Lira Póstuma Obras Completas Vol. XXI
Part 2
MI nombre miré en la arena y no lo quise borrar, para dejarles mis penas a las espumas del mar.
¿De dónde vienes, mi vida? Vida mía, ¿adónde vas? Ven a curarme esta herida, que no se cierra jamás.
Para qué tanto pensar, si en esta cosa tan pura saboreamos la amargura, la amargura de la mar.
Filomela está dormida, ¿qué te dijo su canción? Canta sólo en esta vida una vez el corazón.
Vida mía, vida mía, qué divina está la mar. ¿Cómo no supe aquel día que me habías de olvidar?
Está ardiendo mi incensario, es una copa de Ofir. «Navegar es necesario» y es necesario vivir.
Me dan los vientos su aliento y sopla mi voluntad. Séle tú propicio, ¡oh viento!, a la barca de Simbad.
[Ilustración: Mira el signo sutil que los dedos del viento]
LA ESPIGA
MIRA el signo sutil que los dedos del viento hacen al agitar el tallo que se inclina y se alza en una rítmica virtud de movimiento con el áureo pincel de la flor de la harina.
Trazan sobre la tela azul del firmamento el misterio inmortal de la tierra divina y el alma de las cosas que da su sacramento en una interminable frescura matutina.
Pues en la paz del campo la faz de Dios asoma. De las floridas urnas místico incienso aroma el vasto altar en donde triunfa la azul sonrisa;
aún verde está y cubierto de flores el madero, bajo sus ramas llenas de amor pace el cordero y en la espiga de oro y luz duerme la misa.
[Ilustración:
Luz antigua. Velas rojas. Velas blancas. Bruma. Sol.]
SUEÑOS
_A Miguel Moya._
EL pinar está a mi lado. ¡Oh, dulzura del pinar! El pinar está a mi lado, ¡cuántas cosas me ha contado que no puedo revelar!
¡Oh pinar suave y sombrío que produces dulce son! Son de espumas, son de río; son amable al sueño mío; son de sueño y corazón.
He soñado historia y brillo, armas, glorias y poder; fuí señor de horca y cuchillo al amparo del castillo, del castillo de Bellver.
Y las hojas de los pinos daban sombra a mi soñar; pinos llenos de los trinos de los pájaros divinos que encantaban el pinar.
Luz antigua. Velas rojas. Velas blancas. Bruma. Sol. ¿Qué murmuran estas hojas del pinar en español?
Van marcando los destinos siempre siglo, norma o fin: Tú recibe de los pinos _Bon de turpi_, en mallorquín.
NEMROD ESTÁ CONTENTO
Y el Sacro Santo Espíritu paloma se tornó. Nemrod está contento... ¡Qué diablo de Nemrod!
El tigre ruge:--¡Vivo! ¡Siento!--brama el león, y la paloma arrulla: --Arrullo, siento y soy!
La flecha va en el bosque; se hace el bosque feroz, Nemrod está contento... ¡Qué diablo de Nemrod!
Apolo es el arquero, Hércules, vencedor; Ichora, sacrifica; Vitrifuli y Moloch.
Redimidos carnívoros con civilización, imitamos alegres el ejemplo del sol. Nemrod está contento... ¡Qué diablo de Nemrod!
El buey y el asno saben un secreto los dos: ¡El cristo de las bestias ha sido el Mal Ladrón!
La sangre de las bestias es roja bajo el sol; la esencia de sus vidas cual las del hombre son; el ojo del buey tiene inaudito esplendor. Nemrod esta contento... ¡Qué diablo de Nemrod!
La lengua de las aves sabía Salomón, Mahoma de su yegua hizo consagración. Nemrod está contento... ¡Qué diablo de Nemrod!
[Ilustración:
Las torres de la catedral aparecieron. Las divinas horas de la mañana pura,]
PEREGRINACIONES
I
EN un momento crepuscular pensé cantar una canción en que toda la esencia mía se exprimiría por mi voz: predicaciones de San Pablo o lamentaciones de Job, de versículos evangélicos o preceptos de Salomón. ¡Oh, Dios!
¿Hacia qué vaga Compostela iba yo en peregrinación? Con Valle Inclán o con San Roque, ¿adónde íbamos, Señor? El perrillo que nos seguía, ¿no sería, acaso, un león? Íbamos siguiendo una vasta muchedumbre de todos los puntos del mundo, que llegaba a la gran peregrinación. Era una noche negra, negra, porque se había muerto el Sol: nos entendíamos con gestos porque había muerto la voz. Reinaba en todo una espantosa y profunda desolación. ¡Oh, Dios!
