Libro intitulado El cortesano. Libro de motes de damas y caballeros

Part 11

Chapter 114,183 wordsPublic domain

El rey Priamo salió, Todo honra y valentía, En su real montería Muy ufano, Con un laurel en su mano Prometiéndose victoria, Y triunfó de gran gloria, Confiando Qu’él y Héctor triunfando De la griega montería, Con toda su caballería Triunfarán, Y á los griegos vencerán; Tanto de Héctor confiaba, Que Héctores con él miraba A sus hermanos. Sacó lleno de unas manos Un vestido esta jornada, Con una espada sacada En cada mano; Qu’el poder fuerte troyano Esto por armas usó, Y por tal su Rey sacó Tal invincion, Mostrando su gran corazon Que á los griegos venceria Y en las armas se veria La verdad. Hablar quiero en libertad Y á los ánimos mover, Que digan su parecer Sin pasion, Que verdad está en razon. Digan pues ¿cómo y por qué Tan contraria les fué La fortuna? Que no hay persona alguna Que no haga vencedor Al gran Héctor sin temor, Y sin igual, Muy valiente natural, Qu’el vencido no’s vencido, Si de sí jamas lo ha sido. Yo diré; Por lo que ya dicho hé De los griegos y troyanos, Porque en armas y á las manos Y en crueldad, Quisieron saber la verdad De quien más razon tenía, La troyana valentía Como creo. De Hércules un caso feo Con razon se está quejando, De su gran osar hablando, Como se engaña El que fia en gente extraña, Qu’es la que no’s conocida, Que en gente desgradescida No hay fe. Sin pasion yo culparé Al ingrato Hércules, Pues que tan sabida es Su historia. Triunfando con gran gloria De sus hechos y hazañas Volviendo de las Españas, A sus tierras, Vencedor siempre en sus guerras, Y de sí mismo vencido, Fué mucho bien recebido, Como hermano, Del rey Laumedon, troyano, Con amor, brazos abiertos, Recógele por sus puertos En su Troya. Vista aquella hermosa joya, Del rey Priamo hermana, Exiona, de galana Un trofeo, Si ella hermosa, él no feo, Sino fuera en el error Que fué vencido d’amor De mujer. Quien jamas se vió vencer, A Exiona se llevó, Que pues ella le robó, Robó á ella. Esta princesa doncella Se vió en Grecia llevada De Hércules muy acatada Y afírmase Con Thalomon casada fué, Y el troyano corazon Dixo qu’esto fué traicion, Pues la casó, Con modo que despreció Hércules á los troyanos. Con las armas á las manos Fué propuesto De tomar venganza d’esto, Y así se determinó, Que Páris troyano robó La reina Elena. Que fué recompensa y pena, Y de Troya perdicion, Porque siempre con razon Vence fortuna. La razon se vió ser una Que los griegos han tenido Para haber Troya vencido, Y ésta fué, Que el rey Menalao, sin por qué, Pagó el robo de Hércules, Que de fortuna fué reves Roballe Helena. Dieran á Hércules pena Si á Exiona les robó, Pues d’él sólo procedió Y de otri no; Por donde claro se vió De Troya la perdicion Con soberbio corazon Que tuvieron, Los troyanos se perdieron, Que las venganzas erradas Del cielo son castigadas; Que el castigo Ha de ser al enemigo, Que en la culpa es más culpado Para ser justificado. Y bien mirado, Hércules va desculpado, Que buen fin no es con traicion Pues casó con Thalomon Exiona. Que Páris robó persona Casada, que fué adulterar Con quien no pudo casar. Salido ha La Real reina Hecuba, En esta caza y montería, Con la mesma fantasía Que sacó Su marido Priamo, Toda su ropa broslada De manos con una espada En cada mano. Y allegando en un gran llano De altos montes rodeado, Allí fué determinado De montear: Y ántes de nadi cazar, Casandra en un árbol subió, Y á los troyanos habló D’esta manera: ¡Oh troyanos! mejor fuera Que primero se pensára Y nò se determinára, Qu’el pensar Ántes del determinar, En los casos ha de ser, Y éste es el mejor saber. Estais