Libro intitulado El cortesano. Libro de motes de damas y caballeros

Part 1

Chapter 13,773 wordsPublic domain

NOTA DEL TRANSCRIPTOR:

—Los errores obvios de impresión y puntuación han sido corregidos.

—Se ha mantenido la acentuación del libro original, que difiere notablemente de la utilizada en español moderno.

COLECCION

DE

LIBROS ESPAÑOLES

RAROS Ó CURIOSOS.

TOMO SÉPTIMO.

LIBRO INTITULADO

EL CORTESANO,

COMPUESTO

POR D. LUIS MILAN.

LIBRO DE MOTES

DE DAMAS Y CABALLEROS,

POR EL MISMO.

MADRID,

IMPRENTA Y ESTEREOTIPIA DE ARIBAU Y C.^a (SUCESORES DE RIVADENEYRA), calle del Duque de Osuna, núm. 3.

1874.

ADVERTENCIA PRELIMINAR.

HACE mucho tiempo que la obra intitulada EL CORTESANO, que compuso y publicó el caballero valenciano D. Luis Milan, es tenida entre los bibliófilos por un libro de los más raros de nuestra antigua literatura; tanto que uno de los más entendidos, el Sr. D. Vicente Salvá, decia en 1826: «Es uno de los más escasos de cuantos hay en idioma castellano; Ximeno no tuvo ocasion de ver ninguna de las dos ediciones que menciona de 1561 y 65, tal es su rareza: este ejemplar es de la primera edicion, y está completo áun cuando aparenta carecer de portada, pues nunca la tuvo. Perteneció á don Gregorio Mayans»[1]. A incluirla en nuestra coleccion nos ha movido, no sólo su extraordinaria rareza, sino tambien su indudable mérito, pues áun cuando la obra de Milan no admite comparacion con la de Castiglioni, que le sirvió de modelo, tiene más interes para nosotros bajo el punto de vista español, porque al hacer una exacta descripcion de las costumbres y manera de vivir de aquella época en el palacio del duque de Calabria[2], pinta tambien, y admirablemente por cierto, la sociedad de entónces haciendo figurar en su libro, no personajes ficticios, sino lo más escogido de los nobles y poetas valencianos; es, en una palabra, la resurreccion del siglo XVI, y hace pasar ante nuestra vista los saraos, fiestas y trajes de su tiempo.

Más afortunados nosotros que el señor Salvá, tenemos noticia de seis ejemplares de EL CORTESANO[3]; todos los cuales tienen, como ya advirtió aquel distinguido bibliófilo, la página primera en blanco, empezando al reverso el libro, de modo que éste no llegó á tener portada; rareza que en sentido inverso se encuentra en otro del mismo Luis Milan, titulado: _El Maestro ó música de vihuela_[4], pues hemos visto en los ejemplares que de él se conservan en la Biblioteca de Palacio y en la de nuestro querido amigo el Sr. D. Pascual de Gayángos que en la portada tienen el fólio 2, lo cual parece indicar debieron tener otra anterior ó al ménos una ante-portada; porque de no ser así, no se concibe empiece la numeracion en ese fólio, siguiendo luégo correlativa.

Ximeño asegura[5] que de EL CORTESANO se hicieron dos ediciones, una en 1561, y otra cuatro año despues, ó sea en 1565; pero creemos se equivocó en esto, pues todos los ejemplares que se conservan y hemos podido ver son de la primera, que es la que debia ser más rara, así como se equivocó tambien al citar dos ediciones (1534 y 1535) del libro _El Maestro ó música de la vihuela_, siendo una sola, con la fecha en la portada de 1535 y en el colofon la de 1536, que es cuando concluyó de imprimirse.

Hubiéramos deseado dar en esta advertencia algunas noticias de D. Luis Milan, ademas de las que sobre él traen Ximeno, Rodriguez, Fuster, Cerdá y demas autores que han escrito sobre bibliografía valenciana, pero nuestros esfuerzos para procurárnoslas han sido inútiles, así como tambien los del distinguido bibliófilo Sr. D. Manuel Cerdá, que á instancia nuestra se prestó á hacer investigaciones en Valencia con el mismo objeto, y con una eficacia que le agradecemos vivamente; ni en el Dietario del Ayuntamiento de dicha ciudad, ni en otros papeles de aquel tiempo que ha examinado aparece hasta ahora el nombre de D. Luis Milan.

En cambio, nuestros lectores verán hoy reimpreso otro libro de este autor, del que no da noticia alguna, que sepamos, ninguno de sus biógrafos, tan raro es. El único ejemplar que se conoce del _Libro de motes_ ó _Juego del mandar_ se conserva en la Biblioteca Nacional y procede de la del Sr. D. Serafin Estébanez Calderon; fáltanle dos hojas, cuya falta, que nos ha sido imposible subsanar, indicamos en la reimpresion con puntos suspensivos. Tambien publicamos un exacto facsímile de su portada, que creemos verán con gusto nuestros lectores.

Lugar oportuno nos parece éste para hacer mencion de otra obra titulada EL CORTESANO, inédita, desconocida, y cuyo autor no sabemos quién fuese. A la buena amistad del Sr. D. Manuel de Goicoechea, entendido Bibliotecario de la Academia de la Historia, debimos la noticia de existir en la Biblioteca de esta corporacion un manuscrito de letra del siglo XVI que se titula EL CORTESANO, y á cuyo título se veia añadido de letra de Don Bartolomé José Gallardo el nombre de D. Luis Milan. Examinado por nosotros el citado manuscrito, nos hemos convencido no ser de D. Luis Milan, ó al ménos no ser igual ni parecido al que corre impreso con el nombre de este autor, ignorando el motivo que tendria persona tan competente como el Sr. Gallardo para atribuírselo: desgraciadamente el libro nos parece incompleto; pero así y todo, creemos no merece el olvido en que hasta ahora ha estado sepultado.

F. DEL V. J. S. R.

LIBRO

INTITULADO

EL CORTESANO.

DIRIGIDO Á LA CATÓLICA REAL MAGESTAD DEL INVICTISIMO DON FELIPE, POR LA GRACIA DE DIOS REY DE ESPAÑA, NUESTRO SEÑOR, ETC.; COMPUESTO POR DON LUIS MILAN. DONDE SE VERÁ LO QUE DEBE TENER POR REGLAS Y PRÁCTICA; REPARTIDO POR JORNADAS. MOSTRANDO SU INTINCION POR HUIR PROLIXIDAD DEBAXO ESTA BREVEDAD; SIRVIENDO DE PRÓLOGO Y DIRECCION, Y UTILIDAD ESTA PRESENTE CARTA.

C. R. M.

HÁLLASE por escrito que en una plaza de Roma, nombrada Campo Marcio, se abrió la tierra, y por la abertura salian grandes llamas de fuego, y crescia cada dia de manera que toda la ciudad fuera consumida en poco tiempo si no se remediára; y preguntado por los romanos al oráculo, su ídolo, qué remedio ternian, respondió que echasen por aquella abertura la mejor cosa que debaxo del cielo fuese criada. Y determinaron que era el hombre, y de los hombres el caballero armado de todas armas buenas. Eligieron al valeroso Curcio romano, pues él, de muy bueno, voluntariamente quiso perder la vida porque su patria no se perdiese; y así vino, acompañado de toda Roma, muy ricamente armado, y puso á su caballo una venda en los ojos, porque rehusaba la muerte que su señor no temia, y en haberse echado Curcio en el fuego cerróse luégo la abertura; por donde se determina que el caballero armado virtuoso es la mejor criatura de la tierra, y para tener perfecta mejoría debe ser cortesano, que es en toda cosa saber bien hablar y callar donde es menester. Las armas de este caballero han de ser un yelmo de consideracion, que sea bien considerado en dichos y hechos, y una goleta de temperancia, que no coma sino para vivir, y no viva para comer, porque el hombre destemplado de comer y beber:

Quien de sí fuere vencido Nunca bien podrá vencer;

y un peto animoso, que ofrezca su pecho á cualquier contrario para reparo de quien justamente lo habrá menester, con un volante diligente, porque no se pierda lo bien hecho, por negligencia, y un espaldar de sufrimiento, para, que traiga á sus espaldas la carga que debe el caballero; y la doble pieza de esperar para que espere qualquier encuentro que fuere obligado; y unos brazales de esecuciones para que esecute, defendiendo lo bueno y ofendiendo lo malo, en su caso y lugar; y unos guardabrazos defensivos para defender á los brazos de su República, militar, eclesiástico, real, conforme á justas leyes; y unas manoplas liberales para que tenga manos abiertas para dar la vida á quien debe; y un arnés de piernas bien andantes, para que anden por pasos mostrando el paso para pasar á él y á otros á la verdadera vida, pues el caballero debe pasearse por este mundo dando exemplo y leyes de bien vivir. Sabido que hube el mayor presente que á un príncipe se podia hacer, segun la determinacion de los romanos, que es un caballero bien armado cortesano, viendo que éste representaba á vuestra Real Magestad, dije: Muy bien será presentar _quod Cæsaris Cæsari_, y así presento al César lo que es de César, pues por lo que vemos se espera lo que se cree de vuestra católica Magestad. Este caballero armado cortesano que por presente doy, hice de la manera que diré: hablándome con ciertas damas de Valencia, que tenian entre manos el _Cortesano_ del conde Baltasar Castillon, dixeron qué me parescia dél, yo dije:

Más querria ser vos conde Que no don Luis Milan, Por estar en esas manos Donde yo querria estar.

Respondieron las damas: Pues haced vos un otro, para que allegueis á veros en las manos que tanto os han dado de mano. Probé hacelle y ha allegado á tanto, que no le han dado de mano, sino la mano para levantalle. Tiene estas partes que diré: Dá modos y avisos de hablar sin verbosidad, ni afectacion, ni cortedad de palabras que sea para esconder la razon, dando conversaciones para saber burlar á modo de palacio. Representa la córte del real duque de Calabria y la reina Germana, con todas aquellas damas y caballeros de aquel tiempo, habilitando algunos que para dar placer fueron habilitados por el Duque, haciendo que hablen en nuestra lengua valenciana como ellos hablaban, pues muchos que han escrito usaron escribir en diversas lenguas, para bien representar el natural de cada uno. El principio deste libro comienza representando una caza que hacen la Reina y el Duque, donde fuí mandado que pusiese por obra el Cortesano, que las damas mandaron que hiciese y que lo dirigiese á vuestra Real Magestad, pues con mucha razon se le debia, y así tuve por muy buena ventura ser tan bien mandado como está dirigido. Suplico á vuestra Real Magestad reciba este presente como dice el filósofo, quel menor servicio, con voluntad, vale más que el mayor sin ella.

JORNADA PRIMERA

DEL

PRESENTE CORTESANO.

EN el tiempo deleitoso de la hermosa primavera, cuando todo el mundo, para conservacion de la vida humana, saliendo del estremo invierno, entra en estos dos suaves hermanos Abril y Mayo, enramados con guirnaldas de flores y frutos, se hizo una real caza de monte de las damas y caballeros que aquí verán.

Salió el real duque de Calabria y la reina Germana, muy ricamente vestidos de terciopelo carmesí, broslados de hilo de oro, por invincion muchas matas de retama, que los granos dellas eran muy gruesas y finas perlas orientales de gran valor, diciendo á todas las damas: _Mi invincion traigo por mote_. A esto respondió la Reina con unos celos cortesanos, y dixo:

La retama es mi amor, Y vos della el amargor.

Dixo el Duque sonriendo:

Mi amor es la retama, Por mostrar sobrado amor, Que en mí no está el amargor, Sino en mi dama.

Gilot salió, que el Duque le habia vestido, de terciopelo verde, con una mona en la cabeza encima de una montera, y el mote que sacó decia: _Por remedar_, y y dixo á la Reina: Vostra altesa adevine qué vol dir la mona que yo he tret per invincio, que la retama clar parla que lo Duch mon senyor diu que no sols la ama, mas la reama. Respondió la Reina: Gilote, yo te adevinaré tu invincion: El Duque, mi señor, es lo verde que traes, que está en verdor, que se madurará su amor, y la mona por remedar, que en amor quiere engañar, como suelen todos los falsos hombres; y tú sales por majadero, que majarás en este banquete, por alcahuete. Gilote respondió: Seynora, vostra altesa es exida huy ab lo peu esquerre, y tot lo dia va coxo qui ab mal pensament hix de casa. Nom veurá mes en tota sa vida en jornades de plaer, que los celosos son gasta festes. Si de aci avant no acomana los cels á la cambrera don Ana de Dicastillo quels hi guarde en la cambra, que estes navarres son tan guardoses, que perzo he posat nom Navarra á una goza mia, per ques bona guardaroba. A esto respondió la camarera y dixo: Gilote, á la Reina, mi señora, no le pesa que seas alcahuete del Duque, mi señor, que pues no se puede escusar por haber tantos dese oficio, más vale que tú lo seas que no el Reverendo canónigo Ester. Respondió á la camarerael Canónigo, diciendo: Donos reverent ab tal sobrescrit, seynora don Ana, ¿qui li ha dit que yo so alcabot? Dixo la camarera: Señor canónigo Ester, en verdad que no se lo alevanto, que Gilote me lo ha dicho, y no sé qué me crea. Tomóse á reir como quien regaña el Canónigo, y dixo: La dob es bo pera uns guants, diu que no me alleva; allevantmo ab un no sé qué me crea, Senyora don Ana, yo li diré per quen diu alcabot lo bellaco de Gilot: En dies passats porti unes mendacions á la sua Beatriz de part de don Luis Vich, pera yo tenir entrada en sa casa, y Gilot haguen sentiment que estaba amagat escoltantme, y feuse á la finestra cridant com un orat: Veyns, veyns, socorreume, que un lladre tinch en casa. Y venint tot lo veynat diguerenli: ¡Á hon es lo lladre: Y ell dix: Vel vos aquí; lo canonge Ester es quem vol robar la honra, portant alcaboteries á la mia Beatriz, que pijor es que lladre un alcabot. Prenguérense á riure y dexárenlo tots pera qui es, que tal es com ell qui creu al orat.

Salió á esta caza don Luis Vique y la señora doña Mencía Manrrique, su mujer, con unas ropas de terciopelo morado, pasamanadas de oro y plata, llenas de unos ojales con un ojo en cada uno dellos, y el mote decia _Vi que vi_; y como la señora doña Mencía oyó al canónigo Ester, que habia traido á Beatriz de Gilote encomiendas de parte de D. Luis Vique, su marido, dixo: Señor canónigo Ester, si no hubiera emprestado mis celos á la señora doña Violante Mascó, mi vecina, que los ha bien menester, yo me hiciera celosa por haber traido vuesa reverencia encomiendas á Beatriz de Gilote de parte de D. Luis Vique, mi señor; y áun que os amparastes del nombre de mi marido para entrar en su casa, más me siento deso que si fuérades tercero, que no es bien tomar nombre honrado para hacer deshonras. Respondió el Canónigo, y dixo: Señora doña Mencía, Gilot es lo cornut, y vosa merced la celosa, y yo lo alcabot; parme que danzan los furios los tres, y lo señor D. Luis Vich, son marit, sen riu; dexen esta danza, que en jornades de plaer lo furios no sa de fer. Don Luis Vique, confirmando la razon del Canónigo, dixo á su mujer: Señora, el señor canónigo Ester dice bien y obra mal; disimúlense los celos en esta jornada y no gastemos la fiesta, pues yo disimulo la reverenda traicion que se me ha hecho, que entre en casa de Beatriz de Gilote el Canónigo, como alcahuete mio, para alzarse con ella.

Vino á esta caza D. Luis Margarite y la señora doña Violante, su mujer, con ropas muy bien divisadas y ricas, de terciopelo, aforradas de tela de oro; y entre unos recamos y brosladuras de cañutillo estaban unas medallas, y en las del marido los rostros dél y su mujer que se miraban el uno al otro, y el mote decia: _Viola ante mi deseo que la veo_.

Y en las medallas que la señora doña Violante traia estaban unas manos con el puño cerrado, y el dedo más pequeño alto, que se nombra el margarite, y el mote decia:

Mi mano muestra con razon Quién está en mi corazon.

Llegóse riendo la señora doña Violante Mascó, y dixo á la señora doña Mencía: Yo vuelvo los celos que vuestra merced me ha emprestado, que más los ha menester que yo, segun va embeatrizado el Sr. don Luis, su marido, de Beatriz de Gilote, y no lo tome por mote; pues le he oido decir aquí que el canónigo Ester le ha hecho una reverenda traicion, que no se puede adevinar si son burlas las que pueden ser véras. Respondió la señora doña Mencía: Señora doña Violante Mascó, yo quiero cobrar mis celos, y de aquí adelante no me los ampreste más que no se los emprestaré, pues burla dellos, sino á la señora doña Castellana Belvis, su cuñada, que me han dicho que por no ser celosa dice su marido que no es amorosa, y va á buscar el amor de fuera de casa; y porque sea más casero no debe dexar un dia en la semana de ser celosa, que á maridos que se desmandan los celos los enfrenan, y si muerden el freno como á caballos desbocados, y pasan la carrera hasta á donde quieren, quando se cansarán ó alcanzarán volverán á su casa, y conoscerán que su mujer les mostraba con los celos los recelos que tenian de su perdicion; que no hay amor sin celos, ni cordura sin recelos. Dixo don Luis Margarite: Señora doña Mencía, beso las manos de vuestra merced de los celos que ha emprestado á mi mujer, que yo lo deseaba, diciéndole cadal dia: mujer, haceos celosa porque no engordeis, que si más engordais, yo me buscaré un festejo flaco y unos amores éticos. Y desparóme un dia con unos celos rabiosos que bien parescen emprestados, pues se lo rie en ser yo fuera casa con una castellana, camarera suya, que se nombra Mariseca.

Dixo la señora doña Violante: Señor marido, pues quereis que hagamos la tortilla de celos que hacen Joan Fernandez y su mujer, séanos juez la señora doña Mencía; y diga si tengo de ser celosa de marido que cadal dia va de boda en boda festejando toda Valencia, dándome á entender que festeja por competir de burlas con el comendador Montagudo, por ver cómo se hace celoso, y he caido en la cuenta que suelen con las burlas encubrirse las véras.

Vino á esta caza don Pedro Mascó y la señora doña Castellana Belvis, su mujer, con unas ropas de terciopelo encarnado, todas brosladas de unos manzanos al natural, las hojas verdes y la fruta colorada, con unos letreros de oro colgados dellos, y tenian unas letras que, haciendo de cada una dellas sílaba, dicen: _Él es de ella y ella es de él_, como dice este letrero:

L. S. D. L. A. Y. L. A. S. D. L.;

conformando á esta voluntad el manzano y la manzana, quel uno procede del otro. Fué tan buena esta invincion como la burla que la señora doña Castellana pasó diciendo: Señora doña Mencía, yo recibo la merced que me hizo cuando dixo á la señora doña Violante, mi cuñada, que me emprestaria celos para que un dia en la semana sea celosa, porque le han dicho que por no tener celos don Pedro, mi señor, me tiene por desamorada y vase á buscar nuevos amores fuera de casa; suplico á vuestra merced me los empreste, que para luégo es tarde lo que mucho es menester. Dixo la señora doña Mencía: Señora doña Castellana, tome vuestra merced, que con un abrazo se debe emprestar y volver lo que es para bien hacer. La señora doña Castellana dixo: Agora que soy celosa verá mi marido qué cosa son jinetes, por más que él sea buen jinete. Respondióle su marido: Señora mujer, si como dixo jinetes dixera jinetas, que son raposas, guardára mis pollos que no me los coma. Dixo la señora doña Castellana: Pues por mucho que los guardeis yo comeré dellos. Su marido se rió y dixo: Eso sería la comida que hizo una mujer de Hierusalen, que, estando cercada por Vespasiano, emperador de Roma, y su hijo Tito, teniéndola en gran aprieto, al fin de diez años que duró la guerra, vinieron los cercados en tan gran rabia de hambre, que una viuda hebrea, de las que estaban dentro la ciudad, dió la muerte á un solo hijo que tenía mochacho, haciéndolo quatro quartos y comióselo. Dixo la señora doña Castellana: ¿Esos son los pollos? ¿y de qué gallina los habeis sacado? que si son vuestros hijos y de buena casta, no los comeré como la mujer hebrea, sino criarlos he para que no se pierdan, que los celos de la mujer no han de ser para hacer receloso á su marido.

Salió Joan Fernandez de Heredia y la señora doña Hierónima, su mujer, con unas ropas de terciopelo azul, recamadas de hilo de plata y oro, broslados unos ruiseñores, que son páxaros que no cantan ni muestran alegrarse sino en la primavera, y el mote decia:

Gozan del que yo quisiera Cantar en la primavera.

Doña Hierónima dióse cata que su marido habia sacado la invincion y el mote por una prima suya, y con un zuño dijo:

Señor marido, Hablemos un poco al oido.

Y él respondió:

Señora mujer, Guárdeme Dios de tal hacer.

Dixo la señora doña Hierónima:

Vos temeis que yo os dixera Quién es vuestra primavera, Ques tan falsa para vos, Como sois falsos los dos: Decidle ques por demas Quella me vesite más, Pues que vuestros ruiseñores Cantan que me sois traidores.

Dixo Joan Fernandez:

¿Quién os hizo trovadora, Mi señora, Quién os hizo trovadora?

Dixo la señora doña Hierónima, su mujer:

Por trovar vuestras maldades, Digo en versos las verdades. Que meresceis que yo diga Que vestis mujer y amiga; Pues dos jaulas parescemos, Destas aves que traemos; Ya nos dicen farsa es ésta, Paxareros son de fiesta; Yo me voy, quedaos con Dios, Que corrida voy con vos.

La Reina, viendo que se iba, le dijo: doña Hierónima, por me hacer placer, y pesar á quien os quiere mal, que volvais, que nunca se debe hacer lo que el enemigo quiere. La señora doña Hierónima volvió á la Reina y dixo:

Señora, con tan gran favor Yo seré tan socorrida Que no me veré corrida Sino por mi corredor.

Dijo Joan Fernandez, su marido:

¿Quién os ha mal enojado, Mi buen amor, Que me hicistes corredor?

Respondióle su mujer:

¿Quién os hizo pajarero, Caballero, Quién os hizo pajarero?

La Reina le dijo: Señora doña Hierónima, más querria ser vos que yo, que muy gran cordura es saber enojarse y desenojarse cuando es menester.

Vino á esta caza don Diego Ladron y la señora doña María, su mujer, y por lo que le pareció, él no salió vestido de fiesta y ella sí, con una ropa de terciopelo negro, toda broslada de unas sierpes, muy al natural, que tenian cortado del pescuezo un tercio y de la cola otro tanto, y en una montera que de lo mismo traia estaba este letrero:

En el medio está lo bueno; Que en los estremos Se pierden los que perdemos.