Letras Obras Completas Vol. VIII
Part 6
Concentraré. Aún me deleita, como la primera vez, aquella inicial significación de las alondras. «Les coups de ciseaux gravissent l’air.» Es el poemal comienzo de la vida en la sucesión cotidiana. Son el clarín del gallo, «la diana» y la salida del sol. De poner los ojos en una rata nace una música de ideas, y aun de ver la ropa lavada que tiende la madre en la aldea. Cada paso en la existencia da nacimiento a una lírica expansión. Interpreta el tiempo, el número, el espacio. Siempre está en él el pensamiento. Las apariencias se expresan, se entrelazan las alegorías. ¿Es prosa, es verso? El ritmo impera. Y hay verso y prosa, o solo verso, según el entender mallarmeano.
Yo he respirado los perfumes de la Rosa y me he herido en las Espinas del camino... Del sol me he abrevado con el que nació en el Mediodía y no he perdido nunca su don apolíneo; y con brazos de fuego he penetrado la floresta del misterio, clamando, por donde Mæterlinck habla en voz baja...
Largas páginas tendría que escribir para hacer un estudio de esta producción de psíquicas piedras preciosas. Desde el primero hasta el reciente tomo de los _Reposorios_, la maestría se ha querido demostrar, lográndolo, poseída de don infuso, extraordinario. ¿Quién le llamó pastor? ¿Quién le llamó loco? Pastor de ideas, loco de poesía, con más filosofía que las bibliotecas y ardiendo en amor humano. ¡Ser pastor, Dios mío, ser pastor como Apolo, como Jesucristo! estado, por consiguiente divino.
Rara vez habréis leído en ningún autor tal maravilla de transposiciones conceptuales en un discurso prestigioso casi todo constituído de alusión. Y la manera es por extremo singular de armonía y de libre voluntad. El poeta dice en cortos períodos sonoros las voliciones íntimas de las cosas, los secretos del vínculo, las correspondencias de las plantas y de los animales, Gaspard Hauser en el arca de Noé, Orfeo que ha habitado en París. ¿Quién aseguraba que tan solamente en el Norte florecía bajo las nieblas el árbol del misterio? De misterio vivía envuelto en sol Raimundo Lulio, en un día hecho de pedrerías; de misterio arden aún las mágicas _Mil y una Noches_, y por Saint-Pol-Roux del misterio vienen, de una selva encantada de misterio, su blanca Paloma, su negro Cuervo, su Pavo real.
«Por mínimo que fuese, yo he sido, tal vez por momentos, el protagonista del gran Pan», dice alguna vez.
Es la reducción del Universo al servicio del poeta, en cuya alma, por divina virtud, se juntan todo el tiempo y todo el espacio. ¿A quién se parece Saint-Pol-Roux? Primeramente, «a sí mismo», y luego, a la Poesía. Mas no por ser tal flor de propio carácter dejará de tener tales relaciones. Hay en la obra de Saint-Pol-Roux esencias que creéis distinguir en el ramo singular. Esencia de Píndaro y esencia de Ezequiel, esencia de Rabelais y esencia de Virgilio, esencia de Góngora y esencia de Hugo, esencia de Gœthe y esencia de Mallarmé... Mas, sobre todo, esencia del día y esencia de la noche, esencia del cielo y esencia de la tierra, esencia de la Vida y esencia de la Muerte. ¡La Muerte! Desde Orcagna, desde la danza Macabra, nadie ha podido como él traer por el poder del Arte ante nuestros ojos, personalizada y vestida de símbolos, a la siniestra Flaca, a la Dama de la Hoz. Una vez lograda esa caza de prodigio, volvió a los reinos vitales.
Y así continúa, coleccionando en el receptáculo de los libros la riqueza que extrae de sus hondos senos propios. Y para andar entre las gentes preciso le es el hablar el idioma de todos los días, vivir la diaria vida. Sus pescadores, sus vecinos sencillos, le aman. Cuando pasa por las calles del pueblo todo el mundo le señala con afecto.
