Part 28
[2] Por _revelacion_ entiendo la voz de Dios comunicada por sí misma á los hombres. Dos son las luces que Dios ha dado al hombre: la una _natural_, la otra _sobrenatural_. Natural es la que exercita el entendimiento por sus propias fuerzas, con la qual adquiere las verdades de las Artes y Ciencias humanas: y esta misma es la que hemos manifestado en esta Lógica, mostrando los caminos por donde ha de andar para proceder con acierto. Luz sobrenatural es la que no pudiéndose alcanzar con las fuerzas propias del entendimiento, se logra por la voz de Dios, que se ha dignado hablar por sí mismo á los hombres para instruirlos en lo que concierne á su completa y verdadera felicidad. Las verdades de la luz natural en gran parte se hallan entre los Filósofos (bien que si se mira con cuidado es mucho mas lo que ignoran que lo que saben) que se han dedicado con el estudio á ilustrar el fondo que hay en la naturaleza. Las verdades sobrenaturales están incluidas en las Sagradas Escrituras, así del Viejo, como del Nuevo Testamento, y en las tradiciones de los Apóstoles propagadas hasta nosotros. La Iglesia Católica solamente es la fiel depositaria de las verdades reveladas; y las divinas Letras junto con las tradiciones Apostólicas no se han de recibir por otro conducto, estando hoy demostrado con tanta claridad como las proposiciones de la Geometría, que solo la Iglesia Católica es la verdadera Iglesia de Jesu-Christo, y que á ella sola pertenece manifestar las verdades sobrenaturales reveladas. Así como contra la buena Lógica hay sofistas, y embrolladores que la corrompen, lo mismo sucede en la Religion verdadera. Unos manteniendo el ser fundamental de ella, la vician y destruyen en sus partes. Así lo hacen los hereges, que, sin negar el adorable nombre de Jesu-Christo, no se conforman en algunos artículos con la Iglesia Católica, en quien este Divino Legislador depositó su doctrina. Otros, como quien corta el arbol por el tronco, ó le arranca de raiz, niegan de todo punto la Religion Christiana, porque niegan la Fe á las santas Escrituras y á las tradiciones Apostólicas. Los Socinianos, Ateistas, Deistas, Materialistas, Naturalistas, y otros sectarios de esta naturaleza, que hoy cunden mucho, pertenecen á esta clase. Los Padres antiguos, unos con escritos _polémicos_, otros con apologías rechazaron eficacísimamente esta casta de enemigos del nombre Christiano, puesto que ya entonces los habia como ahora, y no hacen los del tiempo presente otra cosa que renovar los errores envejecidos y olvidados; y siendo tanta la abundancia de escritos con que los Padres, y Doctores de la Iglesia han impugnado á toda suerte de sectarios, sería del caso que algun Teólogo, valiéndose de ellos, y adornando sus máxîmas con los atractivos del siglo presente, los publicase, para que viese todo el mundo que estos modernos quieren lucirse entre los incautos con pensamientos viejos, rechazados con invencibles argumentos. Los hombres son tales, que aun la doctrina mas sólida no la reciben si no les da gusto, y por eso conviene de tiempo en tiempo vestirla con los adornos del siglo, pues que de ellos solos gustan los que no aman la verdad por ella misma, sino por los atractivos con que anda vestida. El exemplo de SANTO THOMAS, que lo hizo así, puede ser norma á todo Teólogo.
[3] En nuestros tiempos no han faltado escritores excelentes que han demostrado las verdades de la Religion Christiana, probando la necesidad de la revelacion, y satisfaciendo plenamente los argumentos que contra ella proponen los Sectarios. PEDRO DANIEL HUECIO, Obispo de Avranches, BOSUET, Obispo de Meaux, BELARMINO, PETAVIO, NATAL ALEXANDRO, y algunos otros han ilustrado admirablemente este asunto. Entre nuestros Españoles hay muchos, y muy buenos que han tratado estas materias. Es singular por la doctrina, y por la fuerza de argumentos filosóficos, de que usa para defender la Fe Christiana de las impugnaciones de los sectarios, el tratado de nuestro LUIS VIVES _de Veritate fidei christianae_, dividido en cinco libros preciosísimos, pues en ellos comprehendió en la substancia quanto en este género han dicho los posteriores. ALFONSO DE CASTRO es otro Español, que con el motivo de tratar de las heregías, impugna toda suerte de errores, aun los de los sectarios presentes, que como he dicho son antiguos, con muy apreciables fundamentos. Estos dos Escritores se diferencian en el modo de escribir de esta manera. CASTRO convence su asunto con argumentos Teológico-Dogmáticos: VIVES, al paso que se vale de las Sagradas Escrituras, y doctrina de los Padres, se aprovecha tambien de la erudicion filosófica con una crisis exâctísima.
