Las fiestas de San Juan Reseña histórica de lo que han sido y de lo que son relación verídica de las que se celebran en este año de 1868

Part 9

Chapter 94,057 wordsPublic domain

Despues del baile del Ayuntamiento sigue por órden cronológico el que dieron los Gefes y Oficiales de la guarnicion. Poco ó nada parecia que podia esperarse en vista de la esplendidez y buen éxito de la fiesta dada por la Corporacion popular; pero, en obsequio á la verdad, necesario es reconocer que la de los Militares tuvo ciertamente novedad respecto á la primera. El local en que se dieron ambas era el mismo, pero se hallaba completamente transformado. A los costados esteriores del edificio se habia levantado un parterre adornado con arquerías de follage é iluminado con farolitos de colores; y en los cuatro ángulos se habian colocado cuatro lijeros kioscos que servian de cenadores. En el interior, además de los profusos adornos de luces, flores y espejos que habia habido la primera noche, exhornaban el salon multitud de trofeos é insignias militares distribuidos con simétrico gusto y que daban un aspecto del todo nuevo á aquel lindo local.

La concurrencia en esta noche fué sin duda mucho mas numerosa que en la anterior, en términos de oprimirse á pesar de lo espacioso del salon; y si grata le fué la primera fiesta no menos complacida quedó en esta por la novedad que en ella encontró. Al fulgor de las multiplicadas luces que iluminaban el salon y de la ardiente languidez de las miradas propias de las hijas de nuestro suelo, de seguro que brotaron allí las ilusiones del amor cual lozanas flores, que tal vez marchite mas tarde el soplo helado del olvido, ó que quizás se conviertan en alegres realidades que concluirán por brillar á la luz de la antorcha de Himeneo.

El cronista se guardará muy mucho de adelantar un solo paso en estas historias íntimas que no pertenecen á las fiestas del S. Juan por mas que una de estas les haya dado vida; y se concreta por consiguiente á consignar que el baile de los Militares fué tan espléndido como lo habia sido el del Ayuntamiento; y que reinaron la animacion y la alegría haciendo correr dulce é insensiblemente las horas de la noche, hasta que la luz del nuevo dia vino á anunciar á los concurrentes que era necesario abandonar aquel sitio de tan grato solaz.

Cuatro dias despues, el 29, tuvo lugar el baile de los Empleados civiles y no parece sino que por arte mágico se transformaba el salon de Santiago tan rápida como elegantemente, ofreciendo nuevos y variados atractivos cuando era de suponerse que se habian agotado todos los que pudieran emplearse. El golpe de vista que en esta última noche presentaba aquel bonito local era en efecto completamente distinto del de las noches anteriores; y si en estas habia reinado buen gusto en los adornos no lo hubo menos en la que le toca ahora el turno.

Los adornos principales, además de las luces, flores y espejos, consistian en el revestimiento de las columnas con los colores nacionales que ostentaban en sus centros los escudos de armas de todas las provincias españolas de uno y otro lado del Atlántico y del Pacífico. En la parte superior de la entrada se habia además levantado un bonito pórtico de follage y flores iluminado profusamente; y en la parte interior y en el textero principal adornaban los lados del trono en que se hallaba el retrato de S. M. cuatro alegorías de los Ministerios de Gracia y Justicia, Hacienda, Gobernacion y Fomento. Los gabinetes tambien sufrieron su tercera transformacion; y tanto estos, como el conjunto todo del edificio revelaba no solo el buen gusto sino el ingenio de los que intervinieron en su ornato.

Una concurrencia, tan alegre, animada y numerosa como la que habia concurrido á los anteriores bailes, invadió el salon á la hora fijada para comenzar la fiesta; y el tiempo se deslizó dulce é impensadamente en medio de las gratas emociones que producen tan agradables diversiones, sin que ni una sola persona de las que allí se hallaban tuviera otro pesar que el de ver terminar el baile y con él la série de festejos con que se obsequiaba al Patron.

