Libro intitulado El cortesano. Libro de motes de damas y caballeros
Part 3
A ruego de las damas el Duque los perdonó, y mandó que no se desmandasen más de manos.
Sacaron unas aves asadas de tan estraño olor y sabor, que de no conocellas les pusieron nombre las desconocidas. El gobernador Cabanillas, por haber tomado el cargo desta comida, no le vimos hasta la hora del comer y dixo: Ninguno sabe el nombre destas aves sino yo, que de las Indias me han enviado dellas poco há, y en Benizano y Bolbait las hago criar dentro en los castillos, porque son de tan gran sentido que sirven por sentinelas, pues por poco ruido que sientan de noche dan grandes voces, y hace la guardia una dellas despierta, como está la grulla con la mano alta y una piedra en ella, miéntras las otras duermen, porque si se aduerme, al caer de lo que tiene entre las uñas despierta, y desta manera no puede dormir, que por esto no me ha de tener en poco su excelencia de las muchas que yo he traido aquí, teniendo la propiedad que tienen para centinelas, que guarda fuerzas se debrian nombrar, y no el nombre que tienen.
Dixo el Duque: Cabanillas, nadi alcanza lo que vos, pues alcanzais hasta las Indias á tener lo que dellas no alcanzan reyes. Decime, por vida de la Reina, mi señora, qué nombre tienen, si es tan bueno como el que vos les habeis puesto.
Respondió Cabanillas: Señor, soy contento; el nombre dellas es perdizajeras.
Dixo doña Hierónima, la mujer de Joan Fernandez: Esto, perdices son con ajos, que el nombre se lo dice, pues nombrando una que se dirá perdizajera, lo dice claro.
Rieron mucho de la burla de Cabanillas, y el Duque le dixo cómo las habian aparejado; y él respondió: Ponen dentro dellas agiaceite, de manera que no pueda salir, y al asar incorpórase todo en la perdiz, y queda tan desconoscida como conoscida de la señora doña Hierónima, por ser muy enemiga de los ajos, que su marido no los osa comer en su casa, porque un dia le corrió con el majadero que los habian hecho y arrojóselo; y él vino huyendo á mi casa, á hora de comer, hediendo á los ajos y díxome: Señor, acógeme en vuestra mesa, que huyendo vengo del majadero, que nunca estuvo más donoso en su vida, por los donaires que aquel dia dixo, y fueron tales, que doña Elena, mi nuera, le puso nombre Joan Donaire.
Dixo Joan Fernandez: Señor Cabanillas, buen sermon habeis estudiado para venir á decirme Joan Donaire. Bien será que sepan lo que á vos os siguió en otra comida que don Guerau Bou estuvo en ella y me dixo que Juan Vilarrasa, vuestro sobrino, convidó á comer á su huerta á fray Palomo, que aquella cuaresma preicaba en Valencia, y convidóle para oirle, que era muy buen decidor. Y al hora que se asentaban á la mesa, vuestra merced entró y dixo: _Pax vobis_, y sentóse á comer, y don Juan Vilarrasa fuése á la cocina por no oir vuestros cuentos católicos del tiempo del Rey Católico; que fueron tantos, que nunca el fraile pudo envidar con los suyos, y á cada paso vuesa merced decia: Esto que digo en este cuento don Juan Vilarrasa lo sabe tan bien como yo. Y él respondió de la cocina, donde estaba, gritando: Noy sé res de quant diu, puix mal profit me ha fet entrar lo frare que nunca la dexat parlar. Y en irse vuesa merced, el fraile os puso nombre el gobernador Campanillas, porque quando ellas tañen nadie puede hablar.
Despues de las perdices dieron pavones de las Indias y de los nuestros, y dixo don Diego Ladron: Apostaré que al señor Joan Fernandez mejor le parecerán los pavones indianos que los de Valencia, aunque para lo que siempre hace en sus amores, mejor le debrian parescer los nuestros, pues los contrahace estando en rueda como están ellos con las plumas muy hermosas, que son las que don Luis Milan le pasa por la nariz, y son tantas que queda emplumado. Pues digámosle Joan de Rueda, y no lo digo porque sea como Lope de Rueda, que no hace farsas como él.
Dixo don Francisco Fenollet: Si él es más amigo de los pavones indianos, yo le diré Juan pavon indiano.
