Part 22
[81] El relato del cuarto Evangelio tiene en este punto una gran superioridad y nos sirve de guia principal. Segun Lucas, XXIV, 12, solo Pedro va al sepulcro. En el final de Márcos que nos da el manuscrito L y el margen de la version filoxeniana (Griesbach, _l. c._), se menciona τοῖς περὶ τὸν Πέτρον. San Pablo (I Cor., XV, 5) tampoco hace figurar más que á Pedro en esta primera vision. Más lejos, Lucas (XXIV, 24) supone que varios discípulos han ido al sepulcro con lo cual se indica probablemente las visitas que se hicieron luego. Es posible que Juan, cediendo á una segunda intencion, que se revela más de una vez en su Evangelio, quisiera demostrar que desempeñó en la historia de Jesús un papel tan importante como el de Pedro. Acaso tambien las repetidas declaraciones de Juan de haber sido testigo ocular de los hechos fundamentales de la fé cristiana (Evang., I, 14; XXI, 24; I Juan, I, 1-3; IV, 14), deben aplicarse á esta visita.
[82] Juan, XX, 1-10. Compar. Luc., XXIV, 12, 34; I Cor., XV, 5 y el final de Márcos en el manuscrito L.
[83] Mat., XXVIII, 9, observando que Mateo, XXVIII, 9-10, contesta á Juan, XX, 16-17.
[84] Juan, XX, 11-17, conforme con Márcos, XVI, 9-10. Compárese el relato paralelo, aun cuando menos satisfactorio, de Mat., XXVIII, 1-10; Luc., XXIV, 1-10.
[85] Juan, XX, 18.
[86] Compárese Marc., XVI, 9; Luc., VIII, 2.
[87] Luc., XXIV, 11.
[88] _Ibid._, XXIV, 24.
[89] _Ibid._, XXIV, 34; I Cor., XV, 5; el final de Márcos en el manuscrito L. El fragmento del Evangelio de los hebreos en San Ignacio, _Epist. ad Smyrn._, 3, y en San Gerónimo, _De viris ill._, 16 parece situar la «vision de Pedro» por la noche, y la fusiona con la de los apóstoles reunidos. Pero San Pablo distingue expresamente las dos visiones.
[90] Luc., XXIV, 22-24, 34. Resulta de estos pasajes que las noticias se extendieron separadamente.
[91] Marc., XVI, 1-8.--Mat., XXVIII, 9-10 dice lo contrario, pero esto desentona con el sistema sinóptico en el cual las mujeres no ven sino un ángel. Parece que el primer Evangelio ha querido conciliar el sistema sinóptico con el cuarto, donde una sola mujer vé á Jesús.
[92] Mat., XXVIII, 2 y sig.; Marc., XVI, 5 y sig.; Luc., XXIV, 4 y sig., 23. Esta aparicion de los ángeles se ha introducido en el relato del cuarto Evangelio (XX, 12-13), trastornándolo completamente, puesto que se atribuye á María Magdalena. El autor no ha querido prescindir de este hecho referido por la tradicion.
[93] Marc., XVI, 8.
[94] Luc., XXIV, 4-7; Juan, XX, 12-13.
[95] Mat., XXVIII, 1 y sig. En el relato de Mateo es donde más se han exagerado estas circunstancias. El temblor de tierra y lo de los guardias son probablemente adiciones tardías.
[96] Los seis ó siete relatos que tenemos de la escena de la mañana, (Márcos tiene dos ó tres, y Pablo tiene tambien el suyo, sin hablar del Evangelio de los hebreos) están en completo desacuerdo unos con otros.
[97] Mat., XXVI, 31; Marc., XIV, 27; Juan, XVI, 32; Justino, _Apol._, I, 50; _Dial. cum Tryph._, 53, 106. Justino opina que en el momento de la muerte de Jesús, cundió una completa apostasía entre los discípulos.
[98] Mat., XXVIII, 17; Marc., XVI, 11; Luc., XXIV, 11.
[99] Marc., XVI, 9; Luc., VIII, 2.
[100] Véase, por ejemplo, Calmeil, _De la folie au point de vue pathologique, philosophique, historique et judiciaire_. París, 1845, 2 volúmenes en 8.º
[101] Véanse las _Lettres pastorales_ de Jurieu, primer año, séptima carta; tercer año, cuarta carta; Misson, _Le Théâtre sacré des Cévennes_ (Lóndres, 1707), págs. 28, 34, 38, 102, 103, 104, 107; Memorias de Court, en Sayous, _Hist. de la littér. française à l’étranger_, siglo XVII, I, pág. 303; _Bulletin de la Société de l’hist. du protest. franç._, 1862, página 174.
