Los favores del mundo

Part 4

Chapter 4 3,954 words Public domain Markdown

Temprano, por vida mía, en el uso hemos entrado. Alto; somos de palacio; trasnochar, ir a dormir al amanecer, vivir de prisa, y morir de espacio. Si el cielo no lo remedia, la sátira encaja aquí; mas no ha de haber cosa en mí de lacayo de comedia. ¡Cuál a la corte pusiera algún poeta, si el caso y el lacayo en este paso de la comedia tuviera! ¡Cuál pusiera yo a su Alteza! ¡Qué libremente le hablara, y qué poco respetara su poder y su grandeza! ¡Luego me apartara dellos, cuando a graves cosas van él y mi amo y Don Juan! ¡Mal año! por los cabellos de otra parte me trajera, y en todo el caso me hallara, que el Príncipe aun no fiara quizá a los dos, si pudiera. Y estando en lo más famoso, grave, fuerte y apretado, saliera el señor criado con un cuento muy mohoso, o una fábula pueril de la zorra y el león, y la más alta cuestión concluyera un hombre vil. No, no; el criado servir; con el rey la gente grave; aconsejar el que sabe, y el que predica reñir. (_Vase_.)

[ESCENA III]

[_Calle en que vive Anarda.--Es de noche_.]

[EL PRINCIPE, GARCIA, DON JUAN.]

PRINCIPE. Pensé que un pecho tan fuerte como el vuestro triunfaría del amor tierno, García.

GARCIA. Iguala amor a la muerte.

PRINCIPE. Militares embarazos a muchos dél defendieron.

GARCIA. Al dios Marte no valieron contra los venéreos lazos.

PRINCIPE. ¿No os admirará en efeto deciros que amo, García?

GARCIA. No, porque ya lo sabía.

PRINCIPE. ¿Cómo?

GARCIA. Sé que sois discreto.

PRINCIPE. ¡Qué bien sabéis consolar!

JUAN. Es su consecuencia clara, puesto que amor se compara a la piedra de amolar, en que el más agudo acero da a sus filos perfección.

PRINCIPE. Esta es la calle, Alarcón, en que vive por quien muero.

GARCIA. (_Ap_.) ¿Qué es esto? Ya el niño Amor destas sombras se acobarda, y la hermosura de Anarda hace cierto mi temor.

PRINCIPE. Esta es la casa.

GARCIA. (_Ap_.) ¡Ay de mí!

PRINCIPE. Haz la seña. Mas detente; que el recato es conveniente, y pienso que hay gente allí.

JUAN. La calle despejaré.

PRINCIPE. Tú no; que presumirán, si eres la flecha, Don Juan, que soy yo quien la tiré. Vaya Alarcón.

GARCIA. Voy, señor.

PRINCIPE. En esta esquina os espero.

(_Vanse él [Príncipe] y Don Juan_.)

[ESCENA IV]

GARCIA. ¿Para qué, fortuna, quiero con tal pensión tu favor? ¿De qué sirve la privanza? Mercedes y honras ¿de qué? Todas te las trocaré a esta perdida esperanza. ¡Cuál iba yo, viento en popa! Fortuna, ya te entendí; que con más ímpetu así la nave en la peña topa. El fin traidor has mostrado con que en levantarme das; que para que sienta más, me has hecho más delicado. Dándome honrosos despojos llegas con rostro de paz, por arrojarme el agraz en las niñas de los ojos. ¿Qué es privanza, qué es honor, qué es la vitoriosa palma, si en lo más vivo del alma ejecutas tu rigor? Hoy la mayor alegría y el mayor pesar me has dado; de dichoso y desdichado soy ejemplo en solo un día Pero quizá Anarda bella no tiene al Príncipe amor. ¿Qué importa? Él es mi señor, y tiene su amor en ella. No tocan a la lealtad las ofensas de quien ama; mas ya su amigo me llama, y me obliga la amistad. ¿De qué sutiles razones, deseo, os queréis valer? ¿Alarcón ha de poner la lealtad en opiniones? Deseo, o morid en mí, o matad conmigo a vos, porque o vos o ambos a dos hemos de morir aquí. Llegad, corazón fiel; venza al amor la lealtad; el paso al cielo allanad a quien os derriba dél.

