Libro intitulado El cortesano. Libro de motes de damas y caballeros
Part 15
Dixo el Duque: Don Luis Milan, si os cansais de cantar, n’os canséis de contar más sonetos, que no son para cansar los graciosos sonsonetos.
Dixo don Diego Ladron: y decidnos la razon cómo quedará un soneto para que sea perfecto.
Item, don Francisco dixo:
Por quitar un dixo dixo De perversos pareceres, Que juzgan á sus placeres, Decidnos lo que sabeis De los sonetos que haceis.
Joan Fernandez se rió y díxoles: Aquí estoy yo que lo diré.
Ellos han de ir muy derechos, Que no puedan coxquear, Porque el morisco Alatar No los vea ir contrechos. Item, más han de mostrar, El sol que no esté nublado; Que no vayan á buscar Lo presente y lo pasado De la razon, Que nublados muchos son. Item, más han de tener, Que si querrán dellos coger Frutos para alguna dama, Que no sean todo rama, Que enramadas son de fiestas De verano Los que son pajar sin grano. Item más no queden frios, Que si dicen desvaríos En los modos del hablar, Guárdense de no topar Con don Artal.
Dixo don Luis Milan:
Burla burlando, El Joan dixo verdades, Que burlas no son maldades Avisando. Y pues ya no he de cantar, Sino contar los sonetos, Bien podrémos discantar Los sonsonetes.
Y comiencen á templar, que bien hay que discantar en mí.
SONETO. 4. 7.
No porfiar hablando descontentos, Dos cosas son que dan bien al oido, Sabido ser y ser muy bien sufrido, Que la valor sufrida es en tormentos. Dama real, vos dais merescimientos Como da el Rey, que todo l’es debido; Mas crueldad y desagradescido, Parescen mal en todos estamentos. Mi reina sois, yo soy vuestro vasallo, Mandar podeis á tuerto ó á derecho, El tuerto soy, pues vos me habeis cegado. Derecho no, que cojo y manco me hallo, Su crueldad me tiene muy deshecho, Por bien mirar me veo mal mirado.
Dixo don Diego: Templado ó destemplado, yo quiero discantar sobre este soneto, que yo sé una glosa d’él y es: Que don Francisco y Joan Fernandez servian á dos viudas que en una casa estaban, y burlaban d’ellos en secreto, y en público no traian cuenta con ellos. Solian hablar alguna noche de una ventana, y ellos de una huerta, y de muy enamorados, algunas veces se desconcertaban, y ellas les decian: Don Joan tuerto, todo estais un desconcierto. Y él respondia: Si he hablado desconcierto, allá me teneis un concierto. La otra decia: Don Cojo Francisco, ¿quién os puso en tal arrisco? Respondió él: Si soy don Cojo Francisco, allá me teneis un pellizco. Y ellas, enojadas de alabarse de lo que no era verdad, me contaron que una noche les dejaron entrar en casa para pagarse d’ellos, y encerrólos en una cocina una criada d’ellas, diciendo que allí estaban más secretos; y las viudas de una ventana hacíanles arrojar un agua almangrentada á sus criadas, diciendo todas: Don Joan tuerto deslenguado, bien estais almangrentado; tomad, don Cojo Francisco, pues mentis con el pellisco.
Y fuéronse como merescian por el terrado de casa, que les dió salida una vecina.
¿Qué meresce quien deshonra? Que no se le haga honra.
Dixo don Luis Milan: Hagamos honra á este
SONETO. 4. 7.
Yo retraté su gesto muy hermoso, Y téngole perfeto retratado, Cuando no estais haciendo el desdeñado, Que feo está mirar muy desdeñoso. Rato me dais que no sé qu’es reposo Cuando mirais, mirar desamorado; Tal me parais, de vos muy mal parado, Que muérdome las manos de rabioso; Y en veros tal, rabiosa por matarme, Corriendo voy á ver vuestro retrato Por descansar mirand’os en pintura. Y el dios d’amor, por más desengañarme, Húrtamela por darme muy mal rato, Que del mortal le huye su natura.
