Libro intitulado El cortesano. Libro de motes de damas y caballeros
Part 4
Y hombres menospreciadores Siempre saben á traidores, Y desleales, Abren puerta para males.
Vengan pues con el deseo que viene el ciervo herido al agua, y creerá la mujer que su marido no se dice don Olvido, como en este cuento oirán. Una señora amiga mia, siendo mal casada, siempre nombraba á su marido don Olvido, y él le puso nombre á ella doña Olvidada. Hiciéronles esta cancion:
Si quereis saber quién son Don Olvido y doña Olvidada, Mal marido y mal casada.
El Duque se rió de buena gana y dixo: Señora doña Castellana, atapado nos ha las bocas, aunque no para reir, que no hay más que decir. Caballeros, sirvamos á nuestras mujeres como amigos, y ellas servirnos han como á mujeres.
Dixo Joan Fernandez: Señor, vuestra Excelencia da unos consejos que saben á conejos casolanos, que son mal sanos; gran trabajo es hacer el siervo para ser señor, por esto rehusó de casar un sabio que en este cuento diré. El Petrarca, siendo canónigo de Padua, dispensaba el Papa que casase con madona Laura, por quien él mostró estar tan enamorado della, como en sus Triunfos y sus sonetos se ve, y consentia que viviese con sus rentas eclesiásticas si se casaba, porque no escandalizase con amor temporal á su hábito eclesiástico; y él, no queriendo casar, respondió al Papa: No quiero trocar los placeres del amiga por los enojos de la mujer.
Dixo doña Hierónima, mujer de Joan Fernandez: Senyores, quin preycador de bulles falses es mont marit; non prengau ninguna, que totes les que ell preyca porten al infern.
Respondióle su marido: Mujer, engañada vais, que poco há me aparesció una mujer que murió de amores de su marido, y díxome que era salvada por haber tomado una bulla que yo preyco, y es, que ninguna mujer se puede salvar si no muere de amores de su marido.
Dixo doña Hierónima, su mujer:
De tal marit com vos, ¿Qui pot morir de amors? Que jaus diuen Joan farcer, Puix farçes feu de la muller.
La Reina rió mucho y dixo: Doña Hierónima, siempre querria que hablásedes en valenciano, que en vuestra boca es gracioso; las dos podemos cantar:
Mal me quieren mis comadres, Porque les digo las verdades.
Y diga, Gilot, ¿quién son las comadres?
Dixo Gilot: Senyora, puix vostra altesa ho mana, yo diré qui son les comares ab est cuento. En lo carrer de la Nau dos dones eren grans amigues per ser enemigues de sos marits, baralléuenlos cada dia, y ells deyen: Vosastres no sou dones, sino homens; y elles responien: Homens som, puix vosastres sou dones no fentnos parir, y posárenlos nom, les comares. Nou dich perque sa Excellencia y Joan Ferrandiz ó siem en cara que may han fet parir á ses mullers.
Dixo Joan Fernandez: Gilot, ¿tú no sabes que á su Excelencia y á mí nos han parido dos mujeres? Que este mal de ser estériles no está en nosotros, sino en las rabiosas,
Que por maravilla paren Las que rabias conciben, Pues que matan y no viven,
segun dice la regla de medicina.
Dixo doña Hierónima, su mujer: Senyora, ¿qui li par á vostra altesa de mont marit? ¿Quin metge y buller que es? ab bulles falses que preica, diu que posa dones en parais, y ab regles fingides de medisina nos infama que som rabioses, y per ço no parim. No sería mal acusarlo, que l’atre dia tragueren á la scala un buller falsari y un metge no doctorat.
Dixo la Reina: Doña Hierónima, por adúltero meresceria más ser sacado á la vergüenza, pues tiene tan poca que nos dice cara á cara que les han parido dos mujeres.
Dixo el Duque: ¿Vuestra alteza sabe lo que me ha dicho al oido Joan Fernandez? díxome: Mire qué primor diré, que diciendo una gran mentira que nos han parido dos mujeres, diré una gran verdad; que dos mujeres, que son nuestras madres, nos han parido.