[ESCENA V]

Salen HERNANDO, huyendo con la espada en la mano y tras él MAURICIO y LEONARDO.

[HERNANDO, EL CONDE, LEONARDO, GARCIA.]

HERNANDO. A no ser tantos, yo sé si me causaran temor.

GARCIA. ¿Es Hernando?

HERNANDO. ¿Es mi señor?

GARCIA. ¿Qué ha sido?

HERNANDO. Desde que entré en aquesta calle a hacer lo que me has encomendado, los de esa cuadrilla han dado en que me han de conocer. Porque no me descubrí, dieron tras mí a cuchilladas, y mil montantes y espadas llovió el cielo sobre mí.

GARCIA. Dos solos diviso yo.

HERNANDO. ¿Dos?

GARCIA. No más.

HERNANDO. Pues no habrá más.

GARCIA. ¡Qué trocado, Hernando, estás! ¿Ya tu valor se acabó?

HERNANDO. Tanto son dos como mil contra aquel que solo está.

GARCIA. ¿Y quién será?

HERNANDO. ¿Quién será sino quien hecho alguacil nos reconoció, señor?

GARCIA. ¿El conde Mauricio?

HERNANDO. El Conde.

GARCIA. Aquí, si mal me responde, me conocerá mejor. (_Llégase a él_.) Si acaso algunas mercedes alcanza la cortesía, por ella, hidalgos, querría poder con vuesas mercedes que den lugar por un rato a cierto amante secreto, que debe al alto sujeto de su amor este recato; que él les dejará después toda la noche la calle.

CONDE. (_Ap. los dos_.) Este, en la voz y en el talle, es Garci-Ruiz.

LEONARDO. Él es.

CONDE. ¡Pues a buen puerto ha llegado! Vos pedís bien justa cosa, [_A García_.] pero muy dificultosa; que soy ministro, y mandado de un superior en mi oficio, que de aquí no haga ausencia, para cierta diligencia que importa al real servicio. A mí me pesa por cierto de no poderos servir; pero que no he de impedir vuestros amores, advierto; porque callar os prometo; de más de que es caso llano que de la justicia es vano querer encubrir secreto, que al sol nada se le esconde.

HERNANDO. (_Ap_.) [_con su amo_] Él prosigue su artificio.

GARCIA. ¿Estás cierto en que es Mauricio?

HERNANDO. Digo, señor, que es el Conde.

GARCIA. Hidalgo, o seáis justicia y aquí negocios tengáis, o ser ministro finjáis con cautelosa malicia, lo que pido haced, que es justo.

CONDE. Que no puedo he dicho ya.

GARCIA. Ya en conseguillo me va más reputación que gusto; porque quien llega a pedir lo que no es justo negar, no deja elección al dar, y se obliga a conseguir.

CONDE. ¿Qué queréis decir con eso?

GARCIA. ¿Aun no lo habéis entendido? Que habéis de hacer lo que os pido, o obligarme a algún exceso.

CONDE. No os arriesguéis a un gran daño, por la que, según entiendo, no os quiere.

GARCIA. Yo estoy pidiendo lugar y no desengaño. Esto haced, y no os metáis en consejos, ni mostréis que conocido me habéis, porque a mucho me obligáis.

CONDE. Que os conozca o no, os prometo que es imposible dejaros la calle sola.

GARCIA. ¿En estaros os resolvéis, en efeto?

CONDE. Aquí me ha de hallar el día.

GARCIA. Pues procedéis tan grosero, podrá con vos el acero lo que no la cortesía.

(_Sacan todos las espadas y riñen_.)

HERNANDO. ¡Pese a tal! Agora sí me entenderé yo con vos, que nos vemos dos a dos. ¿Broquelicos para mí?

CONDE. Herido estoy.

GARCIA. Yo me holgara, sin heriros, de obligaros; mas a vos podéis culparos.

