La voz de España contra todos sus enemigos
Part 1
En esta edición se han mantenido las convenciones ortográficas del original, incluyendo las variadas normas de acentuación presentes en el texto. (nota del transcriptor)
LA VOZ DE ESPAÑA CONTRA TODOS SUS ENEMIGOS POR UN PATRIOTA
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SEVILLA
Imp. de EL MERCANTIL, San Eloy 16. 1899.
_Á LA MARINA
Y AL EJÉRCITO ESPAÑOL:_
_Todas las deficiencias y fraudes, errores y debilidades que pueden acumularse sobre una nación, habían caído sobre España en los últimos lustros, y el conflicto con los Estados-Unidos no ha hecho más que poner de relieve tanta miseria y podredumbre._
_Ya hasta los ciegos han visto que en nuestra patria existen muchas instituciones y personalidades inútiles y perniciosas, y otras que es necesario restablecer y dignificar, si hemos de levantarnos de la humillante postración en que nos hallamos._
_Por menguados sabios y sectarios de la peor estofa se ha hecho creer á la mayoría del noble pueblo español, que lo pasado era la esclavitud y la ignominia; lo presente la libertad, la honra y la paz, y lo futuro el mayor engrandecimiento y la gloria de España; y cuando al monótono arrullo de esta falsa cantinela política se había dormido la nación española, la despertó de su engañoso sueño el estampido de los cañones enemigos._
_¿Dónde están nuestras escuadras? ¿Qué ha sido de nuestras ricas y hermosas colonias? ¿Qué ha hecho el Gobierno de los inmensos tesoros de que ha dispuesto? ¿Cómo ha sacrificado la sangre de nuestra juventud?_
_Nadie contesta satisfactoriamente á estas dolorosas exclamaciones de tantos españoles afligidos y arruinados._
_Los agentes de la Revolución, que por mote especial se llamó la gloriosa, y sus cómplices después, han enmudecido para no confesar sus culpas, é impuesto el silencio á la tribuna y á la prensa para que no les acusen de autores de las pérdidas y de la deshonra que ha sufrido España._
_No obstante los bajos deseos de esos políticos sin fe y sin patriotismo, se han publicado ya notables opúsculos y artículos sobre la DEFENSA DE LA MARINA, APUNTES EN DEFENSA DEL HONOR DEL EJÉRCITO, LIJERA CRÍTICA DE NUESTRAS CAMPAÑAS NAVALES, etc.; y en todos ellos se demuestra técnicamente que el Ejército y la Marina han cumplido con su deber hasta de un modo heróico; y que los políticos son los causantes de nuestros desastres é infortunios._
_Nosotros, amantes de las glorias españolas y de nuestro Ejército y Marina, las defenderemos también en el curso de este trabajo; pero incompetentes para seguir el mismo método, alegaremos, en primer término, razones del orden moral, histórico y jurídico, á fin de que se conozca mejor el origen de todas nuestras terribles calamidades y el remedio posible y oportuno que nos resta._
_Según la práctica del sistema que nos ha conducido á tan espantosa decadencia, no se puede exigir á los Gobiernos responsables más responsabilidad que la de su caida ignominiosa; y es necesario que todos pensemos en lo que ha de sustituir á lo presente._
_Los llamados á regenerar á España no han de ser políticos de oficio, ni volterianos en la fe; y como el Ejército y la Marina no pertenecen á ningún partido político, y en ocasiones solemnes han hecho sus jefes y soldados pública manifestación de su fe católica, y por cumplir sus deberes han perdido sus vidas tantos valientes y otros han sacrificado hasta sus prestigios personales; por todo esto es lícito considerarlos como entre los llamados á regenerar á esta nación desventurada._
_La disciplina militar, de la que tan brillantes pruebas ha dado el Ejército y la Marina, aplicada en proporción y forma conveniente á la futura política, será importante elemento de restauración social._
_Esta esperanza patriótica justifica en cierto modo el honor que tenemos AL DEDICAR AL EJÉRCITO Y Á LA MARINA este humilde trabajo: mas á ella se une un recuerdo de otros tiempos y una convicción de actualidad._
_Entre las proezas históricas del Ejército y de la Marina, leímos en nuestra juventud LA VINDICACIÓN DE LA ARMADA ESPAÑOLA en el que llamaron los poetas GLORIOSO DESASTRE DE TRAFALGAR; desde entonces no hemos olvidado los nombres inmortales de Gravina, Churruca, Galiano, Alcedo, Moyúa y Castaños, y nunca se ha extinguido nuestra admiración á esos valientes y el amor á la Marina y al Ejército; por esta causa, al renovarse parecidos desastres é igual heroismo, queremos vindicar á nuestra Marina y al Ejército de injustas acusaciones, y dedicarles el testimonio de nuestra leal consideración._
_Cumpliendo este deber de justicia y de patriotismo, nos embarga el temor de que nuestros esfuerzos no correspondan á la grandeza del fin propuesto y á lo que exigen las necesidades actuales; y sentimos con toda ingenuidad que otros más competentes é ilustrados no hayan acometido este laborioso empeño en el orden preciso, para que resultara mejor defendida la causa de la verdad, de la justicia y de la patria, que es la causa de todos los buenos españoles y de lo porvenir de España._
_Llenos de confianza, esperamos que el Ejército y la Marina se dignarán aceptar esta dedicatoria respetuosa de un español que desea servir á su patria con la bravura y la fidelidad con que le han defendido y servido tantos mártires de su deber, en la guerra más inícua y torpe que ha presenciado nuestro siglo._
El Autor.
ADVERTENCIA
La mayor parte de los sombríos y dolorosos cuadros que forman este pequeño libro, fueron escritos bajo la impresión de los acontecimientos que en ellos se refieren y comentan.
Habiendo perdido algunos esa novedad que dan á los sucesos los accidentes y las convulsiones de la lucha, cuando todavía se oyen los lamentos de los moribundos y la resonancia de los desastres y de la victoria, dudamos si sería conveniente su publicación, ó aumentar con los originales el legajo de los escritos en que solemos guardar los recuerdos y las observaciones de la experiencia.
En medio de esta duda nos hemos preguntado.
Para determinar el origen y las causas inmediatas de tantos males como aflijen á España, y resolver las graves cuestiones que actualmente la agitan, ¿hace falta nuestro trabajo?
Creemos que no: y si fuera útil un nuevo escrito sobre hechos y problemas tan importantes, no nos consideramos llamados á darlo á luz, ya por nuestra insuficiencia, ya porque no alcanzaría éxito alguno favorable.
Tienen los hombres y las sociedades á la vista la suprema dirección de la Iglesia Católica; tienen los principios de la moral, de la justicia y del derecho; tienen abundantes lecciones en la historia contemporánea y en los sucesos actuales; y si no quieren someterse á las enseñanzas infalibles de la Iglesia, ni poner en práctica las reglas seguras de la moral, aplicadas á la justicia, á el derecho y á la política, ni tomar de lo presente y de lo pasado lecciones para lo porvenir, ¿quién podrá encausar el torrente de las pasiones humanas, desbordado por la Revolución? ¿Y quién someterá á el yugo de la verdad y de las leyes justas á los hombres, que por sistema las rechazan, sin temor á nuevas y tremendas calamidades?
Y si no se quiere oir la voz poderosa y autorizada que viene de las alturas, ¿qué atención se prestará á la débil y privada que se levanta enmedio de la multitud?
Estas consideraciones han pesado tanto en nuestro ánimo, que nos hicieron desistir una vez más de la publicación de estos apuntes.
Ha sido preciso que, observando un día y otro día el rumbo que lleva en nuestra patria la política, viéramos claramente, _que no tienen remedio los males de España_, sino hay en ella un cambio radical en los principios, en los procedimientos y en la orientación de la política y de los políticos; para demostrar esta verdad con los hechos pasados que nos han traído al estado presente, publicamos nuestros juicios á este fin dirigidos.
Después de nuestros grandes infortunios, es general el deseo que tienen manifestado los españoles de que España sea regenerada: hasta los gobiernos han hecho sus _nuevos programas_ de la regeneración.
Pero es preciso conocer que ni Silvela, ni Sagasta, ni éste ni el otro partido, con sus falsos principios, gastados procedimientos y aspiraciones insensatas, _quieren, ni pueden, regenerar á España_.
Los causantes de nuestra decadencia manifiestan grande interés en que se olviden sus culpas y las pérdidas que hemos sufrido y no se depuren las responsabilidades; y por lo mismo ha de ser mayor nuestro empeño para presentarlas al público en forma de juicio moral y de defensa de los más sagrados intereses de la nación.
Al hacerlo, sin prejuicios ni odio contra las personas y las instituciones dignas, creemos cumplir un deber de conciencia y de patriotismo, y _nos hacemos eco de las desgracias y de las necesidades de nuestra amada España_.
I
La voz de España.--Los ideales.--Carácter del pueblo español y su degeneración.--Idem del americano, deducido de su breve historia.--Elogios que se han tributado á los Estados-Unidos.--La venta de Cuba.--La guerra popular y Mac-Kinley conquistador.
Ofendida en su honor, menospreciada en su autoridad soberana, en sus derechos atropellada, calumniada en su ejército y hecha el ludibrio de las naciones por las fáciles victorias de sus enemigos y el injusto despojo de sus colonias, la noble y valerosa España, herida, pero no muerta, se levanta de la postración y del cieno en que la han sumergido las faltas de sus hijos y la codicia de sus adversarios y eleva su voz contra todos sus enemigos exteriores é interiores.
_Voz de indignación_ por las provocaciones, calumnias é injurias de los Estados-Unidos, que fingiéndole amistad y respeto á su soberanía en las colonias, se han manifestado después sus mayores enemigos.
_Voz de dolor_ por la guerra injusta que le declararon cuando se estaba desangrando en medio de las insurrecciones parricidas por ellos alentadas; y de mayor dolor por las imprevisiones y torpezas de su Gobierno en defenderla de sus pérfidos enemigos.
_Voz de desolación_ por las inmensas pérdidas que ha sufrido en su honra, en el sacrificio de sus hijos, en sus bienes y en su territorio.
_Voz de aflicción_ por la ingratitud y los crímenes de tantos españoles que han sido desleales y por la falta de energía y de abnegación en sus gobernantes.
_Voz de queja_ por el abandono en que la han dejado las naciones civilizadas y por los auxilios prestados á sus enemigos.
_Voz de justicia_ contra todos los que contribuyeron á su abatimiento moral y á su material ruína.
_Voz de esperanza_ por la que abriga en el amor de sus buenos hijos, deseosos de su regeneración.
_Voz de temores_ por la falta de patriotismo que ve en muchos de sus ciudadanos que, ó no sienten sus tribulaciones, ó sacrifican todos los intereses nacionales para continuar gozando de las ventajas del poder, ó de una falsa libertad.........
¿Quién no oye en medio del silencio que han producido los desastres y las ruínas de la última guerra, estas voces de nuestra afligida patria?
No basta, empero, oirlas: es ahora un deber sagrado de todos los españoles el estudiar estas palabras, tan sentidas como elocuentes, tan dolorosas como llenas de grandes enseñanzas para lo porvenir.
* * * * *
Los filósofos proclaman sus ideales, y los políticos que no son filósofos tienen por un deber aplicar á la sociedad aquellos ideales que consideran más útiles y prácticos: en el ideal de la belleza inspiran sus obras los artistas, y en el de la virtud los que desean ser justos, y todos los hombres persiguen en la vida algún ideal ó con él sueñan.
Lo ideal es la forma de la inteligencia, la aspiración del corazón humano, la vida de la razón, la atmósfera superior que envuelve el universo.