Dixo don Francisco: Señor Duque, este soneto recita la farsa que Joan Fernandez hacia, y era que en su oratorio tenía el retrato que hurtó á don Luis Milan de la dama que servian, y en ella hacerle mala cara, luégo le decia: Yo me voy á ver vuestro buen gesto, pues este que me haceis no es sino el de Marifea, vuestra favorecida; que el compañero sella como sello. Y con gran prisa iba á su casa, y algunas veces no hallaba el retrato, y él decia cantando:
¿Dónde estás, que no te veo? ¿Qu’es de tí, pintura mia? Vuelve, que verte deseo, Si estás en la morería.
Y esto cantaba porque sospechaba que una mora hechicera, de quien él estaba hechizado d’amores, se la tenía, porque le dió á entender qu’el dios d’amor se lo traia. Y era que una criada de su mujer se lo llevaba á la mora para composar á Joan Fernandez cuando se lo volvia, partiéndose las dos la composicion.
Dixo don Luis Milan: Tan buena me ha sabido la glosa, que por oir otra diré luégo este otro
SONETO. 4. 7.
Seguir á quien ningun respeto tiene Sino mandar y nunca ser mandado, Es de cruel que manda su criado, Y d’este mal alguna merced viene. Mas yo de vos, por más y más que pene, Por bien servir no soy galardonado, Mas de tener por vos ser muy honrado, Que mal qu’es bien en honra nos sostiene. Contento estoy d’estar en vuestro puesto, Vos no debeis del mio estar contenta, Pues nunca estais en puesto de mi juego. Parésceme juego de cañas esto; Tirámosnos las cañas d’esta cuenta, Yo juego bien, y vos haceis mal juego.
Dixo Joan Fernandez: Adargaos, don Diego, que vos recebiréis. Bien se os acuerda que una vieja de sesenta años se os hacia moza de afeites y mechuelas de cabellos rubios, dándole á entender que la servíades: Que la natural cordura en ningun tiempo asegura; y vos íbades tras una sobrina suya secretamente, y cuando ella se dió cata del engaño, matábala á pellizcos, diciendo: Toma, porque te festeja don Diego el desbocado, que á tu puesto se es pasado; y la sobrina, pellizcada por vos, en una fiesta os dixo:
No me sirvais, caballero, Ios con Dios, Que pellizcada voy por vos.
Dixo don Luis Milan: Si Martina bailó, tómese lo que ganó; porque baile otra Marina, quiero decir otro
SONETO. 4. 7.
Espejo sois d’amor desamorado Para quien es á vos muy enojoso, Mírase en vos, y no se ve hermoso, Que feo está un rostro desdeñado. Y el que será muy hecho á vuestro grado Parecerá Narciso glorioso, Que gentil es un feo venturoso, Y no es gentil quien es desventurado. Tal os miré, cual quedo por memoria, Un Lucifer muy desfavorecido, Vos un Luzbel de muy gran hermosura. soy Luzmal, caido de la gloria, Pues deseé ser yo con vos unido, Que pena da lo que se desmesura.
Dixo don Diego: Juan Fernandez, este soneto os va cantando: Joan, arte, Joan, arte,
Buen caballero probado, Acordarte se debria D’aquel buen tiempo pasado.
De lo que pasó por vos, que diciendo muchas veces: Espejo mio, espejo mio, á una cara de luna de fuego que vos servíades, que pensando que la motejábades, se enfadó tanto desta frialdad que os dixo: No me lo digais más, que me enojais; y estando un dia enrubiándose los cabellos en su terrado, y vos escondido en un gallinero de su casa, hecistes el gallo porque se volviese á miraros, y en veros le dixistes: Espejo mio, y ella os le tiró á la cara diciendo: A quien no pensando enoja, volvelle la hoja. Pues tan bien me pagan, hé aquí un otro
SONETO. 4. 7.
Nunca pensé que mal por bien viniese, Y mal por bien por vos me ha venido, Vínome: el mal, y todo m’ha tollido, Que mal frances pensé luégo que fuese. Yo le rogué su nombre me dixese, Y díxome: yo soy nombrado olvido, Vengo á matar á quien bien ha servido, Que el dios d’amor mandó que yo lo hiciese. Doña cruel tu dama fué la parte, Ventura el juez, yo soy verdugo della, Dice el pregon: éste es el desdichado. Que siempre fué d’amor un Durandarte, Y mándanle que muera por no vella, Que muerte dá no ver lo deseado.
