Libro intitulado El cortesano. Libro de motes de damas y caballeros
Part 12
El Canónigo respondió: Senyor, yo vull parlar clar, perque nom tinga per alcabot la Reina ma senyora, que si á vostra Excellencia diu gat per ser cazador de ses criades, yo no so rata que les rosegue de alcaboteríes. Yo men vaig á reposar, que si fora de casa me han verguejat, ací me han espalmat, que no ma restat pel en la roba.
Dixo la Reina: Canónigo, quedemos en paz, que no os faltará pelo en la ropa, y hacé que no le tengais en la lengua, para burlar de los caballeros que decis que os han enojado por las casas que habeis ido. Y si les ganais en las burlas, yo os daré un vestido muy de véras, y será una lobera, y cuera de martas, y calzas de grana, y chapeu de terciopelo carmesí, con pluma y medalla, y mote que dirá: Soy canónigo d’amor, por una Hierónima que muerto me ha.
El Canónigo respondió: Bese les mans de vostra altesa, ab ninguna cosa me podia desenujar sino ab la dama que ha nomenat, que l’mor ab lo que enuja desenuja.
Dixo el Duque: Canónigo, espabilar os quiero, que gran pábilo teneis de muy encendido de amor.
Respondió el Canónigo: Señor, pera demá será millor, y anem á dormir, que hora es.
El paje del mal recaudo dixo: Señor don Luis Milan, vuestra merced sabrá que el canónigo Ester y yo salimos hoy de palacio, de parte del Duque y de la Reina, para que la máxcara se alargase hasta despues de mañana, dímosnos de motes y enojóse conmigo, porque el hombre que toma las burlas de véras, las véras toma de burlas, y fuíme para entender en lo que á vuestra merced diré: Yo tengo un amigo que tiene un familiar, y habemos concertado él y yo de hacer por arte mágica la máxcara de la montería de Troya, que vuestras mercedes querian hacer, y harémosla contrahecha al natural, cada uno de los troyanos en su propia figura, como por esta arte se puede hacer; y tras éstos, entrará una contramáxcara de los más fuertes y valientes griegos, que sobre Troya estuvieron y la tomaron, y combatirán un torneo de pié, uno á uno, y serán: El rey Priamo, troyano, con el rey Agamenon, griego, y Páris con el rey Menalao, porque robó á la reina Helena, su mujer; y Trohilo, troyano, con el rey Diomedes, griego; y Héctor con Achíles, y Enéas, troyano, con Ayax Thalomon, griego, y acabarán con una folla; vuestras mercedes no saquen la suya, pues más al natural será ésta; y diga al Duque lo que yo le he dicho, y cada vez que mandára cesar el combatir, haga señalar á un trompeta; y acabado el torneo, oirán una música y cantarán un romance de cada uno de los troyanos y griegos, y acabará la fiesta. Yo me voy á ponello por obra.
Dixo don Luis Milan: Don Diego, á vuestra casa soy venido para lo que oiréis; el paje del mal recaudo no lo será agora, pues con él lo ternemos muy bueno, que no se halla ninguno de quien no se pueda haber algun placer, y por esto es bien no dar ocasion de estar con nadie mal, sino con quien no se puede estar bien. Hame dicho que no tomemos trabajo de hacer la máxcara nosotros, que él la hará más al natural, con un amigo suyo que tiene familiar; por eso avisad á don Francisco y á Joan Fernandez de lo que pasa.
Dixo Joan Fernandez: Avisados estamos, que todo lo habemos oido don Francisco y yo, y parésceme que la debemos vender al Duque y á la Reina por nuestra, por ser la más importante máxcara que haya sido, en ver tan valerosos caballeros en su propia forma.
Don Francisco le respondió:
Engañado andais en trajos, Mi buen amigo, No digais que n’os lo digo.
