Libros de caballerías Selección

Part 1

Chapter 14,375 wordsPublic domain

NOTA DE TRANSCRIPCIÓN

* Las cursivas se muestran entre _subrayados_, y las versalitas se han convertido a MAYÚSCULAS.

* Los errores de imprenta han sido corregidos. Para su mejor detección, se ha comparado el texto con el de la 2.ª edición, de 1935, publicado por la misma editorial.

* La ortografía del texto original no ha sido actualizada ni normalizada. No obstante, se han puesto tildes a las mayúsculas que las necesitaban.

* Algunas ilustraciones se han desplazado ligeramente para no interrumpir un párrafo.

* Las páginas en blanco han sido eliminadas.

LIBROS DE CABALLERÍAS

BIBLIOTECA LITERARIA DEL ESTUDIANTE DIRIGIDA POR RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL

TOMO XX

LIBROS DE CABALLERÍAS

SELECCIÓN HECHA POR RAMÓN M.ª TENREIRO

_MADRID, MCMXXIV_ INSTITUTO--ESCUELA JUNTA PARA AMPLIACIÓN DE ESTUDIOS

_Va impreso en letra cursiva, igual a la de esta advertencia, todo lo que el editor ha tenido que añadir, por razones de claridad, a los pasajes de los libros de caballerías, y en los usuales caracteres de imprenta los textos antiguos._

_Los títulos de los cuatro libros de_ AMADÍS, _así como los de los capítulos en todo el volumen, son obra del editor_.

_Las ilustraciones de_ AMADÍS _están tomadas de la magnífica edición de Venecia del año 1533. También es antigua la portada de_ PALMERÍN. _El resto de los grabados son obra del señor Marco._

AMADÍS DE GAULA

AQUÍ COMIENZA

EL PRIMER LIBRO

DEL ESFORZADO ET VIRTUOSO CABALLERO AMADÍS, HIJO DEL REY PERIÓN DE GAULA Y DE LA REINA ELISENA; EL CUAL FUÉ CORREGIDO Y EMENDADO POR EL HONRADO E VIRTUOSO CABALLERO GARCI-ORDÓÑEZ DE MONTALBO, REGIDOR DE LA NOBLE VILLA DE MEDINA DEL CAMPO, E CORREGIÓLE DE LOS ANTIGUOS ORIGINALES, QUE ESTABAN CORRUPTOS E COMPUESTOS EN ANTIGUO ESTILO, POR FALTA DE LOS DIFERENTES ESCRIPTORES; QUITANDO MUCHAS PALABRAS SUPÉRFLUAS, E PONIENDO OTRAS DE MÁS POLIDO Y ELEGANTE ESTILO, TOCANTES A LA CABALLERÍA E ACTOS DE ELLA, ANIMANDO LOS CORAZONES GENTILES DE MANCEBOS BELICOSOS, QUE CON GRANDÍSIMO AFETO ABRAZAN EL ARTE DE LA MILICIA CORPORAL, ANIMANDO LA INMORTAL MEMORIA DEL ARTE DE CABALLERÍA, NO MENOS HONESTÍSIMO QUE GLORIOSO.

[Ilustración]

LIBRO PRIMERO

LA CORTE DE LISUARTE

CAPÍTULO PRIMERO

EL DONCEL DEL MAR

_De la Pequeña Bretaña a Escocia, su patria, iba por el mar en una barca un caballero que había nombre Gandales. Llevaba consigo su mujer y un hijo, llamado Gandalín, nacido poco antes._ Siendo ya mañana clara, vieron _un_ arca que por el agua nadando iba, e llamando cuatro marineros, les mandó _el caballero_ que presto echasen un batel e aquello le trajesen: lo cual prestamente se hizo. _Vió entonces que el arca era larga como una espada y estaba hecha de tablas muy bien calafateadas para que en ella no pudiera entrar el agua. El_ caballero tomó el arca e tiró la cobertura, e vió _dentro un hermoso_ doncel _recién-nacido_, que en sus brazos tomó, e dijo:

--Este de algún buen lugar es--; y esto decía él por los ricos paños _en que venía envuelto_ y _por un_ anillo _que junto con una bola de cera traía en un cordón al cuello_ e _por una_ espada, que muy hermosa le pareció _y que venía puesta a su lado en el arca_. E guardando aquellas cosas, rogó a su mujer que lo hiciese criar, la cual hizo darle la teta de aquella ama que a Gandalín, su hijo, criaba, e tomóla con gran gana de mamar, de que el caballero e la dueña mucho alegres fueron. Pues así caminaron por la mar con buen tiempo enderezado, hasta que aportados fueron a una villa de Escocia que Antalia había nombre, y de allí partiendo, llegaron a un castillo suyo, de los buenos de aquella tierra, donde hizo criar el doncel como si su fijo proprio fuese; e así lo creían todos que lo fuese; que de los marineros no se pudo saber su hacienda, porque en la barca, que era suya, a otras partes navegaron.

_Fué corriendo el tiempo y el_ doncel que Gandales criaba, el cual el Doncel del Mar se llamaba, que así le pusieron nombre, criábase con mucho cuidado de aquel caballero don Gandales e de su mujer, e hacíase tan hermoso, que todos los que lo veían se maravillaban.

Un día cabalgó Gandales armado, que en gran manera era buen caballero e muy esforzado, e halló una doncella, que le dijo:

--¡Ay, Gandales! Si supiesen muchos altos hombres lo que yo agora, cortar-te-ían la cabeza.

--¿Por qué? --dijo él.

--Porque tú guardas la su muerte --dijo ella.

Gandales, que lo no entendía, dijo:

--Doncella, por Dios os ruego que me digáis qué es eso.

--No te lo diré --dijo ella--; mas todavía así averná.

E partiéndose dél, se fué su vía. Gandales quedó cuidando en lo que dijera _y sin poderlo entender. Pero momentos después tuvo ocasión de salvar la vida a la doncella y como recompensa de ello le pidió que le explicara sus misteriosas palabras. Ella le dijo_:

--Tú me harás pleito, como leal caballero, que otro por ti nunca lo sabrá fasta que te lo yo mande.

Él así lo otorgó. Díjole:

--Dígote de aquel que hallaste en la mar, que será flor de los caballeros de su tiempo; éste hará estremecer los fuertes, éste comenzará todas las cosas e acabará a su honra, en que los otros fallescieron: éste hará tales cosas, que ninguno cuidaría que pudiesen ser comenzadas ni acabadas por cuerpo de hombre; éste hará los soberbios ser de buen talante; éste habrá crueza de corazón contra aquellos que se lo merecieren; e aun más te digo, que éste será el caballero del mundo que más lealmente manterná amor e amará en tal lugar cual conviene a la su alta proeza; e sabe que viene de reyes de ambas partes. Agora te ve e cree firmemente que todo acaecerá como te lo digo.

--Ay, señora --dijo Gandales--; ruégovos por Dios que me digáis donde vos fallaré para hablar con vos en su hacienda.

--Esto no sabrás tú por mí ni por otro --dijo ella.

--Pues decidme vuestro nombre por la fe que debéis a la cosa del mundo que más amáis.

--Tú me conjuras tanto, que te lo diré; sabe que mi nombre es Urganda la Desconocida. Agora me cata bien e conósceme si pudieres.

Y él, que la vió doncella de primero, que a su parecer no pasaba de diez y ocho años, vióla tan vieja e tan lasa, que se maravilló cómo en el palafrén se podía tener, e comenzóse a santiguar de aquella maravilla. Cuando ella así lo vió, por sí tornó como de primero, e dijo:

--¿Parécete que me hallarías aunque me buscases? Pues yo te digo que no tomes por ello afán; que si todos los del mundo me demandasen, no me hallarían si yo no quisiese.

