La Vuelta de Martín Fierro

Part 4

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751 Yo tenía unas jergas viejas, que habian sido mas peludas; y con mis carnes desnudas, el viejo, que era una fiera, me hechaba a dormir ajuera con unas heladas crudas.

752 Cuando mozo jué casao, aunque yo lo desconfío, y decía un amigo mío que, de arrebatao y malo, mató a su mujer de un palo porque le dió un mate frío.

753 Y viudo por tal motivo nunca se volvió a casar; no era fácil encontrar ninguna que lo quisiera: todas temerían llevar la suerte de la primera.

754 Soñaba siempre con ella, sin duda por su delito, y decía el viejo maldito, el tiempo que estuvo enfermo, que ella dende el mesmo infierno lo estaba llamando a gritos.

XV

755 siempre andaba retobao: con ninguno solía hablar; se divertía en escarbar y hacer marcas con el dedo, y en cuanto se ponía en pedo me empezaba a aconsejar.

756 Me parece que lo veo con su poncho calamaco, despues de echar un güen taco, ansí principiaba a hablar: "Jamás llegues a parar ande veas perros flacos."

757 "El primer cuidao del hombre es defender el pellejo. Lleváte de mi consejo, fijáte bien en lo que hablo: el diablo sabe por diablo, pero más sabe por viejo."

758 "Hacéte amigo del juez; no le des de que quejarse; y cuando quiera enojarse vos te debés encoger, pues siempre es güeno tener palenque ande ir a rascarse."

759 "Nunca le llevés la contra, porque él manda la gavilla: allí sentao en su silla, ningún güey le sale bravo; a uno le da con el clavo y a otro con la cantramilla."

760 "El hombre, hasta el más soberbio, con más espinas que un tala, aflueja andando en la mala y es blando como manteca: hasta la hacienda baguala cai al jagüel con la seca."

761 "No andés cambiando de cueva; hacé las que hace el ratón. Conserváte en el rincón en que empezó tu esistencia: vaca que cambia querencia se atrasa en la parición."

762 Y menudiando los tragos aquel viejo, como cerro, "No olvidés", me decía, "Fierro, que el hombre no debe crer en lágrimas de mujer ni en la renguera del perro."

763 "No te debes afligir aunque el mundo se desplome. Lo que más precisa el hombre tener, según yo discurro, es la memoria del burro, que nunca olvida ande come."

764 "Deja que caliente el horno el dueño del amasijo; lo que es yo, nunca me aflijo y a todito me hago el sordo: el cerdo vive tan gordo, y se come hasta los hijos."

765 "El zorro que ya es corrido dende lejos la olfatea; no se apure quien desea hacer lo que le aproveche la vaca que más rumea es la que da mejor leche."

766 "El que gana su comida güeno es que en silencio coma; ansina, vos, ni por broma querás llamar la atención: nunca escapa el cimarrón si dispara por la loma."

767 "Yo voy donde me conviene y jamás me descarrío; lleváte el ejemplo mío, y llenarás la barriga: aprendé de las hormigas: no van a un noque vacío."

768 "A naides tengás envidia: es muy triste el envidiar; cuando veás a otro ganar, a estorbarlo no te metas: cada lechón en su teta es el modo de mamar."

769 "Ansí se alimentan muchos mientras los pobres lo pagan; como el cordero hay quien lo haga en la puntita, no niego; pero otros, como el borrego, todo entera se la tragan."

770 "Si buscás vivir tranquilo dedicate a solteriar más si te querés casar, con esta alvertencia sea: que es muy difícil guardar prenda que otros codicean."

771 "Es un bicho la mujer que yo aquí no lo destapo, siempre quiere al hombre guapo; mas fijate en la eleción, porque tiene el corazón como barriga de sapo."

772 Y gangoso con la tranca, me solia decir: "Potrillo, recién te apunta el cormillo, mas te lo dice un toruno: no dejés que hombre ninguno te gane el lao del cuchillo."

773 "Las armas son necesarias, pero naides sabe cuándo; ansina, si andás pasiando, y de noche sobre todo, debés llevarlo de modo que al salir, salga cortando."

774 "Los que no saben guardar son pobres aunque trabajen; nunca, por más que se atajen, se librarán del cimbrón: al que nace barrigón es al ñudo que lo fajen."

775 "Donde los vientos me llevan allí estoy como en mi centro; cuando una tristeza encuentro tomo un trago pa alegrarme: a mí me gusta mojarme por ajuera y por adentro."

776 "Vos sos pollo, y te convienen toditas estas razones; mis consejos y leciones no echés nunca en el olvido: en las riñas he aprendido a no peliar sin puyones."

777 Con estos consejos y otros que yo en mi memoria encierro, y que aquí no desentierro, educándome seguía, hasta que al fin se dormía mesturao entre los perros.

XVI

778 Cuando el viejo cayó enfermo, viendo yo que se empioraba y que esperanza no daba de mejorarse siquiera, le truje una culandrera a ver si lo mejoraba.

779 No cuanto lo vió, me dijo: "Este no aguanta el sogazo: muy poco le doy de plazo; nos van ha dar un epetáculo, porque debajo del brazo le ha salido un tabernáculo."

780 Dice el refrán que en la tropa nunca falta un güey corneta: uno que estaba en la puerta le pegó el grito ahi no más: "Tabernáculo,... ¡Que bruto! Un tubérculo dirás."

781 Al verse ansí interrumpido, al punto dijo el cantor: "No me parece ocasión de meterse los de ajuera; tabernáculo, senor, le decía la culandrera."

782 El de ajuera repitió, dándole otro chaguarazo: "Allá va un nuevo bolazo copo y se la gano en puerta a las mujeres que curan se las llama curanderas."

783 No es güeno -dijo el cantor- muchas manos en un plato y diré al que ese barato ha tomao de entrometido, que no creia haber venido a hablar entre literatos.

784 Y para seguir contando la historia de mi tutor, le pediré a ese dotor que en mi inorancia me deje, pues siempre encuentra el que teje otro mejor tejedor.

785 Seguía enfermo, como digo, cada vez más emperrao; yo estaba ya acobardao y lo espiaba dende lejos; era la boca del viejo la boca de un condenao.

786 Allá pasamos los dos noches terribles de invierno: el maldecía al padre Eterno como a los Santos benditos, pidiendolé al diablo a gritos que lo llevara al infierno.

787 Debe ser grande la culpa que a tal punto mortifica; cuando vía una reliquia se ponía como azogado, como si a un endemoniado le echaran agua bendita.

788 Nunca me le puse a tiro, pues era de mala entraña; y viendo herejía tamaña, si alguna cosa le daba, de lejos se la alcanzaba en la punta de una caña.

789 "Será mejor", decía yo, "Que abandonado lo deje, que blasfeme y que se queje, y que siga de esta suerte, hasta que venga la muerte y cargue con este hereje."

790 Cuando ya no pudo hablar le até en la mano un cencerro, y al ver cercano su entierro, arañando las paredes, espiró allí entre los perros y este servidor de ustedes.

XVII

791 Le cobré un miedo terrible después que lo vi dijunto; llamé al alcalde, y al punto acompañado se vino de tres o cuatro vecinos a arreglar aquel asunto.

792 "Anima bendita", dijo un viejo medio ladiao "Que Dios lo haiga perdonao, es todo cuanto deseo, le conocí un pastoreo de terneritos robaos."

793 "Ansina es", dijo el alcalde; "Con eso empezó a poblar; yo nunca podré olvidar las travesuras que hizo; hasta que al fin fué preciso que le privasen carniar."

794 "De mozo fue muy jinete: no lo bajaba un bagual; pa ensillar un animal sin necesitar de otro, se encerraba en el corral, y alli golpiaba el potro."

795 "Se llevaba mal con todos: era su costumbre vieja el mesturar las ovejas, pues al hacer el aparte sacaba la mejor parte, y despues venía con quejas."

796 "Dios lo ampare al pobrecito", dijo en seguida un tercero. "Siempre robaba carneros; en eso tenía destreza: enterraba las cabezas y despues vendía los cueros."

797 "¡Y qué costumbre tenía cuando en el jogón estaba! Con el mate se agarraba estando los piones juntos. -Yo tallo -decía-y apunto- y a ninguno convidaba."

798 "Si ensartaba algún asao -¡pobre! ¡Como si lo viese!-, Poco antes de que estuviese primero lo maldecía, luego después lo escupía para que naides comiese."

799 "Quien le quitó esa costumbre de escupir el asador fue un mulato resertor que andaba de amigo suyo: un diablo muy peliador que le llamaban Barullo."