Joan Fernandez le respondió con esta copla, que de presto hizo:
Cuervos habeis parescido, Que muy mal habeis picado, La ropa me habeis rasgado, Que sangre no m’ha salido. No seais corveadores, Qu’es muy malo corvear; Alquilaos á podar, Pues sabeis á podadores.
Don Diego y don Francisco, que se oyeron apodar á cuervos, dixeron á las damas si era bueno el apodo, y en qué les parescia que fuesen corveadores, como Joan Fernandez les habia dicho en su copla; y que lo pensasen entre tanto que respondian cada uno á la copla con otra suya, y dixo don Francisco:
Paresce que os enojastes Por deciros Joan pavon; Y’os apodo al abejon, Pues que siempre le jugastes. En las burlas deste juego Siempre haceis sentir el palo: Comenzad á rezar luégo, De las manos de don Diego _Sed liberanos à malo_.
Y tras esta copla de don Francisco Fenollet salió la de don Diego Ladron y es ésta:
Si cuervo os he parescido, Lagarto me semejais, Con vuestra cola gastais Lo que os sale del sentido. Yo no he visto mejor pieza, Digámosle Joan Lagarto; Pues la cola gasta harto Lo que adoba su cabeza.
Dixeron las damas á don Francisco Fenollet y á don Diego Ladron: Con mucha razon os apodó Juan Fernandez á cuervos por aquello que dice; ántes que dices diga que la señora doña Hierónima, su mujer, lo ha dicho, que si les apodó su marido á cuervo, fué porque no le apodasen primero á él cuervo, que mejor le estuviera, pues siempre la va picando; que yerros son del marido y la mujer, decirse cuentos para quedar descontentos.
Tras los pavones sacaron muy grandes pasteles, y fueron nombrados copos de amor, con muchas aves en ellos, y de todas carnes, que buenos los hacen; y el Duque presentó uno á la Reina con este requiebro:
En este copo de amor Le presento á su alteza Una ave, ques mi firmeza.
Don Luis Vique dió otro á la señora doña Mencía, su mujer, y dixo:
En este copo de amor Por ave mia os presento, De Mencía es mi contento.
Don Luis Margarite dió otro á la señora doña Violante, su mujer, y dixo:
Este copo del amor Por ave os presento yo, Que se nombra, vuestro so.
Don Pedro Mascó dió otro á la señora doña Castellana, su mujer, y dixo:
En este copo de amor De vos y de mí está lleno De un ave, ques gusto bueno.
Joan Fernandez dió otro á la señora doña Hierónima, su mujer, con este dicho:
En este copo de amor Os presento un ave hermosa, Qu’es la vuestra mariposa.
Don Diego Ladron dió otro á la señora doña María, su mujer, y dixo:
En este copo de amor Os presento un muy gran dón, Un ave vuestro Ladron.
Don Francisco Fenollet dió otro á la señora doña Francisca, su mujer, y dixo:
En este copo de amor Por ave Francisco doy, Pues que de Francisca soy.
Don Miguel Fernandez dió otro á la señora doña Ana Mercader, su mujer, y dixo:
En este copo de amor N’os presentó cosa vana Por ave la mayorana.
Don Baltasar Mercader dió otro á la señora doña Isabel, su mujer, con este dicho:
En este copo de amor Doy lo que de vos más quiero, Un ave qu’es, mucho quiero.
Don Berenguer Aguilar dió otro á la señora doña Leonor Gualvez, su mujer, y dixo:
En este copo de amor A mi Leonor se da Por ave mi aguila.
Tras estos copos de amor sacaron muchas maneras de potajes: manjar blanco de amor en blanco, y mirrauste de mal miraste, y diamante del amante, y aves cocidas de escocidas, y escodillas de salsas de falsas, y salchichones de burlones, y longanizas de falsas risas, y sobreasadas de refalsadas, y pollastres de desastres, y porcellas de querellas, y cabritos de malditos, y cabezas de ternera de parleras, y tortras de mal de otras, y empanadillas de rencillas; y por postres dieron peras de mal esperas, y queso de mal seso, y aceitunas de importunas, y camuesas de feezas, y ragea de mal se vea, y muchas maneras de confituras de amarguras; todo
Fué con tanto cumplimiento, Que por burla como á cuento He sacado Los manjares que he burlado, Que hablando muy de véras Sin falsete, Nunca fué mejor banquete.
