Part 5
Por todas las calles que dan á la plaza principal afluia la gente en tropel para presenciar los fuegos que dieron principio á las ocho en punto. Cohetes, ruedas, llamas ardieron sucesivamente, en medio de los aplausos del público y de los armoniosos acordes de una música militar que amenizaba el acto; y con intérvalo de una hora se elevaron dos globos de distintas formas y dimensiones, venciendo el mayor la contrariedad de haberse roto contra uno de los adornos del salon de la plaza. Despues de una hora de grato entretenimiento, del que disfrutaron millares de personas que hacinadas ocupaban la plaza, las calles de los alrededores y los balcones, puertas y azoteas de las casas que dan al primer sitio, se dió fuego á un castillo de tres cuerpos, y unos quince piés de alto, que era la pieza principal de los fuegos. Empezó á arder por el cuerpo inferior que presentó de pronto iluminadas con bonitas luces de variados colores las puertas que adornaban los cuatro frentes; y antes de que esas luces se estinguieran, comunicándose el fuego á los cuerpos superiores, se iluminaron de repente, haciendo disparos en todas direcciones y dejando escapar cohetes. Cuando el fuego era mas intenso, el espectáculo no podia ser mas hermoso; torrentes de luz entremezclados de torrentes de fuego aparecian por los cuatro lados, dejando ver de vez en cuando los fogages de los disparos de mas ó menos intensidad que salian de los distintos cuerpos del edificio, hasta concluir en el remate superior por la elevacion de cohetes de gran fuerza.
Un momento despues la ilusion habia desaparecido y solo quedaba un poco de humo que el perezoso viento de la noche arrastraba lentamente por los aires. Así pasan todas las ilusiones de la vida, sin dejar mas que un poco de humo; á veces brillante cuando la luz de la gloria lo ilumina, á veces denso y opaco cuando lo ennegrece el remordimiento de lo pasado.
Una llama blanquísima de Bengala que iluminó la plaza por fin de fiesta, permitió ver la apiñada muchedumbre que se oprimia buscando salida; aquellos millares de cabezas presentaban en su fluctuacion la imágen del embravecido mar cuando sus olas encrespadas se precipitan las unas sobre las otras, amenazando destruir cuanto encuentren á su paso. El mar humano que allí se movia, nada, sin embargo, destruyó; y pronto por el contrario desparramada por las calles desapareció la numerosa concurrencia satisfecha y alegre, narrando cada cual aquello que mas habia llamado su atencion.
La plaza, no obstante, no quedó desierta; permanecian firmes en ella todos los que se disponian á acompañar la música que debia recorrer las calles; y los chiquillos se disputaban acaloradamente el derecho de convertirse en portadores de las teas con que por costumbre se habia de iluminar aquel alegre paseo nocturno.
A las diez en punto partió la música acompañada de un numeroso séquito que no la abandonó ni por un momento en la larga escursion que hizo por todas las calles de la ciudad. Media noche era cuando todavia se dejaban oir sus dulces ecos y el alegre bullicio de los acompañantes que no querian perder ni una sola nota ni tampoco un solo incidente de los de aquel dia.
Así terminó el 1º. de Junio en medio del contento general de la poblacion que veia inaugurar las fiestas con un brillo y una animacion que competia sino excedia á la de los tiempos mas alegres; y todos se prometieron desde aquel momento un dichoso mes de San Juan.
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VII.
_Recepcion del Gobernador Superior de la Isla._
Las poblaciones obedecen indudablemente á la misma ley física á que se hallan sujetos todos los cuerpos de la naturaleza; y una vez impulsados en un sentido siguen el movimiento mientras no encuentran una resistencia superior á la fuerza de impulsion. Así acontece con esta ciudad en las presentes fiestas; dada la señal del principio de estas, en seguida se hizo notar la animacion que en todos los habitantes reinaba y que ha venido en _crescendo_ constante, á medida que se adelantaban los dias; y como generalmente sucede que, despues del primer impulso, cada paso que se dá no es mas que el estímulo de uno nuevo; y que suelen improvisarse fiestas, cuando de estas se trata, que nadie hubiera soñado incluir en el programa; resulta frecuentemente que este se perturba y aun se anula, porque precisamente lo que no contenia es lo que mas luce ó llama la atencion, sobre todo si el pensamiento que encierra merece la aprobacion ó las simpatías del público.
Tal ha acontecido en el presente año con la recepcion hecha el 2 de Junio al Gobernador Superior y á su amable y apreciada familia. Hallábanse SS. EE. en el pueblo de Cáguas, adonde habian concurrido á presenciar las fiestas que en su obsequio se celebraron en los dias de las páscuas de Pentecostes y súpose aquí que debian volver á esta ciudad el mártes 2 de Junio. Veinte y cuatro horas faltaban para el momento de la llegada; pero lo corto de este espacio de tiempo no arredró al Ayuntamiento de la Capital para preparar una recepcion digna de las elevadas personas que esperaba y digna tambien del afecto que han sabido despertar en esta poblacion. El representante de ella supo comprender que era el momento oportuno de hacer conocer al Gefe Superior de la Isla las simpatías que por él y por su estimable familia siente la ciudad y con la festinacion que exijia el corto tiempo de que podia disponerse se preparó todo lo conveniente para la recepcion.
Al dia siguiente á las cuatro y media de la tarde salia el Excmo. Ayuntamiento en coches de lujo que lo condujeron hasta el puente de la Aurora, límite de su jurisdiccion municipal: allí se levantaba un sencillo arco de follage que ostentaba por todos adornos varios frutos del país y una banda de música militar esperaba el instante en que se presentaran SS. EE. La marcha de Infantes ejecutada por aquella anunció la llegada á los pocos momentos; y adelantándose por un lado el Ayuntamiento y por otro el Excmo. Sr. Gobernador que al efecto habia bajado del coche, despues de los saludos de cortesía, tomando la palabra el Presidente de la Corporacion popular expuso al Gobernador, en breves pero sentidas frases, los sentimientos del Municipio y de toda la poblacion, que deseaba dar á S. E. aquella prueba de respetuoso afecto. S. E., impresionado y sorprendido agradablemente, manifestó la satisfaccion que en aquellos instantes esperimentaba por la deferencia que hácia él mostraba el Ayuntamiento y que en medio del placer que sentia al recibir las atenciones de los pueblos que acababa de visitar y en particular las de la Capital de la Isla, se prometia que, levantado el espíritu público, podria trabajar con buen éxito en la prosperidad de esta hermosa provincia.
Ocupado por S. E. el lugar preferente en la hermosa carretela que se llevaba al efecto dispuesta, en union del General 2º. Cabo y del Corregidor de la Capital, se puso en marcha la comitiva compuesta de doce ó catorce coches en que iban en el primer término la señora y niños de S. E., despues los miembros del Ayuntamiento, los Ayudantes de SS. EE. y por último algunas personas particulares.
Frente á la subida del pueblo de Cangrejos se levantaba otro arco de follaje y flores del tiempo, cuyo adorno principal consistia en una lijera nubecilla que pendia del centro y que al pasar por debajo el coche en que venia la familia de S. E. se abrió tan oportunamente que casi cayeron dentro de él las dos palomas que contenia en su seno.
A la entrada del Puente de San Antonio se levantaba otro elegante arco gótico que lucia á sus costados lozanas matas de plátano; y otra música militar ejecutó la marcha al aproximarse SS. EE. Dos miembros del Ayuntamiento que esperaban al efecto, se adelantaron á los estribos del coche en que venian la señora y la niña de S. E. y ofreciéndoles dos bonitos _bouquets_, uno de ellos dirigió á la señora las siguientes ó parecidas palabras: "Excma. Sra.:--En nombre del Excmo. Ayuntamiento de la ciudad ofrecemos á V. E. estos ramos que en su sencillez simbolizan la de los habitantes de Puerto-Rico, y en la viveza de sus colores la alegría de los corazones que hoy victorean al digno esposo de V. E. Sírvase V. E. aceptarlos, como muestra del afecto que por su Gobernador siente la ciudad en cuya representacion venimos." La señora contestó dando las gracias por la muestra de distincion que recibia y suplicó se hiciera así presente á los habitantes de la ciudad, cuyos buenos sentimientos ya conocia. En seguida volvió á ponerse en marcha la comitiva; y despues de pasar por otro arco de ramaje que se levantaba al terminar el paseo de Puerta de Tierra, en el que se hallaba otra banda de música; y de haber entrado en la capital, á cuya puerta estaba otra orquesta, se dirijió á la Casa de Ayuntamiento, por la calle de San Francisco, cuyos balcones se hallaban vistosamente colgados y cuajados de gente que victoreaba al Gobernador de la isla, á la vez que variadas llamas de Bengala alumbraban el trayecto. Delante de los portales de la Casa capitular se levantaba el último arco adornado de trofeos militares y superado por las armas de España y las de Puerto-Rico y apoyándose en sus dos columnas dos maceros de la Corporacion en trage de gala.
Llegada á este punto, la comitiva bajó de los coches y subió á los salones del Municipio en donde una mesa sencilla pero bien dispuesta ofrecia un _lunch_ reparador á los ilustres viageros. Diversas señoras de las familias de los Concejales recibieron á la familia de S. E. y despues de los saludos de cortesía todos ocuparon lugar en la mesa y pronto reinó una franca cuanto digna alegría que animaba aun mas la música que en la parte exterior ejecutaba preciosas danzas. Al concluir el _lunch_ y puestos de pié S. E. y demás señores que se hallaban presentes; el Gobernador tomando la copa brindó por S. M. la Reina (q. D. g.) á quien ofreció dar cuenta de los nobles y leales sentimientos de los habitantes de esta antilla; por el Ayuntamiento de la Capital, al cual no podia menos que agradecer las deferentes atenciones que recibia y que aceptaba como representante de la Suprema Autoridad de la nacion, á la vez que agradecia por sí mismo.
Despues de una hora de agradable reunion SS. EE. siguieron para su palacio acompañados del Excmo. Sr. General 2º. Cabo, y de los Sres. Corregidor, Teniente-Alcaldes y algunos Concejales; á los cuales volvió á manifestar su reconocimiento al despedirse de ellos.
La concurrencia que atrajo este acto á las afueras de Puerta de tierra, á la plaza de Santiago y calle de San Francisco y á la plaza principal era numerosísima; y sin duda alguna dió la medida de las simpatías que disfruta el Gefe Superior de la Isla entre los habitantes de la ciudad el como se apiñaba la gente para verle pasar así como los repetidos vivas y aclamaciones que por todas partes se oian. Fué una verdadera fiesta popular tan alegre y animada como bien aceptada por el público; y digna por todos conceptos de la Autoridad á quien se dirigia y de la Corporacion que la ofrecia.
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VIII.
_Las alboradas._
Ya saben los lectores cual fué el orígen de las alboradas y como han venido á parar en celebrarse en las primas noches en vez de serlo en los primeros albores del dia. Esta fiesta ha venido á quedar reducida con el tiempo á no tener otra significacion que la de una manifestacion pública, dada por los que la efectúan, de su deseo de tomar parte en el regocijo general.
Por esta razon, sin duda, cuando se trata de las fiestas de San Juan, es de rigor que todos los que realizan alguna diversion, ó toman parte en el conjunto de las que constituyen los festejos, saquen una alborada; y casi siempre tambien ha acontecido que las sacan igualmente los que impulsados por la alegría quieren hacer partícipes de ella á sus convecinos, aun cuando para ello no haya precedido programa alguno.
En el presente año, como en todos los demás, no era posible prescindir de esta diversion peculiar de las fiestas de San Juan; y han celebrado sus alboradas no solo los gremios que constaban en el apéndice al programa del Ayuntamiento, sino que tambien las ha habido sin anuncio de ningun género y con mas ó menos pompa, segun los que las sacaban.
En los dias 3, 6, 7, 8, 10, 11 y 12 celebraron las suyas respectivamente los gremios de Acarreadores, Albañiles, Detallistas de provisiones, Zapateros, Músicos, Carpinteros y Barberos; y demás está que diga que con mas ó menos animacion, con mas ó menos ruido, en todas ellas hubo reunion de gentes, profusion de disparos, franca y sencilla algazara y todo lo que constituye esa clase de fiesta popular, que no por ser vista con indiferencia por las personas que pueden disfrutar de otra clase de diversiones, deja de ser bien aceptada por el público en general; y hace bien en aceptarla porque es una diversion sencilla que en nada ofende á la cultura del pueblo. Esa orquesta que recorre las calles, acompañada de una multitud mas ó menos numerosa, que marcha á la luz de los achones y en medio de los gritos de la mas cordial y alegre espansion, interrumpida solo por el ruido de los cohetes ó por el silencio que reina mientras se remonta á los aires un globo, es á no dudarlo un espectáculo que participa mucho de la sencillez de los tiempos antiguos, pero que en nada se opone á las exigencias de la mas avanzada civilizacion, ni tiene nada que sea contrario á la moral, ni que pueda rechazarse por motivo alguno; siquiera no se la considere mas que como un medio de llevar á todos los ángulos de la poblacion la animacion y la alegría, que brota siempre con mas expontaneidad entre la gente de buen humor que se halla dispuesta á divertirse á todas horas.
Tal ha sido el carácter general de las alboradas que he anotado; y ninguna de ellas, á excepcion de la de los Detallistas de provisiones, de que mas adelante me ocuparé, ha ofrecido novedad alguna que merezca mencionarse; como no sea la de un bonito himno cantado en la de los Barberos; y cuya letra, lo mismo que las composiciones poéticas distribuidas en los demás, se hallarán en el apéndice. Pero aunque ninguna novedad hayan ofrecido estas fiestas para los que saben lo que siempre han sido, proporcionaron algunas noches de pública animacion, en que se vieron mas ó menos concurridas las calles y mas ó menos alegría en las gentes que por ellas paseaban, segun la importancia de cada una de aquellas diversiones.
La justicia exije que hable especialmente de la de los Detallistas de provisiones, porque estos dieron lugar no solo á los espectáculos propios de fiestas, sino que á la vez efectuaron actos que contribuyendo al mayor realce de aquellas, pusieron de relieve los sentimientos filantrópicos de los que lo realizaban. Nunca es mas justificada la alegría y se generaliza mas fácilmente que cuando procede de causas nobles que contribuyan al alivio de los afligidos; porque, de ese modo, estos últimos no solo se encuentran favorecidos en su desgracia y remediados en sus necesidades, sino que se encuentran en disposicion de tomar parte en los regocijos públicos, tanto porque á ello se presta la satisfaccion que esperimenta aquel cuya suerte se mejora, aunque sea momentáneamente, cuánto porque la gratitud los obliga á unirse á sus bienhechores y participar de sus satisfacciones.
La caridad es una virtud que tiene el don especial de llevar la alegría, así á los corazones de los que la ejercitan, como á los de los que la reciben; y por eso no es estraño ver que todos los actos de caridad que se hacen públicos llevan consigo un sello determinado de regocijo, tan puro y expontáneo como quizás no se encuentre en otras fiestas; y por esto tambien se ve generalmente que el público se apresura á adherirse, aunque solo sea con el deseo, á los actos de ese género que llegan á su dominio.
Esto es precisamente lo que ha acontecido con la limosna anunciada por los Detallistas para distribuir el dia de su alborada; y los pobres á quienes la miseria, sin duda, retenia estraños á las fiestas, se creyeron desde luego obligados á hacerse partícipes, al ver que no se les habia olvidado en medio del conjunto de diversiones que á todos distraian.
Era un espectáculo alegre á la par que conmovedor ver desfilar cuatrocientas personas cuyos rostros anunciaban la satisfaccion del que, en medio de la mas absoluta carencia de todo lo que sirve para cubrir las necesidades comunes de la vida, se encuentra de repente con que lleva entre sus manos el alimento de dos dias. Aunque la hora en que se verificó el acto no era la mas apropósito para la reunion, por ser á las doce del dia, muchas personas lo presenciaron, sin embargo; y los detallistas pueden conservar además de la dulce satisfaccion que proporciona siempre el hacer el bien, el grato recuerdo de que cuantos tuvieron conocimiento de este acto no pudieron menos que aplaudirle de corazon, y, lo que es mas, sentir el no haber tenido parte en aquella obra de misericordia, que aunque fuera por un solo dia, llevaba el contento á tantas familias.
El mismo gremio tuvo por la noche fuegos artificiales en la plaza principal; pero, ó bien por la lluvia que cayó poco antes de la hora prefijada para quemarlos y probablemente los humedeció, ó bien por cualquiera otra causa, tuvieron mal éxito y la numerosa concurrencia que en aquel sitio se habia reunido hubo de conformarse con disfrutar de la música que ejecutó entre otras piezas una brillante sinfonía á toda orquesta.
El gremio de Carpinteros que, como he indicado, tuvo su alborada el dia 11, dedicó al Gefe Superior de la Isla no solo la composicion poética que es costumbre, sino tambien una alocucion que en el apéndice encontrarán los lectores y que tiene el mérito de manifestar los sentimientos de este pueblo sencillo y las esperanzas que ha fundado en el Gobernador de la provincia. El cielo le ilumine, no para hacer el bien, que yo no dudo que lo desea y trabajará por ello, sino para conocer á este pueblo digno sin duda, por mas de una cualidad, de que se le conduzca por el verdadero camino del progreso.
Si los lectores se detienen algun tanto en los himnos y demás composiciones poéticas distribuidas en las alboradas, abstraccion hecha de sus condiciones literarias, sobre las que por desgracia habria mucho que decir, encontrarán en ellas, sin duda alguna, un indicio cierto de los deseos, de las aspiraciones de este pueblo sencillo y leal que lucha por abrirse paso á traves de los obstáculos que impiden su prosperidad; y que espera, siempre tranquilo y siempre confiado en la maternal solicitud de Nuestra Augusta Soberana, que medidas salvadoras le saquen del estacionamiento en que se halla sumido hace ya algunos años.
Volvamos empero, á las alboradas, que, aparte de lo que acaba de verse, sinó han tenido el mérito de la novedad en el presente año, preciso será reconocer que han dado á la poblacion, durante ocho ó diez dias del mes de Junio, una animacion que puede competir en muchas de ellas con las de las fiestas mas principales que se han efectuado. Casi todos los gremios del comercio y de la industria han tenido en ellas su parte; y así era de esperarse tratándose de una fiesta popular y de una fiesta que la tradicion viene conservando hace mas de medio siglo; por mas que, como antes lo he dicho, estemos muy lejos de la causa que le diera orígen y que de seguro era hasta ignorada por la mayoría de los lectores y tambien de los mismos que hoy sostienen las alboradas.
Inútil seria que yo tratara de hacer la descripcion de cada una de las que he enumerado: todas ellas presentan la misma fisonomía, con las pequeñas variantes de que he hecho mérito; y basta haber visto una sola vez esos grupos numerosos que, en confusion pero sin desórden, recorren las calles precedidos por banderas nacionales y farolas de colores con inscripciones alegóricas á la fiesta, alumbrados por los hachos de _tabanuco_, animados por la alegre algazara de un enjambre de chiquillos, que abundan como granos de arroz en la tala del laborioso _jíbaro_, y seguidos por orquestas mas ó menos importantes, que en general ejecutan siempre danzas, dando así mayor animacion á la fiesta y produciendo en una gran parte del público un regocijo siempre nuevo cuando se trata de este baile provincial, para formarse idea exacta de lo que es una alborada; y de lo que han sido todas las que hemos anotado al empezar este capítulo. Fiestas inocentes, mensajeras de la alegría y que son como las precursoras de las que han de venir tras ellas; y de que me ocuparé mas adelante.
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IX.
_Exposicion de pinturas._
El lector me permitirá que por un momento me separe del órden del programa que he venido observando en la descripcion de las fiestas, para hablarle de un hecho que en realidad no constituye una diversion, pero que ha sido de los que mas realce han dado á las fiestas de San Juan en el presente año. Refiérome á la exposicion de pinturas de mi querido amigo el jóven artista Puerto-Riqueño D. Francisco Oller, que ha estado abierta desde el 14 al 30 de Junio y que ha sido favorecida no solo por la concurrencia de todas las personas de buen gusto y de sentimiento artístico que han ido á admirar mas de una belleza de las muchas que ha exhibido el pintor de nuestra isla; sino tambien por numeroso pueblo que, con menos criterio artístico, pero quizás con mejor sentimiento á veces, aplaude lo bello sin saberse explicar la razon de ello.
Así como no hubiera sido justo pasar desapercibida la exposicion de pinturas, así tambien confieso paladinamente que no me atreveré á entrar de lleno en un juicio crítico de las obras de mi amigo Oller, porque reconozco que sería tarea muy superior á mis débiles fuerzas, por mas que haya oido respetables opiniones y me haya detenido en estudiar los cuadros presentados. Confórmese, pues, el lector con una simple opinion _ex cathedra_, formulada dentro del modesto círculo á que alcanza mi sentimiento estético; y sepa el amigo Oller que no tengo aquí la pretension de ofrecer una crítica razonada, sino simplemente hacer una descripcion mas ó menos cierta del hermoso espectáculo que nos ha dado ocasion de admirar.
Hermoso espectáculo, sí, porque lo son todos aquellos que hablan á la imaginacion y al sentimiento y tienen el privilegio especial de conmover los corazones que saben gustar de lo verdadero, de lo bueno, de lo bello. Solo al arte le es dado brindarnos un conjunto de procedimientos que hieran el alma en sus mas delicadas fibras, produciendo sensaciones de dolor ó de placer, con las que tal vez no sabríamos de otro modo connaturalizarnos.
Entremos en el salon de pinturas y ocupémonos de los cuadros por el órden mismo con que los presenta el Sr. Oller en su catálogo.
1º--Retrato de S. M. la Reina Doña Isabel II (q. D. g.), copia del que posee el Excelentísimo Ayuntamiento de la Capital, obra del distinguido pintor Sr. Madrazo y único original que existe en esta Isla.
En esta copia el artista ha introducido algunas variaciones, sin duda teniendo en cuenta que el original fué hecho en 1850 y tambien por ser imposible sugetar la mano de un artista que se encuentra á cierta altura para ceñirla á hacer una copia servil: todo, sin embargo, está estudiado en este cuadro y el estilo del Maestro bastante bien interpretado.
2º.--Retrato de la Excma. Sra. Doña Clementina Buttler de Marchessi. Este cuadro me ha hecho comprender que cuando en la espresion de una cabeza predomina un sentimiento cualquiera, el artista se siente entusiasmado y ejecuta su obra lleno de ardor. La Sra. Marchessi es buena y esa bondad se demuestra en su rostro, al cual la naturaleza hizo además hermoso; ambas dotes han contribuido, á no dudarlo, á que el artista haya sabido aprovechar tan hermoso modelo, como lo prueba el estilo largo y franco que distingue al cuadro. Los detalles, como en general todos los de mi amigo Oller, están bien estudiados; la perspectiva del fondo bien entendida; y las carnes ofrecen tintes mas suaves que las de otras figuras de que me ocuparé mas adelante.