CONDE. La fuerza me desampara; sin duda es mortal la herida.

GARCIA. Que me pesa, sabe Dios.-- [_A Hernando, que riñe con Leonardo_.] Tente.--Yo fuera con vos (_Al Conde_.) cuidando de vuestra vida, a poder faltar de aquí.

CONDE. Indicios de noble dáis.

GARCIA. Por mucho que lo seáis, con igual pecho os herí.

LEONARDO. ¡Ah! ¡pese a quien me parió!

(_Vanse Leonardo y el Conde_.)

[ESCENA VI]

Salen EL PRINCIPE y DON JUAN, alborotados.

[EL PRINCIPE, DON JUAN, GARCIA, HERNANDO.]

PRINCIPE. En la vida de García se arriesga, Don Juan, la mía.

JUAN. ¿No basta que vaya yo?

PRINCIPE. No basta; que no sabemos cuántos los contrarios son.

JUAN. Yo soy Luna, él Alarcón, que por un millón valemos. Mas pienso que viene aquí.

PRINCIPE. ¡García!

GARCIA. Señor.

PRINCIPE. ¿Qué ha sido?

GARCIA. ¿Qué, señor?

PRINCIPE. ¿Ese ruido de cuchilladas que oí?

GARCIA. Lo que fué, que no fué nada; después, señor, lo diré. Agora, pues que se ve la calle desocupada, logre el tiempo vuestra Alteza. [_Hablando aparte con el criado_.]

En casa me espera Hernando.

HERNANDO. ¡Vive Dios que estoy temblando!

GARCIA. Nunca has mostrado flaqueza sino en la corte.

HERNANDO. Señor, tú dices que nada ha sido haber a Mauricio herido, y puedes; que en el amor del Príncipe estás fiado; mas a mí el pesar me ahoga; que sé que siempre la soga quiebra por lo más delgado.

GARCIA. De tu temor me averguenzo.

HERNANDO. Hay alcalde que de balde, por sólo hacer del alcalde, me pondrá de San Lorenzo.

GARCIA. Antes a mí me mataran; que a los ingratos no imito, que animan para el delito, y en la pena desamparan. Véte, y duerme descuidado. (_Entre tanto hace la seña Don Juan_.)

HERNANDO. ¿A qué no obliga tu amor? Bien dicen que el buen señor es quien hace buen criado. (_Vase_.)

PRINCIPE. ¿Si habrán oído?

[ESCENA VII]

Sale INÉS, a la ventana.

[EL PRINCIPE, GARCIA, DON JUAN, INÉS.]

JUAN. Ya están a la ventana.

INÉS. ¿Quién es?

PRINCIPE. Inés parece.

JUAN. ¿Es Inés?

INÉS. ¿Quién lo pregunta?

JUAN. Don Juan. A Anarda le dí que está su Alteza aguardando aquí.

PRINCIPE. Sin esperanza, le dí.

_Vase Inés [de la ventana_.]

¡Válgame Dios! ¿si saldrá? Decidme que sí, y con eso no me matará el temor.

JUAN. Yo tuviera por mejor prometerte el mal suceso, y así tendrás más colmado, si Anarda sale, el contento; y si no, será el tormento mucho menor, esperado.

GARCIA. (_Ap_.) ¡Ah Dios! ¡qué dulce esperanza gané y perdí en sólo un día! ¡qué propia ventura mía en la ligera mudanza! Pero quizá... ¡No hay quizá! "Haced," el Príncipe dijo, "la seña," de que colijo que es dueño de Anarda ya; que amistad hay asentada donde hay seña conocida; y pues tan presto fué oída, bien se ve que fué esperada.

[ESCENA VIII]

Salen ANARDA y JULIA _a la ventana_.

[ANARDA, JULIA, EL PRINCIPE, GARCIA, DON JUAN.]

ANARDA. [_Ap. con Julia_.] Yo salgo, esta es la verdad, por el forastero, prima; que su prisión me lastima, si temo su libertad.

JULIA. ¡Qué perdida estás!

ANARDA. De amor hasta agora no he sabido.

