Libro intitulado El cortesano. Libro de motes de damas y caballeros

Part 7

Chapter 74,276 wordsPublic domain

Dixo don Luis Milan: Y’os lo diré: Ya habréis oido decir la fuerza de Sanson cuán grande fué y la gran amor que á su amiga Dálida tuvo, pues oid el pago que della recibió, y fué este que diré: Deseando saber los filisteos, sus enemigos, en cuál parte del cuerpo tenía Sanson las fuerzas, rogaron á su amiga Dálida y diéronle mucho tesoro para que lo supiese, y como ella trabajase saberlo, rogaba con gran importunidad á su amigo Sanson se lo dixese, y él, no sospechando que lo quisiese saber por mal suyo mostrándole ella tan buena amor como él la mostraba, díxole: Dálida, tú sabrás que la gran fuerza que yo tengo es por gracia que Dios me ha dado, y por ser así sé que la tengo en unos cabellos que en medio de mi cabeza están, y si á mí me los cortasen, yo perderia todas mis fuerzas; y rogándole ella que se los dejase cortar para ver si era verdad lo que él decia, consintió que se los cortase, y viéndole sin las fuerzas que primero tenía, esecutó su traicion y dió entrada á los filisteos, sus enemigos, y sacáronle los ojos y dejáronle vivo para hacer burla dél; y por no morir muchas veces con esta vida muerte, determinó de acabar sus tristes dias desta manera que diré: Sintiendo ya cobradas sus fuerzas por haberle crecido los cabellos que Dálida le habia cortado, hízose guiar á un templo donde gran multitud de filisteos estaban, y abrazóse con unas columnas que sostenian todo aquel edificio y derribólas; donde murieron sus enemigos, y él por vengarse dellos.

Dixo don Diego: Don Luis Milan, gran espanto pone la gran traicion que Dálida hizo á su amigo Sanson, que por interese del tesoro que hubo de los filisteos vendiese tan gran riqueza como fué la fuerza de Sanson para defension de los hebreos; una Dálida querria dar á Joan Fernandez para que anduviese como Sanson, sin ojos, entre las damas, rezando entre dientes por oracion la letanía que se rezó al dios d’amor cuando le ahorcaron en la justa de un amador, que desamador le digo yo, y que dixese, de las crueles damas, _libera nos, Domine_, para que armasen contra él uno otro ciego que le respondiese, contra el mocero Joan Fernandez, _te rogamos audi nos_.

Dixo Joan Fernandez: Don Diego, vos decis que me querríades ver una Dálida por amiga para que me acontesciese lo que le acontesció á Sanson, y si yo en tal me viese, á vuestra puerta rezaria los setenta y dos nombres que las damas os han puesto, para que se guarden de vos los que n’os conocen, y en esto les haria tan gran placer como vos les haceis pesar con vuestra lengua.

Respondió don Diego: Joan Fernandez, si á mí me quieren mal las damas por la lengua, á vos n’os quieren bien por la boca, que os hiede de tomar y dar paz con ella donde os sería mejor tener guerra; lo que yo digo es esto que dice don Luis Milan en su soneto con estos versos:

¿Por qué dirán amiga al enemiga Siendo enemigos nuestros sus deseos?

Dixo don Luis Milan: Don Diego, no me revolvais con las damas, que en mi boca no les parescerá mal esa razon como en la vuestra que teneis bocaje; pues bien entendido, como yo lo digo, no es decir mal, que impropio nombre es decir amiga á la que hace obras de enemiga.

Dixo don Francisco: Donoso sois, don Luis Milan, pues qué, ¿querríades vos que se os diese en amores lo que no se meresce, para que de no poderlo digirir de poco merescello os ahitase y que os matase una poplejía desamorada? Dexaos d’eso y no vais tras lo imposible por no parecer á Joan Fernandez y á don Diego; que vos y él os querríades que el amor os trujese con el plato de vuestro apetito, la perdiz que deseais comer en los amores; y si esto no se hace, luégo decis que el amiga es enemiga, pues no cumple vuestros deseos.

Dixo Joan Fernandez: Don Francisco maestr’escuela pareceis, pues habeis entrado en esta disputa como á determinador, con decir que don Luis Milan y yo vamos tras lo imposible diciéndonos lo que el refran dice: Tras lo imposible van los locos; ¿quién os ha dicho que nosotros tenemos esta locura? ¿supistes lo de la paloma de Mahoma que decia que por ella lo sabía todo? De ser moro en amores, venis á creer que don Luis Milan y yo tenemos lo que vos debeis tener, por lo que dicen: Piénsase el ladron que todos son de su condicion.

