La situacion de Puerto-Rico Las falacias de los conservadores y los compromisos del partido radical
Part 3
Corren los dias; marcánse las tendencias; llega la hora de la organizacion de los partidos; es el momento de la redaccion de los dos célebres manifiestos. El de los sagastinos--así se llamaba--sometia la cuestion de Puerto-Rico, como todas las de Ultramar á la cuestion de Cuba. Era un criterio claro y distinto. El radical, al principio corria silencioso sobre este punto; y así _nunca_ lo hubiesen firmado ni los diputados puerto-riqueños ni otros de la Península como los Sres. Labra y Rodriguez (Gabriel). Pero sí lo hicieron desde el momento en que se introdujo en él un párrafo espresivo sobre Ultramar, tomado de la contestacion al Mensaje de cuatro ó seis meses hacia. Y así el partido radical tuvo 14 soldados más--y soldados de valer--para la campaña de oposicion; para abstenerse con él en la cuestion de la _Internacional_, para con él votar sobre la ley de las asociaciones religiosas.
Y llega la disolucion de aquellas Córtes y la convocatoria de las segundas. Al comité central del partido son llamados los representantes--Sres. Blanco, Alvarez Peralta y Sanromá--del partido radical de Puerto-Rico. Y de allí sale una escitacion á los liberales puerto-riqueños, llevando por bandera el manifiesto de 15 de Octubre de 1871, y los electores de Puerto-Rico son perseguidos y derrotados por radicales y como radicales envian á la oposicion del Congreso los representantes de que se ha hablado, que con el partido luchan y votan y hasta convienen en _seguir al partido al retraimiento_, aun cuando eran hostiles á la idea, reservándose, empero, acudir á las Córtes si los conservadores planteaban la cuestion de las reformas ultramarinas, prevaliéndose de su ausencia.
Y sobreviene el inesperado cambio del mes de Junio de 1872. Sube al poder el partido radical, y los radicales de Puerto-Rico alzan bandera, pidiendo no los goces del mando, no la reparticion del presupuesto, sí que el cumplimiento exacto de los compromisos del partido y de las promesas legales de 1869 y 1870.
IV.
Y esto así ¿se comprende, que los enemigos encarnizados del partido radical se atrevan á sostener uno y otro dia que el radicalismo no está obligado á intentar reforma alguna, ni política ni social en la isla de Puerto-Rico? ¡Pues se atreven! Y llegan á más: llegan á afirmar con una frescura y un aplomo piramidales que los compromisos del partido son de no tocar al _statu quo_ en la _pequeña_ Antilla mientras no se resuelva la cuestion en Cuba! Y no es lo sorprendente que esto se diga por ciertos periódicos y ciertos hombres políticos que están en frente del partido dominante y que sin embargo, presumen de tal habilidad y tal elocuencia que piensan han de seducir y envolver á los radicales; lo extraño, lo peregrino, lo maravilloso es que haya radicales que por un solo momento se detengan en estas afirmaciones y estos consejos.
Bien es que las huestes del radicalismo triunfante no son las mismas que ayer figuraron en la oposicion ni de seguro, las que hayan de resistir compactas al ataque, el dia de la desgracia. Mas por lo mismo, conviene que se dividan los campos, se conozcan las caras, y se muestren las enseñas.
¡Ah! Uno de los graves errores del gran partido liberal de nuestra patria ha sido no comprender que los enemigos de la libertad en América eran los mismos que aquí en la Península odiaban la libertad. Morillo, Elío, Monteverde, Venegas, Calleja y casi todos los generales que pelearon en 1811 y 1820 en la América meridional contra los americanos, fueron los mismos, absolutamente los mismos, que aquí luego se ponian al servicio de los famosos _Persas_, y escribian en el martirologio del liberalismo peninsular los nombres de Torrijos y el Empecinado.
Los mismos que en la regencia de Cádiz, en las Córtes de 1810, y en las dos legislaturas de 1821 y 22 se opusieron á la libertad mercantil en América, á la abolicion del tráfico negrero, á la estension de la Constitucion gaditana al Nuevo Mundo, á la supresion de ciertas gabelas y ciertos monopolios contra los que sin cesar, y desde el primer dia, protestaron los diputados americanos, fueron los mismos que aquí trabajaron luego por la ruina del bando liberal, haciendo traicion, como Lardizábal, á los hombres de Cádiz ó echando, como Toreno, las bases del partido moderado.
¡Ah! Es que no hay nada más incontrastable que la lógica de las ideas y el correr de las cosas necesarias. Es que, como decia el gran Lincoln al decretar la emancipacion de cuatro millones de negros: _¡Un pueblo no puede ser mitad libre mitad esclavo!_ Es que Dios no permite, ni á pueblos ni á individuos, el pleno goce de la libertad si antes no hacen en su altar el sacrificio de la tiranía: testigo Polonia: testigo Italia.