Con las rocas habita, en una altura, en frente del mar. Abajo tiene arena blanda; sedas de espuma. Y en el invierno, el viento hace temblar el manoir. Se levanta matinal. Trabaja fumando su pipa. La luz de su lámpara sirve de faro a las barcas de pesca que vuelven por la madrugada.
EL PUEBLO DEL POLO
El progreso moderno es enemigo del ensueño y del misterio, en cuanto a que se ha circunscrito a la idea de utilidad. Mas, no habiéndose todavía dado un solo paso en lo que se refiere al origen de la vida y a nuestra desaparición en la inevitable muerte, el ensueño y el misterio permanecen con su eterna atracción. Lo desconocido en la naturaleza surge de repente en formas tales, que llegan a realizar lo imaginado. El radium es un milagro. Todavía no se sabe lo que es la electricidad. A este propósito, en un libro reciente, dice M. Lucien Poincaré: «Los espíritus, aun los más cultivados, tienen una tendencia tan natural como engañadora a creer que han comprendido la causa de un fenómeno cuando se ha dado una explicación que junta ese fenómeno a otro anteriormente conocido, y al cual se está acostumbrado desde hace tiempo. Reflexiónese un poco y se advertirá que el embarazo en que se encuentra el sabio sería igualmente grande si fuera preciso dar una explicación completa de no importa qué otro fenómeno físico, aun tomado entre los más familiares. Si ante una de las aplicaciones más sencillas y más vulgares de la corriente eléctrica, en frente, supongamos, de una modesta campanilla eléctrica, el físico se encuentra un tanto molesto cuando se le pregunta cómo la energía de la pila se transporta a lo largo de un hilo, y a qué modificaciones en el hierro corresponde la imantación del electroimán, estaría en el derecho de hacer notar que sabría, además, satisfacer plenamente la curiosidad de quien quisiera darse una cuenta enteramente exacta de las razones profundas por las cuales la vieja y respetable campanilla antaño usada hace oir un sonido cuando se tira del cordón.» Así en todo. La ciencia de hoy corrige a la de ayer; mas poco a poco y de tiempo en tiempo se descubre o se entrevé un nuevo enigma del universo, que hace más profundo y formidable el enigma total. Muchos creen que la astronomía y la química son las sucesoras de la astrología y de la alquimia. ¡De ninguna manera! protesta un estudioso como M. Jacques Brieu. Preguntad a Paúl Flamblart, Selva, Fomalhaut, Barlet y algunos otros, de los cuales tres o cuatro, por lo menos, son antiguos alumnos de la Politécnica, si se debe confundir la astrología con la astronomía. Esta difiere de aquélla tanto como la anatomía de la fisiología y de la psicología. En cuanto a la química, _comienza apenas ahora a entrar en los dominios de la alquimia_.--Dijérase que el ejercicio de la inteligencia nunca como hoy ha contado con más investigadores de absoluto. En otras épocas, la concentración de la labor mental, en solitarios gabinetes y en silenciosas celdas de conventos, se tendía por el esfuerzo teológico a la rebusca y comprensión de Dios. Hoy la unida labor intelectual se dirige a la exploración de la materia y de la fuerza, de lo arcano inmediato, de lo que nos rodea; y está en nosotros mismos.
Pero, tanto en lo lejano de los astros apenas vislumbrados con el aún impotente telescopio, como en lo recóndito de la vida atómica, hay un infinito ignorado. La geografía ha avanzado mucho. Mas ¿está todo el globo ya en nuestros nutridos inventarios? Hay todavía rincones inviolados. Y está el Polo, guardado aún por la enorme y blanca esfinge que surge en una de las más maravillosas creaciones o supervisiones de Poe.
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Tales temas tientan hoy a más de un escritor de imaginación. Wells, el inglés, ha sido el conquistador de la celebridad inmediata por sus novelas extraordinarias. Hay antecesores ilustres, y con razón se ha citado a este respecto los nombres de Poe, de Villiers de l’Isle Adam, y aun el del venerable y pueril Julio Verne.