Dixo don Luis Milan: Departiros quiero con un cuento, pues me habeis dado con el hierro: El gran poeta Dante Florentino fué tan donoso como avisado, y los florentines le tenian en tanto como él los tenía en poco, por ver la ciudad de Florencia poblada de hombres que tenian de lo mucho poco, y de lo poco mucho; enhadado desto, desaparecióles de manera que iba entre ellos y no le podian hallar, y no podiendo vivir sin él no sabian qué hacerse para hallarlo; aconsejóles un sabio filósofo, y díxoles: El Dante es tan sabio que no le hallarán sino para responder y dar cabo á una muy avisada razon que la oyese comenzada y no acabada, porque no terná sufrimiento que esté sin acabar lo que está bien empezado; y’os aconsejaria que fuésedes diciendo por la ciudad estas palabras: ¿Qui sà lo bene? ¿Qui sà lo bene? Y diciendo los florentines esto, oyeron al Dante que iba disfrazado entre ellos, y respondióles: Qui ha provato lo male, qui ha provato lo male; que quiere decir: Aquel sabe el bien, que ha probado el mal. Yo he dicho esto sólo para mostrar que pues tanto he probado el mal del amor, sé qué cosa es bien, aunque nunca he gustado á qué sabe, como á don Francisco que le supo á miel rosate colado, y á Joan Fernandez á miel de azúcar, y á don Diego á vino cocho, que les alargaron con dulzuras los amores burlando dellos. Y por yo ser estado muchas veces acuchillado á casa del cirujano del amor que es el sufrimiento, dixe en mi soneto, como harto experimentado, que no se debia nombrar amiga la qu’es enemiga, y para prueba desto, truje por ejemplo á Dálida, que mejor se podia decir enemiga que amiga, pues hizo tales obras á Sanson. Dixe más, que poner impropios nombres son por casos feos, pues es impropio nombre decir enemiga á la que deberia ser amiga de su naturaleza, que por lo uno parece fiera, y por lo otro pareceria más hermosa; no lo digo por lo que ha dicho don Francisco, que yo querria que el amor me presentase la perdiz que deseo comer en los amores, y no me ha querido entender, pues lo que yo digo es esto: La dama puede hacer bien sin daño suyo, y á ésta se debe decir amiga, y á la que hace el contrario desto, la deben nombrar enemiga, que por sello la mia, quiero nombralla Dálida, pues siempre me mostró las caras del olvido, que son buena cara y mala obra, mostrando en la una esperanza y en la otra desesperacion; y así vamos vendidos como quien va entre enemigos.

Dixo don Francisco: Don Luis Milan, jugador de pasa pasa debeis ser; dixistes que pues os habiamos dado con el hierro, nos queríades dar con el cuento, y por sutilmente que habeis pasado las galas de vuestra gala, habemos sentido el hierro de tal cuento, acomparastes os al Dante y á nosotros á los florentines, haciendo mucho vuestras cosas y deshaciendo las nuestras.

Dixo don Diego: De aquí adelante os nombrarémos don Luis Milan de Piedra-iman, pues tirais la piedra y escondeis la mano; dixistes que los florentines tienen de lo poco mucho y de lo mucho poco, y acomparándonos á los florentines, ha sido decirnos, á tú lo digo, hijuela, entiéndete tú, mi nuera.

Dixo Joan Fernandez: Don Luis Milan, perro escusero me pareceis, que mordeis sin ladrar, embozado habemos vuestro perro con estos apodos que os hacemos, pues no respondeis.

Dixo don Luis Milan: Pues esperaos un poco y vello heis; á don Francisco que me apodó á jugador de pasa pasa, yo le respondo con el nombre que le han sacado las damas, y es don Francisco pasa pasa, que no quieran que pare en ellas; y á don Diego que me dixo que me podian decir don Luis Milan de Piedra-iman le respondo que se le puede decir don Diego de Piedra-zufre, pues tiene la color dél; y á Joan Fernandez que me apodó á perro escusero, le respondo con lo que le dice su mujer: Joan, perro mocero, que va tras mozas carnicero.