[102] Mat., XIV, 26; Marc., VI, 49; Luc., XXIV, 37; Juan, IV, 19.
[103] Marc., XVI, 12-13; Luc., XXIV, 13-33.
[104] Compárese Josefo, _B. J._, VII, VI, 6. Lucas dice que esta aldea se hallaba á sesenta estadios de Jerusalem, y Josefo á treinta. Ἑξήκοντα, que aparece en algunos manuscritos y algunas ediciones de Josefo, es una correccion cristiana. Véase la edicion de G. Dindorf. La situacion más probable de Emmaus es Kulonié, lugar muy bonito que se halla en el fondo de un valle en el camino de Jerusalem á Jaffa. Véase Sepp, _Jerusalem und das heilige Land_ (1863), I, p. 56; Bourquenoud, en los _Études rel. hist. et litt._ des PP. de la Soc. de Jésus, 1863, núm. 9, y para las distancias exactas, H. Zschokke, _Das neutestamentliche Emmaus_ (Schaffhausen, 1865).
[105] Marc., XVI, 14; Luc., XXIV, 33 y sig.; Juan, XX, 19 y sig.; Evangelio de los hebreos en san Ignacio, _Epist. ad Smyrn._, 3, y en san Gerónimo, _De viris ill._, 16; I Cor., XV, 5; Justino, _Dial. cum Tryph._, 106.
[106] Luc., XXIV, 34.
[107] En una isla que hay frente á Rotterdam, cuya poblacion es calvinista y de las más austeras, los aldeanos están persuadidos que Jesús va á su lecho de muerte para confirmar á sus elegidos de su justificacion; muchos le ven en efecto.
[108] Para concebir la posibilidad de semejantes ilusiones, basta recordar las escenas de nuestros dias, en que varias personas reunidas reconocen unánimemente que han oido rumores imaginarios, y esto con la mejor buena fé. La expectativa, el esfuerzo de la imaginacion, la disposicion á creer, á veces bromas inocentes, explican esos fenómenos cuando no son hijos del engaño. Esas bromas provienen en lo general de personas convencidas, animadas de un sentimiento benévolo que no desean que una reunion languidezca y que tratan de sacar de apuro á los dueños de la casa. La duda y la negacion son imposibles en esa clase de reuniones, porque se disgustaria á las personas que os han invitado y creen en tales milagros. Hé aquí por qué esas experiencias que dan buen resultado en pequeños grupos, hacen fiasco por lo general ante un público que paga, y no pueden verificarse ante las comisiones científicas.
[109] Juan, XX, 22-23, que resuena en Lucas, XXIV, 49.
[110] Mat., XXVIII, 17; Marc., XVI, 14; Luc., XXIV, 39-40.
[111] Juan, XX, 24-29; compárese Márcos, XVI, 14; Luc., XXIV, 39-40, y el final de Márcos conservado por San Gerónimo, _Adv. Pelag._, II (véase más arriba, p. 63).
[112] Juan, XX, 29.
[113] Es muy notable en efecto que Juan, bajo cuyo nombre se nos ha trasmitido dicha frase, no tenga vision particular para él solo. Cf. I Cor., XV, 5-8.
[114] Juan, XX, 26. El pasaje XXI, 14, supone, es cierto, que no se produjeron en Jerusalem más que dos apariciones ante los discípulos reunidos; pero los pasajes XX, 30, y XXI, 25 dejan mucha más latitud. Compárese _Act._, I, 3.
[115] Luc., XXIV, 41-43; Evangelio de los hebreos, en San Gerónimo, _De viris illustribus_, 2; final de Márcos, en San Gerónimo, _Adv. Pelag._, II.
[116] Mat., XXVIII, 7; Marc., XVI, 7.
[117] Mat., XXVIII, 10.
[118] _Ibid._, XXVI, 32; Marc., XIV, 28.