¿No veis que vuestra disposicion no parescerá á la de los troyanos ni griegos, ni ménos las fuerzas? pues se dice d’ellos que arrojaban en aquel tiempo con la mano una piedra tan grande como vos sois, cuando en amores os volveis de piedra; aunque don Luis Milan no puede creer que en vos pueda entrar amor, por más que os haya hecho embojar y encasillar una ramera; perdonad, que romera quise decir, y la razon que dice es ésta, que cada uno se inclina más á su semblante, como el caballero á la dama, y que no puede ser verdadero amor de hombre alto con mujer baja, que yo más le diré vicio que voluntad verdadera, la que tuvo Anníbal á la ramera que le detuvo en Cannas, cuando no siguió la victoria de la batalla que venció á los romanos, que pudiera entrarse por Roma como por su casa, segun dice Petrarcha en este soneto: _Vince Anníbal, et non sepe usar poi_.
Dixo don Luis Milan: Don Francisco, porque no piense Joan Fernandez que me haceis placer en irle á la mano, yo la quiero tomar por él, y responderos á quanto le habeis culpado. A lo que le dixistes:
Engañado andais en trajos, Mi buen amigo, No digais que n’os lo digo.
A esto os respondo, que si él dixo que vendiésemos por nuestra la máxcara de los troyanos y griegos al Duque, fué bueno para malo, y pues tuvo esta bondad, vos no la tuvistes en corregirlo; y si le dixistes que su disposicion y fuerzas no son tan grandes como las de Héctor, bien podria ser tenido por él, pues defiende lo que nadi defenderia para ofender á buenos ojos, que no es menester poco valor defender malos trajos y baxos amores, segun vos decis; que yo no digo sino que de ser buen maestro de trajos, podria ser mayoral de los sastres y provincial de los amores, que por más que digais que los tiene bajos, la baja dél es alta, pues los danza remedando á tan grandes hombres como oiréis, que si él encasilló y embojó por amores en Liria, Hércules hiló, y Virgilio estuvo en un cesto, y Aristótil enfrenado y ensillado; que, por remedar á grandes hombres, á nadi deben culpar si se puede desculpar, sino dígalo mastre Zapater que viene por la calle, veisle allá, llamémosle. ¡Ah, señor mastre Zapater! vuestra merced viene á tan buen tiempo, como la nave que nuestro sanct Vicente Ferrer dixo que venia preicando en Barcelona, que fué gran remedio para matar la hambre que tenian los catalanes.
Dixo Joan Fernandez: Don Luis Milan, pues si supiésedes cómo sabe matar la hambre el señor mastre Zapater, con más razon lo podríades decir; tan buenos manjares da en su hortecico para los cuerpos de sus amigos, como en el púlpito para los espíritus; vos más querríades los que da para el cuerpo que los que le quereis pedir agora para el espíritu.
Dixo don Diego: Joan Fernandez, yo quiero responder por don Luis Milan, vos no dejais de tener buen palacio, mas teneis malas cámaras, pues huelen á mal decir, ¿de dónde sabeis vos que don Luis Milan querria más que el señor mastre Zapater le matase la hambre del cuerpo que la del espíritu? Yo bien sé que os ha movido á decillo por jugar del vocablo de la hambre que don Luis Milan sacó; y vos, por mostrar que es mucho del palacio levantar conversacion jugando del vocablo, hablais como diablo. Pues el buen dejo del avisado ha de ser dulce, y no como del truhan, que es amargo; que lo mejor del cortesano es que el burlado quede contento del burlador, y quien esto no sabe hacer, déjese de burlar si no quiere enojar, que si malas burlas apénas se pueden sufrir á ley de honra de un truhan, no es razon se sufran á un galan, que lo que enoja no es cortesanía sino descortesía, que puesto que no obliga á honra uno que vive de hacer el loco, pero no se le ha de sufrir que desautorice la autoridad, porque la reputacion no se pierda en ser reida de quien debe ser acatada, que los ignorantes no tienen ojo sino á la risa; y por lo que se puede decir que entre avisados se sufre burlar lo que entre simples no se debe hablar, tengo por bien que don Luis Milan disimule y dé en callar, y Joan Fernandez en no enojar, que la cólera en todos tiempos se debe templar.
Dixo don Francisco: Don Diego habló tan bien como entiende, y entiende tan bien como habla; no se ha dicho mejor licion sobre el caso. Lo que yo querria añadir con su licencia es esto: El cortesano no es obligado sino á callar, quando no está para bien hablar si no es á juego forzado, que no hay muestra quando la honra y obligacion obligan á responder, como es á satisfacer injurias, ó á preguntas que sois obligado á dar respuestas.