Dixo don Francisco: Bien os habeis pagado don Luis Milan, y’os doy la mejoría si me decis quién son las damas y por qué me dixeron don Francisco pasa pasa.

Dixo don Luis Milan: Las damas no diré; la causa por que sacaron el nombre, fué porque pasando vos por allí os cantó la una dellas este cantar: Pasau el tempo que fuy enamorato.

Dixo don Francisco: ¡Ay que ya sé quién es! ¡ay que ya sé quién es!

Dixo don Luis: Sospirastes, Baldoynos, os podemos cantar.

Respondió Joan Fernandez: Yo quiero responder por mi amigo don Francisco que se ha pasado á los franceses con un sospiro; y á vos, don Luis, se os puede decir: Vuestro Milan, señora, vuela por la cola.

Dixo don Luis: Y á vos, Joan, se os puede cantar esto que siempre cantais: En hora mala me perdereis, mozas, para vosotras.

Dixo don Diego: Yo quiero departir estos motes para que mejor acabemos el dia; vamos á casa de Joan Fernandez que hay una visita de damas, y son doña Mencía y doña Luisa, y doña Violante y doña Castellana, cuatro estrellas, y están esperando una farsa que si verdad es lo que me han dicho, no puede ser sino muy escelente por ser de don Luis Milan, y entre tanto que no viene, sacará un soneto quien tan bien nos provee dellos; vamos, que á tal fiesta ya tardamos, porque alleguemos con tiempo para aguardar al Duque y á la Reina, que vienen á favorecer la fiesta de la señora doña Hierónima.

Dixo don Luis Milan: Bien será si os parece que enviemos un recaudo á la señora doña Hierónima, que sería desacato entrar en su casa sin licencia, porque no seamos tenidos por licenciados, aunque su marido Joan Fernandez nos aseguraria como dia de fiesta: Que todos pueden entrar los que merecen lugar.

Dixo Joan Fernandez: Bien conoceis á mi mujer, mejor fuera para marido; yo me habré de asegurar con vosotros de alguna riña, que Dios nos guarde della, no olvidemos en el recaudo á las otras damas porque me valgan si reñimos mi mujer y yo, y ordenalde vos, que don Francisco está desordenado despues que sospiró, y don Diego piensa en hacer una buena entrada porque yo la tenga con mi mujer.

Dixo don Luis: Pues así mandais que sea yo lo haré. Paje, iréis á la señora doña Hierónima y decilde que estos caballeros y yo besamos las manos de su merced y de las otras señoras, y les suplicamos nos den licencia para visitallas, que no la queremos sino de su mano, aunque la daria la fiesta que se harán Joan Fernandez y su merced.

Volvió el paje con la respuesta y dixo: Señores, las damas dicen que agora será fiesta por venir tales caballeros á ella, y que suban de manera que no abajen.

Dixo don Diego: Señoras, á mí se me han de dar estas albricias, las damas porque les truje tales caballeros, y los caballeros porque les he traido á tales damas.

Respondió la señora doña Mencía: Señor don Diego, las albricias que demandais á fiestas se os darán.

Replicó don Diego:

Si á fiestas se me dan D’aquellas que yo querria, Siempre deudor le sería.

Dixo don Luis Milan: Mucho tenemos que agradecer á don Diego, que nos dió parte de fiesta, que aunque no se nos haga la ternemos.

Respondió la señora doña Luisa: Don Luis Milan, con razon debeis hacer gracias á quien os ha dado parte de fiesta que seréis el todo della.

Dixo don Francisco: Señoras, si no adoleciera poco há de un sospiro oyendo un nombre de una dama, yo cayera malo viendo aquí las que veo.

Respondió la señora doña Violante: Señor don Francisco, estaos con vuestro sospiro, que si es leal no os hará mal.

Dixo Joan Fernandez: Con tan buena vista como ésta, quien la tuviese en una celada, bien se podria justar y ganar precio.

Respondió la señora doña Castellana: Señor Joan Fernandez, no querais vista en celada, que no asegura, que es peligrosa armadura.

Dixo don Diego: Señoras si deseasen lo que don Luis Milan desea, oirian algun soneto suyo, que sus palabras son mejores que las obras de otros, y desenojalde, que hace rostro de enojado por ser alabado; mándenle que diga sonetos á damas, que por decir sonsonetos, ése debe ser su deseo.