Estas tres fiestas dejaron sin duda tan gratas impresiones en todos los que á ellas concurrieron; causaron en sus almas tan agradable sorpresa, que conservarán mientras vivan su dulce recuerdo, como la memoria de uno de esos gratos ensueños que despues de habernos hecho gozar mientras dormimos nos halagan despiertos aun mas dulcemente. Horas de alegría pasadas tanto mas agradablemente cuanto que transcurrieron en medio de una fantástica realidad que ni siquiera habiamos soñado. Noches de puro placer para la juventud, que rara vez se reproducen en el curso de la vida, porque el tiempo oscurece la luz de las ilusiones á cuyo fulgor brillaron. Despues que han pasado solo le queda al alma el gusto de recordarlas, disfrutando de esa melancólica alegría que acompaña siempre la memoria de todo lo que nos ha sido grato.

[Ilustración]

XIII.

_Funcion religiosa._

Tiempo es ya de que nos ocupemos de la verdadera fiesta del Patron; de lo que en todas épocas ha considerado el Ayuntamiento como un deber ineludible, puesto que es el representante de un pueblo católico, que sabe conservar y dar cada dia mayor realce á sus gloriosas tradiciones y bien cimentadas creencias; y de lo que sin duda dió orígen á las fiestas y regocijos que, de tiempo inmemorial, viene celebrando anualmente esta ciudad. Refiérome á la fiesta religiosa de San Juan.

Ya han visto los lectores que, á mediados del siglo pasado, el Ayuntamiento hacia rendir guardia de honor al Santo Patron en el tabernáculo que al efecto se levantaba en la Santa Iglesia Catedral y en los dias 24 y 25 de Junio se llevaban á sus piés las llaves de la ciudad, en reconocimiento á su soberana proteccion. Estos actos, de un homenage tan tierno como respetuoso, han desaparecido con los años, porque no afectando al dogma murieron junto con las costumbres que les habian dado vida; y hoy que los actos religiosos se verifican, con muy raras excepciones, únicamente dentro de los templos, se ha suprimido tambien la procesion que en otros tiempos se efectuaba. Así pues la fiesta religiosa se reduce al decenario, salve, misa y panegírico del Santo Precursor.

El Ayuntamiento, no pudiendo ni alterar ni aumentar nada á estas funciones y deseando sin embargo que, al cumplir con el sagrado deber que le han legado sus antecesores, se comprendiese que no podia haberse olvidado de él y antes por el contrario lo habia visto con la predileccion que exijen las venerandas prácticas de nuestra sacrosanta religion, acordó dar á dichos actos toda la pompa y solemnidad que fuera posible y al efecto hizo adornar el altar del Santo con flores y luces; la orquesta de capilla tocó completa en todo el decenario y para la misa se aumentaron hasta cincuenta instrumentos entre los que se contaban casi todos nuestros principales profesores y doce voces; habiendo pronunciado el panegírico del Patron uno de nuestros mejores oradores sagrados.

De mas está decir que la concurrencia á todos los actos religiosos fué cual era de esperarse en un pueblo que tanto gusta de todas las prácticas de la religion y mucho mas tratándose de San Juan Bautista, á quien se venera como el especial protector é intercesor en favor de la Isla; y sobre todo cuando el sentimiento religioso excitado por el temor que en todos los ánimos habian producido los pasados conflictos, llevaba á todos los corazones á buscar el consuelo inagotable y puro que solo se encuentra á los piés de aquel que con su palabra crió el universo y lo sostiene por su sola voluntad. En especial para la misa el templo se vió lleno como pocas veces sucede; y no fué esta circunstancia la que menos contribuyó á que la fiesta quedara tan solemne como se lo habia prometido el Ayuntamiento y lo deseaba la poblacion que mitigaba así sus penas todavia no pasadas del todo.