Dixo mastre Zapater: Yo alabo esta conversacion, por la mejor que he oido sobre el caso, en lo que es buena, y no puedo alabarla en lo que es mala, y en lo que es buena es en aquello que hace un cortesano buen cristiano, y en lo que es mala es en lo que hace un cortesano mal cristiano. Todo lo que don Diego habló es tan bueno, que no hay que reprender, sino alabar; pues no puede ser buen cortesano que sea avisado para el cuerpo y nescio para el alma, que si vamos tras agudezas de palacio perjudiciales á nuestro prójimo, para hacer reir á los cuerpos hacen llorar á las almas, pues en la córte celestial dan grandes penas por las culpas; que tan buen cortesano ha de ser para la córte del cielo como para la de la tierra, porque nunca contentará al Criador el que deshace la criatura burlando della. Que las burlas que hacen
Perder la reputacion Al burlado y burlador, Castígalas el Criador.
Pues las más veces el burlado queda honrado del burlador por justicia del Señor; que si el burlado queda para los necios derreputado, el burlador es condenado de los sabios por malhechor. La conclusion d’esto es ésta: Lo que no querria nadi para sí, no le quiera para otri, pues para ser verdadero sabio, no puede ser sino haciendo lo qu’este dicho dice:
Esta vida tan penada, Si quereis que en bien acabe, Aquel que se salva sabe Qu’el otro no sabe nada.
Dixo don Luis Milan: Señor mastre Zapater, gran jornada ha sido ésta, en ser vuestra merced en ella, pues vuestro decir ataja porfías y vuestro saber adoba razones. Mucho debe á Dios por lo que le dió, pues por él tanto alcanzó; y pues tan bueno es para todo, téngase por corregidor de la gala, porque algunos la hacen ginagala. Unos hay que dicen malicias encubiertas con palabras á dos sentimientos, para salvarse con decir: Yo no dixe á mala fin lo que me han tomado por mal, y si á vuestras mercedes parece, con éstos se debe disimular por no obligarnos á responder. Hay otros que declarando la malicia dicha por otro, con boca ajena dicen mal por la suya; y por esto hay un refran en valenciano que dice: Qui la splana la gasta, como hizo don Diego, que, interpretando la hambre que dixo que me mataria el señor mastre Zapater, hizo malicia de lo que no debia ser; y por esto no es bien hablar por otri, sino en absencia de vuestro amigo si le perjudican, como en este cuento diré: Un caballero castellano dixo una malicia con palabras cubiertas á un portugues competidor suyo, y no respondiéndole, quiso un otro castellano responder por el portugues, declarando la burla encubierta que su competidor le habia dicho, y enojado d’esto el portugues dixo al castellano que por él habia respondido: Castelau, vos falais con tres bocas, con la vostra é con la miña é con vuestro rabo, que en Portugal rabo é quien fala mal. Y pues tal Zapater tenemos, que sabe calzar á la medida de cada uno, declárenos si hay errores que tengan desculpa ó no, que por esto llamamos á vuestra merced.
