Libro intitulado El cortesano. Libro de motes de damas y caballeros

Part 13

Chapter 134,077 wordsPublic domain

Tenía una dama dos servidores, el uno muy galan, sobre callado, y el otro muy verboso decidor, y el callado no era hermoso y el verboso era gentil-hombre; y como algunas veces el verboso fatigase á motes al callado, delante la dama que servian, oyéndolo un dia una muy amiga suya le dixo: Señora, ¿há mucho tiempo que tura esta farza? y ella respondió: Muy poco para lo que yo me doy cata d’esto, y mucho para lo que me enfada d’ello; mostrando que nadi se debe catar de lo qu’es bien disimular y mostrar enojarse de lo que puede desacatar. Y turando mucho este mal palacio, díxole el servidor callado á la dama que servian: Señora, aunque á mí me cueste la vida dejar de serviros, más quiero perdella que enojaros, ¿qué manda vuestra merced que se haga d’este mal palacio? ¿irnos hemos ó quedarémos en vuestro servicio? Dixo ella: pues á mí habeis dexado el cargo, oid lo que diré á los dos: Quedad vos para feo hermoso, y vos íos para hermoso feo; y así se fué el verboso bien pintado, pues la locura hace feo al hermoso, y quedó por servidor el callado, pues la cordura hace hermoso al que es feo.

Dixo Joan Fernandez: Don Diego, aunque don Luis Milan ha embarrerado esta lanza de conversacion, tan deleitosa como provechosa para estorbar nuestros motes, no se deben excusar los caballeros dejar de hacer lo que la honra les obliga, porque no parece caballero sin ella, y aunque don Francisco se reirá que nos ha hecho picar, mejor es que se ría de lo que honrar nos puede, que d’aquello que deshonrar nos podria; si dejásemos de vernos en el campo de la gala que las armas son buenos motes que han de señalar sin sacar sangre; como en las armas de burlas de la esgrima, no parece bien ejecutar las veras porque no digan: No’s hombre de véras quien en las burlas muestra las véras; y pues esto es lo mejor, reciba este mote como á servidor:

JOAN FERNANDEZ.

No está mucho á su placer, Aunque en su placer está, El galan que mal le va Y muy bien al parecer.

DON DIEGO LADRON.

No he visto mejor pintor, Bien os habeis retratado; En las veras vais burlado, Y en las burlas don favor,

JOAN FERNANDEZ.

Del ojo está lisiado, El tomado de mal ojo, Porque da muy gran enojo Un ojo desamorado.

DON DIEGO LADRON.

Vos teneis lo que decis, De mal ojo estais tomado, L’ojo teneis regañado, Que regañando reís.

JOAN FERNANDEZ.

Del amor van condenados Los galanes á galeras, Que nos tiran por troneras Motes que son atronados.

DON DIEGO LADRON.

Vos burlais de tal manera, Que de vos eso si suena, Porque relampega y truena Vuestra gala por tronera.

JOAN FERNANDEZ.

Galan de ademanes frios, Que sus guantes siempre estira, Y ojos en blanco sospira, Hace venir calosfríos.

DON DIEGO LADRON.

Lo mejor que vos teneis Cuando no teneis que hablar, Vuestros guantes estirar, Que rasgados los traeis.

JOAN FERNANDEZ.

Gran ventaja nos llevais, Y aunque no sería poca, Si hablásedes de boca Lo que con dedos hablais.

DON DIEGO LADRON.

Cuando con los dedos hablo, Quiero señalar á todos, Que vuestros cuentos y apodos Los den todos al diablo.

JOAN FERNANDEZ.

Ó vestí como hablais, Ó hablá como vestís, Que de aquello que reís, A reir mucho nos dais.

DON DIEGO LADRON.

No burlemos del vestir, Pues que no teneis vestidos Que merezcan ser reidos. Sino para hacer reir.