--Así Dios me salve, señora --dijo Gandales--, yo así lo creo; mas ruégovos por Dios que vos membréis del doncel que es desamparado de todos sino de mí.

--No pienses en eso --dijo Urganda--; que ese desamparado será amparo y reparo de muchos; e yo lo amo más que tú piensas.

E así se partieron de en uno. Don Gandales, partido de Urganda, tornóse para su castillo, cuidando en la facienda de su doncel; e llegando al castillo, ante que se desarmase lo tomó en sus brazos e comenzólo de besar, viniéndole las lágrimas a los ojos, diciendo en su corazón:

--Mi fermoso hijo, ¿si querrá Dios que yo llegue al vuestro buen tiempo?

En esta sazón había el doncel tres años, e su gran fermosura por maravilla era mirada; e como vió a su amo llorar, púsole las manos ante los ojos, como que gelos quería limpiar; de que Gandales fué alegre, considerando que siendo en más edad, más se dolería de su tristeza; e púsole en tierra, e fuése a desarmar, e dende adelante con mejor voluntad curaba dél, tanto, que llegó a los cinco años; entonces le fizo un arco a su medida e otro a su hijo Gandalín, e facíalo tirar ante sí; e así lo fué criando hasta la edad de siete años.

CAPÍTULO SEGUNDO

LA SIN PAR ORIANA

Pues a esta sazón el rey Languines, pasando por su reino con su mujer e toda la casa, de una villa a otra, vínose al castillo de Gandales, que por ahí era el camino, donde fué muy bien festejado; mas a su Doncel del Mar e a su fijo Gandalín e a otros donceles mandólos meter en un corral por que no lo viesen; e la Reina, que en lo más alto de la casa posaba, mirando de una finiestra, vió los donceles que con sus arcos tiraban, y al Doncel del Mar entre ellos tan apuesto e tan hermoso, que mucho fué de lo ver maravillada; e viólo mejor vestido que todos, así que parescía el señor; e de que no vió ninguno de la compañía de don Gandales a quien preguntase, llamó sus dueñas e doncellas, e dijo:

--Venid, e veréis la más fermosa criatura que nunca fué vista.

_Y admiróse también mucho de oír que sus compañeros le llamaban Doncel del Mar._ Así estando, entró el Rey e Gandales, e dijo la Reina:

--Decid, don Gandales, ¿es vuestro hijo aquel hermoso doncel?

--Sí, señora --dijo él.

--Pues ¿por qué --dijo ella-- lo llamáis el Doncel del Mar?

--Porque en la mar nació --dijo Gandales-- cuando yo de la Pequeña Bretaña venía.

El Rey, que el Doncel miraba e muy hermoso le pareció, dijo:

--Faceldo aquí venir, Gandales, e yo lo quiero criar.

--Señor --dijo él-- sí haré, mas aún no es en edad que se deba partir de su madre.

Entonces fué por él e trájolo e díjole:

--Doncel del Mar, ¿queréis ir con el Rey, mi señor?

--Yo iré donde me vos mandardes --dijo él-- e vaya mi hermano comigo.

--Ni yo quedaré sin él --dijo Gandalín.

--Creo, señor --dijo Gandales--, que los habréis de llevar ambos, que se no quieren partir.

--Mucho me place --dijo el Rey.

Entonces lo tomó cabe sí y mandó llamar a su fijo Agrajes; e díjole:

--Fijo, estos donceles ama tú mucho; que mucho amo yo a su padre.

Cuando Gandales esto vió, _apenas pudo contener el llanto_. El Rey, que los ojos llenos de agua le vió, dijo:

--Nunca pensé que érades tan loco.

--No lo só tanto como cuidáis --dijo él--; mas si os pluguiere, oídme un poco ante la Reina.

