almuerzo, señor.

PRINCIPE. Todos entiendo que os habéis a matarme conjurado. Necio, a quien de la vida está partiendo, ¿qué gusto puede darle la comida? Que es, amando, partir, vivir muriendo. Idos de aquí, dejadme; que la vida me sobra, pues me falta la paciencia. ¡Ay antes muerta gloria que nacida! El favor vino anoche, y hoy la ausencia, porque tenga en la misma medicina materia más copiosa la dolencia.

PAJE 1°. [_Hablando_] aparte [_con el 2°_] Agora entra Alarcón.

PAJE 2°. Él no imagina que está el mar por el cielo.

PAJE 1°. ¿Llegar osa? Corre--Faetón--a su fatal ruina.

[ESCENA IV]

Sale GARCIA. [EL PRINCIPE, GARCIA, GERARDO, y PAJES.]

GARCIA. Si acaso vuestra mano poderosa, del justo enojo, de mi error causado, ha envainado la espada rigurosa, merézcala besar quien humillado en cambio dél, señor, la sangre ofrece que en el servicio vuestro ha derramado.

PRINCIPE. Alzad, Garci-Ruiz, y si os parece que yo estuve enojado, yerro ha sido; que vuestro amor leal no lo merece. Sabiendo que un vasallo estaba herido por mi causa, aquel justo sentimiento de lastimado fué, no de ofendido. Decir que errastes fué un advertimiento y regla de servirme, no castigo; que sé que no hay pecado sin intento. Graves razones son las que conmigo os dieron de amistad el nudo estrecho; no levemente pierdo un buen amigo. Sabréis de hoy más de mi piadoso pecho la condición; jamás de ajeno daño quiero que nazca mi mayor provecho.

GERARDO. (_Ap. con los pajes_.) Ved de quien sirve el claro desengaño; aquí nos anegamos, y en bonanza da al viento aquí esta nave todo el paño.

PAJE 1°. ¿Quién creyera tan presto tal mudanza?

PAJE 2°. Merécela Alarcón.

PAJE 1°. Bueno es ser bueno; mas no el honrado, el venturoso alcanza.

(_Vanse los criados_.)

[ESCENA V]

[EL PRINCIPE, GARCIA.]

PRINCIPE. Tratemos de mis males, que estoy lleno de rabia y de dolor, y el pecho mío se enciende en furia de mortal veneno. Hoy de mi Anarda ese caduco tío al Rey de mis intentos se ha quejado; vuestro yerro causó tal desvarío. Mauricio fué el herido; han sospechado que por mi voluntad, y que a Toledo parta al punto, mi padre me ha mandado. ¿Cómo, ausente de Anarda, vivir puedo, si aunque presente estoy, muriendo vivo?

GARCIA. Si tu amor firme o tu celoso miedo remedio alcanza de tu mal esquivo posible, huya el dolor, la pena olvida, pues que yo a ejecutallo me apercibo. Lo que mi brazo erró, emiende mi vida; que desde que empezó, por justa herencia, está por tí a perderse apercebida. Para seguirte en esta triste ausencia las espuelas calcé, (_Ap_. Callo mi intento, pues la misma ocasión da la advertencia.) La vida sigue el mismo pensamiento: traza, resuelve, manda; que no siente imposible mi fiel atrevimiento.

PRINCIPE. Vuestra lealtad, que al sol resplandeciente su luz opone, alivia mi tormento;[8] y así, mientras de Anarda peno ausente, en prendas quedaréis de mi firmeza, que ser Argos de Anarda es gran ventura, por mirar con cien ojos su belleza.

[Nota 8: "Tormento" pone el texto original; pero el sistema de rimas de los tercetos exigiría otra palabra, como "tristeza". Cf. con el final de la pág. 87, donde el sistema de rimas de las quintillas exigiría que el verso dijera: "¡ Ay de amor puesto en mujeres!" en vez de "en mujer."]

GARCIA. Premiáis mi amor. (_Ap_. Aquí la suerte dura el resto echó; ¡por cuidadosa guarda quedo yo contra mí de su hermosura!) Un recado, señor, la hermosa Anarda me ha dado para tí.

PRINCIPE. ¿Cómo, García, tanto tu lengua en referirlo tarda?

GARCIA. Porque no solicita tu alegría; y a no obligar la ley de buen criado, con el silencio más te serviría.

PRINCIPE. Habla ya; que el temor me ha atormentado más que la nueva puede.

GARCIA. Tu mal siento, si bien en tu valor voy confiado, porque es el toque dél el sufrimiento.

