Libro intitulado El cortesano. Libro de motes de damas y caballeros
Part 21
Respondió el bachiller Molina: Señor, á esa condicion la nombran cuerpo de buen tiempo; yo puse por nombre á un nuestro caballero castellano don Pedro Melacha, por ser tan descuidado y dulzacho, que más cuidado tenía de hacer perros de caza que de sus hijos, que por haberlos mal criado, todos murieron á mala muerte; y por la gran culpa que tuvo, un dia le aparecieron como á galgos en una caza, y á bocados le mataron diciendo que venian por él para llevarle al infierno, adonde los habia hecho ir. Todas las repúblicas que están perdidas es por ser perdidos sus caballeros, que debrian los padres d’ellos apartarlos de sí en la primera edad para que se hiciesen hombres por casas de reyes y señores; que la propria tierra ni la cara del padre nunca hacen perfecto hombre al hijo; y así, porque no desasosegasen á su tierra ni á los suyos, solian los romanos echar fuera de Roma á los mancebos en la edad desasosegada de quince hasta veinte años, ó en la guerra, ó para saber letras por casas ajenas, porque volviesen más hombres para regir y conservar su tierra. Y si por necesidad algun romano pedia á los senadores que le dejasen su hijo, habia de entrar fianza por las innocencias d’él para pagar cualquier pena que le fuese dada por justicia; y si no tenía posibilidad el padre, á costa del público tesoro criaban á su hijo para que no se perdiese, y así quedaban hombres bien mandados para saber mandar. Hay una costumbre mala, que se nombra gasta criados, y es que los señores no debrian tomar criado ni vasallo de otro, y si esto se usase, ninguno se despidiria si no hallase quien los recogiese, y sería gran bien, pues no habria gasta buenos, sino adoba malos.
_D._ Nos pot dir per vos aquel cantar que diu: Que no puede ser, señor bachiller, que no puede ser, puix noy falta algun don Pedro Melacha que de fats á molts fan tornar orats, que tot home fa lo galan enfastijan, y la mor es de natura que fa parer be la oradura com he llegit en uns tercetes de don Luis Milá, que en los darrers versos diu: Ved amor en qué nos trae, y haga parescer bien la locura.
Don Luis Milan tomó una vihuela, qu’esta señora le dió para que cantase este diálogo de amores, que es razonamiento de un galan y una dama en los presentes
TERCETOS.
_G._
Cuando más miro más estoy mirando, Si podré ver en vuestros lindos ojos Lo que de vos, señora, voy buscando.
_D._
Tú buscas, amador, muchos enojos, Que yo no puedo dar sino tristeza; Quien busca mal, coger quiere abrojos.
_G._
No puede ser de vuestra gran belleza Puedan coger sino gran alegría, Que no puede mentir naturaleza.
_D._
Mentir suelen señales cadal dia, Que muchas veces corre gran fortuna Quien de la mar bonanza se confia.
_G._
Bien sé que no hallarán firmeza alguna, Por más que vuestra mar muestre bonanza, Que no tiene mujer amor ninguna. No tengo yo, señora, confianza Que s’ha de ver en puerto mi navío, Qu’el aire me es contrario de esperanza. Si veis alguna vez que yo me rio, Doyme á entender que no soy desdichado, Pues me tienen por vuestro más que mio. Con mal me tengo por muy bien pagado, Yo me pagué de lo que me enamora, Verme de tal señora enamorado. Un loco fué d’amor de su señora, Gracioso, que la amor muda natura, Que á velle iban muchos de hora en hora. Por ver y oir locuras de cordura, Decia, ved amor en qué nos trae, Que haga parescer bien la locura.
_Fin._
Dixo una dama: No he oido mejores tercetos, por decir en poco mucho, y ser tan mesurados, que si tales fuesen los que se desmesuran en festejos, no dixera la señora doña Juana Pallas lo que quiso decir de los que se desigualan en servir donde no debrian. Decidnos, ¿qué mesura se debe usar al que no iguala, que allegue á festejar?
_C._ Al que se desmesura hacelle poca mesura, y esto se ha de entender por los festejos hormigueros, que son como las hormigas, que yendo por tierra van más seguras, y en hallarse con alas quieren volar para en mal parar.
Dixo el Duque: No creo que mejor se haya tratado de condiciones que agora; pues se trata del adobo que pueden tomar los que se querrán adobar: decíme, ¿qué os parece de la condicion miserable?