Pero no todos los ideales son verdaderos: unos representan los delirios de las pasiones humanas, otros el espejismo de la felicidad, y no faltan ideales para los más absurdos sistemas. La edad de oro cantada por los poetas ofrece mentidos ideales á los utopistas, y los progresos de la civilización y de las ciencias sin Dios dan atrevidas alas á el pensamiento del hombre y lo elevan hasta las regiones de lo infinito para precipitarlo después en los abismos de la idea hegeliana ó de lo absoluto de Schelling.
El ideal verdadero fué revelado á los hombres desde el principio de los tiempos: se manifiesta en nuestra conciencia, lo conocemos por la tradición y por la fe, lo realizan los justos y tiene su más excelente expresión en las verdades católicas. Fuera de él no hay ideales sublimes, y los que en el mismo no se concentran no pueden ser bellos, ni justos, ni laudables.
Cuando la mente humana contempla ese ideal, sintetizado en el Evangelio, enseñado por la Iglesia y viviente en el espíritu cristiano, reconoce que tiene su origen en Dios, principio de toda verdad y de justicia eterna y fuente de todas las ideas que engrandecen y dignifican á los hombres.
Las leyes de la afinidad unen las partes del mundo físico; las de la gravitación sostienen los globos en el espacio y las del equilibrio impiden que el orden universal sea perturbado; y todas estas leyes son manifestaciones de las ideas creadoras existentes en la mente divina.
Y de un modo semejante, todo lo que hay de necesario, de estable, de hermoso y de sublime en el orden moral, está encadenado y depende de ese ideal supremo que contiene la verdadera religión, la autoridad legítima, sanciona el deber, armoniza la libertad humana con los preceptos divinos y las leyes naturales y positivas, señala el camino á el progreso y perfecciona la civilización: y todas las naciones y gentes que no inspiran en ese admirable ideal su legislación, su derecho y sus costumbres, ni pueden formar un pueblo equilibrado, ni ser justas, ni en verdad, libres, ni humanitarias.
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En toda la redondez de la tierra y en todos los siglos no se ha visto una nación como España que se haya inspirado mejor en el ideal de la justicia, del derecho, de la moral y de la religión: por eso sus guerras fueron justas y legítimas sus conquistas; sus caudillos fueron religiosos y caballeros, como sus magnates; y sus reyes se llamaron católicos; y á tanta altura se elevaron las leyes del honor y de la humanidad entre nuestros antepasados, que los plebeyos parecían hidalgos, y éstos como los más nobles caballeros.
Nunca España fué agresora, y cuando fenicios y cartagineses, romanos y sarracenos invadieron sus comarcas, brotaban de su suelo guerreros valerosos como Indibil, Viriato y Sartorio, que por su heroismo en defender sus hogares, infundieron temor á las legiones romanas y emularon las hecatombes de Sagunto y de Numancia.
Los bárbaros del Norte no pudieron dominar en España sino haciéndose españoles; y sepultado su imperio en las funestas aguas del Guadalete, el indómito valor de los iberos levantó en Covadonga el estandarte de la reconquista, que al cabo de ocho siglos llegó triunfante á las almenas de Granada.
Si las armas victoriosas de España llegan hasta el Oriente, entran en Orán, vencen en Pavía y San Quintín y combaten en Flandes, siempre la causa de la religión, de la justicia, del derecho y de la humanidad, es la que las mueve y las guía.
España no ha hecho guerras de conquistas para dominar á los pueblos y enriquecerse con sus tesoros; y sin duda, por la alteza de su espíritu y de su generosidad, la Providencia le señaló nuevos derroteros en los mares y la hizo Señora de dos mundos.
Como apóstoles, más que como guerreros, fueron á América los españoles.
Isabel I no vendió sus alhajas para conquistar un nuevo mundo, ni Colón guió sus carabelas por el _Océano tenebroso_ para avasallar á los indios, sino para descubrir tierras remotas en donde fuera extendido el reinado de Jesucristo.
Si luego Hernán Cortés, Francisco Pizarro y Vasco-Núñez de Balboa conquistan el imperio de los Incas y de los Astecas, fué principalmente para desterrar de ellos la idolatría y los sacrificios humanos y plantar el árbol de la cruz allí donde se adoraba al sol.
Antes de someter por las armas al emperador de Méjico, procuró Hernán Cortés convertirlo á la verdadera fe y le hablaba de la religión cristiana como un misionero; y lo mismo hicieron todos los grandes capitanes donde entraban con sus estandartes: pero más que á ellos se debió la conquista y la sumisión de América á los religiosos predicadores del Evangelio que, con su celo y caridad para con los pobres indios, hicieron amable la dominación española y la religión que los libraba de su ignorancia y de sus vicios y los protegía y defendía de todos sus enemigos.
No se debe inculpar á España el pandillaje y los desmanes que cometieron en América los aventureros que todo lo explotan en provecho propio: lo que hay que atribuirle es la gloria de haber civilizado al continente americano, llevando á él su religión y sus costumbres y el espíritu de sus sabias leyes, representado en el inmortal Código de las Indias.
La solicitud de los monarcas españoles por el bien de sus nuevos súbditos; las limitaciones puestas á los abusos de sus virreyes y gobernadores mediante los juicios de residencia; los establecimientos de enseñanza y de caridad que por todas partes se fundaban, y la grande influencia que los Obispos y misioneros ejercían por su religión y por sus virtudes entre los indígenas, todo esto contribuyó para que en poco tiempo las colonias y las muchas ciudades fundadas por los españoles se igualaran á la Metrópoli, y en ellas floreciera la cultura y la civilización de España, á la sazón la primera de Europa y del universo.
Se puede afirmar, que así como ninguna nación ha tenido más colonias que España, tampoco ninguna las ha regido y gobernado con más justicia y equidad, llevando á ellas su mismo espíritu, elevación de ideas y sentimientos por el sistema maternal de la asimilación y no por el de la explotación mercantil, como lo hacen otras naciones.
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Mucho se ha hablado en estos últimos tiempos de la decadencia de España y de las causas que la han producido hasta llegar á la presente ruína y humillación.
Cada uno juzga acerca de ella según el criterio de la escuela ó de los partidos en que, por desgracia, se encuentra dividida nuestra patria.
Para unos, la decadencia de España se debe á el absolutismo de los reyes, á la expulsión de los judíos y de los moriscos y á la intolerancia y al fanatismo: para otros, las causas fueron las guerras de religión y el empeño en sostener la soberanía en extensos territorios, gastando la nación en las colonias y en la guerra de los Países Bajos las fuerzas y los capitales que debió emplear en la agricultura y en la industria de la península: y para algunos, que se fijan en otras causas más próximas, han sido los indolentes reinados de Felipe IV y de Carlos IV y el poder arbitrario de sus favoritos el conde duque de Olivares y el príncipe de la Paz, juntamente con el atraso intelectual y comercial en que quedó España el siglo pasado y las vacilaciones de Fernando VII al principio del actual y la pérdida de nuestras posesiones en el continente americano.
Los secuaces de estas opiniones parece que olvidan de propósito el infausto reinado de Carlos III y la influencia que en él tuvieron los Grimaldi, Esquilache con el masonizante conde de Aranda, brazo de la expulsión de los jesuítas, que privó á la juventud de sus mejores maestros; y olvidan á los Moñinos y Campomanes, que completaron la obra del famoso Conde, como legulellos enciclopedistas.
Nadie puede negar que con el llamado absolutismo de algunos de nuestros reyes, sin judíos y sin moriscos, con la santa Inquisición y reyes indolentes é ineptos favoritos, sin grande industria, ni comercio, España no dejó de ser una nación de primer orden, importante y respetada, hasta contar con ella las demás naciones para humillar al Coloso de este siglo.