Dixo mastre Zapater: Yo diré cristianamente lo que d’esto siento; pues los cortesanos no dejan de sello por ser buenos cristianos, mucho deben huir todos de los errores que no tienen desculpa, como son aquellos por quien se pierde la honra y el alma, que agora oireis: Nadi debe venir á ménos de su palabra sino en lo que no se debe cumplir, como prometer lo imposible y obligarse á lo que no podéis; que si uno prometiese dar su hija por mujer, ó hacerla religiosa, y ella no quisiese uno ni otro, no’s tenido á tener su palabra, y si la tuviese, sería ir al infierno; ni ménos debe tenella quien prometiera casarse por tercera persona, si ántes de ser casado mudase de parecer; verdad es que son tenidos por muy vanos y de poco saber los que prometen lo que no deben ni pueden tener, y por esto es de muy sabio prometer lo que se puede y debe tener, y despues de prometido, no dexarlo de cumplir por ninguna cosa, porque el hombre sin verdad, cuando la dice no’s creido y queda sin autoridad, que sin ella todas las habilidades de los hombres son tenidas en poco, y muestran ser poco de la misma verdad los que no son della. Tambien derreputa mucho la traicion, pues el cielo y la tierra no la pueden sufrir, no tardando en dalle la pena que merece. No’s de callar el ladronicio, pues el ladron es tan derreputado y aborrecido, que Alexandre, príncipe muy bueno, tuvo tan gran ódio con los ladrones, que, segun Elio Lampidio escribe d’él, en viendo uno dellos, luego iba para sacarle el ojo con su dedo, y tan gran rencor tenía á los infamados de algunos hurtos, que si acaso les veia se le alteraba el corazon, que venía á echar cólera por la boca, y así se le abrasaba el gesto con la gran ira, que no podia hablar. ¡Oh noble enojo y de ánimo generoso, como en este cuento oiréis! Un varon de los que falsamente nombran honrados, habiendo sido algunas veces culpado de hurtos, quiso presumptuosamente, con favor de algunos reyes, sus amigos, subir á la órden de caballería, y como fuese luégo tomado por ladron, preguntó Alexandre á los reyes, por cuyo favor habia sido caballero aquel varon, que le dixesen que pena tenian entre ellos los ladrones, y respondieron que la horca, y así le mandó luégo ahorcar diciendo: No merece honrada muerte quien tuvo deshonrada caballería. No’s de callar la cobardía cuán vil cosa es, pues apoca y derreputa tanto cualquier hombre, que no se debria dar honra alguna á quien no tiene ninguna, pues no está bien dar oficio honrado á quien no le puede honrar; que los cargos y oficios y gobiernos no los debrian tener los de flaco ánimo, habiendo tanto menester la fortaleza como la sabiduría para dar buena cuenta de sí, que muy poco aprovecha la sabieza para gobernar, si falta la osadía para esecutar; y considerando los reyes de España cuanto conviene la fortaleza de ánimo al caballero para dar buena cuenta de su oficio, no se da la cruz de Santiago á quien se le pruebe que haya perdido honra, como en este cuento oiréis: Vino un caballero á demandar la cruz, y probadas todas las cosas que suele probar la órden, si era bueno para recibille por comendador, determinaron de dársela, y estando para recibilla, él les demandó á que era obligado, y ellos le dixeron: Primeramente habeis por fuerza de ser valiente; y él les respondió: Si quereis que lo sea de grado, si no quedaos con Dios, que no quiero valentía por fuerza, y así se fué que no le recibieron, pues mostró ser cobarde. Gran virtud es la fortaleza de corazon, mas ha de ir siempre apegada con virtudes, pues no puede ser buena si no es virtuosa, ni ser alabada sino entrando en los peligros que puedan honrar y no deshonrar; y así se determina, de los que son obligados por oficios y gobiernos y cargos, que se hayan de ofrecer á los peligros por sus repúblicas y fidelidades, y no temer la muerte, que para siempre hace vivir, y en general obliga á todos conservar honra virtuosa conforme á su estamento, y no irla á buscar, que son locos los que las más veces que la buscan la pierden, pues quien busca honra con perjuicio de otri, la pierde con daño suyo; piérdense muchos en no medir su corazon con su poder, que gran corazon sin gran poder es gran locura.
Dixo Joan Fernandez: Señor mastre Zapater, preguntaron á uno que habia oido preicar á san Bernardo, que dixese cómo le habia parecido, y respondió: _Vidi hominem, et audivi angelum_. Así me ha parecido vuestra merced.
Dixo don Diego: Decí, Joan Fernandez, ¿cómo hablais latin? ó vos le teneis ó no; si vos le teneis, ¿dónde le tuvistes tanto tiempo escondido? ¿fué en Andilla ó en Liria, donde vos sois Leriano, ó en casa de mosen Rodela, de quien sois vos rodelero?
¿Ó en casa de don Anton, Donde vos sois un Sanson, No faltando Dalida, Que siempre vendido os há? Y si latin no teneis, Suplíco’s que no le hableis.
Que veo reir al Paje del mal recaudo y apodaros há el Papagayo del papa Paulo, veneciano, que habló en latin muy cortesano.
Dixo el Paje del mal recaudo: Señores, _pax vobis para nobis_, tras la puerta oí un latin que dixo mi señor Joan Fernandez, y no esté nadí espantado, que mucho há que es latinado y muy buen griego, que su maestro fué Diego y Juan de Sevilla.