El lector me permitirá que me ocupe por un momento de la música de la misa; el arte, como antes he tenido ocasion de decirlo, goza del raro privilegio de herir el alma en sus mas delicadas fibras; y por eso no es extraño que la religion haga uso de la música que con sus brillantes armonías nos arrebata á veces entusiasmada y rápidamente hasta las alturas celestiales en que nuestra fé nos hace contemplar los coros de alados ángeles y querubines postrados ante el acatamiento del Altísimo; ó nos conduce dulce y misteriosamente con tiernas melodías hasta las profundidades mas recónditas de nuestra propia alma para que derramemos en ella el llanto regenerador del arrepentimiento.

Los ecos melodiosos de la música son un misterioso amuleto, á cuyo contacto brotan en nuestra alma las ideas de lo bueno, tal vez porque lo bueno y lo bello son hermanos é hijos de la verdad que nunca nos hiere con mas fuerza y esplendidez que cuando, en alas de fervorosa oracion, levantamos el corazon, contrito y humillado, hasta donde se halla Aquel que es la verdad misma.

La misa ejecutada, por segunda vez, en la festividad de San Juan, es obra de mi apreciado amigo el Maestro de Capilla D. Felipe Gutierrez que la escribió en 1861 dedicándola al que era y es todavia dignísimo Obispo de esta Diócesis, el Excmo. é Illmo. Sr. D. Fr. Benigno Carrion de Málaga.

El Sr. Gutierrez es demasiado conocido como Músico en la Isla y aun fuera de ella; pero eso no me excusa de tener la grata complacencia de reconocerle y proclamarle como un hijo distinguido del arte. Rico de sentimiento, fecundo en la concepcion y conocedor profundo de los secretos de la armonía, sus obras brillan con toda la riqueza de una fantasía ardiente y segura en su vuelo.

La misa de San Juan es sin duda una de sus mejores composiciones y por esta razon como por el objeto con que fué escrita, que es el mismo que tiene este libro, he creido deber ocuparme de ella con algun detenimiento; esperando de mi amigo Gutierrez lo que antes he esperado de mi amigo Oller, que, en obsequio á mis rectas intenciones, sabrá disimular á un profano en el arte el que pretenda, no hacer un juicio crítico, pues no alcanza á tanto mi pretension, sino emitir una opinion que, aun cuando basada en el buen sentido y en la aficion decidida por todas las bellas artes, no puede apoyarse en los sólidos conocimientos que le serian necesarios para no errar tan frecuentemente.

Los kiries de la misa de que me ocupo están basados en un himno que oimos entonar en la Iglesia en canto llano, y tienen por solo este motivo esa solemnidad, esa elevacion, esa pureza que distingue á todos los himnos religiosos, que no por contar muchos años y aun siglos de existencia han llegado á envejecer; pues, por el contrario, siempre se oyen con el mismo gusto que la vez primera y como si fuesen cantos nuevos.

La Gloria es brillante, siendo de sentirse únicamente que no se hagan desaparecer los primeros compases del _andante_ con que empieza, porque hay en ellos cierta lasitud que se aviene muy mal con la viveza del resto de la composicion, que podria dar principio sin inconveniente alguno por el _allegro_ que sigue inmediatamente. Tanto este aire, como los demás que continuan hasta llegar al _Quoniam_, revelan el buen gusto y la fecundidad del compositor, pues abundan los trozos de melodías originales y del mas exquisito sentimiento. El aria de tenor que comprende el _Quoniam_ se resiente bastante de falta de novedad; pero, tal vez temiéndolo, el autor ha estado muy acertado embelleciendo todo este trozo con una preciosa glosa del primer violin, en que nos da á conocer su ingenio, á la vez que el perfecto conocimiento que tiene de la instrumentacion y del valor y partido que puede sacarse de cada uno de los instrumentos.

La Gloria termina con un _moderato maestoso_ de cantos dulces y expresivos, en que se revela el alma del poeta, poniendo de manifiesto sus gustos puros y modestos. Hay en esos cantos un eco ternísimo que despierta en el corazon de los que conocemos al autor el recuerdo de sus estimables virtudes, al mismo tiempo que la sencillez que distingue todos sus actos. Mi amigo Gutierrez además, que tan asíduamente estudia los grandes maestros músicos, sabe perfectamente que esa sencillez es la que hace que tanto gusten las obras religiosas de Miné, como gustan por igual razon en pintura las obras de Velazquez; y conoce muy bien el partido que debe sacar de tan distinguida cualidad.

Da fin la pieza con un presto final, para el _In gloria Dei patris_. _Amen_, del género fugado tan propio de la música de Iglesia; y en el que demuestra Gutierrez sus extensos y seguros conocimientos como compositor, haciendo gala de su rica imaginacion así en los _motivos_, como en la _esposicion_ y los _episodios_; cuya variedad y buen gusto cierran dignamente tan brillante composicion.

El _Credo_ es de un género muy superior al _gloria_, en términos de que, en mi humilde juicio, se rompe la unidad de mérito que debiera reinar en el conjunto de la misa; pero probablemente el autor se ha visto arrastrado á ello por la abundancia de sentimientos que dominan en el primero, de tan distinto carácter entre sí y de tanta grandeza todos ellos. El Credo, que contiene los principales misterios de nuestra Santa Religion, no ha podido menos de conmover profundamente el alma sensible del músico; y de aquí que su obra haya salido riquísima de contrastes de grande efecto y de armonías muy variadas, que la hacen elevar, en mi sentir, al género de música clásica. Sobre todo brilla en ese sentido el trozo que comprende el _Incarnatus_ y que lleno de magestad y firmeza produce sin duda en el corazon de los oyentes la profunda veneracion que tan elevado misterio exige.

El _allegro_ del _Resurrexit_ corresponde perfectamente á la alegría de la Iglesia y de los fieles por la resurreccion del Salvador, que envolvia en sí la regeneracion del mundo; y es sorprendente por la novedad del canto con que concluye, en el que parece se alejan los sonidos hasta terminar por no percibirse; siguiendo inmediatamente otro canto que imita, como á igual distancia de aquel, el eco lejano de un órgano de Iglesia: la primera vez lo ejecutan los instrumentos de metal; y la segunda, mas cercano al sitio de donde aquellos parten, lo repiten las voces y todos los instrumentos. El efecto en ambas veces es prodigioso; y toda esta parte de la obra es de un carácter tan verdaderamente religioso que al oirla se llena el alma de ese recogimiento místico que lo acerca á uno á la Divinidad.

La música toda de la misa está llena de muchas y variadas glosas y de solos de instrumentos que contribuyen á embellecerla: pero, aunque profano, me atrevo á aconsejar á mi amigo Gutierrez que no prodigue tanto las unas y los otros, ni prolongue tanto los últimos como lo ha hecho con el solo de fiscorno que antecede al _Benedictus_, porque esto no da mas resultado que el distraer á los fieles del verdadero objeto que los lleva al templo, sobre todo cuando, como esta vez, son ejecutados por un buen Maestro; y son recursos que no necesita su rica imaginacion.

La misa es una obra completa y suficiente para formar un juicio favorable de su autor, quien sin duda alguna está llamado á esperar la gloria pura y esplendente que guarda el arte para los que saben gustarlo con la delicadeza de sentimiento que distingue á mi amigo Gutierrez. Hoy sin embargo que nos ha hecho conocer con otra obra distinguida, del género dramático, que se ha dado al estudio de la música clásica alemana, me atrevo no á aconsejarle, pues no me considero facultado para tanto, sino simplemente á indicarle que tenga especial cuidado en el estudio de la música alemana moderna porque en medio de su originalidad y de las infinitas bellezas en que abunda, sobre todo en armonía, se resiente algun tanto de ese mal que por desgracia se ha apoderado de todos los conocimientos humanos y que en literatura se conoce con el nombre de realismo. El buen criterio de mi amigo Gutierrez y el conocimiento que tiene de los grandes maestros músicos alemanes del siglo pasado y principios del presente, le deben servir de guia en sus estudios, y evitarle el que caiga en el defecto que he indicado.