Acabada que fué la comida, dixo el Duque: Quien promete en deuda se mete. Yo prometí ser juez para juzgar cuál de los dos, ó Joan Fernandez, ó don Luis Milan, agora podeis decir las coplas que os hecistes, que, oidas las dos partes, yo diré mi parescer.
Dixo don Luis Milan: Pues vuestra excelencia lo manda, y estamos en juicio, tengámosle los que habernos de ser juzgados en ser bien sufridos,
Que en el lugar de las verdades Decir mentiras, son maldades.
Y tratando muy gran verdad digo, que Joan Fernandez vino al juego de la pelota muy canicular en los dias caniculares, en cuerpo, sin capa, vestido de monte ó de mote, con un sayo y calzas y montera de paño, y un jubon algodonado de fustan; todo tan verde que no vino nada maduro, con tan grandes calores como hacia, que no se podia vivir con tafetanes; y diciéndome don Francisco Fenollet: ¿Qué risa es ésta que se ha levantado tan grande? yo le dixe: Del cielo viene lo que por castigo se hace, ¿no veis cuál ha venido nuestro amigo, un Enero en Juliol hecho un verderol? Y por esto le hice estas tres coplas, que si comienzan con puntos de música, fué por burlar de la suya, pues burla de la de todos, y recíbalo con paciencia.
Que poco enoja La burla que desenoja.
Dixo Joan Fernandez: Decildas, que las burlas sin dañar nunca obligan á enojar.
Señor, ut, re, mi, fa, sol, Joan Fernandez sin par, Ogaño os podrán pescar En la mar por verderol. Un tiempo fuistes pajel Trayendo turca de grana, Yo no sé por cuál desgana Dejastes la color dél, Por una esperanza vana. Suplicos se os acuerde Sobre tal caso escribir, Si no, habrémos de decir, Adelante los del verde. Y á refran tan conoscido, Por quitar murmuradores, Dad razon á trovadores, Si de verde os sois vestido Por ir verde en los amores. Por mote no lo tomeis, Pues es pregunta que os pido, Si no, yo seré el corrido, Si vos desto os correis. Y perdone la ocasion Que lo verde me ha dado, Que por verderol, pescado Entre platos y un limon, Al Duque os he presentado.
Dixo Joan Fernandez: Con un cuento quiero responder al yerro que sintió don Luis Milan, de malas coplas que le hice, por contentar á quien contentando descontenta.
Que peor no puede ser Que á malos apetitos complacer.
Y siguióse que el Rey de Portugal hizo hacer un exercicio para hacer galanes, y fué que armó un maestro de gala porque amostrase á hacer el galan á quien lo hubiese menester para bien servir á damas, porque no se daba licencia de servirlas sino á quien fuese examinado oficial de la gala, y si el caballero sirviendo á su dama hacia algun nescio pecado, ella le daba la pena que merescia. Y como el mayor de todos los pecados fuese hacer malas coplas, hizo un portugues á un competidor suyo unas, que sabian á pullas por ser mentirosas y de bajo estilo; y la pena que su dama le dió, fué despedirle de servidor, y él iba diciendo:
Por facer malas coplas Perdí miña amor, Doleyvos de meu dolor.
Yo soy este portugues, que por lo mismo fuí despedido de una dama que serviamos don Luis Milan y yo, y despidióme con este cantar de muertos:
No me sirvais, caballero, Ios con Dios, Que quien hace malas coplas, _Nescio vos_.
Yo quedé tan arrepentido, que luégo rasgué todas las malas coplas que pude haber, y de nuevo le respondí á todas las suyas con las que agora le responderé á cuantas me dirá; y respondo á las del verderol, que me ha hecho, con éstas:
Señor: re, mi, fa, sol, la, Respondo al ut, re, mi, fa, sol; Vuestro galan. De vos se queja mi águila, Que la hizo verderol Vuestro milan. En el vuelo se ha mostrado Vuestro milan, como en caja, En amor. Quien tras águila ha volado, Si por verderol se abaja, Es pescador. Vos haceis lo que hacer suele El milan en su volar Por vivir sano. Que por muy alto que vuele, L’habemos visto abajar Por un liviano. Ese milan que teneis Daltibajo es su gran vuelo En llano y sierra. Cantad lo que vos haceis, Que vuelo hasta el cielo Y quedo en tierra. Las damas os desengañan, Que n’os quieren mirar más Si las mirais. Pues vuestras cosas engañan, Todo es Pedro por demas Si festejais. Dicen que os han descubierto Que sois muy desamorado En amores. Qu’el primer dia sois muerto, Y al tercer resucitado Sin dolores.
Dixo don Luis Milan: Señor Duque, si estuviese en mi mano, lloraria por no dar en reir de lo que diré, que no sé cómo lo diga, que ya me rio del sayete de paño naranjado que sacó el señor Joan Fernandez para ruar, ó reir á hora de vueltas; y estaba guarnescido con una trepilla, ó tripilla cortesana de tercioperro negro, que tan negro terciopelo nunca vi. Pues fué tan reido por la trepilla, como trepado de todos, por ser tan corto como vizcaíno, y tan estrecho como catalan, que don Diego Ladron, en una copla que le hizo, le dixo que era sayo-paje, y don Francisco Fenollet, en otra, le apodó á sayo-mono, y yo, á cuera-sayo, como en esta copla vuestra excelencia verá:
No caigo bien en la cuenta, Y he caido de quién es, Que ese sayo que traés Á los dos os descontenta. Para sayo más es cuera, Para cuera más es sayo, Librea pensé que fuera; Digámosle sayo-cuera, Ó si quereis, cuera-sayo.
RESPUESTA DE JOAN FERNANDEZ.
Pues tambien canta estrambotes Á mi sayo su milan, Si quisiese ser truhan, Ganaríale á motes. Cuera-sayo le decis, Y no está de vos quejoso, Que si vos os lo vestis, Decirle han sayo Luis, Que se ensaya á ser donoso.
COPLA DE DON DIEGO LADRON Á JOAN FERNANDEZ.
Ya tengo perdido el norte, No puedo saber quién es, Ese sayo que traés Debe ser de vuestro corte. Ó de vuestra corte traje, Me paresce, señor Juan, Dalde luégo á un truhan, Que paresce sayo-paje.
RESPUESTA DE JOAN FERNANDEZ Á DON DIEGO LADRON.
Pues el norte que perdistes Os hizo perder la gala, Don Diego Ginagala Á mi sayo parescistes. Sayo-paje le apodastes, Y él á vos os ha apodado Á galan Ginagalado, Pues de Ginagala hablastes.
COPLA DE DON FRANCISCO FENOLLET Á JOAN FERNANDEZ.
Espantados vais los dos, Vos y el sayo que traeis; ¿Cómo los dos n’os correis, Vos con él, y él con vos? Dende agora y’os perdono, Y podréis os dél servir, Si me le dejais decir Que parece sayo-mono.
RESPUESTA DE JOAN FERNANDEZ Á DON FRANCISCO FENOLLET.
Si los dos nos espantamos, Yo y mi sayo naranjado, Fué de veros espantado Por lo que de vos burlamos. Para hacer una comedia, Yo le dixe á mi sayete, Mejor fueras fenollete Que sayo-mono de Heredia.
Dixo don Luis Milan: Item más, salió el señor Joan Fernandez por la iglesia mayor, sin capa y con el sayo desabrochado, para oir, la oncena qu’es la misa de los perezosos. Y fué tan mortal este pecado, que nadie lo quiso absolver, sino el Obispo de Fez de vuestra excellencia, que perdona de todos los pecados, y porque supo que no pecó en dia de fiesta, ni por mostrar su gentil cuerpo, sino por remedar á un caballero mallorquin que quiso poner este mal uso en nuestra Valencia; y fué tan reido, qu’el señor Joan no osó más volver á pecar en este pecado, y por esto fué de las damas perdonado. Pero no se me fué sin copla, y es ésta:
Dicho me han, señor don Joan, Que se toma residencia En la ciudad de Valencia Del oficio de galan. El pueblo está alborotado, Que en cuerpo y desabrochado Remedais al mallorquin: Decidme, ¿qu’es vuestro fin, Que de risa m’he finado?
RESPUESTA DE JOAN FERNANDEZ.
Dicho me han, señor don Luis, Que os han hecho juez de gala, Buena será para mala, Si juzgais como servis. Rey fué mal aconsejado, Creo que vos lo aconsejastes, Á vos y á él ha engañado, Á él porque á vos l’ha dado, Y á vos porque lo tomastes.
RÉPLICA DE DON LUIS MILAN.