Dixo Joan Fernandez: Don Diego, hacé buen broquel, pues habeis sacado contra mí vuestra lengua espada; luenga queria decir, y la teneis tan larga como la mula del portugues, que en este cuento oiréis: Tenía un portugues una mula que lo más cabalgaba con ella porque la hacia rebuznar cuando le daban de motes, y tenía la lengua tan larga, que la traia colgando fuera de la boca; y sirviendo á una dama, competia con él un otro portugues, gran motejador, que por no respondelle daba siempre en callar, y fatigándose un dia de muchos motes que le daba delante la dama que servian, dió ocasion su competidor que un paje le motejase como vos lo habeis hecho agora conmigo, por el latin que ha sacado el Paje del mal recaudo á causa vuestra, y diciéndole su dama cómo no respondia por sí á los motes que le daban, respondió: A motes mulos responda meu mula, que ten larga lengua é muito rebuzna.
Dixo don Francisco: Departir querria á don Diego y Joan Fernandez con un otro cuento que diré: Competian don Antonio de Velasco y don Juan de Mendoza sirviendo á una dama de la reina doña Isabel, mujer del Rey Católico, y dándose de motes un dia delante el Rey y la Reina donde estaba su dama, dixo don Antonio á don Juan:
_Pregunta._ Decidme, pues sois galan, Por vida d’una Doñana, A deciros doña Juana, ¿Fuera yo vuestro don Juan?
_Respuesta._ Don Antonio de Velasco, Vos seríades buen hombre, Sino por vuestro renombre, Que diciendo está Ve lasco.
_Preg._ Don Juan, adeviná, Por vida de nuestra dama, A cuál de los dos desama, Pues adevinado está.
_Resp._ Adevino que á los dos, Qu’es el pago que esperamos, Que pensando que burlamos, Burlará de mí y de vos.
_Preg._ Otra cosa decir quiso Vuestra boca, si mandais, Que segun lo que mostrais, Vos creeis ser un Narciso.
_Resp._ Para yo bien responder, Lo que vos callais me toca, Uno teneis en la boca, y otro es vuestro parecer.
_Preg._ ¿Para qué vais sospirando Por amores noche y dia, Que yo no sospiraria, Para sospirar burlando?
_Resp._ Más nos dais vos que decir Con los ojos lloradores, Pues que no llorais d’amores, Sino es de mucho reir.
_Preg._ Pañizuelos sois d’amor, Siempre traeis pañizuelo, No llorais d’amor un pelo, Y mostrais ser llorador.
_Resp._ Mi llorar es de manera Como yo siento l’amor, Quien adentro es llorador, Nunca llora lo de fuera.
_Preg._ Al cielo siempre mirais, Digan os tan blanco el ojo, ¿Para qué tomais enojo De lo que n’os enojais?
_Resp._ Si yo voy mirando al cielo, Vos tambien sois estrellero, Vais buscando aquel lucero Que perdisteis en el suelo.
_Preg._ Vuestro amor es estafeta, Que de gran desdicha trota, No correis á la extradiota, Sino siempre á la jineta.
_Resp._ Si estafeta soy d’amor, Soy lo siempre de aventaja, Pues á vos os dan la paja, Y á mí el grano d’amador.
_Preg._ Si una dama sospirase, Por cierto yo creeria Que por vos sospiraria, Aunque de mí se acordase.
_Resp._ Aunque sois engañador, Vos n’os engañais agora, Que dama sospiradora No será de vuestro amor.
_Preg._ Estais d’amor tan relleno, Que podeis dar á los dos, Y teniéndole de vos, Para malo será bueno.
_Resp._ Del relleno que burlais, Que por burla lo quereis. Tan vacío quedaréis, Como vos d’amor estais.
_Preg._ Desengaños desde agora, No vivais más engañado, No estais mas enamorado De lo que en vos enamora.
_Resp._ Nunca vi mayor engaño, Vos mirais con tal antojo, Veis un no sé qué en mi ojo, Y no veis vuestro mal año.
_Preg._ La mano os daré de grado, Si vos no le dais del pié, Que de porfiar gané, Más que no de porfiado.
_Resp._ Yo no quiero vuestra mano, Ántes y’os daré la mia, Que en tomarla perdería La que yo gané de mano.