Dixo la Reina: Eso teneis los hombres engañadores, que de las verdades haceis mentiras y de las mentiras verdades. Mudemos de nuevas, que en casos hay que es bien mudar para desenojar. Dixo don Miguel Fernandez: Si como dixo vuesa alteza mudemos de nuevas, dixera mudemos de costumbres, las mujeres no serian tan rabiosas, y los maridos serian más caseros, y mi mujer y yo terniamos mejor vida, porque siempre le digo: Mujer, mudemos de nuevas; y ella me responde: Marido, mudavos de costumbres; yo le respondo: Mujer, vos de condicion.
Y la señora doña Ana, su mujer, le dixo: Dexad vos la que habeis tomado de vuestro hermano Joan Fernandez, yo dexaré la que tengo de la señora doña Hierónima, su mujer, pues las dos más tenemos los maridos mozeros que dameros por tener gustos bajos, que no son sino de cortesanos de rameras cortesanas, bien mereceis el nombre que os han puesto las damas, que en veros dicen: Hé aquí los viejos mozos, y dicen bien, pues sois viejos para vuestras mujeres, y mozos para las mozas de vuestra casa, que siempre andais á caza dellas, que peor es que de moxcas.
Tomó la mano don Berenguer, y dixo: Señora mujer, pues á decir condiciones de casados va, yo diré la vuestra y la mia, y su alteza séanos juez cuál de las dos es mejor; yo le digo á doña Leonor, mi mujer, cantando por casa:
Tus ojos, Leonor, Mis enemigos son;
y ella me responde con este otro cantar:
Quitad el caballero Los ojos de mí, No mireis ansí.
Dixo la señora doña Leonor á la Reina: Pues vuestra alteza es nuestro juez, dígame si tengo razon de mirar de mal ojo á marido que viene fuera casa tomado de mala vista, que todo el año tenemos los dos mal de ojos, él de perderme de vista, yo de buscalle con la mia, que sombra está de asombrado de bajos amores, pues siguiéndole me huye, y huyéndole me sigue como sombra; que ya le pueden decir lo que dicen las damas á don Francisco Fenollet, que vuestra alteza lo debria saber de don Luis Milan por un cuento donoso que dél me contó.
Dixo la Reina que lo contase.
Don Luis Milan respondió: Que no convenia decir cuento tan bajo delante su alteza.
Dixo don Francisco: Si lo decis, yo diré otro de vos, mucho peor.
Yo le respondí: Porque vea su alteza quál corrió lança más baja de vos ó yo, quiero decille; sepa vuestra alteza que el cuento es éste: Yo visité á don Francisco, que estaba mal de unos amores bajos, que yo se lo conoscí por este villancico que me dixo:
Herediano es el mi amor, Herediano es Quien me le hizo aragonés.
Y contóme que tenía amores con una hermosa cortesana aragonesa, que se decia Herediana; y pensando estar sólo en esta baja que danzaba, supo que un mercader ginoves, nombrado micer Maltevollo, tenía amores con ella, y don Francisco quísola dejar y no pudo de muy herediano. Quedó don Francisco con este concierto que Herediana no diese más de un hora al dia á Maltevollo, y si más se detenia y no se queria ir de casa, salia don Francisco amortajado con una mortaja de tela negra diciendo: Guarda la sombra, guarda la sombra; y Herediana decia: Ios, ios, Maltevollo, que ya viene la sombra de mi padre del otro mundo, que me quiere matar porque sea buena; y no queriendo irse Maltevollo, por comer una buena cena que se habia hecho traer, salió otra vez la sombra diciendo: Vate, Maltevollo; y él decia: Prima vollo manjar. Y él que no, y el otro que sí, y abrazáronse los dos y rodaron la escalera abaxo. Maltevollo huyó con la cabeza quebrada, y don Francisco cerró la puerta y comióse la cena de Maltevollo; y quedó desta caida cojo de reputacion, y por esto le dicen las damas don Francisco Sombra, que sombra es quien de baxos amores se asombra.
Don Francisco dixo: Pues nos habeis resfriado con mi cuento, yo escallentaré con el vuestro de risa. Bien se os acuerda que estando vos enamorado de una criada de una dama que serviades, en pago desta baja traicion burlaban de vos desta manera: La señora hacia con su criada que os hiciese estar en un árbol de su huerta haciendo el mochuelo toda la noche, porque no fuésedes descubierto, esperando que la criada os diese entrada, y cuando hubieron muchas noches burlado de vos, una noche que su marido de la señora era fuera Valencia, subieron ella y su criada al terrado, y decian:
Mal canta este mochuelo, Matémosle;
y vos deciades:
No tireis piedras, Que yo cantaré bien.
Y ellas decian: ¿Qué, los mochuelos hablan? vos algun ladron debeis ser; respondíades vos: No soy sino mochuelo de amores; y ellas á tirar piedras y vos hacer el mochuelo, hasta que os derribaron del árbol abajo, y fuístesos apedreado como el gallo de Carnestoliendas.
Que peor es que mochuelo Quien sirve la señora, Y pára en ser mozero.
El chiste que hicistes sobre esto quiero decir, pues tan bueno es para contar como para hacer reir, y es éste:
Quéjome de una dama D’ella á ella. Que no puedo estar sin vella Y no la veo. Vengo yo d’este deseo Á llorar. Miedo tengo de cegar, Mejor sería. Pues no veo á quien querria, Que sois vos. Alabado sea Dios, Que os crió, Para que cegase yo, Que ya lo’stoy. Pues no veo por do voy Á las gentes. Diciendo van entre dientes, Hélo, hélo. Vuelto se nos ha mochuelo, Que tal sería. Cierto no ve de dia Y va mirando. Vémosle estropezando En sus amigos. Señales son y testigos De su muerte. Dícenme: muy mala suerte Habeis tenido. Yo les digo: no ha sido Sino buena; Que no ver no me da pena, Pues no veo Á la que más ver deseo, Que’s mi dama. Dícenme si me defama, Yo les digo: Las obras son el testigo Del amor. ¿Veisme ciego amador Y burlais? Plega á Dios que os veais Como yo. Mas no de quien me cegó.
Dixo la señora doña Violante Mascó:
Dios lo guarde á mi marido De mochuelo, Que no lo está de ser mozero.
Respondió don Luis Margarit, su marido:
Guardado estoy de mozero, Pero no de ser mochuelo.
Dixo la señora doña Mencía: No temo yo de mi marido que se me haga mochuelo ni mozero desvergonzado viéndose tan bien casado; que cantando va por casa:
Soy mozo y vergonzoso, Soy mozo.
Respondió don Luis Vique, su marido:
Quien de vos se vió mochuelo, ¿Cómo puede ser mozero?
Dixo doña Castellana Belvis:
Como gavilan en mano, Tan leal fué mi mochuelo. Que jamas le vi mozero.
Dixo don Pedro Mascó, su marido: Señora mujer, quien no asegura no prende.
La señora doña Ana Mercader dixo:
Claro se deja entender, Que no fiemos de maridos Que aseguran por prender.
Respondió don Miguel Fernandez, su marido:
No me entiendo yo en esto, Que jamas os fuí travieso.
Dixo Joan Fernandez: Nunca son creidos los que tienen sus mujeres por maridos.
Respondió la señora doña Hierónima, su mujer: ¿Cómo os va de calor? que de frio no digo nada.
Dixo don Diego Ladron: Señora doña Hierónima, habiendo salido el señor Joan Fernandez y vuesa merced una primavera de amor, ni él puede tener frio ni vuestra merced calor.
Dixo la señora doña María, su mujer: Piénsase el ladron que todos son de su condicion.
Dixo la señora doña Isabel Ferrer:
Señora hermana, No correis carrera vana, Que ladron tengo yo el mio, Que mi prima no le fio.
Respondió don Baltasar Mercader, su marido: Si mal es de quien no deben confiar, peor es de quien se debe no fiar.
Dixo don Berenguer Aguilar: nunca pudo engordar mi mujer de no fiar.
Respondió la señora doña Leonor:
Mi señor don Berenguer, De engordar mucho el marido Enflaquece la mujer.
El Duque y la Reina se holgaron mucho destas cortesanías destos caballeros y damas, y dixo: Bien sería que don Luis Milan pusiese por obra el Cortesano que le mandaron las damas que hiciese; yo respondí: Si vuestra Excellencia me avisa diciendo las partes que ha de tener el Cortesano,
Yo sabré hacer lo que no sabria, Que del Rey se ha de tomar cortesanía.
Dixo el Duque: Yo diré mi parescer y esos caballeros digan el suyo:
Que en las cosas de gran sér, El Rey con los caballeros Tiene muy buen parescer.
REGLAS DEL CORTESANO.
Comenzó el Duque y dixo: Á mí me paresce que el Cortesano ha de tener estas reglas: saber hablar y callar donde es menester, que no en todos tiempos ni en todo lugar ni á toda persona es bien hablar, sino en su caso y lugar; que si se habla en tiempos que pueden causar algun mal, mejor es callar; ni ménos se ha de hablar en el lugar que se debe tener silencio, que ha de ser en la casa de Dios, cuando se ha de rezar ó tener atencion á los oficios que se dicen, y asimesmo en los lugares y casas reales estando delante del Rey, por la fidelidad y acato que se le debe, sino cuando él lo manda, ó hay ocasion ó interroga que delante dél se hable; ni ménos se debe hablar á la persona qu’es prohibido, como escomulgado con participantes, por no menospreciar la Iglesia de Dios que lo manda; ni con hereje ni moro, sino por necesidad ó conversion dellos, y en este caso es bueno ser amigo del amigo, qu’es Dios, y enemigo de su enemigo, ni en lo temporal nadie debe ser amigo de su enemigo para encender fuego en lugar de matalle, y lo demas diga quien quisiere.
Dixo don Diego Ladron: Pues vuestra Excelencia lo manda, digo, que el Cortesano no debria hablar sino de aquello que él sabe, pues qualquier que habla lo que no comprende, descubre lo que no entiende. Ni ménos debe hacer lo que ignora ó lo que no puede, que muestra saber poco, y poder ménos quien mal se atreve.
Dixo Juan Fernandez: Yo diria que el Cortesano debe hablar siempre á buen propósito, que apénas hay cosa mal dicha á buen propósito ni bien hablada fuera dél, hora sea moviendo conversacion, ó respondiendo á quien la mueve, pues sería conversacion despropositada, como si se hablase de alegría en tiempo de tristeza, si ya no se hiciese para alegrar á uno que se holgase lo sanase de triste un alegre donoso.
Dixo don Francisco Fenollet: Yo digo que el Cortesano siempre debe estar en lo que hace y dice, por no parescer descuidado, como en este cuento diré: Iban camino dos caminantes, y pasando por un pajar dixo el uno: ¡oh qué buena paja es ésta! y de allí á una hora respondió el otro: para albardas. Esta paja se les podria dar á comer á los que no están en lo que están, ni traen cuenta con quien les habla, que no se ha de responder tarde para luégo, ni luégo para tarde. Otros hay que no están en lo que hacen, como hacia un justador portugues que nunca engozaba la lanza sino cuando su contrario lo habia encontrado, y decia que se le hacia gran traicion de encontralle ántes que él engozase; quiso ser juzgado, y el Rey de Portugal, que era el juez, juzgó y dixo:
Descuidado justador, Nan juste mais en amor.
Dixo don Luis Milan: El Cortesano ha de ser padre de la verdad, hijo del modo, hermano de la crianza, pariente de la gravedad, varon con ley, amigo de limpieza y enemigo de pesadumbre; y por mostrar cómo lo entiendo, digo, que debe ser tan verdadero como el padre á sus hijos, tratando mucha verdad con ellos para que sean verdaderos, mostrando amor y correccion donde se debe, que en casos hay que si mostrase voluntad sería tenido en poco; y porque no lo sea, no le han de ver la cara para ser temido, sino obras para ser amado, que no debe causar menosprecio quien ha de ser respetado; y en todo lo que ha de tratar verdad ha de ser muy verdadero, sino cuando va de burlas placentero.
Tambien ha de ser hijo del modo por lo que diré: Un filósofo, haciendo vida en un desierto, vió una muy hermosa ninfa y demandóle quién era, y ella le respondió: Soy la Justicia; dixo el filósofo: ¿De dónde veniste? respondió: Vine del cielo; prosiguió el filósofo diciendo: ¿Por qué vas por desiertos? dixo la Justicia: Porque donde yo reinaba han muerto mi padre, que do el modo se pierde, justicia no reina. Por donde se ve que el modo es padre de la justicia y del Cortesano, que, para ser justo y llegado á razon, ha de ser su hijo y de su condicion.
Tambien ha de ser hermano de la crianza, como en este cuento mostraré: Topáronse cazando dos cazadores, muy lindos hombres; dixo el uno al otro: Tan bien me paresces, que yo querria saber tu nombre y de qué vives. Respondióle: Á mí me dicen don Venturoso, y vivo de cazar lo que desdichados no alcanzan; yo tambien querria saber lo mesmo de tí. Dixo el otro: Á mí me nombran don Bien-criado, y vivo de cazar lo que mal criados pierden; el Cortesano debe ser el uno que es don Bien-criado y cazará siempre lo que mal criados vienen muchas veces á perder, que es el cielo y la tierra; y puede ser el otro que es don Venturoso, porque el cielo da la ventura á quien trabaja de ganalle con bondades y no parencerias, como debe ser la crianza, que no ha de ser fingida para engañar, sino verdadera para contentar.
Tambien ha de ser pariente de la gravedad, como en este cuento diré: Un caballero de muy gran presencia y gravedad topó con una reina, de gran hermosura y auctoridad, que se paseaba sola por una deleitosa floresta, y díxole: Señora, ¿quién sois, que tanto contentais á quien os mira? respondióle: Yo soy la Reina de la gravedad; dixo el caballero: ¿Y por qué vais sola? respondió ella: Más vale soledad que mala compañía, que la gravedad ha de ir acompañada de virtudes y sola de vicios.
Tambien ha de ser varon con ley, como dixo un valeroso caballero castellano, en la guerra de Granada, nombrado don Manuel de Leon, que siendo muy amado, por su gran valentía, de un moro no ménos valiente que él, que se decia Muza, que fué cativado en una escaramuza, y trabajando el rey don Fernando y la reina doña Isabel que se hiciese cristiano, viéndose muy importunado, dixo: Yo no haré sino lo que me aconsejáre don Manuel Leon, mi gran amigo. Fué á hablalle por mandado de los reyes y díxole: Muça, si tú te pasas á nuestra ley y de corazon no fueres della, ni serás de la tuya ni de la nuestra, y quedarás hombre sin ley; no dexes de serlo, que no debe estar sin ley un momento el corazon para ser todo varon. Muy bien mostró este caballero tener lo que aconsejaba; pues hallándose en Roma, asaltado de malhechores una noche, hizo tan maravillosas cosas en armas, que siendo los contrarios muchos, los hizo pocos, venciendo á todos, huyendo de su gran corazon; y viendo esta hazaña un romano, dixo á su mujer lo que don Manuel de Leon habia hecho, y ella, enamorada de su gran valor, fuese á él y contóle lo que su marido le habia dicho, ofresciéndose para cumplir su voluntad si della se queria servir. A esto respondió él: Ios, señora, que muy mala obra haria yo á quien me la hizo tan buena, que fué vuestro marido; que jamas está sin ley l’agradescido.
Tambien ha de ser el Cortesano enemigo de pesadumbre,
Que si fuere pesadilla No le cumple ir en Castilla Ni en córte de Portugal;
que á pesados hacen mal y burlan dellos. Sepan más
Que’l buen galan, Sus vestidos y ademan Han de ser buenas razones, Honestas calzas y jubones, Capas y sayos. Que si visten Como mayos De colores,
ha de ser
En justas y cañas, Por amores.
Y al usado, honesto y limpio y adobado de buenos guantes adobados, porque no den mala olor, de cuero de mal servidor:
Que no debe mal oler El vestido cortesano Porque no le den de mano
camisas y pañizuelos limpios y de buen olor
Y si fuese servidor, En la gorra una invincion, Que el otro monerías son.
Tambien debe tener el Cortesano buen estilo de hablar.
Que á los muy malos vocablos Gasta bocas digo yo, Que bocajes engendró.
Y si viene á burlar en conversacion, jugar del vocablo da buen son
Á los muy buenos oidos, Que nunca serán reidos Y podrán hacer reir.
Que agudeza muy graciosa, apénas es enojosa, como dixo un cortesano á otro de amor mal sano:
Por demas sois en la gala.
Dixo el otro:
Mas no Pedro por demas, Como vos en una sala.
Y algunas veces en burlar:
Prosa y verso debe hablar. Y debaxo esta alegría, No calle filosofía. Muy de véras, Que las burlas hacen véras.
Tambien ha de ser amigo de limpieza el Cortesano, como nos muestra aquel animal nombrado herminio, que por no caer en el lodo que los caçadores le ponen para caçalle, se dexa tomar. Con más razon debe ser limpio el Cortesano, siendo herminio de damas por ir mucho entr’ellas: lo que no son dos medio galanes nuestros amigos. Que no son de los cumplidos los que en bajos aposentos hacen nidos.
Dixo don Diego Ladron: Ya sé por quién preguntais.
Dixo Joan Fernandez: Por Herediano decis.
Dixo don Francisco Fenollet: No lo dice sino por su mochuelo.
Dixo el Duque: No he visto tan grandes véras parar en tan buenas burlas; volvamos á Valencia, que yo daré mucho de mí si dan de sí las damas y caballeros que aquí están para que nazca este Cortesano, que no le faltarán comadres y compadres en esta compañía cortesana, y batizarle ha el canónigo Ester y póngale nombre luégo.
Senyor, yo so content, y de ara li pose nom el Pico, puix piccará mes que una picaraza.
Respondió don Luis Milan:
Armad vuestra giba Porque no reciba.
Dixo Joan Fernandez:
Yo la armaré Con lo que sé.
Dixo el canónigo:
Armaula ab vostra muller Y picau tots á plaer, Que molt poch y fareu mella Ab tal rodella. Y restau pera corps Picadors, Que buitrera sou de mors.
Y dió de espuelas á su cuartago, y á más correr de corrido se fué diciendo: Als corps, als corps. Y los pajes tras él gritando al tartugote, canónigo giba, mendrugo Ster, y así se fué, y nosotros tras él finados de risa hasta llegar á Valencia, y determinóse en el camino que los cuatro á quien el Duque dió cargo que traigamos la córte en peso, fuésemos nombrados desta manera:
Que don Diego Ladron se nombrase Diego en él; y don Francisco Fenollet, Francisconio; y Joan Fernandez, Joanin; y don Luis Milan, Milanteo, como nos verán nombrados en las pláticas que pasarémos en esta córte, y aquí se acaba la primera jornada.
JORNADA SEGUNDA.
_Y en ella verán que los caballeros de los nombres mudados no quisieron dexar los suyos, que no se debe dexar nombre de buen renombre._
_La conversacion della será declarar al principio debaxo jocosidad el presente_
SONETO.
Con alta voz yo cantaré llorando, Pues es llorar cantar penalidades, Á fin de bien diré muchas verdades, Que muchos van por esto sospirando. Mi fin será que vayan escuchando Para mostrar las fieras crueldades, Qu’el dios de amor, por campos y ciudades, Á sombras va con sombras espantando. ¿Sabeis quién es el dios d’amor nombrado? Tené por fe qu’es nuestro mal deseo, Por desear desvergonzadamente; Desnudo va quien es desvergonzado, No le creais, que no es Dios ni lo creo, Que lo qu’es Dios no reina malamente.
Dice Joan Fernandez: Don Luis Milan, vos decis en el presente soneto vuestro estos versos que dicen:
Con alta voz yo cantaré llorando, Pues es llorar cantar penalidades.
Maravillado estoy de vos, que nos quereis dar á entender que se pueda cantar llorando; acompaña-muertos debeis ser, que paresce que lloran cantando, y queréisnos cantar á muertos entre vivos.
Dixo don Luis Milan: Señor Joan Fernandez, no os debeis maravillar de lo que puede ser, que cantar versos de penalidades es llorar cantando; bien sé que vos lo sabeis mejor que yo, pues sois llorador y cantador en amores, que de vuestra dama he sabido que una noche os tomó por mochuelo, que fuera mejor por mozuelo, para parescelle bien vuestro canto, que por no sello le parecistes mal; sino, dígalo vuestro amigo don Francisco Fenollet, que se entiende de cantos de mochuelos, si lo pareceis; pues de aborrecido de las damas, por ser más mocero que damero, pareceis que llorais cantando.
Dixo don Francisco Fenollet: Señor don Luis Milan, jugador debeis ser de axedrez, que dais jaque á uno y mate á otro; á Joan Fernandez dixistes mochuelo, y á mí que me entiendo de cantos de mochuelos; pues sabed que cantan por vos este cantar:
Pajarero sois d’amor, Mi señor, Pajarero sois d’amor.
Sino, dígalo si lo pareceis don Diego Ladron, pues sois de su condicion.
Dixo don Diego Ladron: Señor don Francisco, vos dixistes á don Luis Milan que debia ser jugador de ajedrez, y vos lo sois de espada de dos manos, pues con tanto osar acometeis á dos, diciendo que don Luis y yo somos pajareros en amores, y nuestros pájaros, respondiendo por nosotros, dicen de vos cantando:
Engañado andais sirviendo, Nuestro amigo, Que en amor sois papahigo.