Yo quiero renunciar Al oficio de galan, Mejor será para tal Joan, Pues sabe tambien juzgar. De razon me alcanzais, Que mejor que yo juzgais, L’ajeno y vuestro decis, Vos hablais como vestis, Y vestis como hablais.
RESPUESTA DE JOAN FERNANDEZ.
Vos sois muy buen danzador, Y danzais para reir, Del són os veo salir Para ser gran tañedor. Harto fué salir del són, Sacarnos, como á desastre, Á mis vestidos y razon, Aquel juez sois de Aragon Que ahorcó tejedor por sastre.
DON LUIS MILAN.
Yo por sastre os he tomado, Que vos no sois tejedor, Ordidor ni tramador, Sino de muy mal cortado. Y aunque mucho habeis reido, Del són no me soy salido, Que despues que os guié, De tal baja y’os saqué, Que en el alta os he metido.
DE JOAN FERNANDEZ.
L’alta y baja que nombrastes Es de vuestra condicion, Alto sois de presuncion Y muy bajo copleastes. Contrabajo sois de tono Por burlar de bajo traje, Siendo contralto en linaje, Quien dixera sayo-mono, Sayo-cuera y sayo-paje.
DON DIEGO LADRON.
Tened al Rey, trovadores, Qu’el Rey me ha dado poder Que presos pueda traer Á quien son copleadores. Copleadores paresceis Porque mucho os encendeis, Que burlas n’os han de alargar, Ya os podeis espabilar, Que gran pábilo teneis.
Dixo el Duque: Tiene razon, don Diego Ladron, que las burlas no deben ser largas aunque sean buenas, que si turan mucho, pueden hacer mal estómago, por ser de mala digestion el burlar, y si son pocas puédense digerir; y pues los caballeros no deben reñir de burlas, no se ha de burlar para que puedan reñir de véras, porque sufriendo muchas, parescen hombres de burlas, y siendo pocas, no apocan á los burladores en sufrillas. Yo doy por tan buenas vuestras coplas, que no sé á quién dar la mejoría, despues que se ha mejorado Joan Fernandez en rasgar las malas coplas, que, por mal consejo, hizo contra don Luis Milan.
Dixo don Francisco Fenollet: Señor, agora le pueden decir, Joan Fernandez adobado como guante, pues ha sido tan bueno el adobo de la dama que le despidió, que ha mejorado de coplas en las burlas. Y vuestra excelencia, para acabar de bien juzgar, no debe atajar que digan las demas que se hicieron, para que vea si son tan buenas las que vernán como las pasadas, que volviéndose á encender, yo los espabilaré y departiré con otra copla, como lo hizo don Diego Ladron.
Dixo el Duque: Don Francisco, bien me parece lo que decis, aguarden tiempo y lugar que venga á buen propósito, y podrán tornar á volar el águila del Joan y el milan de don Luis, y agora tratemos de las muy avisadas y graciosas razones que estas señoras dixeron ántes de cazar, que yo las atajé para que mejor platicásemos dellas despues de la comida. Y agora diga la señora doña Mencía la suya.
Dixo la señora doña Mencía: Señor, lo que yo dixe fué, que mejor están los amadores estando malos que buenos, porque la dolencia de los que aman es salud para la honra de sus damas, pues estando malos sus servidores, muestran no estar sanos de favores, y estar los galanes dolientes, desfavorecidos, es sanidad para ellos; pues no andan atrevidos sino para bien servir y no enojar; que si estuviesen sanos de bien tratados, andáran descuidados en el servicio de sus damas, pensando que no pueden parescer mal, de cualquier manera que sirvan, los que por buenos servicios han allegado á parescer bien y van engañados; que los que se descuidan son los que se pierden. Y como mi señor don Luis Vique tiene bien probado ser esto lo mejor, siendo marido se trata conmigo como á servidor, y á quien tal hace, meresce que nunca le contradiga su mujer.
Dixo el Duque: Señora doña Mencía, no hay más que decir, sino dígalo el señor don Luis Vique, su marido.
