The Works of Aphra Behn, Volume VI
Chapter 3
«Un francés, llamado M. Petiot, sabio químico y cosechero de vinos, ha hecho un descubrimiento que recuerda al Divino Maestro, que multiplicaba los panes y los peces, pues con su descubrimiento multiplicaba M. Petiot los vinos, lo que equivale a multiplicar el pan, la carne y todo lo que se compra con el dinero que el vino vale.
»Mr. Petiot analizó el vino y se encontró con que se compone de noventa y nueve partes de agua y azúcar y una sola de otras sustancias, que son: resinas, aceite esencial, tártaro, tanino y el principio colorante. Esta centésima parte, que a pesar de parecer insignificante no lo es, pues comunica al vino las diversas cualidades que le caracterizan y avaloran, no se puede suplir con el arte, pero no se hallan en este caso las otras noventa y nueve que, como queda dicho, se componen de agua y azúcar. El azúcar, como es sabido, se descompone por la fermentación, y se convierte en alcohol o espíritu de vino, que es lo que da al vino su fortaleza.
»Mr. Petiot se dijo:
-El agua en la fuente la encuentro y el azúcar en la tienda. En cuanto a lo demás, es inútil que lo busque fuera de la Naturaleza, o lo que es lo mismo, fuera de la uva. Vamos a ver si el mosto se lo lleva todo consigo o se contenta con llevarse una mínima parte y deja el resto en el orujo, en cuyo último caso ya pareció lo que yo busco; pues sustituyendo el mosto con igual cantidad de agua y azúcar, el orujo suministrará a la sustitución las sustancias que necesita para convertirse en nuevo vino verdadero, y nuevo vino verdadero tendremos.
»Así diciendo y pensando, Mr. Petiot graduó con el gleucómetro el azúcar que contenía el mosto que había sacado de la uva después de pisada o prensada ésta y antes que comenzase la fermentación, y sustituyó el mosto con agua, disolviendo en ella azúcar en proporción a la que el glaucómetro le había dicho contener el mosto.
»Sobrevino la fermentación, y cuando ésta hubo terminado, sacó el líquido y se encontró con que era vino aún mejor que el natural. Hizo hasta cinco veces la misma operación, y siempre con el mismo resultado; de modo que con uva para veinte cántaras de vino, hizo ciento veinte cántaras, y aún hubiera podido hacer muchas más si hubiera querido estirar más la cuerda, como la estiró en ensayos sucesivos.
»Comparado por muchas personas inteligentes el vino natural con el semiartificial, confesaron todas que el segundo era superior al primero, pues tenía mejor gusto, más aroma y aun más espíritu, porque esto último se consigue aumentando en la cantidad que se quiera el azúcar o alcohol. En cuanto al mejor gusto se explicaba porque el exceso de ciertas sustancias acres, como el del tanino y el fermento, le arrastra consigo el mosto natural, lo que también contribuye a que el vino semiartificial sea más apto para la conservación, porque en el natural produce el exceso de fermento fermentaciones estemporáneas que le malean, y en el vino semiartificial estas fermentaciones son poco menos que imposibles ».
Tales eran las curiosísimas y útiles instrucciones para hacer con poca uva mucho y buen vino que Lorenzo me dio a traducir, y a las que debió poco después el casarse con Ramonilla.
Pues sí señor, Lorenzo y Ramonilla se casaron y son felices en Allende, cuya casería no quiso, abandonar Lorenzo por la sencilla y santa razón de ser la casa paterna.
-Pero si no vais a vivir conmigo en Aquende me voy a morir de tristeza y soledad en aquel caserón -exclamó Josetón el día de la boda, que se celebraba en Allende, y en ocasión en que Turis estaba presente.
-Hay un medio muy sencillo de que usted no sienta la soledad y Dios le perdone un pecado muy gordo -contestó Lorenzo mirando alternativamente a su tía y su suegro.
-¿Cuál?-preguntó éste:
-Váyanse por allá usted y mi tía, por supuesto, pasando antes por la parroquia.
Josetón y Turis tomaron a broma esta salida, pero pocos días después la broma se convirtió en veras, y las dos familias formaron casi una sola, pues han establecido una chanelita entre Aquende y Allende, y todo se les vuelve pasar de un lado a otro.
X
No faltará quien, recordando el exordio de este cuento que recogí en los campos de mi infancia, cuando Dios derramaba en ellos su bendición, y no Caín la sangre de su hermano, me pregunte quién es el redentor moderno, que como el Redentor antiguo, multiplica los peces y los panes y da salud al enfermo y alegría al triste por obra exclusiva de su santa voluntad.
¡El redentor moderno es el trabajo, y forman su santo apostolado la fe, el patriotismo, el amor y la inteligencia!
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