[_Hablan en voz baja_.]

[ESCENA VI]

Salen DON JUAN y GERARDO.

[EL PRINCIPE, GARCIA, DON JUAN, GERARDO.]

GERARDO. [_Hablando con Don Juan a la puerta de la cámara_.] Como el toro, a quien tiró la vara una diestra mano, arremete al más cercano sin buscar a quien le hirió, su Alteza, con el dolor que esta nueva le ha causado, en nosotros ha vengado los agravios de su amor. Mas en entrando Alarcón, o de amor, o de respecto, serenó el airado aspecto y mudó la condición.

JUAN. Bien sabe Garci-Ruiz merecer tanto favor.

GERARDO. Merece con el señor quien tiene estrella feliz.

PRINCIPE. ¿Que le dé marido yo?

GARCIA. Así lo dice.

PRINCIPE. ¡Ah García! En mi loco amor confía quien tal recado envió. ¡Ah cielo! ¡Yo le he de dar a la que adoro marido! Cuánto corta en un rendido la espada, quiere probar. ¡Anoche el favor primero, y hoy desengañarme así!

GARCIA. (_Ap_.) Que fué el amor para mí, de todo con causa infiero. Pero ¿cómo puedo ¡ay triste! merecer por dulce esposa mujer tan noble y hermosa, y que a un Príncipe resiste?

PRINCIPE. ¿Qué haré?

GARCIA. En casos de amor nunca supe dar consejo.

PRINCIPE. Vos, pues en la corte os dejo, con vuestro seso y valor divertidla de ese intento, encarecedle mi pena, mientras el remedio ordena mi afligido pensamiento.

GARCIA. Dos imposibles, señor, me encargas.

PRINCIPE. Tal caballero para tales casos quiero. Caballerizo mayor...

GARCIA. [_Arrodillándose_.]

De Alejandro es Vuestra Alteza envidia.

(_Sale Don Juan_.)

PRINCIPE. Alzad pues. Don Juan, ¿calláis?

JUAN. Callando se dan nuevas que son de tristeza.

PRINCIPE. ¿Qué hay de Julia?

JUAN. Ya la ví.

PRINCIPE. No temáis; que de Alarcón sé ya la resolución de mi Anarda contra mí. Ya sé que se determina a casarse esa cruel.

JUAN. (_Aparte al Príncipe_.) ¿Luego ya sabréis que es él a quien Anarda se inclina?

PRINCIPE. ¿Quién?

JUAN. Repórtate.

PRINCIPE. Acabad: que el alma en furor se abrasa.

JUAN. Oye, señor, lo que pasa, si Julia dice verdad.

(_Hablan los dos en secreto_.)

GERARDO De la merced que os ha hecho el Príncipe, alegre os doy un gran parabién.

GARCIA. Yo estoy de vuestro amor satisfecho pero podéis persuadiros que nada quedo a deber y cuanto tenga ha de ser, Gerardo, para serviros.

GERARDO. Vuestro valor al deseo da seguras esperanzas.

GARCIA. (_Ap_.) Tocando estoy las mudanzas de mi suerte, y no las creo. ¿Quién, del infeliz estado en que hoy se vió mi ventura, creyera que a tanta altura hoy me viera levantado?

PRINCIPE. ¡Tal maldad! ¡Viven los cielos, que he de hacer!...

JUAN. Señor, detente.

PRINCIPE. ¿Quieres que el volcán reviente, y el mundo abrasen mis celos? ¡Alarcón!

JUAN. Que adviertas, ruego, a su gran valor.

PRINCIPE. Salid al momento de Madrid.

GARCIA. ¿Para adónde?

PRINCIPE. Salid luego, y cuanto más lejos vais, me daré por más servido.

GARCIA. Señor...

PRINCIPE. Ya estoy ofendido de que partido no hayáis.

GARCIA. [_Ap. retirándose_.] ¿Qué es esto, suerte importuna? ¿Así el favor desvanece? ¡Vive el cielo, que parece que está loca la fortuna! ¿Qué le habrá dicho Don Juan? Mas de Don Juan ¿qué recelo, si estas mudanzas del cielo ciertos avisos me dan, haciéndome sin segundo ya en el bien y ya en el daño, del engaño y desengaño de los _favores del mundo_? (_Vase_.)

[ESCENA VII]

[EL PRINCIPE, DON JUAN, GERARDO.]

JUAN. Dame para hablar licencia, ya que Alarcón se ha partido.