Dixo don Luis Vique; Señora mujer, yo ensoñé, quando os era servidor, que os habia de ser buen marido, porque siendo leal la dama cuando es amiga, no puede ser desleal cuando es mujer, que si ántes de casar, cuando ella manda, se dexa mandar de la razon, despues de casada no se puede desmandar para dar pasion. Siempre vi en vuesa merced, cuando os servia, lo que debe hacer la dama á su servidor cuando no merece competidor, pues vió en mí que no lo merescia, ni por desleal para seros traidor, ni por atrevido para mal serviros, ni por confiado para prometerme, ni por descuidado para yo faltaros; que ni yo me confié de meresceros, ni me desconfié para olvidaros. Y así la ventura os hizo mia, pues vió que todo era vuestro, y con el modo que le gané la voluntad, como á servidor, la quiero conservar como á marido, pues vuesa merced se hizo amar como amiga, que habia de ser mi mujer. Que las amigas que son buenas para mujeres, agradan mas que las mujeres que son buenas para amigas.
Dixo Joan Fernandez: Señora doña Mencía, por lo que vuesa merced ha dicho, ha mostrado qu’el señor don Luis Vique, su marido, va tan enfermo de vuestro amor como cuando os era servidor; y á mi parescer no se vió Luis más sano. Díganos en qué está mal, si es dolor de quixal.
Dixo don Francisco Fenollet:
No puede ser mal de muelas, Que sería gritador; Más paresce mal de amor.
Dixo don Diego Ladron: Más parece el mal del tordo.
Dixo don Luis Milan: Más será el del gavilan, que, por gentileza, á la mañana suelta la presa.
Dixo la señora doña Mencía: Señores desamorados, como no teneis amor, habeis burlado del mal de mi señor don Luis Vique; Don Francisco Fenollet ha acertado, que deste mal fué oleado.
Dixo don Luis Milan: Y cuán oleado, y áun batizado del agua del palo, que mal frances fué su amor.
Dixo don Francisco Fenollet: Ximeno, por su mal conoce el ajeno.
Dixo Joan Fernandez: Don Francisco, vos no quereis acabar de conoscer ese milan; por él se dixo: El mal de milano, las alas quebradas y el pico sano.
Dixo don Luis Milan: Señor Joan Fernandez, pues quereis que tenga pico, repico. Bien se os acuerda, cuando fuisteis dama de don Enéas Ladron, que os sacó á danzar en el Real, estando en sarao la Reina, mi señora, y su excelencia, y vos no le negastes vuestro cuerpo, que parescistes la reina Dido, que iba danzando con su Enéas troyano, como vos con el vuestro, que parescia Enéas gitano, que por parescernos vos tan feo para dama como él para galan, le apodamos á Camafeo, y á vos á dama fea. Pues fué el caso tan feo, que no hallamos con qué salvaros, sino con Lope de Rueda, que lo quisistes contra-hacer por dar placer á costa vuestra, como esta copla muestra:
Bueno vais, señor don Joan, Puesto estais en buena fama, Y’os tenía por galan, Y hanme dicho que sois dama. Bien podeis cantar de hoy más Aquella triste sonada De Dido, la desdichada: Enéas, pues que te vas Y me dejas tan burlada.
RESPUESTA DE JOAN FRNANDEZ.
Cantó l’alba la perdiz, Más le valiera dormir, Pues danzastes con Betriz Para darnos que reir. Gilot lo supo despues Que con su Betriz danzastes, Pues de su casa llevastes Á la vuestra el mal frances, Que á don Francisco pegastes.
Don Francisco los departió y dixo:
Tené al Rey, no más burlar, Que ya dais mucha ocasion, Como á don Diego Ladron Quando os quiso espabilar. No paseis más adelante, Y de mal frances no hablemos; Enviémoslo á Alicante, Que lo embarquen á Levante, Que los tres harto tenemos.
Dixo el Duque: Yo quiero poner en medio, para departir como maestro de esgrima, la vara, y es del palo del canónigo Ester.
Dixo el Canónigo: Señor, un dia me diréu lo canonge boix, puix me habeu fet de palo.
Dixo el Duque: Canónigo, por mi vida, no haya más, pues no sois para ménos; y diga la señora doña Castellana Belvis la razon que en la caza le dixe que la dexase para agora.
Respondió la señora doña Castellana: Vuestra Excelencia manda que diga lo que no querrian oir los malos maridos. Yo dixe, quando don Pedro, mi señor, me presentó el ciervo con los cantores, que para conoscer si estuvieron enamorados de véras los amadores, ántes de casar, que siendo casados, siempre han de venir delante sus mujeres, como á servidores, para ser buenos maridos, con mucho deseo á beber de la fuente del deseo de su mujer; porque en perderse los deseos, reinan los menosprecios. Y por esto las menospreciadas son las mal casadas.