Las Fuerzas Extrañas

Part 11

Chapter 113,686 wordsPublic domain

[4] La ciencia empieza á considerar como materia á la luz y á la electricidad, porque está obligada á suponerlas atómicas. Nosotros también; pero si son materia porque son objetivas y ésta es la verdadera definición carecen de la propiedad substancial _única_ de la materia: el peso. No sabemos si la ciencia creerá que no hay, entonces, diferencia substancial entre la materia y la energía: pero la lógica obliga á esta conclusión.

[5] Recuérdese nuestra definición de la materia en la nota anterior: materia es todo lo objetivo.

[6] La unidad absoluta en abstracto, es la energía absoluta; por eso decimos que el rayo es unidad absoluta _como manifestación vital_.

[7] No se nos escapa lo imperfecto de estas expresiones, pues parece en realidad que la extensión debiera preceder á la magnitud; pero creemos haber demostrado en el caso de la mancha de luz, que ésta puede tener magnitud sin tener volumen, mientras que la extensión lo requeriría. El valor convencional que damos á las palabras, resulta de la novedad de las ideas.

[8] Nosotros llegamos á Dios, es decir, al Ser Supremo (que de ninguna manera se nos representa como un tipo semejante al humano) á través de la materia y de la fuerza, sin necesidad de negarlas, antes refundiéndolas en su propio ser una de cuyas manifestaciones las consideramos. De aquí que tengamos á las manifestaciones de la vida absoluta (Dios) por estados de conciencia.

[9] Recuérdese nuestra definición de la vida.

[10] Es decir que producen iones. Los iones surgidos de los mecheros, son los productores del fenómeno. En las manchas de luz primordial, los puntos más luminosos vienen á ser las fuentes de ionización.

[11] Las analogías entre estas vidas con los fenómenos del mundo actual, no implican identidades. Los fenómenos de aquéllas, son los prototipos de nuestros fenómenos; son parecidos, pero no iguales.

[12] Como siempre que hay choque de dos magnitudes de forma circular.

[13] El sol, que es sin duda una esfera fluida, no tiene achatamiento polar alguno, como una pompa de jabón, aunque su densidad sea sólo una cuarta parte de la terrestre, y su fuerza centrífuga cuatro veces mayor. Á su tiempo recordaremos esta singularidad solar.

[14] El pensamiento divino geometriza en el Cosmos, decía Platón que sabía á qué atenerse.

[15] Conviene quizá advertir que el hexaedro es la única forma material perceptible que realice estas condiciones, si bien un agregado de hexaedros nunca puede componer un todo perfecto, estando limitado siempre por ángulos abiertos. Es lo que ocurre con la materia en eterno trabajo de desintegración que la pone en contacto con la absoluta energía, como los ángulos abiertos con el infinito á nuestro conjunto de hexaedros.

[16] En efecto, el azar que es una causa sin causa, equivale á los dioses de las religiones positivas, cuyo carácter más saliente y común es la arbitrariedad.

[17] La astronomía moderna se inclina á creer que todo el universo estelar tiene esta forma, y que nuestra vía láctea se halla próxima á su centro; pues el número de estrellas de dos puntos opuestos del cielo, ya estén situados en la vía misma ó en sus polos, es casi igual. Siendo esto así, el universo estelar presentaría la forma de una lenteja ó esferoide muy achatado en la misma dirección que la vía láctea. Dividiendo el cielo en nueve círculos paralelos al plano de ésta (las zonas 1^a y 9^a abarcarían sus polos) resulta la siguiente relación de densidades: 1, 2.8; 2, 3.0; 3, 3.5; 4, 5.3; 5, 8.2; 6, 6.1; 7, 3.7; 8, 3.2; 9, 3.1; lo cual establece el rango central de la vía láctea (5, 8, 2), así como la forma del universo estelar. Nuestras _lentejas_ no son, pues, pura fantasía.