ciegos En la guerra contra griegos Que determinado habeis, Y tan ciegos que no veis Que los agüeros Se nos muestran muy guerreros Y de griegos muy amigos; Señales son y testigos Que hace el cielo. No quereis tener recelo De lo que se ha de tener, Al cielo se ha de temer En la guerra, Para vencer en la tierra; Volved en paz vuestra espada En guerra qu’es mal pensada, Que la luna Nos muestra mala fortuna, Que en fuego y sangre la vemos, En sacrificios que hacemos Para saber D’esta guerra que ha de ser. Sacrifiquemos primero Ántes que se vea agüero Esta jornada, Para ver si está mudada Fortuna en nuestro favor, Y esto será lo mejor D’este dia. La troyana valentía Y sus fuertes corazones Burlaron de las razones D’esta infanta. Decian, no nos espanta Hado en casos venideros, Do suelen mentir agüeros, Qu’es todo error. Casandra, no pongas temor, Díxo Héctor, su hermano, Que á un corazon villano Vence opinion. El fuerte siempre ésta en razon, Nunca se deja vencer, Que siempre vence al temer La vergüenza. Tú harás poca valenza A tu padre y tus hermanos, Si acobardas los villanos Corazones. Confia con tus razones, Pon á todos esperanza, Que el cielo pone mudanza En fortuna. Que sin confianza alguna La valor se perderia, Y se desesperaria El esperar. Fortuna suele mudar Los agüeros y señales De cuerpos celestiales, Pues su sér En todo es el mayor poder. Y Trohilo, su hermano, Dió á Casandra otra mano Y díxole: Casandra, desespérate, Pues no te falta otra cosa Que persona muy medrosa Muerta está. Acaba y muérete ya, Y no pongas cobardía, Que medrosa compañía Tarde venció. Páris la mano tomó Diciendo, Casandra hermana, En creer no seas vana Qu’es mal agüero. No creas tan de ligero En los sueños ni en agüeros, Qu’es de ingenios ligeros Agüero ser. Cree en el mayor poder En los casos por venir, Que en lo que suele mentir No pongas fe. Enéas desto rióse; Los troyanos muy turbados, Con los rostros enojados De alteracion, Temieron alguna traicion, Que el corazon siempre avisa, Respondieron á la risa De Enéas: Yo no sé si nos deseas Que nos venga bien ó mal, Tú nos puedes ser leal, Mas tu modo No lo muestra ser en todo, Enéas dixo enojado: Nadi debe ser culpado Sino el obrar, Qu’el efecto es de juzgar, Y no las demostraciones, Que juzgar los corazones Sólo es dado A quien todo lo ha criado; Que por lo que yo he reido No debo ser reprendido, Qu’el reir No se puede corregir, Hasta que se declaró Porqué rie el que rió. Doy por testigo Al cielo de lo que digo, Pues sólo sabe mi intincion. Jamas me dixo el corazon Que guerreeis Con quien guerrear quereis; Y no lo tengáis á risa, Qu’el buen corazon avisa Justificado, Quando no está apasionado. El rey Priamo habló: Pues guerra se determinó Por mar y tierra, No hay hablar sino de guerra. En esto salió un leon, Y Héctor con gran corazon Le mató; Su leona arremetió A Trohilo, y él á ella, Y matóla sin temella. Párís corria Tras un oso que huia, Y tiróle una saeta, Y él volvió como cometa Y abrazóle, Y Páris luégo matóle; Y Corebbo arremetió A una tigre y la tomó, Y bien atada, A Casandra presentada Fué por él d’esta manera: Sea de mi linda fíera La vencida, Pues por ella tiene vida. Enéas arrojó un dardo A un fiero leon pardo, Y en ser herido, Viéronse á brazo partido, Y Enéas fué el matador, Que era de muy gran valor. Salió el Rey Y arremetió á un bravo buey, Y de un golpe le mató Que la cabeza le cortó. Todo el dia Hicieron carnicería Á muchas fieras matando, Y volviéronse cantando, En anochecer, A Troya con muy gran placer. Hicieron fiestas y fuegos Toda la noche con juegos Y alegría, Teniendo esta montería Por agüero de vencer A todo el griego poder.