800 "Una noche que les hizo como estaba acostumbrao, se alzó el mulato enojao y le gritó: -¡viejo indino, yo te he de enseñar, cochino, a echar saliva al asao!-"

801 "Lo saltó por sobre el juego con el cuchillo en la mano; ¡la pucha el pardo liviano! En la mesma atropellada le largó una puñalada que la quitó otro paisano..."

802 "Y ya caliente Barullo, quiso seguir la chacota; se le había erizao la mota lo que empezó la reyerta: el viejo ganó la puerta y apeló a las de gaviota."

803 "De esa costumbre maldita dende entonces se curó; a las casas no volvió: se metió en un cicutal y alli escondido pasó esa noche sin cenar."

804 Esto hablaban los presentes, y yo, que estaba a su lao al oir lo que he relatao, aunque él era un perdulario, dije entre mí: "¡Que rosario le estan lanzando al finao!".

805 Luego comenzó el alcalde a registrar cuanto había, sacando mil chucherias y guascas y trapos viejos, temeridá de trebejos que para nada servían.

806 Salieron lazos, cabrestos, coyundas y maniadores, una punta de arriadores, cinchones, maneas, torzales una porción de bozales y un montón de tiradores.

807 Habia riendas de domar frenos, estribos quebraos; bolas, espuelas, recaos, unas pavas, unas ollas, y un gran manojo de argollas de cinchas que había cortao.

808 Salieron varios cencerros, alesnas, lonjas, cuchillos, unos cuantos cojinillos un alto de jergas viejas, muchas botas desparejas y una infinidá de anillos.

809 Había tarros de sardinas, unos cueros de venao, unos ponchos aujeriaos, y en tan tremendo entrevero apareció hasta un tintero que se perdió en el juzgao.

810 Decía el alcalde muy serio: "Es poco cunato se diga; había sido como hormiga. He de darle parte al Juez. ¡Y que me venga después con que no se los persiga!"

811 Yo estaba medio azorao de ver lo que sucedía; entre ellos mesmos decían que unas prendas eran suyas, pero a mi me parecía que estas eran aleluyas.

812 Y cuando ya no tuvieron rincón donde registrar, cansaos de tanto huroniar y de trabajar en balde, "Vámosnos", dijo el alcalde, "Luego lo haré sepultar."

813 Y aunque mi padre no era el dueño de ese hormiguero, el, allí muy cariñero, me dijo con muy buen modo: "Vos serás heredero y te harás cargo de todo."

814 "Se ha de arreglar este asunto como es preciso que sea; voy a nombrar albacea uno de los circustantes; las cosas no son como antes tan enredadas y feas."

815 "¡Bendito Dios!", pensé yo, "Ando como un pordiosero, y me nuembran heredero de toditas estas guascas. ¡Quisiera saber primero lo que se han hecho mis vacas!"

XVIII

816 Se largaron, como he dicho, a disponer el entierro; cuando me acuerdo me aterro: me puse a llorar a gritos al verme allí tan solito con el finao y los perros.

817 Me saqué el escapulario, se lo colgué al pecador, y como hay en el Señor misericordia infinita, rogué por la alma bendita del que antes jué mi tutor.

818 No se calmaba mi duelo de verme tan solitario; ahí le champurrié un rosario como si juera mi padre, besando el escapulario que me había puesto mi madre.

819 "Madre mía", gritaba yo, "¿dónde estarás padeciendo? El llanto que estoy virtiendo lo redamarías por mí, si vieras a tu hijo aquí todo lo que esta sufriendo."

820 Y mientras ansí clamaba sin poderme consolar, los perros, para aumentar mas mi miedo y mi tormento, en aquel mesmo momento se pusieron a llorar.

821 Libre Dios a los presentes de que sufran otro tanto; con el muerto y esos llantos les juro que faltó poco para que me vuelva loco en medio de tanto espanto.

822 Decían entonces las viejas, como que eran sabedoras, que los perros cuando lloran es porque ven al demonio; yo creia en el testimonio como cré siempre el que inora.

823 Ahi dejé que los ratones comieran el guasquerío y como anda a su albedrío todo el que güerfano queda, alzando lo que era mío abandoné aquella cueva.

824 Supe después que esa tarde vino un pión y lo enterró; ninguno lo acompañó ni lo velaron siquiera; y al otro día amaneció con una mano dejuera.

825 Y me ha contao además el gaucho que hizo el entierro -al recordarlo me aterro, me da pavor este asunto- que la mano del dijunto se la había comido un perro.

826 Tal vez yo tuve la culpa porque de asustao me fuí; supe, despues que volví, y asigurárselos puedo, que los vecinos, de miedo, no pasaban por allí.

827 Hizo del rancho guarida la sabandija mas sucia -el cuerpo se despeluza y hasta la razón se altera-; pasaba la noche entera chillando allí una lechuza.

828 Por mucho tiempo no pude saber lo que me pasaba; los trapitos con que andaba eran puras hojarascas; todas las noches soñaba con viejos, perros y guascas.

XIX

829 Anduve a mi voluntá, como moro sin señor; ese jué el tiempo mejor que yo he pasado tal vez; de miedo de otro tutor, ni aporté por lo del Juez.

830 "Yo cuidaré", me había dicho, "De lo de tu propiedá: todo se conservará, el vacuno y los rebaños, hasta que cumplas 30 años, en que seás mayor de edá."

831 Y aguardando que llegase el tiempo que la ley fija, pobre como lagartija y sin respetar a naides, anduve cruzando el aire como bola sin manija.

832 Me hice hombre de esa manera bajo el más duro rigor; sufriendo tanto dolor muchas cosas aprendí; y, por fin, vítima fuí del mas desdichado amor.

833 De tantas alternativas esta es la parte peluda infeliz y sin ayuda, fué estremado mi delirio, y causaban mi martirio los desdenes de una viuda.

834 Llora el hombre ingratitudes sin tener un jundamento; acusa sin miramiento a la que el mal le ocasiona, y tal vez en su persona no hay ningún merecimiento.

835 Cuando yo mas padecía la crueldá de mi destino, rogando al poder divino que del dolor me separe, me hablaron de un adivino que curaba esos pesares.

836 Tuve recelos y miedos, pero al fin me disolví: hice coraje y me fuí donde el adivino estaba, y por ver si me curaba, cuanto llevaba le di.

837 Me puse, al contar mis penas, mas colorao que un tomate, y se me añudó el gaznate cuando dijo el hermitaño: "Hermano, le han hecho daño y se lo han hecho en un mate."

838 "Por verse libre de usté lo habrán querido embrujar." Despues me empezó a pasar una pluma de avestruz, y me dijo:"De la Cruz recebí el don de curar."

839 "Debés maldecir", me dijo, "A todos tus conocidos; ansina el que te ha ofendido pronto estará decubierto, y deben ser maldecidos tanto vivos como muertos."

840 Y me recetó un hincao en un trapo de la viuda, frente a una planta de ruda, hiciera mis horaciones, diciendo: "No tengás duda; eso cura las pasiones."

841 A la viuda, en cuanto pude, un trapo le manotié; busqué la ruda y al pie, puesto en cruz, hice mi rezo; pero, amigos, ni por eso de mis males me curé.

842 Me recetó otra ocasión que comiera abrojo chico; el remedio no me esplico, mas, por desechar el mal, al ñudo en un abrojal fí a ensangrentarme el hocico.

843 Y con tanta medecina me parecía que sanaba; por momentos se aliviaba un poco mi padecer, mas si a la viuda encontraba, volvia la pasión a arder.

844 Otra vez que consulté su saber estrordinario, recibió bien su salario, y me recetó aquel pillo que me colgase tres grillos ensartaos como rosario.

845 Por fin la última ocasión que por mi mal lo fí a ver, me dijo: "No, mi saber no ha perdido su virtú; yo te daré la salú: no triunfará esa mujer.

846 "Y tené fe en el remedio, pues la cencia no es chacota; de esto no entendés ni jota. Sin que ninguno sospeche, cortále a un negro tes motas y hacélas hervir en leche."

847 Yo andaba ya desconfiando de la curación maldita, y dije: "Este no me quita la pasión que me domina; pues que viva la gallina, aunque sea con la pepita."

848 Ansí me dejaba andar, hasta que, en una ocasión, el Cura me echó un sermón, para curarme sin duda, diciendo que aquella viuda era hija de confisión.

849 Y me dijo estas palabras que nunca las he olvidao: "Has de saber que el finao ordenó en su testamento que naides de casamiento le hablara en lo sucesivo; y ella prestó el juramento mientras él estaba vivo."

850 "Y es preciso que lo cumpla, porque ansí lo manda Dios; es necesario que vos no la vuelvas a buscar, porque si llega a faltar se condenarán los dos."

851 Con semejante alvertencia se completó mi redota; le vi los pies a la sota, y me le alejé a la viuda, mas curao que con la ruda, con los grillos y las motas.

852 Despues me contó un amigo que al Juez le había dicho el cura que yo era un cabeza dura y que era un mozo perdido; que me echaran del partido, que no tenía compostura.

853 Tal vez por ese consejo y sin que mas causa hubiera, ni que otro motivo diera, me agarraron redepente y en el primer contingente me echaron a la frontera.

854 De andar persiguiendo viudas me he curao el deseo; en mil penurias me veo, mas pienso volver tal vez a ver si sabe aquel Juez lo que se ha hecho de mi rodeo.

XX

855 Martín Fierro y sus dos hijos, entre tanta concurrencia, siguieron con alegría celebrando aquella fiesta. Diez años, los más terribles, había durado la ausencia, y al hallarse nuevamente era su alegría completa. En ese mesmo momento uno que vino de ajuera, a tomar parte con ellos suplicó aue lo almitieran. Era un mozo forastero de muy regular presencia, y hacía poco que en le pago andaba dando sus güeltas. Asiguran algunos que venía de la frontera; que había pelao a un pulpero en las últimas carreras; pero andaba despilcho, no traia una prenda güena: un recadito cantor daba fe de sus pobrezas. Le pidió la bendición al que causaba la fiesta y, sin decirles su nombre, les declaró con franqueza que el nombre de Picardía es el único que lleva. Y para contar su historia a todos pide licencia, diciéndoles que en seguida iban a saber quien era. Tomo al punto la guitarra, la gente se puso atenta, y ansí cantó Picardía en cuanto templó las cuerdas:

PICARDÍA

XXI

856 -Voy a contarles mi historia (perdónenme tanta charla), y les diré al principiarla, aunque es triste hacerlo ansí: a mi madre la perdí antes de saber llorarla.

857 Me quedé en el desamparo, y al hombre que me dió el ser no lo pude conocer; ansí, pues, dende chiquito, volé como el pajarito en busca de qué comer.

858 O por causa del servicio, que tanta gente destierra, o por causa de la guerra, que es causa bastante seria, los hijos de la miseria son muchos en esta tierra.

859 Ansí, por ella empujado, no sé las cosas que haría, y aunque con verguenza mía, debo hacer esta alvertencia: siendo mi madre Inocencia, me llamaban Picardía.

860 Me llevó a su lado un hombre para cuidar las ovejas, pero todo el día eran quejas y guascazos a lo loco, y no me daba tampoco siquiera unas jergas viejas.

861 Dende la alba hasta la noche, en el campo me tenía; cordero que se moría -mil veces me sucedió- los caranchos lo comían, pero lo pagaba yo.

862 De trato tan rigoroso muy pronto me acobardé; el bonete me apreté buscando los mejores fines, y con unos volantines me fuí para Santa Fé.

863 El pruebista principal a enseñarme me tomó, y ya iba aprendiendo yo a bailar en la maroma, mas me hicieron una broma y aquello me indijustó.

864 Una vez que iba bailando, porque estaba el calzón roto, armaron tanto alboroto que me hicieron perder pie; de la cuerda me largué y casi me descogotó.

865 Ansí me encontre de nuevo sin saber dónde meterme, y ya pensaba volverme cuando, por fortuna mía, me salieron unas tías que quisieron recogerme.

866 Con aquella parentela, para mí desconocida, me acomodé ya en seguida, y eran muy buenas señoras; pero las más rezadoras que he visto en toda mi vida.

867 Con el toque de oración ya principiaba el rosario; noche a noche un calendario tenían ellas que decir, y a rezar solían venir muchas de aquel vecindario.

868 Lo que allí me aconteció siempre lo he de recordar, pues me empiezo a equivocar y a cada paso refalo, como si me entrara el Malo cuanto me hincaba a rezar.

869 Era como tentación lo que yo esperimenté, y jamas olvidaré cuanto tuve que sufrir, porque no podia decir "Artículos de la fe".

870 Tenía al lao una mulata que era nativa de allí; se hincaba cerca de mí como el ángel de la guarda; ¡pícara!, Y era la parda la que me tentaba ansí.

