Libro intitulado El cortesano. Libro de motes de damas y caballeros

Part 16

Chapter 164,327 wordsPublic domain

Cuando no s’ha de burlar Nadi sea fementido, Que no debe ser creido Quien no puede acreditar. Y lo que burlar se puede, Sea para dar placer, Mentir con tan gran saber, Que por verdadero quede.

Dixo don Luis Vique: Esta mañana, cuando amanescia, entre durmiendo y velando, sentí una voz de mujer que mostraba ir en pena como la que sintió Julio César, estando para pasar el rio Rubicon, cuando se determinó hacer guerra contra los romanos sus enemigos, que por lo que le dixo esta vision, vino en conocimiento ser la ciudad de Roma, que le contó las grandes fatigas que sintió por las crueles guerras y mala voluntad que entre sus ciudadanos habia; por donde yo tambien he venido á conoscer quién es ésta que me aparesció. Y es la ciudad de Valencia, diciendo que yo hiciese una figura que la representase delante vuestra excelencia para que la desagraviase de los agravios que está agraviada; y dejóme en un papel escrito todo lo que por parte suya se habia de suplicar. Ya la veo entrar, desagráviela vuestra excelencia para que torne á ser Valencia. Hecha la entrada y acato debido al Duque, dixo:

Excelentísimo señor, yo estoy agraviada de las damas que están hechas tan á su placer, que todos los servicios que les hacen sus servidores los toman á burlas; que no es de burlar lo que no se debe olvidar; y aunque todo se les debe, debrian quedar deudoras para mostrarse agradecidas y no desconocidas. Yo me veo muy mal pagada dellas, que siendo mis hijas me hacen obras de enemigas; pues con los menosprecios que hacen se retiran los que las sirven de servirlas, que bien dice este dicho: Por do se piensa ganar se pierde el desengañar. Piensan ganar mucho con despreciar algunos que no son para servirlas ni para ser sus criados, y ellos quedan sin oirlas ni verlas de maltratados. Que no es bien dar ocasion perderse la reputacion, pues la dellas y dellos se pierde en perderse la crianza, que cada uno dellos podria decir al otro, viendo la vuestra se pierde la mia. Suplico á vuestra excelencia, pues ha hecho leyes para los caballeros, se haga para las damas; y todos haciendo lo que deben yo seré Valencia, que agora no soy sino Desvalencia.

Luego salió con un agravio don Joan de Cardona y dixo: Señor, yo estoy maravillado de las damas, que por haber la primera dellas sojuzgado al primer hombre, quieren tener el mando sobre nosotros, que nunca mejor cosa se dixo, que decille palomando, haciendo al hombre palo, y á la mujer mando. Y no lo digo por los casados que no están desto agraviados, sino de los por casar, que mejor paresceria no fuesen maltratados los que no pueden llegar con quien aman á ser casados, que si no son para maridos en más deben ser tenidos, en servir sin esperar galardon por bien amar; y por esta razon las damas se debrian dejar servir de todos los caballeros, porque no se pierda lo que tanto se gana.

Respondió la señora doña Margarita de Peralta, y dixo: Mucho se ha maravillado el señor don Juan de Cardona, y ha quedado una flor de maravillas, que huele bien lo que ha dicho y parece mal, pues no se usa; temiendo estoy que se han de secar sus flores á la salida del sol de mi razon, que ya sale y digo: Que del palomando que ha dicho, lo mejor d’este nombre es que el hombre sea palo para sostener el cuerpo de los trabajos que tiene el deseo del amor, y la mujer ha de ser el mando para moderar su mal desear de los apetitos desmesurados que vuestro Cupido tiene; y si á vuestra excelencia le parece que yo he ganado este palomando, qu’es tener nosotras el mando para que no se desmanden los malos deseos de los que nos sirven, póngalo en la ley que se ha de hacer.

Dixo el Duque: En razon está todo cuanto ha dicho la señora doña Margarita de Peralta, que su nombre dice: _Per alta piace_, como dirá esta séptima ley:

Por alta place la dama Que bien mandando manda, Pues que no se desmanda, Mande la buena fama. Quiero decir, señores, Que el mando esté en mujeres, Por moderar placeres Que gastan los amores.

Don Joan de Cardona salió con otro agravio, y dixo: Los caballeros estamos muy agraviados de las damas que no se quieren tener á ley, mostrando la poca que tienen en dejarse servir de muchos caballeros; y si dicen que nadi puede forzar á no ser bien quisto es muy gran verdad, mas puédense mostrar con demostraciones las intinciones, que en la cara pueden ver lo que siente de pesar ó de placer. Responderán las damas que si no se puede atajar de ser amadas, ménos se podrá excusar si l’amor les hace fuerza para amar, y páguenme de procurador por haber respondido lo que nunca respondieran; porque jamas han otorgado, que mujeres han amado.

Dixo la señora doña Beatriz de Osorio:

No hay don Joan más avisado Que sólo en él paresce bueno, Si habla el suyo y l’ajeno.

Una cosa me paresce decir que se ha olvidado, que aquello que no toca, suélelo callar la boca, y es que si la dama muestra estar descontenta del que la sirve, sea desculpada quien no consiente ser amada.

Dixo el Duque: Muy poco trabajo hay de hacer leyes entre los muy bien hablados, que hablando hablan leyes avisados. Y pues ya está platicada diréla más abreviada, esta muy importante octava ley:

Las damas que con ley van, Nunca deben consentir Que las haya de servir Sino sólo su galan. Si no se puede atajar, Muestre con demostracion Que no está en su corazon Lo que no puede excusar.

El almirante de Aragon salió con luto por la muerte de don Berenguer Mercader, que murió d’amores por una crueldad que las damas usan, y dixo: Grande agravio nos hacen las damas, que siendo gasta hombres, no quieren dalles adobo, que á ser guantes los adobarian No sé qué sufrimiento basta, que una dama de nuestra tierra la haya puesto sobre los ojos al muerto qu’he nombrado, porque le vino cuerdo para servirla, y ella le volvió insensible de mucho sentir lo que le despreció. Razon sería que al servidor, que le trastornan el seso, diesen adobo con ámbar de bien tratar, y almizque le compasion y que dixesen: Cuerdo es bien amador que pierde el seso de amor, y si no pudiera hablar, diga yo le haga callar y diga, si locuras dice, no me enoja lo que dice, y si dice necedades, conténtense de haber traido al hombre fuera de sentido.

Respondió la señora doña Marina de Tovar: Muy bien ha pintado el señor Almirante á su placer y á nuestro pesar, si él fuera dama peor le sabria sufrir locuras y necedades en amores que ganarle sus competidores; yo quiero ser de su parte, pues es el todo de la razon, que en ley está, quien hizo el loco que lo sufra, como dice este cantar: Quien gasta debe adobar.

Dixo el Duque: No se debe responder donde todo es aprender, y doy por respuesta la vuestra plática, que es esta novena ley:

La dama que su hermosura Hace al hombre enloquecer, Quien hace el seso perder, Súfralo como cordura. Que de ser bien avisado, Se pierde el seso por amar; Adóbelo para adobar Lo que muy bien ha gastado.

Don Miguel Fernandez dixo: Si no fuese gastar el dia llorando, demandaria justicia d’esto. Las damas ayudan á mal morir á sus servidores, que riendo se mueren de amores, y el hacer morir riendo es matarnos halagando. Yo creo que les dan á comer de la hierba de Cerdeña, que se dice matariendo, que riendo d’él se muere, quien do no le quieren quiere; y ésta es la hierba de Cerdeña que le dan, que por ser de mal querer, qu’es mala tierra, con la vida nos entierra. Yo, señor, suplico por vos á vuestra excelencia, y por todos los enamorados, que por esto ley se haga, que no den reseña y paga en amores burlar de los servidores á cada rincon, qu’es matar á gran traicion, como muestra este dicho: La autoridad de matar no la tiene de burlar.