Dixo el Duque: Don Luis Milan y vos Joan Fernandez, haceme placer que os vais de aquí, si no quereis morir los dos esta noche.

Dixo don Luis: Señor Joan, supliquemos á su excelencia nos haga saber por qué nos manda ir de aquí si no queremos morir; y si yo no me engaño yo querria adevinallo, y es que vos haceis gestos de envidioso y yo de vanaglorioso, de veros que estais muerto de envidia d’esta montería de Troya por haberla hecho yo, que si vos la hiciérades, la rezárades por puertas como á oracion de ciego.

Dixo don Diego: Yo lo queria decir si don Luis Milan no lo dixera, que los gestos que Joan Fernandez hacia oyendo la montería, eran de envidioso, quocando como á mono, que meresceríades por pena d’este pecado que vos y vuestros descendientes quedásedes con caras de monos que quocan, y les quedase por nombre el linaje de los monos, así como quedó el de los bailadores, que bailando muchos hombres y mujeres en fiestas del sancto Nacimiento, pasaron por una iglesia en Alemaña al tiempo que preicaban, y el obispo maldíjoles por el desacato y menosprecio que hicieron á la casa de Dios, y quedaron toda su vida hasta la muerte bailando, heredando esta pena sus descendientes, que vuestro hijo parece que ya la ha heredada.

Dixo Joan Fernandez: Porque no muera de vanagloria don Luis Milan, quiero rogalle que hagamos una máxcara para mañana á la noche, aquí en el Real, contrahaciendo su montería y prometo de hacelles envidiosos porque no me digan envidioso, pues soy mejor para envidiado.

Dixo don Francisco: Señor Duque, si Joan Fernandez nos ha de hacer envidiosos diciendo donaires, no consienta que los diga á costa de la señora doña Hierónima, su mujer, que yo vi lo queria decir á vuestra Excelencia, y por atajar este fuego lo quise yo decir, y no se fie d’él que se le destiene la ballesta, y dé fianzas que no hará el donoso, pues no’s gracioso sino quien lo es; que d’esta manera negocié yo con Enguera en casa del Romano, donde jugábamos muchos caballeros, como en este cuento contaré: Enguera nos enojaba mucho que se destenia su ballesta, y por ser caballero de baja calidad y conversacion, lo echamos del juego, y estando algunos dias en la entrada de casa aguardando si le dejariamos subir á jugar, yo le dixe: Enguera, yo recabaré con estos caballeros que os dejen subir si vos dais fianzas por las ignocencias, y dióme á mí por fianza y subió. Si mi amigo Joan me promete que no hará el donoso á costa de su mujer, yo le seré fiador.

Dixo Joan Fernandez: Don Francisco, pasado os sois á los franceses contra mí, no se me da nada, por vos se puede decir:

Ó teneis miedo á los moros, Ó en Francia teneis amiga.

Respondió don Francisco:

No tengo miedo á los moros, Ni en Francia tengo amiga, Mas tú moro y yo cristiano Traemos muy gran porfía.

Con los malos trajes que sacais, lisiado de mal vestido, que si don Luis Milan á coplas n’os tuviera la rienda, fuérades el monstruo de la gala, que pudieran ganar con vuestra ropa los truhanes, mostrándola diciendo: Hé aquí las ropas de Joan de mal traje.

Dixo el Duque: Demos parte á la noche y Joan Fernandez y don Francisco hagan paz, que si están en guerra no ternemos cierta la máxcara, y vuestra alteza y esas señoras, que ellos han traido, tomen la palabra haciéndolos jurar por vida de sus damas, porque sepamos quién son; y no se olviden á don Diego, como á revolvedor, ni á don Luis Milan, que es mátalas callando: y comience la Reina, mi señora.

Dixo la Reina: Joan Fernandez, hacé paz con don Francisco, por vida de vuestra mujer.

Respondió Joan Fernandez: Si vuestra alteza me jurára, por la vida que nunca da vuestra mujer, fuera mejor jura; pues ni ella la tiene de brava, ni yo la tengo si no fuera de mi casa.

Dixo la señora doña Hierónima: Per vos se dix, bell en banch y mal en casa.

Dixo la señora doña Mencía: Don Francisco, pues hoy os mando como acompañador mio, hacé paz con Joan Fernandez, por vida de vuestra dama, y nombralda, que el Duque lo manda.

Respondió don Francisco:

Pues vuestra merced lo manda, Yo haré paz con el Joan, Y este mote es mi refran: _Quien me manda Me desmanda_.

Dixo la señora doña Luisa: Don Diego,

No dejeis de entrar en paz, Pues que sois revolvedor, Que os querrá muy mal l’amor.

Por vida de vuestra dama, nombralda, que el Duque lo manda.

Respondió don Diego:

Yo entraré en la paz, señora, Por vida de quien oirán, Que en esta hierba lo verán: _Anapelo es matadora_.

Dixo la señora doña Violante: Don Luis Milan, pues manda el que se deja mandar, hacé paz con Joan Fernandez, por vida de vuestra dama y nombralda, que el Duque lo manda.

Respondió don Luis Milan:

Pues mandar es ser mandado, En paz quiero siempre estar, Mi dama quiero nombrar; De su nombre soy nombrado Margarite por amar.

Dixo el Duque:

Vámonos á dormir, Mi Reina gentil, Vámonos á dormir,

y venga mañana la máxcara á prima noche.

_Aquí acaba la jornada cuarta._

JORNADA QUINTA.

Y DICE EL DUQUE.

Señora, si le parece, enviemos á las damas y caballeros á rogalles que sea el sarao y máxcara despues de mañana, por no poderse hacer más; y vaya el canónigo Ester de parte de vuestra alteza, y de la mia el paje del mal recaudo, que no les faltarán motes y apodos, á la giba del uno y al mal nombre del otro, y ternémos parte de las burlas por relacion de los burladores, que yo comenzaré la plática para que riamos.

Dixo la Reina: Paréceme tan bien como al canónigo Ester no le parecerá, que siempre dice le hago ir á convidar damas para fiestas, que no las querria mandar, por hallar criadas que se desmandan con su giba. Hélos aquí á los dos; por su mal vienen los que para bien nunca se hallan. Canónigo, diréis de mi parte á las damas que mañana habian de venir á la fiesta, que el Duque, mi señor, la manda alargar hasta despues de mañana, por estar ocupado, y que no dejen de acudir por nos hacer placer.

Respondió el canónigo Ester: Senyora, tos temps me posa vostra altesa á les banyes dels bous pera que burlen de la mia gepa. Doneli quitasio, puix li han posat nom, la gepa Stera mana festes. Yo iré ab la ballesta parada, puix no faltarán á la mia gepa aljaba, virots quem tirarán pera tornarlos á tirar.

Dixó el Duque: Paje de mal recaudo, irás de mi parte á don Luis Milan, y á Juan Fernandez, y á don Diego, y á don Francisco, á decilles lo mismo que la Reina, mi señora, envia á decir á las damas, y en cuanto has de hacer ten buen seso.

Respondió el Paje: Señor, lo uno hará, mas el otro, que es tener buen seso, no sé si podré yendo en compañía del canónigo Ester, que para defender su giba, manos y lengua sería menester.

Dixo el Canónigo: ¿Com se pot comportar asó, que la Reina vulla fer corro de bous tot l’any ab mí, enviantme á convidar dames, que par que sia andador de festes, y ara, per millor adobaro, lo Duch, mon senyor, fa venir en ma companyía aquest tava del patje, que tos temps me va picant en la gepa, quem fa rabejar com á macho de lloguer? Renegau de senyors que pera riure donen ocasió ques riguen de sos criats.

El paje le respondió: Vamos, señor Canónigo, y, aunque me ha dicho que soy tavano de su giba, yo le prometo de no picar esta jornada en ella, sino cuanto podré para defendella, y por señal que lo haré, quiero cantar, para daros placer, esta cancion catalana:

Bella, de vos so enamoros, Gibeta mia, Tos temps sospir pensant en vos La nit y’l dia.

Dixo el Canónigo: Puix tú has cantat pera mí, yo vull cantar pera tú.

Tot lo mon me stá mirant Com si fos una donsella, Si bem veu anar galant, Lladre so per maravella.

El paje le dixo: ¿Qué es eso, Canónigo? ¿ladron me dices? Para ésta, que yo lo diga á nuestro obispo de Fez que os excomulgue y no os absuelva hasta que me hayais restituido la fama, irregular, tartuga de mujeres, que por vuestro vecindado siempre les andais en torno de las haldas con una guitarra tañendo y cantando este cantar:

Comed de mi tartugado, La de lo verdugado.

El Canónigo le dixo: Vesten, endemoniat, davant de mí, _per Deum vivum_, _per Deum vivum_; Jesus, Jesus, desaparegut es. Per cert ara crech que deu ser lo familiar del italiá que tenim en casa. Y o’m vull donar presa en lo que tinch de fer, per tornar pres á contar al Duch, mon senyor, ques’ guarde del patje del mal recaudo y li fasa la creu si li ve davant; que cert deu ser dimoni, puix ab conjurs me ha desaparegut. A Joan Fernandez veig á la finestra de sa casa, ab sa muller, espantat estich, pau es esta de hostaler cathalá, que may la fa ab sa muller sino quant la vol engañar. ¡Ah señor Joan Fernandez! ¡ah señor! entrat sen es de la finestra, nom’ ha degut conexer, ó nom’ ha oit, que no sen fora entrat.

Dixo Joan Fernandez: Ántes de haberos oido os he huido y me soy entrado; subí y guardaos de Maricorta, mi criada, que bien lo habeis menester.

El Canónigo dixo: Vejam qui es esta Maricorta, que si les paraules son tals com lo seu nom, cerca quit parle. ¡Ah senyora Maricorta! ¿estam segures? Fora d’aquí, fora d’aquí, ¿quin diable de gosa es ésta que ma exquexada la clocha?

Salió riendo Joan Fernandez y dixo: Hexe d’ahí, hexe d’ahí, Maricorta; diablo haya parte en el cazador y en tí, que no te tiene atada estando parida. Perdone, señor Canónigo, que pensaba que le queríades hurtar sus hijos, que dicho le han que sois hurta perrillos.

Respondió muy enojado el Canónigo: Hábit de sent Pere, ¿asó es la Maricorta criada vóstra? ¿desta manera feu lo graciós? Altres grasies pensaba que tenien millors en vostra casa; persous ha posat nom vostra muller, Encasamalo.

Dixo la señora doña Hierónima: Par vos que tinch rahó, señor Canonge. ¿Qui ha de comportar estes fredors, fer soltar la gosa parida pera que esquexe cloches? Puix habeu fet lo grasiós, donauli una nova.

Dixo Joan Fernandez: Ya sin esto se la debia por un recuado que llevó de parte mia donde él sabe, y porque se la tengo aparejada nueva, le he hecho rasgar á Maricorta esa vieja que trae; que así como puse nombre proprio al paje del mal recaudo, por los malos recaudos que me traia, así por los buenos que vuestra reverencia me trae, le quiero decir de aquí adelante, el canónigo del buen recaudo.

El Canónigo respondió: Vos per altrem preniu; nous burleu ab mí de tal manera, que pera repondre á mots que fan alcabot al motejar, abat y ballester so. Que en ma terra un temp nom deyen mosen Ster sino mosen Ballester. Que sta gepa que tinch, no es sino aljaba de passadors, pera passar apodadors daquest mon en laltre.

Dixo la señora doña Hierónima: Riñen las comadres y dícense las verdades. O com he pres plaer de haber sabut que lo canonge Ster no es alcabot en les obres, sino en les paraules, perque los alcabots da paraules tots parlen com alcabotes. Cert y hoy peccaba, perdone senyor Canonge, que per tal lo tenia.

Respondió el Canónigo: Cercau quius perdone, pera una sou los dos, que yo men vaig dient: _Quos diabolus conjungit homo non separet_. Lo recaudo que portaba men tornaba á casa, y es que la Reina y lo Duch, mos senyors, han allargat la festa pera despus demá; preguenvos que noy falteu, y que porteu millors mots que á mí me habeu donat. Ab por vaig á casa de don Diego, que per troneres tiren les mots les moces; que tostemps están en aguait, com á gent ques recela. Ya so prop la casa, senyar la vull ans que entre en ella. ¿Ah de casa? ¿Ah de casa?

Respondió Marimancha, criada: ¿Ha de caso? ¿ah de caso? ¿para qué cruzais la casa? guardad n’os crucen la cara; si ya no lo haceis por entrar el diablo en ella, que sois vos.

El canónigo dixo: ¿Qué tanta por teniu á la creu? ¿Per ventura han vos tret ab ella al cadafal?

Dixo Marimancha: Rabo rastrando heme aquí, que no traigo sambenito. Mas porque veo sanmaldito, que sois vos, yo haré la señal de la cruz, que pienso que huiréis como á diablo, pues lo pareceis.

Dixo el canónigo: ¿Ah senyor don Diego? ¿sou en casa? ¿sou en casa? Par que noy haja amo en ella, segons los criats fan á son plaer.

Respondió don Diego, y dixo: ¿Qué es esto, señor Canónigo Ester? ¿A qué viene vuestra merced, y con quién está enojado?

Respondió el Canónigo: Senyor don Diego, vaig y vinch, y vinch y vaig, y res no fas.

Don Diego le respondió: Señor Canónigo, yo no entiendo este lenguaje; volvé á decirme por lo que venis, y declaraldo mejor que se deje entender.

Salió Martineta, criada de casa, y dixo: Senyor yo declararé lo que vol dir. Vaig burlant, y vinch fredas, y res no fas.

El Canónigo se santiguó, y dixo: No mes, no mes. Yo so nat en mala planeta, fins á Martineta burla de mí; yom despediré de la Reina y del Duch, si mes tinch de anar per cases de orats, convidant á festes que tan mal profit me fan, y vos senyor don Diego, enfrenau estes gates de vostra casa, que arrapen la cara, sino vindrem á creure que elles vos tenen enfrenat. Lo que you digui que no volgues entendre, es azó: Que vaig y vinch convidant á festes, y vinch y vaig á mon desgrat, y res no fas á mon plaer. Lo Duch vos fa saber, que allargat la festa pera despues demá; hy voldreu ser, sino á Deu siau que bens veurem. Per labit de sent Pere que si en casa de don Francisco me parlen de tal manera les criades, yols reganyaré les dents; ya veig una delles á la porta ab una mona que sta quocant, y reganyant les dents, y si ab mí les ha, yo so de bodes. Un patje veig á la finestra quey prench plaer. ¿Hola, hola, patje, com te dius, no respons? ¿es tom amo en casa, Malfaras?

Dixo el paje: Mossen tartugo, ó tartuga, ¿quién os ha dicho que á mi me dicen mal farás? Pues venis tan bien hablado como mal carado, y peor dispuesto á pedir de mi amo, preguntaldo á la mona, pues teneis cara de mona. Quocalo mona, quocalo mona.

Respondió el Canónigo: Rapaz aballau azí, que yous mostraré com habeu de parlar, y puix per vostres tacanieries la mona me ha squexat la clocha, si vostre amo no lam paga yo sé lo que faré. Senyor don Francisco, mirau quines bondats se fan en vostra casa, venint de par del Duch á fer vos saber que allargat la festa para despus demá; que demanant aquest patje vostre si stabeu en casa, la resposta quem a donat es que a embregat la mona ab mí, yam esquexat la clocha.

Dixo don Francisco: Señor Canónigo, no tome enojo, que al paje yo le haré dar doscientos azotes, y mañana yo os pagaré la loba para que os hagais otra nueva, y podréis hacer paz con la mona, porque es muy aparentada en esta tierra con muchos monos que hay; y por quitar mal, ya que no teneis vergüenza, será bien que seais amigos vos y ella.

Dixo el Canónigo: Algun dia tindrán fi estes fredors, y si lo Duch nou remedia, yo y posaré remey ab uns quants delats del camp de Tarragona, parents meus; y no passará axi com pensau, que dret men vaig al Duch. Señor yom vinch á despedir de vostra Excellencia, si nom llevau lo carrech de convida festes. Y lo demes quem resta á dir sobre azó, será contar les burles que man fet los criats destos cortesans, davant ells depus demá, que sitant de cor fossen com ells se pinten, no serien tan descortesos sos criats. Que en los servidors se veu lo senyor quál es.

Dixo el Duque: Canónigo, descansad, que yo haré con la Reina que no tengais más ese oficio, sino guarda damas, ó guarda polvo.

Dixo el Canónigo: ¿Yo nou dich que lo primer que burla de mí es vostra Excellencia? Guarda dames me ha fet com si fos molle de sastre, y guarda polvo pera ques seguen sobre mí. Yo men vaig á clamar á la Reina, y será exir del foch y donar en les brases.

La Reina le dixo: ¿Qué es esto, canónigo Ester? por mi vida que no esteis enojado, sino haceros he cantar:

¿Quién os ha mal enojado, Mi buen amor, Quién os ha mal enojado?

Yo que debia enojarme con vos por haberme hecho brasas de fuego, no lo estoy; ¿y vos enojaisos? El raton caza el gato; pues vos sois el uno, y el otro el Duque mi señor.

Dixo el Duque: Canónigo, desenojaos, pues tambien hay para mí de las burlas de la Reina, mi señora, como para vos, que á mí me ha hecho gato, y á vos raton; y si lo dice por lo que vos sabeis, adevinado ha.