[119] Mat., XXVIII, 16; Juan, XXI.--Luc., XXIV, 49, 50, 52 y las _Actas_, I, 3-4, están aquí en contradiccion manifiesta con Marc., XVI, 1-8, y Mateo. El segundo final de Márcos (XVI, 9 y sig.) y aun los dos otros que no forman parte del texto recibido (véase más arriba, p. 63), parecen arreglados al sistema de Lucas, pero esto no puede prevalecer contra el acuerdo de una parte de la tradicion sinóptica con el cuarto Evangelio, y aun indirectamente con lo que dice Pablo (I Cor., XV, 5-8) sobre este punto.
[120] Mat., XXVIII, 16.
[121] _Ibid._, XXVIII, 7; Marc., XVI, 7.
[122] Final de Márcos, en San Gerónimo, _Adv. Pelag._, II.
[123] Mat., XXVIII, 16.
[124] Juan, XXI, 2 y sig.
[125] El autor de las _Actas_, I, 14, las supone en Jerusalem desde la Ascension, pero esto depende de su plan sistemático (Luc., XXIV, 49; _Actas_, 1-4) de no admitir el viaje á Galilea despues de la resurreccion, (sistema opuesto al de Mateo y de Juan). Para sostener esta opinion, se vé precisado á suponer la ascension en Betania, lo cual contradicen todas las tradiciones.
[126] I Cor., XV, 5 y sig.
[127] Juan, XXI, 1 y sig. Este capítulo se adicionó al Evangelio, ya concluido, como un _post-scriptum_, pero tiene el mismo orígen que los demás.
[128] Juan, XXI, 9-14; comp. Luc., XXIV, 41-43. Juan reunió en una sola las dos escenas de la pesca y de la comida; pero Lucas no hace esta agrupacion. De todos modos si se estudian atentamente los versículos Juan, XXI, 14-15, podrá uno reconocer que los enlaces de Juan son aquí un poco artificiales. Las alucinaciones son aisladas en el momento que se producen; solo despues se forman anécdotas continuadas. Este sistema de unir dos hechos separados es por demás sorprendente comparando entre sí dos pasajes del mismo escritor, Lucas, _Evang._, XXIV, final, y _Act._, I, inicio. Segun el primer pasaje, Jesús subió al cielo el mismo dia de la resurreccion, pero el segundo dice que hubo un intervalo de cuarenta dias. Tomando al pié de la letra lo que refiere Marc., XVI, 9-20, la ascension hubiera tenido lugar la misma noche de la resurreccion. Nada prueba mejor que la contradiccion de Lucas en estos dos pasajes cuán poco se cuidaban de la exactitud de sus relatos los redactores de escritos evangélicos.
[129] Juan, XXI, 15 y sig.
[130] _Ibid._, XXI, 18 y sig.
[131] I Cor., XV, 6.
[132] Transfiguracion.
[133] Mat., XXVIII, 16-20; I Cor., XV, 6. Comp. Marc., XVI, 15 y sig.; Luc., XXIV, 44 y sig.
[134] I Cor., XV, 6.
[135] Juan no limita la duracion de la segunda vida de Jesús, pero supone que fué bastante larga. Segun Mateo, no duró sino el tiempo necesario para hacer el viaje á Galilea, é ir á la montaña indicada por Jesús. Segun el primer final no concluido de Márcos (XVI, 1-8), las cosas pasaron como dice Mateo. Segun el segundo final (XVI, 9-20), otros varios (véase p. 63, nota 4) y conforme al Evangelio de Lucas, parece que la segunda vida no duró más que un dia. Pablo (I Cor., XV, 5-8), de acuerdo con el cuarto Evangelio, la prolonga durante algunos años, y produce despues su vision, que tuvo lugar al menos cinco ó seis años despues de la vida de Jesús, y fué la última de las apariciones. La circunstancia de los «quinientos hermanos», induce á la misma suposicion, pues no parece verosímil que al siguiente dia de la muerte de Jesús, fuera tan considerable el grupo de sus amigos. (_Act._, I, 15). Varias sectas gnósticas, evaluaban la duracion de las apariciones en diez y ocho meses, fundando sobre esto teorías místicas (Ireneo, _Adv. hær._, I, III, 2; XXX, 14). Solo el autor de las _Actas_ (I, 3) fija la duracion de la segunda vida de Jesús en cuarenta dias, pero es una autoridad de poco valor, sobre todo si se observa que procede de un sistema erróneo (Luc., XXIV, 49, 50, 52; _Act._, I, 4, 12), segun el cual toda la segunda vida se pasó en Jerusalem ó en sus alrededores. El número _cuarenta_ es simbólico: (el pueblo pasa cuarenta dias en el desierto; Moisés cuarenta dias en el Sinaí; Elías y Jesús ayunan cuarenta dias, etc.). En cuanto á la forma del relato adoptado por el autor de los doce últimos versículos del segundo Evangelio, y por el del tercero, véase p. 84, nota. La autoridad de Pablo, la más antigua y la más autorizada de todas, que corroborando la del cuarto Evangelio ofrece para esta parte de la historia Evangélica más verosimilitud, nos parece ofrecer un argumento decisivo.
[136] Luc., XXIV, 31.
[137] Juan, XX, 19-26.
[138] Mat., XXVIII, 9; Luc., XXIV, 37 y sig.; Juan, XX, 27 y sig.; XXI, 5 y sig.; Evangelio de los hebreos en san Ignacio, epístola de los Esmirnos, 3, y en san Gerónimo, _De viris illustribus_, 16.
[139] Juan, VI, 64.
[140] Mat., XXVIII, 11-15; Justino, _Dial. cum Tryph._, 17, 108.
[141] Mat., XXVII, 62-66; XXVIII, 4, 11-15.
[142] _Ibid._, XXVIII, 2 y sig.
[143] Segun Mat., XXVII, 63, parece que los judíos sabian que Jesús habia predicho que resucitaria, pero los mismos discípulos de Jesús no tenian ninguna idea precisa sobre este punto. Véase pág. 59, nota.
[144] En Mat., XXVI, 32; XXVIII, 7, 10; y en Marc., XIV, 28; XVI, 7 se indica vagamente esta opinion.
[145] Esto se ha visto por los milagros de la Salette y de Lourdes.--Hé aquí por qué medios se forma comunmente la leyenda milagrosa. Un santo hombre, adquiere la fama de hacer curaciones; se le trae un enfermo que á causa de la emocion se siente aliviado, y al dia siguiente se refiere en diez leguas á la redonda que se ha verificado un milagro. El enfermo muere cinco ó seis dias despues, y nadie habla de ello, mas en el momento de enterrar al difunto, se habla con asombro de su curacion en un espacio de cuarenta leguas.--La palabra atribuida al filósofo griego delante de los _ex-votos_ de Samotracia (Diog. Laerc., VI, II, 59) es asimismo perfectamente apropiada.
[146] En Jerusalem ocurre todos los años un fenómeno de este género y de los más extraordinarios que puedan citarse. Los griegos ortodoxos pretenden que el fuego que se enciende espontáneamente en el Santo Sepulcro el sábado santo de su Pascua, borra los pecados de aquellos que se lo pasan por el semblante sin quemarse. Millares de peregrinos hacen esta prueba, pero se convencen de que aquel fuego quema (y esto lo prueban las contorsiones y gestos que hacen, así como tambien el olor que se percibe). Á pesar de esto, ninguno ha contradicho la creencia de la iglesia ortodoxa, porque esto seria confesar que no se tiene fé, que uno es indigno del milagro, y reconocer ¡oh cielos! que los latinos son la verdadera iglesia, pues los griegos suponen que este milagro es la mejor prueba de que su iglesia es la única buena.
[147] Esta causa se vió ante el tribunal de Grenoble (sentencia del 2 de Mayo de 1855 y 6 Mayo 1847) defensas de los letrados Jules Fabre y Bethmont, etc., coleccionadas por J. Sabbatier (Grenoble, Vellot, 1857).
[148] ¿No se trasluce nada de esto en Juan, XX, 15?
[149] Véase más arriba, p. 64-65.
[150] Juan lo dice expresamente en XIX, 41-42.
[151] Juan, XX, 6-7.
[152] Involuntariamente se piensa en María de Betania, que en efecto no desempeña un papel marcado en la mañana del Domingo. Véase _Vida de Jesús_, p. 341 y sig.; 359 y sig.
[153] Celso hacia sobre este punto excelentes observaciones críticas (en Orígenes, _Contra Celsum_, II, 55).
[154] Marc., XVI, 9; Luc., VIII, 2.
[155] Luc., XXIV, 47.
[156] Sobre el apelativo de «galileos» dado á los cristianos, véase más abajo, p. 252, nota 699.
[157] Mateo es exclusivamente Galileo; Lucas y el segundo Márcos, XVI, 9-20 son exclusivamente Jerosolimitas. Juan reune ambas tradiciones. Pablo (I Cor., XV, 5-8.) admite tambien visiones llegadas de puntos muy lejanos, y es posible que la vision de los «quinientos hermanos» de Pablo, que hemos identificado por conjetura con la de la «montaña de Galilea,» de Mateo, sea una vision Jerosolimita.
[158] I Cor., XV, 7. No se explica el silencio de los cuatro Evangelios canónicos acerca de esta vision, sino suponiéndola en una época más lejana que aquella á que se refiere su relato. El órden cronológico de las visiones, sobre el cual insiste Pablo con tanta precision, induce á creer lo mismo.
[159] Evangelio de los hebreos citado por San Gerónimo, _De viris illustribus_, 2. Compárese Luc., XXIV, 41-43.
[160] Evangelio de los hebreos, _loc. cit._
[161] Juan, VII, 5.
[162] ¿Se aludirá á este brusco cambio en Gal., II, 6?
[163] _Act._, I, 14 no es un testimonio muy autorizado. Se reconoce en Lucas una tendencia á engrandecer á María. Luc., cap. I y II.
[164] Juan, XIX, 25-27.
[165] La tradicion que habla de su permanencia en Éfeso es moderna y no tiene valor alguno. Véase Epifanio, _Adv. hær._, hær. LXXVIII, 11.
[166] Véase, _Vida de Jesús_, págs. 23 y sig.
[167] Evangelio segun los hebreos, véase lugar citado en la pág. 97, nota 159.
[168] _Act._, VIII, 1; Galat., I, 17-19; II, 1 y sig.
[169] Luc., XXIV, 49; _Act._, I, 4.
[170] Es cierto que esta idea no está desarrollada sino en el cuarto Evangelio, (cap. XIV, XV, XVI), pero se indica en Mat., III, 11; Marc., I, 8; Luc., III, 16; XII, 11-12; XXIV, 49.
[171] Juan, XX, 22-23.
[172] _Ibid._, XVI, 7.
[173] Luc., XXIV, 49; _Act._, I, 4 y sig.
[174] _Act._, I, 5-8.
[175] I Cor., XV, 7; Luc., XXIV, 50 y sig.; _Act._, I, 2 y sig. Ciertamente seria muy admisible que la vision de Betania referida por Lucas fuese semejante á la de la montaña de que nos habla Mat., XXVIII, 16 y sig. Sin embargo, á la vision de que hablaba Mateo no siguió la ascension. En el segundo final de Márcos, la vision de las instrucciones finales, seguida de la ascension, tuvo lugar en Jerusalem. Finalmente, Pablo presenta la vision de todos los apóstoles como distinta de la de los quinientos hermanos.
[176] Otras tradiciones aseguran que Jesús confirió este poder en visiones anteriores (Juan, XX, 23)
[177] Luc., XXIV, 23; _Act._, XXV, 19.
[178] _Act._, I, 11.
[179] I Cor., XV, 8.
[180] Mat., XXVIII, 20.
[181] Juan, III, 13; VI, 62; XVI, 7; XX, 17; Efes., IV, 10; I Petri, III, 22. Ni Mateo ni Juan dan el relato de la ascension. Pablo (I Cor., XV, 7-8), ni siquiera incluye semejante idea.
[182] Marc., XVI, 19; Luc., XXIV, 50-52; _Act._, 2-12; Justino, _Apol. I_, 50; _Ascension de Isaías_, version etíope, XI, 22; version latina (Venecia, 1522), _sub fin._
[183] Compárese el relato de la transfiguracion.
[184] Jos., _Antiq._, IV, VIII, 48.
[185] II Reg., II, 11 y sig.
[186] Luc., último capítulo del Evangelio y primero de las _Actas_.
[187] Luc., XXIV, 52.
[188] Mateo, XVIII, 20.
[189] _Act._, I, 15. La mayor parte de los «quinientos hermanos» se habian quedado en Galilea; por consiguiente, lo que dice _Act._, II, 41 es una exageracion ó por lo menos una anticipacion.
[190] Luc., XXIV, 53; _Act._, II, 46. Comp. Luc., II, 37; Hegesipo, en Eusebio, _Historia eclesiástica_, II, 23.
[191] Deuter., X, 18; I Tim., VI, 8.
[192] Léase la _Guerra de los judíos_ de Josefo.
[193] Juan, XX, 22.
[194] I Reg., XIX, 11-12.
[195] Esta obra parece haber sido escrita á principios del siglo II de nuestra era.