En la guerra de la Independencia dió España todavía á el mundo pruebas de su carácter, de su poder y de lo que es capaz un pueblo unido por los sentimientos de la fe y del patriotismo.
No tenía un gobierno fuerte y prudente al ser abandonada por su rey débil, pero entonces existían todavía las clases sociales y el pueblo español, existían el valor y el carácter nacional y la fe y el patriotismo de nuestros gloriosos tiempos, y salimos victoriosos de tan grande empresa.
Algo nuevo debe haber entrado en España, cuando después de lo que nos había hecho grandes é invencibles, se ha ido perdiendo todo.
Últimamente no nos quedaba más que el patrimonio de nuestra legendaria historia, el valor y el honor proverbiales, que se comprometieron y se han eclipsado en la última guerra.
Adornaban el carácter de la nación española, la hidalguía castellana, la tenacidad de los aragoneses, el ingenio catalán, la constancia valenciana, el entusiasmo andaluz, la audacia extremeña, la caballerosidad manchega, la fidelidad de los gallegos, la lealtad de los asturianos, la nobleza de los vascongados, la fortaleza de los navarros, es decir, todas las virtudes cívicas elevadas por la fe y por el valor de todos al heroísmo que había hecho del pueblo español, un pueblo católico, noble, invencible, porque obedecía á los supremos ideales de la religión, y á las leyes de la justicia y del honor.
Con la invasión de las doctrinas revolucionarias é impías ha perdido España su espíritu nacional; y con la propagación de la secta masónica y de los errores del liberalismo, se han desterrado la mayor parte de las virtudes públicas y privadas, que eran nuestra gloria; y el carácter español ha degenerado tan notablemente en el siglo actual, que ya es completa nuestra decadencia.
Cuando teníamos el espíritu, las virtudes y el carácter nacional, nunca nos faltó la fuerza para vencer á nuestros enemigos.
Ahora, un pueblo de mercaderes, inícuo y egoista, nos ha envuelto con su astucia y con su fuerza abrumadora y medios nefandos nos ha vencido.
España no podía sufrir mayor humillación que la de caer á los pies del pueblo americano, ni éste, en su codicioso orgullo, ha podido tener satisfacción más completa que la de despojar á nuestra patria de sus ricas colonias, injuriar sus blasones y marchitar los laureles de su historia.
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Para conocer la verdad de estas aseveraciones, conviene tener á la vista un resumen de la pequeña historia de los Estados-Unidos, que nos dará una idea de sus tendencias, de su espíritu y de su carácter nacional.
Los españoles habían ya prodigado por muchos años su sangre, su valor, su ilustración y su caridad en América para convertirla á la religión, civilizarla y someterla á la soberanía de España; cuando llegaron al Norte los primeros emigrantes de Inglaterra que, como los de otras naciones, iban en busca de las riquezas del Nuevo Mundo.
Conocida la fertilidad de aquellos inmensos territorios, Jacobo I, dió en 1606 en cartas patentes á la Compañía de Londres, la parte meridional y la septentrional á la de Plymouth: estas Compañías fueron el plantel de las colonias inglesas, y fué desde el principio la más importante la formada por los Padres Peregrinos de Nueva Inglaterra, célebres puritanos que salieron de su patria en el buque _Flor de Mayo_.
Bien se ve que, á la formación de dichas colonias, presidió el espíritu de lucro y el de la fanática herejía del puritanismo.
En su creciente desarrollo, después de siglo y medio, se vieron detenidas por las colonias francesas del valle de Misisipí; las combatieron con las armas y se apoderaron de ellas.
Como Inglaterra había ayudado á sus colonias en la guerra contra las de Francia, para resarcirse de los gastos hechos, votó en 1764 la ley del papel sellado, que introducía restricciones en el comercio con las colonias. La de Virginia se negó á pagar un impuesto que no había aprobado. Y desde entonces, secundada por las demás colonias, empezó la lucha con la Metrópoli, _ésta por cobrar y las otras por no pagar_.