Logica

Part 15

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[49] En los tiempos antiguos, sin estas Sumas oían los Doctores Eclesiásticos las dudas de los Fieles sobre su modo de obrar, y las resolvian por estas máxîmas; y si no alcanzaban á hacerlo en casos muy graves, consultaban los Obispos, los quales, segun la doctrina de la Iglesia, cuya custodia les está encargada, quitaban las dificultades. Para dirigir el juicio con acierto en las opiniones conviene distinguir las cosas de hecho y las de doctrina. Llamamos cosas _de hecho_ las que son, han sido, ó han de ser, así en lo Físico, como en lo Moral, de manera, que lo que se busca en ellas es, si exîsten, han exîstido, ó han de exîstir. Cosas de _doctrina_ son las averiguaciones que hace el entendimiento de la esencia, causas, atributos, &c. de las cosas de hecho. Quando las cosas de hecho son puramente físicas, los principios fixos que hay para juzgar de ellas son las noticias que dan los sentidos y la experiencia que dimana de ellos. Lo que no pueda reducirse á estos principios es incierto, y por mucho que se quiera fundar, pára en opinion, debiendo poner cuidado en no asegurar lo que no puede reducirse á los principios primeros. Los antiguos en esto fueron mas cautos que algunos modernos. Observaban muchas obras de la naturaleza, cuyas causas y modos de obrar eran ocultos por no presentarse á los sentidos, como la generacion de los metales, las virtudes de los venenos, las simpatías, los periodos de las tercianas, y otras semejantes, el origen, aumento y carrera de la vida de los animales y de las plantas, y otras muchísimas cosas que están sumergidas en lo mas profundo del pozo de Demócrito, y se contentaban con ver los efectos que se observaban con los sentidos, y lo demas decian que venía de una _virtud y qualidad oculta_. Los modernos han vituperado esta explicacion, como que la qualidad oculta es asilo de la ignorancia; pero si se vé lo que han adelantado en estas cosas, se hallará que no son mas que razonamientos sistemáticos, que cada cincuenta años se mudan, porque por muy especiosos que sean, con el tiempo se conoce su poca, ó ninguna subsistencia. El que está instruido en la Historia Filosófica sabe que esto es verdad. ¿No fuera mejor confesar la ignorancia de una cosa que hasta ahora no se ha podido alcanzar, que engañar con arrogantes y vanos discursos á los incautos? Una de las cosas en que se conocen los grandes talentos es la confesion ingénua de lo que ignoran, y el cuidado que ponen en no afirmar lo que todavía no está descubierto. Si los asuntos sobre que recaen las opiniones viniesen solos, no fuera tan difícil averiguar su conformidad con los primeros principios; mas viniendo juntos con muchos adherentes inseparables, son tambien muchos los principios á que se ha de atender para juzgar con acierto. ¿Dúdase si deberá ayunar una muger preñada? Aquí se juntan las obligaciones del ayuno, y las de mantener el feto. Si las leyes del ayuno le prescriben la abstinencia de ciertos manjares, y las limitaciones de usarlos, las de la conservacion propia y del feto le dictan que use de los mantenimientos que por su calidad y cantidad sean á propósito para sustentarse á sí, y á lo que lleva en sus entrañas. En esta combinacion de leyes, que son los principios por donde se ha de resolver la qüestion, es preciso atender á las mas urgentes y necesarias por la máxîma primitiva _de acudir á lo mas preciso sin despreciar lo demas quando hay lugar_; y siendo mas necesaria la conservacion propia, y la del feto, que la mortificacion que se intenta con el ayuno, prefiere el entendimiento las leyes naturales á las Eclesiásticas, y resuelve que la muger preñada no está obligada al ayuno. Si una madre criando á su propio hijo padece mucha quiebra en la salud, ó está en peligro de padecerla, ¿se duda si ha de continuar? Por una parte está el amor natural de los padres, y la ley que dicta la obligacion de sustentar á sus hijos: por otra está la ley de la caridad que ha de empezar por uno mismo. El hijo ya nacido es próximo, bien que en esta linea es el mas inmediato y mas cercano; el que está en el vientre de la madre es como parte de ella. Los mismos principios que exîmen á la muger preñada del ayuno, exîmen tambien á la que ha parido de criar á su hijo, quando hay daño manifiesto en su propia conservacion. A este modo han de reducirse todas las dudas á sus principios; y por el enlace que tienen las cosas y los negocios conviene instruirse en las máxîmas fundamentales de la razon y de las Artes; y quando esto no pueda hacerse asociar á sí perítos ingenuos, que con candor muestran las conexîones de las cosas con los fundamentos de la razon en cada materia. Así que el Letrado, que no sabe mas que las leyes, no puede resolver por sí solo con acierto los casos que llevan adherentes de Física, Medicina, Política, Agricultura y otras Artes. Lo mismo ha de entenderse del Teólogo y Canonista, debiendo todos aplicar sus luces á lo que entienden, y valerse de otros en lo que necesiten, que esto y mucho mas merece la verdad y los beneficios que han de esperarse de ella.

