Las mejores tradiciones peruanas

Part 22

Chapter 222,909 wordsPublic domain

Anduvo Judas la Ceca y la Meca y la Tortoleca, visitando cortes y haciendo pedir pita a las treinta onzas del gringo. En París de Francia casi le echa guante la policía, porque el capitán había hecho parte telegráfico pidiendo una cosa que dicen que se llama extradición, y que debe ser alguna trampa para cazar pajaritos. Judas olió a tiempo el ajo, tomó pasaje de segunda en el ferrocarril, y ¡abur!, hasta Galilea. Pero ¿adónde irá el buey que no are?, o lo que es lo mismo, el que es ruin en su villa, ruin será en Sevilla.

Allí, haciéndose el santito y el que no ha roto un plato, se presentó al Señor, y muy compungido le rogó que lo admitiese entre sus discípulos. Bien sabía el pícaro que a buena sombra se arrimaba para verse libre de persecuciones de la policía y requisitorias del juez; que los apóstoles eran como los diputados en lo de gozar de inmunidad.

Poquito a poco fué el hipocritonazo ganándole la voluntad al Señor, y tanto que lo nombró limosnero del apostolado. A peores manos no podía haber ido a parar el caudal de los pobres.

Era por entonces no sé si prefecto, intendente o gobernador de Jerusalén un caballero medio bobo, llamado D. Poncio Pilatos el catalán, sujeto a quien manejaban como un zarandillo un tal Anás y un tal Caifás, que eran dos bribones que se perdían de vista. Estos, envidiosos de las virtudes y popularidad del Señor, a quien no eran dignos de descalzar la sandalia, iban y venían con chismes y más chismes donde Pilatos; y le contaban esto y lo otro y lo de más allá, y que el Nazareno había dado proclama revolucionaria incitando al pueblo para echar abajo al gobierno. Pero Pilatos, que para hacer una alcaldada tenía escrúpulos de marigargajo, les contestó: «Compadritos, la ley me ata las manos para tocar ni un pelo de la túnica del ciudadano Jesús. Mucha andrómina es el latinajo aquel del _hábeas corpus_. Consigan ustedes del Sanedrín (que así llamaban los judíos al Congreso) que declare la patria en peligro y eche al huesero las garantías individuales, y entonces dense una vueltecita por acá y hablaremos.»

Anás y Caifás no dejaron eje por mover, y armados ya de las _extraordinarias_, le hurgaron con ellas la nariz al gobernante, quien estornudó _ipso facto_ un mandamiento de prisión. Líbrenos Dios de estornudos tales _per omnia sæcula sæculorum. Amén_, que con _amén_ se sube al Edén.

A fin de que los corchetes no diesen golpe en vago, resolvieron aquellos dos canallas ponerse al habla con Judas, en quien por la pinta adivinaron que debía ser otro que tal. Al principio se manifestó el rubio medio ofendido y les dijo: «¿Por quién me han tomado ustedes, caballeros?» Pero cuando vió relucir treinta monedas, que le trajeron a la memoria reminiscencias de las treinta onzas del gringo, y a las que había dado finiquito, se dejó de melindres y exclamó: «Esto es ya otra cosa, señores míos. Tratándome con buenos modos, yo soy hombre que atiendo a razones. Soy de ustedes y manos a la obra.»

La verdad es que Judas, como limosnero, había metido cinco y sacado seis, y estaba con el alma en un hilo temblando de que, al hacer el ajuste de cuentas, quedase en transparencia el gatuperio.

El pérfido Judas no tuvo, pues, empacho para vender y sacrificar a su Divino Maestro.

Al día siguiente y muy con el alba, Judas, que era extranjero en Jerusalén y desconocido para el vecindario, se fué a la plaza del mercado y se anduvo de grupo en grupo ganoso de averiguar el cómo el pueblo comentaba los sucesos de la víspera.

--Ese Judas es un pícaro que no tiene coteja--gritaba uno que en sus mocedades fué escribano de hipotecas.

--Dicen que desde chico era ya un peine--añadía un tarambana.

--Se conoce. ¡Y luego, cometer tal felonía por tan poco dinero! ¡Puf, qué asco!--argüía un jugador de gallos con coracita.

--Hasta en eso ha sido ruin--comentaba una moza de trajecito a media pierna.--Balandrán de desdichado, nunca saldrá de empeñado.

--¡Si lo conociera yo, de la paliza que le arrimaba en los lomos lo dejaba para el hospital de tísicos!--decía con aire de matón un jefe de club que en todo bochinche se colocaba en sitio donde no llegasen piedras.--Pero por las _aleluyas_ lo veremos hasta quemado.