Dixo Joan Fernandez: Don Diego, este soneto debia ir como carta nueva por Valencia cuando fuistes infamado de mal frances, que vuestra dama os dixo en una fiesta: No se llegue más á mí quien se pasa á los franceses; y una amiga suya lo declaró, que no se debe declarar lo que puede enojar, y dixo: Eso mal frances será, señor, de bajo amor. Otra dama dixo: No es ese mal por cierto, sino que su dama le ha dicho que no la vea ni oya mas, y él, por obedecerla, trae la gorra encima de los ojos por no vella, y algodones en los oidos por no oilla; que por esto sacó un ahorcado en una justa, con este mote: ahorcado amador, ni ve ni oye d’amor.
Dixo don Luis Milan: Resucite el ahorcado con este
SONETO. 4. 7.
Temor y amor, amor es verdadero, Y de temor en veros me santigo, Pregúntanme si veo al enemigo, Yo digo sí, que de enemiga muero. Y del amor queriendo como os quiero, Vengo á temblar si alguna cosa os digo, Por acertar errando voy conmigo Que ce por be y’os digo en cuanto quiero. No respondeis; si toco vuestra aldaba Dais en callar, al son de mi sospiro, Vengo á parar en mármol convertido. Y para estar como primero estaba, Despárame Cupido nuevo tiro, Que nuevo mal recuerda amortecido.
Dixo don Diego: Yo traia una dama á vesita un dia, y salió tras canton un caballero, y en topar con nosotros se santiguó; yo díxele: Joan Cruzado, ¿de qué os santiguais? ¿veis al enemigo? respondióme: Sí, que de enemiga muero. Pareció tan galan, que no quisiera que tambien nos pareciera el señor Joan Fernandez.
Dixo don Luis Milan: A este cuento no se ha de responder agora por no estorbar este
SONETO. 4. 7.
La perramor es esta perra mia, Que pena fué, pues me mordió rabiando, N’os enojeis si os voy acomparando Al animal que más veros querria. Es muy leal á aquel que dél se fia, Es todo amor á quien lo está halagando, No es ella ansí, mas siempre va ladrando Para morder lo que sanar debria. Curar debeis la llaga que me hecistes Con piedad que damas hermosea, Que, vivo yo, mejor seréis servida. No seais vos lo que no sois ni fuistes, Que puesto que sois de hermosura dea, Lo que no es Dios no sea mata vida.
Dixo Joan Fernandez: Con otro cuento muy mejor respondo á don Diego Apodador; y es éste, que los dos nos hallamos en una vesita de damas en casa de mi hermana doña Marquesa, y él vendió este soneto por suyo, y díxolo para decir perra á una que servia de las que estaban allí, y su dama le dixo: Don Diego Perramor, ¿de quién andais servidor? Respondió por él un otra dama, que él se lo rogó: De sí mismo se enamora, que Perramor es su señora. Dixo otra: Y cuán perro es el señor que mordiendo va d’amor. Y vos os fuistes, un pañizuelo rasgando, como perro rabiando.
Dixo don Luis Milan: Pues Joan Fernandez se ha vengado, oyan si querrán oir otro
SONETO. 5. 6.
Quien osaria por mucho que osase, Tener tal ser de ser atrevido, Probarse con vos á brazo partido Si no fuese ya que desvariase, Si mi loquear en esto parase Pues fuese por vos su seso perdido, Meresceria lo que es merescido, Quien hizo al loco que le perdonase. Á ley de razon si estoy loqueando, Pues vos lo causais, yo soy desculpado, Que no tiene ser quien es para poco. Si loco con vos me viese luchando, Debria de ser de vos perdonado, Que no es buen amor si no es amor loco.
Dixo don Diego: Este soneto hará saber á quien no sabe unos requiebros lirianos, que en Liria dixo el señor don Joan Fernandez, y son éstos; hallóse en una vesita de una partera liriana, que le tenian hecho un liriano de amores, y díxole este soneto que habia amparado á don Luis Milan, y en haberlo dicho desampararon las mujeres la vesita, pensando que quisiese luchar con alguna de ellas, que de todas iba servidor á jornadas; y él se fué tras ellas diciendo: no le huyais al loco de amor si es buen luchador. Dixo don Luis Milan: pues se vió tan mareado el señor Joan Fernandez en Liria, oya al propósito un otro
SONETO. 4. 7.