[50] Los afectos del ánimo, que inseparablemente acompañan á las opiniones, estorban el buen uso de ellas. El amor propio, que incita al hombre á no reconocer superior, le hace creer que lo que piensa es lo mejor y mas acertado: cada uno sostiene sus opiniones como verdades fundamentales, y no da oidos á ninguno que piense de otra manera. Como aborrecemos todo lo que nos es contrario, de ahí nacen los odios y enemistades entre los de opiniones opuestas, y de estos las injurias, venganzas, y otros males gravísimos que cada dia tenemos á la vista en los profesores de todas las Facultades. La razon dicta, que nadie se tenga por Juez y árbitro de la verdad en cosas opinables, que nos oygamos, pesando las razones de cada uno recíprocamente, que abracemos la verdad, aunque venga de nuestro mayor enemigo, que el que tiene mas luces, se compadezca del que no las tiene, y que nunca hagamos guerra de la voluntad, lo que solo es oposicion del entendimiento. Como el extinguirse las contiendas de cosas que importan poco entre los profesores de Teología, es necesario para que reyne la paz, y la verdad no padezca detrimento, quiero poner lo que el Emperador CONSTANTINO aconsejaba á los que turbaban la Iglesia con qüestiones voluntarias, vanas é importunas, contrarias á la edificacion de los Fieles: "Las qüestiones que ninguna ley ni regla Eclesiástica prescribe con obligacion, antes dimanan de vanas altercaciones, aunque no se propongan sino con el fin de exercitar el ingenio, deben contenerse en lo interior de la mente, y no sacarlas á la vista del Pueblo, ni fiarlas inconsideradamente á los oidos del vulgo.... Ni es conveniente que por vuestras contiendas imprudentes sobre cosas de tan poco momento se lleve el Pueblo á disension.... Si los Filósofos, aunque por la doctrina que cada uno de ellos sostiene estén discordes, con todo están unidos por la profesion con que mutuamente conspiran, no será mucho mas razonable que los que somos siervos de Dios Todo poderoso estemos unidos, conformando nuestros ánimos por el instituto de la Religion que profesamos? Pensemos con mas cuidado: si será del caso que los hermanos riñan con los hermanos por una liviana y inutil contienda de palabras, y que la paz se quebrante con impía disension por vosotros que altercais por cosas tan pequeñas, y en manera ninguna necesarias? Son estos procedimientos populares y mas propios de la ignorancia de los niños que de la sabiduría de los Sacerdotes y hombres prudentes ... y siendo entre vosotros una misma la fe y una misma la creencia de Religion: obligándonos el precepto de la ley á tener conformes las voluntades, esto que ha movido entre vosotros la contienda, puesto que no pertenece al principal fundamento de la Religion, no hay motivo para que mantenga entre vosotros la discordia y la sedicion. No digo esto para obligaros á que seais en todo de un mismo parecer, porque ni queremos todos una misma cosa, ni pensamos de una misma manera; pero debe mantenerse entre todos la union y la paz, aunque haya disension en cosas de poco momento[a]."

[Nota a: Eusebius _de Vita Constantini, lib. 2. capit. 69. tom. 1. pagin. 391. edicion de Amsterdam, año de 1695._]