[4] Sentados estos presupuestos voy á mostrar por la Lógica la necesidad de la revelacion. Dos suertes de conocimientos tiene el hombre para alcanzar las cosas: uno por los sentidos: otro por la razon. Conocemos á Dios por los sentidos de esta manera: vemos que en todo lo corporeo que se presenta á ellos no hay cosa ninguna que exîsta por sí sin venir de otra, de modo que á la que de nuevo exîste llamamos _efecto_, y á aquella de donde este dimana, llamamos _causa_. De esta observacion sensible, perpetua é invariable, nace la verdad fundamental del juicio: _no hay efecto sin causa_, ó lo que es lo mismo, _todo efecto supone causa_. Como el _todo_ encierra todas sus partes, de manera que no es el _todo_ otra cosa que el conjunto de todas ellas, de ahí nace otra proposicion del juicio: _el mundo tiene su causa_, porque no es el mundo otra cosa que el conjunto de todas las partes que le componen. Como por los sentidos se alcanza que todo lo corporeo viene de causas corporeas, y el juicio no puede admitir ningun infinito, porque es superior, y opuesto á su capacidad; de aquí deduce muy bien, que no pudiendo ser infinita la serie de las causas corporeas, es preciso que la causa del mundo no sea corporea, y por consiguiente sea puro _espíritu_, puesto que se da este nombre á la substancia activa, que en su ser no contenga nada de material y corporeo. Los hombres de ahora nacen de otros hombres: los trigos de otros trigos: y así de las demas cosas naturales que se engendran y destruyen. Si un hombre no engendrase á otro, ó una semilla no produxese otra, se acabaría la propagacion. Subiendo, pues, de siglo en siglo hasta el origen, y viendo que nunca una cosa ha nacido de sí misma, es preciso llegar á la primera, la qual haya sido producida de otro Ser, y este es Dios, Hacedor de todas las cosas. Así llega el entendimiento por grados á conocer la causa del mundo y á su Criador; y así como en la produccion de las partes del Universo anda de causa en causa, buscando las que son origen de las partes que le componen, quando llega á la causa del mundo entero, descansa, y se para, como quien está satisfecho de haber encontrado el último término de sus conocimientos. Esta Causa del mundo, que le ha hecho de la nada, es la que llamaron los Griegos _Theos_, los Latinos _Deus_, nosotros _Dios_.
[5] Por la razon alcanzamos á Dios de esta manera. El entendimiento en todos sus conocimientos busca la verdad: ninguna verdad de este mundo, por muchas que recoja, le llega á satisfacer, porque queda siempre con deseos y ahinco de averiguar mas verdades. Esta inclinacion, que no puede saciarse en este mundo, le hace entender que hay una Verdad suprema, por la qual suspira, y con la qual sola se puede satisfacer. Esta Verdad es _Dios_. Conoce el hombre el bien, va en busca de él, y todos los bienes de este mundo no pueden llenar sus deseos: de aquí infiere que hay un Bien sumo distinto de este mundo, que en sí encierra todos los bienes, que á este se enderezan sus inclinaciones, y que en su posesion consiste su felicidad, pues que en ella consiste el poseer todos los bienes que apetece. Este sumo Bien es _Dios_. Tiene el hombre dentro de sí mismo las nociones de lo justo, é injusto, con estímulos de seguir lo justo, y con remordimientos y temores de algun daño, si sigue lo injusto. Como en este mundo halla mil estorbos para la justicia, naturalmente infiere que hay un Autor de la Justicia universal para llenar los deseos de lo justo, que el hombre tiene. El Autor de la Justicia universal es _Dios_. Por la recta razon conocen los hombres que lo justo es digno de premio, y así todos los justos lo solicitan: que lo injusto es digno de castigo: y los injustos, aunque se huyan y escondan, sienten interiormente remordimientos, que los acusan y convencen ser merecedores de pena. De aquí nace la obligacion que cada uno conoce tener á seguir lo justo; y no habiendo en este mundo premios, ni castigos suficientes, que sirvan á contentar al justo, y enmendar al injusto, deduce el entendimiento que ha de haber precisamente un Juez Supremo, dueño de todos los premios debidos á la justicia y dispensador de todas las penas que á la injusticia le corresponden, y este Juez es _Dios_. Hasta aquí camina el hombre con las luces naturales, y conoce á Dios, sin que en esto puedan tener excusa alguna los Ateistas; pues, ó han de negar su propio sér, ó han des confesar que todas estas verdades están dentro de sí mismos; y fomentadas por una buena Lógica toman mas vigor, y se radican con mas fundamento.