JULIA. Tarde, mas bien, te ha cogido. (_Ap_. Sabe Dios que estoy peor.)

ANARDA. ¡Ah, caballero!

PRINCIPE. Señora, ¿sois Anarda?

ANARDA. Anarda soy.

PRINCIPE. Perdonad, mi bien, si os doy aqueste disgusto ahora, impidiendo el venturoso sueño que ocupando estaba, por el descanso que os daba en cambio ese cuerpo hermoso; que tanto el susto he sentido, que hoy en el río tuvistes, que hasta ver cómo volvistes, volver en mí no he podido. ¿Cómo estáis? ¿Quitóse ya aquel alboroto?

ANARDA. En mí nunca, Príncipe, sentí lo que de entonces acá; que hizo en mí tal impresión el forastero atrevido, que presente lo he tenido siempre en la imaginación.

GARCIA. (_Ap_.) ¡Ah Dios, si fuese de amor!

ANARDA. Mas lo que me ha sosegado es pensar que aprisionado, como os supliqué, señor, lo tenéis, para que así no se vaya sin pagarme.

GARCIA. (_Ap_.)

No es este efecto de amarme: ya de mi engaño salí. Cuanto de mí se informó, fué por trazar su venganza, y mi engañosa esperanza a favor lo atribuyó.

PRINCIPE. De un yerro que cometí contra vos, hermosa Anarda, mi amor el perdón aguarda.

ANARDA. ¿Cómo?

PRINCIPE. No os obedecí.

ANARDA. ¿Luego sin pena quedó el forastero atrevido?

PRINCIPE. Y aun con premio bien debido a las nuevas que me dió.

ANARDA. (_Ap_.) ¡Ay de mí!

JULIA. (_Ap_.) Perdida soy.

ANARDA. ¿Esa es la fe y la fineza que le debí a Vuestra Alteza? Bien desengañada estoy. ¡La primer cosa que pido, en que estribaba mi gusto, y más cuando era tan justo castigar a un atrevido, no he podido merecer!

PRINCIPE. Vos lo causastes, por Dios, porque a vos sólo por vos dejara de obedecer; que como ser, entendí vos, causa de aquel exceso, con que tan fuera de seso de pena y celos me ví, quedé de gusto tan loco con saber que me engañé, que para albricias juzgué ser todo mi reino poco.

ANARDA. Obedecer es fineza. (_Ap_. Muerta soy, si se ausentó.) Señor, mi tío tosió: perdóneme Vuestra Alteza; que su recato y rigor me prohibe este lugar.

PRINCIPE. Primero habéis de escuchar el descargo de mi error; que para que no culpéis del todo mi inobediencia, lo traigo a vuestra presencia a que vos lo castiguéis.

ANARDA. ¿Qué decís?

PRINCIPE. Que traigo aquí al forastero conmigo, sujeto a vuestro castigo.

ANARDA. Aun podré pensar así que habéis mi gusto estimado.

GARCIA. En fin ¡qué! ¿perdón no espero de un error de forastero y de un furor de agraviado?

PRINCIPE. Perdonad, por vida mía, pues lo conoce, su error.

ANARDA. Cuando no al intercesor, a su humildad se debía.

PRINCIPE. Pues con eso, dueño mío, obedezco en dejaros.

ANARDA. Bien podéis, señor, estaros; que ya no tose mi tío.

PRINCIPE. ¿Como es posible que tanto favor haya yo alcanzado?

ANARDA. (_Ap_.) La fiesta habéis celebrado; mas habéis errado el santo.

GARCIA. (_Ap_.) Que tiene al Príncipe amor, bien claramente se ve. Mas ¡necio yo! ¿qué esperé, si es tal el competidor?

PRINCIPE. ¿Cómo, Julia, no me dais el parabién del favor?

JULIA. Por no impediros, señor, cuando de Anarda gozáis.

JUAN. A lo menos, por no dar con su voz gloria a mi oído.

JULIA. Siempre, Don Juan, habéis sido desconfiado en amar.

JUAN. Esto tengo de discreto: y a Dios, ingrata, pluguiera que otra causa no tuviera un tan desdichado efeto.

