Libro intitulado El cortesano. Libro de motes de damas y caballeros
Part 8
Yo solo fuí sabidor De lo que nos sucedió, Pues á mí me apareció Por Santelmo, el Dios d’amor. Díxome que no quisiese Esta aparicion contar, Porque en tal fortuna viese Quién sería el que dixese Amor nos puede salvar.
Dixo otro Comendador:
Pensamientos fueron vanos Sino en mar d’amor negarnos, Pues no podemos negarnos Muertos d’amorosas manos. Pues negar no nos podemos Mártires enamorados, De reir es que pensemos, Por mucho que naveguemos, Que podamos ser negados.
Dixo Otro Comendador:
Mucho fuera gran dolor Que muriéramos negados, Siendo tan enamorados, Si no fuera en mar d’amor. Y pues no podia ser, Ya yo estaba confiado Que no me podia perder; Que en la mar de mi querer Ya estoy hecho un pescado.
Prosigue el Capitan:
Como al eco parecieron, Desculpados son, señor, Que en oir hablar d’amor Todos ellos respondieron. Y tambien porque se vea Que coxquean en amar, Que cojo d’amor no afea Cuando la dama no es fea La que hace coxquear. Las damas por quien andamos En amores tan de véras Vienen en las tres galeras Por ver cómo peleamos. Peleando en su presencia Serémos fuertes guerreros Contra toda otra potencia; Que no hallan resistencia Amadores caballeros. Suplicamos su excelencia Por un correo sin tardar, Mande luégo atalayar Por la costa de Valencia. Que de todos tomen lenguas Si habrán visto las galeras, Porque algun aviso venga, Que sería muy gran mengua Descuidarse en las de véras. Gilot y Joan de Sevilla Podrán ir en tal despacho, Que harán muy poco empacho Al caballo ni á la silla. Tan ligeros siempre están De cabezas y de piés, Que sin duda volarán y por donde pasarán Cada cual dirá quién es. Mándeles, señor, venir, Vaya un paje bien criado, Tráiganles mucho á su grado Los que han de hacer reir. Si me da la comision, Presto los despacharé, Porque haré la provision Más conforme á la razon Que yo en ellos hallaré. Manda el Duque que partais Para hacer luégo un viaje, Por correos de aventaje, Pues siempre en todo volais. Iréis hasta á Gibraltar Muy en seso y muy de véras Orillas siempre á la mar, Y mandad atalayar Si verán nuestras galeras.
Vuelven Joan de Sevilla y Gilot, y dicen que una armada de turcos han tomado las tres galeras y están en Dénia, y dice el capitan:
A consejo, á consejo, Que bien será menester, Dadme todos parecer Cada cual como hombre viejo. Que el consejo en perficion En los viejos floresció, Que en mozos hay confusion Si no fué el de Scipion Cuando á Roma libertó.
Dixo Otro Comendador:
Caballeros de Sanct Joan, Oyan todos este mote, Á las armas moriscote, Que bien menester serán. Por armas quiero mi dama Del turco que la tuviere, Que ganalla por la fama Es mejor que por la cama, Véngame lo que viniere.
Dixo Otro Comendador:
Yo pedir quiero la mia, Que no vivo ya sin ella, Porque estar tanto sin vella Ya parece cobardía. Batallar será por fe, Pues por fe será el motivo, Y si muero ganaré, Y si preso, ya yo sé Á qué sabe ser cativo.
Dixo otro Comendador:
Yo tambien no veo el hora, Pues que sé que ha de vencer La que m’ha de dar poder Para hacella vencedora. Ella es la que vencerá Con su fuerza y mi persona, Pues á mí vencido m’há Desta suerte dias ha Mi dulce brava leona.
Dixo otro Comendador:
Por metelles más espanto Vamos presto, que ya es tarde, Que me dirá de cobarde Mi señora en tardar tanto. Suenen, suenen nuestras mallas, Vaya, vaya muy de véras, Peleemos por ganallas Y será vencer batallas Y cobrar nuestras galeras.
Dixo otro Comendador:
Ya veis que siento en tardar, Pues que traigo yo en mis armas: Mis arreos son las armas, Mi descanso es pelear. Mi costumbre esta es Por vencer al Dios d’amor, Ya veis si será gran pres Libertar la que despues Puede hacerme vencedor.