_Preg._ En paz debemos quedar, Y en amores en abierto, De los motes quedo muerto, Pero no del motejar.
_Resp._ De la paz yo no me esquivo, Sea como vos mandais, Cuando más muerto quedais, Dais á entender que sois vivo.
Dixo don Luis Milan: Don Francisco, don Francisco, ¡quién no te las entendiese! Mostrastes querer departir, y daréis más que partir; habeis sacado los motes de los más galanes cortesanos que en el mundo fueron, ¿y quereis con tizones matar tizones, y con carne departir carne y perro? Vos no buscastes sino guerra; que envidiosos no sufren á mayores, que por no mostrar que lo fueron don Antonio de Velasco y don Joan de Mendoza, se matarán á motes don Diego y Joan Fernandez.
Dixo Joan Fernandez: Mirá qué duda, apercibíos don Diego que ya soy con vos; y si quereis ayudador, sea don Luis Milan, que cuanto más monos más ganancia. Perdonad que moros quise decir, pues lo sois en amores.
Dixo don Diego: mucho estais gallardo, Joan, mucho estais gallardo, y no sé de qué, pues cuando fuistes á la córte, lo ménos que parecistes fué de lo que más os confiais. Que la ocasion muestra el varon, como dice este mote:
Nadie se confie, no, Hasta ver dónde allegó, Que no está en el parecello, Sino en sello.
Y por qué no es bien disimular lo que no se debe, responderé á vuestros donaires, pues van por los aires cantando:
Mi gavilan, señora, Por los aires vola.
Y él no vuela sino de noche como murciégalo, cazando moscas de ramo, que son rameras. Perdonad que romeras quise decir, que Joan Fernandez es romero en amores, que el otro dia le cantaba la cortesana de su córte doña Antona de don Anton de Vilaragut y de Heredia:
Romerico, tú que vienes De donde serrana está, Di, ¿cómo d’amor te va?
Y n’os maravilleis si me he destemplado con vos en sacar vuestras romeras, pues tambien os destemplastes con don Luis Milan y conmigo, apodándonos á monos, que’s un género de milicias, que dan un bofeton con un perdon, como este dicho dice:
Al juego del abejon Parece el muy mal burlar, Perdon piden para dar Un bofeton.
Dixo Joan Fernandez: Don Diego, más motes teneis en el cuerpo que un meson de camino, para general de mesoneros seríades bueno, pues no hay meson que no esté don Diego Ladron en este mote:
Ladron de nadi Sino de mí.
De manera que si os perdemos, hallarémos á don Diego Ladron de meson en meson, que por cierto
Mas es gala Mesonera, Que de sala;
el que va escribiendo por mesones en carbon sus intinciones.
Merece ser muy burlada la gala qu’es mascarada, como oiréis en este cuento: Un portugues era muy galan, sobre callado, y un castellano competia con él en amores, y era galan muy fanfarron que jamas callaba; y estando los dos un dia delante la dama que servian, el castellano, pensando ganalle la dama por decidor, dábale muchos motes; y el portugues en acabar el castellano, le corrió con este apodo que le hizo: Castelau, heu vos apodo á meson de camino geno de motes. Don Diego, tenéme por entendido, pues sabeis á resabido.
Dixo don Luis Milan: Más cortesano fué el portugues que no el castellano, que la trecha para matar un verboso decidor es callarle hasta que ha revesado toda su verbosidad, y en acabar darle con un apodo, ó con un cuento tal, que sienta el hierro con que no saque sangre, como hizo este portugues, que le apodó muy al natural al verboso castellano que pensaba ganalle la dama á motes; esto es la cosa que más debria enfadar á las damas, y no sólo no reirse de servidores, motejadores pesados, mas debrian mostrar enojarse, porque se pierde el acato que se debe tener delante la dama, y la autoridad del motejador por parecer truhan más que galan, y tambien la del motejado, pues parece atambor de guerra que tocan alarma con él. Lo que yo haria en tal necedad, hacer lo que hizo este portugues, que callando por no parecer truhan, como su competidor, tuvo más saber y más autoridad y más vergüenza y crianza, que son cuatro cosas, que teniéndolas un servidor feo, le hacen parecer hermoso, y no tenellas, á un hermoso hacen parecer feo, como en este cuento oiréis.