GARCIA. (_Ap_.) Los dos aman a las dos; con tal liga y artificio seguro va el edificio.

ANARDA. ¿Cómo trajistes con vos al forastero, señor? A quien mañana se irá, ¿tan fácilmente se da noticia de nuestro amor? (_Ap. las dos_. Así le pregunto, prima, del forastero el estado.)

JULIA. ¡Qué bien tu intento has guiado!

PRINCIPE. No os tengo en tan poca estima, que lo que os ama mi pecho tan fácil le haya fiado. En mi servicio ha quedado; de mi cámara lo he hecho.

ANARDA. (_Ap. a ella_.) ¡Ah Julia! dichosa soy.

JULIA. Déjame, no me diviertas de Don Juan. (_Ap_. Sin que me adviertas atenta a mi dicha estoy.)

GARCIA. Gente viene.

PRINCIPE. Anarda, adiós; que miro por vuestra fama.

ANARDA. Así obliga quien bien ama.

JUAN. Adiós.

JULIA. Él vaya con vos.

ANARDA. Caballero forastero, de que os quedéis en palacio con el Príncipe, de espacio el parabién daros quiero.

GARCIA. Ya con eso lo recibo.

(_Vanse las damas_.)

[ESCENA IX]

[EL PRINCIPE, DON JUAN, GARCIA.]

PRINCIPE. Sin duda ha estado, García, en vuestra dicha la mía; que nunca en el pecho esquivo de Anarda, señal de amor, como aquesta noche, ví.

GARCIA. (_Ap_.) ¿Mas si fuese para mi, sobre escrito a ti, el favor?

PRINCIPE. "Bien podéis, señor, estaros", dijo, queriendo partirme.

JUAN. De que paga tu amor firme ha dado indicios bien claros.

GARCIA. (_Ap._.) Cuando el Príncipe le dijo que estaba presente yo, gusto de estarse mostró: con justa razón colijo, pues antes irse quería, que yo su rémora he sido. Nueva esperanza ha nacido de la ya ceniza fría.

PRINCIPE. Agora podéis contar, Garci-Ruiz, lo que fué aquel ruido.

GARCIA. Llegué, pedí que diesen lugar a un amante; no quisieron, por más que rogué importuno; saqué la espada, herí al uno, y con aquello se fueron.

PRINCIPE. Mal hicistes: cuando envío, Alarcón, a despejar, es por bien; no ha de costar sangre de vasallo mío.

GARCIA. No quiso por bien.

PRINCIPE. Dejallo.

GARCIA. El gusto vuestro estorbaba.

PRINCIPE. Menos mi gusto importaba que la salud de un vasallo.

GARCIA. Yo erré por ser obediente.

PRINCIPE. Cerca estaba yo; volver y tomar mi parecer. Quien sirve ha de ser prudente.

(_Vanse el Príncipe y Don Juan_.)

[ESCENA X]

[GARCIA.]

¿En servir hay esta vida? ¿Esta gloria en la privanza? ¿En tan ligera mudanza hay tan pesada caída? ¡Que haya sido error en mí lo que fineza juzgué! ¡Cuando la vida arriesgué por agradar, ofendí! ¡Fuerte caso, dura ley, que haya de ser el privado un astrólogo, colgado de los aspectos del rey! Hoy benévolo le ví, y hoy contrario vuelve a estar: ganélo con no matar, y con matar lo perdí. ¿Qué es esto? ¿Pruebas conmigo tus variedades, fortuna? Hoy era Don Juan de Luna mi más odioso enemigo; hoy es ya mi amigo, y hoy yo mismo vida le di; hoy al Conde conocí, y ya su homicida soy. Hoy ví a Anarda, y hoy la amé; hoy creí que era querido, hoy la esperanza he perdido, y hoy a cobrarla torné. Hoy me vió el Príncipe, y hoy me ví al más sublime estado, de su favor levantado, y ya derribado estoy en un infierno profundo de temor y de ansia fiera. Paciencia; desta manera son _los favores del mundo_. (_Vase_.)