[6] Pero quán poco es todo esto si el hombre no estuviese ayudado de la revelacion! El entendimiento conoce la suprema Verdad, el sumo Bien, la soberana Justicia; mas deseando penetrar su sér íntimo, y sintiéndose movido á buscarle, amarle, y adorarle, le faltan para esto luces naturales, y lo suple todo cumplidamente con las reveladas. Así que decia el Apostol, que los Filósofos Gentiles conocieron á Dios; pero ni le reverenciaron, ni dieron gracias como era debido, porque se gobernaron solo por sus luces naturales, que no alcanzan á conocer íntimamente la Divinidad, ni á venerarla como corresponde á su grandeza. Hay que considerar cierta relacion ó respeto entre Dios y el hombre. Dios es causa, el hombre efecto: Dios es el sumo Bien, el hombre desea gozar este complemento de todos los bienes: Dios es la suprema Verdad, el hombre está en continuos deseos de alcanzarla: Dios es la soberana Justicia, el hombre se siente incitado á seguirla. Por la justicia es preciso que el hombre reciba de Dios las leyes por la verdad el conocimiento recto: por el bien su felicidad: por el poder de causa su sér y subsistencia.
[7] Es preciso, pues, que haya cierta relacion y respeto entre Dios y el hombre, de manera, que este ha de conseguir sus bien fundados deseos con la posesion de Dios, porque así poseerá todo lo que apetece; y Dios le dá al hombre el conocimiento que necesita para ir ácia él, y le mueve la voluntad; y como todos los conocimientos, que para estos fines se requieren, no puedan tenerse por la luz natural del entendimiento, ya porque esta no excede ciertos límites, ya tambien porque en saliendo de ellos para las demas averiguaciones que necesita, facilmente cae en el error, por eso es preciso que las luces naturales las fortalezca con las de la revelacion. Los estímulos con que se siente el hombre movido á buscar á Dios, si solo se gobernasen por la luz natural de la razon, le llevarian á Dios del modo que estas luces le llevan al amor de las criaturas; pero como sea preciso que el amor de Dios sea mas puro, mas perfecto, y como que no se endereza á cosa caduca, sino á la posesion de un bien inmenso, lo qual descubre con toda certeza la revelacion; por eso es esta precisa para ilustrar el entendimiento, y subministrarle las luces que le faltan.
[8] Alcanza el hombre por la razon bien gobernada algunas verdades en este mundo, que si bien se mira, demas de ser pocas, son imperfectas, porque sobre una misma materia le quedan innumerables que alcanzar. Estas luces, hechas á descubrir verdades mundanas, ¿cómo han de ser suficientes para percibir la Verdad soberana, perfectísima, complemento de todas las verdades, y sola capaz de dexar satisfecho el entendimiento? Esta misma eterna Verdad, comunicada á los hombres, es la que puede instruirlos con luces sobrenaturales de lo que ella es, y cómo ha de buscarse. Con las luces naturales conoce el hombre lo justo de este mundo, y los bienes que en él se hallan; pero para conocer la suma Justicia, sin mezcla de injusticia ninguna, y entender el Sumo Bien, sin que se pueda confundir con los bienes falsos y aparentes, es necesaria la luz de las verdades reveladas. En conclusion todos los conocimientos específicos del hombre para conocer á Dios como Criador, amarle como sumo Bien, seguirle como soberana Justicia, entenderle como Verdad suprema, adorarle como Dueño de todas las criaturas, y lleno de infinitas perfecciones, si se fían solo á la luz natural, son mundanos, imperfectos, con mezcla de sensibles, expuestos á las preocupaciones y toda suerte de errores, que hemos notado en esta Lógica; y así se ve que los sectarios que han querido fiarse de estas luces naturales, con una verdad han mezclado mil falsedades y desvíos.
[9] La revelacion unida con la razon es la que da reglas y máxîmas indefectibles, para que en este asunto gobierne el hombre sus conocimientos con acierto. Si llegásemos á entender, que en tierras muy distantes de las nuestras habia un Príncipe que tuviese virtudes muy superiores á las de otros, tesoros de inestimable valor comunicables á qualquiera que le buscase, y poseyese un Reyno felicísimo en todo para sus habitadores, nos vendrian deseos de vivir con él para ser poseedores de tantos bienes. Pero para ir á buscarle ¿nos fiaríamos de las luces comunes, capaces de ser inciertas, ó en sí mismas, ó por los conductos por donde nos venian? Cierto es que no; antes bien procuraríamos asegurarnos por relaciones firmes, comunicadas por medios ciertos, y que dimanasen de la misma voz del Príncipe, con la qual quedásemos asegurados de sus promesas. Quien haga reflexîon sobre la flaqueza del entendimiento humano, lo poco que se sabe, y lo mucho que se ignora, la facilidad con que caemos en el error: los extravíos á que venimos por los sentidos, por la imaginacion, por el ingenio, por los falsos raciocinios, por la precipitacion del juicio, por falta de método, cosas todas que cada uno de nosotros tiene cada dia ocasion de experimentar en sí mismo, será preciso que confiese, que las luces naturales del hombre no le subministran noticias bastante seguras, fieles y constantes para llevarle al supremo Príncipe de todo lo criado; para lo qual las noticias que él se ha dignado dar de sí mismo por medio de la revelacion, hacen la total certeza con que se ha de caminar á buscarle.
[10] Considerémos las miserias del hombre y el fin á que es criado. Por los sentidos comprehendemos, que no hay animal mas lleno de desdichas y trabajos. Nace desnudo entre la basura y la inmundicia: llora, gime, siente calor y frio, dolores é incomodidades acabado de nacer: si los padres no le cuidasen se moriria de hambre, porque por sí no se puede buscar el alimento. Al paso que va creciendo con la edad, va padeciendo innumerables enfermedades, continuos sobresaltos, incomodidades sin límites, de suerte que los bienes físicos que llega á gozar son pocos, los males innumerables, no debiéndose tener por feliz por la posesion de algunos bienes mundanos, sino por el apartamiento de muchos males. Mirando al hombre por la razon natural, y exâminando por ella su ánimo, hallamos, que como fin de todos sus conocimientos y deseos, busca su felicidad, su bien estar, su sosiego, su complacencia, y entero contentamiento. No hay ninguno, si quiere confesar lo que pasa dentro de sí mismo, que no conozca que no es criado para un mundo donde es imposible que logre el fin á que aspira. El nuevo estado donde el hombre ha de vivir sin temor á la muerte, gozando del sumo Bien por quien suspira, entendiendo la suprema Verdad que busca, poseyendo una justicia perfectísima, y logrando un contento y satisfaccion, puros, capaces de llenar sus bien fundados deseos, solo se alcanza por la revelacion, que nos descubre los inefables bienes y el complemento de todas las felicidades, que Dios tiene preparadas á los Justos en su Reyno. Los Filósofos Gentiles cultivaron mucho la razon natural: alcanzaron por ella algunas verdades concernientes á los usos de este mundo: conocian que esta habitacion de la tierra no llenaba el fin á que eran nacidos, y á que les empujaba su propia naturaleza. Pero qué errores no mezclaron con esto? Quien quiera que los lea en sí mismos, conocerá que son mas sin comparacion los desvaríos que los aciertos. Faltóles la luz divina de la revelacion, con la qual pudieran haber disipado todos sus errores y tinieblas.
[11] Hemos visto en el primer punto de este Discurso, que la razon alcanza un Sér infinito inmaterial, Hacedor de todas las cosas, Verdad eterna, Bien sumo, Justicia inefable, centro de nuestra felicidad, y complemento de todos los bienes: tambien hemos visto, que segun es la razon humana fragil, endeble, propensa al engaño, movible por las pasiones, arrebatada de los apetitos, obscurecida por la ignorancia, trastrocada por las preocupaciones, engañada de los sofismas, de los sentidos, de la imaginacion, del ingenio, y de otras mil maneras sujeta al error y á las equivocaciones, no es de suyo suficiente para conocer á Dios, amarle, adorarle, invocarle, como conviene á su ser, grandeza, y perfecciones, y como es necesario para, en virtud de sus promesas, poseerle y gozarle, y que para esto son necesarias las luces de la revelacion. Puesta esta necesidad, queremos mostrar, que la voz de Dios por la revelacion se halla en las Santas Escrituras del Viejo y Nuevo Testamento, contra los Sectarios modernos, que el primer paso que dan para establecer su impiedad es negar la Divinidad de las Sagradas Letras. En los Escritores Gentiles anteriores á la Ley de Gracia no se trata este punto, porque no tuvieron noticia de las Santas Escrituras, salvo PLATON, de quien se dice que tomó de ellas lo mejor de su Filosofía, de manera que NUMENIO le llama _Moses atticissans_, esto es, _Moyses en griego_.