Dixo mastre Zapater: Mucho me he holgado d’este palacio tan avisado, que nos ha hecho reir sin perjuicio de nadi, que la conversacion que perjudica es de perro que ladra y muerde; y cree que los hombres de mala lengua, los más hacen mala fin, y el diablo va muy apegado con ellos, como en este cuento, que fué verdad, oiréis: Un labrador tenía muy mala lengua, y tuvo el mal espíritu en figura de perro siete años en su casa, y cada sábado desaparecia, que no sabian qué se hacia, y no volvia hasta el domingo de mañana; y como se dieron cata d’esto, un hijo de casa tuvo cuidado de no perdelle de ojo, y vió que se iba fuera del lugar, y siguióle una legua hasta que fué á parar al pié de un monte, donde le esperaban muchos perros que se pusieron á bailar, y á ratos se mordian y ladraban, y el hijo del labrador, muy espantado, contó á su padre todo lo que habia visto; y volviendo el perro, fué atado con una cadena y conjurado por el cura del lugar, que le dixese si era el diablo y lo demas que dél queria saber, y respondió que sí, y que estaba esperando al señor d’aquella casa para llevárselo cuando se muriese, que, por ser muy maldiciente y jurador, era compañero suyo, y que ya se lo hubiera llevado sino porque decia cada sábado el rosario de la Vírgen María, y que los otros perros con quien bailaba eran demonios como el que aguardaban, y hacian compañía á maldicientes y juradores, para llevarlos al infierno cuando pudiesen. Porque veais quién es el compañero del maldiciente y jurador; y si el Paje del mal recaudo, que delante se lo digo, no deja de ser blasfemo y de mala lengua, creeré que el perro, que muchas veces va tras él, es algun familiar, y no lo tengais á burla, que más demonios van que moxcas entre los hombres que nos tientan á mal decir y hacer; así como los ángeles, custodios nuestros, nos aconsejan á bien obrar, por donde en las voluntades que teneis, si son buenas, conoceréis que vuestro ángel custodio os aconseja, y si son malas, el mal espíritu, que si don Luis Milan quiere echarle de aquí, taña un poco, que no faltará el demonio de la envidia que alguno terná á su música, y saliéndole del cuerpo, podrá alabar las obras de Dios que el envidioso deshacer quiere; guárdense de la envidia, que pierden por ella al Criador y á la criatura.

Dixo don Luis Milan: Denme la vihuela, que para luégo es tarde, para sanar un envidioso. Oyamos qué horas tocan; las doce han dado: mudemos de parecer, que si agora tañese y cantase, me apodaria el señor Joan Fernandez á galo relóx, que canta á media noche. Mejor será dexarlo para mañana á la noche, delante el Duque y la Reina, que me han mandado les dé una cena de lengua y manos, tañendo y cantando la aventura del monte Parnaso, donde me vi. Vuestras mercedes podrán decir ántes de la mia cada uno la suya, que nunca faltan aventuras á quien buenas las busca; y quedando con este concierto acabamos la noche, que no lo parescia con tal compañía; que dia es todo conversar con muy buen modo.

_Acaba la quinta jornada._

JORNADA SEXTA.

Y halláronse todos al Real á la hora que tenian concertado de ir, y dixo don Luis Milan: Sepan vuestra alteza y su excelencia que yo vengo esta noche para hacer un descargo del cargo que tenía, de dar la cena que me mandaron de lengua y manos, de tañer y cantar, y á la postre daré por confituras la aventura del monte Parnaso, donde fuí probado y puesto en muy gran peligro, por la residencia que me tomaron; y porque no se me enojen los que esperan la música, quiero tomarme la licencia para darla, que para no dar pesar licencia se puede tomar.

Y denme la vihuela que me han traido, y cantaré con esta primera obra las obras que las damas suelen hacer. Y es una carta, que para ganar, si á cartas jugára, el resto del amor ganára; y dice así:

Carta mia, pues que vas En pasos de tanta gloria, Si no son en mi memoria, No te acuerdes de mi más; No vuelvas de tal manera, Que me hagas más mortal De lo que yo ántes era, Porque no seas mensajera De mi bien para mi mal. Y en llegar delante aquella, Do mi voluntad te envia, Para conocer si es ella, Conocerás que no es mia; Y despues de conoscida, Para que quiera leerte, Di que sólo fué tu ida A mostralle con mi vida Un traslado de mi muerte. Preséntale mi corazon, Donde siempre se verá Quien bien retratada está, Segun es su condicion; Muy perfeta al natural El amor la retrató, Pues le soy en todo tal Para sufrir tanto mal, Cuanto yo contento estó. Lévale mi entendimiento, Porque vea en lo que entiendo, Que velando ni durmiendo, No le busco descontento; Basta lo que le he buscado, Aunque no soy de culpar, Que si estoy enamorado, Téngame por desculpado, Pues es para enamorar. Mi memoria le presenta Por espejo que se vea, Como está en mí su idea Muy hermosa y mal contenta; Es tan grande su hermosura, Que aunque no me quiera ver, Contemplando su figura, Todo gusto de tristura Se me convierte en placer. Muéstrale mi voluntad Cuanto está llena de fe, Aunque sabe que yo sé Que no duda la verdad; La verdad trastrueca y muda, Nómbrame desamador, Que para mostrarse cruda, Pone la verdad en duda, No dudando de mi amor. Preséntale mi sentido, Si es á su contentamiento, Cuando tengo sentimiento De verme su aborrecido; Que si yo no me sentia De ser d’ella despreciado, Tan mal le pareceria, Por lo que no sentiria Como por demasiado. Mi pensamiento doliente De pensar en su dolencia, Le pornás en su presencia, Si le terná por presente; Dile que dentro de mí Tan presente siempre está, Que el tiempo que no está en si, Tanto yo la tengo aquí, Cuanto no me tiene allá. Muéstrale mi gran sufrir, Aunque tú lo mostrarás, Cuando por mí te verás Estos tormentos sentir; Luégo te dará un tormento, Que es muy recio de pasar, Tal que en decillo lo siento, Y es el descontentamiento, Que ella me suele mostrar. Y tras este tan cruel, Luégo un otro te dará, Que nunca te mirará Por no mirar mi papel; Otro tormento de fuego Te dará mucho peor, Y será darte gran fuego, Que te vayas luégo, luégo, Por ser yo su servidor. Y por cuanto has de hacer No seas desacatada, Sino, tú serás rasgada, Y rompido mi placer; Y si vieres sentimiento De alguna voluntad, Di con mucho acatamiento, Ved qué tal es su tormento, Que vos le tengais piedad. Bien sé luégo que dirá: ¿Quién te puso en tal locura, De ponerte en aventura Por quien ventura no ha? Di, que piedad de ver Un dolor de verme tal, Que podria merescer Que holgase de leer Una letra de mi mal. Dile más, cómo me dejas Esperando tu venida, Entre la muerte y la vida, Dando de mi vida quejas; Y que son de calidad Las quejas de mi pasion, Que pueden poner piedad A la mesma crueldad, Ántes que á su corazon. Y si algo se le antoja En decille que es cruel, Dile que lo dice aquel A quien ya el vivir enoja; Y á quien ya su mal le tiene Tal, que dice el que no sabe: Pues que sabes dó me viene, Trabaja que más no pene, Ó que mi pena m’acabe.

FIN.

Dixo el Duque: Don Luis Milan, no se podrá decir por esta carta: de las cartas placer hube, de las palabras pesar.

Respondió Joan Fernandez: Yo le perdono la confianza que tuvo ántes de cantar, cuando dixo que si á cartas con esta carta jugára, el resto del amor ganára; aunque no me ganaria si en amor fuese mi competidor. Yo le hiciera una primera, que primero en l’amor fuera de bien querido, de mejor haber servido.

Dixo don Diego Ladron: A lo ménos de confiado el resto le teneis ganado, y á las veces lo que engaña desengaña, como muestran vuestros trabajos en amores, que son desengañadores, de esa confianza vuestra como se muestra.

Dixo don Francisco: Más estais vos confiado por haber desengañado á tal Joan, que sus pensamientos van volando como mariposas, que se queman tras hermosas de gran lumbre, por rodar por alta cumbre.

Dixo el Duque: Muy bien habeis discantado sobre la carta que ha cantado don Luis Milan; pues mejor discantaréis si las siete angustias canta, que l’amor hace pasar á quien más siente en amar; y por vida de quien más quereis, que las canteis.

Y don Luis Milan respondió: Por vida de quien lo mandó cantaré, y son estas que diré:

LAS SIETE ANGUSTIAS DE AMOR.

Canten los gozos de amor Los que sienten alegrías, Y yo las angustias mias, Pues que siento su dolor; Y dirélas lamentando Con voz de extraña tristura, Ofreciéndolas llorando Á la perfeta figura Que siempre estoy contemplando. La primera angustia siento, Causada del desear, Cuando n’os puedo mirar Sino con el pensamiento; Pues si es gran padecer No veros y contemplaros, Ved cuán mayor debe ser, Cuando yo alcanzo á miraros, Y vos no me quereis ver. La segunda angustia triste Siente más el más sufrido, Porque el gesto va vestido De lo que l’alma se viste; Esta es sin comparacion Por sufrir lo que se siente, Que si pena el corazon, Amor escribe en la frente De que pena la pasion. La tercera angustia alcanza El servidor á la hora Que conoce en su señora Ser perdida su esperanza; Pues mi esperanza perdida, ¿Quien la perdió como yo? ¿Quien la tuvo tan sin vida, Que primero se secó Ántes que fuese nacida? La cuarta por mi dolor, Que mil veces he gustado, Es aquel cruel desgrado Que mostrais con disfavor; Ora ved qué tal me siento, Si es firme mi firmeza, Que con tal conocimiento, No puede vuestra crueza Estragar mi sufrimiento. La quinta angustia parezco De muerto y descolorido, Que estoy muerto en vuestro olvido, Y vivo en lo que padezco; ¿Quién se vió tan olvidado, Que ante vos se halle ausente, Sino yo desesperado, En mi mal siempre presente, Y en su presencia pasado? La sexta sentí en veros, Qu’es el temor de enojaros, Mas quien no puede ganaros, ¿Por qué ha de temer perderos? Quien nunca tuvo favores, ¿Por qué teme disfavor? Porque en el trato de amores Se confia el amador Con sospechas y temores. La setena y la mayor Es la angustia del partir; ¡Oh, cuán grave es de sufrir Si dejais competidor! Pues si es cosa conocida Al tiempo del despediros Ser gran trance la partida, Más es no poder partiros Cuando ella está partida. Hé aquí, gentil señora, Las siete angustias d’amor. Que siéndo’s tan servidor, Siento cadal dia y hora. No me perdí, mas perdí En esta triste jornada Lo que sentiréis de mí; Siete años te serví Sin de tí alcanzar nada.

Dixo el Duque: Si tan poca pena diesen en sentirlas como en oirlas, ántes serian gozos que angustias, pues tanto alegra vuestra música.

Respondió Joan Fernandez: Señor, el uno y l’otro creo que son, parecen gozos por lo poco que siente angustias de amor don Luis Milan, y no dejan de parecer por lo mucho que muestra sentirlas cantando que de amor se va burlando.

Dixo don Francisco Fenollet: Para saber desto la verdad, cantemos tras las angustias los gozos de amor, que siendo las dos obras suyas, en cantar se verá,

Que si él se alegrára, Nos dirá su corazon, Que sus angustias gozos son.

Dixo don Diego Ladron: Si los cantais, sean por don Pedro Milan y gozos nos parecerán, pues su alteza os hará mucho favor cantando por su servidor.

Don Luis le respondió:

Para gozos parecer, Así lo entiendo de hacer.

Y son éstos:

Siete gozos cantar quiero Que el amor me hace sentir, Por mostrar Que por más y más que muero, Siento gozo de sufrir Por amar. Si por ser vuestro sufrido Quiere amor que por constante Valga más, No me vea tan perdido Que en lugar de ir adelante Vuelva atras. El primer gozo de amor Que siente el enamorado Donde ama, Verse en honra el amador, Por estar bien empleado Puesto en fama. Es tan grande este contento, Que jamas dejo de veros No mirándoos, Porque mira el pensamiento Con los ojos del quereros Contemplándoos. El segundo gozo siente L’amador cuando recrea En los amores, Que de aquello se contente, Que ninguna cosa afea Disfavores. Como yo que siempre quedo Tan contento de que quiera Y tan ufano, Que si me diera su dedo, Nunca yo el villano hiciera Con la mano. El tercero gozo gusta Quien mostró bien parecer Do quiere bien, Que su gusto no desgusta, Pues en cuanto debe hacer Parece bien. Recibir querria engaño, Que vuestra merced me quiere Para vos, Para huir al desengaño, Porque no me desespere De los dos. El cuarto gozo diré, Que’n veros siempre he sentido Todo gloria, Pensar que no moriré De la muerte del caido De memoria. D’este gozo gozará Quien nació bajo la estrella, Que ella es él, Ya veis, pues, si vivirá, Quien será para ser della, Y ella d’él. El quinto gozo contenta, Pues es cosa muy probada Ser mejor, Cuando se remata cuenta Que se toma d’el amada Al amador. Ésta nunca tomé yo, Que si de vos la tomára A vuestro grado, Quien de veros se pagó, De ménos se contentára Ser pagado. El sexto gozo es mirarse Los amantes muy hermosos En amar, Que si son para mostrarse, Son amores más gustosos De gustar. Lo que gusto no gustais, Señora, de la hermosura Que teneis, Porque todo lo matais, Pues que sois mata figura De quien veis. El seteno gozo digo, Si sois de mi parecer, Qu’es más gustado, Si el amiga y el amigo, Vinieren á poseer Lo deseado. Si es muy dulce merecello, Más y más es el gustallo Con descargo; ¿Quereis ver qu’es poseello? Que hace dulce el deseallo Siendo amargo.

Dixo el Duque: Don Luis Milan, alegremente habeis cantado los gozos de amor, sepamos por quién los cantastes, que si fué por vuestro primo don Pedro Milan,

Habeis sido muy galan, Por mostrar Que gozos sienten en amar, Aunque tengan disfavores, Los que rien en amores.

Don Diego Ladron dixo: Señor, no se podrá decir eso por Joan Fernandez, que por tenerlos lloradores, alcatara es en amores, que se dice en valenciano alambique, que destila por sus ojos y nariz lágrimas por Beatriz de don Anton, que agua rosada son para ella; pues en la redoma della, qu’es su engaño, caen para su mal año.

Respondió Joan Fernandez: Don Diego,

Burlas de mozo de ciego Pareció vuestro burlar, Cuando para hacer reir, Pullas le hacen cantar.

Dixo don Francisco:

Bien parece que son gozos Los que el Milan ha cantado; Pues nos han regocijado. Agora os digo Que de gozos es amigo En los amores, Que no sufre disfavores; Pues que no es de los que lloran, Sino de quien va cantando. Buenas obras enamoran, Malas van desamorando.

Dixo don Luis Milan:

Órganos hacen de mí, Que mis flautas han tañido Como les ha parecido. No faltó buen manchador, Que’s el Duque, mi señor, Pues ha dado tan buen aire, Que me tañió don Donaire; El Fenollet, nuestro amigo, Que don Donaire yo le digo De esta vez; Que’es mal aire de traves, Que la mar levanta en puerto; Pues levanta un desconcierto, Que jamas sufrí en amores Disfavores.

Don Francisco le respondió: Si me pagais una verdad, por lo que dicho me habeis, yo sé que lo otorgaréis por lo que sé, y si quereis, la cantaré.

Y es la más linda cancion Que glosastes con razon; Y diréla con la glosa, Que la hicistes muy hermosa. Y esta cancion por respuesta Os quiero dar En este nuestro burlar. _De piedra puedo decir Que son nuestros corazones; El mio en sufrir pasiones Y el vuestro en no las sentir._ _Ha causado mi ventura Lo que más tuve temor, He topado con l’amor Haciendo mi sepultura._ _En su piedra vi esculpir Dos contrarios corazones; El mio en sufrir pasiones, Y el vuestro en no las sentir._

GLOSA.