[196] _Ascension de Isaías_, VI, 6 y sig. (Version etíope).
[197] Mat., III, 11; Marc., I, 8; Luc., III, 16; _Act._, I, 5; XI, 16; XIX, 4; I Juan, V, 6 y sig.
[198] Compárese á Misson, en su _Le Théâtre sacré des Cévennes_ (Lóndres, 1707), pág. 103.
[199] _Revue des Deux Mondes_, setiembre de 1853, pág. 966 y sig.
[200] Jules Remy, _Voyage au pays des Mormons_, (París, 1860), libros II y III; por ejemplo, tomo I, pág. 259-260; tomo II, 470 y sig.
[201] Astié, _Le Réveil religieux des États-Unis_ (Lausanne, 1859).
[202] _Act._, II, 1-3; Justino, _Apol. I_, 50.
[203] La expresion _lengua de fuego_, significa simplemente, en hebreo, una llama (Isaías V, 24). Comp. Virgilio, _Æn._, II, 682-84.
[204] Jámblico (_De myst._, sect. III, cap. 6) expone toda la teoría de esas bajadas luminosas del Espíritu.
[205] Compárese Talmud de Babilonia, _Chagiga_, 14 _b_; Midrachim, _Schir hasschirin rabba_, fol. 10 _b_; _Ruth rabba_, fol. 42 _a_; _Koheleth rabba_, 87, _a_.
[206] Mat., III, 11; Luc., III, 16.
[207] Éxodo, IV, 10; comp. Jeremías, I, 6.
[208] Isaías, VI, 5 y sig; comp. Jeremías, I, 9.
[209] Luc., XI, 12; Juan, XIV, 26.
[210] _Act._, II, 5 y sig. Este es el sentido más probable, aunque tambien puede significar que cada predicador hablaba uno de los diferentes idiomas.
[211] _Act._, II, 4. Comp. I Cor., XII, 10, 28; XIV, 21-22. Para imaginaciones análogas véase Calmeil, _De la folie_, I, p. 9, 262; II, p. 357 y sig.
[212] Talmud de Jerusalem, _Sota_, 21 _b_.
[213] _Testamento de los doce patriarcas._, Judá, 25.
[214] _Act._, II, 4; X, 44 y sig. XI, 15; XIX, 6; I Cor., XII-XIV.
[215] Marc., XVI, 17. Debe recordarse que en el antiguo hebreo, como en todas las lenguas antiguas, (véase mi _Orig. du langage_, pág. 177 y sig.) las palabras «extranjero», «lengua extranjera», se derivaban de palabras que significaban «tartamudear», «balbucear», porque los pueblos sencillos tomaban siempre un idioma desconocido por un tartamudeo indistinto. Véase Isaías, XXVIII, 11; XXXIII, 19; I Cor., XIV, 21.
[216] I Cor., XIII, 1. (Véase la nota anterior).
[217] I Cor., XII, 28, 30; XIV, 2 y sig.
[218] I Sam., XIX, 23 y sig.
[219] Plutarco, _De Pythiæ oraculis_, 24. Véase tambien la prediccion de Casandra en el _Agamemnon_ de Esquilo.
[220] I Cor., XII, 3; XVI, 22; Rom., VIII, 15.
[221] Rom., VIII, 23, 26, 27.
[222] I Cor., XIII, 1; XIV, 7 y sig.
[223] Rom., VIII, 26-27.
[224] I Cor., XIV, 13, 14, 27 y sig.
[225] Jurieu, _Lettres pastorales_; tercer año, carta 3.ª; Misson, _Le Théâtre sacré des Cévennes_, p. 10, 14, 15, 18, 19, 22, 31, 32, 36, 37, 65, 66, 68, 70, 94, 104, 109, 126, 140; Brueys, _Histoire du fanatisme_ (Montpellier, 1709), I, páginas 145 y sig.; Fléchier, _Lettres choisies_ (Lyon 1734), I, pág. 353 y sig.
[226] Karl Hase, _Hist. de l’Église_, párrafo 439 y 458, 5; el periódico protestante _L’Espérance_, 1.º de abril de 1847.
[227] M. Hohl, _Bruchstücke aus dem Leben und den Schriften Ed. Irving’s_ (Saint-Gall, 1839), p. 145, 149 y sig.; Karl Hase, _Hist. de l’Église_, párrafo 458, 4.--Respecto á los Mormones, véase Remy, _Voyage_, I, pág. 176-177, nota; 259-260; II, pág. 55 y sig.--En cuanto á los convulsionarios de Saint-Médard, véase sobre todo Carré de Montgeron, _La Vérité des miracles_, etc. (París 1737-1741), II, p. 18, 19, 49, 54, 55, 63, 64, 80, etc.
[228] _Act._, II, 13, 15.
[229] Marc., III, 21 y sig; Juan, X, 20 y sig; XII, 27 y sig.
[230] _Act._, XIX, 6; I Cor., XIV, 3 y sig.
[231] _Act._, X, 46; I Cor., XIV, 15, 16, 26.
[232] Col., III, 16; Efes., V, 19 (Ψαλμοί, ὕμνοί, ᾠδαὶ πνευματικαί). Véase los primeros capítulos del Evangelio de Lucas. Compárese, en particular, Luc., I, 46 á _Act._, X, 46.
[233] I Cor., XIV, 15; Col., III, 16; Efes., V, 19.
[234] Jeremías, I, 6.
[235] Marc., XVI, 17.
[236] I Cor., XIV, 22. Πνεῦμα, en las epístolas de San Pablo, está usado muy á menudo como δύναμις. Los fenómenos espiritistas se consideran como δυνάμεις, es decir, milagros.
[237] Ireneo, _Adv. hær._, V, VI, 1; Tertuliano, _Adv. Marcion._, V, 8; _Constit. Apost._, VIII, 1.
[238] Luc., II, 37; II Cor., VI, 5; XI, 27.
[239] II Cor., VII, 10.
[240] _Act._, VIII, 26 y sig.; X entero; XVI, 6, 7, 9 y sig. Compárese Luc., II, 27, etc.
[241] _Act._, XX, 19, 31; Rom., VIII, 23, 26.
[242] _Act._, II, 42-47; IV, 32-37; V, 1-11; VI, 1 y sig.
[243] _Ibid._, II, 44, 46, 47.
[244] _Ibid._, II, 46; XX, 7, 11.
[245] No ha habido literatura alguna que haya referido con tanta frecuencia la palabra «_alegría_» como la del Nuevo Testamento. Véase I Tes., I, 6; V, 16; Rom., XIV, 17; XV, 13; Galat., V, 22; Philip., I, 25; III, 1; IV, 4; I Juan, I, 4, etc.
[246] _Act._, XII, 12.
[247] Véase _Vida de Jesús_, p. XXXIX y sig.
[248] _Ebionim_ significa «pobres.» Véase _Vida de Jesús_, p. 182-183.
[249] Recuérdese el año 1000. Todos los documentos encabezados con la fórmula: _adventante mundi vespera_, ú otras parecidas, son donaciones hechas á monasterios.
[250] Hodgson, en el _Journal Asiat. Soc. of Bengal_, t. V, p. 33 y sig. Eugène Burnouf, _Introd. à l’histoire du buddhisme indien_, I, p. 278 y sig.
[251] Luciano, _Muerte de Peregrino_, 13.
[252] Papiros de Turin, de Lóndres, de París, coleccionados por Brunet de Presle, _Mém. sur le Sérapéum de Memphis_ (París, 1852); Egger, _Mém. d’hist. anc. et de philologie_, p. 151 y sig. y en las _Notices et extraits_, t. XVIII, 2.ª parte, p. 264-359. Obsérvese que la vida eremítica cristiana tuvo su orígen en Egipto.
[253] _Act._, XI, 29-30; XXIV, 17; Galat., II, 10; Rom., XV, 26 y sig. I Cor., XVI, 1-4; II Cor., VIII y IX.
[254] _Act._, V, 1-11.
[255] _Ibid._, II, 46; V, 12.
[256] _Ibid._, III, 1.
[257] Jacobo, por ejemplo, fué toda su vida judío puro.
[258] _Act._, II, 47, IV, 33, V, 13, 26.
[259] _Ibid._, II, 46.
[260] I Cor., X, 16; Justino, _Apol. I_, 65-67.
[261] Συνδεῖπνα. Jos., _Antiq._, XIV, X, 8, 12.
[262] Luc., XXII, 19; I Cor., XI, 24 y sig.; Justino, _loc. cit_.
[263] En el año 57 la eucaristía era ya una institucion llena de abusos (I Cor., XI, 17 y sig.) y por lo tanto antigua.