[51] Para el remedio que debe aplicarse, segun buena Lógica, á fin de llevar el entendimiento, en quanto sea posible, á la demostracion, y no entregarse á las opiniones, ademas de las máxîmas que hemos propuesto antes, será conveniente, que en qualquiera qüestion que se haya de tratar, se mire primero si hay principios y verdades fundamentales para resolverla, y si los hay, todo el cuidado se ha de poner en hallar la conformidad de lo que se busca con los principios, haciéndolo de raciocinio en raciocinio, como hemos explicado, tratando de las demostraciones: si no hay principios, ó no se han descubierto hasta ahora, es en vano buscar la certeza, y conviene entonces suspender el juicio y no dar asenso á lo que se concibe. Si las cosas donde no hay principios para resolverlas son puramente teóricas, es perder el tiempo meterlas en disputa, como son muchas qüestiones de la Teología, Metafísica, Física, y otras Artes: si son prácticas, de manera que sea menester proceder á la obra, entonces se ha de solicitar la mayor verosimilitud, que se consigue buscando para nuestra conducta la conexîon que nuestro dictamen pueda tener con verdades ya conocidas, ayudándonos para esto de la semejanza, correspondencia de acciones, tiempos, &c. De esta manera se procede por lo comun en la Política, y alguna vez en la Moral. Quando hay principios y verdades fundamentales, que se ignoran por falta de estudio y aplicacion, ó no se descubren por negligencia, son claros los remedios que se han de aplicar, pues consisten en trabajar contra la ignorancia, dexar la pereza, y aplicar todo el cuidado en descubrir la conexîon que tiene con las verdades fundamentales aquello que se quiere saber. Si los principios son fingidos como en los sistemáticos, el remedio es un absoluto desprecio de todas sus opiniones. En este importante asunto de gobernar el entendimiento en las cosas opinables, conviene mas que nunca tener presente el consejo del Apostol: _Omnia probate, quod bonum est tenete_.

CAPITULO XVI.

_De la Crítica._

[52] Entre los Filósofos antiguos hubo algunos que dixeron que el entendimiento humano no alcanza verdad alguna, y que en todas las cosas no ve mas que apariencias, y sombras, por donde dudaban de todo y no se daban por seguros de nada. Llamáronse Scépticos de la voz griega [Griego: _Skephis_] _scepsis_, que quiere decir _consideracion_, como que toda su Filosofía se empleaba en considerar y atender las cosas, sin afirmar, ni negar nada de ellas. Por el presente basta esta noticia, porque el tratar los varios grados y nombres que tenian los Filósofos con el modo de considerar y dudar de las cosas, pertenece á la Historia Filosófica. En la antigüedad SEXTO EMPIRICO, Escritor Griego, trató y explicó la Filosofía de los Scépticos con mucha extension. Esta Obra debe ser leida para saber muchas cosas de los Filósofos Griegos, que no se hallan facilmente en otra parte; pero conviene saber, que los argumentos con que quiere Sexto Empírico patrocinar el Scepticismo universal, demas de la nimia prolixidad, son muy superficiales y de poco momento, como lo conocerá quien quiera que le lea con atencion. En nuestros tiempos, en que con título de _inventos_ no se hace otra cosa que renovar las opiniones antiguas, ha vuelto á renacer una secta de Scépticos de peor condicion que los antiguos, porque llevan la duda mas allá que estos, y la extienden á las cosas de Religion. Bien comun es el pernicioso libro, que se publicó en Francia no ha muchos años con el título: _De la flaqueza del entendimiento humano_, donde el scepticismo se defiende con mas rigor que en la escuela de Pyrrhon. Atribúyese al insigne PEDRO DANIEL HUECIO, Obispo de Avranches, y hay muchos que así lo creen; pero MURATORI, que impugnó este libro con otro que compuso de propósito con opuesto título, ha puesto en duda que fuese de este docto Prelado[a]. Aquí no pertenece rechazar á estos Sectarios, ni de ello hay necesidad, porque lo que llevamos escrito, y lo que cada uno sabe que le sucede, meditando en sí mismo, es un testimonio calificado contra tales Filósofos; y entiendo que todo el género humano, gobernándose por sus nociones y verdades originales, es un testigo firme y un impugnador perpetuo de sus errores. Los demas Filósofos, creyendo que se alcanzan algunas verdades, trataban del modo de adquirirlas, y á este exámen llamaron [Griego: _Kriterion_] _Criterion_, y al juicio que resultaba [Griego: _Krisis_] _Crisis_. Ahora con voz harto introducida entre los literatos lo llamamos _Crítica_. Incluye, pues, la crítica el exámen y averiguacion de la verdad junto con el juicio que resulta de este exámen. Quando las cosas constan por los primeros principios, por las demostraciones y sylogismos bien ordenados, precediendo las difiniciones, divisiones, signos, causas, y quanto hasta aquí llevamos propuesto, como medios de alcanzar la verdad, hecho todo con exâctitud, no estan sujetas á la crítica, porque nos constan con toda evidencia; pero quando nuestras inquisiciones paran en opinion, verosimilitud, y probabilidad, ya sea en cosas de hecho, ya de doctrina, la crítica es necesaria para asegurarnos, quanto sea posible, de la verdad; y la falta de crítica es causa de innumerables errores: de modo, que los que la vituperan, quando es como debe ser, son enemigos declarados de la Lógica sensata, y de la buena razon. Las reglas de crítica son todas las de una buena Lógica: algunos ponen en orden ciertas máxîmas, y las extienden mucho; mas yo teniendo por fundamentos de crítica lo que hasta aquí he escrito, no propondré mas que unas pocas reglas generales, que, teniéndose á la mano quando se ofrezcan, sean suficientes para poder juzgar con acierto de lo que se trata; y será preciso en la explicacion de ellas, ademas de la Lógica, valernos de algunos principios de otras Ciencias, pues que así lo pide el asunto, y el necesario encadenamiento de las verdades que busca el entendimiento humano. Fuera de que la Lógica solo prescribe reglas comunes, las quales no pueden aplicarse bien sin la noticia, é inteligencia de las Artes y Ciencias á que se arriman, pues la verdad que se intenta averiguar pertenece en particular á cada una de ellas. Con esto nadie se ha de tener por crítico con sola la Lógica, ni tampoco será buen crítico en ninguna Ciencia, ó profesion sin ella.

[Nota a: En la prefacion á su Obra: _De la fuerza del entendimiento_.]

[53] Regla primera: _Si una cosa envuelve dos contradictorias, no ha de creerse_. Proposiciones contradictorias son aquellas que afirman y niegan á un tiempo mismo una cosa de otra, como _Pedro es blanco_, y _Pedro no es blanco_; y es claro que qualquiera nocion que envuelva proposiciones semejantes es falsa, porque no es posible ser las dos contradictorias verdaderas, segun aquel principio de luz natural: _Es imposible que una cosa sea, y no sea_. Aunque estas contradictorias no se hallen en la substancia de la cosa, sino en algunas de sus principales circunstancias, la hacen increible, porque el entendimiento no puede creer un hecho que va acompañado necesariamente de circunstancias imposibles.

[54] Regla segunda: _Si una cosa contingente se propone solo como posible, no ha de creerse_. Porque en las cosas que pueden exîstir, y dexar de exîstir, la posibilidad sola no muestra la existencia: así, que Ticio pueda ser Sacerdote, no es prueba de que lo sea. En las Escuelas está recibido, que de la potencia de una cosa á su actual existencia no se arguye bien.

[55] Regla tercera: _Qualquiera cosa no solo ha de ser posible, y ha de proponerse como exîstente, sino que su existencia con las circunstancias con que se presenta, ha de ser verosimil_. Quando el hombre ve la verdad con evidencia, ó con certidumbre, no necesita de reglas para asentir á ella; pero quando no puede lograr la certidumbre, ni la evidencia, desea á lo menos la verosimilitud. Para entender esto mejor se ha de saber, que siempre que el hombre ha de asentir á una cosa, ve antes si es conforme ó no con los primeros principios, con la experiencia, ó con aquellas verdades que tiene recogidas, y depositadas para que le sirvan de fundamentos. Si aquello que se propone es claramente conforme con estos principios, es evidentemente verdadero; si la conformidad de la cosa con los principios no es clara, entonces considera si se acerca, ó no á ellos, y tiene por mas verosimil aquello, que nota tener mayor conformidad con tales principios. Sea exemplo: Dice EUCLIDES, que todas las lineas que en un círculo van desde la circunferencia al centro son iguales, y que en todo triángulo los tres ángulos equivalen á dos rectos: el entendimiento halla tanta conformidad entre estas cosas, y los primeros principios, que con un poco de atencion facilmente asiente á ellas. Dice COPERNICO, y antes de él algunos antiguos, que la tierra da cada dia una vuelta entera sobre su exe, y que en un año la da al rededor del Sol, que supone estar en el centro del mundo; y considerando el entendimiento, que no se conforma este hecho que refiere Copérnico con las verdades que alcanzamos con los sentidos, le mira con desconfianza.

[56] Regla quarta: _Para creer los hechos contingentes y expuestos á los sentidos, no basta que sean verosímiles: es menester tambien que alguno asegure su existencia_. Si los hechos son contingentes pueden exîstir, y dexar de exîstir, esto es, considera el entendimiento, que la existencia de ellos se puede conformar con los principios de la razon humana, y tambien la no exîstencia: por consiguiente, atendida la naturaleza de los hechos contingentes, tan verosimil es que exîstan, como que dexen de exîstir. Para que el entendimiento, pues, pueda asentir á su exîstencia, es menester que haya quien la asegure con la experiencia. Por exemplo: Es cosa contingente que se dé, ó no una batalla, y el entendimiento ninguna oposicion halla con los principios de la razon quando considera que la ha habido, y quando considera que no la ha habido; pero si despues hay algunos que atestiguan haberse dado la batalla, entonces asiente á eso, porque demas de la verosimilitud intrínseca que en sí lleva el hecho, se añade el testimonio experimental que inclina al asenso. Piensa tambien el entendimiento, y mira como verosimil la exîstencia de una Puente de un solo arco, y de trescientos pies de longitud: mírala como verosimil, porque la fábrica de semejante Puente no se opone á las reglas ciertas de la arquitectura; pero no obstante para creer su exîstencia es necesario que alguno atestigüe haberla visto, como en la realidad la han visto muchos en la China.

[57] Regla quinta: _Para creer los hechos contingentes no solo es necesario que sean verosímiles y probados por testigos, base de atender tambien la calidad de los que atestiguan, y la grandeza, ó pequeñez del hecho antes de dar el asenso_. Las cosas que se sujetan á nuestros sentidos, antes de creerlas, hemos nosotros mismos de exâminarlas, y así nos asegurarémos de la verdad, porque todos los hombres pueden engañarnos, unos por malicia, otros por ignorancia: con que si nosotros mismos exâminamos la cosa, no estarémos tan expuestos al error. Fuera de esto, los hechos han de observarse de manera, que se eviten los errores que los sentidos ocasionan, y esto lo podremos hacer nosotros mismos con mayor satisfaccion que otros, de quien dudamos si han puesto la atencion necesaria. Añádese, que es muy comun equivocar los hombres las sensaciones con los juicios que las acompañan, y de ordinario quando nos cuentan un suceso nos dicen el juicio que hacen de él, y no la percepcion que han tenido.

[58] Quando los acontecimientos son pasados, ó suceden en lugares distantes, donde nosotros no podemos hallarnos para asegurarnos de ellos, supuesta su verosimilitud, no resta otra cosa para creerlos, que atender la calidad de los que nos los cuentan, ó la gravedad de los mismos hechos. La calidad de los testigos es de gran peso para inclinarnos al asenso. Porque si nos cuenta una cosa un hombre, que sabemos que suele mentir, ya no lo creemos, y dudamos si miente tambien quando nos refiere el suceso[a]. Por el contrario, si el que refiere una cosa es hombre de buena fe, y amante de la verdad, da un gran peso á lo que dice; bien que para creer las cosas que nos dicen los hombres de bien no basta su buena fe, es menester que sean entendidos de suerte, que no dexen engañarse por los sentidos, ni por la imaginacion, ni hayan precipitado el juicio, ni le tengan preocupado: porque si un hombre veraz no evita los errores que las cosas sobredichas ocasionan, facilmente juzgará de lo que se le presenta, y con la misma facilidad creerá quanto otros le dicen, y tal vez nos comunicará las cosas, no como en sí son, sino del modo que él las cree. Por exemplo: Nadie cree á Filostrato entre los antiguos, porque todos saben que fué insigne embustero. Juan Anio de Viterbo, el P. Herman de la Higuera son despreciados de todos los hombres de juicio, porque descubiertamente, y de intento han engañado á muchos, fingiendo aquel inscripciones antiguas, y este libros apócrifos, como son los Cronicones de Flavio Déxtro, y otros que ha rechazado D. Nicolas Antonio. PARACELSO dixo infinitas mentiras, y los Alquimistas son gente mentirosísima, de suerte, que ya los que conocen sus artificios, no creen los hechos con que aseguran haber convertido en oro los demas metales.

[59] Pero se ha de advertir, que los que así engañan son pocos, si se comparan con los que nos engañan con buena fe, y por sobrada creencia. Así en la Medicina como en la Historia pueden señalarse muchos, que traen hechos falsos, y ellos los tuvieron por verdaderos. DIOSCÓRIDES asegura muchas cosas falsísimas. Lo mismo hacen los que creen fuera de propósito las virtudes de muchos remedios. Quando los que aseguran una cosa son hombres de buena fe, aunque una, ú otra vez falten á la verdad, porque no examinaron debidamente el suceso, no han de tratarse como los que son mentirosos, antes por el contrario conviene oir lo que refieren, combinarlo con lo que otros dicen sobre el mismo asunto, ver si han puesto la atencion necesaria para asegurarse de la verdad, atender todas las circunstancias del hecho, y en fin observar la gravedad, ó pequeñez de la cosa que cuentan, y bien exâminadas estas cosas, inclinarse al asenso, ó disenso.

[Nota a: _Ubi semel quis pejeraverit, ei credi postea, etiamsi per plures Deos juret, non oportet_. Cicer. _pro. C. Rabir. posthumo_.]