Y de corrillo en corrillo iba Judas oyéndose poner como trapo sucio. Al cabo se le subió la pimienta a la nariz de pico de loro, y parándose sobre la mesa de un carnicero, gritó:

--¡Pido la palabra!

--La tiene el extranjero--contestó uno que por la prosa que gastaba sería lo menos vocal de junta consultiva.

Y el pueblo se volvió todo oídos para escuchar la arenga.

--¿Vuesas mercedes conocen a Judas?

--¡No! ¡No! ¡No!

--¿Han oído sus descargos?

--¡No! ¡No! ¡No!

--Y entonces, pedazos de cangrejo, ¿cómo fallan sin oirlo? ¿No saben vuesas mercedes que las apariencias suelen ser engañosas?

--¡Por Abraham, que tiene razón el extranjero!--exclamó uno que dicen que era regidor del municipio.

--¡Que se corra traslado a Judas!

--Pues yo soy Judas.

Estupefacción general. Pasado un momento gritaron diez mil bocas:

--¡Traslado a Judas! ¡Traslado a Judas! ¡Sí, sí! ¡Que se defienda! ¡Que se defienda!

Restablecida la calma, tosió Judas para limpiarse los arrabales de la garganta, y dijo:

--Contesto al traslado. Sepan vuesas mercedes que en mi conducta nada hay de vituperable, pues todo no es más que una burleta que les he hecho a esos mastuerzos de Anás y Caifás. Ellos están muy sí señor y muy en ello de que no se les escapa Jesús de Nazareth. ¡Toma tripita! ¡Flojo chasco se llevan, por mi abuela! A todos consta que tantos y tan portentosos milagros ha realizado el Maestro, que naturalmente debéis confiar en que hoy mismo practicará uno tan sencillo y de pipiripao como el salir libre y sano del poder de sus enemigos, destruyendo así sus malos propósitos y dejándolos con un palmo de narices, gracias a mí que lo he puesto en condición de ostentar su poder celeste. Entonces sí que Anás y Caifás se tirarán de los pelos al ver la sutileza con que les he birlado sus monedas en castigo de su inquina y mala voluntad para con el Salvador. ¿Qué me decís ahora, almas de cántaro?

--Hombre, que no eres tan pícaro como te juzgábamos, sin dejar por eso de ser un grandísimo bellaco--contestó un hombre de muchas canas y de regular meollo que era redactor en jefe de uno de los periódicos más _populares_ de Jerusalén.

Y la turba, después de oir la opinión del Júpiter de la prensa, prorrumpió en un: «¡Bravo! ¡Bravo! ¡Viva Judas!»

Y se disolvieron los grupos, sin que la gendarmería hubiese tenido para qué tomar cartas en esa manifestación plebiscitaria, y cada prójimo entró en casita diciendo para sus adentros:

--En verdad, en verdad que no se debe juzgar de ligero. Traslado a Judas.

Gethsemaní

_En el Album de la Señora Laura de Santa Cruz_

Ha querido usted, señora mía, un autógrafo de este viejo emborronador de papel, y mal puede negarse a complacerla quien, como yo, blasona de cortés, amén de confesarse honrado con la amable petición. Pide usted, con la cultura de forma que a cumplida dama cabe, y ya estoy hecho un azucarillo por rendir homenaje a su deseo.

Pero ¿ha de ser precisamente, una tradición lo que usted exige que escriba en las páginas, de su aristocrático álbum? Eso ya tiene bemoles, y aunque estoy decidido a obedecerla no lo haré sin referirla antes un chascarrillo de mis mocedades.

Dios me hizo feo (y no lo digo por alabarme), y fué el caso que zumbando yo más que un tábano al oído de una joven, a la que cantaba el credo cimarrón que cantan los enamorados, encontró la mamá, que nunca me tuvo por angel de su coro, la manera de ahuyentarme, y fué ella pedirme que le obsequiase mi tarjeta fotográfica.--¡Oh! señora, la dije, ¿para qué quiere usted el retrato de un mozo feo y desgarbado como yo?--Por eso mismo, por lo feo, me contestó. Me hace falta para asustar a mis nietecitos que son unos diablos de traviesos.--Ya adivinará usted que me entraron súbitos escalofríos, al considerar que esa señora no era todavía para mí más que proyecto de suegra ¡y ya _suegreaba_! ¡Qué porvenir tan rico y delicioso me sonreía si, por malos de mis pecados, que son pocos pero gordos, el proyecto hubiera pasado a la categoría de ley!

Como no la creo a usted capaz de abrigar burlesco propósito con su exigencia, y como dicen que la gracia del barbero está en sacar patilla de donde no hay pelo, vamos a ver si consigo dar saborcito tradicional y que al paladar de usted sea gustoso, a un cuento que oí contar a mi abuela que esté en gloria, que sí estará, porque fué más buena que el pan cuando es de buen trigo y buena masa.

* * * * *

José Maní era un indio de Huacho, propietario, en la jurisdicción de Lauriama, de tres hectáreas de terreno conocidas con el nombre de Huerto de José Maní.

Al dicho propietario le estorbaba lo negro de la tinta, es decir que, en materia de saber leer, no conocía ni la O por redonda ni la I por larga; pero ello no obstó para que, vendiendo naranjas, chirimoyas y aguacates, adquiriese un decente caudalito y, con él, prestigio bastante para elevarse a la altura de regidor en el Cabildo de su pueblo.

En la cuaresma de 1795, los vecinos contrataron a un dominico del convento de Lima para que se encargase de predicar en Huacho el sermón de las _Tres horas_, al que dió origen en Lima el jesuíta limeño Alonso Mesía y que, poco a poco, y por mandato pontificio, se ha generalizado, en el orbe católico.

El Viernes Santo no cabía ya ni un alfiler de punta en la iglesia parroquial, tanto era el concurso, no solo de los fieles residentes en el pueblo sino de los venidos de cinco leguas a la redonda. Por supuesto que José Maní, en traje de gala, esto es, con capa española que le hacía sudar a chorros por lo recio de la estación veraniega, se repantigaba en uno de los cómodos sillones destinados a los cabildantes.

El predicador, que era un pozo de sabiduría, después de un exordio en que afirmó, bajo la honrada palabra de fe de no recuerdo qué autores, que las suras del Korán son seis mil seiscientas sesenta y seis, y que las palabras de Cristo _Eli, Eli, lamma sabachtani_ pertenecen a la lengua maya, y no al idioma hebreo, ni al asirio, ni al sánscrito, ni al caldeo, entró de lleno en el tuétano de la Pasión.

Cada vez que el orador hablaba del huerto de Gethsemaní, las miradas del concurso se volvían hacia el cabildante José Maní, que se ponía muy orondo al informarse del importante papel que su huerto desempeñaba en la vida de Cristo. ¡Qué honra para Huacho y para los huachanos!

Eso de que el predicador llamase al huerto Gethsemaní y no Josemaní, lo atribuyeron los huachanos a _lapsus linguæ_ muy disculpable en un fraile forastero. En toda pila falta alguna vez el agua, y hasta los académicos somos propensos a pronunciar disparatadamente, no diré si por distracción o por ignorancia. Siquiera cuando, en letra de molde, aparece _hilación_ (con h) en vez de _ilación_, o _balija_ del correo, en lugar de _valija_, tenemos el socorrido recurso de echarle la culpa al cajista, especie de cordero pascual que carga con muchos pecados de los literatos.

Pero cuando el dominico dijo que fué en el huerto de Gethsemaní donde los sayones judíos se apoderaron de la persona del Maestro, los ojos todos se volvieron a mirar al ensimismado huachano, como reconviniéndolo por su cobardía y vileza en haber consentido que, en su casa, en terreno de su propiedad, se cometiese tamaña felonía con un huésped. ¡Y qué huésped, Dios de Israel!

Hasta el alcalde del Cabildo no pudo dominar su indignación, y volviéndose hacia José Maní le dijo en voz baja:

--Defiéndase, compañero, si no quiere que, cuando salgamos, lo mate el pueblo a pedradas.

Entonces José Maní, poniéndose en pie, interrumpió al predicador, diciendo:

--Oiga usted, padre. No me meta a mí en esa danza, que yo no he conocido a Jesucristo ni nunca le vendí fruta; y pido que haga usted constar que, si se metió en mi huerto, lo hizo porque le dió la gana y sin licencia mía, y que yo no tuve arte ni parte en que lo llevaran a la cárcel, y

¡Aleluya! ¡Aleluya! Cada cual está a la suya.

FIN

ÍNDICE

_Págs_

RICARDO PALMA 5

AUTOBIOGRAFÍA 8

LAS MEJORES TRADICIONES PERUANAS.--Un predicador de lujo 10

Las orejas del alcalde.--Crónica de la época del segundo virrey del Perú 14

Una vida por una honra.--Crónica de la época del décimoquinto virrey del Perú 22

¡Beba, padre, que le da la vida!...--Crónica de la época de mando de una virreina 33

La emplazada.--Crónica de la época del virrey arzobispo 38

Muerta en vida.--Crónica de la época del vigésimo sexto y vigésimo séptimo virreyes 47

Rudamente, pulidamente, mañosamente.--Crónica de la época del virrey Amat 53

La gatita de Mari-Ramos que halaga con la cola y araña con las manos.--Crónica de la época del trigésimo cuarto virrey del Perú 63

¡A iglesia me llamo! 77

El caballero de la Virgen 84

Capricho de Limeña 89

La niña del antojo 97

La llorona del Viernes Santo.--Cuadro tradicional de costumbres antiguas 102

Dónde y cómo el diablo perdió el poncho.--Cuento disparatado 109

La conspiración de la saya y manto 117

El ombligo de nuestro padre Adán 123

Monja y cartujo.--Tradición en que se prueba que del odio al amor hay poco trecho 127

El alcalde de Paucarcolla.--De cómo el diablo, cansado de gobernar en los infiernos, vino a ser alcalde en el Perú 136

Genialidades de la «Perricholi» 142

Mosquita muerta 154

La misa negra.--Cuento de la abuelita 157

Las clarisas de Trujillo 162

La camisa de Margarita 170

El príncipe del Líbano 175

Creo que hay infierno 179

Un drama íntimo 183

La viudita 191

El Obispo de los Retruécanos 195

Los escrúpulos de Halicarnaso 199

Los mosquitos de Santa Rosa 204

Motín de limeñas 207

La gran querella de los barberos 212

La proeza de Benites 220

Cosas tiene el rey cristiano que parecen de pagano 227

La venganza de un cura 242

Los panecitos de San Nicolás 248

Un zapato acusador 254

Dos palomitas sin hiel 258

Una aventura amorosa del padre Chuecas 264

Un tenorio americano 272

El divorcio de la condesita 281

El cigarrero de Huacho 288

Zurrón-curriche.--Conseja popular 296

Altivez de limeña 303

¡Pues bonita soy yo, la Castellanos! 307

El latín de una limeña 311

Conversión de un libertino 316

Un virrey hereje y un campanero bellaco.--Crónica de la época del décimoseptimo virrey del Perú 320

¡¡Buena laya de fraile!!--Crónica de la época del virrey marqués de Viluma 330

Traslado a Judas.--Cuento disparatado de la tía Catita 340

Gethsemaní 350

Virreyes y Gobernantes del Perú

(1588-1871)

BIOGRAFÍAS Y RETRATOS

POR

Domingo de Vivero y J. A. de Lavalle

Consta de dos libros, que forman una sola obra, contienen las biografías de todos los gobernantes del Perú (hasta 1871) con sus retratos en magníficas láminas litográficas de página entera y sus firmas autógrafas, comprendiendo el primer libro 44 retratos y 26 el segundo. Todos ellos están exactamente reproducidos de cuadros y estampas de la época, y en cuanto al mérito histórico y literario de las biografías, basta tener presente la autorizada firma del autor, señor Lavalle.

Este libro, de gran interés histórico para el estudio perfecto de la época colonial y de la independencia del Perú, merece ocupar un puesto de honor en toda biblioteca pública y en la de cuantos se interesen por tan amenas é instructivas lecturas.

Los dos tomos, ricamente encuadernados en tela con planchas doradas,

=10 pesetas=.

SERVET

Reforma contra renacimiento. Calvinismo contra humanismo

POR EL

DOCTOR POMPEYO GENER

DE LA SOCIEDAD ANTROPOLÓGICA DE PARÍS

Puede calificarse este libro, recientemente publicado, como un monumento definitivo á Miguel Servet, descubridor de la circulación de la sangre, y víctima de la intransigencia religiosa. Pompeyo Gener, cuyo nombre es admirado en toda Europa y América, ha dedicado largos años al escrupuloso estudio de la gran figura de Servet. En esta obra se refiere magistralmente la dramática vida del insigne médico y filósofo con nuevos y valiosos datos, analizando y encomiando sus obras, descubrimientos, tendencias é ideas, y narrando, últimamente, su éxodo, su captura, su proceso y su horrible fin en la hoguera inquisitorial.

Un tomo de =320= páginas, en papel especial con =8= láminas: =3 pesetas=.

NOTAS:

[A] _La Broma_ fué un periódico humorístico que se publicaba en Lima en 1878.

[B] _Acemita_ quiso decir el poeta. La acemita era el pan de salvado que consumía la gente muy pobre en Lima.

[C] En julio de 1594 presentó Cervantes un memorial al soberano, pidiendo que le confiriese en América uno de estos cuatro empleos a la sazón vacantes: la contaduría de las galeras de Cartagena, la tesorería de Bogotá, el gobierno de la provincia de Soconusco en Guatemala o un corregimiento en el Alto Perú, y con preferencia el de Chuquiavo (La Paz).

[D] Que hace correr zurrón.