Libro intitulado El cortesano. Libro de motes de damas y caballeros
Part 14
Don Luis Milan respondió: Señora doña Leonor, si por jubileo me dejo oir, no se maraville vuestra merced, pues por jubileo se dejan ver las damas, y no para sacar almas de penas, por donde, siguiendo yo sus pisadas, no me perderé. Que no es bien dejar pisar lo que debe estar en pié; yo no soy tan desmandado de no dejarme mandar donde soy muy bien mandado. Y pues aquí está mi palomando que mandar me puede, yo me doy por mandado.
Dixo el Duque: Bien muestra en su hablar don Luis Milan que los milanes vinieron de los griegos con Hércules en Italia, pues habla con la brevedad d’ellos, como agora ha dicho en este vocablo, palomando, queriendo decir palo y mando. Y en los motes que se dieron el Joan y el Milan para ganar el retrato de su dama, hay otro que dice Encasamalo por abreviar lo que dicen en valenciano: Bell en banch y mal en casa. Y el nombre que agora ha puesto á don Francisco, que dice Dondonaire, queriéndole decir en valenciano Don, dona, aire, haciéndole fuelle, que es mal aire lo que da; y tambien nos ha dicho poco há que la ocasion es piedratoque, queriendo decir que es piedra de toque, que descubre á cada uno de qué metal es; y muchos otros que ha dicho, imitando á los lacedemonios griegos en esta brevedad, que con sólo un vocablo se diga una sentencia, que los latinos muy poco lo acertaron á decir. Fué este modo de hablar en tanto tenido, que Petrarcha recita en su libro _De próspera y adversa fortuna_, una palabra que solia decir Andromaca, mujer de Héctor, á su marido, y era ésta, Demome, que quiere decir: Buen hombre, tu gran corazon te echará á perder. Es tan cortesano el corto hablar, que _vorria sensa parlar eser inteso_; y no le estorbemos el gran mandamiento que le han hecho, que cante sus sonetos.
Respondió don Luis Milan: La mejor respuesta que se puede dar, obedecer á buen mandar; y empezó á cantar este
SONETO. 4. 7.
Si voluntad merece ser pagada Por cual razon, no soy d’esto pagado, Diréisme vos, pues has mal deseado Mal desear, pagalle con no nada. Respondo yo, qu’es muy perjudicada Mi gratitud, que nunca os ha enojado, Respondereis que debe ser juzgado Lo que sin ley no es cosa bien juzgada. Si fuese yo juez d’esto, aunque soy parte, Con gran razon daria ley en esto, Que lealtad gran lealtad merece. Pues buen amor no tiene ningun arte, Y en bien amar á todos gano el resto, Quien meresció jamas no desmerece.
Dixo don Diego: Don Luis Milan, en pleito habeis traido vuestra dama, y respondistes por ella, haciéndoos procurador de los embargos, respondiendo contra vos, como hizo un portugues que emplazó delante justicia á la que servia, diciendo al juez: Nan deis por muller á meu competidor miña dama, que eu la queiro, ella dice que nan me queire, eu torno á decir que la queiro, que amor primero he casamenteiro. Rieron mucho del portugues, que por pleito queria á quien no le queria.
Dixo don Luis Milan: Don Diego, yo respondo á vuestro bocaje, como respondí á un estorbamúsica, que le dije: Yo tengo un atapabocas, que es éste
SONETO.
Hermosa maya, llena de mil flores Y extrañas hierbas, de propiedades Sanais con ellas mil enfermedades, Que de miraros sanan amadores. Y á mí no sanan, d’estos mis dolores, Que hierbas fueron vuestras crueldades, Que entosicaron nuestras voluntades, La vuestra y mia para desamores. La vuestra hicieron de ponzoña llena, Que emponzoñada voluntad se muestra, La mia siento desto entosicada. Y aunque está siempre para amaros buena, Va muy doliente, por no verse vuestra, Qu’el rostro muestra voluntad dañada.
Joan Fernandez sospiró, y su mujer le dixo: Vos me par que sou lo que anava venent sospirs per Valencia.
Y él respondió:
Yo no los vendí, Mas ellos me vendieron Cuando’s vi.
Díxole ella: ¿Y per que os han venut? ¿Per que yous compri mercat pera mal marit?