Por mas que no me lo permita el objeto de este capítulo de mi reseña, me veo forzado á no terminarlo sin expresar el sentimiento que me domina al ver que no hay una academia de música en nuestra Ciudad, apesar de la aficion que en ella se nota por tan bello arte; y gracias á que la existencia de la orquesta de capilla dé motivo, de tiempo en tiempo, para que el público se ocupe de alguna obra religiosa que lo merezca. En lo profano hay sin embargo tambien mucho bueno que estudiar y que admirar.

[Ilustración]

XIV.

_Carreras de San Juan._

He aquí el punto culminante de las antiguas fiestas populares de nuestra Ciudad; lo que ha sido causa de alegría y de pesar para el pueblo; y lo que en otro tiempo constituia la principal diversion en los festejos del San Juan. Desde esa época á hoy las cosas, no obstante, han variado mucho, puesto que sin prohibicion de ningun género vemos que ya no se corre á caballo en las noches de las vísperas y dias de San Juan y San Pedro, como en otro tiempo se corria; y vemos que el pueblo, que tan frio se muestra para las carreras, se aficiona y mucho á otras clases de fiestas que no entraban nunca en el programa de las que celebraron sus antepasados.

En el presente año apenas veinte caballos recorrian las calles en las citadas noches; y si no hubiera sido por algunos pocos que se veian en la plaza dispuestos para ser alquilados, aunque no encontraron alquiladores, nada hubiera hecho presumir que nos hallábamos en aquellos dias en que este pueblo corriendo frenéticamente por las calles parecia un pueblo de locos, como nos dice el historiador Fr. Iñigo.

¿En qué consiste esta variacion? ¿Por qué se ha perdido la aficion á las corridas de caballos que eran en otro tiempo la diversion favorita?

El lector recordará que algo he dicho antes de ahora acerca de las causas que han motivado la variacion; y bien obvias deben ser, en mi humilde juicio, para todo el que se detenga á estudiar el cambio que ha sufrido nuestro pueblo en la media centuria últimamente transcurrida. Hasta principios de este siglo casi estuvo la Isla completamente incomunicada con el resto del mundo, sin que la visitaran mas que los poquísimos buques que hacian el monopolio mercantil de América y los corsarios y piratas que desgraciadamente no eran tan escasos como aquellos. Mas de una vez fueron incendiadas por estos últimos las humildes poblaciones que se habian levantado en las costas; y el temor de que semejantes escenas se reprodujeran, obligó á los habitantes á desparramarse por el interior de los campos, sin pensar por el momento en formar grupo alguno de poblacion; y buscando por el contrario cada cual el sitio mas recóndito donde guarecerse. Pero como no era posible que de esta manera viviesen gentes que habian gustado de los placeres de la sociedad, ni era dable tampoco que se concretasen á residir en determinada porcion de terreno sin pasar nunca mas allá; necesitando hacer los cambios propios del hombre social y anhelando por las relaciones que constituyen su trato mas noble, hubieron de encontrarse en el caso de moverse en todos sentidos, segun la conveniencia de cada dia y de cada atencion; y para conseguir este objeto en medio de un terreno escabroso y sin recursos para proporcionarse vias de comunicacion no habia mas que un animal que pudiera servir al hombre; este animal era el caballo. El caballo debió llegar á ser por estas razones una necesidad mas perentoria á veces que el alimento; y no es extraño que gozara de tanta predileccion entre todos los habitantes de la Isla: la familia, para establecerse en esta, debia tener la casa en que albergarse y el caballo en que moverse; sin este último recurso no se concebia ni podia concebirse la vida en el campo, como no se concebia ni podia concebirse sin la casa ó choza en que ponerse á cubierto de la intemperie.