Dixo la señora doña Mencía: Con licencia destas señoras, pues me lo mandan, diré si nuestros ruegos han de aprovechar, conforme serán nuestros deseos, para oir tan buenas palabras como tienen sus obras.

Don Luis Milan respondió: Señora doña Mencía, con tan buen mandado, ¿quién no se dejará mandar? y adonde con obras se ha de servir no debe ser con palabras, y no se me enojen del sonsoneto, pues la fin no es de enojar de éste

SONETO.

Es tan comun burlar de quien os ama, Que deste mal las más andais dolientes, Y no burlais hablándolo entre dientes, Que siempre vais tras ciervos á la brama. No es mal decir lo qu’es pública fama, Hay un refran comun entre las gentes, Haz siempre bien y á quien no pares mientes, Que bien hacer da buena mesa y cama. Pues es perder seguir un mal camino Que va á parar al más profundo infierno ¿Por qué quereis salir de vuestro estado? Y aunque yo soy de merecer indino, Pues vos teneis de mí todo gobierno, Tenga de vos no ser d’amor burlado.

Dixo la señora doña Luisa: Señora doña Mencía, ¿qué le parece cómo nos trata en este soneto don Luis Milan de burladoras, diciéndonos que las más de nosotras andamos dolientes deste mal burlando de quien nos ama? y por más encarecello dice que burlamos tan de véras, como los monteros del rey don Alfonso iban tras ciervos y osos, segun dice este cantar:

Tres monteros Matan el oso, Monteros son Del rey don Alfonso.

Y si él fuese el oso, yo le cantaria: Villanos le maten al oso.

Dixo la señora doña Mencía Señora doña Luisa, paréceme que nos ha hecho mataciervos, y ellos no se dejan matar, por ser muy grandes corredores, que no hay saeta de amor que los alcance, que los hombres muy de burlas no pueden ser muy de véras, y éstos son los que toman las burlas de véras y las véras de burlas; y de esto que nos alevanta nunca nos pedirá perdon, pues escusa su pecado diciendo, que no es maldecir de aquello qu’es pública fama, ser nosotras burladoras de quien nos ama, qu’es la mayor infamia que puede ser, pues la ley nos manda que amemos á quien nos desama; cierto él se irá al infierno por donoso y no le valdrán sus donaires para salvarse de las penas que á los infamadores dan.

Dixo la señora doña Castellana: Pues lo bueno es que se nos ha hecho consejero diciendo que sigamos aquel refran que dice: Haz siempre bien y no mires á quién, que bien hacer da buena mesa y cama. Tras eso anda él, y merece, por lo que nos alevanta, que el amor le dé cama de galgo y mesa de hospital.

Respondió la señora doña Violante: Él verná á ser confesor, pues nunca fué mártir en amores; ermitaño de Monte Olivete le querria ver, que yo iria á confesarme con él, pues preica tan bien como veis, diciendo que irémos al más profundo infierno si no vamos por el camino de su voluntad, y es que amemos á quien nos ama, y debe ser que á él le debe ir mal en amores y querria ser amado, como muestra á la fin del soneto diciendo á su dama: Que pues ella tiene el gobierno suyo bien mandado y enfrenado, hecho caballo de amor, que no le ensille burlando dél, como hacia Laura á su Petrarca, que lo gobernaba como á caballo bien enfrenado, que, en desmandarse de confiado, le daba una sofrenada, y en acobardarse de triste, le aflojaba la rienda, segun nos contaba don Luis Milan un dia delante su Margarita, que de velle muy triste le dixo: Alégrate, que pues escribes como el Petrarca, yo leeré tus obras como Laura.

Dixo don Diego: Señoras, mudar de bien en mejor es gran cordura; si parece á vuestras mercedes, vamos al Real y presentemos al Duque y á la Reina la farsa, y nosotros harémos otra con sus damas, porque sepan nuestro palacio ser tan bueno como el suyo.

Respondió la señora doña Mencía: Señor don Diego, yo soy de su parecer, que tan bueno es mudar de bien en mejor, como es malo de mal en peor.

Ya querria que estuviésemos allá por meter la guerra en casa ajena y sacarla de la nuestra, pues aquí ya estaba comenzada contra don Luis Milan y sus valedores, y vos, señor don Diego, empezaréis la escaramuza con las amazonas de la Reina que pelean diciendo: Que no se pueden decir damas sino las de palacio, y nosotras entrarémos á pelear con ellas como á valedoras vuestras.