Dixo él: No por eso, sino porque habia de mercar brava mujer para sospirar. Que pensando que fuérades una maya, sois una desmaya, que siempre desmayo de vuestra mala condicion, que hierbas son. Que al médico moro fuí que me sanase, y para sanar me hizo estar en su casa ocho dias, acostado en una cama llena de hierbas de montaña, y algunas dellas pinchaban, que me hacian dar voces, y el moro decia: ¿Sufris hierbas en vuestra casa para matar, y no sufrireis para sanar? Yo diciendo no sufriré, y él que sí, yo que no, salvéme dél como de vuestra merced haciendo el puerco espin.
Dixo su mujer: Don Luis Milan llanzau de aci aquest porch espi, ó feulo callar á mots, que sols vos lo embozau, quant los dos vos motejau.
Y don Luis respondió: Para hacerle yo callar, á su fumeto será con este
SONETO. 4. 7.
Para mi bien y por mi mal os veo, Pues me mirais con rostro muy irado, No siento yo que esté por mí enojado, Pues que por vos con todas me peleo. Digo que sois un otra doña Iseo, Yo don Tristan, de triste desamado, No digo aquel don Tristan muy amado, Que desamor lo vuelve todo feo. ¿Quereisme mal, pues mi ventura quiso, Y no quereis que esté peor que muestro, Que el bien no sé dónde tiene la posada? Queredme bien y verm’heis un Narciso Para probar que tal parezco vuestro; Que hermosa está la cara qu’es amada.
Dixo don Diego: Señor Joan, tanto os toca este soneto, que á ser silla y vos caballo no lo podríades sufrir, por lo que os siguió cuando dixistes de amores á una cortesana de la córte, que le demandastes como se decia, y ella respondió: A mí me dicen doña Iseo, y vos sospiraste diciendo:
Yo soy vuestro don Tristan, Que por veros, mi señora, Pasé yo la mar salada; Pues que veros enamora.
Y ella os respondió:
Vos no sois mi don Tristan, Que pasó la mar salada, Mejor sois para ensalada De truhan.
Cerró la ventana y entróse, y unos escuchamores que os escucharon os apodaron á don Joan ensalada.
Y don Luis Milan les departió con este
SONETO. 4. 7.
Tan triste estoy, que vivo muy mal sano, No sé si son mis pensamientos sanos, Quizá es mejor morir de vuestras manos, Las que me dais, pues que me dais de mano. Pues vos sabeis cuál me será más sano, Mejor será dejarlo en vuestras manos, Que yo no haré lo que suelen villanos, Que si les dan toman dedo y la mano. Yo sé muy bien, si en tal caso se viese Vuesa merced, si fuese caballero, Que dedo y más de tal mano quisiese. Que por mandar aquel César primero, Tuvo por ley, que ley no se tuviese, Que por mejor se muda ley por fuero.
Dixo don Francisco: Vengar quiero á Joan Fernandez con este cuento que diré: Una noche estaba en una calle escuchando á don Diego, que decia los amores de Audallá á la criada de una dama que servia, y díxole: Dadme el dedo, que no tomaré la mano, pues no soy villano; y ella fiando dél dióle el dedo y él tomóle la mano, que fué parte para subir donde estaba. El señor sintió ruido, y reconosciendo casa topó con don Diego, que con una sábana se habia envuelto gritando: Alma soy que voy en pena, y el señor le soltó un perro de ayuda diciendo: Cómete esa alma, que un perro comerá otro, y vos saltastes por la ventana y el perro tras vos, haciendo tan gran alborote, que las damas del vecindado salieron á las ventanas con lumbres, y conosciéndoos dixeron: Señor don Diego ensabanado, ¿cómo vais aperreado? y vos respondistes: Quien tras perras va aperreado será; y las criadas d’ellas en veros os dicen, don Diego ensabanado.
Dixo don Luis Milan al Duque: Señor, si más salen cuentos, yo no sacaré sonetos. Y todos dixeron que no dirian más.
La Reina dixo: Don Luis Milan tiene razon, que cuando la música es de caballero, hase de escuchar si ya él no quiere hablar.
Y él dixo este
SONETO. 4. 7.
De bien y mal mi vida se sostiene, Porque el vivir se vaya conservando, Con sólo el bien no va el saber reinando, Pues no es pesar el mal que de vos viene. Amor, amor, pues mandas que yo pene, Sostiéneme, que muero deseando; No vea yo que vas de mí burlando, Qu’en posta voy y nadi me detiene. Corro al morir, y muerte no me quiere, Cansado estoy, y siento gran descanso, Quiero llorar, y voy de mí riendo. Sé que dirá quien tal por vos se viere: Fiero leon, amor le vuelve manso, Que gran amor de sombras va temiendo.
SONETO INTERCALADO.
Gran bien durmiendo vengo á ensoñarme, No sé yo en sueños qu’es lo que me crea, Séos decir que tanto me recrea, Que yo querria nunca despertarme. Dicen que sueños son gran vanidad, Y á veces vemos ser muy verdaderos, Mas veo mal en todos mis agüeros, Que hijos son de vuestra crueldad. ¿Amor, amor, qué tengo de creer? Pues tú me haces reir y llorar, Hazme dormir, pues huelgo de ensoñar. Que vanidad á ratos da placer. O bien ó mal de tí sepa lo cierto, Que es en fin pena un vivir incierto.
SONETOS. 6. 6.
Cabellos principian, cabellos fenecen Mis altos cuidados de vida y de muerte, De tales cabellos se cuelga mi suerte, Que matan al oro y al sol escurecen. Mi vista se altera mirándome en ellos, Del todo turbado ni veo ni atino, De mucho atinaros estoy tan sin tino, Que vengo á estar léjos estando cabellos. Los rayos de Febo si ciegan no matan, Mas vuestros cabellos me matan y ciegan, Son rayos que pasan, traspasan y allegan, Á ojos de un alma, que con ellos atan. De cada cabello me veo colgado, Temiendo no quiebre de muy desdichado.
Mortal dolor con quien amor tormenta, No me tormentes, dame algun sosiego, Pues siempre otorgo por más que reniego, Que soy de amor perdido á mi cuenta. Soy como aquel que tienen al tormento, Y estando en él, del gran dolor se aduerme, Así me sigue para sostenerme; Pensando en vos se aduerme el sentimiento. Cruel amor, no tal, cual es tu nombre, Manda al dolor, que más no me tormente, Que aquella parte en mí que más te siente, Muere y revive por quedar más hombre, Que buen pensar es gusto que descansa, Y en los tormentos su dolor amansa.
Allá me voy, á dó el amor me guia, Soy como aquel que va en su pensamiento, Qu’está muy fuera del conoscimiento, Sino d’aquel que está en su fantasía ¿Pensando en vos quién ha de estar en sí Que por idea en vos no se transforme? Estoy sin vos, y en vos tanto conforme, Que voy conmigo, y nunca voy en mí. Ni pié ni mano, la boca ni l’ojo, No mandan ya, pues tal señora reina, Reinas en mi tan absoluta reina, Qu’en mí es placer aquello qu’es enojo Ó bien ó mal, avenga como quiera, Vos sola sois mi voluntad postrera.
Yo voy buscando todos los lugares, Para miraros si podria veros, Y en descubrirme no quereis volveros, Y hállome vuelto para ver pesares. No sé yo cómo pueda sostenerme, ¡Miraros siempre y vos nunca mirarme! Bien podrá ser que amor pueda cegarme, Mas nunca hará qu’en vos no pueda verme. Dos ojos tengo y son para llorar, Pues que no ven lo que ver querrian, Dos rios son que siempre correrian, Si dellos fuese vuestro amor la mar; Y aunque éstos pierda, vuestra merced crea Que tengo mil que os miran por idea.
SONETOS INTERCALADOS.
Á todo el mundo doy de mí descargo Del bien que os quiero y mal que me quereis; Ya veis, señora, lo que vos haceis, Que de mi muerte tengais tanto cargo. Dirán de vos que fuistes matadora, Y vos diréis que yo mismo me he muerto, Dirá el amor en tal caso lo cierto, Qu’en vos estaba ser remediadora. Sé que diréis que no pudo haber medio Entre mi mal y vuestra gran bondad, Todos dirán que en vuestra piedad Estaba el bien de todo mi remedio; Que siendo siempre tanto valerosa, La piedad en vos no’s es viciosa.
Pensando en vos un no sé qué me enoja; Sélo sentir y no dar á entender Es un amargo en medio del placer Qu’el mundo da por lo que se le antoja. Muy gran mal es y cuento mucho largo, Ser esto en todo tan naturalmente, Que piense en vos muy mucho dulcemente, Y un no sé qué lo vuelva todo amargo. Soy como aquel que muestra ser mortal, Que su accidente da señal de muerte, Si no mudais de mal en bien mi suerte, Dadme por muerto deste grave mal. Y es lacidente ser desconfiado, Señal de muerte en cualquier estado.
SONETOS. 5. 6.
Al pié d’un monte cerca de una fuente, En un bell prado muy verde y florido, Pasciendo estaba su triste sentido, Cogiendo flores un pastor doliente. De mal d’amores era su accidente, Que sospiraba nombrando Cupido; Yo sospirando d’él fuí conoscido, Que amor dó reina descubre su gente. Y platicando de nuestros amores, Cada cual dixo que fué su venida; Él iba en busca de sana-dolores, Qu’es una hierba que d’amor olvida; Yo la que nombran acuerda amadores, Que cualquier calza segun su medida.
D’un árbol d’amor yo vi que colgaba Una guirnalda de muy lindas flores, Muchas pastoras y muchos pastores Se la ensayaban y á nadi encajaba. Y en la cabeza que muy bien entraba, Era dichosa y amada en amores; L’árbol nombraban manzano d’amores, Y era malsano de quien no sanaba. L’amor me mandó que yo me probase, Dixo riendo que d’él no temiese, Con grande temor probé esta aventura. Y ántes fué seca que yo la ensayase, Porque esperanza ninguna tuviese, Qu’el engañoso jamas asegura.
SONETOS. 4. 7.
Linda Thamar, más bella que la rosa Del mes de Abril, cogida en la mañana, Saliendo el sol con su estrella Diana, Qu’en ver á vos se vuelve envidiosa. El sol está miránd’os tan hermosa, Como el galan que mira su galana, Rie de ver á su estrella tan vana, Que competir no es bien con mayor cosa. ¿Qué haré yo mirando vuestra cara, Sino seguir al sol que os ha mirado Y sospirar de mi triste ventura? Que no pensé que tanto me costára, Que por amar me viese despreciado, Que despreciar es contra la natura.
Supe d’amor una cosa excusada, Su condicion cual es en desdichados, Y díxome que los trae engañados, Promételes y no les tiene nada. Quise dejar la empresa comenzada, Y en comenzar vinieron mis soldados, Temor y amor, que estaban espantados, Que yo de vos hiciese retirada. Dixéronme, mejor es hacer cara Que no dejar de ver cara tan bella, Á bien ó mal venga lo que viniere. Sin este mal, menor mal me matára, Que proseguir con muy buena querella, No muere no, que vive cuando muere.
SONETO INTERCALADO.
¡Oh quién pudiese vivir sin deseo Por no saber qué cosa es desear! ¡Oh quién pudiese nunca sospirar Por no mostrar l’amor qu’en vos no veo! Son el deseo y el sospiro hermanos, Y mi tristeza d’ellos es su madre, Vuestro desden les es natural padre, Y yo el seráu de tales cortesanos. Séos decir que mil requiebros siento Dentro de mí dó está vuestra idea, Que nadi hay que á vos, señora, vea, Que no esté mal d’alegre descontento; Y es este mal como quien se sonrie, Que dentro llora y defuera rie.
SONETO. 4. 7.
Como el dulzor de la dulce armonía Hace acordar cualquier tiempo pasado, Tañendo yo, lloro de enamorado Lo que no soy, á lo que ser solia. La suavidad de vuestra melodía, Si vos cantais sois como aquel pescado Que hace dormir lo que soy olvidado, Y hace ensoñar toda la pena mia. Despiértame teneros en memoria, Qu’es un reloj que me está despertando, Y en acordar me hallo como añoria, Que agua doy, mi gran ardor regando, Y siempre en vos hallo seca mi gloria, Que sequedad todo lo va secando.
SONETOS. 5. 6.
Nasció cuando os vi lo que no quisiera, Que siempre vivió de vos maltratado, Tuvo por nombre lo que m’ha quedado Desventurado, destraña manera. Y es el mal hado que el cielo me diera, Él sabe por qué yo fuí malhadado; Que muere en nascer, cualquier desdichado, Que en veros mostró mi estrella quién era. Parezco la flor que muere nasciendo, Que nasce en nascer la linda mañana Del Mayo gentil, que el mundo recrea. Y dándole el sol se seca muriendo, Tal soy y seré por vuestra Diana, Que ver y cegar verá quien os vea.
Siempre querria con vos endeudarme Para deberos, y no estais contenta, Que nunca poneis la cruz en mi cuenta, Y en cruz me teneis por crucificarme. No por rematar, mas por rematarme Haceisme la cruz, de muy descontenta, Yo digo que vos haceis la contenta, y vos decis no, por no contentarme. Yo me pagára de ser mal pagado Para que vieran que no sois deudora, Que buen pagador de todos es grado. Y vos, por mostrar no ser mi señora, Nunca mostraste que os fuese criado, Que muy mal querer se muestra do mora.
SONETO INTERCALADO.
Sintiendo voy d’amor gran agonía, La cara traigo de color de tierra, Ya viene por llevarme quien entierra, Que ya murió del todo mi alegría. Matóla vuestra grande guerrería, Que siempre m’habeis hecho cruel guerra, Venciéndome en el llano y en la sierra, Que son mi corazon y fantasía. Vos m’habeis hecho el corazon muy llano, Que guerra del amor lo allana todo, Y allanará la ciencia más subida. Ganástesme el castillo, y castellano Mi entendimiento con mi leal modo, Que muy alto subir da gran caida.
SONETOS. 5. 6.
Del paraxismo d’amor voy tollido, Ya m’he venido d’aquel infernado Para sí mismo, Cupido malvado, Que sólo es de sí quien siempre lo ha sido. Por vos me gané, por vos m’he perdido, Gané por servir y soy mal pagado, No quereis cuenta del bien que he gastado, Por no tomalla de haberos servido. ¿Qué os costaria decirme, burlando, Quieres ser sano, y yo que os dixese, Ya fuese por vos, pues soy vuestro, muerto? Que no sana mal, que va deseando, Si no es con dotor que como vos fuese, Que bien aplicar da luégo en lo cierto.
Tiro mi querer el mal que tirado Lo malo de vos, que mal os hacia Mal paresceros de noche y de dia, Que dar mal por bien es mucho mal dado. Vos estais sana, que y’os he sanado, Mata venado será mi porfía, Yo estoy malsano, morirme querria, Por ver si de vos sería llorado. Soy como el ámbar que tira pajuela, Y así vuestro mal de vos á mí tiro, Que y’os doy mi fe que más nunca os duela; Pues siempre seréis por quien yo sospiro, Que vos para mí sois siempre mi estrella, Mas yo para vos no soy lo que miro.
SONETO. 4. 7.
Rosa d’Abril, cogida en la mañana, Saliendo el sol con sus rayos dorados, Muy gran olor sentimos los penados, Pues huele bien lo que de vos nos sana. El Dios d’amor os saca á la ventana, L’aire de vos da vista á los cegados, Milagros son que vos haceis contados, Dejaros ver por dar salud humana. Cobran vivir mis cinco sentimientos, Vee mi ver en ver quien le ha cegado, El toque más que vivo ya se toca, Gustar y oler reviven más contentos, Pues cobra más del que perdió el cobrado, Vive el oir oyendo buena boca.
SONETOS. 5. 6.
Yo sentí en veros el mal no temido, Por lo que dicen del mal de terciana Nunca fué visto, se toca campana, Tangan á muertos, que siempre lo he sido. Malenconía de verme en olvido En las entrañas de vuestra desgana, Causaron en mí la vida malsana, Que vivo por vos, y nunca he vivido. Terciana d’amor es mucho más fuerte, De frio mayor y más callentura, Que mis contrarios de vos y mí vienen. D’estar fria vos mi frio es de muerte, De yo no lo estar la vida me tura, Que mal qu’es por bien extremos sostienen.
Señala las horas el Norte su estrella, Que Norte del cielo d’amor sois, señora, Mas nunca señala vengais en buen hora, Quien horas amuestra de muerte por vella. Es muy mal agüero miralla y perdella, Su cara me dice que vaya en malhora, La mala ventura muestra do mora, Que vista señala lo qu’es de creella. Es como quien pierde, quien ha de perderos El mar que navega de vuestra belleza, Qu’el Norte su estrella do pierde la cobra. Pues va navegando por no meresceros Por Indias crueles de vuestra crueza, Que todo bien falta do mucho mal sobra.
SONETOS INTERCALADOS.
Pensando en vos está mi pensamiento, Alegre y triste por diversas vias, Dase á entender no sé qué alegrías, Que alegre error amando da contento. ¡Qué dulce rato, qué embelesamiento Es l’amador creer sus fantasías! Matar podrian estas niñerías, Que peligroso es gran contentamiento. Provee amor con vuestra gran cordura Que en el placer se mezcle la tristeza, Mareas son de amor que mengua y cresce; En la creciente sube mi ventura, En la menguante que es vuestra crueza Baja en l’amar d’amor quien n’os merece.
Dulce cuidado y amargo deseo Me tienen puesto en prision muy contenta, Contento estoy de vida descontenta, Pues fué por ver y por lo que no veo. No sé yo cómo ni con quién peleo, Que con mi cuenta no se traiga cuenta, Todo lo veo mucho á mi descuenta, Mi mucho amor y el que de vos no creo. ¡Oh dulce mal con hiel siempre á la boca Acaba ya de darme muerte ó vida Por ver cuál es el fin de mi ventura. Si soy de vida, ¿cómo es ya tan poca? Si soy de muerte, acorta mi partida, Que mal d’amor sin fin no tiene cura.
Dixo la Reina: Don Luis Milan, por vida de Matalinda y Matacruel, que canteis las coplas que por esto hecistes, y de palabra nos conteis la historia.
Señora, porque sepan mejor las coplas á vuestra alteza, ántes de cantar diré lo que me siguió: Yo hablaba algunas noches á una burladora que servia, y cada noche la desconocia, que todolo suele mudar el engañar. Yo le dixe: Tantas mutaciones de hablar haceis, que no sé con quién hablo: decíme ¿cómo habeis nombre? Respondióme: A mí me dicen una noche Matalinda y otra Matacruel. Díxele:
Si con tantos servidores No poneis tela, señora, No sois buena burladora.
Por eso Joan Fernandez jura muchas veces por vida de Matalinda, y don Francisco os dixo en una fiesta: Ios para Matacruel; que por bajo que lo dixo, mucho más bajo fué él que no se ha de descuidar el buen hablar. Bien será porque sepamos que baile de tres bailamos; que d’esto unas coplas haga, y serán reseña y paga para pagar tales fiestas, y son éstas:
Gran bien es pensar en vos, Y gran mal tambien, señora, Contemplaros matadora Para dar muerte á los dos. La vuestra quiero mostrar, Que ya os huyen de cruel, La mia no es de dudar, Que Cain sois en matar, Yo en morir un otro Abel. ¿Matalinda no bastára Que os quedaba por renombre, Que Matacruel por nombre Os pregonan cara á cara? Dejad nombre de traidor, Que cruel sabe á traicion; Todos os tienen temor, Sino yo, que os tengo amor Á razon ó sin razon. Si lo haceis porque n’os sigan, Siendo más para seguiros, Es vos misma perseguiros Que Matacruel os digan. Como hierba os dejarán No cogida de recelo; Que en los berros la hallarán, Y en veros luégo dirán Huyamos del anapelo. Muy mejor seréis nombrada Matalinda de lindeza, Que del nombre de crueza Quedaréis desacatada. Que si á vos os van nombrando Matacruel de crueldad, Quedaré por vos en bando, Y con todos peleando Que es mentira la verdad. Bien sé que os enojarán, Mas debeislo de sufrir, Cuando vos oiréis decir: No lo hagais, no lo dirán. Basta que lo vengue yo Con obras, y responder Que si en otras amargó, En vos dulce paresció Lo que amor nos da á comer. No penseis que voy tras pago, Que bien sé con qué pagais; De vos misma os olvidais, Cuanto más de lo que yo hago. Aunque más está en razon, Que haceis del olvidado, Para dar satisfaccion, Que teneis por condicion Corazon desacordado. Vos teneis mucho por gala Reiros á costa ajena, Es muy mala para buena, Y muy buena para mala. Si al contrario paresciese, Muy mejor paresceria, Porque de vos se dixese: Quien de vos, señora, fuese, De ninguna más sería. Mudad de costumbre ya, Que por vuestro bien lo digo, Y haréis de todo enemigo, Que enemigo no será. Si me fuesen más traidores Que fué Júdas para Dios, Por oir de vos loores, Más quiero competidores Que velles huir de vos.