Part 22
[67] Ya se ve que muchos errores nacen de este contagio de la imaginacion, y son de mayor, ó menor entidad, segun su objeto. ¡Quántos infelizmente han bebido la heregía y la han sostenido hasta la muerte, por habérseles comunicado de los padres, ó de los Maestros! No hay mas que leer las historias de nuestros tiempos para tener de esto muchos lastimosos exemplares. Aun en otros asuntos es tan dañoso el contagio de la imaginacion, que suele atrasar mucho los buenos progresos de las Artes y Ciencias. Bien ve Ariston que algunas cosas nuevas de la Filosofía son mas comprehensibles que las que ha aprendido en las Escuelas; pero no se atreve á abandonar las máxîmas de sus Maestros. _O!_ dice Crisias, _yo oí á mi padre, que lo contaba muchas veces, que en casa salia un Duende, y así no hay duda que ha habido Duendes._ Cleóbulo dice: _Esto es cierto, yo se lo he oido contar muchas veces á mi abuela, y á fe que era una señora bien racional, que una noche voló una bruja, y paso el mar, y se fué á Nápoles, y luego volvió, &c._ A estos tales es difícil desengañarlos, porque se les pegó quando eran niños la errada imaginacion de sus padres, y abuelos.
[68] En último lugar coloco yo las imaginaciones _apasionadas_, y llamo así aquellas que van acompañadas de alguna vehemente, ó desordenada pasion. A la verdad nunca imagina el hombre cosa alguna, sin que alguna pasion acompañe sus percepciones, como ya hemos dicho muchas veces; pero suele en algunas ocasiones ser tan vehemente la pasion que acompaña á la fantasía en la percepcion de algun objeto, que juntas arrastran al juicio y ocasionan graves errores. A un niño se le amenaza con el Duende, ó porque no llore, ó por imprudente conducta de los que le educan. Excítasele la pasion del miedo, y se le imprime tan vivamente aquella especie, ó imagen, que despues nadie es capaz de desengañarle. Si ha de ir de noche á algun lugar, y se le ha dicho que sale una fantasma, cada sombra, cada ruido, cada mata le parece que lo es, y que ha de tragarle, cosa que dura aun en los adultos, si no regulan el juicio, y con él moderan la pasion del miedo: las visiones y apariciones de Almas, de Duendes y Fantasmas no son otra cosa que apariencias de la fantasía alterada con la pasion del miedo, del espanto, ú otras pasiones, á quienes se junta las mas veces la enfermedad, y siempre la ignorancia. Si semejantes cosas se presentaran por sí solas al alma, no harian grande impresion; pero como van juntas con el miedo, con dificultad se borran; porque se ha de saber, que el miedo no es otra cosa que un movimiento que se excita en el hombre, con el qual se aparta de algun objeto que considera como dañoso, como que puede causarle algun gran mal. A los niños se les hace creer que la fantasma ha de tragarlos, ó que ha de hacerles algun otro daño, y por esto en presentándoseles semejante objeto, temen, esto es, se excita un movimiento para apartarle. Todo esto dexa raices y impresiones muy hondas: de suerte que muchas veces suele el juicio dexarse llevar de ellas, y cae en el error.
[69] Lo mismo sucede quando á la fantasía se allega alguna otra pasion. Ama Narciso extraordinariamente á Lucinda, y tiene la imagen de esta tan viva en la imaginacion, que en ninguna otra cosa piensa. Como el amor es aquel movimiento con que queremos un objeto, que, ó realmente es, ó á lo menos nos parece bueno y agradable; por esto no hay perfeccion, ni bondad que no tenga Lucinda, segun el juicio de Narciso. De suerte, que en siendo semejante pasion desordenada, suele pervertir de mil maneras al juicio; y nada es mas comun en las historias, que exemplos de hombres perdidos por el amor. Aun el cariño y aficion con que tratamos á los hijos, á los amigos y bienhechores, hace tal impresion en nosotros, que de ordinario suele el juicio gobernarse mas por la pasion, que por la verdad[a].