PRINCIPE. ¿Qué quieres? ¿Dirás que ha sido poco humana mi sentencia, siendo tanta la ocasión?

JUAN. Si a eso miro, fué piadosa, señor, pero rigurosa, si miro a tu condición; que desconozco el rigor, en quien es la mansedumbre naturaleza y costumbre.

PRINCIPE. ¿Qué no harán celos y amor? Tan otro soy del que fuí, con sus efetos violentos, que extraño mis pensamientos, y no me conozco a mí.

JUAN. De que no sientas no trato, donde es tanta la ocasión; mas da un rato a la razón, pues diste al enojo un rato. Confesado me ha tu Alteza que es violento ese accidente: lo violento fácilmente vuelve a su naturaleza. ¿En qué diferencia pones a ti y a un hombre vulgar, si así te dejas llevar del furor de tus pasiones? Cualquiera, señor, es sabio donde no hay dificultad; la mansedumbre y piedad se tocan en el agravio. La fiera borrasca muestra si es el piloto prudente, y el jinete en potro ardiente fuertes pies y mano diestra. Esta es la misma ocasión que debiera desear tu Alteza, para mostrar su piadosa condición, y más donde el condenado ser inocente podría; que hasta agora de García no sabemos si ha pecado. Julia sólo el pensamiento de Anarda me ha referido; pero no que él haya sido cómplice de aqueste intento Y la primera advertencia que Julia en esta ocasión me hizo, fué que Alarcón no te siga en esta ausencia; que cautamente sabrá dél si a tu enemiga estima; y siendo así, de su prima tales cosas le dirá, que la desdeñe injurioso, para que ella, desdeñada, de su amor desesperada, quiera al Conde por esposo Que mientras tenga esperanza de que él su amor corresponde, no hay pensar que verá el Conde en sus rigores mudanza.

PRINCIPE. Es agudo pensamiento.

JUAN. Con amor y con lealtad te sirve, y la voluntad da fuerza al entendimiento. Demás desto, considera que sabiendo tu afición, no se casará Alarcón, aunque querido la quiera. Y por un leve temor que asegura su nobleza, no ha de pagar mal tu Alteza a un hombre de tal valor. Ni permitas que Alarcón me tenga por falso amigo, pues de lo que hablé contigo vió nacer tu indignación; con que es forzoso entender que ingrato y villano soy, pues quito tu favor hoy a quien vida me dió ayer. Bien temí yo tu castigo cuando te daba el recado; mas la ley de buen criado venció a la de buen amigo. Esto ha de bastar, señor, a que tomes otro acuerdo, si mis servicios no pierdo, si no me engaña tu amor.

PRINCIPE. Digo que me has convencido, y de haberlo desterrado estoy, Don Juan, lastimado, cuanto más arrepentido. Abrázame; que es razón dar premio a tu gran nobleza, y por ver esta fineza, estimo aquesta ocasión.

JUAN. Por tal dueño poco es dar la sangre, vida y honor.

Dame licencia, señor, de que lo vaya a alcanzar.

PRINCIPE. Será, Don Juan, darle indicio de liviana condición.

JUAN. Fia tu reputación de mi ingenioso artificio.

PRINCIPE. Como la ocasión no pueda colegir que esto ha causado, a lo que le he encomendado le dí que en la corte queda.

JUAN. ¿Partes luego?

PRINCIPE. Ya el rigor de mi airado padre ves.

JUAN. Para alcanzarte, a mis pies dará sus alas mi amor. (_Vase_.)

[ESCENA VIII]

Salen CRIADOS.

[EL PRINCIPE, GERARDO, _los dos_ PAJES _y otros_ CRIADOS.]

PRINCIPE. ¿Puedo partir?

GERARDO. A tu Alteza todo aguarda apercebido.

PRINCIPE. ¿Quién duda que estás sentido, Gerardo, de mi aspereza?

GERARDO. Sólo tus pesares siento.

PRINCIPE. ¡Ah Gerardo! no te espante; que es pluma leve un amante, y celos y amor el viento. Alégrete este rubí, (_Dale una sortija_.) si por mi causa estás triste. Y tú, pues que me sufriste lo que sin razón reñí, (_Da a otro criado otra sortija_.) con este diamante, Otavio, publica tu sufrimiento; y a ti, el arrepentimiento que tengo ya de tu agravio (_Da a otro una cadena_.) te diga aquesa cadena, que me confiesa obligado.

PAJE 1°. Aumente el cielo tu estado.

GERARDO. Alivie Anarda tu pena.

PAJE 1°. A su curso natural el río presto volvió.