[_Sala en casa de Anarda_.]

[ESCENA XI]

Salen DON DIEGO, ANARDA y JULIA.

DIEGO. Enemigas: ¿es razón que así la fama perdáis, y la heredada opinión de Pacheco y de Girón en tan vil precio tengáis? ¿Es bien que el Conde, atrevido, me diga en mis propias canas, cuando voy a verle herido, que mis sobrinas livianas la causa del daño han sido?

ANARDA. ¿Nosotras?

DIEGO. Vosotras, pues.

ANARDA. De desangrado delira.

DIEGO. Pues si la causa es mentira, por lo menos verdad es el efeto de su ira. Dice que él no conoció ni ha dado ocasión a quien en nuestra calle le hirió; mas al menos sabe bien que desta causa nació. Y así sus deudas conjura, y en nuestra sangre agraviado vengar su herida procura, si tu mano no le cura la que en el alma le has dado. Bien sabes tú que en nobleza nadie le excede en España: de su estado la riqueza es notoria, que acompaña con gala y con gentileza. Ablanda, sobrina, el pecho, sin razón duro y extraño; busca el gusto en el provecho; remedie la mano el daño que el hermoso rostro ha hecho.

ANARDA. Ya no puedo, noble tío, a un intento tan injusto dejar de oponer el mío; que es castigar en mi gusto el ajeno desvarío. Si él de mí se enamoró, y yo lo he desengañado, ¿qué ley me obliga al pecado, que no sólo no hice yo, mas antes lo he repugnado?

DIEGO. Nunca, sobrina, he creído que al daño diste ocasión; mas tu hermosura lo ha sido, y a mil sin culpa han traído sus gracias su perdición. Que no tienes culpa digo; mas si casarte procuro, no tu inocencia castigo; a estorbar el mal futuro es sólo a lo que te obligo.

ANARDA. Señor Don Diego, ¿mi tío da tan cobarde consejo? Bien se ve que el pecho frío al brazo cansado y viejo niega el heredado brío. ¿Morir no será mejor, que no que Mauricio diga, en mengua de vuestro honor, que a sus gustos nos obliga de sus armas el temor? ¿Somos Girones, o no? ¿Hanos el valor faltado? ¿Estoy sin parientes yo? ¿Quién en Castilla a un criado de mi casa se atrevió? Y si en tan justa ocasión no quisieren defender nuestros deudos su opinión, yo basto; que aunque mujer, soy, en efeto, Girón.

DIEGO. ¿Estás loca? ¿Qué es aquesto? ¿Piensas que es valor tener ese brío descompuesto? Sólo el proceder honesto es valor en la mujer. Deja ya vanos antojos, y admite este pensamiento, o para acabar enojos, metiéndote en un convento, te quitaré de los ojos.

ANARDA. Vos no sois más que mi tío, y ni aun mi padre en razón puede forzar mi albedrío: casamiento y religión han de ser a gusto mío. (_Vase_.)

[ESCENA XII]

[DON DIEGO, JULIA.]

JULIA. Lo que dice Anarda es justo; que sólo en tomar estado es tirano fuero injusto dar a la razón de estado jurisdicción sobre el gusto.

(_Aquí baja la voz y habla, como a excusas de Anarda, a Don Diego_.)

No es sino mucha razón remediar el mal que viene; mas de la ciega afición que Anarda al Príncipe tiene nace su resolución. Que como Mauricio ya deste amor viene advertido, temerosa Anarda está de que, siendo su marido, de Madrid la sacará; y como liviana intenta, del Príncipe enamorada, hacer a su sangre afrenta, procura verse casada con quien lo ignore o consienta.-- Otros remedios habra; (_Alza la voz_.) que casarse deste modo deshonor nuestro será. (_Baja la voz_.) --Dále cuenta al Rey de todo; que él el casamiento hará. Calla y remedia discreto, pues yo con esta invención te descubro su secreto, sin ponella en ocasión de que me pierda el respeto. Y ella, imaginando así que ayudo sus pensamientos, no se guardará de mí, y de todos sus intentos seré espía para tí. Agora riñe conmigo, para ayudarme a engañalla.