Sufro por vos tanto daño, Cuanto por sufrillo es honra, Que en su caso no es deshonra Sufrimiento tras engaño. De este bien tan mal estoy, Que estoy cerca d’el morir; Que por do quiera que voy, Si me preguntan quién soy, _De piedra puedo decir_. Es ya tanto lo que sufre Mi sufrido corazon, Que traigo por invincion Corazon de piedra zufre. Vos de no sentir dolor, Yo de sufrir sus pasiones, De este amor y desamor, De piedra dice el amor _Que son nuestros corazones_. Tales corazones dos En el mundo no se han visto, Esto hace el Antechristo, Qu’es l’amor que teneis vos. Dos contrarios se han juntado En nuestras dos condiciones, El vuestro desamorado, Que no siente ser amado, _El mio en sufrir pasiones_. Tanto siento vuestra culpa, Cuanto á mí me da gran pena, Que tenella yo por buena Del que digo me desculpa. Entre amor y desamores Siento muerte en mi vivir; Pues tengo por valedores, El mio en sentir dolores, _Y el vuestro en no las sentir_. Sóbrame tanta razon, Cuanto vos teneis muy poca, Que no hallo en vuestra boca Lo que en vuestro corazon. Ya no tengo á quién quejarme, Muerto estoy en mi ventura; Todo bien viene á faltarme, Qu’este mal para matarme _Ha causado desventura_. Mi mano sintió quién es Lo cruel de vuestra mano, Con el pié me dais de mano, Pues me veis á vuestros piés. Ya yo estaba temeroso De caer malo de amor, Mas es mal contagioso, Que se pega al más medroso _Lo que más tuve temor_. Mucho milagrosamente Una vez de amor curé, Y hartas veces yo juré De quitar inconviniente. Viendo causa yo cerraba Los ojos d’este temor, Del amor me desviaba, Cuando más d’él me apartaba _He topado con l’amor_. Yo estaba muy espantado, Que no estando ya con él, No pudiese huir d’él, Y vi ser juego forzado. Y aunque más miré por mí, Me mató vuestra hermosura, Y tan muerto me sentí, Que luégo al amor le vi _Haciendo mi sepultura_. Con el duro mármol frio D’ese vuestro desamor, Labrando estaba el amor En este sepulcro mio Estas letras que decian: Muerto estaba por morir, Y matar no le querian; Y otras más que se leian _En su piedra vi esculpir_. Esta sepultura honrada, Pues deshonra se me hacia, Pues que por ella le via Ser mi vida deshonrada. Lo que ser vuestro me honraba, Gastaban dos condiciones, La vuestra me despreciaba Y era porque lo causaba _Dos contrarios corazones_. Tan desavenidos fueron Vuestro corazon y el mio, Que muy duro mármol frio L’uno al otro se volvieron. De vos tengo compasion Que n’os tengan compasiones, Porque veo á perdicion, El vuestro en no sentir pasion, _El mio en sufrir pasiones_. Con tal condicion tan dura, Hacer paz sería excusado, Que el amor reconciliado En ningun tiempo asegura. Quien no sabe agradecer, Nunca puede en paz vivir; Mi corazon veo perder De pasiones padecer, _Y el vuestro en no las sentir_.

Dixo el Duque:

Bueno ha sido el manchador, Que por manchar ha sonado La glosa que s’a cantado; Pues burló como á galan El Fenollet al Milan, Que de piedra corazones Tenian en sus pasiones, Don Francisco de sufrillas Y el Milan de no sentillas; Por lo que le motejó Que nunca angustias sintió, Sino gozos en amar; Diciendo qu’es burlador en amores, Que todo se pasa en flores; Y el coge d’este burlar, Frutos por disimular.

Respondió Joan Fernandez:

¿Qué frutos puede coger? Camuesas deben de ser Encamusadas, De mal frances desnarigadas.

Respondióle don Luis Milan:

Esas vos las conoceis, Que d’esas camuesas comeis, Cuando con mosen Rodela Cenais á lumbre de vela, Embelesado, Pues os tiene encandilado Con una cierta Beatriz, Que postiza la nariz La tragais, Y por coplas alabais Su gesto; qu’es todo risa, Que tragueis nariz postiza.

El Duque dixo: Yo sería de parecer que las damas de vuestra alteza oyesen la música de don Luis Milan, que mucho lo desean; mándelas venir,

Que sin damas los galanes No se muestran lo que son, Que piedra toque es la ocasion.

Las damas de la Reina vinieron; que la señora doña Leonor Gualvez, que’s guion de la gala, habló á voluntad de todas y dixo: ya que en jubileo de música nos hallamos, pues por jubileo se deja oir don Luis Millan, las damas quieren mostrar:

Que de sabio es no mandar El mandador, Que mandado es muy mejor.

Como verémos en vos, que os dejaréis mandar de las damas en dalles cuanto os pedirán; y la primera quiero ser yo, que os mando me canteis sonetos vuestros, porque gustemos de los sonsonetos, que nos harán bien callar y mejor hablar para entendellos.