El marear que el mar d’amor nos hace, Es muy peor qu’el mar que se navega, El mar d’amor muy más veces reniega Y mueve más, pues con placer desplace. Desplácenos con lo que más nos place, Con el mirar que nos contenta y ciega, Y este placer á mucha gente niega, Y en tierra y mar amor hace y deshace. Digámosle del mar suyo almirante, Que es el marqués de libertad perdida, Duque tambien de voluntad humana. Conde de paz, sino reina levante, Y rey del fin y reina sin medida, Que amor es rey do voluntades gana.
Dixo Joan Fernandez: Este otro soneto hará saber cómo le fué al señor don Diego acompañando unas damas que fueron á ver las galeras de don Álvaro de Bazan, y en ser luégo en barca se mareó en tanta manera, que le pusieron nombre don Diego mareado, y volviéronlo á tierra y á su casa en una litera á la noche, y las damas le iban cantando:
Mal amar os prueba mucho, Caballero, Debe ser de mal parlero.
Y él respondió:
Mareado estoy d’amor, Que dado me han competidor.
Dixo don Luis Milan: Para sanar este mareado d’amor que se conhorte con lo que dice: _Solatium est miseris socios habere penates_, doy este
SONETO INTERCALADO.
Soñado he lo que no fué soñado, La triste muerte de Leandro y Hero, Amor y muerte fué con ellos Nero, Que amor se vuelve muerte al desdichado. De su torre por él se ha arrojado En ver que se ahogó su caballero, Pasando el mar d’amor tan verdadero, Sus vidas con sus muertes han casado. Tal soy, como Leandro, más que muerto Por olas d’este mal de mi enemiga, Vos no sois Hero, sino Nero mia. Aquél pasando el mar gozó de puerto Los dias que vivió con su fatiga, Yo por mejor Leandro ser querria.
Dixo don Francisco: Mejor se hallaria ahora una Nero á cada paso que media Hero en medio mundo.
Dixo la señora doña Leonor Gualvez: Por no haber ya ningun Leandro no se halla Hero alguna.
Respondió Joan Fernandez: Esta casta de enamorados yo la he conservado hasta agora, que no ha mucho que estaba yo hecho un Leandro medio muerto de amores al pié de una torre, y no faltó una Hero que pensando que yo estaba muerto se quiso echar, si yo no echára de presto un sospiro que la detuvo, que no se echó de la torre abajo por mí, y dixo: A no sospirar mi Leandro, yo me desesperaba como Hero.
Dixo don Luis Milan:
Nunca fuera caballero De damas tan bien querido, Como fué Joan Leandro De una Hero que no ha sido.
Y no porque no se hallen Heros y Leandros, mas no se hallará Leandro en tal Joan, que sus amores flojos van;
Pues que no osaria nadar Por aquel brazo de mar, Que á nado le pasaba Leandro cuando nadaba, Una legua por la mar, Para á su Hero llegar.
Dixo la Reina:
Perdido se ha l’amor En Valencia, Aunque no en una excelencia.
Respondió el Duque:
Ni ménos perdido le han Un alteza y un milan.
Replicó la Reina:
Para hacer que no me enojen Sus amores, Sácame mis burladores.
Dixo la señora doña Margarita de Peralta:
Ya no se hallarán Leandros Amadores, Sino landres en amores.
Respondióle Joan Fernandez:
Pues yo sé una Hero sin falta, Qu’es una linda Peralta, Que el galan que la sirviese, Leandro por ella volviese.
Dixo la señora doña Beatriz de Osorio:
Si un Leandro verdadero Fuesen hoy dia á buscar, Para nunca sospirar, En don Diego Maltequiero Este amor podrán hallar.
Respondióle don Diego Ladron:
Si una verdadera Hero Buscan para burladora, Osorio es esta señora, Que se nombra doña Nero.
Dixo la señora doña Marina de Tobar:
Si un Leandro amor se hallase, L’amor resucitaria; Y si mucho se buscase, En don Francisco se hallaria.
Respondióle don Francisco:
Señora doña Marina, Si en ella un Hero viese, Y Leandro me volviese, No me ahogue su Marina.
Dixo don Luis Milan: Hero en latin quiere decir yo seré, si una Leonor Galan d’esto se quiere servir, la serviré.
Respondió la señora doña Leonor:
Si Leandro quereis ser, ¿Cómo puede faltar Hero Á un amor muy verdadero?