Por eso el caballo fué objeto de tantas distinciones, de tantos cuidados, de tanta estimacion; y por eso así como casi puede decirse que formaba parte de la familia, tambien tomaba parte en todas las fiestas y regocijos. No solo por el animal que en tanta estima se tenia sino tambien por las personas, que se veian obligadas á saber montarlo y manejarle con la ligereza y seguridad que exigian los diversos lances de la vida, el caballo figuraba en todas partes y para todo se hacia uso de él. No era pues posible que al tratarse de las fiestas del Patron se olvidase aquel noble animal y mucho menos cuando de él se necesitaba para concurrir á aquellas. Esta misma circunstancia era un nuevo motivo para que cada cual tratase de traer su mejor caballo, ó que cuidase el que poseia con mas esmero al aproximarse la fiesta, ya por lo que en ello influiría indispensablemente el amor propio, ya tambien porque en muchos obraria la esperanza de hacer un negocio mas ó menos lucrativo, segun lo que gustara el animal que presentaba.

Y como de todos los pueblos de la Isla concurria gente á la ciudad, no debe admirar que se reuniese un número considerable de caballos y que estos fuesen de los mejores, porque precisamente era aquella la ocasion de lucirse. Excitados con el espectáculo los habitantes de la Capital, que no tenian la necesidad de poseer caballos, y animados por la misma privacion en que estaban todo el año para montar, proporcionaban á los _jíbaros_, ó campesinos pobres, la ocasion de traer sus jamelgos que encontraban fácil alquiler; y así se reunia un número prodigioso de ginetes en las noches antes citadas, porque de tarde no se atrevian á correr sino los que podian lucir buenos caballos.

En esas carreras tumultuosas y sin órden, preciso será confesar, aun en contra de la respetable opinion de nuestro historiador, que acontecian frecuentes desgracias; y algunas personas se encuentran todavia lisiadas por consecuencia de ellas. Así tenia que suceder corriéndose á todo escape por las estrechas calles de nuestra ciudad, en grupos demasiado numerosos y á veces hasta en sentido opuesto, que nunca faltan en estos casos, imprudentes, que, al pagar su falta, hacen víctimas de ella á otros que ninguna culpa tuvieron.

Hacian todavia mas peligrosas las carreras las _candeladas_ ú hogueras que se encendian en las esquinas ó sea en el centro de las confluencias de las calles, y en las que mas de un caballo, ciego por la velocidad de la carrera y por el mismo resplandor de las llamas, precipitó alguna vez ginete y _cumarracha_. Por mas que parezca hasta algo bárbaro el uso de estas hogueras, preciso será á convenir en que no fueron invencion de nuestro pueblo, puesto que las han encendido casi todos los de la tierra y desde la mas remota antigüedad las encendian tambien muchos pueblos del Oriente, justamente en los mismos dias de San Juan y de San Pedro, ó sea en el solsticio de verano, aunque lo hacian en honor del Sol. Aquí, sin duda, siguiendo tan añeja tradicion la encontraron muy propia para alumbrar las carreras, en aquellos tiempos en que nada alumbraba las calles de la ciudad.

Uno de los principales atractivos de estas carreras eran á no dudarlo las _cumarrachas_, que así se llamaban las compañeras que se llevaban á la grupa y que se sostenian en equilibrio sin mas que sujetarse del borde de las _banastillas_[12]. No conozco la etimología de la palabra _cumarracha_, pero si se ha de juzgar por las dos voces de que se forma, _cuma_ y _racha_, su significacion ofende hasta el pudor del menos delicado y da una pobre idea de aquella costumbre que muchos califican de inocente, sin recordar tal vez que en la conciencia pública existia la conviccion de que nada ganaban con ella ni las familias ni la moral pública; y que aun cuando hubiera muchos que gozaran con toda pureza de la extraña impresion de llevar junto á sí á la amada de su corazon y encontraran un nuevo placer en el mismo peligro que podia proporcionarles la ocasion de salvarla valerosamente de él; otros y no pocos por desgracia solo veian un motivo para burlar la vigilancia materna y sembrar en medio de la fiesta los gérmenes de un profundo dolor que no tardaba mucho en pronunciarse.