Dixo mastre Zapater: Señor, el avaro para la verdadera gloria es mísero, y para la vana es liberal, que no hay mal que no haga quien con el bien no la hace; que cierto está que hará muchos males quien no puede hacer bien con los bienes temporales; pues el cativo del oro es peor que del moro, porque éste trabaja de salir de cativerio, y el otro cuanto más va más lo quiere ser, por lo que dice el poeta: _Crescit amor numi quantum ipsa pecunia crescit_. Él no tiene el amor que á todos debe: pues no da de lo que Dios dado lo há, para poder remediar aquel mal de la pobreza, que la dió para probar la paciencia, que sana cualquier dolencia causada del pecador; que médico es el Criador, que en la piscina se vió la llaga y medicina.
Dixo el Duque: Lo que se pierde, de mastre Zapater no se cobrará por ningun bachiller, aunque fuese Molina.
Respondió mastre Zapater:
Nunca vi mejor Molina, Que tan bueno es su salvado, Que se salva por harina.
Dixo el Bachiller:
Vos y Juvenal Con el bien decis del mal.
El Duque atajó este satírico palacio, y dixo: Decíme, ¿qué os parece de una condicion perezosa, que se descuida de lo que deberia tener cuidado para no verse juzgado; y decid los dos primero, el Zapater y Molina: pues dará tan buena harina, que el Zapater avisado no la terná por salvado.
Respondió Molina: Dixo Aníbal cuando Quinto Fabio Máximo Romano se honró dél con sus mañas: _Et romani suum Anibalem habent_. Esto se puede decir por vuestra excelencia d’esta manera: _Et Valentini suum Juvenalem habent_.
_D._ Vaja fora lo llatí, que mon marit noy entra aci, qu’es tan verbos que si no parla está rabios, que yol sent ja rosegant lo llatí que estant parlant.
_C._ Mujer, _quid mihi aut tibi_? Eso que decis de mí debeis vos hacer aquí, que roeis de rabiosa toda cosa.
_D._ Señor marit, ¿de cuán enzá parlau llatí? don Anton lous fa parlar, qu’es lo vostre familiar.
Dixo mastre Zapater al Duque: Señor, en la condicion perezosa que vuestra excelencia manda que yo hable, nadi se debe enojar de lo qu’es de aprovechar. En los príncipes hallo yo que la condicion perezosa es muy dañosa, y para bien gobernar á sus pueblos debrian mandar tener siempre en su córte un embajador por parte de su república, y un Juez de residencia contínuo dél en ella, para que del embajador supiese mejor lo que ha menester su tierra si está mal gobernada, y del juez de residencia fuese remediada, informando á su príncipe para que diese la pena condigna á quien la meresce, porque no se la den á él de perezoso en el otro mundo, que Jesucristo nuestro redentor no rehusó cualquier trabajo para redimirnos.
Dixo el Duque: No he oido mejor licion para bien gobernarse los príncipes, que si esto se hiciese como debe, muchos se salvarian que se pierden: decíme, ¿qué os parece de la condicion parlera?
Dixo don Luis Milan: Señor, la condicion parlera se dice ventera, por ser llena de viento, que la verbosidad es enemiga del buen hablar, y para ser uno bien hablado, si á vuestra excelencia le paresce, debe tener estas partes: Estar siempre en su pensamiento para pensar ántes que hable si es bueno ó malo lo que quiere hablar, que despues de mal hablado, si se ha de remediar, se verá ser remendado, y para guardarse de errar, sólo en lo que sabe debe hablar, sopena de ser tenido por nescio ó loco ó atrevido.
Tambien debe considerar cada uno para lo que es bueno en la conversacion, porque hay unos que son buenos sólo para recitar, y quien no fuese para más, recite lo que habrá oido ó visto ó leido, por no ser tenido en ménos si habla más de lo debido. Otros hay que saben inventar razones, y quien tal gracia tuviere no lo deben atajar, pues desobliga á quien lo oyera de hablar. En ningun tiempo ni lugar deben estorbar á la persona que habla si es para dejarle hablar, que es una licencia que descubre muy licenciado á quien se la toma, que la mala crianza es gasta buenos, y la buena adoba malos. Dícese una razon de don Hernando de Abajos, marqués de Pescara, que fué tan excelente cortesano como guerrero, pues tanto venció con avisadas palabras como por armas. Fué tenido por tan sabio y valeroso, que con su fama venció el gran Antonio de Leiva al rey de Francia una jornada que los franceses le tenian banderas dentro Pavía, y valióse con una estafeta que hizo entrar corriendo por Pavía diciendo: Victoria, victoria, que el Marqués de Pescara ha vencido á Lanzon, y viene en vuestro socorro; que puso tanto temor en los enemigos como esfuerzo en los españoles, pues vencieron á los franceses. Solia decir este invencible capitan cortesano que la obligacion de hablar es una pesada carga, y cuando alguno hablando bien desobligaba de hablar, no sólo debrian callar y escucharle, mas hacerle gracias, como hizo un portugués á un castellano competidor suyo, que no le daba lugar que hablase delante la dama que servian, y dixo: Portugués, ¿por qué no hablais? y él le respondió: Castelau, heu vos faço gracias que falais por los dos, e vos agradesceime que amo por mí e por vos.
_D._ Mejor estoy con el portugués, que el callado amor muy mejor es.
_C._ Y si algo quieren demandar, ¿han de callar?
_D._ A quien pide lo qu’es malo, dalle del palo.
_C._ Y si meresce del pan, ¿qué le darán?
_D._ Si ha de ser para casar, d’este pan le pueden dar.
_C._ ¿Y si no es casamentero?
_D._ Ame, sirva y sospire, que un amor muy verdadero, un no, suele volver sí, que diciéndoles de no, á muchos casados ví que la ventura los casó.
_C._ Señora, nombrarse debria doña Esperanza, pues que la da.
_D._ Y vos don desesperado, de mal hablado.
_C._ ¿De no dar nada estais enojada?
_D._ Jugador de pasa pasa debeis ser.
_C._ Eso mismo soy, señora, pues me decis pasa pasa en mal hora.
_D._ A Dalmau me semejais, que figura por punto mostrais.
_C._ Mas ántes he mostrado el punto, pues en tal punto he venido, que la tengo retratada en mi posada.
_D._ ¿Quién os ha dado licencia de retratarme?
_C._ El que á vos os dió poder para matarme, qu’es vuestra gran hermosura, que en vella vi su pintura en mí pintada por idea aposentada.
_D._ Hablad alto, que n’os oigo lo que hablais.
_C._ Alto hablo, pues no es bajo sino lo que me abajais.
_D._ Altibajo debeis ser, y no brocado, pues andais desvariado.
_C._ Alto es todo el amador cuando no es bajo su amor.
_D._ Callad un poco, que dirán si hablar os oyen que sois loco, que por no dar á entender que os atreveis, disimulo lo que haceis, que un buen disimular vale más que mal hablar.
Dixo el Duque: Mal estoy con la parlería inconsiderada, que bestia es desenfrenada. Nasce desta mala madre una peor hija nombrada Verbosidad, y los que la tienen para no ser enojosos de verbosos debrian tener en su memoria una recámara de muchas diversidades de razones, tomadas de lo mejor que leen y oyen y ven, que sin leer, oir ni ver no se puede bien saber; y haciéndose avisados desta manera la lengua verbosa se convertiria ensabrosa, y será muy bien oida hablando como sabida; pues sea la conclusion, que la parlería inconsiderada no debe ser creida ni escuchada si con arte no se hiciere avisada, que tanto cansa un verboso alocado como descansa un hablador avisado.
_D._ Mala estoy de unos requiebros largos, que ribetes viejos son.
_C._ Serán de mi competidor, que viejo muestra ser su amor.
_D._ Guardad que no sean vuestros, que á ropavejeros han apodado vuestros amores, que de viejos amadores tomais cuentos, pues de largos paran siempre en descontentos.
Dixo el bachiller Molina: Señor Duque, á jaraves apodo á los malos amores, que mueven malos humores, si se dicen fuera tiempo y lugar que á veces suelen matar de frialdad, purgallos luégo es sanidad, y la purga debria ser despedilles con este cantar:
No me sirvais, caballeros, Ios con Dios, Que purgada estoy por vos.
_C._ Señor Bachiller, á vos habemos menester; sarnoso sois en amores, que rascando sacais sangre con humores. Mejor sería que preicásedes las leyes que se han hecho en la Salacorte para que no se pierda el amor, que no haceros purgador con tales purgas y jaraves, que sea despedido el amador de su amada. Guardaos de aquel refran que dice: El que hace cudolete le meresce en su posada.
Dixo el Duque: Don Luis Milan, ¿en qué punto teneis el Cortesano que las damas os mandaron hacer?
_C._ Señor, ya está hecho y heme visto en una gran batalla por defendelle de quien vuestra excelencia oirá: La noche pasada, ántes del dia, salí al campo para ver en el curso de las estrellas si ternía contrarios mi libro, y buscando mi estrella, que es el planeta Març, vi que muchos cometas estaban encarados contra él con unas colas de fuego, y él echaba tan gran resplandor que en un cuarto de hora desaparecieron sus contrarios por tener dominio sobre las batallas. Este curso señalaba que los cometas eran invidiosos, que siempre señalan mal, y si no se ha de seguir en la persona que ha nascido debaxo el planeta Març, él se oposa delante d’ellos y queda vencedor. Este planeta, por ser mi estrella, señaló ser mi libro, que será vencedor de sus envidiosos, pues señala el cielo quien bien ó mal terná en el suelo. Y trasportado todo en este curso, vine á parar en unos campos solitarios al pié de un monte tan alto que parescia que llegaba al cielo, arbolado de maravillosos y odoríferos árboles, donde vi una hermosa ninfa extrañamente vestida, con una ropa de color de cielo, y por guarnicion al entorno traia el arco Iri con unas letras de oro por toda ella que decian: El arco Iri y la verdad salen por seguridad. Admirado de ver tan extraña belleza, la saludé y dixe: Señora, pues fuí venturoso para veros, séalo para conoceros, que ya lo querria, pues asegurais de tristura, como hace el arco Iri, que asegura. Respondióme: Yo soy hija de la Razon, la ninfa de la verdad, y somos del alto Dios, á quien servimos las dos; sígueme, que para tu bien he venido. Tomóme de la mano y subimos á lo más alto de este monte, donde vi una muy hermosa plaza con una cerca torreada de extraña y muy fuerte fina piedra, grabadas unas letras por ella, que decian: _In ratione fortitudo, in fortitudine ratio_.
En medio d’esta plaza estaba una casa-fuerza real, toda labrada de la misma piedra de la cerca. Las cubiertas eran de oro de martillo, y los suelos de plata, labrado todo de maravillosos esmaltes y figuras de notables varones que en este mundo tuvieron gran verdad y fe. Tenian debaxo sus piés muchos envidiosos en figura de perros, que son los animales que más envidia tienen. El nombre d’esta maravillosa casa estaba en la puerta del entrada intitulado con este letrero: _Domus rationis, ubi residentiadatur_.
La ninfa de la verdad me entró en una sala donde la Razon estaba sobre un trono real, que por estar donde reinaba, tenía debajo sus piés á la Voluntad, su enemiga, en figura de una cortesana mundanal, vestida de tornasol, con este letrero en sus manos, que decia: _Sine ratione voluntas sub pedibus ejus_.
En vella me arrodillé á sus piés y pedíle la mano para que me la diese de correction, si mi Cortesano la merescia en la residencia que tomar me queria, que la Ninfa me dixo haberlo procurado contra envidia y su pasion, porque en mí no se perdiese, si la tengo, la razon. Y esta Reina que la representaba me dixo estas palabras: Yo te hice venir para tomarte la residencia que te conviene dar, porque no te la tome quien no la puede tomar, que de razon sólo juzga la Razon. Mucho holgaré que me digas la intincion y obra de tu Cortesano, pues sé la de los que te van á la mano, que son el Invidioso y el Ignorante y el Loco, que ya entran á contradecirte, que es el oficio d’ellos; ten paciencia y reposo, que mejor es envidiado que envidioso. El primero que entró fué el Invidioso en figura de un viejo muy arrugado, de color de alacran, mirando de cola de ojo como á traidor, con una ropa toda de lenguas de fuego, y unas letras al entorno por guarnicion, que decian: _Ponam solium meum super astra c[oe]li, et similis ero altissimo_.
Luégo despues entró el Ignorante en figura de un sordo que no gusta de lo que no siente, con una ropa de muy grosero paño, y un mote en un sombrero, que decia: _Nescio vos_.
El postrero que entró fué el Loco en figura de un hombre desnudo desvergonzado, con un letrero en sus manos, diciendo: _Quod habeo vobis do_.
Mandóme la Razon que yo hablase primero, y dixe: Envidioso, dime, ¿qué ha de tener un libro para ser cual debe? Respondióme: Ser bueno. Yo le dixe: Más pensé que ser malo; tanto se dixeran el Nescio y el Loco, tus hermanos. Respondieron: ¿De qué te maravillas? ¿de haberte dicho la verdad nuestro hermano? y levantaron una gran risa, que bien parescia de quién era; y díxeles: Y’os respondo con lo que dixo un filósofo á un amigo suyo, que le decia que entrasen en una casa; respondióle el filósofo: Yo no entro en casa que se sienten las risas del cabo de la calle. Y volviendo á tí las razones, Envidioso, sabrás que para bien juzgar ha de saber el que juzga las partes que debe tener lo juzgado para ser bueno, y si tú las supieras, respondieras á mi pregunta, que cuatro cosas habia menester un libro para ser bueno. La primera que ha de tener, ser útil, porque todo lo que hay en el libro pueda aprovechar para lo que es hecho, como hallarán en este tu envidiado, que tiene muchas sentencias de filosofía y muchas jocosidades y cuentos para aprobacion de razones; tiene estilos para saber hablar y escribir á modo de córte, á quien yo he querido tanto imitar, que por la brevedad de palabras y la verbosidad que no tiene, será menester leerle á espacio y con atencion para mejor gustar lo que no se gusta sin pensar.
La segunda que debe tener, ser delectable, prosiguiendo de bien en mejor todo lo que tratáre, porque no enfade y ponga gana de leerle muchas veces, para que mejor quede lo bueno d’él en la memoria del lector; y por esto he tratado con diversos lenguajes que á tí, Envidioso, te han hecho deslenguado, no mirando que muchos autores extranjeros lo han hecho, que no dices mal sino por decille de tu natural.
La tercera que ha de tener, ser inventivo, para que no sea aborrescido por ladron si le hallan con el hurto en las manos, porque las tuyas no le azoten como á verdugo, que por el mal uso no tiene piedad, y ésta es gran desvergüenza del que hace con obras ajenas libro suyo; que por huir de tus envidiosos azotes me guardé de ser ladron de la primera hasta la postrera letra d’este libro, qu’está libre, si no de tu envidia, que no le hallará la razon ni la verdad, fuera de la historia, que no es hurto, para que tú le puedas ahorcar.
La cuarta que ha de tener es arte, servando las partes de la retórica: tratar cada cosa en su lugar, principio, medio y fin, con sus preparaciones y colores retóricos para autorizar lo que propone y acaba, poniendo gran fuerza en las palabras atractivas para traer los ánimos á lo que el autor quiere. Esto es lo que ha de tener un buen libro y un buen orador en el hablar y escribir, que si tú la tuvieses, no ternias de qué tener envidia, que el envidioso muéstrase defectuoso, y á su envidiado hace más aventajado.
La intincion mia en este Cortesano ha sido representar todo lo que en córtes de príncipes se trata: diversidad de lenguas, por las diversas naciones que suele tener; uso de todos los estilos, usando del altiloco en las cosas altas, que son consejos y pareceres para gobernar nuestra vida y estados; sirviéndome del mediocre para las conversaciones jocosas de graves cortesanos, exercitando el ínfimo para las pláticas risueñas de donosos y truhanes, que por secretos y públicos lugares de señores, alivian de las pesadumbres de los negocios y gravedades. Yo pido de merced á quien leyere este libro, que mire la intincion de cada cosa para lo que fué hecha, que no hay bajedad mal dicha si está como debe, ó para alegrar y divertir d’aquello que turando mucho enfada, ó para hacer preparaciones, que de las burlas se saquen provechosas véras; y si no saben juzgar, pidan lo que ignoran á quien lo entiende, porque les pueda aprovechar para no dexar de leer y más saber.
Mandó la Razon al Envidioso que hablase, y él queria y no sabía, que contra razon no podia ni acertaba, que era señal que hablaba contra verdad; _quia fortior est veritas_. Y visto la Razon el efecto que hace la Verdad, que turba los sentidos á sus contrarios delante d’ella, hizo parte por sí misma para que la Razon juzgase quién la tenía, que tratando della, la Verdad está agraviada si van contra la Razon, que madre y hija entrambas son. Y el juicio que la Razon hizo, fué avisar á todos que aprovechasen con estos presentes versos:
CARMINA CONSONANTIA DUODECIM SYLLABARUM, IN OCTAVA RIMA.
_Si de longe vides et profundus eris, Respice per librum eius horizontem Utilem suavem, gustabis hunc fontem Si liber in libro, teipsum videris; Synon si non eris, agam tibi gratias, Ulysses ne fias, in forma fallace; Crede mihi, lector, audi, vide et tace; Quod tibi non velis alteri non facias._
Fué impresa la presente obra en la insigne ciudad de Valencia, en casa de Joan de Arcos, corregida á voluntad y contentamiento del autor.
Año MDLXI.
Vt. Blasius Navarro.
Libro de motes de damas y caualleros: Intitulado el juego de mádar. Lo puesto por don Luys Milan. Dirigido a las damas.
PRÓLOGO.