Dixo la Reina: Don Miguel, vos habeis puesto en el baile del amor á quien más que todos baila, que es el Duque, mi señor. Yo quiero responder por las damas, que las hecistes hechiceras con la hierba de Cerdeña, que vos le pusistes nombre matarriendo, y la vuestra se dice mátalascallando, que vuestra mujer lo dice, que sois desencamina casados. No sé por qué habeis demandado lo que no habeis menester, que negar se le puede á quien pide lo que no debe. Vos nunca sois estado en la cama por amor, y temeisos de morir, y más será del desamor que teneis, que todos mueren éticos d’ese mal; yo sería de parescer que no se haga ley, para que las damas dejen de burlar de burladores, que sería desigual en los amores.

Dixo el Duque: Santiguar me quiero para esta ley, pues no puedo sino hacer justicia, y temo de ser justiciado de la Reina, mi señora, que ya sin esto es matadora, cuanto más haciendo esta ley, que todas cantarán contra mí:

Enemiga le soy, madre, Aquel caballero yo, Mal enemiga le só.

Yo sé que les pasará el enojo cuando se verán mejor servidas con esta última decena ley:

No burlen más de galanes, So pena de ser burladas, Que seguir malas pisadas, Se pierden los capitanes; Y tambien las capitanas, Que si más se burlarán, Lo que d’esto ganarán, Correrán carreras vanas.

Dixo el Duque: Señores, yo les quiero convidar á lo que soy convidado. Bajemos á la huerta, que mis cantores quieren hacer la fiesta del Mayo que hacen en Italia, y con razon meresce ser tan celebrado este mes; sino, dígalo mastre Zapater para que sepamos lo mejor d’esta fiesta en qué está, y lo que más le parescerá decirnos, que será un buen dejo d’esta sala-córte que aquí se ha tuvido.

Mastre Zapater, como lo era de crianza y saber, dió el obrar por respuesta, y dixo: El saber y poder del Criador de todo lo criado es tal y tan grande, que fué cosa conveniente no dejarse comprender, que de no saber perfectamente lo que su Majestad es, venimos á saber claramente qué cosa es Dios; por donde se viene á considerar que aquello qu’es más saber y poder que todas las criaturas, es el Criador, á quien debemos adorar y creer. Grande engaño recibieron en este mundo los que dieron crédito á Lucifer, como fueron los idólatras y mahométicos que le creyeron y adoraron, pues siendo criatura, no podia ser él creador, sino quien á él habia creado; y pues esto no tiene contradicion, ménos la tiene para creer qu’es Dios, considerar la gran providencia y gobierno que en todo tiene, y contemplando su casa y oficios d’ella, se ve quién es Su Majestad, como en los criados se conoce cuál es el señor d’ellos; pues lo conoscerémos por el sér y dignidad y operaciones de los ángeles, que el espiritual ser d’ellos nos dice que nadi lo supo ni pudo crear sino el Creador; y asimismo que siendo de mayor dignidad que los hombres, ha sabido y podido hacer que nos sirvan por custodios y medianeros, alcanzándonos gracias para ir al cielo, que son las operaciones d’ellos.

Tambien es de considerar en los otros cuerpos celestiales, que son el sol y la luna para alumbrar la tierra, y los signos y planetas y estrellas, los efectos que hacen por sus influencias y las inclinaciones que dan á en debajo su curso nasce, por ser cuerpos superiores, y nosotros inferiores á ellos, y tanto, que si por menosprecio tenemos osar de hablar y entrar donde algun mal espíritu está de los que sentimos por el mundo, nos asombran y matan, sino los que tienen mando sobre ellos, que son sacerdotes y seculares por divina virtud; por donde se concluye que la primera causa sólo es Dios, de quien proceden todas las segundas causas, que son las criaturas. Y por esto, respondiendo á lo que vuestra excelencia me ha mandado, digo que sólo al mes de Mayo dan las estrellas influencias para engendrar todos los metales, que por mineros de la tierra se engendran, como el oro y plata y los otros, y tambien todo género de piedras preciosas, y tienen más virtud las hierbas en este mes que en todo el año por el rucío que cae del cielo sobre la tierra, que es manná cogido en muchas partes para medicinar los cuerpos humanos; y vistas las grandes excelencias y provechos que se alcanzan en este mes de Mayo, vinieron los romanos y muchas naciones á celebrar esta fiesta, por la que el cielo nos hace en darnos tan grandes tesoros como nos da, y para ser católicas estas alegrías, han de ser dando gracias á quien las da, que es nuestro Señor Dios, de quien todas las criaturas proceden y son hechas.

En acabar mastre Zapater abajaron á la huerta del Real, donde hallaron un aparato de la manera que oirán.

Estaba un cielo de tela, pintado tan natural que no parescia artificial, con un sol de vidro como vidriera, que los rayos del otro verdadero daban en él, y le hacian dar luz, no faltando estrellas que por sutil arte resplandecieron á la noche. Debajo dél habia una bellísima arboleda, con unos paseaderos de obra de cañas, cubiertas de arrayan, y entre ellos unas estancias en cuadro, hechas de lo mesmo; y en medio de este edificio estaba una plaza redonda, arbolada al entorno de cipreses con asentaderos, donde estaba una fuente de plata, que sobre una columna tenía la figura de Cupido, que la representaba un mochacho muy hermoso con el arco sin cuerda, asegurando con este mote que en una guirnalda traia: sin cuerda por no acordar. En el remate de la columna estaba este letrero: Soy la fuente del deseo, que su deseo alcanzará quien d’esta agua beberá.

Tenia en la mano izquierda un ramo de flores, y en la mano derecha un guion real con una plancha de oro por bandera, con estos versos en ella, que muestran, moralizando á Cupido, quién es:

El muy grande niño de muchos señor, Desnudo con alas y nunca cansadas, Con arco y saetas de plomo y doradas, en yerra le llama el gran dios d’amor. ¿Sabeis quién es este de tanto valor? Cupido se dice, y es nuestro deseo Que cuando codicia d’amor lo más feo, Pierde lo bueno y es todo dolor. Entónces desnudo, muy desvergonzado, Razon le contempla, y muchos le pintan, Sin ver, pues no ve qu’es mal deseado Volar con dos alas de vicio malvado, Y voluntad mala que el bueno despintan. El arco su fuerza primero nos tira, Saeta dorada que toma de grado, Las otras de plomo despues que ha tomado, Penando las siente quien ama en su ira.

Los que se probaban en esta aventura habian de beber del agua, y al que no se queria dar secábase la fuente, y ántes de gustar della habian de publicar lo que deseaban. Estando en este deleite sintieron que venian los del Mayo con gran música de todo género de instrumentos, que tañeron en esta fiesta, y subieron á las ventanas para ver la entrada dellos. Venía delante de todos un Confaloner, con un caballo blanco cubierto de una red de oro guarnecida de muchas flores, y el vestido de lo mismo con un estandarte de seda verde, broslado todo de flores, y una guirnalda en la cabeza, de lo mesmo, sobre una cabellera, y él era rubio y dispuesto, hermoso y desbarbado. Venian en torno dél, vestidos en figura de ninfas, los cantores de su excelencia cantando:

Bien venga el magio El Confaloner selvagio.

Con este triunfo entraron en la huerta del Real, y en ser delante el Duque y la Reina, el Confaloner selvagio dixo: Yo soy el Mayo, hijo de naturaleza humana, representador del placer con flores y frutos, para recreacion de las criaturas, que debilitadas salen de la frialdad del invierno, enemigo de la vida humana, y renovador de la virtud, pues conmigo renueva lo que el invierno envejece. Proveedor de la salud, con hierbas de maravillosas virtudes, conservador del contento, porque el deleite no se pierda; traia este mote en la guirnalda de su cabeza: Quien es Mayo pasa el año.

Habló luégo una de las que le acompañaban, que venía vestida de una ropa montesina, toda broslada de montes con un mote que decia: Por montes se debe andar, por no abaxar, y dixo: Yo soy la ninfa de los montes, que habito en el monte Olimpo, que está en la Grecia, de quien muchas naciones contaron el tiempo, porque los griegos hacian unos juegos en él de cuatro en cuatro años, que principiaron el año cccc. y vj. despues de la destruccion de Troya. Y los romanos de cien en cien años hacian sacrificios en él, que por ser más alto que las nubes y los vientos, siempre hallaban la ceniza de los cienaños pasados como las dejaban.