Dixo otro Comendador:
Yo tambien de armas me arreo, Peleando por vencer, Pero no para ofender La que causa mi deseo. Esta es ya mi condicion, Mi señora la causó, Pues ya veis si es gran razon, Para salir de prision, Que la deje presa yo.
Dixo otro Comendador:
Mi señora, ¿qué dirá, Qué podrá decir de mí, Sino que si estoy aquí, Es por no estar todo allá? Este mote contradice, Que por oracion lo digo; Pues que por ella lo hice, Siempre mi boca lo dice: Cuando ménos más contigo.
Dice el Capitan:
Pues teneis tanto en memoria Cada uno vuestra dama, Caballeros de gran fama, Y’os prometo la victoria. Yo no quedo en la posada, De gana de verme en ello, Primero será mi espada, Por quien mi vida colgada Tiene siempre de un cabello.
Va el Capitan, y viene con los turcos, con quien han de combatir los Comendadores uno á uno, para lo que veréis, y dice:
Caballeros, sedlo en todo, Ya veis qu’el turco me espera, Si Dios quiere que aquí muera, Regíos con muy buen modo. Turco, vuélvete cristiano Y dame mi linda amada, Que esto te será más sano, Y sino, pon luégo mano Como yo pongo á mi espada.
Vence el Capitan al turco y cobra su dama griega, y dícele:
Gracias hago á mi Dios, Gran victoria me ha dado, Pues que vos la habeis ganado, Que yo no venzo sin vos.
Respóndele su dama:
Caballero de verdad, De muy alto corazon, Siempre estuve en libertad, Porque en vuestra gran bondad Nunca se siente prision.
Pelea otro Comendador.
Si tan turco más no fueses, Como hasta aquí has sido, Harás muy mejor partido Si mi dama me volvieses. Y sino, pon mano luégo Al espada como yo, Y verás que si te ruego, Es porque no vayas ciego Para aquel que te crió.
Dice á su dama:
Vuestra es esta mi victoria, Vos, señora, la vencistes, Pues que siempre lo tuvistes De vencer en mi memoria.
Su dama responde:
Caballero, vuestra es, Nunca vos seréis vencido De valiente y muy cortés, Porque muy tarde verés, Cortesano ser perdido.
Pelea otro Comendador.
Turco, oye lo que digo, Deja tu secta enemiga, Y á mí vuélveme mi amiga Y yo volverm’he tu amigo. Y sino, guarte de mí, Que de tí guardado estoy, Que la ley en que nascí Me defenderá de tí Por la fe que yo le doy.
Dice á su dama:
Gracias á Dios verdadero, Mi dama llevó el mejor, Qu’ella ha sido el vencedor Siendo yo su prisionero.
Su dama responde:
Caballero, vos vencistes A mí y al turco en verdad, Á él, pues que lo rendistes, Y á mí, porque causa distes De cobrar yo libertad.
Pelea otro Comendador, y dice:
Lástima tengo de tí Siendo tan turco en tu ley, Yo terné contigo ley Si tú la ternas con mí. Déjame mi dama ya, Que contigo va corrida, Y sino, aquí estará Quien dejártela hará, Ó tú dejarás la vida.
Vence al turco y cobra su dama griega, y dícele:
Señora, ser no pudiera, Pues que fuera sin razon Ser vos en mi corazon Y que turco me venciera.
Respóndele su dama:
Caballero vencedor, Á vos se ha de atribuir, Que teniendo tanto amor, No habia matador, Sino vos hacer morir.
Pelea otro Comendador, y dice:
Turco, no lo seas tanto, Y conviértete á Dios, Y pornáse entre los dos Paz con l’Espíritu Sancto. Y por dama cobrarás La reina Vírgen María, Y mi griega dejarás, Y sino, conoscerás Que rogar no es cobardía.
Gana en el combate á su dama, y dícele:
Señora, Dios que os crió, Permitió lo que ha sido, Que si el turco fué vencido, Vos sois la que le venció.
Respóndele su dama:
Caballero, para dos, Aunque fuesen más romanos, Haced gracias á Dios, Que no se dirá por vos: Más tuvo lengua que manos.