DIEGO. (_Alza la voz_.) Si no hiciere lo que digo Anarda, será ausentalla de Madrid, justo castigo.

JULIA. Si la razón excedieres, justicia nos hará el Rey.

DIEGO. ¿Tú también mi afrenta quieres?

JULIA. Quiero lo que es justa ley.

DIEGO. ¡Ay de honor puesto en mujer! Pues lo que quiero ha de ser o morir quien lo estorbare. (_Vase_.)

JULIA. Un monte querrá mover el que por fuerza intentare reducir una mujer. (_Ap_.) Con esto, Alarcón, procura mi amor de Anarda apartarte; que en alguna coyuntura alcanza el ingenio y arte lo que no amor y ventura. Callando el dolor que siento, disponer mi dicha quiero; que es prudente pensamiento quitar estorbos, primero que descubrir el intento.

[ESCENA XIII]

Sale ANARDA.

[ANARDA y JULIA.]

ANARDA. ¿En qué paró, prima mía?

JULIA. ¡Pues qué! ¿no nos escuchabas? Que bien a gritos reñía.

ANARDA. Tal vez la voz moderabas, y entonces no te entendía.

JULIA. Entonces con falso pecho, porque se fíe de mí, de mi lealtad satisfecho Don Diego Girón, de tí murmuraba en tu provecho. Mil defectos le decia de tu extraña condición, y modos, le proponía, con que reducir podría a la suya tu intención.

ANARDA. Un ejemplo de amistad miro en ti.

JULIA. (_Ap_.) El mejor engaño es con la misma verdad.

ANARDA. Ya el remedio deste daño resuelve mi voluntad.

JULIA. ¿Cómo?

ANARDA. A llamar he enviado el valiente forastero, y de que a tomar estado me resuelvo, dalle quiero para el Príncipe un recado. Que con aquesta ocasión dalle mi amor solicita a mi querido Alarcón los indicios que permita mi honesta reputación. Y tú, quedándote aquí sola con él, le dirás, como que sale de tí y que de su parte estás, el amor que reina en mí. Que pues la ocasión convida, goce della, y a su Alteza en casamiento me pida: y díle tú la firmeza con que tengo defendida del Príncipe y de Mauricio mi honestidad, pues lo sabes; porque a un celoso juicio le ha de obligar el indicio de pretendientes tan graves.

JULIA. Yo del Príncipe imagino que tu intento ha de estorbar.

ANARDA. Diréle que determino casarme, por allanar a sus gustos el camino; porque de otra suerte intenta los cielos atrás volver; y así es fuerza que consienta en mi intento, por tener fin del mal que le atormenta. Que aunque él es tan poderoso, si a un hombre de tal valor tengo, prima, por esposo, no será dificultoso el defendelle mi honor.

JULIA. Tu agudo ingenio bendigo.

ANARDA. Todo es cautelas amor.

JULIA. (_Ap_.) Y así las uso contigo. No hay enemigo peor que el que trae rostro de amigo.

[ESCENA XIV]

Sale INÉS.

[INÉS, ANARDA, JULIA.]

INÉS. El amo de Hernando quiere licencia de verte.

ANARDA. Inés, mientras conmigo estuviere, es bien que al balcón estés, por si mi tío viniere. (_Vase Inés_.)

JULIA. ¿Iréme?

ANARDA. Ponte en lugar donde la plática entiendas; que habiéndome de ayudar, es bien que sepas las sendas por donde has de caminar.

JULIA. (_Ap_.) A ejecutar mi intención.

ANARDA. Y advierte en el artificio con que en aquesta ocasión, sin ofender mi opinión, le doy de mi amor indicio.

(_Vase Julia, y espía desde el dosel_.)

[ESCENA XV]

Salen GARCI-RUIZ y HERNANDO, de camino.

[JULIA, ANARDA, GARCIA, HERNANDO.]

GARCIA. Dadme, Anarda, los pies.

ANARDA. Poco es la mano a tan valiente y noble caballero. ¿De camino venís?