Dixo don Diego: Señora doña Mencía con tal valenza la victoria tenemos cierta, vamos: Que mucho se gasta en tardar lo que se debe ejecutar.

Hé aquí el Duque que ya sale del Real, á buen tiempo allegamos: Señor, mande vuestra excelencia que se haga la farsa en el Real y será sacar de necesidad á don Luis Milan, que las damas que traemos habian movido una escaramuza contra él, que no podia acampar de muerto ó preso, y pues aquí verá cara de rey, será salvo, puesto que más vale ser buen preso que mal libertado.

Dixo el Duque: Bien me parece lo que habeis determinado, id al apear de la Reina.

Joan Fernandez llegó primero y dixo: Vuestra alteza sírvase de mí para tablas de apear y serémos el Cristóbal y el Jesus, pues siempre le tiene en la boca cuando me ve, como si yo fuese el enemigo.

Dixo la Reina: Por mi fe yo no me fiaria de vos por un refran que dicen en valenciano; doña Hierónima, adevinaldo y responded á vuestro marido, que yo no acertaré.

Respondió la señora doña Hierónima: Mes val ase quem porte, que caball quem derroque; no se si acerti á dir lo que vostra altesa volia.

Dixo Joan Fernandez: Mirad qué duda, para decir mal del marido, si habia de acertar la mujer.

Dixo don Diego: Vuestra alteza y su excelencia sean nos jueces quien terná más razon, ó las damas de su casa ó las de Valencia, en lo que dirémos.

Señora doña Beatriz de Osorio: Vuestra merced y estas otras señoras de palacio, lo quieren ser tanto, que emprenden á defender que no se pueden decir damas sino las que están en él; y seréis la torre de Babilonia que quiso subir tan alto cuanto abajó: Que no se debe comenzar lo que no se puede acabar.

Respondió la señora doña Beatriz: Don Diego, pues decis que somos la torre de Babilonia, vos sois el que la mandó hacer, que de soberbio era un Lucifer; lo de nosotras no es soberbia, sino ley.

Dixo don Francisco: Señora doña Beatriz, no puede ser ley lo que en ley no está; en Castilla debe ser hecha sólo para contra Valencia, que segun las gentes dicen, suegra y nuera son entrambas.

Dixo la señora doña Joana de Guzman: Don Francisco, en Castilla no hacen leyes para contra Valencia, y si yo las hiciese diria: Don Francisco y burlador padre y hijo son entrambos.

Dixo Joan Fernandez: Si vuestra merced hiciese esa ley, aquí le harian otra que diria:

Doña Joana de Guzman Ley no tiene á su galan.

Dixo doña Joanilla de Dicastillo, y es esta á quien la reina decia marido:

Reina, pues le soy marido, Si más sufre esta porfía, De vos me descasaría.

La Reina le dixo: Doña Joanilla,

No lo tengo á maravilla, Que ley no quieras tener En marido ser.

Dixo la señora doña María de Tobar: No hablemos más de leyes, que en los hombres se perdieron, y volvamos en lo que primero hablamos;

Que en Castilla no se llama Si no es de palacio, dama.

Dixo don Luis Milan: Señora doña Merina:

Mucho va eso al reves, Que el palacio no hace dama, Sino la que dama es.

Dixo el Duque: No se hable más desto, que don Luis Milan me ha quitado de la boca lo que yo queria decir, y vuestra alteza, pues es juez conmigo, no sea amiga del amigo de pasion, sino enemiga del enemigo de razon.

Dixo la Reina: Yo no me apartaré de la razon, que por mis damas no quiero tener pasion:

Sino por don Pedro Milan, Que es mi galan.

Dixo la señora doña Mencía: Pues su excelencia y alteza han determinado que pasemos por damas, pasarémos á servirlas como galanes, que yo quiero requebrarme con la señora doña Beatriz de Osorio,

Que es tan hermosa, Que es muy poco hacella rosa.

Respondió doña Beatriz de Osorio: Señora doña Mencía:

Los ojos que nos verán Nunca vieron, Y los que os vieron ménos Si n’os conocieron.

Dixo la señora doña Luisa: Señora Doña Joana:

Si yo fuese tan galan Como vos sois muy galana, Sería el mejor Guzman Por tal Guzmana.

Respondió doña Joana de Guzman: Señora Doña Luisa:

Nos dirán como al frisado: Cayó la frisa Y queda la risa, Pues sois brocado.

Dixo la señora doña Violante: Señora doña Merina de Tobar:

Quien á vos ha de llevar, Muerto no estará en marina De vuestra mar.

Respondió doña Merina de Tobar: Señora doña Violante:

Pues sois otra Bradamente, Querria ser Para vos otro Rugier.

Dixo la señora doña Castellana: Señora doña Joana de Dicastillo:

Mucho quedará ufano Quien será de su castillo El castellano.

Respondió la señora doña Joana: Señora doña Castellana:

De mi dedo sois anillo, Vos sereis de mi castillo El castellana.

Dixo don Diego: Estos amores que se dicen las damas de Valencia con las del Real, se encienden mucho; Joan Fernandez, pues sois llorador en amores, llorad y matarán vuestras lágrimas este fuego.

Respondió Joan Fernandez: Don Diego, mejor sería matalle con el hielo de vuestra frialdad, pues os pueden hoy cantar:

Fuente fria, fuente fria, Fuente fria sois, señor; Pues atravesais con hombres Donde hay damas de primor.

Dixo don Francisco: Yo voy por la farsa para atajar la que hacen don Diego y Joan Fernandez, y no será menester, que ya me parece que entran. Todo el mundo esté atento y sin mucho reir, que don Miramucho, que es el Milan, si reimos demasiado nos terná por hombres de farsa y burlará de nuestras risadas con aquello que dice:

Un reir demasiado Juzgan por muy alocado.

Guardemos, pues, la autoridad y vergüenza, que donde se pierde, tarde se cobra, y callemos, que ya comienzan.

* * * * *

El Capitan de las galeras de la religion de Sanct Joan comienza y dice:

Duque, todo rey sin falta, Hoy son justos veinte dias, Que con grandes alegrías Partimos todos de Malta. Y saliendo de Isladeras Dió al través la Capitana Y las otras tres galeras Con fortuna tan de véras Van corriendo Tramontana. La fortuna ya pasada Fletamos un bergantin, Y embarcámonos á fin Para hacer esta jornada. Medio dia no pasó Que acudió Griego y Levante, Y en un punto nos echó Que sueño me pareció Ser tan presto en Alicante. Demos gracias á Dios Y hacer siempre buena cara, Pero quién no se alegrára Sino en ver, señor, á vos. Caballeros esforzados, Hagamos cara de hierro, Que tras casos desastrados Parecer regocijados Nadi lo terná por yerro. Si hacemos de donosos N’os debeis maravillar, Que así suelen espantar La fortuna valerosos. Y fortuna de espantada En no darnos cata della, Nos ha puesto en tal posada Que si es el Real nombrada, Es por quien hoy posa en ella. Lo que agora diré yo Es de estar enamorado, Que si el mar no m’anegado Fué por quien negado so. Y tened esto por cierto, Como es muy cierto el morir, Que la mar, como á muerto, Por echarme á tan buen puerto, He cobrado aquí el vivir.

Dixo otro Comendador:

Perdone sobre este paso Por la parte que me toca, Que no es bien calle mi boca Pues d’amores me traspaso. Si no me negó este mar, Fué tambien por ser negado En aquella del amar, Donde amor hace tragar El morir que ya he tragado.

Dixo otro Comendador:

¡Ay amor! ¿yo qué diré? Habla tú por mi agora, Negóme una señora Que yo nunca la negué. Y al tiempo que me negaba En mi alta mar de amor De lo mucho que lloraba, Un paje se me ahogaba Si no fuera nadador.

Dixo otro Comendador:

No es mi pena así tan poca Como la que se ha contado, Pues de sed me só ahogado Teniendo el agua á la boca. ¿Como me negára aquí En aquesta mar salada, Pues huye el agua de mí, Si por la que no bebí Siento mi vida negada?

Dixo otro Comendador:

Nunca fuera acontecido Ni jamas ojos lo vieran, Que los peces me comieran Siendo ya d’amor comido. Que donosa cosa fuera, Todo fuera por demas, Que ballena me comiera, Y si fuera que tal fuera Verme por vos un Jonas.

Dixo otro Comendador: