Part 4
Yo me alejé de tu lado Queriéndote sin saberlo, No sé como son tus ojos Tus manos ni tus cabellos. Solo me queda en la frente La mariposa del beso.
(Los relojes llevan la misma cadencia, Y las noches tienen las mismas estrellas.)
DESEO
_1920_
Solo tu corazón caliente, Y nada más.
Mi paraíso un campo Sin ruiseñor Ni liras, Con un río discreto Y una fuentecilla.
Sin la espuela del viento Sobre la fronda, Ni la estrella que quiere Ser hoja.
Una enorme luz Que fuera Luciernaga De otra, En un campo de Miradas rotas.
Un reposo claro Y allí nuestros besos, Lunares sonoros Del eco, Se abrirían muy lejos.
Y tu corazón caliente, Nada más.
LOS ÁLAMOS DE PLATA
_Mayo de 1919_
Los álamos de plata Se inclinan sobre el agua. Ellos todo lo saben pero nunca hablarán. El lirio de la fuente No grita su tristeza. ¡Todo es más digno que la humanidad!
La ciencia del silencio frente al cielo estrellado, La posee la flor y el insecto no más. La ciencia de los cantos por los cantos, la tienen Los bosques rumorosos Y las aguas del mar.
El silencio profundo de la vida en la tierra, Nos lo enseña la rosa Abierta en el rosal.
¡Hay que dar el perfume Que encierran nuestras almas! Hay que ser todo cantos, Todo luz y bondad. ¡Hay que abrirse del todo Frente a la noche negra, Para que nos llenemos de rocío inmortal!
¡Hay que acostar al cuerpo Dentro del alma inquieta! Hay que cegar los ojos con luz de más allá. Tenemos que asomarnos A la sombra del pecho, Y arrancar las estrellas que nos puso Satán.
Hay que ser como el árbol Que siempre está rezando, Como el agua del cauce Fija en la eternidad.
¡Hay que arañarse el alma con garras de tristeza Para que entren las llamas Del horizonte astral!
Brotaría en la sombra del amor carcomido, Una fuente de aurora Tranquila y maternal. Desaparecerían ciudades en el viento Y a Dios en una nube Veríamos pasar.
ESPIGAS
_Junio de 1919_
El trigal se ha entregado a la muerte. Ya las hoces cortan las espigas. Cabecean los chopos hablando Con el alma sutil de la brisa.
El trigal sólo quiere silencio. Se cuajó con el sol, y suspira Por el amplio elemento en que moran Los ensueños despiertos. El día, Ya maduro de luz y sonido, Por los montes azules declina.
¿Qué misterioso pensamiento Conmueve a las espigas? ¿Qué ritmo de tristeza soñadora Los trigales agita?...
¡Parecen las espigas viejos pájaros Que no pueden volar! Son cabecitas, Que tienen el cerebro de oro puro Y expresiones tranquilas.
Todas piensan lo mismo, Todas llevan Un secreto profundo que meditan. Arrancan a la tierra su oro vivo Y cual dulces abejas del sol, liban El rayo abrasador con que se visten Para formar el alma de la harina.
¡Oh, qué alegre tristeza me causais Dulcísimas espigas! Venís de las edades más profundas, Cantásteis en La Biblia, Y tocáis cuando os rozan los silencios Un concierto de liras.
Brotáis para alimento de los hombres, ¡Pero mirad las blancas margaritas Y los lirios que nacen _porque sí_! ¡Momias de oro sobre las campiñas! La flor silvestre nace para el Sueño Y vosotras nacéis para la vida.
MEDITACIÓN BAJO LA LLUVIA
FRAGMENTO
_3 de enero de 1919_
A JOSÉ MORA
Ha besado la lluvia al jardín provinciano Dejando emocionantes cadencias en las hojas. El aroma sereno de la tierra mojada, Inunda al corazón de tristeza remota.
Se rasgan nubes grises en el mudo horizonte. Sobre el agua dormida de la fuente, las gotas Se clavan, levantando claras perlas de espuma. Fuegos fatuos, que apaga el temblor de las ondas.
La pena de la tarde estremece a mi pena. Se ha llenado el jardín de ternura monótona. ¿Todo mi sufrimiento se ha perder, Dios mío, Como se pierde el dulce sonido de las frondas?
¿Todo el eco de estrellas que guardo sobre el alma Será luz que me ayude a luchar con mi forma? ¿Y el alma verdadera se despierta en la muerte? ¿Y esto que ahora pensamos se lo traga la sombra?
¡Oh, qué tranquilidad del jardín con la lluvia! Todo el paisaje casto mi corazón transforma, En un ruido de ideas humildes y apenadas Que pone en mis entrañas un batir de palomas.
Sale el sol. El jardín desangra en amarillo. Late sobre el ambiente una pena que ahoga. Yo siento la nostalgia de mi infancia intranquila, Mi ilusión de ser grande en el amor, las horas Pasadas como ésta contemplando la lluvia Con tristeza nativa. Caperucita roja Iba por el sendero... Se fueron mis historias, hoy medito, confuso, Ante la fuente turbia que del amor me brota.
¿Todo mi sufrimiento se ha de perder, Dios mío, Como se pierde el dulce sonido de las frondas?
Vuelve a llover. El viento va trayendo a las sombras.
MANANTIAL
FRAGMENTO
_1919_
La sombra se ha dormido en la pradera. Los manantiales cantan.
Frente al ancho crepúsculo de invierno Mi corazón soñaba. ¿Quién pudiera entender los manantiales, El secreto del agua Recién nacida. Ese cantar oculto A todas las miradas Del espíritu. Dulce melodía Más allá de las almas?...
Luchando bajo el peso de la sombra Un manantial cantaba. Yo me acerqué para escuchar su canto Pero mi corazón no entiende nada.
Era un brotar de estrellas invisibles Sobre la hierba casta Nacimiento del Verbo de la tierra Por un sexo sin mancha.
Mi chopo centenario de la vega Sus hojas meneaba Y eran las hojas trémulas de ocaso Como estrellas de plata. El resumen de un cielo de verano Era el gran chopo. Mansas Y turbias de penumbra yo sentía Las canciones del agua.
¿Qué alfabeto de auroras ha compuesto Sus ocultas palabras? ¿Qué labios las pronuncian? ¿Y qué dicen A la estrella lejana? ¡Mi corazón es malo, Señor! Siento en mi carne La inaplacable brasa Del pecado. Mis mares interiores Se quedaron sin playas. Tu faro se apagó. ¡Ya los alumbra Mi corazón de llamas! Pero el negro secreto de la noche Y el secreto del agua ¿Son misterios tan solo para el ojo De la conciencia humana? ¿La niebla del misterio no estremece Al árbol, el insecto y la montaña? ¿El terror de la sombra no lo sienten Las piedras y las plantas? ¿Es sonido tan solo esta voz mía? ¿Y el casto manantial no dice nada?
Más yo siento en el agua Algo que me estremece... como un aire Que agita los ramajes de mi alma.
¡Sé árbol! (Dijo una voz en la distancia.) Y hubo un torrente de luceros Sobre el cielo sin mancha.
Yo me incrusté en el chopo centenario Con tristeza y con ansia Cual Dafne varonil que huye miedosa De un Apolo de sombra y de nostalgia. Mi espíritu fundióse con las hojas Y fué mi sangre savia. En untosa resina convirtióse La fuente de mis lágrimas. El corazón se fué con las raíces, Y mi pasión humana, Haciendo heridas en la ruda carne Fugaz me abandonaba.
Frente al ancho crepúsculo de invierno Yo torcía las ramas Gozando de los ritmos ignorados Entre la brisa helada. Sentí sobre mis brazos dulces nidos, A cariciar de alas, Y sentí mil abejas campesinas Que en mis dedos zumbaban. ¡Tenía una colmena de oro vivo En las viejas entrañas! El paisaje y la tierra se perdieron Sólo el cielo quedaba, Y escuché el débil ruido de los astros Y el respirar de las montañas.
¿No podrán comprender mis dulces hojas El secreto del agua? ¿Llegarán mis raíces a los reinos Donde nace y se cuaja? Encliné mis ramajes hacia el cielo Que las ondas copiaban, Mojé las hojas en el cristalino Diamante azul que canta, Y sentí borbotar los manantiales Como de humano yo los escuchara. Era el mismo fluir lleno de música Y de ciencia ignorada.
Al levantar mis brazos gigantescos Frente al azul, estaba Lleno de niebla espesa, de rocío Y de luz marchitada.
Tuve la gran tristeza vegetal, El amor a las alas, Para poder lanzarse con los vientos A las estrellas blancas. Pero mi corazón en las raíces Triste me murmuraba: Si no comprendes a los manantiales ¡Muere y troncha tus ramas!
¡Señor, arráncame del suelo! ¡Dame oídos Que entiendan a las aguas! Dame un voz que por amor arranque Su secreto a las ondas encantadas; Para encender tu faro sólo pido Aceite de palabras.
¡Sé ruiseñor! dice una voz perdida En la muerta distancia, Y un torrente de cálidos luceros Brotó del seno que la noche guarda. ........................... ...........................
MAR
_Abril de 1919_
El mar es El Lucifer del azul. El cielo caído Por querer ser la luz.
¡Pobre mar condenado A eterno movimiento, Habiendo antes estado Quieto en el firmamento!
Pero de tu amargura Te redimió el amor. Pariste a Venus pura, Y quedóse tu hondura Virgen y sin dolor.
Tus tristezas son bellas, Mar de espasmos gloriosos. Mas hoy en vez de estrellas Tienes pulpos verdosos.
Aguanta tu sufrir Formidable Satán. Cristo anduvo por ti, Mas también lo hizo Pan.
La estrella Venus es La harmonía del mundo. ¡Calle el Eclesiastés! Venus es lo profundo Del alma...
... Y el hombre miserable Es un ángel caído. La tierra es el probable Paraíso perdido.
SUEÑO
_Mayo de 1919_
Iba yo montado sobre Un macho cabrío. El abuelo me habló Y me dijo: --Ese es tu camino. ¡Es ese!, gritó mi sombra, Disfrazada de mendigo. ¡Es aquel de oro, dijeron Mis vestidos! Un gran cisne me guiñó, Diciendo: ¡vente conmigo! Y una serpiente mordía Mi sayal de peregrino.
Mirando al cielo, pensaba: Yo no tengo camino. Las rosas del fin serán Como las del principio. En niebla se convierte La carne y el rocío.
Mi caballo fantástico me lleva Por un campo rojizo. ¡Déjame!, clamó, llorando, Mi corazón pensativo. Yo lo abandoné en la tierra, Lleno de tristeza. Vino La noche, llena de arrugas Y de sombras.
Alumbran el camino, Los ojos luminosos y azulados De mi macho cabrío.
OTRO SUEÑO
_1919_
¡Una golondrina vuela Hacia muy lejos!...
Hay floraciones de rocío Sobre mi sueño, Y mi corazón da vueltas, Lleno de tedio, Como un «tío vivo» en que la Muerte Pasea a sus hijuelos. ¡Quisiera en estos árboles Atar al tiempo Con un cable de noche negra, Y pintar luego Con mi sangre las riberas Pálidas de mis recuerdos. ¿Cuántos hijos tiene la Muerte? ¡Todos están en mi pecho!
¡Una golondrina viene De muy lejos!
ENCINA
_1919_
Bajo tu casta sombra, encina vieja, Quiero sondar la fuente de mi vida Y sacar de los fangos de mi sombra Las esmeraldas líricas.
Echo mis redes sobre el agua turbia Y las saco vacías. ¡Más abajo del cieno tenebroso Están mis pedrerías!
¡Hunde en mi pecho tus ramajes santos!, ¡Oh solitaria encina!, Y deja en mi sub-alma Tus secretos y tu pasión tranquila.
Esta tristeza juvenil se pasa, ¡Ya lo sé! La alegría Otra vez dejará sus guirnaldas Sobre mi frente herida, Aunque nunca mis redes pescarán La oculta pedrería De tristeza inconsciente que reluce Al fondo de mi vida.
Pero mi gran dolor trascendental Es tu dolor, encina. Es el mismo dolor de las estrellas Y de la flor marchita.
Mis lágrimas resbalan a la tierra Y, como tus resinas, Corren sobre las aguas del gran cauce Que va a la noche fría. Y nosotros también resbalaremos, Yo con mis pedrerías, Y tú plenas las ramas de invisibles Bellotas matafísicas.
No me abandones nunca en mis pesares, Esquelética amiga. Cántame con tu boca vieja y casta Una canción antigua, Con palabras de tierra entrelazadas En la azul melodía.
Vuelvo otra vez a echar las redes sobre La fuente de mi vida, Redes hechas con hilos de esperanza, Nudos de poesía, Y saco piedras falsas entre un cieno De pasiones dormidas.
Con el sol del otoño toda el agua De mi fontana vibra, Y noto que sacando sus raíces Huye de mí la encina.
INVOCACIÓN AL LAUREL
_1919_
A PEPE CIENFUEGOS
Por el horizonte confuso y doliente Venía la noche preñada de estrellas. Yo, como el barbudo mago de los cuentos, Sabía lenguajes de flores y piedras.
Aprendí secretos de melancolía, Dichos por cipreses, ortigas y yedras; Supe del ensueño por boca del nardo, Canté con los lirios canciones serenas.
En el bosque antiguo, lleno de negrura, Todos me mostraban sus almas cual eran: El pinar, borracho de aroma y sonido; Los olivos viejos, cargados de ciencia; Los álamos muertos, nidales de hormigas; El musgo, nevado de blancas violetas.
Todo hablaba dulce a mi corazón Temblando en los hilos de sonora seda Con que el agua envuelve las cosas paradas Como telaraña de harmonía eterna.
Las rosas estaban soñando en la lira, Tejen las encinas oros de leyendas, Y entre la tristeza viril de los robles Dicen los enebros temores de aldea.
Yo comprendo toda la pasión del bosque: Ritmo de la hoja, ritmo de la estrella. Mas decidme, ¡oh cedros!, si mi corazón Dormirá en los brazos de la luz perfecta.
Conozco la lira que presientes, rosa; Formé su cordaje con mi vida muerta. ¡Dime en qué remanso podré abandonarla Como se abandonan las pasiones viejas!
¡Conozco el misterio que cantas, ciprés; Soy hermano tuyo en noche y en pena; Tenemos la entraña cuajada de nidos, Tú de ruiseñores y yo de tristezas!
¡Conozco tu encanto sin fin, padre olivo, Al darnos la sangre que extraes de la Tierra; Como tú, yo extraigo con mi sentimiento El óleo bendito Que tiene la idea!
Todos me abrumáis con vuestras canciones; Yo sólo os pregunto por la mía incierta; Ninguno queréis sofocar las ansias De este fuego casto Que el pecho me quema.
¡Oh laurel divino, de alma inaccesible, Siempre silencioso, Lleno de nobleza! ¡Vierte en mis oídos tu historia divina, Tu sabiduría profunda y sincera!
¡Árbol que produces frutos de silencio, Maestro de besos y mago de orquestas, Formado del cuerpo rosado de Dafne Con savia potente de Apolo en tus venas!
¡Oh gran sacerdote del saber antiguo! ¡Oh mudo solemne cerrado a las quejas! ¡Todos tus hermanos del bosque me hablan; Sólo tú, severo, mi canción desprecias!
Acaso, ¡oh maestro del ritmo!, medites Lo inútil del triste llorar del poeta. Acaso tus hojas, manchadas de luna, Pierdan la ilusión de la primavera.
La dulzura tenue del anochecer, Cual negro rocío, tapizó la senda, Teniendo de inmenso dosel a la noche, Que venía grave, preñada de estrellas.
RITMO DE OTOÑO
_1920_
A MANUEL ANGELES
Amargura dorada en el paisaje. El corazón escucha.
En la tristeza húmeda El viento dijo:
--Yo soy todo de estrellas derretidas, Sangre del infinito. Con mi roce descubro los colores De los fondos dormidos. Voy herido de místicas miradas, Yo llevo los suspiros En burbujas de sangre invisibles Hacia el sereno triunfo Del Amor inmortal lleno de Noche. Me conocen los niños, Y me cuajo en tristezas Sobre cuentos de reinas y castillos. Soy copa de la luz. Soy incensario De cantos desprendidos Que cayeron envueltos en azules Transparencias de ritmo. En mi alma perdiéronse solemnes Carne y alma de Cristo, Y finjo la tristeza de la tarde Melancólico y frío. Soy la eterna harmonía de la Tierra. El bosque innumerable.
Llevo las carabelas de los sueños A lo desconocido. Y tengo la amargura solitaria De no saber mi fin ni mi destino.--
Las palabras del viento eran suaves, Con hondura de lirios. Mi corazón durmióse en la tristeza Del crepúsculo.
Sobre la parda tierra de la estepa Los gusanos dijeron sus delirios. --Soportamos tristezas Al borde del camino. Sabemos de las flores de los bosques, Del canto monocorde de los grillos, De la lira sin cuerdas que pulsamos, Del oculto sendero que seguimos. Nuestro ideal no llega a las estrellas, Es sereno, sencillo; Quisiéramos hacer miel, como abejas, O tener dulce voz o fuerte grito, O fácil caminar sobre las hierbas, O senos donde mamen nuestros hijos.
Dichosos los que nacen mariposas O tienen luz de luna en su vestido. ¡Dichosos los que cortan la rosa Y recogen el trigo! ¡Dichosos los que dudan de la Muerte Teniendo Paraíso, Y el aire que recorre lo que quiere Seguro de infinito. Dichosos los gloriosos y los fuertes, Los que jamás fueron compadecidos, Los que bendijo y sonrió triunfante El hermano Francisco. Pasamos mucha pena Cruzando los caminos. Quisiéramos saber lo que nos hablan Los álamos del río.--
Y en la muda tristeza de la tarde Respondióles el polvo del camino: --Dichosos, ¡oh gusanos!, que tenéis Justa conciencia de vosotros mismos, Y formas y pasiones Y hogares encendidos. Yo en el sol me disuelvo Siguiendo al peregrino, Y cuando pienso ya en la luz quedarme Caigo al suelo dormido.--
Los gusanos lloraron y los árboles Moviendo sus cabezas pensativos Dijeron:--El azul es imposible. Creimos alcanzarlo cuando niños, Y quisiéramos ser como las águilas Ahora que estamos por el rayo heridos. De las águilas es todo el azul.-- Y el águila a lo lejos --¡No, no es mío! Porque el azul lo tienen las estrellas Entre sus claros brillos.-- Las estrellas:--Tampoco lo tenemos: Está sobre nosotras escondido.-- Y la negra distancia:--El azul Lo tiene la esperanza en su recinto.-- Y la esperanza dice quedamente Desde el reino sombrío: --Vosotros me inventasteis corazones.-- Y el corazón... ¡Dios Mío!
El otoño ha dejado ya sin hojas Los álamos del río. El agua ha adormecido en plata vieja Al polvo del camino. Los gusanos se hunden soñolientos En sus hogares fríos. El águila se pierde en la montaña; El viento dice: «Soy eterno ritmo». Se oyen las nanas a las cunas pobres, Y el llanto del rebaño en el aprisco.
La mojada tristeza del paisaje Enseña como un libro Las arrugas severas que dejaron Los ojos pensadores de los siglos.
Y mientras que descansan las estrellas Sobre el azul dormido, Mi corazón ve su ideal lejano Y pregunta: ¡Dios mío! Pero, Dios mío, ¿a quién? ¿Quién es Dios mío? ¿Por qué nuestra esperanza se adormece Y sentimos el fracaso lírico Y los ojos se cierran comprendiendo Todo el azul?
Sobre el paisaje viejo y el hogar humeante Quiero lanzar mi grito, Sollozando de mí como el gusano Deplora su destino. Pidiendo lo del hombre Amor inmenso y azul como los álamos del río. Azul de corazones y de fuerza, El azul de mí mismo, Que me ponga en las manos la gran llave Que fuerce al infinito. Sin terror y sin miedo ante la muerte, Escarchado de amor y de lirismo. Aunque me hiera el rayo como al árbol Y me quede sin hojas y sin grito.
Ahora tengo en la frente rosas blancas Y la copa rebosando vino.
AIRE DE NOCTURNO
_1919_
Tengo mucho miedo De las hojas muertas, Miedo de los prados Llenos de rocío. Yo voy a dormirme; Si no me despiertas, Dejaré a tu lado mi corazón frío.
¿Qué es eso que suena muy lejos? Amor. El viento en las vidrieras, ¡Amor mío!
Te puse collares Con gemas de aurora. ¿Por qué me abandonas En este camino? Si te vas muy lejos Mi pájaro llora Y la verde viña No dará su vino.
¿Qué es eso que suena Muy lejos? Amor. El viento en las vidrieras, ¡Amor mío!
Tú no sabrás nunca, Esfinge de nieve, Lo mucho que yo Te hubiera querido Esas madrugadas Cuando tanto llueve Y en la rama seca Se deshace el nido.
¿Qué es eso que suena Muy lejos? Amor. El viento en las vidrieras, ¡Amor mío!
NIDO
_1919_
¿Qué es lo que guardo en estos Momentos de tristeza? ¡Ay quien tala mis bosques Dorados y floridos! ¿Qué leo en el espejo de plata conmovida Que la aurora me ofrece Sobre el agua del río? ¿Qué gran olmo de idea Se ha tronchado en mi bosque? ¿Qué lluvia de silencio Me deja estremecido? Si a mi amor dejé muerto En la ribera triste, ¿Qué zarzales me ocultan Algo recién nacido?
OTRA CANCIÓN
_1919 (Otoño)_
¡El sueño se deshizo para siempre!
En la tarde lluviosa Mi corazón aprende La tragedia otoñal Que los árboles llueven.
Y en la dulce tristeza Del paisaje que muere Mis voces se quebraron. El sueño se deshizo para siempre. ¡Para siempre! ¡Dios mío! Va cayendo la nieve En el campo desierto De mi vida, Y teme La ilusión, que va lejos, De helarse o de perderse.
¡Cómo me dice el agua Que el sueño se deshizo para siempre! ¿El sueño es infinito? La niebla lo sostiene, Y la niebla es tan sólo Cansancio de la nieve.
Mi ritmo va contando Que el sueño se deshizo para siempre. Y en la tarde brumosa Mi corazón aprende La tragedia otoñal Que los árboles llueven.
EL MACHO CABRIO
_1919_
El rebaño de cabras ha pasado Junto al agua del río. En la tarde de rosa y de zafiro, Llena de paz romántica, Yo miro Al gran macho cabrío.
¡Salve demonio mudo! Eres el más Intenso animal. Místico eterno Del infierno Carnal...
¡Cuántos encantos Tiene tu barba, Tu frente ancha, Rudo don Juan! ¡Qué gran acento el de tu mirada Mefistofélica Y pasional!
Vas por los campos Con tu manada Hecho un eunuco ¡Siendo un sultán! Tu sed de sexo Nunca se apaga; ¡Bien aprendiste Del padre Pan!
La cabra, Lenta te va siguiendo, Enamorada con humildad; Mas tus pasiones son insaciables; Grecia vieja Te comprenderá.
¡Oh ser de hondas leyendas santas De ascetas flacos y Satanás Con piedras negras y cruces toscas, Con fieras mansas y cuevas hondas Donde te vieron entre la sombra Soplar la llama De lo sexual!
¡Machos cornudos De bravas barbas! ¡Resumen negro a lo medieval!
Nacisteis juntos con Filomnedes Entre la espuma casta del mar, Y vuestras bocas La acariciaron Bajo el asombro del mundo astral.
Sois de los bosques llenos de rosas Donde la luz es huracán; Sois de los prados de Anacreonte, Llenos con sangre de lo inmortal.
¡Machos cabríos! Sois metamórfosis De viejos sátiros Perdidos ya. Vais derramando lujuria virgen Como no tuvo otro animal.
¡Iluminados del Mediodía! Pararse en firme Para escuchar Que desde el fondo de las campiñas El gallo os dice: ¡Salud!, al pasar.
ÍNDICE
Palabras de justificación 7
Veleta 10
Los encuentros de un caracol aventurero 14
Canción otoñal 22
Canción primaveral 26
Canción menor 30