¿Y adónde íbamos aquellos de aquella larga procesión; donde no se hablaba ni oía, ni se sentía la impresión de estar en la vida carnal y sí en el reinado del ¡ay! Y en la perpetuidad del ¡oh!? ¡Oh, Dios!
II
Las torres de la catedral aparecieron. Las divinas horas de la mañana pura, las sedas de la madrugada saludaron nuestra llegada con campanas y golondrinas. ¡Oh, Dios!
Y jamás habíamos visto envuelto en oro y albor emperador de aire y de mar, que aquel Señor Jesucristo sobre la custodia del Sol, ¡Oh, Dios! Para tu querer y tu amar.
Visión fué de los peregrinos, mas brotaron todas las flores en roca dura y campo magro; y por los prodigios divinos, tuvimos pájaros cantores cantando el verso del milagro. Por la calle de los difuntos vi a Nietzsche y Heine en sangre tintos; parecían que estaban juntos e iban por caminos distintos. La ruta tenía su fin, y dividimos un pan duro en el rincón de un quicio oscuro con el marqués de Bradomín.
AL RECIBIR UNA CARTA DE BUENOS AIRES
Has apurado, Rubén, la célica medicina; esperanza, amor y bien son una poción divina, peregrina.
Superior a toda ciencia que te puedan dar los sabios: ella ha vertido en tus labios el elixir de Juvencia.
Lo que fué ya está borrado, y el porvenir que obscuro era es presente iluminado por alba de primavera verdadera.
Brille tu genio fecundo, oriente sus ricas galas; Alondra, tiende tus alas sobre la aurora del mundo.
L. H. D.
NUNCA ha existido doctor crisostómico parlante que aplicara semejante Medicina del amor. Y por virtud tan linda y leal de tal ciencia peregrina, diamantina la alondra alzará su vuelo, pues le señalas abiertas tú las puertas de la esperanza y del cielo.
¡Ay!, hermano, soberano que te vas por todas partes de las ciencias y las artes, el corazón en la mano! Que en los dos se cristalice un poema hecho de aurora suprema y de voluntad de Dios!
AMOR
EL amor está en las rosas las rosas son el amor, Cupido anda entre las cosas y hace de ellas una flor.
A veces despierta un nido, y a veces se va a vagar, y anda en el viento, en el ruido en el bosque y en el mar.
Hace despertar los truenos y hace rugir los leones, y forma jardines buenos dentro de los corazones.
Es la voz, la voz errante, que no encuentra su vocablo, y expresa al ángel flotante, o expresa al prófugo diablo.
Se extenúa, se propaga, se multiplica, se vierte, y es profunda, triste, vaga, toda vida o toda muerte.
Anda errante un silfo extraño que llena mi alma invasora con las perlas de la hora y los diamantes del año.
Yo al silfo le he visto. Y es todo perlas y brillantes. Las perlas se llaman: antes, y los brillantes: después.
EPITALAMIO
BRILLA en tu alma una estrella nórdicamente pura, y en la blanca beldad de tu egregia escultura, una maravillosa virtud de amor se fragua que ha encendido una chispa del sol de Nicaragua.
Que bendecida sea la parisiense hermosa que hechizara allí lejos, como una rubia hada al picaflor de fuego y a la garza de rosa, con el místico azul de su tierna mirada!
Entre vivas fragancias tendrás a Pan sumiso; por ti será más bello el lago de cristal, la aurora de mi tierra ave del Paraíso, y el poniente del trópico un gran pavo real.
SONETO
OH Dios! Jamás yo pienso en este vivir asesino, hecho con la mujer y el vino y con este Dios tan inmenso.
Este camino tan extenso, que ni siquiera lo adivino; esta viña aquí, y este pino en la montaña en que yo pienso,
y esta montaña de cristal, y esa reina del corazón, y esa princesa del coral,
y esa novia de la ilusión, si son del bien o son del mal... Y después de todo..., ¡si son!...
LA ANCIANA
PUES la anciana me dijo: mira esta rosa seca que encantó el aparato de su estación un día: el tiempo que los muros altísimos derrueca no privará este libro de su sabiduría.
En esos secos pétalos hay más filosofía que la que darte pueda tu sabia biblioteca; ella en mis labios pone la mágica armonía con que en mi torno encarno los sueños de mi rueca.
«Sois un hada», le dije: «Soy un hada, me dijo: y de la Primavera celebro el regocijo dándoles vida y vuelo a estas hojas de rosa.»
Y transformóse en una princesa perfumada, y en el aire sutil, de los dedos del hada voló la rosa seca como una mariposa.
[Ilustración:
Recordar el parque Cousiño como una divina visión,]
DAMA
_A una chilena._
COMO son cosas de niño y de visión y de ilusión recordar el parque Cousiño como una divina visión,
recordar las frondas espesas, la opulencia de los carruajes, y aquellas damas con sus trajes, que eran a mí todas marquesas.
Y no haberte visto, señora, encarnación de poesía, saludarte en nombre del día y besarte en nombre de aurora.
Brindarte por el sol y el agua y por el granizo y el trueno, una chispa de sol chileno en un verso de Nicaragua.
Tú eres la luz y eres el templo cuando con tu manto chileno sabes hacer al hijo bueno y brindas belleza y ejemplo.
Perla pura entre perlas buenas, dulce belleza hecha de bien, tu beldad nos viene de Atenas, tu bondad de Jerusalén.
En ti veo paloma y honda, todo misterio y poesía, la sonrisa de la Yoconda hecha por la Virgen María.
Si hay alguien que te llama bella buscando el adularte, dile: --¡Yo soy la más hermosa estrella sobre la bandera de Chile!
LA FUENTE
JOVEN, te ofrezco el don de esta copa de plata para que un día puedas calmar la sed ardiente, la sed que con su fuego más que la muerte mata. Mas debes abrevarte tan sólo en una fuente,
otra agua que la suya tendrá que serte ingrata, busca su oculto origen en la gruta viviente donde la interna música de su cristal desata, junto al árbol que llora y la roca que siente.
Guíete el misterioso eco de su murmullo, asciende por los riscos ásperos del orgullo, baja por la constancia y desciende al abismo
cuya entrada sombría guardan siete panteras: son los Siete Pecados, las siete bestias fieras. Llena la copa y bebe: la fuente está en ti mismo.
[Ilustración:
Dad limosna al que se agita.]
LA CARIDAD
DAD al pobre, dad al pobre paz, consuelo, alivio, pan! ¡Que recobre la esperanza y la alegría con la ayuda que le dan!
A las manos bondadosas desde el cielo Dios envía el perfume de las rosas de la eterna Alejandría.
Dad limosna al que se agita por cruel miseria opreso; a la triste cieguecita, dadle un beso!
Damas bellas y adorables que vivís entre esplendores: a las niñas miserables dadles pan y dadles flores
Bondadosas y discretas, dad un beso al pobre niño. ¡Dios bendiga, Dios bendiga las violetas que se arrancan del corpiño para darse a la mendiga!
Si a los tristes dais consuelo, sensitivos corazones, ¡Tendréis alas en el cielo y en la tierra bendiciones!
A RUBENCITO
I
PUESTO que crees en Dios, hijo mío, retiene lo que hay en la profunda voluntad de infinito, que el dolor o el amor nos explica en el grito, que en el suspiro espera o que en el llanto viene.
No aguardes que el inmenso clarín de oro truene; a las nupcias del cielo con mis versos te invito, no oigas a la faunesa que te lanza su grito, ni al fauno extraordinario que su siringa suene.
Pero marcha, hijo mío, con tu flauta y tu lira adonde Dios te llame y tu flauta te lleve, lo que el Amor te dé y la Vida te inspira.
Haz tus versos de noche, haz tus versos de nieve; tú tienes el poder de la lengua y la lira con el dáctilo dúctil y con la danza leve...
II
Vive, vibra, fuerte y suave, todo conciencia y corazón; te aconsejo ser un león, pero con tus alas de ave.
De tal modo que sin reproche y lleno de tu poesía, tengas tu estrella blanca al día y constelaciones de noche.
Y que por mente y corazón, encuentres al amanecer la estrella de Lucifer, otra estrella del corazón.
Y que pues la suerte convida a vivir, tengas por vivir la voluntad de existir con la belleza de la vida.
Y pues que tienes una estrella que te ha encontrado la virtud de perpetuar tu juventud, toda grande y toda bella,
y sabes quererte y conservarte, ten fragancia y ten conciencia, y oye el secreto de la ciencia que tiene la virtud del Arte...
III
Puesto que tú me dices que eres mi hijo, ¡hijo mío!, y tienes fe en mis lirios y confianza en mis rosas, voy a confiarte ideas, voy a decirte cosas, y amarás grandemente a tu Rubén Darío.
Tú comprendes mis versos e interpretas mis prosas, y las aguas que corren en mi profundo río, y, así, cuando te hable de las Musas hermosas séme profundamente y eternamente mío.
Algo de la ilusión, algo del pensamiento, algo del corazón, algo del sentimiento, de las cosas que son, de las cosas que siento,
lo que he visto en la tierra, lo que oí en el mar, lo que puedo ofrecer, lo que brinde mi aliento y lo que en mi palabra te pueda yo ofrendar.
[Ilustración: Y salpicando con las espumas del mar]
SONETO
PASA que la idea azul do van las bandolinas sé que pensar y hacer y bregar y soñar, y salpicando con las espumas del mar de tempestades infernales y divinas.
De mi triste corona, ¿cuántas son las espinas? Pues una a una apenas me las puedo arrancar. Recuerdas mis confianzas, pues las ruges, ¡oh mar! ¡Y recuerdas mis penas, ruiseñor, pues las trinas!
Voz de fuerza o dulzura en la gloria del día, bajo los vastos cielos, sobre los oceanos, inclinemos la frente ante la Poesía.
Dejemos de palabras y gestos vanos, y puesto que el instante es bueno todavía, levantemos los ojos y juntemos las manos.
AMA TU RITMO...
AMA tu ritmo y ritma tus acciones bajo su ley, así como tus versos; eres un universo de universos y tu alma una fuente de canciones.
La celeste unidad que presupones hará brotar en ti mundos diversos y al resonar tus números dispersos pitagoriza en tus constelaciones.
Escucha la retórica divina del pájaro del aire y la nocturna irradiación geométrica adivina;
mata la indiferencia taciturna y engarza perla y perla cristalina en donde la verdad vuelca su urna.
[Ilustración: Y tienen brazos y tienen vientre y boca.]
LOS OLIVOS
_A J. S._
I
LOS olivos que tu Pilar pintó, son ciertos. Son paganos, cristianos y modernos olivos, que guardan los secretos deseos de los muertos con gestos, voluntades y ademanes de vivos.
Se han juntado a la tierra, porque es carne de tierra su carne; y tienen brazos y tienen vientre y boca que lucha por decir el enigma que encierra su ademán vegetal o su querer de roca.
En los Getsemaníes que en la isla de oro fingen en torturada pasividad eterna se ve una muchedumbre que haya escuchado un coro o que acaba de hallar l'agua de una cisterna.
Ni Gustavo Doré miró estas maravillas, ni se puede pintar como Aurora Dupin con incomodidad, con prosa y con rencillas lo que bien comprendía el divino Chopin...
Los olivos que están aquí son los olivos que desde las prístinas estaciones están y que vieron danzar los Faunos y los chivos que seguían el movimiento que dió Pan.
Los olivos que están aquí, los ejercicios vieron de los que daban la muerte con las piedras, y miraron pasar los cortejos fenicios como nupcias romanas coronadas de hiedras.
Mas sobre toda aquesa usual arqueología vosotros, cuyo tronco y cuyas ramas son hechos de la sonora y divina armonía que puso en vuestro torno Publio Ovidio Nassón.
No hay religión o las hay todas por vosotros. Las Américas rojas y las Asias distantes llevan sus dioses en los tropeles de potros o las rituales caminatas de elefantes.
Que buscando lo angosto de la eterna Esperanza, nos ofrece el naciente de una inmediata aurora, con lo que todo quiere y lo que nada alcanza, que es la fe y la esperanza y lo que nada implora.
ALMA MÍA
ALMA mía, perdura en tu idea divina. Todo está bajo el signo de un destino supremo; sigue en tu rumbo, sigue hasta el ocaso extremo por el camino que hacia la Esfinge te encamina.
Corta la flor al paso, deja la dura espina; en el río de oro lleva a compás el remo; saluda el rudo arado del rudo Triptolemo, y sigue como un dios que sus sueños destina...
Y sigue como un dios que la dicha estimula, y mientras la retórica del pájaro te adula, y los astros del cielo te acompañan, y los
ramos de la Esperanza surgen primaverales, atraviesa impertérrita por el bosque de males sin temer las serpientes; y sigue, como un dios...
[Ilustración:
La niña de los ojos azules ha partido al alba del amor:]
SPES
_En memoria de Mlle. Anne-Marie Heber García._
LA niña de los ojos azules ha partido al alba del amor: como la rosa de Malherbe, ella ha vivido la vida de una flor.
Dejó el fuego fugaz la dulce adolescencia al influjo mortal, ¡y se fué hacia el azul, como se va la esencia del pomo de cristal!
Tal las almas se van sin oir nuestro grito ni escuchar nuestro adiós, y se echan a volar buscando el infinito, esas aves de Dios.
Mas la esperanza muestra el sol de un nuevo día de divina verdad; ¡y así al morir aquí, la tierna Ana María, nace en la eternidad!
[Ilustración: y en la blanca beldad de tu egregia escultura]
A UNA NICARAGÜENSE
BRILLA en tu alma una estrella nórdicamente pura, y en la blanca beldad de tu egregia escultura una maravillosa virtud de amor se fragua que ha encendido una chispa del sol de Nicaragua.
Que bendecida sea la parisiense hermosa que hechizará allí lejos, como una rubia hada, al pica-flor de fuego y a la garza de rosa con el místico azul de su tierna mirada.
Entre vivas fragancias tendrás a Pan sumiso; por ti será más bello el lago de cristal, la aurora de mi tierra, ave del paraíso, y el poniente del trópico un gran pavo real.
DIVINA Psiquis, dulce mariposa invisible, que desde los abismos has venido a ser todo lo que en mi ser nervioso y en mi cuerpo sensible forma la chispa sacra de la estatua de lodo.
Te asomas por mis ojos a la luz de la tierra y prisionera vives en mí de extraño dueño: te reducen a esclava mis sentidos en guerra y apenas vagas libre por el jardín del sueño.
Sabia de la Lujuria que sabe antiguas ciencias, te sacudes a veces entre imposibles muros, y más allá de todas las vulgares conciencias exploras los recodos más terribles y obscuros.
Y encuentras sombra y duelo. Que sombra y duelo encuentres bajo la viña en donde nace el vino del Diablo. Te posas en los senos, te posas en los vientres que hicieron a Juan loco e hicieron cuerdo a Pablo.
A Juan virgen y a Pablo militar y violento, a Juan que nunca supo del supremo contacto, a Pablo el tempestuoso que halló a Cristo en el viento, y a Juan ante quien Hugo se queda estupefacto.
Entre la catedral y las ruinas paganas vuelas, ¡oh, Psiquis, oh, alma mía! --Como decía aquel celeste Edgardo, que entró en el paraíso entre un son de campanas y un perfume de nardo,-- entre la catedral y las paganas ruinas repartes tus dos alas de cristal, tus dos alas divinas. Y de la flor que el ruiseñor canta en su griego antiguo, de la rosa, vuelas, ¡oh Mariposa! a posarte en un clavo de Nuestro Señor.
[Ilustración:
cuando España tenía todas las torres.]
FRAGMENTO
NO ha habido más bella torre que la que era de oro, que la pura de plata, que la que era de bronce, cuando España tenía todas las torres.
¡Levantaos, antiguas armaduras! ¡Moveos, bronces! ¡Sed algo, rocinantes! ¡Morded, gozques!
Sobre la parrilla del gran Escorial asad al toro del Zodíaco, y dad al mundo un bello simulacro.
Sed crueles, osados y grandes, sed los de Cortés y de Pizarro y aprovechad las ubres de las vacas que dejaistes más allá del Oceano, y que os pueden dar leche por la sangre de antaño!
AY, triste del que un día en su esfinge interior pone los ojos e interroga. Está perdido. Ay del que pide eurekas al placer o al dolor. Dos dioses hay, y son: Ignorancia y Olvido.
Lo que el árbol desea decir y dice al viento, y lo que el animal manifiesta en su instinto, cristalizamos en palabra y pensamiento. Nada más que maneras expresan lo distinto.
[Ilustración: Es Venus, es Venus,]
ES Venus, es Venus, es ella! Es un fanal y es una estrella que nos indica el más allá, y que el amor sublime sella y es una linterna tan bella que en la noche deja su huella y no se sabe adonde va.
ÍNDICE
PÁGS.
«Pax» 1
Pájaros de las islas 7
A una colombiana 9
La Vida y la Muerte 11
Porteña 13
Triste, muy tristemente... 15
19
Album 21
María 25
A la República Dominicana 31
La gran Cosmópolis 35
A una mujer 43
A Lucía 47
Bella cubana 51
Para Mariano de Cávia 53
Despedida 57
A Francisca 61
A un poeta 71
Babyhood 73
Caminos 77
El Padre nuestro de pan 81
Mater Pulchra 87
Vargas Vila en su librería 89
Eva 93
Cantares andaluces 95
La espiga 101
Sueños 105
Nemrod está contento 109
Peregrinaciones 115
Al recibir una carta de Buenos Aires 121
Amor 123
Epitalamio 127
Soneto 129
La Anciana 131
Dama 135
La fuente 139
La caridad 143
A Rubencito 147
Soneto 155
Ama tu ritmo... 157
Los olivos 161
Alma mía 165
Spes 169
A una nicaragüense 173
175
Fragmento 181
183
187
ACABÓSE DE IMPRIMIR ESTE LIBRO EN MADRID, EN LA TIPOGRAFÍA YAGÜES, EL DÍA XV DE ABRIL DE MCMXIX