Otros pueden agregarse, en cierto sentido, como Lytton Bullver o Rider Hagard. En Francia, y tratándose únicamente de la sorpresa intelectual producida por la obra de Wells, no habían aparecido aún seguidores del autor británico. M. Charles Derennes, cuya reciente obra _El pueblo del Polo_ acabo de leer, me parece que inicia la serie de los imitadores, y a pesar de lo que en su contra tiene toda imitación, el libro de que trato logra el propósito, y podría pasar por «du Wells», si no apareciese en medio de los más interesantes momentos de la acción el inevitable «esprit», que echa a perder la intensidad de lo que nos conmueve y hace pensar.
La fabulación es sencilla; y el procedimiento conocido: prólogo explicativo, manuscrito encontrado. El autor cuenta que en Septiembre del año de 1906 se encontraba en Saint-Margarit Bay, pueblo del condado Real, en la costa del Paso de Calais, a seis millas de Dover. Allí se junta con un su amigo, Luis Valentón, profesor del Colegio de Francia, miembro del Instituto, que ha hecho grandes exploraciones en Siberia, y que ha descubierto muchas cosas; entre ellas un esqueleto de animal desconocido que habría regocijado al sabio Ameghino y que él califica de antroposauro. Este animal, explica Valentón, es contemporáneo de los primeros hombres, y la inteligencia humana y la inteligencia... antroposauria han debido, en una época, existir juntamente...
Hay una comparación que me parece explicar bien la manera con que las especies evolucionan, se transforman y salen las unas de las otras. Imaginada familia que posee una casa en un país fértil. Los campos la nutren, nutren a los primeros hijos y aun, quizás, a los hijos de esos hijos; pero la raza se multiplica, el terreno no basta ya, y pronto tienen las nuevas generaciones que ir a buscar fortuna a otra parte. Esos hombres llegan a ser lo que la naturaleza de su patria de adopción quiere que sean; si el país es, por ejemplo, cubierto de bosques y poblado de animales, serán cazadores y no agricultores como sus hermanos y primos que han quedado en la tierra original de la raza.
Así, abandonando los pantanos primitivos donde vivían los monstruosos saurios de las viejas edades, ciertas especies han, poco a poco, ganado la tierra firme, se han cubierto de pelo, y de ellas han salido las razas mamíferas. Pero las especies fraternas que habían permanecido en los pantanos no dejaron de transformarse menos en el sentido del progreso, y entonces, ¿qué de extraño hay en que una o varias de ellas hayan llegado, como la especie humana, hasta la posesión de un cerebro dotado de razón y de inteligencia, punto culminante del progreso que nos es permitido concebir para un ser viviente?
En resumen; queda casi afirmada la existencia del antroposaurio, rival único del primate triunfante, del rey de la creación. Mas ¿dónde existe el antroposaurio? «_Quelque part il y a quelque chose_», dice el miembro del Instituto. Y entrega al autor un manuscrito, encontrado cerca de los hielos polares entre una lata de gasolina--, como el de un cuento de Poe fué encontrado en una botella.
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En el manuscrito cuenta un tal Vénasque las más raras aventuras. Después de una introducción sobre los antecedentes familiares y su modo de ver y de pensar, presenta a un su amigo llamado Ceintra, ingeniero, preocupado del problema de la navegación aérea. Ambos se proponen construir un dirigible con el cual pueden ir nada menos que a descubrir el Polo--, anticipándose así a los proyectos de la expedición Wellmann, de que tanto se ha hablado últimamente. Se ensayó un primer globo cerca de París. Para el segundo se pensó en un lugar cercano a las regiones árticas, «a fin de que las condiciones climatéricas durante las experiencias y durante el viaje fuesen las mismas». Escogieron Kabarowa, aldea samoyeda, al Sur del estrecho de Yugor, a la entrada del mar de Mara, último lugar habitado que vió Nansen antes de internarse entre las nieves polares.