[12] El Abad CALMET, que trató de propósito este punto, no adhiere al dictamen comun de los antiguos Escritores, que suponian haber tomado Platon las noticias de los libros de MOYSES, por haber tratado con los Judíos en Egipto. Mas esta controversia nada hace á nuestro asunto, puesto que solo intentamos manifestar, que los Filósofos Gentiles anteriores á Jesu-Christo no se metieron en estas averiguaciones. En los primeros siglos de la Iglesia sí que hubo muchos impugnadores, y contradictores de la Divinidad de las Escrituras Sagradas. Bien sabidos son los conatos de FAUSTO Maniqueo, á quien respondió S. AGUSTIN: las artes, la malignidad, la potencia de JULIANO el Apóstata, contra quien escribieron S. CIRILO ALEXADRINO, y S. GREGORIO NACIANCENO: los argumentos del Filósofo CELSO, á quien satisfizo ORIGENES. Las Apologías de S. JUSTINO, de TERTULIANO, MINUCIO FELIX, ARNOBIO, LACTANCIO, y otros antiguos Padres á favor de la Religion Christiana, son testimonios ciertos de las contradicciones que esta tuvo en su establecimiento, y por ellas se ve la oposicion que hacian algunos á la Divinidad de las Santas Escrituras. Estos errores envejecidos, desechados, olvidados, y envilecidos, se han renovado y se renuevan cada dia, y salen al público vestidos de nuevo á la moda del siglo, con agudezas, eloqüencia, versitos de Poetas Latinos, y pedacitos de erudicion halagüeña, para captar á los incautos en un tiempo en que son muchos los Filósofos, y muy poca la Filosofía. Los Socinianos, dando á la razon del hombre un imperio muy superior á sus fuerzas, volvieron á abrir el caminos, que desde la antigüedad estaba cerrado, exâgerando que no ha de haber otra norma que la de la razon, y que los Sacrosantos Misterios de la Religion Christiana han de desecharse por no poderlos alcanzar la razon humana, sin hacer caso ninguno de lo que en esto enseñan las Divinas Letras. Los Sectarios del tiempo presente se recalcan en lo mismo, y no pierden ocasion en sus escritos _varios_ para despreciar la revelacion.
[13] He dicho _varios_, porque hoy dominan una suerte de escritos donde se habla de todo sin probar nada, parecidos á aquellas ferias donde se proponen infinitos géneros de poco valor, todos confundidos entre sí, sin otro fin que el de embelesar á los compradores, incapaces de distinguir lo sólido de lo aparente, lo superficial de lo fundado, el oropel del oro. Piezas sueltas, pensamientos vagos, reflexîones volantes, mezclas de todas las cosas, discursillos de quanto hay en el mundo, hacen el caudal de estos Escritores. MIGUEL DE MONTAÑA, entre los Franceses, dió auge á esta costumbre de escribir á los principios del siglo pasado. Despues Mr. de S. EUREMONT, La BRUYERE, y otros muchos la han adoptado. Ultimamente la practican Mr. de VOLTAIRE, y ROSEAUX. El Autor del _Arte de pensar_ y el P. MALLEBRANCHE han mostrado los errores de MONTAGNE. No faltan ahora impugnadores sólidos de los sectarios presentes, que con esta casta de escritos persiguen la Religion. La desgracia es, que los libritos perniciosos se leen y se celebran; los de los contradictores ni aun noticia se tiene de ellos. Lo mismo sucede con los del tiempo pasado. S. AGUSTIN trató de propósito de la Divinidad de las Santas Escrituras en varias partes impugnando á Fausto, y de intento en los libros _de la Ciudad de Dios_, demostrando los desvaríos de los Filósofos Gentiles, y la verdad de las Divinas Letras, como dictadas de Dios. Cerca de nuestros tiempos trató BELARMINO este punto al principio de sus contraversias: despues NATAL ALEXANDRO en el tomo segundo de su Historia Eclesiástica. Son tan admirables y tan sólidas las pruebas con que estos Escritores muestran que las Sagradas Escrituras del Viejo y Nuevo Testamento son la voz de Dios, que se ha dignado revelar á los hombres lo que no podian estos alcanzar con sus luces, que no hay mas que desear. Mi intento aquí es no salir de la Lógica, y mostrar que, segun sus reglas, las Divinas Escrituras son reveladas por Dios, y que las contradicciones de los Sectarios modernos no se pueden componer con una Lógica atinada.