871 "Rezá", me dijo mi tía, "Artículos de la fe". Quise hablar y me atoré; la dificultá me aflige; miré a la parda, y ya dije: "Artículos de Santa fé".

872 Me acomodó el coscorrón que estaba viendo venir, yo me quise corregir, a la mulata miré y otra vez volví a decir: "Artículos de Santa fé".

873 Sin dificultá ninguna rezaba todito el día, y a la noche no podía ni con un trabajo inmenso; es por eso que yo pienso que alguno me tentaría.

874 Una noche de tormenta vi a la parda y me entró chucho; los ojos -me asusté mucho- eran como refocilo: al nombrar a San Camilo, le dije San Camilucho.

875 Esta me da con el pie, aquella otra con el codo: ¡ah, viejas, por ese modo, aunque de corazón tierno, yo las mandaba al infierno con oraciones y todo!

876 Otra vez, que como siempre la parda me perseguía, cuando yo acordé, mis tías me habían sacao un mechón al pedir la estirpación de todas las herejías.

877 Aquella parda maldita me tenía medio afligido, y ansí; me había sucedido que, al decir "Estirpación", le acomodé "Entripación" y me cayeron sin ruido.

878 El recuerdo y el dolor me duraron muchos días; soñe con las herejías que andaban por estirpar y pedía siempre al rezar la estirpación de mis tías.

879 Y dale siempre rosarios, noche a noche sin cesar; dale siempre barajar salves, trisagios y credos; me aburrí de esos enriedos y al fin me mandé mudar.

XXII

880 Anduve como pelota, y más pobre que una rata: cuando empecé a ganar plata se armó no sé que barullo: yo dije: a tu tierra, grullo, aunque sea con una pata.

881 Eran duros y bastantes los años que allá pasaron; con lo que ellos me enseñaron formaba mi capital; cuanto vine, me enrolaron en la Guardia Nacional.

882 Me habia ejercitao al naipe, el juego era mi carrera; hice alianza verdadera y arreglé una trapisonda con el dueño de una fonda que entraba en la peladera.

883 Me ocupaba con esmero en floriar una baraja; el la guardaba en la caja en paquetes, como nueva; y la media arroba lleva quien conoce la ventaja.

884 Comete un error inmenso quien de la suerte presuma; otro mas hábil lo fuma, en un dos por tres lo pela, y lo larga que no vuela, porque le falta una pluma.

885 Con un socio que lo entiende se arman partidas muy güenas; queda allí la plata ajena, quedan prendas y botones: siempre cain a esas riuniones zonzos con las manos llenas.

886 Hay muchas trampas legales, recursos del jugador; no cualquiera es sabedor a lo que un naipe se presta: con una cincha bien puesta se la pega uno al mejor.

887 Deja a veces ver la boca, haciendo el que se descuida; juega el otro hasta la vida y es siguro que se ensarta, porque uno muestra una carta y tiene otra prevenida.

888 Al monte, las precauciones no han de olvidarse jamás; debe afirmarse además los dedos para el trabajo, y buscar asiento bajo que le dé la luz de atrás.

889 Pa tallar, tome la luz; dé la sombra al alversario; acomódese al contrario en todo juego cartiao: tener ojo ejercitao es siempre muy necesario.

890 El contrario abre los suyos, pero nada ve el que es ciego: dandole soga, muy luego se deja pescar el tonto; todo chapetón cre pronto que sabe mucho en el juego.

891 Hay hombres muy inocentes y que a las carpetas van; cuando azariados están -les pasa infinitas veces- pierden en puertas y en treses, y dándoles mamarán.

892 El que no sabe no gana aunque ruegue a Santa Rita; en la carpeta a un mulita se le conoce al sentarse, y conmigo era matarse: no podían ni a la manchita.

893 En el nueve y otros juegos llevo ventaja y no poca, y siempre que dar me toca el mal no tiene remedio, porque sé sacar del medio y sentar la de la boca.

894 En el truco, al más pintao solía ponerlo en apuro; cuando aventajar procuro, sé tener, como fajadas, tiro a tiro el as de espadas, o flor, o envite siguro.

895 Yo sé defender mi plata y lo hago como el primero: el que ha de jugar dinero preciso es que no se atonte; si se armaba una de monte, tomaba parte el fondero.