[Nota a: _Omnes quorum in alterius manu vita posita est saepè illud cogitant, quid possit is, cujus in ditione ac potestate sunt quam quid debeat facere._ Cicer _pro P. Quinct._]
[70] El deseo de una cosa de tal suerte muda la fantasía, y altera al juicio, que si es muy vehemente nos hace errar. Cuenta MURATORI[a], que conoció á un Religioso venerable por su virtud y literatura, el qual deseaba con sumo ardor el Capelo. Este deseo le gastó la fantasía de manera, que ninguna otra cosa imaginaba con mayor vehemencia. La imaginacion de este objeto, junta con el deseo de poseerle, de tal modo trastrocaron al juicio, que llegó á creer que era Cardenal, y se enfadaba de que no se le diese el tratamiento correspondiente á esta dignidad. En todo lo demas hablaba racionalmente; pero en esto nunca, ni hubo fuerzas para apartarle de su error. No hay cosa mas facil que conocer lo que puede la fantasía dominada de alguna vehemente pasion, y pudiera poner exemplos innumerables, discurriendo sobre cada una de las pasiones, porque el teatro del mundo ofrece cada dia con abundancia; pero no lo permite la brevedad de este escrito, y con los exemplos propuestos pueden los lectores atentos conocer semejantes cosas.
[Nota a: Murat. _de la Filos. Mor. c. 6. p. 70._]
[71] Para evitar todos estos errores se ha de saber, que la imaginacion solamente los ocasiona, y caemos en ellos, porque _libremente_ dexamos que el juicio se gobierne por la imaginacion. De suerte, que quando decimos en esta obrilla, que la fantasía _arrastra, pervierte, corrompe_ al juicio, entendemos solamente la grande influencia que tiene la imaginativa en nuestras operaciones; bien que siempre suponemos, como varias veces hemos dicho, que el juicio _libremente_ asiente, ó disiente á las cosas que se presentan á los sentidos, ó se imprimen en la imaginacion. Será bien, pues, que cada qual exercite el juicio, y que se haga á distinguir lo que toca á la fantasía, y lo que pertenece á la razon; y para fortalecer el juicio será conveniente pensar, que nada ha de gobernarle sino lo bueno, lo verdadero, y lo util, y que moderando las pasiones, y refrenando el vigor de la fantasía, tiene lugar el juicio para exâminar mejor las cosas. La Filosofía Moral aprovecha mucho para lo que toca á las pasiones. Quisiera yo que todos tuvieran presente la famosa máxîma de Epícteto, célebre Estoico: _Sustine, & abstine_, es á saber, _sufre_ y _abstente_. Y por lo que toca á las Artes y Ciencias, quisiera tambien que se tuvieran presentes los errores que se notan en este breve escrito, para que conociéndolos, sea mas facil evitarlos.
CAPITULO V.
_De los errores que ocasionan el ingenio y memoria._
[72] Ya hemos explicado en el primer libro, que hay en el hombre una potencia de combinar las nociones simples y compuestas, á la qual hemos llamado _ingenio_, y de quien es propio combinar las cosas de mil maneras diferentes. Ahora mostrarémos de quántas maneras caemos en el error por ser ingeniosos. El ingenio de dos modos suele ocasionar el error, es á saber, ó por muy grande, ó por pequeño. Quando el entendimiento percibe las cosas sin penetrar las circunstancias que las acompañan, ó sus maneras de ser, ó sus propiedades inseparables; ó por decirlo en una palabra, no penetra mas que la corteza de las cosas, sin alcanzar el fondo, se siguen mil errores y engaños, porque el juicio no puede ser atinado con tan poca noticia como subministra el ingenio; y por eso los que son naturalmente de poca comprehension sin hacer combinaciones copiosas, y los que no aguzan el ingenio, ó con la buena crianza, ó con el trato civil, ó con el exercicio de las Artes y Ciencias, son rudos y desatinados, porque juzgan de las cosas sin haber penetrado en todos los senos de ellas. Por esto la gente vulgar en sus juicios no suele pasar de la superficie de las cosas. Los grandes ingenios si no los acompaña un buen juicio, suelen caer en errores de mayor consideracion que los pequeños. Algunos Hereges han sido muy ingeniosos, pero la falta de juicio los ha hecho errar neciamente. Y de ordinario quando un herege tiene ingenio penetrante, es mas obstinado, y sus errores son mas disimulados, porque el ingenio con la abundancia de combinaciones los encubre, los adorna, y los representa con otros colores que los que les corresponden. Por esta razon tanto mayor ha de ser la cautela con que se han de leer los libros de los Hereges, quanto estos son mas ingeniosos.