Para abreviar detalles: el dirigible dió buen resultado y ambos amigos se embarcaron con rumbo a lo desconocido. Después de pasada una vasta región glacial, se encuentran conque la temperatura desciende. Y, primera sorpresa extraordinaria, entran en la verdadera parte polar de la tierra, en donde el día, según lo advierten, es de color violeta. Descubren aspectos extraños, vegetaciones distintas a las conocidas. El paisaje no tenía verdaderamente nada de terrestre. Y fué mucho peor cuando, de pronto, el manto de bruma que cubría el horizonte se desgarró y el sol del Polo apareció en el extremo de la llanura, inmenso y semejante a un escudo de metal empañado; el poder del dueño de la Tierra parecía aquí aniquilado por el de la singular fuerza luminosa que había invadido el cielo; ningún rayo emanaba de él, y se veía en la claridad violeta como una luciérnaga bajo el brillo de una lámpara de arco. A esa luz misteriosa perciben el vuelo de no conocidos pájaros. La influencia de un gran peso de ondas eléctricas se reconoce en el ambiente. Quieren huir, pero no pueden mover el globo, a pesar de funcionar bien el motor; y la barquilla, que tiene gran parte acerada, es atraída por un enorme imán, como el del cuento de Simbad. Por de pronto, los viajeros viven de sus provisiones, y tienen de ellas copioso depósito. Se convencen, con todo, de que son prisioneros de seres inteligentes que les rodean sin dejarse vencer por ellos.
En la tierra encuentran huellas de un animal ignorado. La arcilla suave y flexible había netamente guardado la huella del paso de un animal... Un paso aquí, otro allá... tiene el aspecto de una huella de bípedo, o, mejor, de un animal que utiliza únicamente para caminar sus miembros posteriores y su cola: algo como un kanguro... ¿Se trata del iguanodon...? Quizá hay rebaños de iguanodones, de iguanodones domesticados... Como el lector comprende, el antroposaurio va a aparecer. Han encontrado, en ciertas rocas, o en la tierra, puertas metálicas. Han oído ruidos subterráneos. Y luego, se dan cuenta de que les han robado varias piezas del motor. Advierten que la luz especial que allí forma el día es producida a voluntad. Por fin, un ser, el «ser» de esos lugares, se deja ver. «Desde que hube observado ese cráneo extremadamente desarrollado, hipertrofiado en partes, y como hinchado de un exceso de cerebro; desde que, sobre todo, los grandes ojos iluminados de un reflejo interior, se fijaron en los míos, comprendí definitivamente que esa criatura estaba dotada de razón.
»Pero el aspecto del monstruo no recordaba en nada el del hombre. Estaba acurrucado sobre sus miembros posteriores, y debía andar apoyándose en su fuerte cola; sus brazos grotescos y cortos, en lugar de caer en el reposo, a lo largo de los costados, parecían restos de manos, sino dedos unidos directamente a los puños, dedos desunidos y larguísimos, más largos que los brazos, al parecer, y semejantes a tentáculos. Sobre, la cara, nada de pelos; una piel descolorida y pálida que me hacía pensar en una cabeza de ternero pelada. Los ojos redondos, ligeramente salientes y metidos, sin párpados visibles en las órbitas prominentes. En lugar de nariz, dos hoyos profundos de donde salía vapor; abajo, la raja desmesurada de una boca de reptil provista de muchos dientes agudos que no llegaban a cubrir los labios delgados y córneos. En las comisuras de los labios, que se juntaban casi a las orejas movibles y minúsculas, salía un poco de saliva. El mentón no existía, o desaparecía bajo los lisos repliegues de pellejo blando que había sobre el cuello y la parte superior del tronco. Después, por dos veces, los párpados se agitaron, y velaron un instante los ojos, blancos, tenues, casi diáfanos, como los de las serpientes o de los pájaros».
Poco a poco, Vénasque llega a hacerse vagamente comprender por señas de algunos de los monstruos. Mas el ingeniero Ceintras se vuelve loco, y, una vez que han podido penetrar en el imperio subterráneo de los habitantes del Polo, si Vénasque tiene tiempo para observar un sistema de gobierno, una ciencia y una vida social singulares, su compañero, armado de una carabina, asesina una cantidad increíble de antroposaurios; el paso de los dos humanos ha sido una catástrofe en ese mundo recóndito. El loco se pierde entre los hielos, una vez salido de las entrañas de la tierra; y Vénasque puede aún escribir su relación antes de la inevitable desaparición. Ese es el resumen de la obra.
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Desde luego, como he dicho, el libro interesa. Desgraciadamente, en lo mejor de la narración, un diálogo que se quiere hacer espiritual, la cosa parisiense, la «blague» bulevardera, descompone la tensión curiosa del que lee. Algunas descripciones del novelista hacen pensar en otros autores. La luz producida por una fuerza especial que maneja un sabio tan solamente dedicado a eso, recuerda el «vril» de la también subterránea «raza futura» de lord Lytton. La labor de los polares y hasta su superdesarrollado cerebro, tienen más de un punto de semejanza con los selenitas y con los marcianos de dos novelas de Wells muy conocidas. A pesar de todo, me ha complacido le lectura de este volumen, que no tiene nada que ver con el adulterio y el apachismo ambientes, y cuyo autor busca en problemas científicos atrayentes como las más bien urdidas fábulas, un tema que hace pensar y mantiene la atención viva.
HÉRCULES Y DON QUIJOTE
Un notable escritor y poeta, que por cierto es de la familia de Castelar--me refiero a don Mariano Miguel de Val, dice lo siguiente:
«Es un libro que está por hacerse, a pesar de lo agotado que parecía el tema: Hércules y Sileno, precursores del valeroso hidalgo Don Quijote y de su escudero Sancho. Hércules, libertador de los oprimidos, amparo de los débiles, castigo de los tiranos y espanto de los monstruos, tiene tales analogías con el ingenioso hidalgo de la Mancha, que hasta la protección de Palas Atenea, diosa de la sabiduría, parece sentar el principio de que también al hijo adulterino de Júpiter le sorbieron el seso los libros, más o menos de caballerías.»
La comparación de Don Quijote con Hércules me parece nueva e ingeniosa. La de Sancho y Sileno la había hecho ya el gran Hugo en un capítulo de su _William Shakespeare_.
«En Cervantes--dice--, un recién llegado entrevisto en Rabelais, hace decididamente su entrada: es el buen sentido. Se le ha percibido en Panurgo, se le ve de lleno en Sancho. Llega como el Sileno de Plauto, y él también puede decir: Soy el Dios montado sobre un asno.»
El señor de Val busca los puntos de semejanza en los dos héroes. Hércules, en su destierro, condenado por Anfitrión, rey de Tebas, haciendo vida pastoril, y don Quijote, enamorado y poeta, en Sierra Morena. En las «salidas» hubo indudablemente muchos «trabajos»; las aventuras de los molinos de viento, en la venta, lo del yelmo de Mambrino, la liberación de los presos, el caballero del bosque, los leones, a los cuales se pueden agregar el descenso a la cueva de Montesinos, los batanes, los cuadrilleros, el barco encantado y tantos otros momentos de la vida heroica del caballero de los caballeros.
Todo esto, desde cierto punto de vista, es comparable con las hazañas del esposo de Deyanira. Mas, a mi entender, la psicología, digamos así, de los dos personajes, es absolutamente distinta. Además, Don Quijote es inseparable de Rocinante. Es el «caballero». Diríase que sin su caballería está incompleto. Cuando no va en Rocinante hacia el heroísmo, va en Clavileño hacia el ensueño. Hércules no cabalga. La única vez que usa de corceles es cuando ya consumido su cuerpo por las llamas en la cumbre del Œta, en soberbia apoteosis, y bajo su olímpico aspecto de inmortal, asciende, por orden de Júpiter, hasta los astros, en un carro tirado por una cuadriga:
Quem pater omnipotens inter cava nubila raptum Quadrijugo curru radiantibus intulit astris.
Podríase comparar don Quijote, a ese respecto, con Belerofonte, con Perseo, ambos jinetes de Pegaso y sublimes caballeros andantes. Cervantes cita poco a Hércules. En la primera parte del _Quijote_, cuando habla de las lecturas del héroe, dice:
«Mejor estaba con Bernardo del Carpio, porque en Roncesvalles había muerto a Roldán el encantado valiéndose de la industria de Hércules, cuando ahogó a Anteón, el hijo de la Tierra, entre los brazos.»
Hércules es el prototipo de la fuerza bruta, aunque, según las palabras de Muller, «lo heroico-ideal está expresado con la mayor fuerza en Hércules, quien fué preeminentemente un héroe nacional helénico. Su semejante bíblico es Sansón. Don Quijote es el Espíritu cabalgante, el Ideal caballero. Otros hay que pudiéranse nombrar a su respecto: el ya dicho Perseo, San Jorge, Santiago, Astolfo--y todo Poeta que monta en Pegaso.
Don Quijote es casto. Hércules es tan lascivo como Pan. En el canto en que Deyanira se dirige a su esposo en las _Nereidas_, de Ovidio, ella enumera alguna de las eróticas fazañas del formidable _marcheur_. Le habla de sus amoríos errantes y variados. «Cualquier mujer, le dice, puede ser madre por obra tuya.» Le recuerda la violación de Angea y el «pueblo de mujeres», nietas de Teutra, de las cuales gozó, y la tremenda Onfalia, que afemina al beluario, y le hace hilar a sus pies como a una esclava. Don Quijote no encuentra siquiera a Dulcinea y n se deja tentar por la carne, siempre con el alma de hinojos ante la figura soñada. Hércules, por fin, es el semidiós medio bandido, y don Quijote, aunque él asegure, al compararse con don San Jorge y don San Diego y otros caballeros canonizados, que ellos pelearon a lo divino y él a lo humano, es un paladín medio santo.
¿Y Sancho y Sileno? Ya hemos visto cómo Hugo hace la comparación en su libro sobre Shakespeare. Sancho es también inseparable de su asno. Recordaré el párrafo del admirable capítulo:
«Llega como el Sileno de Plauto y él también puede decir: Soy el Dios montado sobre un asno. La cordura en seguida, la razón muy tarda; es la historia extrema del espíritu humano. ¿Qué de más cuerdo que todas las religiones? ¿Qué de menos razonable? Morales verdaderas, dogmas falsos. La cordura está en Homero y en Job; la razón, tal como debe ser para vencer los prejuicios, es decir, completa y armada en guerra, no estará sino en Voltaire.
El buen sentido no es la cordura y no es la razón. Es un poco de lo uno y un poco de lo otro, con un matiz de egoísmo. Cervantes lo pone a caballo sobre la ignorancia, y al mismo tiempo, acabando su irrisión profunda, da por caballería al heroísmo la fatiga. Así muestra, en uno después del otro, el uno con el otro, los dos perfiles del hombre y las parodias, sin más piedad para lo sublime que para lo grotesco. El hipógrifo llega a ser Rocinante. Detrás del personaje ecuestre, Cervantes crea y pone en marcha el personaje asnal. Entusiasmo entra en campaña. Ironía sigue al paso. Los altos hechos de Don Quijote, sus espolazos, su gran lanza enderezada, son juzgados por el asno; perito en molinos. La invención de Cervantes es magistral, hasta el punto que hay entre el hombre tipo y el cuadrúpedo complemento, adherencia estatuaria, el razonador como el aventurero hace un solo cuerpo con la bestia, que le es propia, y no se puede desmontar ni a Don Quijote ni a Sancho Panza.»
El asno de Sancho es silencioso y paciente, el asno de Sileno de Plauto está dotado del don de la palabra, como el de Balaan, como el que dialoga en Turmeda, como el que habla largamente al filósofo Kant en el poema de Víctor Hugo. El asno ha tenido insignes cantores desde Grecia y Roma, hasta Daniel Heinsius, hasta Hugo, hasta nuestro buen Lugones. Cierto es que, el dulce animal de las largas orejas, además de conducir a Sancho y a Sileno, sirvió de caballería triunfal al Señor de Amor en su entrada a Jerusalén.
UN RECUERDO A CASTELAR
Hace poco tiempo, el señor don Adolfo Calzado, publicó un volumen que contiene muchas cartas de Castelar, dirigidas a él--desde el año de 1868 hasta el 98--, y otras escritas a Castelar por Víctor Hugo, Renán, Dumas, Duque de la Victoria, Mazzini, Thiers, Garibaldi y otros famosos y gloriosos hombres de diferentes naciones.