Libro intitulado El cortesano. Libro de motes de damas y caballeros
Part 9
Respondió don Luis Milan: Señor Joan Fernandez, razon sería que me hubiésedes entendido las risas que me habeis hecho hacer muchas veces; que por responder á lo que me habeis preguntado, contaré lo que á muchos caballeros y á mí nos contastes en el Real, delante su excelencia; y dixistes que viniendo muy tarde á dormir, pasada media noche, os desnudastes solo por no ser sentido; despertó vuestra mujer, muy brava y celosa riñéndos mucho, y como le sobrase la razon, á vos os faltaba para respondelle, y siempre callando os acostastes; y ella, de muy enojada, dándoos empujones os trajo hasta la orilla al despeñadero, y como vos os vistes tan apretado, porque no os derribase de su cama, dixístesnos que le tirastes una púa, y ella os dixo: _Vade retro_, Satanas, que mi marido no era tan sucio; y huyendo de la cama, y vos tras ella le respondistes: Mujer, no soy Satanas, sino puerco espin, que cuando le aprietan tira púas. Y preguntándome el Duque qué me habia parecido del cuento, yo le respondí: Señor, preguntaldo á mi risa; y él me dixo: ¿Qué, las risas hablan? yo le dixe: Cuando el reir es con zuño y gesto de menosprecio, entónces es reprender, y el sonreir con gesto amoroso es alabar, que harto hablan las risas, que descubren á los ánimos lo que sienten. Si Joan Fernandez me cree, ántes se dejará despeñar de la cama, que hacer más el puerco espin.
Dixo Joan Fernandez: Bien será mudar de nuevas, porque mi mujer se ha parado colorada y está corrida. Yo le he hecho del ojo que disimule, y no sé si lo hará.
Respondió la señora doña Hierónima: No cumple hacerme del ojo, ni del dedo, que calle, pues no es para disimular lo qu’es mal disimularlo; que sufrir la mujer al marido, no ha de ser para que la tenga en poco como vos haceis, que á su excelencia quiero pedir justicia de vos, que os mande no saqueis cuentos sobre mí.
Dixo Joan Fernandez: Mujer, mirad lo que decis, que nunca saqué cuentos sobre vos, que siempre quereis que yo esté debajo, y á vuestro mando, que yo no he casado con mujer, sino con hombre; y así cuando las damas me preguntan qué hace doña Hierónima, vuestra mujer, yo les digo: Señoras, no se puede vivir con don Hierónimo, mi marido, que yo soy la mujer, pues ella no lo quiere ser.
Respondió la señora doña Hierónima: Si yo no hiciese el hombre, ninguna mujer ternia segura en casa de vos; y á tal marido tal mujer.
Dixo la Reina: Doña Hierónima, reir me habeis hecho de buena gana; amostráme cómo haré el hombre, pues vuestro marido ha mostrado al Duque, mi señor, á ir tras las de su casa.
Respondió el Duque: Vuestra alteza es tan celosa, que á mí me ha hecho celoso, y por esto voy tanto tras sus damas, para guardallas.
Dixo Joan Fernandez: De la boca me lo quitó vuestra excelencia, que eso mismo le queria decir á doña Hierónima, mi mujer.
Respondió la señora doña Hierónima: ¿Qué le parece á vuestra alteza, qué buen médico y apotecario son? mejor visitan las sanas de casa que las enfermas; que yo estando enferma poco há, halló al mio mi hermana vestido como á médico, tentando el pulso á una criada mia, y díxole: Hermano, ¿qué es eso que haceis? y él respondió: Señora, no soy quien pensais, que el médico de casa soy.
Dixo don Francisco: Si vuestra alteza y su excelencia mandan, aquí está á la puerta un Rey d’armas que viene á publicar un cartel; entrará si le dan licencia.
Dixo el Duque: Hacelde entrar, que el corazon me dice qu’es alguna fiesta que don Luis Milan quiere hacer en servicio de su dama. Entró el Rey d’armas, y publicó este cartel, que dice:
Muy altos príncipes y señores: Yo Miraflor de Milan, caballero errante, os hago saber que soy llegado á esta tierra, por dar cabo á una aventura, ó acabar mi desventura, y es que hallándome por el reino de Frigia, en el puerto Tenedo, donde la griega armada tuvo diez años sitiada Troya, salí de mi galera, y siendo en tierra sentí una voz que me dixo: Sube en ese monte nombrado Ida, que delante tienes, donde Páris Alexandre fué criado, y estuvo hasta que hizo el juicio á las diosas, dando la manzana de oro á la Vénus, por más hermosa que la Juno y la Pallas, y sabrás lo que has de hacer. Y subiendo hallé al entrada dél la fuente de Policena, que el retrato della, en bulto de cristal, sobre una columna estaba, echando agua por un caño de oro que en los pechos tenía con un letrero que decia:
Quien d’esta agua gustará, Hermosura beberá.
Yo, queriendo beber della para que me viese hermoso la que feo le parecia salió un caballero armado de unas muy hermosas y ricas armas, con unas letras de oro por ellas sembradas, que decian:
Yo soy Achíles, mandado Que l’agua de Policena No deje beber de grado Si Cupido no lo ordena.
Yo, que vi la guarda desta fuente ser Achíles, pensando cómo podia ser esto, estuve más espantado que de verme en batalla con él; que la muerte no deshonra cuando el matador da honra.
Y viniendo á palabras, me dixo: Nadi merece gustar del agua que no pude beber; que do falta el merecer, nadi se debe probar. Yo, que me vi despreciado, holgué que me dió ocasion de ensañarme con él, y respondíle:
No estará sin merecer, Quien ventura le quisiere, Desta agua dejar beber.
Y él metiendo mano á su espada y yo á la mia, combatimos gran rato, hasta que sentimos una voz que dixo:
Achíles, deja beber Del agua de Policena Á Miraflor á su placer.
Y él con un gran sospiro desapareció, que no vi por dónde se fué; yo, bebido que hube del agua, vime en ella tan hermoso como ántes era feo.
Pasé más adelante, y vi un otra, nombrada la fuente de Casandra, hija de Priamo, rey de Troya, que profetizó la destruccion de los troyanos y no fué creida; y asimismo estaba un retrato della de bulto, de piedra amatiste, sobre una columna, con un caño que de la frente le salia, echando agua por él, con este letrero que decia:
Quien d’esta agua beberá, La sciencia de Casandra Alcanzará.
Yo, queriendo beber della, vime delante un caballero con unas armas negras y unos letreros de oro por ellas, que decian:
Corebbo soy por querer, Que si amor no me lo manda, De mi señora Casandra Su agua no dexe beber.
Conociendo que este caballero era Corebbo, que la hermosura de Casandra le hizo enemigo de sus amigos, y amigo de sus enemigos, como amor suele hacer, que por selle servidor, siendo griego, sirvió á los troyanos contra sus griegos en la guerra que tuvieron, y viendo que de Troya habian hurtado sus enemigos á Casandra, su señora, salió sólo contra ellos, y peleó de tal manera, que su dama se salvó y él fué muerto allí por ella; y viniendo él y yo á las armas, por defenderme que no bebiese del agua, sentimos la misma voz que le dijo:
Corebbo, Cupido manda Que del agua de Casandra Á Miraflor dejes beber.
Desapareció, que ni sé cómo vino ni por dónde se fué, y bebí del agua, que me pareció de tal gusto como lo que da á gustar; pues que nadi se hartaria de beber sabiduría.
Y pasando más adelante, hallé un otra, nombrada la fuente de Elena, mujer del rey Menelao, griego, que fué robada de Páris Alexandre, hijo del rey Priamo de Troya, en venganza del robo que hizo Hércules, griego, de Hesiona, troyana, hija del rey Loomedon, troyano, que entónces reinaba, llevándola á Grecia, que fué causa de la destruccion de Troya; y vi, como en las pasadas fuentes, que esta hermosa Elena estaba de bulto damantino retratada sobre una columna, con un caño que de la teta izquierda le salia, echando agua por él, con un letrero que decia:
Quien d’esta agua beberá, Otro Páris en amores se verá.
Yo, queriendo beber della, con gran desseo de verme tan venturoso como Páris en amores, vi venir á gran prisa un caballero muy hermoso, armado de muy ricas y hermosas armas, con un arco y saeta encarada para mí, con un letrero que en la ventanilla de la celada traia, que desta manera decia:
Páris só que voy en pena Sino cuando vengo á ver Para no dejar beber L’agua de la reina Elena.
Yo, que por el letrero conocí que este caballero era Páris Alexandre, hijo del rey Priamo de Troya, que siendo preñada dél la Reina, su madre, ensoñó que paria una hacha quemando á toda Troya; y sabido por el Rey, su marido, de los sabios que tenía, que este sueño significaba la destruccion y pérdida de todo su reino, mandó por consejo dellos que luégo en nacer lo matasen; y como nació este infante muy hermoso, su madre no tuvo corazon de hacelle matar, y mandó á una criada suya que ántes del dia lo echase al pié deste monte Ida, secretamente que nadi lo supiese, y que lo dejase allí; viniendo el dia, fué hallado por un pastor, que lo crió como á hijo suyo hasta que fué hombre, y saliendo muy gran luchador, que jamas halló quien le venciese, llevólo el pastor que lo habia criado á una fiesta de lucha que en Troya se hizo, donde venció á Hector y á todos sus hermanos; y espantados dél, quisieron saber quién era y supieron toda su historia. Y conocido ser hijo del Rey, por decir la Reina que no lo habia hecho matar, alegráronse todos y quedó con ellos; yo, pensando con el arte que me hacian ver lo que via, muy espantado fuí á beber del agua, y Páris tiróme una saeta que en mi escudo quedó enclavada, y echando mano á las espadas, turó muy gran rato nuestra batalla, hasta que nos departió la misma voz que siempre oido habia, que le dixo:
Páris, deja tu furor, Que mi voluntad ordena Que de la fuente de Elena Beba el agua Miraflor.
Y desapareciendo como los otros, yo pude beber del agua desta fuente de Elena, que tal sabor tenía como Páris la gustó, al principio dulce y á la fin muy amarga; pues fué muerto de Pirro, hijo de Achíles, á quien Páris mató en el templo de Pállas, viniendo sobre seguro á tratar con la reina Hecuba y su hija Policena, para casar con ella; y si allí le mató Páris con engaño, fué porque Achíles habia muerto á Hector en la batalla á traicion, no osando acometelle cara á cara, que por traidor era tenido entónces quien tal hacia.
Pasé más adelante y vine á parar en una muy hermosa plaza que en medio de lo más alto deste monte estaba, con un palacio real que el rey Priamo habia mandado hacer para cuando venía á cazar en este deleitoso monte, lleno de caza y muchos deleites, que al parecer todo animal allí vivia más tiempo; que el deleite virtuoso conserva la vida hasta el término della: y recreando de ver estas maravillas, vime delante un hombre de maravillosa presencia, y díxome: Sígueme y no receles, que entre enemigos no va quien favorecido está, de la manera que tú has sido en esta aventura de las fuentes, quedando más hermoso y más sabio y más venturoso, por haber alcanzado con tanta honra á beber del agua dellas. Tomóme de la mano y fuimos á parar donde paran los favorecidos de Cupido, que fué en la sala del alegría, pues todo parece que reia, y vi á Cupido y á su madre asentados sobre dos grifos de oro, que en el aire por maravilloso artificio estaban, con este letrero que desta manera decia:
Por la tierra y por la mar Vuelan grifos del Amor, Desde el rey hasta el pastor, Qu’es reir y sospirar.
Yo, con el acato que debia, hablé desta manera al Amor: ¡Oh Cupido! no sé cómo servirte las grandes mercedes que me has hecho, que por tu mano haya sido merecedor de beber el agua de las tres fuentes que en este monte tuyo están, que, por ser de tanto valor, muy pocos beberán dellas si no es por tu favor; yo te suplico me mandes con qué te sirva porque sepa lo mejor, y respondiendo con estas amorosas palabras, me dixo:
¡Oh Miraflor de Milan! tan pagado estoy de tí como tú deudor á mí, que por lo que mereces te he pagado, y no por cuanto hecistes ni harás por mí; tu has de partir luégo para la ciudad de Valencia de Aragon, mi mortal enemiga, pues reino tan poco en ella, que me ahorcaron en una justa, como tú sabes, que sólo en tí quedé vivo por una obra que en honra mia heciste, mostrando tu gran lealtad y la poca que los jueces tuvieron en dejarme ahorcar contra razon, siendo los aventureros que me defendian ganadores y perdedores de perdidos, pues á la fin fuí ahorcado por ser muy desconocidos; donde se vió el poco amor que tienen y el mucho que hay en tí, pues se ve que por ser desamorados, las damas hacen gestos á los caballeros burlando dellos, y ellos guiñan dellas de cola de ojo, que dias hay que no se conocen los unos á los otros, pues ellos parecen tuertos por guiñar, y ellas desamoradas por mofar, y de aquí viene que se van cantando:
No fie nadi d’amor, Qu’es mudable y burlador.
Y así no se fian unos de otros, que si un caballero quiere servir, ha de dar fianzas que no ha de guiñar, y ellas dar fiadores que no han de mofar; y en llegando á tu Valencia, enviarás un cartel por el rey d’armas mio, que de aquí llevarás nombrado el Revolvedor, y mandarle has presentar de parte tuya á los desamorados valencianos tuyos, y tomarás por querella, que, por el desacato que me hicieron y menosprecio de ahorcarme, les combatirás que me fueron traidores en un torneo de pié, á tres golpes de pica y cinco de espada; y porque vean cómo pago á mis leales amadores, como tú eres, escríbeles las maravillas que en este monte te hice ver, y la gran honra y provecho que has ganado por combatir con tan nombrados caballeros y beber del agua destas tres fuentes, de tanto valor y propiedad como son; agora véte y harás como quien eres, que yo nunca te faltaré. Y así me partí el más contento hombre que del amor se partió, por donde os desafío con ese cartel de hoy en un mes en la plaza Mayor, dicha el Mercado, con las condiciones y armas y querella que aquí tengo dicho; y el combatir será sobre el monte Ida que allí veréis, y al subir dél me hallaréis á mí primero, defendiendo que no beban del agua de la fuente que yo guardaré, y el que mejor lo hiciere que yo tenga libertad de pasar adelante, si querrán probarse con Achíles y Corebbo y Páris, que allí estarán guardando sus fuentes que no beban del agua dellas, y el que pudiere pasar y vencer todos estos caballeros, y llegáre al palacio real del dios d’amor, que allí verán, su madre, la diosa Vénus, le alcanzará perdon que no esté en desgracia de su hijo Cupido, y daránle un anillo nombrando el venturoso, con un letrero en torno dél que dirá:
Quien anillo llevará del amor, Será anillo de su dedo el servidor.
Dixo el Duque: En mi vida oí cartel que más placer me diese, por haber contado la maravillosa y extraña aventura de las fuentes del monte Ida. Si en libertad estuviese, yo iria á probarme en ella, que no es caballero el que no emplea su vida por alcanzar honra y fama, mayormente donde se alcanzaria tan gran provecho bebiendo del agua destas tres fuentes, que dellas se alcanza hermosura, que yo la querria para parecer bien á la Reina, mi señora, y sabiduría para disimular los celos que tengo de don Pedro Milan, y ventura para que no me fuese más contraria.
Dixo la Reina: Y’os digo, por mi fe, que si fuese caballero, me iria á probar en esta aventura por ganar hermosura para parecer bien á don Pedro Milan, mi servidor, y sabiduría para saber cómo le va al Duque, mi señor, en amores, y ventura para ser más querida dél.
Dixo don Francisco: Si una dama me diese licencia, yo iria á probarme en ella, y si alcanzase la hermosura, no la querria, sino para matar de celos á un competidor mio, y la sabiduría para saber si una dama burla de mí ó no, en hacerme un higo debajo manga que me hace en verme, y la ventura para que fuese venturoso con ella, que siempre me desengaña en ponerme á la ventana una mona cuando le doy vueltas.
Dixo don Diego: Si no fuese que soy desdichado en aventuras, no tardaria de verme en ésta, que muy poco se aventura para lo que se gana; y si alcanzase la hermosura, la querria por no tener que agradecer mucho á mi dama, que los feos han de agradecer que los dejen servir, y á los hermosos se les ha de sufrir, pues hermoso alegre y feo entristecen; y si alcanzase sabiduría la emplearia para que nunca me acabasen de entender, que lo entendido desprecia el no saber que nada aprecia; y si alcanzase la ventura, no la querria sino para no tomar lo que se alcanza con ella, pues mucho mejor sabe lo que por merecer se posee, como dixo un criado favorecido en este cuento que oiréis: Un rey muy soberbio no queria hacer mercedes por merecer sino por ventura, pretendiendo que todo servicio se le debia de deuda debida, y queriendo usar desta mala plática, mandó henchir muchas arcas la metad de caras que hacian gestos para burlar, y las otras de mano de fe, que tienen solo un dedo alto, y los que habian de recibir las mercedes abrian las arcas, y el que abria arca que hacia gestos de burlar, decíale el Rey: Toma deso que tú me das, que la ventura le paga á quien de su señor se burla; y el que abria arca de fe el Rey le decia: Toma deso que tú me das, y hacíale mercedes. Y el criado favorecido no quiso abrir arca ninguna y dixo:
No quiero bien por ventura, Sino por merecimiento, Que no puede dar contento Lo que se da por locura.
Dixo Joan Fernandez: Si mi mujer no quisiese ser el marido, ternía libertad de irme á probar en esta aventura, que tan hombre me hallo para pelear con hombres, como mujer para resistir á mi mujer, y si alcanzase la hermosura, no la querria sino para que una dama no dixese una mentira de celos, porque se ha dado á entender que ando tras de una camarera suya, y cuando paso por su puerta á hora de vueltas, arremete á su criada, y dándole pellizcos, le dice: Toma, porque te festeja don Feo, y su criada le dice: No es sino don Hermoso; No es sino feo; No es sino hermoso: alborotan toda la casa hasta que las departen; y si alcanzase la sabiduría no la emplearia sino para saber cuándo andan de véras ó de burlas los amores desta criada de la dama de los pellizcos, diciendo yo por un agujero que le hablo, decidme, por vuestra vida: ¿Andáis conmigo de burlas ó de véras? y respóndeme: Un dia de burlas y otro de véras, porque veais quién son mujeres; y si alcanzase la ventura, no la querria sino para ganar de venturoso lo que gano de porfiado, que diez años, los mejores de mi vida, me ha costado una moza aragonesa, y díceme cuando conmigo se enoja: Andad para porfiado. Yo le digo: No soy sino venturoso en haberos alcanzado; y ella me dice: No sois sino porfioso, que nunca me fuistes agradoso. Yo dígole: Andad para moza; y ella me dice: Andad para viejo. Yo le digo: Troquemos si pensais que os he enojado; y respóndeme: Ya he trocado, que bien troca quien mejora.
Dixo don Luis Milan: Yo me he de ver en esta aventura y si alcanzase la hermosura, no la querria sino para hacer celoso á Joan Fernandez, con nuestra competencia, porque va diciendo que nuestra dama le dice que me gana de gentil-hombre lo que yo le gano de más valido entre damas, y él me gana de jugador de pelota á largas, lo que yo le gano á la cuerda, y él me gana á la jineta lo que yo le gano á la brida, pues no me voy tanto della como él; y si alcanzase la sabiduría no la emplearia sino para saber qué le pasa por la cabeza á Joan Fernandez cuando vuelve los ojos en blanco y mira al cielo, y dice, tan blanco el ojo, que yo creeria que alguna moza se le ha ido de las redes quando retiga los ojos, y si alcanzase la ventura, no la querria sino para ganalla donde Juan Fernandez la pierde, y perdella donde él la gana;
Que segun dicen las gentes, Entre damas siempre pierde, Y con mozas siempre gana.
Dixo el Duque: Horas dan, ya debe ser muy tarde, aunque no les querria dejar ir sin una condicion que nos veamos mañana, á la hora misma, así como estamos, que mucho querria más largamente platicásemos de la córte del rey Priamo de Troya, desde el principio de este reino hasta su malaventurado fin. Y sea sin falta, porque si Joan Fernandez la hace, don Luis Milan le ganará quince y treinta, con la ventaja que mostraria tenelle ganándole á este juego.
_Aquí se acaba la tercera jornada._
JORNADA CUARTA.
Y DICE DON LUIS MILAN.
Señor Joan Fernandez, el Duque me ha enviado un paje para que vaya con la dama, que ayer llevé, y quiere que le traiga una montería que tengo hecha del Rey de Troya con sus damas y caballeros, y que tenga cuidado de haceros ir, porque no perdais el juego de falta: yo querria que viniésedes, para que si os tengo de ganar, no sea por la falta que vos haréis en faltarnos, porque no digan que si yo gané en la conversacion fué por vos no estar en ella; aunque más os conviene ir á vos que á mí, pues dirian las damas que no osais veros conmigo en el campo cerrado de la gala, que es en sarau, donde más se muestra quien es galan, pues el que no lo fuese en sala no lo será en calle, que por más que vaya bien vestido y encabalgado, no será sino don Juan Mula, ó don Pedro Caballo: y tomad el primer consejo del enemigo y venid, que yo me voy, y vos, paje, id á casa de don Diego y don Francisco y Joan Fernandez, que menester será, segun se ha ido enojado, para que no hagan falta, sino á todos les ganaré el juego.
Va el paje del Duque á casa de Joan Fernandez, y llama y respóndele una criada. _Paje._ ¿Quién está en su casa? ¿quién está en su casa?
_Criada._ El que no está en la ajena.
_Paje._ Mirad qué fria razon. Mas pensé que habia de estar en casa ajena el que está en la suya. ¿Quién está arriba? ¿quién está arriba?
_Criada._ El que no está abajo.
_Paje._ ¡Oh cuerpo de mí qué frialdad! Esta debe ser la que dicen mozuela de Caraza.
_Criada._ Ved si sois vos el que dicen
Tirte allá, que no quiero, Mozuelo Rodrigo, Tirte allá, que no quiero Que burles conmigo.
_Paje._ Mejor os podrian decir á vos mozuela de Logroño; pues estais engroñada con quien n’os merece nada. Salid, veamos con quién hablo, si es del palacio ó del establo.
_Criada._ Vos debeis ser del establo, que yo de palacio soy; pues á tales preguntas como haceis, tales respuestas mereceis. Mi señor Joan Fernandez contaba á la señora, su mujer, el otro dia, que tenía un criado, que donde quiera que lo enviaba, siempre le traia mal recaudo, y púsole nombre paje del mal recaudo, y porque le daban grita los pajes sobre esto, lo despidió; quizá debeis ser vos: esperad, y decírselo he. Señor, á vuestra merced creo que viene un criado del Duque, y cierto debe ser el paje del mal recaudo que vuestra merced despidió.
Díxole Juan Fernandez: Dile que suba, veamos si me trae algun mal recaudo, que peor se le llevará.
Dixo el paje: El Duque mi señor me ha mandado que yo viniese á no sé quién, para que no falte de ir allá, como ayer le ofreció, que para luégo es tarde.
Respondióle Joan Fernandez: Paje, mirad bien á quién os envian, que á mí no me nombran Noséquién.
Dixo el paje: Señor, ya sé que no le dicen Noséquién, sino Nosécómo, que no me acordaba de su nombre sino del que vuestra merced me puso, que por él voy corrido y habré de irme de Valencia.
Respondióle Joan Fernandez: ¿Y por qué me habeis puesto por nombre Nosécómo?
Dixo el paje: Parecióme, señor, que los nombres y apodos han de ser conformes al parecer y condicion de los apodados, y con razon se le puede decir el señor Nosécómo, pues no se puede saber cómo han de contentar á vuestra merced; y por no enhadalle más voy á don Diego, por lo mismo que á vuestra merced soy enviado.
Respondióle Joan Fernandez: Paje,
Ios para burlador, Que mejor vais apodado Que vos sois apodador.
Vase el paje para casa de don Diego Ladron y dice: Si tan mal me va en casa de don Diego como en la de Joan Fernandez, yo podré cantar:
Estos mis cabellos, madre, Dos á dos se los lleva el aire.
Pues me han dado tal pelillo el señor y su criada, ella debe pelar á su amo. Ya veo casa de don Diego, y una criada á la ventana, que le dicen la Peladilla; en nombre de Dios, y échome á nadar.
_Paje._ ¡Ah, señora Peladilla! ¿está vuestro señor en casa?
_Pelad._ Señor Pelado, no sé sino que para vos no hay nadi.
_Paje._ Ea, por mi vida, diga la verdad, aunque pocas veces la soleis decir.
_Pelad._ A lo ménos agora no he dicho mentira, pues pareceis gurrion pelado. No sé de qué gavilan habeis acampado.
_Paje._ Del que vos acampastes, pues tuvo presa con vos toda la noche.