[73] A veces los errores que ocasiona el ingenio son solamente filosóficos. CARTESIO tuvo un ingenio singular, y el juicio no fué igual al ingenio. Quando dexaba correr libremente el ingenio, solia escribir cosas, que mas parecian sueños que realidades, porque era fecundísimo en combinar: tales son muchísimas de las que propone en los _principios filosóficos_. De CARAMUEL dice MURATORI, que mostró un ingenio grande en las cosas pequeñas, y pequeño en las grandes. RAYMUNDO LULIO tuvo buen ingenio, y muy poco juicio. Su Filosofía no es á propósito sino para exercitar la charlatanería, y con ella ninguno sabrá mas que ciertas razones generales, sin descender jamas al caso particular. Todo su estudio consistia en reducir las cosas, qualesquiera que sean, á lugares comunes, á sugetos y predicados generales, que puedan convenirles, y de este modo habla un Lulista eternamente, y sin hallar fin; pero con una frialdad, y con razones tan vagas, que apenas llegan á la superficie, y á lo mas comun de las cosas. En efecto un Lulista podrá amplificar un asunto mientras le pareciere; pero despues de haber hablado una hora, nada util ha dicho. Redúcese, pues, á ingenio todo el arte de Lulio; pero el juicio no halla de que poderse aprovechar. Este mismo concepto hacen de Lulio muy grandes Escritores, y en especial GASENDO, y MURATORI; pero si á alguno de mis Lectores le parece áspera la censura, ruego que vea las Obras de Lulio, y que medite sobre lo que llevo dicho, que creo se convencerá.
[74] En las escuelas se tratan muchas qüestiones en que se aguza el ingenio, y no se perficiona el juicio. La gran qüestion de la _transcendencia del ente_, la del _ente de razon_, la del _objeto formal de la Lógica_, la de la _distincion escótica_, y otras semejantes, son puramente ingeniosas, interminables y vanísimas. El juicio nada tiene que hacer en ellas, porque no hay esperanza de hallar la verdad, y una vez hallada, aprovecharia muy poco. Yo nunca alabaré que se haga perder el tiempo á la juventud, entreteniéndola en tales averiguaciones, que aunque son ingeniosas, pero son inútiles. Convengo yo en que alguna vez á los jóvenes se han de proponer qüestiones con que exerciten el ingenio; pero si esto puede hacerse de modo que se aguce el ingenio, y se perficione el juicio, será mucho mejor; y no hay duda que puede entretenerse la juventud en algunas disputas en que se consigan ambas cosas. El P. MABILLON fué varon docto y juicioso, y en sus _Estudios Monásticos_ aconseja, que se eviten semejantes qüestiones, porque no solamente son inútiles, sino que obscurecen la verdad. Y es de notar, que el habituar los jóvenes á estas qüestiones suele ocasionar algun daño: porque los hace demasiadamente especulativos, y á veces tan tercos, que el hábito que contrahen en ellas, le conservan en otros asuntos; y como el amor propio no cesa de incitarlos á su elevacion, por eso nunca se rinden, antes estas qüestiones especulativas los hacen vanos y porfiados. Demas de esto siempre he juzgado que el tiempo es alhaja muy preciosa, y que siendo tanto lo que sólidamente puede aprenderse, es cosa ridícula emplearlo en cosas vanas, en que resplandece el ingenio, y no el provecho[a], ni la enseñanza. Algunos suelen celebrar con alabanzas extraordinarias la carroza de marfil que hizo Mirmecidas con quatro caballos y el gobernador de ellos, tan pequeña, que la cubrian las alas de una mosca; las hormigas de Calicrates, cuyos miembros no distinguian sino, los de perspicacísima vista, y otras cosas maravillosas por su pequeñez[b]. Mas yo acostumbro medir las alabanzas de estas cosas por el provecho que puede sacarse de ellas; y así me parece muy fundado en razon lo que dice ELIANO hablando de esto, es á saber, que ningun hombre sabio puede alabar tales obras, porque no aprovechan para otra cosa, que para hacer perder vanamente el tiempo[c]. Es verdad que en ellas resplandece la destreza, y ingenio del Artífice; pero yo nunca alabo solamente á un hombre por su ingenio, por grande que sea, sino por su juicio.
[Nota a: _Nisi utile est quod facimus, stulta est gloria_. Phedr. _lib. 3 fabul. 17._]
[Nota b: Feyjoó _t. 7. disc. I. p. 1. 2. &c._]
[Nota c: _Non aliud reverà sunt, quàm vana temporis jactura._ Aelian. _lib. I. Var. hist. cap. 17._]
[75] Por lo general ninguno hace mayor ostentacion del ingenio, y con menos provecho que los Poetas, en especial los de estos tiempos. CICERON observó muy bien, que no hay ningun Poeta á quien no parezcan sus poesías mejores que qualesquiera otras; y si hubiera vivido en nuestros tiempos, hubiera confirmado con la experiencia la verdad de su observacion. A los Poetas se les debe la gloria de haber sido los primeros que trataron las Ciencias con método. Pero ya en lo antiguo sucedia lo mismo que ahora, pues en aquel tiempo habia muy pocos Poetas buenos[a], y muchos malísimos. Piensan algunos, que para ser buen Poeta no es menester mas que hacer versos, y darles cadencia; y la mayor parte de los que juzgan, solamente se contentan del sonido y tal qual agudeza de ingenio. Y se ha de tener por cierto, que para ser buen Poeta es menester ser buen Filósofo. No entiendo por Filósofo al que sabe la Filosofía en el modo que se enseña en las Escuelas, sino al que sabe razonar con fundamento en todos los asuntos que pueden tocar á la Filosofía. Así será necesario que el Poeta sepa bien la Filosofía Moral, y sin ella nada puede hacer que sea loable, porque no habrá excitar los afectos, ni animar las pasiones, que es una de las cosas principales de la Poesía. Muchos de nuestros Poetas, y algunos de los antiguos supieron muy bien excitar al amor profano; pero en esto mostraron su poco juicio, porque nunca puede ser juicioso el Poeta que excite los afectos para seguir el vicio, antes debe ser su instituto animar á la virtud; y no hay que dudar, que si los Poetas supieran hacerlo, tal vez lo conseguirian mejor que algunos Oradores, porque los hombres se inclinan mas á lo bueno, si se les propone con deleyte, y esto hace la Poesía halagando el oido. Ha de saber el Poeta la Política, la Económica, la Historia sagrada y profana. Ha de saber evitar la frialdad en las agudezas: ha de ser entendido en las lenguas: ha de saber las reglas de la Fábula y de la invencion. Ha de conocer la fuerza de las Figuras, y en especial de las Traslaciones. Ha de hablar con pureza y sin afectacion: y en fin ha de tener presentes las máxîmas que propone ARISTÓTELES en su _Poética_, y saber poner en práctica los preceptos que han usado los mejores Poetas. Pero hoy vemos que todo el arte se reduce á equívocos frios, á frases, afectadas, á pensamientos ingeniosos, sin enseñanza ni doctrina; y aun hay Poetas celebrados, que no observan ninguna de las reglas que propone HORACIO en su _Arte Poética_, y no adquieren el nombre sino por la poca advertencia de los que lo juzgan, y porque ellos mismos dicen que son excelentes Poetas[b]. Descendiera en esto mas á lo particular, si no temiera conciliarme la enemistad de muchos alabadores de los Poetas recientes.