Pelea otro Comendador, y dice:
Yo ternía por mejor, Turco, que te convirtieses, Y mi dama me volvieses, Porque toda es desamor. Créeme, que yo lo sé, Déjala qu’es muy ingrata, Y sino, aparejaté, Que tal cual la cobraré, Aunque más y más me mata.
Cobra su dama y dícele:
Lo que dixe engaño era, Señora, para engañar, Que de vos sale el matar, Si el turco aquí muriera.
Respóndele su dama:
Buen caballero engañoso Y muy sabio en combatir, Vuestro engaño gracïoso Á vos hizo venturoso Y á mí me hizo reir.
Pelea otro Comendador.
¿Quién te puso en tal favor, Turco mal aventurado? ¿Quién te hizo enamorado, Siendo el mismo desamor? Déxame, mi dama, Can, Que no es hueso de roer; Vuélvesela á su galan, Que tus ojos no verán Que yo te la deje ver.
Dice á su dama:
Vos, victorïosa dama, Sois semblante al Amazona, Que al gran Héctor en persona Quiso ver por su gran fama.
Respóndele su dama:
Si yo el Amazona soy, Vos sois Héctor ciertamente, Que si tal renombre os doy, Es por lo que hecistes hoy Contra un turco tan valiente.
Pelea otro Comendador, y dice:
Pues que cada cual venció Á su turco con gran fama, Turco, vuélveme mi dama, Pues que para mí nasció; Y sino, sé convidado, Que si me acampares vivo, Nunca serás libertado Por haber tú cativado Á quien me tiene cativo.
Cobra su dama, y dícele:
Mi señora, ya me veis, Que vos misma os libertastes, Vos sois la que peleastes, Pues que todo lo venceis.
Respóndele su dama:
Caballero, no burlais Mucho, gran verdad decis, Que los que d’amor penais, Fuerzas son con que matais Las fuerzas con que moris.
Quedan vencidos los turcos y cativos, y requiébranse los Comendadores con sus damas.
Caballero:
Qué triunfo, qué victoria, Toda de gloria tan llena, Ganar damas para pena, Que la pena toda es gloria.
Dama:
Caballero, bien mostrais Cuánto en todo mereceis, Pues que tanto nos honrais, Que las penas que pasais Por gran gloria las teneis.
Caballero:
Diga qué sintió, señora, Ver á sus piés d’un reves, Cuando el Turco vió á sus piés, Siendo dél trïunfadora.
Dama:
Lo que yo podré decir, Alabar, señor, á Cristo, Que entre la muerte y vivir, Vos me habeis hecho reir, que en tal caso no s’ha visto.
Caballero:
Señora, bien es saber Cóm’os fué de servidores, Y á los turcos de favores, Que otro no podia ser.
Dama:
A mi Turco le ha ido Como vos lo habeis gustado, Que segun me ha tenido, Tan mandado l’he tuvido, Que jamas s’ha desmandado.
Caballero:
Yo tambien tengo un dolor; Pues ser otra no podia, Que favor al Turco haria, Más de miedo que de amor.
Dama:
Eso no pudiera ser Que de miedo yo le amase; Que esperando su valer, No tenía qué temer, Que más no me asegurase.
Caballero:
Turcos requiebros dirian, Turcos tan enamorados,
Dama:
No merecen ser burlados, Pues que tanto nos querian.
Caballero:
Celos querria tener Si licencia me daïs.
Dama:
Bien los habeis menester, Pues mostrais ménos querer De lo que, señor, mostrais.
Caballero:
Señora, ¿qué le presento El Turco su servidor?
Dama:
Lo que pudo y buen amor, Pues con obras lo mostró, L’arco y flechas que traia, En mis manos todo estaba.
Caballero:
Ya vuestra merced tenía Arco y flechas, pues heria Con los ojos que miraba.
Caballero:
Señora, ¿quién me dirá Este tiempo que n’os vi, Si os acordastes de mí, Que yo siempre estuve allá.?
Dama:
Nadi os lo dirá, señor, Como yo con más razon, Pues perdí todo temor, Confiando en la valor De vuestro gran corazon.
Caballero:
¡Oh quién supiese, señora, Si sentistes unos tiros, No de bronzo, mas suspiros Que os tiraba cada hora!
Dama:
Sí sentí, pues allegaron Las pelotas hasta mí, Y á los turcos espantaron, Que’en mi boca retumbaron, Que por eco os respondí.
El Capitan:
Ea ya, señores, ea, Vamos, vamos á danzar, Porque yo quiero estorbar Con danzar esta pelea. Sea trisca, sí querrán, Y cantemos en la fiesta, Y las damas callarán, Y callando mostrarán Que el callar dan por respuesta.
Dama:
Fiesta de tanto placer No se puede festejar Con bailar y no cantar, Por vengarme en responder.
Caballero:
Damas que vengar se quieren, Pues no quieren amistades, Respondan lo que quisieren, Que pues matan y no mueren, Cantar quiero las verdades.
Canta el caballero:
En mi gesto se os amuestra Gran amor, Y en el vuestro á culpa vuestra Hay desamor. Siempre estoy mirando al cielo Cuando yo n’os puedo ver, Y vos daisme por placer Del pelillo pelo á pelo. Callo y mi gesto os amuestra Gran amor, Y en el vuestro á culpa vuestra Hay desamor.
Respuesta de la dama:
Si en el gesto se ha de ver Cuanto quereis, Poco mostrais el querer Que me teneis. Vos mostrais en vuestro gesto que teneis muy poco amor, Que tan sano servidor No podrá estar mal dispuesto. Ya por vos no puede ser Que amor mostreis, Pues que nunca por querer Enflaqueceis.
Canta Otro caballero:
Yendo y viniendo Vóyme enamorando, Una vez riendo, Y otra vez llorando. N’es la de mi ciego Voluntad pequeña; Mas arde mi fuego Si le añaden leña. Vánmela añadiendo, Mis ojos mirando, Una vez riendo, Y otra vez llorando.
Respuesta de la dama:
Cuando más os veo Ir apasionado, Más y ménos creo Que estais namorado. Más amor y ménos Veo en su manera, Más amor de fuera, Y de dentro ménos. Sois otro Teseo Muy falsificado, Más y ménos creo Que estais namorado.
Canta otro caballero:
Cuando más y más os miro, Más sospiro. Tanto tengo que mirar En su gesto muy hermoso, Que me hace sospirar, Pues no soy su venturoso. Si me quiero retirar De miraros, como os miro, Más sospiro.
Respuesta de la dama:
Si os creyese cantaría, Sospirastes Baldoínos Las cosas que más queria. No tengo mucha razon De cantar este cantar, Pues que vuestro sospirar Muy falsos sospiros son; Si n’os correis cantaria: Sospirastes, Baldoínos, Las cosas que más queria.
Canta otro caballero:
¡Ay que me matais! Caballero, ¿qué teneis? Señora, muerto m’habeis. Por mi vida que os burlais. ¿Cómo puedo yo burlar Burlas que son tan de véras, Pues matais de mil maneras Para más enamorar? Cruelmente me matais. Caballero, ¿qué teneis? Señora, muerto m’habeis. Por mi vida que os burlais.
Respóndele su dama:
Caballero burlador. Mas lo sois vos, mi señora. ¿Para qué os burlais d’amor? Porque vos sois burladora. Huélgome que lo otorgais, No habeis menester tormento. Por vida vuestra, que miento, Que vos sois la que burlais. ¿Para qué os burlais d’amor? Tened vergüenza en mal hora. Más burlais vos, mi señora, Que yo no soy burlador.
Canta otro caballero:
Vaya, vaya, en hora mala, Vaya, vaya. He perdido mi dormir, Y no le quiero cobrar. Porque más quiero morir Que vivir para penar. No lo quiero más buscar Si Dios me vala, Vaya, vaya, en hora mala, Vaya, vaya.
Respuesta de su dama:
Venga, venga, en hora buena, Venga, venga. Dicen si quiero un truhan, Que burla de servidores, Burlára de mi galan, Que quiere morir d’amores. Dalles ha, pues son traidores, Mala strena, Venga, venga, enhorabuena, Venga, venga.
Canta otro caballero:
Loco estoy del mal que siento; Piedras me haceis tirar, Búscame mi entendimiento, Yo no lo quiero cobrar. Mucho más vale ser loco, Que morir con la cordura, Yo moria poco á poco, Y hora vivo con locura. Con ser loco estoy contento; Pues no siento mi penar, Búscame mi entendimiento, Yo no lo quiero cobrar.
Respuesta de su dama:
Un loco tengo donoso, Por amar No quiere el seso cobrar. Yo querria que sanase, Vále buscando su seso, Tírale piedras y vase Como si fuese sabueso. Muestra tener más reposo En loquear, No quiere el seso cobrar.
Canta otro caballero:
Con dolores descorteses Voy cantando por las calles: Mala la vistes, franceses, La caza de Roncesvalles. Tengo mal frances d’amor, Qu’es peor que mal frances, Que jamas curado es Sino de quien da el dolor; Deste mal há muchos meses Que me sienten por las calles, Mala la vistes, franceses, La caza de Roncesvalles.
Respuesta de su dama:
Buena pro os haga, señor, Buena pro. Mal frances teneis d’amor, Tenéoslo. Mal frances d’amor no sé, Buscad quién os l’ha pegado; Yo n’os tengo enamorado, Que nunca vistes por qué. Buena pro os haga el dolor, Buena pro, Mal frances teneis d’amor, Tenéoslo.
Canta otro caballero:
No sé qué me digo, No sé qué me hago, Dame amor un higo, Y tómole por pago. Tal os pague amor Á cuantos burlais, Pues que no tragais Higos por amor. Ya no estoy conmigo, No sé qué me hago, Dame amor un higo Y tómole por pago.
Respóndele su dama:
Si l’amor n’os da un higo, Y’os daré una castañeta, Pues teneis falsa riseta De enemigo. Vos teneis muy buena paga, Pues que de burlas servis, Buena pro, señor, os haga, Ya que todo os lo reis. Vuestra cara es el testigo, Tomad una castañeta, Pues teneis falsa riseta De enemigo.
* * * * *
No más trisca y acabemos Con tener debida ley; Pues vieron casa de rey, Á los turcos libertemos. Y mandémosles bailar, Pues su mal volvió alegría, Que no sentirán pesar, Pues se vean libertar Para volverse á Turquía. Turcos, pues lo mereceis, Cobrad vuestra libertad, Y si lo mandais, bailad Como en Turquía soleis. Y por más regocijar Dia, que tan dia fué, Que en placer volvió el pesar, Le podrémos acabar Con un torneo de pié. Esto es lo que hacer debemos, Vamos por las armas, vamos, Pues con armas nos honramos, Con las armas acabemos. Y vosotros no dejeis De bailar, pues dais placer, Que tambien pareceréis, Con el baile que haréis. Que podréis entretener.
Acabado el torneo se acaba la farsa con esta copla:
Si nos da, señor, licencia, Volvernos hemos á Malta, Aunque parece que falta Vista en no ver su excelencia. La fortuna que pasamos, Pasarémos en no veros; Que si dulce lo gustamos, Muy amargo lo esperamos Lo que se pierde en perderos.
Dixo el Duque: Don Luis Milan, bien habeis mostrado que no son farsas las que vos haceis, pues de vuestras burlas se pueden sacar avisadas véras, y de las véras avisadas burlas, como mostraron: _Los comendadores, por mi mal os vi_; que esto puede cantar Juan Fernandez, vuestro competidor, pues los vió, para tener envidia de vos, por habellos hecho tan cortesanos en las burlas como en las véras.
Dixo don Luis Milan: Si las de vuestra excelencia no fuesen burlas para favorecer, creeria que son véras para burlar, que de reyes es burlando hacer mercedes, como oirán en este cuento: Nuestro valenciano Penarroja, comendador de Christus, viviendo con el rey Manuel de Portugal, fuéle á demandar casamiento, y díxole: Decey, Comendador, ¿habeis casado por trato ó por amores? y respondióle: No, señor, sino por trato; y el Rey le dixo: ¿He vídevos ella? Quiso decir con esta burla, que si le habia visto ella ántes de casar, siendo tan feo, nunca le tomára por marido, y si habia casado por amores, creyéralo, pues no hay amor feo; y despues de haber burlado con él, le dió más de lo que demandó; que burlas de reyes mercedes son.
Dixo Joan Fernandez: Don Luis Milan, las burlas de su excelencia lo han sido para mí, y no para vos, pues me ha dicho que vi los Comendadores de vuestra farsa por mi mal, para tener envidia de vos; y téngola, pues habeis sabido hacer lo que os diré con este romance:
Más pesar he de vos, Conde, Pues no sois de envidiar En armar las cortesanas Damas para farsear.
Dixo don Luis Milan: Juan Fernandez, lo que yo hice de burlas vos lo haceis de véras, como en este contra romance al vuestro oiréis:
Siempre os vi, señor don Juan, Armado de cortesanas Contra damas muy galanas Por ser muy bajo galan.
Dixo don Diego: No teneis razon, Joan Fernandez, de buscar tachas donde no las hay, que os tacharán; tachador real de córtes pareceis, ó coracero en poner tachas en la coraza de don Luis Milan, teniendo tan fuertes launas de respuestas, que no las pasarán vuestros hierros, que por ser de amores bajos, cuentos son para burlar.
Dixo don Francisco: Don Diego, bien habeis defendido á don Luis Milan, vuestro amigo, perro ropero me habeis parecido, de aquellos que les dicen, guarda la ropa, guarda la ropa.
Dixo la señora doña Beatriz de Osorio: Señora doña Mencía, donoso ha sido don Francisco, que á don Luis Milan ha hecho hacer risa de perro, y mereceria que se quedase con ella, pues los mofadores parece que regañan riendo quando quieren mofar.
Dixo la señora doña Mencía: Señora doña Beatriz, no puede parecer don Luis Milan á lo que no paresce, que no siendo perras sus cosas, haga risa de perro; más parece á risa de córte, que risas de avisados reprensiones son.
Dixo la señora doña Violante: Señora doña Merina de Tovar, ¿qué le parece destas dos lanzas que han corrido estas señoras? ¿á quién daria vuestra merced la mejoría,? que el merecimiento no debe estar sin precio.
Dixo doña Merina de Tovar: La señora doña Mencía corrió mejor lanza, pues socorrió á don Luis Milan, que estaba corrido de verse apodado á risa de perro, por haber sido mucho reido. Y la señora doña Beatriz de Osorio no corrió mala lanza, pues corrió á don Luis Milan, que ha sido echar lanza en Fez, lo que yo les doy es lo que se traen consigo, que el merecimiento no está sin precio. Dixo la señora doña Luisa: Señora doña Joana de Guzman, adevinar querria lo que vuestra merced piensa y debe ser; que tiene muy risueño el servidor, y es señal de poco amor.
Respondió la señora doña Joana de Guzman: Señora doña Luisa, mi servidor no rie de poco amor, mas ríese de lo que sé.
Dixo la señora doña Castellana: Señora doña Joana de Dicastillo, ¿de qué puede reir el servidor de la señora doña Juana de Guzman? ¿si se rie que le dicen don Donoso, y nunca dice donaires?
Respondió la señora doña Joana de Dicastillo: Señora doña Castellana, á jornadas es donoso, que el otro dia acertó á decir uno á su dama, y fué que la apodó á saboga, que tenía gusto para contentar, y espinas para ahogar, y ella le dixo: que tenía donaires de pescador. Y él respondió:
Si pescase vuestro amor, Sería buen pescador.
Y ella replicó:
No me dejaré pescar En vuestra mar.
Y él se fué desavenido con ella, y así está como halcon encapirotado, que no dice nada.
Dixo don Luis Milan: Muy contento estó de la señora doña Beatriz de Osorio, que me apodó á risa de perro, porque me hizo mercurino, de la propiedad del planeta Mercurio, que le pintan la cabeza de perro, por ser muy sentido y entendido; y así risa de perro es de avisado, que apénas ha de mostrar los dientes cuando rie, mostrando que siente lo bueno y lo malo de la conversacion, y á lo bueno ha de reir como quien alaba, y á lo malo como quien reprende. Dixo que yo reia regañando cuando queria mofar, y en esto quiso decir mal de mí, ó no me entendió, que mejor mostró la señora doña Mencía entenderme, en lo que respondió por mí; y aunque en mí no haya tanto bien como dixo, en su mercad hay aviso para hacerme más de lo que soy, pues puso nombre risa de córte, á la que la señora doña Beatriz dixo de perro; que no es perra ni mofadora la risa que al reprendido mejora.
Dixo Joan Fernandez: Don Luis Milan, mucho querria saber cómo se ha de reir para alabar ó para reprender, que yo nunca he oido ni visto risas que hablen, sino agora.