Dixo el Duque: Ya veis cuán infamada está Valencia, que no hay amor en ella; y esto no viene sino por un gran descuido que se tiene, que no quieren ser buenos oficiales los caballeros en su oficio, que es saber á maestro en todo lo que no debe ignorar un caballero, que para ganar buen nombre críanos naturaleza, y quiere que se ayude el hombre; y exercitándose en las virtudes, el cielo da la gracia para alcanzarlas y la paga para remunerarlas, porque no hay bien sin amigo ni mal sin castigo: y así como la verdadera justicia remunera lo bueno y castiga lo malo, los príncipes para ser buenos deben galardonar á los buenos y castigar á los malos, que el galardon hace los hombres mejores y el castigo que no sean peores. Mucha culpa tienen los padres si sus hijos se pierden á culpa dellos, pues hay algunos que tienen más cuidado de hacer un buen caballo que un hombre bueno; y por esto dixo un cortesano portugues, á quien fué demandado qué le parescia de una ciudad muy nombrada que habia visto: Heu e visto muytos homos boos para cavalos e muytos cavalos boos para homes; queriendo decir lo más malo que una república podia tener y lo mejor que poseer debria, que son hombres, como hacia un filósofo viendo su ciudad de Aténas muy perdida por falta de hombres, que iba de dia con una lanterna encendida poniéndola á la cara de cuantos topaba, y decíanle qué buscaba, y él respondió: Busco hombres y no los hallo. Y por esto don Luis Milan dixo que el caballero bien aderezado sólo de cuerpo, y no de alma, le podrian decir don Pedro Mula ó don Juan Caballo; y tornando á nuestro propósito, para que el amor se cobrase en Valencia, sería menester hacer leyes para algunas damas, que no se descuidasen de hacer lo que deben, y á los caballeros que supiesen cómo las han de servir, y sería de parescer que mañana, despues de haber comido, acudiesen aquí las damas que venir querrán, para que se hiciesen á voluntad de todos estas leyes, que no reina amor ni rey sin tener ley. Paresció bien á todos, y quedaron con este concierto.
El otro dia no vieron el hora cómo acudir y acudieron muchos caballeros y damas á esta sala-córte, que se tuvo en la sala mayor del Real, donde el Duque y la Reina se pusieron sobre un teatro de quince gradas en alto, y los caballeros en un cadalso y las damas en otro, y el Duque proponiendo, dixo: Señores, Valencia está muy infamada por todo el mundo, de muy desamorada, que ningun amor hay en ella; para que se cobre el amor y la fama della, fuy de parescer que, á voluntad de todos los que aquí están, se hagan leyes para que las damas sean bien servidas, y los caballeros que lo habrán menester sepan en qué las han de servir, y diga cada uno de qué está agraviado del otro, y concertados todos haráse ley sobre ello.
Comenzó don Rodrigo de Borja, y dixo: Yo estoy agraviado d’esto que hacen las damas, no dan crédito en amores que caballero tenga amor, y hanse vuelto burladoras, y el galan más burlador, que perdido el crédito se pierde el amor.
Respondió la señora doña Ángela de Aragon y del Milan, condesa de Almenara, y dixo: Señor don Rodrigo, si las damas lo son, no han de sufrir á los caballeros que digan á la que sirven requiebros sin sospirar, que es indicio de burlar, ni ménos se requiebren sino con sus damas; que l’amor que es chocarrero, no sospira y es parlero.
Sobre esto hizo el Duque esta primera ley:
Lo que está en ley sea ley Que sospire el servidor, Y si no es sospirador, Tenga con su dama ley. Y será la que y’os digo Que requiebro nunca diga, Sino sólo á su amiga, Sino, denle al enemigo.
Dixo don Diego Ladron: yo estoy muy agraviado de la mala condicion que las damas tienen, que siempre nos muestran zuño, que nublos de piedra son zuños de mala condicion, y temiendo de pedradas huimos de nuboladas.
Respondió la señora doña Mencía Manrique: Señor don Diego, merescen ser apedreados y ver zuños muy nublados los que tienen tan poco miramiento, que sin saber la condicion de su dama la sirva el caballero, pues es cierto, quien contra condicion irá, piensa servir y enojará.