Entonces mandaron apartar a todos, e Gandales les dijo:

--Señores, sabed la verdad deste Doncel que lleváis, que lo yo fallé en la mar. --Y contóles por cuál guisa, e también dijera lo que de Urganda supo, sino por el pleito que fizo--. Agora faced con él lo que debéis; que así Dios me salve, según el aparato que él traía, yo creo que es de muy gran linaje.

Mucho plugo al Rey en lo saber, y preció al caballero que lo tan bien guardara, e dijo a don Gandales.

--Pues que Dios tanto cuidado tuvo en lo guardar, razón es que lo tengamos nos en lo criar e hacer bien cuando tiempo será.

La Reina dijo:

--Yo quiero que sea mío, si os pluguiere, en tanto que es de edad de servir mujeres; después será vuestro.

El Rey se lo otorgó. Otro día de mañana se partieron de allí, llevando los donceles consigo, e fueron su camino. Pero dígoos de la Reina que facía criar al Doncel del Mar con tanto cuidado e honra como si su fijo propio fuese; mas el trabajo que con él tomaba no era vano, porque su ingenio era tal e condición tan noble, que muy mejor que otro ninguno, e más presto, todas las cosas aprendía. Él amaba tanto caza e monte, que si lo dejasen, nunca dello se apartara, tirando con su arco, cebando los canes. La Reina era tan agradada de como él servía, que lo no dejaba quitar delante su presencia.

_Ocurrió entonces que yendo el nuevo rey de la Gran Bretaña, Lisuarte, navegando con gran flota para tomar posesión de sus estados_, fué aportado en el reino de Escocia, donde con mucha honra del rey Languines recebido fué. Este Lisuarte traía consigo a Brisena, su mujer, e una hija que en ella hobo, que Oriana había nombre, de fasta diez años, la más hermosa criatura que nunca se vió; tanto, que ésta fué la que Sin-par se llamó, porque en su tiempo ninguna hobo que igual le fuese; e porque de la mar enojada andaba, acordó de la dejar allí, rogando al rey Languines e a la Reina que gela guardasen.

Ellos fueron muy alegres dello, e la Reina dijo:

--Creed que yo la guardaré como su madre lo haría.

Y entrando Lisuarte en sus naos con mucha priesa, en la Gran Bretaña arribado fué, e fué el mejor rey que ende hobo ni que mejor mantuviese la caballería en su derecho, fasta que el rey Artur reinó, que pasó a todos los reyes de bondad que ante dél fueron.

El Doncel del Mar, que en esta sazón era de doce años, y en su grandeza e miembros parescía bien de quince, servía ante la Reina, e así della como de todas las dueñas e doncellas era mucho amado; mas desque allí fué Oriana, la hija del rey Lisuarte, dióle la Reina al Doncel del Mar que la sirviese, diciendo:

--Amiga, este es un doncel que os servirá.

Ella dijo que le placía. El Doncel tuvo esta palabra en su corazón, de tal guisa, que después nunca de la memoria la apartó; que sin falta, así como esta historia lo dice, en días de su vida no fué enojado de la servir, y en ella su corazón fué siempre otorgado, y este amor duró cuanto ellos duraron; que, así como la él amaba, así amaba ella a él, en tal guisa, que una hora nunca de amar se dejaron; mas el Doncel del Mar, que no conocía ni sabía nada de cómo ella le amaba, teníase por muy osado en haber en ella puesto su pensamiento, según la grandeza y fermosura suya, sin cuidar de ser osado a le decir una sola palabra; y ella, que lo amaba de corazón, guardábase de hablar con él más que con otro, porque ninguna cosa sospechasen; mas los ojos habían gran placer de mostrar al corazón la cosa del mundo que más amaba.

Pasando el tiempo, como os digo, entendió el Doncel del Mar en sí que ya podía tomar armas si hobiese quien le ficiese caballero, y esto deseaba él, considerando que él sería tal e haría tales cosas por donde muriese, o viviendo, su señora le preciaría; e con este deseo fué al Rey, que en una huerta estaba, e hincando los hinojos, le dijo:

--Señor, si a vos pluguiese, tiempo sería de ser yo caballero.

El Rey dijo:

--¿Cómo, Doncel del Mar? ¿Ya os esforzáis para mantener caballería? Sabed que es ligero de haber e grave de mantener; e quien este nombre de caballería ganar quisiere e mantenerlo en su honra, tantas e tan graves son las cosas que ha de facer, que muchas veces se le enoja el corazón, e por ende ternía por bien que por algún tiempo os sufráis.

El Doncel del Mar le dijo:

--Ni por todo eso no dejaré yo de ser caballero; que si en mi pensamiento no toviese de complir eso que habéis dicho, no se esforzaría mi corazón para lo ser; e pues a la vuestra merced soy criado, complid en esto comigo lo que debéis.

El Rey dijo:

--Doncel del Mar, yo sé cuándo os será menester que lo seáis, e más a vuestra honra, e prométoos que lo faré.

E luego mandó que le aparejasen las cosas a la orden de caballería necesarias; e hizo saber a Gandales todo cuanto con su criado le contesciera, de que Gandales fué muy alegre, y envióle por una doncella la espada y el anillo e la _bola de_ cera, como lo hallara en l’arca donde a él falló; y estando un día la hermosa Oriana con otras dueñas e doncellas en el palacio, holgando en tanto que la Reina dormía, era allí con ellas el Doncel del Mar, que sólo mirar no osaba a su señora, y decía entre sí:

--¡Ay, Dios! ¿por qué vos plugo de poner tanta beldad en esta señora, y en mí tan gran cuita e dolor por causa della? En fuerte punto mis ojos la miraron, pues que perdiendo la su lumbre con la muerte, pagarán aquella gran locura en que al corazón han puesto.

E así estando casi sin ningún sentido, entró un doncel e díjole:

--Doncel del Mar, allí fuera está una doncella extraña que os trae donas e os quiere ver.

Él quiso salir a ella, mas aquella que lo amaba, cuando lo oyó, estremeciósele el corazón y dijo:

--Doncel del Mar, quedad, y entre la doncella y veremos las donas.

Él estuvo quedo, e la doncella entró; y ésta era la que enviaba Gandales, e dijo:

--Señor Doncel del Mar, vuestro amo Gandales vos saluda mucho, así como aquel que os ama, y envíaos esta espada y este anillo y esta cera, e ruégaos que trayáis esta espada en cuanto vos durare, por su amor.

Él tomó las donas, e puso el anillo e la cera en su regazo, y Oriana tomó la cera, que no creía que en ella otra cosa hobiese, e díjole:

--Esto quiero yo destas donas.

A él pluguiera más que tomara el anillo, que era uno de los hermosos del mundo; e mirando la espada, entró el Rey e dijo:

--Doncel del Mar, ¿qué os paresce de esa espada?

--Señor, parésceme muy hermosa, mas no sé por qué está sin vaina.

--Bien ha quince annos --dijo el Rey-- que no la hobo.

E tomándole por la mano, se apartó con él e díjole:

--Vos queréis ser caballero, e no sabéis si de derecho os conviene; e quiero que sepáis vuestra hacienda, como yo la sé.

E contóle cómo fuera en la mar hallado con aquella espada e anillo en el arca metido, así como lo oístes.

Dijo él:

--No me pesa de cuanto me decís, sino por no conocer mi linaje, ni ellos a mí; pero yo me tengo por hidalgo, que mi corazón a ello me esfuerza; e agora, señor, me conviene más que ante caballería, y ser tal que gane honra y prez, como aquel que no sabe parte de donde viene.

_Por aquellos días el rey Perión de Gaula, cuñado de Languines, y uno de los más famosos caballeros de aquel tiempo, presentóse en la Corte de Escocia en demanda de guerreros que le ayudaran contra el rey Abíes de Irlanda, que le había invadido el reino con gran fuerza de armas. Agrajes, el hijo de Languines, que ya era armado caballero, rogó a su padre que le dejara ir con Perión a defender a su tía la reina de Gaula, y aquél se lo otorgó._

El Doncel del Mar, que ahí estaba, miraba mucho al rey Perión, por la gran bondad de armas que dél oyera decir, e más deseaba ser caballero de su mano que de otro ninguno que en el mundo fuese, e fuese donde su señora Oriana era; e hincados los hinojos ante ella, dijo:

--Señora Oriana, si a vos pluguiese que yo fuese caballero, sería en ayuda desa hermana de la Reina, otorgándome vos la ida.

--E si la yo no otorgase --dijo ella--, ¿no iríades allá?

--No --dijo él--; porque este mi vencido corazón sin el favor de cuyo es, no podría ser sostenido en ninguna afrenta, ni aun sin ella.

Ella se rió con buen semblante e díjole:

--Pues que así os he ganado, otórgoos que seáis mi caballero y ayudéis a aquella hermana de la Reina.

El Doncel le besó las manos e dijo:

--Pues que el Rey, mi señor, no me ha querido hacer caballero, más a mi voluntad lo podría agora ser deste rey Perión, a vuestro ruego.

--Yo faré en ello lo que pudiere --dijo ella--; mas menester será de lo decir a la infanta Mabilia, que su ruego mucho valdrá ante el Rey, su tío.

Entonces se fué a ella e díjole cómo el Doncel del Mar quería ser caballero por mano del rey Perión, e que había menester para ello el ruego suyo e dellas. Mabilia, _hija del rey y hermana de Agrajes_, que muy animosa era e al Doncel amaba, dijo:

--Pues fagámoslo por él, que lo merece; e véngase a la capilla de mi madre armado de todas armas, e nós le haremos compañía con otras doncellas; e queriendo el rey Perión cabalgar para se ir, que, según he sabido, será antes del alba, yo le enviaré a rogar que me vea, e allí hará el vuestro ruego, ca mucho es caballero de buenas maneras.

--Bien decís --dijo Oriana.

E llamando entrambas al Doncel, le dijeron cómo lo tenían acordado; él se lo tuvo en merced y llamó a Gandalín e díjole:

--Hermano, lleva mis armas todas a la capilla de la Reina, encubiertamente; que pienso esta noche ser caballero; e porque en la hora me conviene de aquí partir, quiero saber si querrás irte comigo.

--Señor, yo os digo que a mi grado nunca de vos seré partido.

Al Doncel le vinieron las lágrimas a los ojos y besóle en la faz e díjole:

--Amigo, agora haz lo que te dije.

Gandalín puso las armas en la capilla en tanto que la Reina cenaba; e los manteles alzados, fuése el Doncel a la capilla, e armóse de sus armas todas, salvo la cabeza e las manos, e hizo su oración ante el altar, rogando a Dios que, así en las armas como en aquellos mortales deseos que por su señora tenía, le diese vitoria.

Desque la Reina fué a dormir, Oriana e Mabilia con algunas doncellas se fueron a él por le acompañar; e como Mabilia supo que el rey Perión quería cabalgar, envióle a decir que la viese ante; él vino luego, e díjole Mabilia:

--Señor, haced lo que os rogare Oriana, fija del rey Lisuarte.

El Rey dijo que de grado lo haría, que el merecimiento de su padre a ello le obligaba. Oriana vino ante el Rey; e como la vió tan hermosa, bien creía que en el mundo su igual no se podría fallar; e dijo:

--Yo vos quiero pedir un don.

--De grado --dijo el Rey-- lo faré.

--Pues facedme ese mi doncel caballero--; e mostróselo, que de rodillas ante el altar estaba.

El Rey vió al Doncel tan fermoso, que mucho fué maravillado; y llegándose a él, dijo:

--¿Queréis recebir orden de caballería?