[Nota a: _Verè mihi hoc videor esse dicturus, ex omnibus iis, qui in harum artium studiis liberalissimis sint doctrinisque versati, minimam copiam Poetarum egregiorum extitisse._ Cic. _de Orat. lib. I. pag. 255._]
[Nota b: _Nunc satis est dixisse: Ego mira poemata pango_. Hor. _Art. Poet. v. 416_.]
[76] Siendo, pues, cierto, que el juicio ha de gobernar al ingenio para que este aproveche, será necesario saber, que los que profesan las Artes y Ciencias no deben tener otro fin, que aprender, ó enseñar la verdad y el bien, y que toda la fuerza del ingenio ha de ponerse en descubrir estas cosas, y esclarecerlas para evitar el error y la ignorancia. Bien puede el ingenio buscar á veces lo deleytable, pero ha de ser con las reglas que prescribe el juicio, y haciéndolo servir solamente para que con mayor facilidad se alcance lo verdadero, y se abrace lo bueno. Segun estos principios, han de desecharse todas las obras de ingenio que deleytan y no enseñan, y que ponen toda su fuerza en agudeza superficial, que no dura sino el tiempo que se leen, ú oyen[a].
[Nota a: _Nihil est infelicius, quàm in eo in quo minimum proficias, plurimum laborare_. Menk. _Charl. p. 224._]
[77] La memoria si no está junta con buen juicio es de poca estimacion, porque importa poco saber muchas cosas si no se sabe hacer buen uso de ellas. El vulgo está engañadísimo creyendo que son grandes hombres los que tienen gran memoria: y de ordinario para significar la excelente sabiduría de alguno, dice que tiene una memoria felicísima. A la verdad quando á un juicio recto se junta una memoria grande, puede ser muy util, y creo yo que necesita el juicio del socorro de la memoria para valerse de las especies que tiene reservadas; pero no hay que dudar, que por sí sola merece poca estimacion. Admirablemente dixo SAAVEDRA en su República Literaria: _Muchos buscaban el eléboro, y la nacardina para hacerse memoriosos, con evidente peligro del juicio; poco me pareció que tenian los que le aventuraban por la memoria, porque si bien es depósito de las Ciencias, tambien lo es de los males; y fuera felíz el hombre, si como está en su mano el acordarse, estuviera tambien el olvidarse_[a]. La memoria deposita las noticias y retiene las imágenes de los objetos; así se hallan en ella todas las cosas indiferentemente, y es necesario el juicio recto para colocarlas en sus lugares. Es la memoria como una feria donde están expuestas mercancías de todos géneros, unas buenas, otras malas; unas enteras, otras podridas; pero el juicio es el comprador, que escoge solamente las que merecen estimacion, y hace de ellas el uso que corresponde, y desecha las demas. Es verdad que si no hay abundancia y riqueza, poco tendrá que escoger. Algunos leen buenos libros, estudian mucho, y no pueden hablar quando se ofrece, porque la memoria no les presenta con prontitud las nociones de las cosas. Estos por lo ordinario se explican mejor por escrito, que de palabra. Muchos han inventado diversas Artes para facilitar la memoria, y se aprovechan de ciertas señales, para que excitándose en la fantasía, se renueven los vestigios de otras con quien tienen conexîon. Pero la experiencia ha mostrado el poco fruto de semejantes invenciones; y sabemos ciertamente, que nada aumenta tanto la memoria como el estudio continuado; y es natural, porque la continua aplicacion á las letras la exercita, con lo que contrae hábito y facilidad de retener las nociones, que es su propia incumbencia. Lo que algunos dicen de la anacardina es fábula y hablilla que se ha quedado de los Árabes, gente crédula y supersticiosa.