El Duque rió mucho de los zuños nublados, y hizo esta segunda ley:
Deben saber la condicion De cualquier servida dama, Para bien servir quien l’ama, Pues está mucho en razon. Que contentacion no da Sin la condicion seguir, Que pensando bien servir, Deservir parescerá.
Dixo don Berenguer Aguilar: Yo tengo un agravio de las damas, que son mucho descuidadas, que nunca responden á lo dicho sino, ¿qu’es eso que me habeis dicho? que nunca bien responderá quien nunca está en lo que está.
Respondió la señora doña Castellana Belvis: Señor don Berenguer, si lo que me han dicho es verdad, vuestra merced más tira á engordar que á festejar; y si es ansí, los descuidados con descuidos son pagados.
El Duque hizo sobre este caso esta tercera ley:
No deben ser descuidados Que muestran desamorados, Que descuido es accidente Que muestra quien poco siente. El que falta en aguardar Falta muestra en el amar, Qu’el amor muy más se muestra En las obras que á la muestra.
Dixo Joan Fernandez: yo tengo un muy grande agravio que las damas nos hacen, y es la deslealtad que tienen, que poco há se estaban alabando en una vesita, deciendo: Pues tenemos el palomando sobre los amadores, hagamos que sientan el palo porque no tengan el mando.
Respondió la señora doña Hierónima su mujer: Tostemps feu lo Margarit, per vesites aguartant encenser que va encensant, fum de noyes vos han dit.
Dixo el Duque: Nunca mejor apodo se dixo, encensero de humo de nuevas. Señor don Luis Margarit, avisadamente dió ocasion la señora doña Hierónima que hablase, que mucho se pierde en callar un buen hablar; y escuchen, que á todos comprende esta cuarta ley.
Nadi sea desleal En obrar, mirar, ni hablar, Que traicion es en amar; Vamos todos al igual. Y para muy justa ser Tengan libertad si quieren, A quien ley no le tuvieren Que no la haya de tener.
Dixo don Luis Margarit: Señora doña Hierónima, pues me hizo encensero, yo quiero encensar para humo quitar entre damas y caballeros; Cupido me aparesció esta noche pasada y díxome: Tú has de proponer mañana en la sala-córte un agravio que se hace muy grande en los amores, que da ocasion de mucho mal y es éste; que los enamorados nunca deben reñir con sus competidores, por no dar que hablar á miradores echando juicios temerarios sobre las honras de las amadas y amadores, que la causa del reñir ha de ser para alabar y no infamar. Mas no deben negarse las cortesías á la italiana; háblanse sin tener gana por quitar mal decir y mal pensar, y la estrecha amistad no la deben detener, que es muy malo de comer, en la mesa, que es traicion ó gran simpleza. Que la dama no sea fia, de simple ó falsa compañía; y es de tener por mucho mal parecer.
Respondió la señora doña Hierónima: Ab molta raó he donat occasió que vossa merce parlas. No se puede decir más donde responder es ménos.
Al Duque le paresció muy bien, haciendo sobre esto esta quinta ley:
No paresce bien que sirve Reñir con el competidor, Qu’es locura ó poco amor El que sirve si desirve. Y da mucho que hablar De lo que no es bien decir, Y si debe de reñir, Sea para más honrar.
Dixo don Francisco Fenollet: Un grande agravio quiero proponer por parte de la Vénus, madre de Cupido, qu’esta noche me vino en sueños y díxome: Mañana en la sala-córte has de proclamar que no se consienta mentir mal, sino bien, en los amores; yo le dixe que me dixera cuál era mal ó bien mentir. Respondióme: Aquel es mentir bestial, qu’es causador de mucho mal, y el que mal no puede hacer es mentir para placer. Entendido que hube que hay buenas mentiras, yo desculpé á Joan Fernandez de sus cuentos, pues no son yerros, aunque lo son por ser de baja nascion, que de bajos podrian ser contrabajos de música desentonada, pues que todos son risada para bocas de reir, que se rien sin sentir, como papagayos son risueños sin intencion.
Dixo la señora doña Violante Mascó: Si supiese quién sana de mucho reir querria desto sanar, para no dar que hablar si rio de no sentir, qu’es peor que mal pensar.
Dixo el Duque: Tan bien me ha parecido lo que ha dicho la señora doña Violante como todos lo verán en esta sexta ley: