Libro intitulado El cortesano. Libro de motes de damas y caballeros

Part 6

Chapter 64,082 wordsPublic domain

Esta es la comida de los desdichados, que por estar muy descomidos, para que no pierdan del todo el apetito del contento y desesperen, se les da una postre italiana, que la nombran: Qui la seque la vince, y á los que darán manjar de venturosos muy buena pro ternán de su comida, pues no morirán del mal de enamorados, que le nombran morrion; pues desto mueren presumptuosos, y no los humildes que lavan su cara con agua de alegría de lágrimas de placer, que da tan buen olor, más que el agua almizcada, pues el almizque della es buen modo, y el algalia crianza, y el ámbar agradescimiento; que la almizquera italiana la compone de la recepta que dice: Humil amante vince dona altiera. Lo que en todos los soberbios es al contrario, pues tienen condicion para hacer estómagos acedos, que bien sufrir de todos es loado, y no como vos, que siempre sois tan mal sufrido como aborrescido.

Dixo don Diego Ladron: Don Luis Milan, ¿n’os acordais de los amores de Belerma y Durandarte? que siendo desterrado por mandado de su emperador Carlo, y volviendo á la córte perdonado, halló á Gaiferos servidor de Belerma, sin haber dado él ocasion, y quejándose desta traicion, dejó de servirla, diciendo:

Que por no sufrir ultraje Moriré desesperado,

mostrando que la dama ha de mostrarse enojada si la sirve otro caballero, si ya su servidor no le ha dado ocasion para despedille si le ha sido desleal; y si esta culpa no tiene y su mucho amor le hace volver á servirla, ha de ser con gran arrepentimiento de su dama, y pues ella causó la pena, debe traer en un letrero este mote: Digo mi culpa. Pues ya veis cómo por esta ley de agradecimiento que se tenía en aquel tiempo, no era bien qu’el caballero desdeñado fuese bien sufrido, pues sabeis que y’os visité estando doliente en la cama, deste mal, y dixísteme una glosa vuestra á este villancico que dice:

_Desdeñado soy d’amor, Guarde os Dios de tal dolor._

GLOSA.

El mayor mal de los males Que el amor nos da á sentir, Lo que no pueden sufrir Los más simples animales, Es tan malo de pasar, Por ser esta mar mayor, Que me vengo ahogar Cuando yo quiero cantar, _Desdeñado soy d’amor_. Es mi vida ya un poca, Si della querrán saber, Que en el gesto se ha de ver Cuando está muda la boca. Á muerte soy condenado, Trátanme como á traidor; No vale ser coronado Por leal enamorado, _Guarde os Dios de tal dolor_.

Dixo don Luis Milan: Señor don Diego, reir me hecistes cuando os oí decir si me acordaba de los amores de Durandarte y Belerma, como si fuéramos de aquel tiempo. Si Dios os guarde, ¿habeis tenido mal frances? que de ahí os debe venir sacar amores de Francia; en la boca habeis debido tener este mal, que siempre teneis en ella á los franceses. Decíme, ¿qué os parece deste romance?

Mala la vistes, franceses, La caza de Roncesvalles; Don Cárlos perdió la honra, Murieron los doce pares.

Respondió don Diego Ladron: Paréceme tan bien como muy mal de la traicion que Galalon hizo, pues por él fueron vendidos y muertos de los moros los que no bastára matar todo el mundo, si apercibidos y no solos tomáran á don Roldan y á Oliveros y á Durandarte, que bien parece que le sois amigo en la glosa que hicistes á su romance, que dice:

Durandarte, Durandarte, Buen caballero probado,

que si gana os toma de tañer y cantalle, aquí tengo una muy buena vihuela y damas que os escucharán, que están en visita con doña María mi mujer.

Respondió don Luis Milan: Señor don Diego, soy contento si n’os enojais que despues de este romance cante un otro, y podrá ser que os sane del mal frances que mostrais tener en la afeccion francesa, que traeis como á gorra en la cabeza.

Dixo don Diego: No respondo á vuestra lengua por más presto oir tañer vuestras manos; yo voy á presentallas á las damas de la visita, de parte vuestra, que sé que os haré gran placer, y luégo volveré con el recaudo.

Dixo don Francisco: No seais músico y no ternéis terceros; si fuese de don Luis Milan, yo le cantaria á don Diego: El diablo trae á su casa con que llore. Su pago sería que le quedase competidor el tañedor, como hizo aquel nuestro caballero valenciano nombrado Diaz, que trayéndole un gran amigo suyo á tañer á una dama que servia, se enamoró della, y el otro dia hallóle dando vueltas á caballo por su calle y díjole: ¿Anoche músico y hoy competidor? no seréis más mi tañedor; y Diaz le respondió: No siam mes amichs.

Dixo Joan Fernandez: Muy gran necedad es traer á tañer amigo que puede enamorar y enamorarse de vuestra amiga, que si él es para enamorar, n’os quejeis della, pues le traeis hombre que tenga lo que vos no teneis para contentar, y si es para enamorarse n’os quejeis dél, pues le fuisteis tercero, quejaos de vos mismo; por lo que dice el italiano: Non te fidar, e non saray gabato.

Dixo don Diego: Don Luis Milan, hé aquí un paje que os trae un buen recaudo de parte de las damas, que no sé yo con qué pagueis una tan gran merced sino con una ingratitud á modo de encarecer, mas no de hacer, aunque dice el refran: No se puede pagar lo que no tiene precio; como quiso decir un caballero castellano, aquí en Valencia, al rey Francisco de Francia, cuando vino preso, saliendo de visitar á la reina Germana, francesa; y las palabras qu’el caballero le dixo fueron éstas: Syra, vuestra Majestad va preso de tal Emperador,

Que en velle se volverá En placer vuestro dolor.

Y tan gran merced no puede pagarse sino con una ingratitud, y el Rey de Francia lo hizo mejor que se lo dixo; que en pago de habelle dado el Emperador libertad y á su hermana por mujer, en ser en Francia le rompió la paz y le movió nueva guerra; no querria, don Luis Milan, que, en pago de esta merced que os he hecho hacer á las damas, fuésedes tan ingrato como fué el Rey de Francia, pues sería peor mal frances el vuestro que no el mio. Paje, dile el recaudo que le traes de parte de las damas, que buena pro me haga.

Dixo el paje: Señor don Luis Milan, mi señora y las señoras que arriba están, mueren de deseo de veros y oiros, y dicen que si vuestra merced tiene el mismo deseo, podréis cantar:

Nunca fuera caballero De damas más bien querido.

Respondió don Luis Milan: Paje, diréis á todas esas señoras que os envian, que yo les beso las manos y cumpliré su deseo, pues el mio muere porque me vean y oigan, y responderé á su romance con este villancico:

Si amores m’han de matar, Agora ternán lugar.

Dixo don Diego Ladron: Don Luis Milan, vamos, vamos, que yo temo de cantar:

D’este mal moriré, madre, D’este mal moriré yo.

Y en ser todos delante las damas, don Diego tomó de la mano á don Luis Milan, diciendo:

Señoras, hé aquí á Orfeo Que yo le querria más feo.

Dixo la señora doña Leonor Gualvez: Señor don Diego:

Nunca os vi tener temor Á ningun competidor, Y agora veo Que Narciso teme á Orfeo.

Dixo don Luis Milan: Señora doña Leonor, con una glosa quiero responder á vuestra merced, que me mandó hacer una dama á este

MOTE.

_Guárdeme Dios de mí._

GLOSA.

Si Narciso se ahogo De sí mismo enamorado, Tened de vos más cuidado, Pues que ménos se perdió En haber á vos cobrado.

Y pues más teneis razon De la que tuvo de sí, Traed con gran devocion El mote por oracion, _Guárdeme Dios de mí_.

Con más razon debe temer de su hermosura, señora doña Leonor, que n’os acontezca como á Narciso, pues siendo ménos la dél que la vuestra, se turbó, de sí mismo enamorado, mirándose en una fuente donde cayó y murió ahogado; mande vuestra merced al Narciso, que habeis nombrado que traiga consigo el mote por oracion, porque no se ahogue si se turba mirándose muy hermoso en la fuente de vuestra hermosura.

Dixo Joan Fernandez: Señor don Luis Milan, para celos sería bueno vuestro requiebro, pues decis que el Narciso que la señora doña Leonor ha nombrado pasa peligro de ahogarse, mirándose muy hermoso en la fuente de su hermosura, que si no me engaño, no es feo quien en su dama se mira Narciso; tales celos como los vuestros no los hay en Portugal.

Dixo la señora doña Ana: Señora doña Leonor, departa vuestra merced á Joan Fernandez y á don Luis Milan, que si tales cortesanos dan en alabar vuestra hermosura, no quedará qué alabar para nosotras ni quien alabe la nuestra, que don Diego Ladron no está para alabarnos, que tomado está de ojo y don Francisco de boca.

Dixo la señora doña Leonor: Señora doña Ana, no tengo qué departir, pues no tienen qué partir conmigo los cortesanos que ha nombrado, depártalos vuestra merced, ó desencante á don Diego y á don Francisco, que están encantados mirando vuestra gracia y hermosura.

Dixo don Diego: Señora doña Leonor, diga vuestra merced á la señora doña Ana que si yo estoy tomado de ojo, ella no lo está de boca, pues no mira lo que habla, sino dígalo don Francisco, que tambien ha muerto su pájaro como el mio con la piedra que nos ha tirado; cure de su comendador Montagudo, que va tan ciego de miralla como ella por no velle, y vayan á Sancta Lucía que los sane.

Dixo don Francisco: Don Diego, n’os maravilleis deso, que la señora doña Ana se burla de todos por ir de véras con uno, y es su marido, que lo quiere tanto, que hizo apedrear á su Montagudo una noche porque le hacia cantar á la puerta: «La bella malmaridada» á un ciego.

Dixo la señora doña Hierónima: Yo quiero responder por la señora doña Ana por las pedradas que decis que tiró; habeis de saber que no tira piedras sino quien no piensa tirallas, que en su seso está quien sabe lo que hace, que no es tirar piedras adonde se debe, pues hay galanes que lo piensan y no lo son, que para sello, en todo lo deben ser, que el ojo y la boca, la mano y el pié no se han de mover sino para contentar á las damas, que don Diego bien mostró estar en pasion y no en razon, pues habló lo que no quiso entender; que la señora doña Ana no mató su pájaro ni el de don Francisco, pues no fué la que tiró, sino piedra iman que nos tira á querella; que no fué mal decir lo que dixo, que de muy enamorados el uno estaba tomado de ojo y el otro de boca, que de pensar es que lo hizo para hacelles hablar, pues se perdia mucho en ellos callar.

Dixo la señora doña María: Paréceme que convidamos don Luis Milan á una vihuela y dámosle á comer palabras; callemos, qu’es gran desacato que su tañer calle por nuestro hablar, y este descuido que habemos tenido merece ser perdonado, pues oyéndole hablar hace olvidar su tañer, y tañendo se olvida su hablar.

Dixo don Luis Milan: Señora doña María, no he visto descuido con tan buen adobo como este que vuestra merced ha adobado; no le ponga tal nombre, que no ha sido sino cuidado para que yo oyendo palabras tan cuerdas lo fuesen las de mi vihuela, que, remedando armonía, de tan dulce conversacion saque el mal espíritu de la envidia del cuerpo de Joan Fernandez, como hacia el arpa de David al rey Saul; y por hacer lo que me rogó don Diego, lo primero que cantaré será la glosa que hice al romance de Belerma y Durandarte quando se dejó de servirla, y es ésta:

Ya no es él, perdido está El que no cura de fama, Que el galan sin servir dama Fuera de camino va. Vuelve, vuelve, caballero, No quieras desesperarte, Que en tu amor tan verdadero Siempre serás tú el primero, _Durandarte, Durandarte_. ¿Cómo estás de tí tan fuera, Que tán fuera estás de mí? Ménos de tí conoscí Que si no te conosciera. No te venza la pasion, Sino la de enamorado, Y á mayor satisfacion Prueba y tente á la razon, _Buen caballero probado_. No estés tanto sin acuerdo, Pues tan acordado eras Que en las burlas y las véras Nadie se halló más cuerdo. Para tu mortal dolor Gran remedio te sería, Que d’aquel tan gran favor Aceptarte servidor, _Acordar se te debria_. Quien del tiempo se olvida El tiempo se olvida dél, Mucho es para sí cruel Quien lo fué para su vida. Tanto un tiempo te acordabas Cuanto fuistes envidiado, Y pues todo lo alegrabas, Muestra ser lo que mostrabas. _D’aquel buen tiempo pasado_. No parece que pasaba Cuando el tiempo entretenias, Las tinieblas despedias Y la noche se aclaraba. Tus mayores devaneos Eran en tí perficiones, Pues que fueron tus arreos Cuándo en justas y torneos, _Cuándo en galas y envinciones_. Nunca fué tal amador En amar como tú fuiste. Siempre alegre sobre triste Por no descubrir favor. No porque te hice favores Á mi costa y á tu grado, Sino alivio de dolores, Pues penando sin clamores _Publicabas tu cuidado_. Tu mirar fué por mirarme Con acatamiento y honra, Nunca fuiste á mi deshonra Sino para más honrarme. Durandarte solias ser, Y dudo haberte conocido, Porque está sin conocer, Sin oir, hablar, ni ver. _Agora desconocido_. Estos ruegos no lo son, Pues que yo doy por testigo Lo pasado, y lo que digo Abonando mi intincion. No te ruego yo por mí, Pues lo tienes tan probado, Lo que te ruego es por tí, Que no siendo tú sin mí, _Di ¿por qué me has olvidado?_

RESPUESTA DE DURANDARTE.

Ya, señora, no soy yo, Pues no sois, señora, vos; La que se sirve de dos, Nunca amor en ella entró. Razon hay de sospechar Que burlais mucho de véras, Pues mudastes en mudar Con las obras el hablar, _Palabras son lisonjeras_. Si tan grande voluntad Tan abierta n’os mostrára. Yo no viera cara á cara Tanto vuestra crueldad. Voluntad tan verdadera Nunca tan mal s’ha pagado, Pues m’he visto en vos quien era Por lo que mostrais afuera, _Señora, de vuestro grado_. En mis ojos mostraré Siempre seros tan amigos, Cuanto vos muy enemigos Los hicistes sin por qué. Mientra ojos mirarán, Bien verán cuanto y’os quise, y por lo que en mí verán, Todos os preguntarán _Que si yo mudanza hice_. Si algun tiempo vos quejais. No hay razon para quejaros, Pues mostrais apïadaros De quien n’os apïadais. Si se viene á tocar Lo que habeis falsificado, En la piedra de mi amar Se verá que mi mudar _Vos, señora, lo heis causado_. Yo querria mas no puedo, No decir lo que se muestra, Que lo qu’es á culpa vuestra De vergüenza tengo miedo. Y aunque en damas no es tan mal No tener ley en no veros, Siendo yo tanto leal, En vos fué más que mortal, _Pues amastes á Gaiferos_. Y si esto á vos infama, Sálveos esta razon Que en nosotros es traicion Lo que no es traicion en dama. El quejar solo me queda Á mí triste agraviado, Pues fortuna siempre rueda, Imposible era estar queda _Cuando yo fuí desterrado_. Es la ley en los destierros Sufrir pena por un yerro, Mas en mi triste destierro Yo la sufro por dos yerros. El otro fué vos consentir, Servidor, en mi viaje, Que por esto he de morir Por sufrir y más sufrir, _Y por no sufrir ultraje_. Como si fuera traidor Me habeis dado la sentencia, Haceisme sin competencia Y distes me competidor. Nunca fué tan mala suerte, Ni se vió tal desterrado, Ni habrá quien lo concierte, Y pues todo sabe á muerte, _Moriré desesperado_.

FIN.

Agora quiero cantar en este romance una gran verdad española, contra una error francesa que defiende don Diego por tener mal frances, y es la pasion que tiene por los franceses, diciendo que la batalla que tuvieron en Roncesvalles con nuestros españoles, si fueron vencidos fué por la traicion que su Galalon les hizo convidándoles á una caza, que fué batalla, donde fueron vencidos y muertos muchos de los doce pares; y la verdad española es esta que oiréis en este romance:

Mala la vistes, franceses, La caza de Roncesvalles, Que salida fué de Francia Para alzaros con España. Cuando don Alonso el Casto Llamó al Emperador Carlo Para conquistar los moros De Castilla cativada, Prometiéndole su reino Si hacia esta jornada, Y españoles no quisieron Mostrar gente acobardada, Que el gran leon español Bravo Bernaldo del Cárpio, Fué muy valerosa lanza Y gran cortador d’espada. Salió con sus españoles Defendiendo vuestra entrada En la muy cruel batalla De Roncesvalles nombrada. Don Cárlos perdió la honra, Murieron los doce Pares, Porque fuera tiranía Francia reinar en España.

Dixo don Diego: Don Luis Milan, y’os agradezco lo que vos debeis agradecerme; pues yo seré causa que os agradezcan las desagradecidas el servicio que les habeis hecho en dejarlas encantadas de vuestro cantar y tañer; y vos, con el romance que habeis cantado de la batalla de Roncesvalles, me habeis sanado del mal frances que tenía defendiendo la error francesa contra la verdad española.

Dixo la señora doña Leonor: Señor don Diego, de grado os reñiria, sino por no hacer paz con vos; que no es bien reñir donde es mal hacer paz. ¿Para qué habeis dicho á don Luis Milan que somos desagradecidas? Meresceríades que lo fuésemos para vos, pues lo sois para nosotras, porque os quejásedes con la cabeza quebrada hasta que va Juliana os curase, que es vuestra enxarmadora.

Dixo don Diego: Señora doña Leonor, mucho me tira vuestra merced hoy con flecha, y si fuese la de la bella Laura por quien Petrarca decía «Amor ma posto como seño, astrale», yo quedaria tambien asaetado de vuestra mano como verian en este letrero: «Le onor più que la vitta.» Dixo la señora doña Ana: Tiene razon la señora doña Leonor, pues nos decis ingratas para que don Luis Milan tome por achaque lo que decís y no se deje más oir, diciendo de nosotras lo que de los necios se dice: los que no tienen sentir, no saben agradecer.

Pues agora veréis cómo se lo agradezco yo con lo que le diré: don Luis Milan dad muchas gracias á Dios, que don Diego tiene envidia de vos.

Y no es poco Que desto se vuelva loco, Que sólo de vos lo está Quien nunca envidiado há.

Dixo la señora doña Hierónima: Señora doña Ana, vuestra merced ha envidado con un dos vale, que si don Luis Milan no valiese por tres, no revidaria con este envite:

Si n’os hubiera oido, Pluguiera Dios que no fuera, Porque yo no aborreciera Cuantos han por mi tañido.

Dixo la señora doña María: Don Luis Milan, con un cuento quiero alabaros: Cuando yo era dama de la Reina, iba servidor un caballero gran músico de una de palacio amiga mia, y cuando le tañia atapábase los oidos diciendo: No se debe oir lo que no es de agradecer.

Dixo Joan Fernandez: Señoras, como á pan bendito habeis gustado y comido á don Luis Milan; rezando cada una su oracion de alabanzas, él quedará bien alabado aunque luégo olvidado; pues la condicion de las damas es, pan comido compañía deshecha; sino, dígalo don Francisco si es verdad.

Respondió don Francisco:

Amén, amén, dixo tio Vámonos luégo á cenar, Que diez horas son ya dadas Y es bien irnos acostar.

AQUÍ SE ACABA LA SEGUNDA JORNADA Y COMIENZA LA TERCERA.

JORNADA TERCERA.

Y COMIENZA DON LUIS MILAN.

Muy solo me hallo la hora que no estoy en compañía de Joan Fernandez, por ser de tan buen gusto que para maestresala de damas sería bueno, pues los manjares que les daria serian de tan buen sabor como don Francisco los sabe guisar, qu’es tan buen cocinero de tales potajes como don Diego para mayordomo de la Gala-gineta.

Dixo Joan Fernandez: Don Luis Milan, buenos oficios nos habeis dado; á don Diego hicistes mayordomo de la Gala-gineta y á mí maestresala de damas, y á don Francisco cocinero, que de enojado no quiere entrar si no le desenojais en dalle otro oficio más honrado. Diréis que nos habeis mucho alabado, pues decis de mí que yo les daria manjares de muy buen sabor, y juraria que ha sido vuestra intincion hacerme donoso de damas. Y’os lo agradezco si vos me otorgais: que más vale en todo sello que parescello, pues de los donaires que á mí me sobran se podria hacer un Perico de Ayala, que fué donoso, y de los que á vos faltan se haria un Perico de hielo, pues sois frio.

Dixo don Diego: Pues Joan Fernandez se ha vengado, yo me quiero vengar. Don Luis Milan, vos decis de mí que parezco mayordomo de la Gala-gineta, bien sé que diréis que lo habeis dicho por alabarme de galan jinete, y creeria que no burlais sino por este romance que me dice que sois burlador y es éste: La Gina-gala, la gala-gineta, donde mostrais que por no decirme á la descubierta mayordomo de la Gina-gala, habeis dicho de la Gala-gineta, burlando de mi gala; pues habeis de saber que de la mia se podria hacer un don Antonio de Velasco, y de la vuestra un don Antonio Vellaco de travieso y avisado.

Dixo don Francisco: Adargaos, adargaos, don Luis Milan, que no quiero tomaros desadargado, sino cubierto de la adarga que vos teneis, y es que despues que habeis quebrado la cabeza á motes, os adargais con decir, no lo dixe por tanto. Y á los que tales cañas tiran, tiralles á traicion no lo sería, pues á todos excusa aquella ley que dice: A traidor, traidor y medio. Esto sería vuestro pago, si no quedase tan pagado y contento de vos, que con un soneto que nos digais quedarémos satisfechos.

Dixo don Luis Milan: Primero quiero mostrar la poca culpa que tengo y la mucha que vosotros teneis, pues no os puedo desculpar que sentis mucho, de sentir poco, que sería yo sentir poco de lo mucho que sentis; y pues así es, que no teneis desculpa de ignorancia, quiero mostrar vuestra malicia, y comienzo por Juan Fernandez: Él dice que juraria que mi intincion fué decille donoso de damas; ya que fuese así, no debe ser mal tomado lo que no es mal dicho, si ya no tiene cola de paja que d’el fuego teme, pensando que yo le decia truhan; y si creyese que tal ha pensado, por tal lo ternia, mas como todos le tengan por galan, yo no lo puedo tener por truhan; hízose ignorante, que fué sacarse un ojo por sacarme á mí los dos, diciendo que de mi gala se podria hacer un Perico de hielo de frio que soy, yo digo que más quiero ser de hielo que de Ayala y truhan; por él se podria decir: trocastes Rebolledo por Giron, no sé si teneis razon.

Agora quiero haberlas con don Diego y decille que haga buen broquel, pues don Francisco me dixo que me adargase, que bien es satisfacer á cortesías y á descortesías, pues dixo que de mi gala se podria hacer un don Antonio Vellaco de travieso y avisado, yo digo que por lo mismo se puede hacer dél un don Antonio del Asco.

Dixo don Francisco: No más, por vida de vuestras damas, que si Marina bailó, tómese lo que ganó, y quítese el enojo con lo que desenoja don Luis Milan, que ya le veo la risa en la cara y el soneto que nos quiere decir en la boca.

Dixo don Luis Milan: Yo haré lo que mandeis, pues es de buen cortesano, que sois, querer que mudemos de conversacion; que cuando los motes pican, para que no saquen sangre es bien mudar de nuevas: que el divertir hace vivir. Y oigan el soneto:

El gran Sanson se queja de su amiga, Que fué un varon muy fuerte en los hebreos; Por ella fué vendido á Filisteos, Sus enemigos, puesto en gran fatiga. ¿Por qué dirán amiga al enemiga Siendo enemigos nuestros sus deseos? Impropios nombres son por casos feos, Nombrémosla como es razon se diga. La de Sanson fué Dálida nombrada, Dálida es bien que nombre yo la mia, Pues siempre vi las caras del olvido. Mostró en la una ser de mí pagada, Yo vi en la otra que no me queria, Que entre enemigos va quien es vendido.

Dixo don Diego: Don Luis Milan, nunca he oido mejor parecer que el vuestro, ni mejores quejas que las de Sanson; mucho querria saber cómo pasó esta tan gran traicion, vender Dálida su amigo á sus enemigos.