[Nota a: _Rep. Lit. p. 3. edic. de Alcalá 1670._]
[78] Resta ahora explicar los desórdenes que acompañan á una gran memoria quando está junta con poco juicio, y mostrar quán poco estimables son los Autores en quien resplandece solamente aquella potencia. Cleóbulo está continuamente leyendo, en todo el dia hace otra cosa, tiene una memoria admirable. ¿Quién no pensará con estas buenas circunstancias, que Cleóbulo ha de dar al público alguna obra estimable? Luego vemos que nos sale con una Floresta, ó Jardin, ó Ramillete de varias flores, y acercándose, y mirándole de cerca, no hay en su jardin sino adelfa y vedegambre. Hay algunos que no están contentos si no hacen participantes á los demas de lo que ellos saben, y como todo su estudio ha sido de memoria, no se halla en sus escritos sino un amontonamiento de noticias vulgares, ó falsas; y si bien se repara, en semejantes libros no hay mas que molestas repeticiones de una misma cosa. Yo confieso, que apenas hay Autor que no se aproveche de lo que otro ha escrito; pero los que son buenos añaden de lo suyo, ó á lo menos dan novedad, y método á lo ageno[a]; mas esto no saben hacerlo sino aquellos que á la memoria añaden buen juicio[b]. Otros quieren parecer sabios, teniendo en la memoria buena copia de Autores, y los nombran y citan para mostrar su estudio. Pero el haber visto muchos libros no hace mas sabios á los hombres, sino haberlos leido con método, y tener juicio para conocer y discernir lo bueno que hay en ellos, de lo malo. No saben estos mas, que los niños, á quien se hace aprender de memoria una serie de cosas, que la dicen sin saber lo que contiene, ni para qué aprovecha. No hay cosa mas facil que citar una docena de Autores sobre qualquier asunto, porque para esto están á mano las Polianteas, los Diccionarios, las Miscelaneas, los Teatros, y otros semejantes libros, en que está acinada la erudicion sin arte, sin método, y sin juicio. Dixo muy bien el P. FEYJOÓ, que el Teatro de la vida humana, y las Polianteas son fuentes donde pueden beber la erudicion, no solo los racionales, sino las bestias[c]. Bien pudieran entrar en este número muchos Diccionarios y Bibliotecas. Con todo, este es el siglo de los Diccionarios, y muchos de los que hoy se llaman sabios no estudian otra cosa que lo que leen en los innumerables Diccionarios, de que estamos inundados. La mejor parte de tales libros, aunque son de la moda, se escriben sin exâctitud, y todos sin los principios fundamentales de lo que tratan. Por esto, los que solo saben por ellos, son entendimientos que se satisfacen de la memoria, sin exercitar el ingenio ni el juicio; siendo cierto, que semejantes libros solo pueden aprovechar en tal qual ocasion á los hombres de mucha letura y de atinado juicio, ó para tener á mano una especie, ó para volver á la memoria alguna cosa que se habia olvidado.
[Nota a: _Res ardua, vetustis novitatem dare, novis auctoritatem, obsoletis nitorem, obscuris lucem, fastiditis gratiam, dubiis fidem, omnibus verò naturam, & naturae suae omnia_. Plin. _Hist Nat. lib. 1. p. 3. n. 25. tom. 1._]
[Nota b: _Mandare quemquam literis cogitationes suas, qui eas nec disponere, nec illustrare sciat, nec delectatione aliqua allicere lectorem, hominis est intemperanter abutentis, & otio, & literis._ Cic. _Q. Tusc. lib. 1. cap. 5._]
[Nota c: Feyjoó _Theat. Crit. disc. 8. §. 7. n. 31. p. 192. tom. 2._]