Habló un otra que venía vestida con una ropa toda broslada de ondas de aguas del mar, y el mote decia: los que mejor triunfaron mis aguas ensangrentaron, y dixo: Yo soy la ninfa de las aguas, que lo más habito en la profundidad della, entre las gentes que habitan en lo interior del medio de la tierra, que son nombradas gente de agua, que estando lo más dentro della no los mata.

Habló un otra que venía vestida de una ropa toda broslada de muy lindas arboledas, y el mote decia: por mis florestas no matan calorosas fiestas. Y dixo: Yo soy la ninfa de las florestas que lo más habito por Flándes y Alemania, donde las gentes dejan las poblaciones y viven en las florestas, que son muy arboladas, para que la furia del sol, cuando está en Leon, no pueda entrar en ellas.

Cada una d’estas ninfas traian muchas vestidas como ellas venian, que fué cosa de ver, y oirles tañer la diversidad de instrumentos que tañeron.

Levantóse Joan Fernandez diciendo: Yo quiero ser el primero que me probaré en esta aventura, y dixo: Yo tengo deseo de alcanzar que mi mujer en los dias caniculares no tenga celos de mí, que peor es que cigarra, que en todo el dia no calla, y temo que no reviente; y en allegarse á beber el agua se le secó, y él echó un

Reniego de mí Porque me casé, Que si no me casára No me encativára Por una Beneita Que nunca lo fué.

Su mujer se llegó á probarse, y dixo: Yo tinch un desig, que bon profit me faza, que estigues en la caza, tostems mon marit y nom cazas en casa, que mi posa brasa. Quiso beber del agua y no salió; y su marido le dixo: ¿qué haré yo, que el agua huye de vos?

Don Diego Ladron llegó á beber del agua, y dixo: Yo tengo un deseo, que las damas perdiesen los deseos, que peores son que de preñadas, que no les podeis negar lo que piden, porque no muevan, y no dejan de mover, que no están firmes en querer. La fuente se le secó, y él dixo: Las damas le habrán hecho del ojo que no saliese, que cuando sus ojos tiran por la mira del enojo, tan blanco el ojo.

Llegó á probarse la señora doña María de Robles su mujer, y dixo: Yo tengo un deseo, que mi señor don Diego tuviese deseos de preñada de bien parir, que si no pareciese mal no le faltarian comadres y compadres para batizar, y sé que le pornian por nombre don Diego Git y Calla, que no hallo qué es saber galan y hacerse mal querer.

Respondió su marido: Si me hago mal querer es por sanar una celosa, que sois vos: que mucho se debe hacer para conservar á la mujer.

Dixo ella: Verdad es, mas nadi debe ser bueno con mal ajeno.

Al Duque les paresció tan bien está plática, que dixo á la Reina: Señora, probarme quiero en esta aventura, pues hace tanbien hablar, que Julio César fué en Asia por aprender retórica de Apolonio, astrólogo. Que todo se debe probar por saber muy bien hablar.

Tomó de la mano á la Reina, y en ser delante la fuente, dixo: Yo deseo ser deseado de vuestra alteza y no aborrecido; y en querer beber del agua no salió.

Rióse mucho la Reina, y dixo: Todo se le hace mal á mal pensar, yo me quiero probar por ver cómo me irá. Tal voy al agua, como cierva herida, y no soy creida, porque tengo por marido un descreido. Yo digo que tengo un deseo de preñada, y es de no ser olvidada del Duque, mi señor, que cualquier que no se quiere es muy gran olvidador; allegar quiero al agua, ya la veo seca, pues todo se me deseca, que mucho daña si ventura desengaña.

El Duque se rió, y dixo: Señora, cabales estamos de risas y deseos, vuestra alteza de mal pensar perdió; que sin tocar nunca es bien determinar.

La Reina dixo: ¿Amigo sois de tocar? Respondió, no, sino de destocar, d’eso pues reniego yo. Señora, no me ha entendido, que de no tocar ha sido mi destocar. A otro perro con ese hueso.

Dixo Joan Fernandez: Señora, si perra dixera por mi mujer lo entendiera; puix sou gos, seré yo gosa, per ser vos un Barbarosa ab cent mullers. Hágolo por haber hijos, para mostrar que en vos se toma no engendrar, y no en mí. Mes val que estigam axí, que si fill tingues de vos sería masa graciós.

Dixo don Luis Margarit: Departir quiero estos amores d’estos señores; probarme quiero que de un gran deseo muero.

La señora, su mujer, dixo: Los deseos de maridos no merescen ser cumplidos, porque son parientes de la traicion.

Respondió su marido: Vuestra merced lo verá, qu’el agua no me faltará por mostrar que os soy leal á bien y á mal. Y digo que mi deseo, que ninguna me mirase porque en vos no idolatrase. Que al parangon se muestra más la perficion, y en llegarse á la fuente se le secó.

Su mujer se le rió cara á cara, y dixo: Cuán cierto está que no engaña la ventura, vuestro deseo fué engañarme, queriendo darme á entender desear no ser mirado por no idolatrar en mí, y todo vais falsificado, pues huis siempre de mí; y no fuig qui á casa torna.

Dixo la señora doña Joana Pallas: Señora doña Violante, amagau lo valenciá, que castellans van per la terra, que per burlar de nostra llengua nos furten les peraules, y pórtenles á Castella pera fer farses ab ella, que mones son de Valencia, parlant ab reverencia.

Dixo Joan Fernandez: D’esas monerías don Diego se ha burlado con cuentos valencianos de castellanos, y hánselo muy bien pagado, que burlar del burlador es de avisado.

Dixo don Francisco: Yo quiero probar en qué parará un deseo que tengo, y es, si he de comer un higo que me hacen en una relogía; y queriendo beber del agua se le secó.

Dixo la señora doña Francisca, su mujer: Yo conozco la higuera de ese higo, que por esto vos sacastes en las cañas papahigo y no le paparéis; por eso no subais á la higuera que sabeis, que dicho me ha que no deja cogerse, que bajar es el subir que ha de perderse. Yo tambien quiero probar un buen deseo en qué tiene de parar, y es que nunca os mirasen otros ojos sino los mios, porque estaria al seguro que no seríades burlado, pues los más hombres que se enamoran, son de ojos burladores, que los miran, y por ellos no sospiran, ántes hacen sospirar. Que el mirar de la mujer, lo más es para burlar. El agua se me ha secado, vos ternéis, señor marido, muchos higos y burlado.

Don Pedro Mascó y la señora doña Castellana, su mujer, llegaron á probarse, y dixo el marido: Yo deseo nunca ser olvidado de una valenciana y castellana, que cuando más y más las miro más sospiro; y probó á beber del agua y secóse.

Dixo la señora, su mujer: Pues me tengo de probar, deseo no desear á un Pedro más contento de sí mesmo que de mí, que no está léjos de aquí; y queriendo beber del agua se le secó.

Dixo el marido: Señora mujer, decidme quién es el Pedro más contento que habeis deseado, que todo estoy demudado, mas no mudado en desamor, que no se muda un buen amor.

Y ella respondió: Y’os lo diré, si vos me decis quién son las dos que deseais no ser olvidado dellas.

Él se rió, y dixo: Mirad cuánto ciegan los celos, que os habeis desconocido; pues nombránd’os yo Valenciana y Castellana, que sois vos, os habeis hecho celosa pensando que fuesen dos; picado habeis, no lo negueis.

Ella se rió, y dixo:

Tambien habeis vos picado Del Pedro que os he nombrado, Más contento de sí mesmo Que de mí; Pues sois vos si estais aquí.

Don Baltasar Mercader llegó á probarse en la aventura, y dixo: Yo tengo un deseo que pocos le tienen, de morir primero que mi mujer, porque yo me desesperaria si ella me faltase, y de otra parte no lo querria, porque de celos yo iria al infierno si otro la gozase; alargó la mano para beber del agua y secóse la fuente.

Y la señora doña Isabel, su mujer, dixo: Yo tambien quiero probarme con el mismo deseo que mi señor don Baltasar tiene, y de las dos cosas que él ha deseado, la que ménos querria quiero, y es, que su merced se muriese primero porque nadi d’él gozase si por ventura se casase, que por ventura habria de ser segun me suele querer; y el agua se le secó y sospiró.