Libro intitulado El cortesano. Libro de motes de damas y caballeros

Part 17

Chapter 172,026 wordsPublic domain

Don Luis Vich tomó de la mano á la señora doña Mencía, su mujer, y dixo: Señora, vamos á probarnos en esa aventura, que mostrar quiero cuanto os quiero, y es mi deseo que vuestra merced creyese de mí que despues que la miré he cegado para cuantas he mirado, que topándolas voy como á ciego, y perdon les pido luégo diciéndoles: Hag’os saber que mis ojos dejo en casa mirando siempre á mi mujer.

Dixo la señora doña Mencía: Tan casados son nuestros deseos como nosotros, pues deseo lo mismo de vuestra merced, que si deja los ojos en casa para siempre mirarme, no quedan los mios en la posada por irse tras él; que si en ella tengo de ver, con los ojos de mi hija ha de ser, que no veo sino con los de Doñana. Llegaron estos dos tan casados en su voluntad á beber del agua y no se les dió, que Cupido que la daba la quitó porque no muriesen de placer de verse favorecer más que todos del amor, que fuera hacer gran sinsabor.

Don Berenguer Aguilar llegó á probarse, y dixo: Yo deseo que la señora doña Leonor, mi mujer, me tuviese por tan buen casado que no dejase cantar por casa á su criada Marinsueña: Mal casada, no te enojes; que cantando le va esta cancion por meternos en quistion, que en ser en Valencia estas castellanas, son revuelve-casados y descasa-maridos.

Dixo la señora doña Leonor: Quien se da mal á entender, se va á perder.

Respondió su marido: Quien se da á mal sospechar, va á mal andar, como hace Marinsueña, que debe ensoñar que yo soy mal marido, y serlo he, porque ella vaya á cantar á otra casa; y queriendo beber del agua, se le secó, y á su mujer le rogó que no se probase en ella, que enojado estuvo d’ella.

Don Miguel Fernandez tuvo por cierto que se cumpliria un deseo que tenía, y llegó á la fuente á probarse, y dixo: Yo tengo un deseo de ser muy leal en amores si me guardasen lealtad, mas no se usa, que mal uso descubre quien es confuso, bien sé que hablo contra mí, mas yo sé quién obra contra nosotros en seguir y perseguir las damas á sus amadores, con este diabólico uso, nombrado deslealtad, que tantos quieren cuantos ven de servidores, y á todos hacen disfavores; y queriendo beber del agua, se le secó, y dixo: Desculpado so si no tengo lealtad, que no quiere esta bondad, Cupido, nuestro deseo, por seguir l’amor más feo en los amores, que nascen de mal amor desamores.

Dixo la señora doña Ana, su mujer:

Buen pintor es mi marido, Á su placer ha pintado, Falsas nos ha retratado, Guárdeos Dios de arrepentido. Todas l’han amenazado Que será bien combatido.

Y’os prometo de no ayudaros, que bien dicen: Quien mal busca, presto le halla. Yo quiero tambien probarme en esta aventura, y es mi deseo que no viese lo que veo cuando me enoja, que ver mal, males antoja; y en llegar á beber del agua se le secó, y dixo: Ya me temia que jamas alcanzaria dejar de ver en amores refalsados amadores. Señoras, demos mala postre á mi marido, que esta plática ha movido.

Vinieron dos disfrazados á probarse en esta aventura, y el uno venía armado de cuerpo con unas muy ricas armas, llenas de flores esmaltadas sobre planchas de oro de martillo y en un chapeu que traia una red de oro colgaba, que su rostro le atapaba, y este mote en él traia, Miraflor de Milan.

Y el otro venía en cuerpo muy bien vestido, como á soldado, de terciopelo carmesí, con unos ojos en blanco mirando al cielo, broslados entre muchas alas de oro de martillo, esmaltadas, y en un sombrerete de lo mismo traia este mote que decia: El deseo siempre vela, mira y vuela.

Y en ser delante la fuente para decir sus deseos, el uno que en su mote representaba ser el deseo, quiso comenzar á decir lo que deseaba, y el otro, que venía armado, le dixo razonando á modo de diálogo lo que oiréis en este razonamiento:

_Miraflor._ Paso, paso, mi Deseo, N’os pongais á desear Lo que n’os puede matar De la muerte que ya veo. _Deseo._ ¿Y que muerte podeis ver, Que no sea más placer El morir por gentil dama, Que despues de muerto ser? Más se vive por la fama. Ya yo sé Lo que de Leriano fué, Que murió por Laureola; Mártir con tal laureola, Que laurel d’amores fué. _Mir._ Deseo, n’os engañeis, N’os perdais de confiado, Que do vos habeis entrado, Nunca pienso que saldréis. _Des._ ¿Y qué mal puede venir, Que no sea más vivir Morir bien enamorado? Que si envida fué nombrado, Mucho más es en morir. Ya sé yo Que por lo que deseó Leandro, su linda Hero Murió de lo que yo espero, Que en l’amar se ahogó. _Mir._ Deseo, dejad razones, No paseis más adelante, Vos pornéis á vuestro amante Por mil bocas de leones. _Des._ ¿Y qué afrenta le verná? Pues que más leon será En cualquier inconviniente, Que el cobarde es más valiente Cuando enamorado está. Ya está visto, Que por desear Calisto A su linda Melibea, Murió del que yo me vea, Pues no fué d’ella malquisto. _Mir._ Deseo porfiador, No salgais de la barrera, Hablemos de talanquera, Que mata el toro d’amor. _Des._ ¿Y qué muerte darnos puede, Que muy más muerto no quede El que por temor olvida? Que amor mata y da la vida Cuando todo lo procede. Yo bien veo Que Sanson y su deseo Por su Dalida murió, Cuando el templo derribó Con el pueblo filistéo. _Mir._ Deseo, creedme, pues, Desear es gran fatiga, Mate da cualquier amiga, Si amor juega al ajedres. _Des._ ¿Y qué mate nos dará? Pues su mano matará, Que muy más es ganador El que pierde por amor, Cuando bien perdido está. Ya contemplo Que Achíles murió en el templo Deseando á Policena, Que si desear da pena, Troya queda por ejemplo. _Mir._ Deseo, no me enojeis, Que tambien ternéis vos parte, Recelad de cada parte, Que enemigos hallaréis. _Des._ ¿Y de qué parte vernán? Sé que no nos matarán Si de nuestra dama vienen, Que de muertos que nos tienen, Poco que matar hallarán. Bien sé que avino Que por desear Tarquino Á Lucrecia su romana, Él quedó muerto en Toscana, Que de Roma huyendo vino. _Mir._ Deseo, ya podeis ver Lo que nos puede seguir, Si vos n’os dejais regir, Yo no me podré valer. _Des._ ¿Y qué seso bastará? Quien tal dama mirará, Que se pueda regir más, Pues que tú mirado la has, Quien la vió la deseará. Calla, pues, Que amor pasa todo arnes, Si con esta dama mata, Nombrada Margarimata, Que en su nombre está quien es.

Pues nombraste la dama que has nombrado, no se puede excusar el desear que hasta agora t’he rogado; hícelo porque mostrases la razon que tengo yo de siempre ser de quien yo so; y así deseo lo que tú deseas, nunca estar en libertad, que pueda tener deseos sino de servir á la señora que serle su servidor hace ser muy gran señor. Alargó la mano, y el agua se le dió, y Cupido le habló desta manera: Miraflor de Milan, si yo te he dejado beber del agua desta fuente del Deseo, ha sido porque el Cupido que yo represento me aparesció esta mañana, y me dixo que no te negase el agua del Deseo, pues deseas en los amores para merescer favores, y que no te niegue cuanto me pedirás, pues tan bien deseado has. Toma esta carta que me dió para tí, y mira lo que mandas de mí. Con lacato que se toma una carta real la tomé y le sopliqué me dixese por qué habia negado el agua en dia que nos mostró con su invincion que á ninguno enojaria; respondióme: Por probar de paciencia, que mucho se contenta amor de bien sufrido amador. Agora yo la daré, que á buen sufrir se le debe sin pedir.

Todos bebieron con gran placer desta agua que tan buen sabor tenía, como el efecto que hacia; el Duque y la Reina quisieron saber quién yo era, yo respondí: Mi nombre traigo por mote; dixéronme: ¿Luego vos debeis ser aquel Miraflor de Milan que nos hizo publicar con el rey darmas el cartel de la aventura del monte Ida, donde vos os hallasteis muy favorecido de Cupido? quitéme el disfraz y dixe: Yo soy quien siempre fué muy gran servidor de vuestra alteza y su excelencia. Rieron mucho de mi arreboz tan disimulado, que buen engañar no enoja al engañado; mandáronme que leyese la carta, yo dixe: Quien me la dió debe saber si en público se ha de leer, dársela quiero, y él la tomó, y á todos la carta leyó, que ansí decia:

Buen amador con quien amor recrea, No l’amador por quien fuí ahorcado, Deten la fiesta, que yo te he mandado, Del monte Ida, porque yo la vea. Mandamos esta carta que se lea Para mostrar lo que he determinado, Que por mi mano seas muy honrado, Porque mejor de tus manos lo sea. Yo llevaré mi madre en compañía, Y ella dará jornada d’este dia.

Las damas que tenian amenazado á don Miguel Fernandez vinieron todas juntas contra él, y dixéronle que se pusiese en punto de guerra, que le querian dar la batalla que tenía aplazada, y fué de mujeres á maridos, porque fueron valederos d’él, y ellas de la señora doña Ana, su mujer, y por excusar prolijidad en esta escaramuza, serán señalados los caballeros, cuando hablan, con una C., y las damas con una D., y comenzó la señora doña Ana Mercader:

_Dama._ Señor don Miguel, Olvido.

_Caballero._ Señora Doña Ana, Acuerdo, Para tener desacuerdo, Siempre os vi contra el marido.

_D._ Dígame, señora hermana, ¿No está muy bien apodado? Dichli pájaro pintado, Vestit de vert y de grana.

_C._ Decid, señora mujer, ¿Qué os ha hecho don Miguel?

_D._ Perque vos sou tal com ell, Pensi dar en lo terrer.

_C._ Señora doña Leonor, ¿Com li va de mal marit?

_D._ Mejor era servidor; Respondre vull al envit, Doña Juana Pallas so, També cante exa cansó. Don Diego mal querer, ¿Porque no entrais en batalla?

_C._ Don Diego git y calla Me ha puesto mi mujer, Con un mote de Milan Os respondré muy conforme: Non despertar el can que dorme.

_D._ Muy mejor está durmiendo Que vellando, mal marido.

_C._ Porque no tenga sentido, ¿Quereis que no esté sintiendo, Señora doña Isabel? ¿De qué visten los maridos?

_D._ De raposos van vestidos, Que huelen á mala piel.

_C._ Señora mujer, ¿qué es eso, Que raposo me decis?

_D._ Un poco dello vestis, Que en amores sois travieso.

_C._ Señora doña Violante, Mi mujer, ¿Amazona quereis ser?

_D._ No soy sino Bradamante De bien querer, Aunque vos no sois Rugier.

_C._ Señora doña Mencía, ¿A franceses os pasais? Quien os hizo en este dia Lo que nunca me mostrais.

_D._ Perdone, señor don Luis, Que no puedo paz tener; engarme quiero por ver Si es placer cuando reñis.

_C._ Doña brava Castellana, ¿Armastes hoy la ballesta Contra mí?

_D._ Don Pedro, mala semana Y peor dia de fiesta, Veisla aquí.

_C._ Bravas andan las señoras, Que Doñana, mi mujer, Las saca al corro.

_D._ Don Miguel, poco enamoras, Salidnos vos á correr Que no me corro.

_C._ Don Miguel, teneos bien, N’os derribe de la silla Vuestra mujer.

_D._ Joan Fernandez Desden, Corregidor de Castilla, Debeis ser.

_C._ Diga, señora Doñana, ¿Hale entrado por la boca Mi mujer?

_D._ Fet habeu carrera vana, Caball sou que mol se toca De llauger.

El Duque se rió mucho d’este palacio, y dixo d’esta manera: Señores, nunca fué mejor batalla, que los muertos son de risa, y los vivos d’amores quedan cativos. Las mesas están paradas para cenar, váyanse luégo á sentar, porque miéntras cenarémos, alabanzas oirémos de las damas de Valencia, que serán en un _toma vivo te lo do_, que cantarán todos mis cantores, y dirá Olivarte sólo la copla de cada dama tañendo y cantando; y porque será tarde cuando de aquí saldrémos, yo hago franco á don Luis Milan para agora de la aventura del monte Parnaso que nos ofresció de contar, con que nos quede deudor della para cuando se la demandarémos, que buena deuda, pedir se debe, y comience la música á darnos por principio d’esta dulce cena el

TOMA VIVO TE LO DO.