Libro intitulado El cortesano. Libro de motes de damas y caballeros

Part 19

Chapter 194,263 wordsPublic domain

Mastre Zapater: Señor, parésceme que no se puede decir por vuestra excelencia lo que dice nuestro valenciano: Qui la esplana la gasta, pues ha declarado tan bien las burlas d’estos caballeros cortesanos, que ha mostrado el fruto que se debe coger de los que echan flores por la boca; y si los que leen y oyen razones avisadas, no gustan de lo que vuestra excelencia ha gustado, no muestran entender lo que leen y oyen, que si lo entendiesen, ó trabajasen de entendello, haríanse avisados, que muchos lo serian si quisiesen; diránme algunos que no hay quien no quisiese ser avisado, mas como sea dón de Dios, él lo da á donde quiere. A esto les respondo con lo que dice el Papa á los judíos que le están esperando con sus cerimonias, cuando vuelve á Roma de la coronacion que le hacen en San Joan de Letran, y son estas palabras: _Lex vestra est bona, sed est male intellecta_. Diciéndoles, vuestra ley es buena, mas es mal entendida de vosotros. Así se puede decir á los que dicen que nuestro Señor Dios da la gracia adonde quiere, verdad decis, mas entendeislo mal si creeis que si á unos da gracia especial de sabiduría por nacer debajo la estrella que nascen, ó por lo que á su Majestad le place, que á los otros no la dará. Esto es muy gran error, porque Dios tiene prometido, dicho por su boca, que á ninguno dejará de dar gracia y gloria, que trabajará de alcanzarla haciendo buenas obras, con que nadi se confie que por sus propios merescimientos meresce el Paraíso, sino por virtud de la muerte y pasion de Jesu-Christo, nuestro redentor.

Gilot: Señor mestre Sabater, puix axí es com vos dieu, yo bem puch salvar vivint ab ma amiga Beatriz si fas bones obres.

El canonge Ster: Demonium habet; y es lo dimoni la sua Beatriz, que li deu preicar esta taulegia, que vivint amigat pot anar á Parays ab lo diable al cos.

Gilot: Blasfemavit, que ma dit que yo tinch lo diable al cos tenintlo ell en la gepa, que si per Beatriz ho diu, no te tall de diablesa com la mare del seu corbinet Ster, que cascunani la lloguen pera ballar ab los diables de la roca de intern.

El Canonge: ¿Nos pijor que cada nit es llogue la tua Beatriz, ó farsatriz pera ballar vestida con á home en la farsa de Lope de Rueda, y tornát á casa ab lo porró plé de oli per paga, com á beata almoynera?

Gilot: Senyor Duch, ¿pera que teniu aquest tartugot? nous entraré mes en casa, si nol llansau á la gola del vall, ó donaulo al bachiller Molina que vaja á Castella ab ell, que per los hostals del camí guanyará á diner, mostrantlo; dient que es lo diable de Viterbo, y fará millor guany que ab les medalles que amostra.

Molina: Gilot, nunca creí tanto como agora que un loco hiciese ciento, que sacado me has de donde estaba escondido para escuchar lo que en mi vida he oido ni visto como agora, que en banquete tan bien banqueteado, todos estén tan firmes, que ninguno ha perdido los estribos ni la silla, sino el canónigo, que te los ha hecho perder en tocarte á Beatriz; y tú en tocalle á la madre de su hijo Corbinet Ster le has hecho perder su silla giba, que no se la veo á cuestas, segun anda derecho en disparates.

El Canonge: Gilot, ara tens sabata de ton peu, lo diable te ha fet tocar esta cigala que pera tots ni haurá, que per ser tan gran charrador, en casa de mestre Sabater li han posat nom lo bachiller Cigala.

Gilot: Canonge, armeuvos los dos contra ell, posauvos de espatles, y servirnos ha per rodella la vostra gepa á vos y á mí, y yo tirarvos he per lleu, y restarme ab la gepa enrodellat, y ab les vostres lleuhades farem un corro de bous, y lo bou será Malfarás, patge del mal recaudo.

Molina: Señor Duque, grandes humores se son movidos aquí con mi venida; vuestra excelencia calle y mire, y póngase en talanquera porque no le dé algun liviano d’estos que Gilot quiere tirar al canonge Ester.

Canonge: Bachiller Cigala, rebeume está lleuhada.

Molina: ¿Qué bellaquería es ésta? ¿Al bachiller Molina se habia de hacer este desacato, tirarme un liviano de véras?

Gilot: Canonge, molt me pesa del que habeu fet, baix sou anat un poch.

Molina: ¿Qué te parece, Gilot, cuán bajo ha ido?

Gilot: Senyor bachiller, es anat tan baix que á mim pesa, que si ell me creguera, vosa merced en les galtes la rebera.

Molina: Cuán cierto está, que palabra á dos sentimientos en boca de bellaco ha de parar en ser bellaca. Yo pensé que Gilot decia á mosen Ester que habia hecho gran bajedad en tirar buetago á tal hombre como yo, que pienso que en mi cuerpo no le tengo, por no quererme dar naturaleza cosa tan baja. Y no lo dixo el bellaco sino porque habia hecho el golpe bajo, pues no me habia dado en el rostro como él quisiera. Yo quiero responder á este botegazo lo que respondió el duque de Cardona pasado, que entrando por un corro de toros, que por él se hacia en Valencia, vino un buetago volando de los que suelen volar en tales fiestas valencianas, y dióle en el rostro, y dixo: Per altri me ha pres lo lleu. Así puedo yo decir; lo que más d’esto siento es que su excelencia se haya reido de lo que habia de castigar por holgarse más con Gilot que conmigo, por parecelle mejor sus letras que las mias, y á esto respondo con este cuento que diré: Un señor de Italia de casa de Colunna holgábase mucho de tener truhanes y locos en su casa, y tenía uno como Gilot muy desvergonzado y atrevido, y reprendiéndole un filósofo por ver que todo era de locos y muy poco de sabios, trabajó mucho de tener en su servicio al Dante; y por no ser este Colunnes dantista, sino truhanista, el truhan era muy favorescido y el Dante muy olvidado, y estando muy arrinconado y siempre mudo al rincon de una sala donde aquel dia se hacia gran fiesta, el truhan diciendo y haciendo muchas locuras para hacer reir, traia una ropa muy rica á cuestas que su señor le habia dado, y pasando por donde estaba el Dante, díxole burlando dél: Qui sa far el bufone e rico garzone. Respondióle el Dante: Quando io troverò un signore simile à me, como tu hai trovato simile à te, sarò rico.

Gilot: Senior Duch, bona lans ha pegada aquest Bachiller Cigala.

Duque: Gilot, á tí te lo pegó, que á mí poco me tocó, que por divertir locos se pueden sufrir, qu’es muy grande enfermedad estar siempre en gravedad; si no, dígalo Molina cuando muere su harina; a donaires y razones mostrando por los mesones las medallas que ha llevado; y en habelles acabado de preicar, él se convida á cenar con el más embaucado, y queda bien aposentado de mesa y cama. En cada lugar ó villa hasta llegar á Castilla. Y es muy gran sabiduría la buena truhanería; pues mejora al decidor, y da placer al señor, si no queda por refran que el señor es el truhan, y el truhan es el señor.

Gilot: No he oit cosa que millor me donas á les orelles que lo que vostra excellencia á dit pera que tot hom vixca, lo albarda pera que no muira de fam, y lo señor del mal de gravetat. Mas ab tot azó en son seni esta algunes hores lo canonge Ster.

El Canonge: Mas no cuant toca lo teu relonge.

Gilot: Habieu de dir ab lo vostre batall.

Malfaras: Señor Canónigo: Razon tiene Gilot; pues no le dejastes acabar la razon que comenzado habia. Parescístesme gato zarpador, que con la zarpa quita la carne de la boca del perro, como el otro dia nos hizo reir á todos los pajes estando á la mesa, que yo llamé al perro del cocinero que estaba emprisionado en la cámara de su señor dos dias habia, por haberle comido su comida, y soltéle porque moria de hambre, y díxele: Sírveme de paje, y darte he á cenar; y estándome delante rabeando de placer, como el Canónigo está con el rabo de su loba delante la señora doña Hierónima, trujéronme un buen pedazo de carnero sin cortar, y ántes que yo le tomase ya le vi en la boca del perro, y un gatazo como el Canónigo que le estaba detras, tiróle un zarpazo y quitóle la meitad de la boca, y dame á mí con el otra zarpa en las narices porque no cobrase mi carne, y fuéronse huyendo hasta la cámara donde cenaba el secretario Sis, y yo tras ellos diciendo «á los ladrones del gato Ester y perro Gilot», que me han hurtado la cena; y tomámoslos, y el secretario dió la sentencia que cortase la nariz al perro Gilot y el rabo al gato Ester. Lo uno está por hacer, porque el perro es amigo mio, y lo otro está hecho, que no sé quién ha cortado el rabo de la loba del canónigo Ester.

_El Canonge._ Habit de Sempere, ¿cóm se poden comportar aquestes tacanyeries; que vajen per ací taya rabos? Als potreros de mules se comporta azó, que nos faria sino davant vostra excellentia, que tot so riu.

_El Duque._ Canónigo, n’os enojeis, que yo os daré otra loba mejor, y será la señora doña Hierónima, pues ha sido loba en escoger á vos por servidor.

_El Canonge._ Vostra excellencia per pabil de ciri de morts me deu tenir, que espabilant me van ací, ab les ullades que contra mí li veig fer. Nom tinga ningu per pabil, que nou so, niu vull ser, com alguns ques dexen espabilar.

_Gilot._ Señor Duch, bom remey, si no vol ser pa bil, fiavil pa, que pijor es que de centeno.

_Joan Fernandez._ Señor Canónigo, Gilot dice bien, que porque no os digan pabil, os debeis dexar decir vil pa.

_El Canonge._ Yo so content, si vos acabau ab la señora doña Hierónima, vostra muller, que menje de mí. Que los caballers que fan lo donos, ab cobles y cuentos y gistes de tan poca vergonya com vos feu, tots parent en ser alcabots de sa muller; si no digau lo cuento del porch espí, y lo del armat, que molt á costa vostra y della feren.

_Juan Fernandez._ Mira qué tacha, que teniendo bandos mi mujer conmigo me armase yo; y estando tras una puerta de una cámara armado y desnudo, entró en busca mia diciendo: Adónde es este traidor de mi marido. Yo díxele, héle aquí cómo os espera; y ella dió voces diciendo: Dones, correu, que mont marit es tornat orat. Yo díxele mira cuán endiablada y brava sois, que tengo de ir por casa siempre armado para valerme con vos; y ella tornóse á reir y díxome: Axous val, que yous aguera mort, sius trobara desarmat, y hicimos paz.

_El Canonge._ Lo mal no está en fero, sino en diro, que be sé yo que les dones braves, lo marit ben armat les amansa, y á voltes noi basta quien ha menester algun companyo, que si me portaba mí, yous posare tanta pau en vostra casa, que li poran dir lo templum pacis com lo dels Romans.

_Joan Fernandez._ No entraréis vos en este templum pacis que decis, sino como salió un truhan que habia entrado en achaque de hacer oracion á la diosa de aquel templo, y halláronle con una moza, y mandaron que anduviesen ella y él desnudos por Roma azotando el uno al otro; y él, cuando le daba, le decia: _Toma, vivo te lo do_, y ella á él: _Toma, porque se cansó_. Y si quereis veros en esto, yo tengo en casa una mozuela de Logroño, que por mucho que le digais toma vivo te lo do, ella os responderá toma porque se cansó.

_El Duque._ No riamos más, que pienso reventar; las doce dan agora; vámonos á reposar, y no falte nadi de los que estamos aquí, que la máscara de Malfarás, de los griegos y troyanos, es cierto mañana á la noche.

Acudieron todos el otro dia en el mismo lugar, y el Canónigo Ester estaba en una ventana aguardando á la máscara para dar aviso al Duque, y dixo: Senyor Duch, puix me habe fet Monjuhí lo de Barcelona, ja he descubert los cuatro galeons galans ab la conserva que tostemps porten de les quatre galeres, que per la capitana, que es la señora doña Hierónima, he dit galeres, que vol dir galan eres.

_El Duque._ Canónigo, por vos se puede decir, no con quien nasces, sino con quien pasces. Nacistes catalan y habeisos hecho galan sirviendo la señora doña Hierónima, que de aquí en adelante os haré nombrar mosen Hierónimo Ester.

_El Canonge._ Señor, á la darrería yo exiré de vostra casa orat y plé de noms; vostra excellencia no fia huy contra mí, que yo vull pagarme á mots destos cortesans per les burles que en ses cases me feren lo dia quels allargui la máscara pera huy; que á senyors que á sos criats dexan ser amos, be será tenirlos á ells per criats. Yo vaig á rebrels al apear, que allí vull comensar la escaramusa.

¡Ah, senyor Joan Fernandez! á la trocada me par que dansau huy la baxa; vos portau á la senyora doña Isabeth, vostra cunyada, y altri us porta la muller; millor sou pera porta homes que pera porta mullers.

_Joan Fernandez._ Señor Canónigo, ni con la señora doña Isabel se puede danzar baja ni con vos alta.

_Doña Isabeth._ Senyor Canonge, dexeu burlas á part, ¿trobaria en son poder un poch de tortugat? ¿que volen los metges, quem prenga una novena?

_El Canonge._ Senyora doña Isabeth, ¿trovaria yo en poder de vosa merce un poch de codonyat pera guarit de unas cambres que man vengut del mals mots de vostre portador?

_Doña Hierónima._ Senyor Canonge, yo he sabut del vostre mal, que son cambres de cels que teniu de la vostra Corbina, mare del vostre fill Corbinet Ster. Yous enviaré mel rosada alexandrine, qu’es millor que lo codonyat que demanau.

_Joan Fernandez._ Señor Canónigo, tiznado os sois parado en nombraros á vuestra negra Corbina, que de tal molino, tal harina.

_El Canónigo._ Senyora doña Gracia, encara que vosa merce sia filla de la senyora doña Isabeth y nevoda de la senyora doña Hierónima, responga per mí á estos mots quem ha pegat. Que en son cas y lloch, ab una filla es bó vengarse de una mare, y ab una neboda de una tia.

_Doña Gracia._ En verdad que no teneis razon de quejaros, que motes de damas favores son. Si no dígalo don Diego Ladron.

_Don Diego._ Señora doña Gracia, el Canónigo me parece que ha venido á trasquilar y queda trasquilado, como carnero sardo de cuatro cuernos, que de la tisera queda bravo, que no hay rodela que lo espere; si me empresta la que trae á cuestas, yo le esperaré.

_El Canonge._ Don Diego, Esperaume ab lo broquer de roble queus ha portat vostra muller, y sil vos pase, restar vos han los corns del meu moltó per llesió, y á Deu siau, que allá en la sala tindré camp á vostra gala.

_Don Diego._ Dalde grita, pajes; dalde grita: Al lobo, al lobo, gibalgaba, mandafiestas, tartugote, carnero sardo, gurrion pelado.

_El Duque._ ¿Qué es esto, Canónigo? ¿Qué grita es la que siento? ¿Cómo venis mudado de color?

_El Canonge._ Senyor, yo ya estich com á roba pelada al coll de corredor, que tot hom me corre y fa menyspreu de mí, per conoxer en vostra excellencia quey pren plaer, puix sen riu. Lo diable me ha fet moure la escaramusa vaix, que tots me han perdut la vergonya, hanme avisat los patges com á gosos, que si non fora devot de senta Quiteria, me haguerent rosegat. Yo’m vull retraure en la mia cambra y exiré desfresat com á frare ab la máscara que vostra excellencia me ha donat, y nom descobra, que vull aguaytar á la senyora doña Hierónima y á mon competidor com li va ab ella, y será fugir de orats en lloch estret, que nos pochs saber.

_Joan Fernandez._ Vuestra excellencia sabrá que el Canónigo Ester nos ha salido á recibir al descabalgar, y ha hecho entrada en nosotros como á lobo que acomete ganado, que si no le resistiéramos, queria hacer presa, segun venía hambriento de carne, y desvergonzado carnicero con los motes que á nuestras damas ha dado; y como ha visto tan gran resistencia, púsose á huir, y los pajes como á perros tras él dándole grita: Al lobo, al lobo, con una de nombres que le han sacado, que ha sido la mejor fiesta que aquí se hará hoy.

_El Duque._ Yo he visto cuanto habeis pasado por donde nadi me podia ver, porque de mí se partió con una modorra para recibiros, que yo quedára con ella si dejára de gustar cosa tan de ver; y cuando volvió para mí, venía como lobo acosado y peor; pues le acosaban pajes, que son peores que perros: Díxome que se iba á retraer á su cámara y salir como á fraile en máscara para acechar á la señora doña Hierónima, vuestra mujer, y á un competidor que tiene para ver cómo le va.

_Joan Fernandez._ Señor Duque, don Luis Vich hizo lo mismo cuando servia á doña Violante Almunia, su mujer. Disfrazóse como armado de Juéves Santo para ver cómo le iba á un competidor suyo que ella le daba á entender que no hacia caso d’él; y como él le hallase en una iglesia aguardándola, allegóse á ella armado y alzó la ventanilla del helmete, y díxole: Dona Violant, preneu esta figa y una alta pijor pera tal competidor.

_Don Luis Milan._ No tuvo mal parescer don Luis Vich de acechar y probar lo que se debe, porque de dos cosas me paresce que es bien hacer prueba ántes de fiar de ellas, y son del amigo y del amiga d’esta manera; amprar á vuestro amigo en todas aquellas cosas que vos haríades por él para saber qué teneis en él, que no es justo tenga más en vos de lo que teneis en él; y la otra prueba es á la amiga, ora sea para casar con ella ó no, porque si no la hallais tal que sea buena para mujer y casais con ella, quejaos de vos, que los descontentos son muy malos de digerir cuando es la culpa del que siente la pena.

_Don Diego._ No he visto de una burla salir mejor cosa de véras, que de la burla de don Luis Vich sacar tan gran verdad don Luis Milan. Bien se puede decir, el hombre que es muy de hecho, de burlas saca provecho.

_Don Francisco._ Pues la boca de don Luis Milan nunca da pesar sino á pesar suyo, y siempre toma placer para dalle, no nos daria mal rato con un soneto, pues tiene tal dejo, que nunca los deja de memoria de quien los oye, como este dicho dice: Lo que es mucho de acordar, tarde se puede olvidar.

_El Duque._ Si nos ha de aprovechar, dése por mí rogado.

_Don Luis Milan._

Yo me doy por su mandado, Pues sabe tan bien mandar.

SONETO INTERCALADO.

Un hijo sé que nasce de ignorancia, Y es tal que siempre va enojando á todos, Y nómbrase por nombre Error de modos, Que nunca de enojar salió ganancia.

De vos, señora, á él hay gran distancia; Mas yo osaré decir en mis apodos Que en crueldad sois un rey de los godos, Que conquistais Italia, España y Francia.

Italia, en mí de vos muy sojuzgada, Es donde estais, que es mi memoria vuestra, Y España es mi razon por vos nombrada.

Que más reinais en ella que se muestra, Y es Francia en mí de vos muy guerreada, Mi voluntad que nunca os fué siniestra.

_El Duque._ Pues tal hijo nos ha engendrado este soneto tan natural, adevinemos en quién le hallarémos á él y á su madre; y comience mastre Zapater, y no se excuse, que me enojará.

_Mastre Zapater._ Señor, no hay cosa que hacer se deba que yo no la haga por no enojar á vuestra excelencia, aunque más querria deservir-le callando que enojarle hablando.

_El Duque._ Haciendo vuestro oficio nunca me enojaré; pues tan bien sabeis hablar como callar lo que se debe.

_Mastre Zapater._ Usando de mi oficio, que es decir las verdades, y vuestra excelencia del suyo, que es ser amigo de ellas, digo: Que este hijo nombrado Error de modos, que este soneto, tan acertadamente, dice que su madre es la ignorancia, en ningunas personas lo hallo yo mejor que en los privados que mandan para mal hacer á los príncipes, porque si ellos me dicen que no pueden tener Error de modos, los que no pueden ser privados sino con avisados modos. A esto respondo: Que aunque la privanza sea para bien hacer, no debe ser para mandar al príncipe, sino para ser mandado de él, como dice este dicho: Mal hay en aquel bien que mal del bien se sigue. Pues la potestad Real que Dios da, tal se ha de conservar como de quien viene; mostrando que no proceden las esecuciones sino de quien tiene el poder, que es el Rey, y no de quien lo quiere tener, que es el privado; y esto porque no se siga ser malquisto el príncipe mandado; pues el bien no debe dar por su criado, y así, bien considerado, no puede tener sabios modos el que los tiene tan errados, que quiera mandar á uno para ser aborrecido de muchos; pues al fin es ignorancia el saber que con él se han de perder.

_Molina._ Señor mastre Zapater, ya sé por quién preguntais; vos habeis calzado, como á buen zapatero, á un pié que sabeis de qué coxquea; y oya un cuento de un muy notable príncipe que jamas se dejó mandar de manera que pareciese ser mandado. Julio César, como nació para príncipe, siempre lo fué, y rogándole los senadores y cónsules de Roma muy mucho que cobrase á su mujer, que él habia repudiado, diciéndole que le hacia gran sinrazon por no parescer en ella causa alguna para ser repudiada y dejada d’él. Respondió Julio César: Quien no calza el zapato no sabe dónde le duele, yo que lo calzo sé dónde me toca.

_Gilot._ Trompetes y clarins sent, la máscara deu venir, yo vull anar á la finestra per veure si venen. Senyor Duch, cert es la máscara espant posa de veurela; tots venen armats, y son tan grans, que par que fien pagans.

_El Duque._ Calla, Gilot, que más dices de lo que piensas, y estemos atentos y gocemos de las invinciones y motes, y del combatir, que será cosa de ver.

_Malfarás._ Porque vuestra excellencia mejor goce de ver las invinciones que traen los de la máscara, está ordenado que al pasar cada uno d’ellos l’estará delante hasta que señale que pase; yo voy á guiallos, que cerca están. Señor, este que delante está vuestra excellencia es el rey Priamo de Troya. Mire qué lindas armas doradas trae, con el juego del ajedres de diamantes y rubis, que por invincion sobre ellas lleva, y el mote en la celada que dice: Yo di el jaque, y fortuna me dió el mate.

Pues mire vuestra excelencia este otro que viene, que ya delante tiene. El muy valeroso y nombrado Héctor troyano, que lindas armas verdes que trae, cubiertas de hiedra de esmeraldas, qu’es es el árbol que más tura, y jamas pierde la hoja si no le roe gusano. Y el mote dice: Mi hiedra no morirá, que en su muerte vivirá.

Y este que agora viene, que ya delante su excelencia está, si le viese desarmado diria por su hermosura lo que yo diré: Este es Páris Alexandre el troyano, que juzgó las res deesas y robó á la reina Elena, y porque él fué más robado de su gran hermosura, mire cómo la trae retratada sobre sus armas, que tan hermosas son por ella como desdichadas por él. Y el mote decia: Retrato de la hermosura y desventura.

Y este otro que delante tiene, es el fuerte Trohilo, troyano, hermano del gran Héctor, á quien él paresció tanto en las armas, que por esto las ha sacado verdes como las d’él, con muchas manos de oro de martillo sobre ellas. Y el mote dice: Poco valen muchas manos contra casos inhumanos.

Y este postrero del puesto de los troyanos, que aquí está, es Enéas, troyano, sobrino del rey Priamo. Mire cuán bien proporcionado y grande era, y qué bien invincionadas armas que trae, llenas de medallas de emperadores romanos que representan los que d’él vinieron. Y el mote dice: Al que guia la ventura en peligros asegura.

Tras estos verná el puesto de los griegos, ya entran. Mire vuestra excelencia este primero que viene, que ya delante tiene, cómo muestra su presencia que es Agamenon, griego, rey de Micena, capitan de todo el exército de los griegos contra los troyanos, en la guerra de Troya. ¡Oh, cuán espantosas armas trae! de color de fuego y sangre son. Y el mote dice: Do no es bien que valga ruego, á sangre y fuego.

Este otro que viene es Menalao, griego, rey de Lacedemonia, marido de Helena, la que robó Páris, troyano, hermano de Héctor, en recompensa del robo de Hesiona, hermana de Priamo, rey de Troya, que Hércules Griego robó á los troyanos. Qué bien invincionadas y ricas armas que trae, con relieves de oro de martillo, que hacen unos corazones abrasados sobre brasas de fuego de esmalte de ruchicler. Y el mote dice: Corazones abrasados arden hasta ser vengados.

Agora entra el muy fuerte Achílles, griego, hijo de Peleo, rey de Tesalia, que mató á Héctor y Trohilo en la guerra de Troya; envidiado de Alexandro Magno por la pluma de Homero, que muy altamente de sus hazañas escribió. Mire las más fuertes y ricas armas que se han hecho fabricadas de Vulcano. Y el mote dice: Las mejores que se halláran si á Policena armáran.