--Quiero --dijo él.

--En el nombre de Dios, y Él mande que tan bien empleada en vos sea e tan crecida en honra como Él os creció en fermosura.

E poniéndole la espuela diestra, le dijo:

--Agora sois caballero, e la espada podéis tomar.

El Rey la tomó e diógela, y el Doncel la ciñó muy apuestamente, y el Rey dijo:

--Cierto, este acto de os armar caballero, según vuestro gesto e aparencia, con mayor honra lo quisiera haber hecho; mas yo espero en Dios que vuestra fama será tal, que dará testimonio de lo que con más honra se debía facer.

E Mabilia e Oriana quedaron muy alegres y besaron las manos al Rey; e encomendando el Doncel a Dios, se fué su camino.

Seyendo armado caballero el Doncel del Mar, e queriéndose despedir de Oriana, su señora, e de Mabilia e de las otras doncellas que con él en la capilla velaron, Oriana, que le parecía partírsele el corazón, sin se lo dar a entender, le sacó aparte y le dijo:

--Doncel del Mar, yo os tengo por tan bueno, que no creo que seáis hijo de Gandales; si al en ello sabéis, decídmelo.

El Doncel le dijo de su hacienda aquello que del rey Languines supiera; y ella, quedando muy alegre en lo saber, lo encomendó a Dios; y él falló a la puerta del palacio a Gandalín, que le tenía la lanza y escudo y el caballo; y cabalgando en él, se fué su vía sin que de ninguno visto fuese, por ser aún de noche.

CAPÍTULO TERCERO

LA BOLA DE CERA

_Todo aquel día anduvo el Doncel del Mar con Gandalín, su escudero, por una floresta, en la cual, siendo ya tarde_, vió venir una doncella en un palafrén, que traía una lanza, _y otra doncella la acompañaba_. Viniéronse ambas contra él; e como llegaron, la doncella de la lanza le dijo:

--Señor, tomad esta lanza, e dígovos que ante de tercero día faréis con ella tales golpes, porque libraréis la casa donde primero salistes.

Él fué maravillado de lo que decía, e dijo:

--Doncella, la casa ¿cómo puede morir ni vivir?

--Así será como yo lo digo --dijo ella--, e la lanza os dó por algunas mercedes que de vos espero.

E dando de las espuelas al palafrén, se fué su vía.

[Ilustración]

La otra doncella quedó con él e dijo:

--Señor caballero, _sabed como era Urganda la Desconocida quien la lanza os ha dado_. E díjome que después que de vos se partiese, os lo hiciese saber, y que mucho vos ama.

--¡Ay, Dios! --dijo él--, cómo soy sin ventura en la no conocer, e si la dejo de buscar, es porque ninguno la hallará sin su grado.

_Yendo el Doncel su camino, llegó de allí a tres días a un castillo, a sazón de que en su patio, un caballero solo, al cual le habían matado ya el caballo, era traidoramente atacado por otros dos caballeros y por más de diez peones, que lo herían por todas partes. A punto estaba de sucumbir, cuando el Doncel del Mar acometió con gran brío a los que le atacaban, y derribó y mató a los más de ellos. Visto lo cual, cobró nuevos ánimos el primer caballero y entre uno y otro dejaron limpio de traidores todo el castillo. El Doncel, que había reconocido al rey Perión de Gaula en el caballero por él socorrido, no quería quitarse el yelmo ante él, pues sólo cuando sus hazañas le hubieran ganado fama digna de la de quien le había dado la orden de caballería, quería dársele a conocer; pero tanto le rogó Perión, que acabó por descubrirse y el rey, abrazándolo, dijo:_

_--Amigo, gracias doy a Dios por haber hecho en vos lo que hice._

_Y muy alegre, oyó de él que le ayudaría en la guerra que tenía empeñada con el rey de Irlanda._