[18] Dadas su velocidad rotatoria y la condensación de la materia gaseosa de los anillos en materia sólida, esta última es inexplicable. En efecto, si es del mismo peso y densidad que la del planeta, no ha podido condensarse sin romperse; y si no es del mismo peso y de la misma densidad, ¿cómo gira armónicamente con él?

[19] Los cambios de conformación de algunas nebulosas, manifiestan tendencia á definirse en torbellinos espirales. El capítulo siguiente expresará en detalle estos movimientos.

[20] En cambio abundan los contradictorios, y entre éstos son los más notables: la densidad de Venus, menor que la de la Tierra, no obstante su mayor proximidad al sol; la de Urano mayor que la de Saturno, á pesar de hallarse más lejano que éste; la de los satélites de Júpiter mucho mayor que la de éste; el movimiento retrógrado de los satélites de Urano y de Neptuno, la falta de achatamiento polar del sol, antes mencionada; la depresión polar de Mercurio, diez veces mayor que la de la Tierra, á pesar de que su rotación equivale apenas á un tercio de la de ésta, siendo mayor su densidad en una cuarta parle tan sólo; las depresiones polares igualmente desproporcionadas de Saturno y de Júpiter...

[21] Es curioso que el número 7, el número sagrado por excelencia, reaparezca como cifra inicial de este resultado; pero lo es más aún el que la _docena_ y la _decena_, también números sagrados, estén significados en la población de ciento veinte millones (diez docenas de millones) de estrellas que los mismos cálculos asignan al universo.

[22] Del propio modo que no se niega la continuidad de la vida, porque los organismos individuales acaben.

[23] En la materia no atómica, es claro que no puede haber calor.

[24] Sábese que el sonido aumenta la producción de rayos N.

[25] La emanación continua del radium, tanto como la propagación de la luz, el desprendimiento odorífero, etc., resultan ser movimiento perpetuo. La locura del pasado, es la razón del presente.

[26] No damos á la palabra _gravedad_, su acepción corriente. Para nosotros, gravedad es atracción magnética, por más extraño que esto pueda parecer. Por lo demás, la atracción en razón directa de las masas é inversa del cuadrado de las distancias, no se efectúa conforme á esta ley, según es sabido, en las masas muy pequeñas; y en las grandes, existe un hecho por demás curioso: los cometas desarrollan su cola (materia más tenue que el núcleo), en oposición al sol por el cual son atraídos en razón directa de las masas, etc. Se ve, entonces, que la gravedad tiene contradicciones harto serias.

[27] Como en el último aparato de Crookes, que pone al radium en presencia del sulfuro de cinc fosforescente á la distancia de medio milímetro.

[28] La astronomía supone que algunos cometas son masas desprendidas de las nebulosas.

[29] Este “agua” y este “hidrógeno,” no son naturalmente los que conocemos; basta reflexionar que si todos los gases son formas alotrópicas del hidrógeno, el hidrógeno primordial era todos estos gases, es decir, una cosa bien distinta de hoy, cuando ellos se encuentran ya diferenciados. Del propio modo el líquido primordial cuya forma actual es el agua, era un conjunto ahora diferenciado, una especie de fluido coloidal, como se verá luego. El hidrógeno y el agua primordiales, eran estados generales de materia: _lo_ gaseoso y _lo_ líquido.

[30] Como el nuestro.

[31] Siendo el hidrógeno y el agua, el gas y el líquido prototípicos, ¿cuál era el sólido de esta cualidad? Probablemente el radium, ó una composición parecida, que al solidificarse del todo, debe perder muchas de sus cualidades radiantes (tensión eléctrica) para adquirir peso (gravedad). El radium posee la propiedad de descomponer el agua en hidrógeno y oxígeno, y esto es un fuerte indicio.

OCTAVA LECCIÓN

LA VIDA ORGÁNICA

En los mundos de una y de dos dimensiones, no había sensibilidad, puesto que faltaba extensión y la vida de relación no era posible por lo tanto. Al existir aquélla, ó sea el espacio de tres dimensiones, la sensibilidad se hizo posible en la materia.

Pero, ¿qué es la sensibilidad? La sensibilidad es la radioactividad de la materia, el fenómeno por el cual ésta se transforma en energía pura; y como toda materia es radioactiva, según lo prueba el descubrimiento de los rayos N, de Blondlot, toda materia posee sensibilidad.

La ciencia se encamina rápidamente á esta comprobación, que cuenta ya con una cantidad de hechos tan grande como singular. Los rayos N, la fatiga de los metales, sus propiedades eléctricas y terapéuticas, la vida de los cristales--han demostrado ya hasta la evidencia que la sensibilidad no es una propiedad exclusiva de la materia llamada orgánica.

Ahora, en cuanto á la producción de los seres vivos, las fuerzas de las moléculas libres en el seno de los líquidos; la presión osmótica que es un fenómeno fundamental de la vida orgánica, las propiedades todavía vagas--mas no por ello menos prodigiosas--de los metales coloidales tan semejantes á los fermentos orgánicos en sus manifestaciones[32]--todo eso está indicando cómo debió producirse _grosso modo_ el fenómeno. La generación espontánea, es entonces un hecho real, bien que limitado á épocas, por la coexistencia en ellas de diversas circunstancias; todo depende de las condiciones en que se halle el átomo.

Los seres vivos son máquinas poderosas de eterización, porque son los cuerpos más sensibles, y la sensibilidad es--ya lo hemos dicho--la radioactividad de la materia. El amor es el producto eléctrico del contacto de dos cuerpos heterogéneos[33]. La sangre es un potentísimo reservorio de electricidad.

Ahora bien, los organismos siguieron al formarse, las mismas leyes que la materia. Un solo ser, primero difuso y de constitución unitaria, desarrolló de sí mismo los primeros órganos y se propagó por los conocidos procedimientos de generación,--fisiparidad, ovulación, hermafrodismo--hasta alcanzar en la sexualidad su máximum de materialización.

Poderosas oxidaciones habían engendrado la vegetación, cuyas formas asumió previamente el reino mineral como un intento prototípico, debiéndose á dichas oxidaciones el nacimiento de la vida orgánica.

El sexo único que concebía y paría por los métodos ya descriptos, era naturalmente femenino. Todos los seres eran madres, llevando reasumido, y luego latente en su facultad de autoengendrar, el sexo masculino futuro.

De aquí que la materia haya sido considerada por las antiguas filosofías como la “gran madre” (_mater-ia_) personificada en el agua, pues el agua es, á contar desde el punto en que la energía pura se manifiesta como materia, una permutación de la electricidad ó sea su cuarto estado.

Procuraremos hacer tangibles estas permutaciones de la energía absoluta, en un esquema que será un resumen á la vez de todo lo estudiado.

Lo que concibe y produce por sí mismo, llevará el signo (-) el signo de la pasividad ó femenino; y el elemento engendrador el signo (+), el signo de la actividad ó masculino.

El ser absoluto, la absoluta energía en que todo se reasume al concluir el universo su ciclo de manifestación material--será los dos elementos á la vez en un absoluto equilibrio equivalente á cero (+ −); mas como de eso sale el rayo primordial, puede ser considerado como elemento femenino: auto engendra.

Previa esta explicación, véase el esquema:

Septenario de la manifestación ╱▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔╲ Ternario de la ideación Cuaternario de la realización ╱▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔╲ ╱▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔╲ _Energía absoluta_ − Estado atómico (materia difusa)

+ Rayo primordial + Gas (primera dimensión) (materia expansiva)

− Magnitud sin volumen − Líquido (segunda dimensión) (equilibrio material)

+ Extensión + Sólido (tercera dimensión) (materia cohesiva)

Estas propiedades lo son _por excelencia_ de los diversos estados de materia, pero no excluyen las otras; forman sus características, pero no son exclusivas.

Se ve, entonces, que el elemento femenino es el primordial, y que la situación del estado líquido (agua) en el cuadro de las manifestaciones materiales, justifica su símbolo[34].

La biología moderna considera primitivo también al sexo femenino, y cree que desarrolló su contrario antecediéndolo con la fase hermafrodita. No tenemos, pues, por qué esforzarnos en buscar mayores razones.

Conviene hacer notar ahora que esas formas de vida eran fluídicas, verdaderos moldes de las actuales por causa del enorme calor del globo y de la todavía escasa diferenciación de sus elementos; y si el radium ú otra cosa análoga, era el sólido prototípico, dichas formas debían ser luminosas, ó en otros términos manifestar más intensamente la radiación que hoy perciben apenas los sensitivos (el _od_ de Reichenbach, la exteriorización de la sensibilidad del coronel de Rochas) y que la placa fotográfica revela como rayos N.

La fluidez de esos seres, tanto como su relación de magnitud con la Tierra que, al ser casi gaseosa, era de mucho mayor volumen, debía darles una estructura gigantesca y á la vez sencillísima, para que resistieran mejor los vastos conflictos de fuerzas á que se veían sometidos.

El hombre, ó mejor dicho el ser inteligente que sería hombre con el tiempo, bogaba en el fluido glutinoso del mar universal como una célula gigantesca, sin órganos, sin conciencia, sin mente, reproduciéndose como los zoófitos y desvaneciéndose como ellos, sin morir realmente, en los seres que de su masa engendraba.

NOVENA LECCIÓN

LA INTELIGENCIA EN EL UNIVERSO

Lo que acabamos de expresar es de tal modo extraño á las ideas corrientes, que requiere una explicación de los fenómenos estudiados, bajo un aspecto no percibido hasta aquí; el aspecto intelectual del universo, ó mejor dicho el universo como manifestación inteligente.

Si el pensamiento es un producto de las combinaciones físico-químicas del organismo humano, donde quiera que haya análogas combinaciones, existirán efectos análogos. Á iguales causas idénticos efectos.

Ahora, cuando se piensa que la vida obedece á leyes muy simples en su comienzo, y que no hay realmente diferencia entre la materia orgánica y la inorgánica, siéndoles común la sensibilidad, parece que no es ya tan absurdo buscar pensamiento en toda manifestación de la vida. Atribuirlo solamente al hombre, es caer ya en el antropocentrismo del ser singular creado ex profeso por los dioses de las religiones positivas; decir que es una actividad peculiar á su organismo, es negar la perfecta analogía é identidad substancial de éste con los del resto del mundo animal, sin excluir á los insectos cuya inteligencia es tan notable; limitarlo á los seres vivos, es volver á la separación de materias que no existe en realidad.

¿Qué derecho tendría el hombre para considerarse como el único ser inteligente del universo, si apenas es superior en su pequeño mundo?

¿Superior en absoluto? De ningún modo. Superior á él es el mineral en estabilidad; el vegetal en duración como ser vivo; el animal en muchas facultades. Víctima de la bacteria microscópica durante edades, hace muy poco que ha empezado contra ella una lucha desigual en la que, hasta ahora, lleva la peor parte. Durante edades ha sido la víctima de los más ínfimos del reino animal.

Esto para los materialistas. Los espiritualistas, especialmente los fieles de las religiones positivas, creen en entidades espirituales ó inteligencias superiores al hombre, conforme lo manifiestan sus complicadas angelologías, y en otras inferiores á él según sus demonologías más complicadas aún. Con éstos nos bastará ponernos de acuerdo sobre el _modus operandi_ de semejantes inteligencias.

Sentadas estas advertencias, podemos ya iniciar el asunto.

El pensamiento, nadie puede negarlo, es una forma de la energía, si bien no presenta identidad con ninguna de las otras. No es luz, calor, electricidad, aroma ó sonido; pero es lo que percibe de un modo consciente esas formas de energía, puesto que las estudia é investiga sus leyes. El pensamiento es la energía absoluta de que todo procede y á la que todo regresa, lo que en sí lleva potencialmente todas las formas de energía, sin tener sus cualidades, como es natural, pues no es ninguna de ellas parcialmente considerada. Él es realmente el ser absoluto cuya primera manifestación consiste en electricidad puramente dinámica, como se recordará, ó sea el movimiento absolutamente lineal é inconcebible. Sabe todo el mundo que la actividad cerebral produce fenómenos eléctricos: y los sensitivos y lúcidos de de Rochas, dicen que durante dicho trabajo ven á las células cerebrales relumbrar como estrellas. Más recientemente aún, se ha observado que la actividad nerviosa aumenta la producción de rayos N.

Como energía sensible, el pensamiento es imponderable y no objetivo á la vez: no es materia absolutamente. Su indiferencia á la distancia y al tiempo, puesto que se traslada con prescindencia de ambos y sin que ambos le estorben, prueba su superioridad sobre ellos; así como demuestra al concebirlos que los contiene y que puede crearlos. Las consecuencias de su lógica, anteriores al conocimiento de los hechos, puesto que los predice en ciertos casos, establece cuando menos la identidad de sus leyes con las que rigen el universo. Maxwell encontró como un resultado matemático, la onda eléctrica que Hertz hizo perceptible, sin realizar ninguna experiencia y bastante tiempo antes que Hertz. Estos hechos podrían multiplicarse.

Todas las manifestaciones de la vida son formas de pensamiento, puesto que lo son de la energía absoluta en su eterno doble trabajo de integrarse y desintegrarse; pero entonces también, las fuerzas son seres inteligentes en proporción con su mayor vecindad á la energía de donde proceden.

Así el primer movimiento en sentido lineal, ó bien la electricidad puramente dinámica, sería la primera idea, el primer ser que en su simple unidad lleva potencialmente todo el universo por desarrollarse--un dios verdaderamente; pero no la unidad neutra y extra-cósmica de las religiones, sino la síntesis de todas las energías, que hasta su tercer estado no es materia en realidad.

Oímos ya que se objeta con el panteísmo; pero los estados sucesivos no tienen lugar por disminución ó desaparición del primero, según lo prueba nuestro pensamiento en acción, pues coexiste con todo ellos y nunca deja de estar convirtiéndose. Así se explica que los universos acaben y vuelvan á empezar en el punto donde acabaron, no como un nuevo proceso de repetición, sino como una continuación del que lo precediera.

No siendo esa energía una magnitud, no puede disminuir, lo que explica su permanencia; y así está eternamente convirtiéndose y siendo la misma.

Las ruedas de luz en que luego se divide, forman la primera hueste de seres, multiplicados en los polígonos inscriptos en ellos, y sucesivamente en los poliedros del primer estado atómico; pero como estos seres no son materia de la nuestra, digamos así, es forzoso considerarlos entidades incorpóreas, ó sea espíritus[35].

Unitarios en un principio, como que no son sino formas, se convierten en hermafroditas al volverse átomos, no por razones de sexo naturalmente, sino por reunir en el perfecto equilibrio que constituye su existencia, la materia y la fuerza bajo el estado potencial. El átomo es así un espíritu puro, y su conversión al estado de materia y de fuerza ya definido, su caída.

Entre tanto, los seres que fueron las primeras ruedas, y que como estados de energía no han dejado de existir, van dirigiendo su propio fraccionamiento evolucionario, por actos de conciencia y de voluntad; pues se recordará que no siendo nada material, resultan forzosamente espíritus: pensamiento en acción.

¿Quién duda, por otra parte, que cada pensamiento es una individualidad? Cuando leemos un pensamiento, no necesitamos recordar á su autor, ni se ve que aquél tenga ninguna identidad con éste, pues de ninguna manera es necesario conocer al autor de un pensamiento, ni saber nada sobre él, para entenderlo. Una vez creado, el pensamiento es una individualidad con vida propia; y si esto sucede en la humanidad, cualquiera advierte la importancia que revestirá cuando se trata de seres cósmicos.

La fuerza, cualquiera que ella sea, nunca posee esta individualidad, y he aquí otra demostración de que son cosas distintas, así sea toda fuerza una manifestación de pensamiento, como son cosas distintas el rastro y la planta que lo imprimió.

Aquellas primeras energías cósmicas debían poseer una potencia prodigiosa, dadas su libertad y la asimilación de energías que constituía su ser; pero esto no querrá significar nunca la omnipotencia ni la omniciencia, sino relativamente al intelecto humano. Los fracasos de mundos estallados en asteroides ó consumidos en las hogueras solares, tanto como la desaparición de especies animales que convivieron con otras aún existentes, prueban errores de criterio y de procedimiento en esas inteligencias primordiales[36].

Ahora, lo que es existencia corpórea, no la tuvieron sino cuando hubo materia voluminosa y extensión, correspondiendo entonces al calor su rango de primer numen[37]; pero el catálogo de las existencias cósmicas no tendría interés para el lector, sino como una nomenclatura estéril de personajes fantásticos.

Lo que sí interesa saber, es que todas estas manifestaciones son atómicas y susceptibles de transformarse en otras, es decir de _crear_, si ha de darse á este verbo su único sentido aceptable[38]. Son atómicas, como el hombre es celular, sin que su unidad de ser individual se resienta; y si están sujetas á la evolución que hemos descripto como una serie de consecuencias, este determinismo es el resultado de las causas desconocidas que actuaron sobre ellas en el universo anterior; pero ellas _sabían lo que les pasaba_, y ayudaban á la evolución dirigiéndola en los seres emanados de ellas, si bien no sin conflictos, es decir sin errores, como lo prueban los cataclismos cósmicos[39]. Si hubiera un Creador omniciente y omnipotente, el universo sería una maquinaria perfecta, sin ningún tropiezo posible.

Por lo demás, las fuerzas están demostrándonos á cada momento su inteligencia. Todos los fenómenos naturales nos revelan operaciones complicadísimas, ejecutadas con una precisión, con una economía tal de esfuerzo, con una adaptación tan perfecta á su objeto, que revelan direcciones muy superiores á nuestra razón. Compárese el trabajo que ésta ha debido ejecutar para repetir el más insignificante de esos fenómenos, y se tendrá la relación entre ella y las fuerzas directoras de éstos.

La ley del menor esfuerzo, la tendencia á la regularidad de las formas, que la ciencia llama “inclinación natural” de la materia, ¿qué son sino deliberaciones inteligentes? ¿No implican acaso, comparación entre dos términos? Todavía si el universo fuera de una estabilidad perfecta, se explicaría esa precisión como un equilibrio resultante de largas oscilaciones; pero cuando todo cambia incesantemente, las fuerzas ciegas son inexplicables.

Al no asignar inteligencia sino al hombre, la ciencia cae en el error antropocéntrico de las religiones, ó está obligada á suponerla en toda manifestación físico-química, en todo fenómeno cuya dirección tenga analogía con un raciocinio, una comparación, una modalidad intelectual en una palabra; mucho más cuando esa modalidad resulte, como hemos visto, superior á las suyas. Efectos análogos, suponen causas semejantes.

¿Qué será, finalmente, si parangonamos al hombre con el planeta que habita, y cuyas manifestaciones físico-químicas mucho más poderosas y complicadas que la suya (como que él es una en el planeta) supone una inteligencia mucho más vasta, así sea ella la causa (espiritualismo) ó el efecto (materialismo) de esas manifestaciones?

¿O sería osado el hombre á suponerse más perfecto como ser, que el planeta--el ser enorme--en el cual aquél no es sino una célula?...[40].

Hay, sin embargo, otro aspecto muy interesante del asunto.