Por eso ¡ay! del partido radical si hoy que está solo en el poder, hoy que asume todas las responsabilidades, hoy que tiene en su mano la gloria de la patria, por frívolos pretestos ó por miedos pueriles niega su dogma de _los derechos naturales_, en América: ¡ay! si por respetos inesplicables, tal vez por consideraciones torpes y menguadas á un puñado de hipócritas que quizás han buscado los pliegues de su bandera para resguardarse del huracan revolucionario y adquirir fuerzas para el negro dia de las traiciones y de las venganzas, retrocede en el camino á que la voz de sus deberes le llama y olvida la palabra de guerra con que comprometió en tres luchas, en los comicios puerto-riqueños, á los habitantes de una isla que siempre ha pagado tributo y enaltecido con su propio ejemplo, la clásica lealtad española!!
Pero si hubiera alguna duda de esta forzosa cuanto natural intimidad de los intereses de la reaccion allende y aquende los mares, desaparecia para todo observador un tanto avisado, reparando lo que ha surgido en Madrid desde el instante en que los reaccionarios y esclavistas ultramarinos han llegado á entrever que el gobierno radical persistia en cumplir los solemnes compromisos á que viene obligado.
Desde aquel momento se ha comenzado un enérgico llamamiento á todas las fuerzas políticas y sociales en contra de la actual situacion política. Cierto que los voceadores han puesto todo su empeño en quitar al movimiento un carácter político bien pronunciado, y hasta se han atrevido á afirmar que la protesta que hacian contra los presumidos proyectos del Gobierno era estraña á todo interés de partido. Se trataba, segun ellos, de una _cuestion nacional_; se trataba de un interés superior á los esclusivos de los diferentes bandos que pretenden la direccion de los destinos del país, y quizá más el monopolio de las satisfacciones y los provechos del poder; se trataba, en una palabra, de la integridad nacional, de esa causa que nos lleva costados 60 millones de pesos y sobre setenta mil soldados, mas por la que estamos dispuestos á hacer todo género de sacrificios, sin discutir las condiciones ni la cantidad.
Harto se comprende la intencion del propósito. Este es el instante de allegar fuerzas, de obtener prosélitos. Es preciso que el honrado agricultor de Castilla, ó el fabricante de Cataluña, ó el paisano de Asturias y Galicia no recuerden al hacer su viaje y prestar su cooperacion, respondiendo al _clamor_ que se dice _de la lealtad_, cuales son sus compromisos en el órden político de la Península y que de reflexion en reflexion, vengan á caer en que es imposible, es moralmente imposible, ser liberal en esta tierra para prestar ayuda al absolutismo, cien leguas más allá, y que no cabe en la armonía de las cosas sociales que el mismo que aquí ha protestado contra los señoríos, la mano muerta, el régimen de los Borbones y la intolerancia religiosa, sea el que con entusiasmo ampare y defienda en un mundo nacido por la libertad y predestinado á la democracia, la ley de sospechosos, la confiscacion y la esclavitud. Para evitar esto nada como un llamamiento á las pasiones, que no permiten la calma ni el juicio; nada como una invocacion potente al sentimiento nacional. _¡España está en peligro!_ Volad en su ayuda, heróicos almogávares, soldados de Cortés, defensores de Zaragoza, hijos del Cantábrico, voluntarios de Ceniceros, de Bilbao y de Madrid!!
¡Pero notadlo! En este instante ¿quiénes toman la direccion del movimiento? ¿Acaso los hombres del partido liberal? ¡Oh! no; los personajes del antiguo régimen; los dinásticos dudosos del partido constitucional; los jefes del ministerio poco hace caido por sus violencias sobre la máquina electoral, por el convenio de Amorevieta y por su deseo vehementísimo de gobernar al país con el sable y el calabozo, mediante la suspension de las garantías individuales. ¡Y sobre ellos un grupo de comerciantes de Bilbao, de Barcelona, de Santander, de Cádiz, de Sevilla, de Valencia, que recuerdan á aquellos comerciantes de Cádiz de 1810 que consiguieron de Lardizábal que retirase el decreto sobre libertad de comercio de los reinos de América para que ellos pudiesen continuar sus monopolios, aunque dos años más de intolerancia mercantil nos hicieran perder las vastas provincias del Nuevo Continente, la víspera de ser forzados por la ley inescusable del tiempo, á reconocer esa libertad tan combatida y tan calumniada en las islas de Puerto-Rico y Cuba!
¿Qué quiere decir esto?
Que no, no es verdad que el partido radical pueda ser indiferente á las reformas ultramarinas. Aun cuando no tuviera compromisos perfectamente definidos, sobre su voluntad estaría la naturaleza de las cosas. Lo semejante llama á lo semejante.
Vedlo sino. Dudad un momento de que el partido radical caiga en el lazo; pues se organiza la resistencia como se debe organizar: cada hombre va á su puesto, al puesto que le tienen designado sus antecedentes y sus intereses. Y la lucha toma el carácter que debe tener: la lucha de la reaccion contra la libertad.
Suponed que el partido radical titubee, buscando pactos con la conciencia; suponed que el partido radical retroceda...; pues en seguida volverán esos elementos y esos hombres á buscar refugio en los pliegues de la bandera nacional, para ejercer desde allí su influencia en la marcha de la Revolucion, para fortalecerse y buscar la oportunidad de caer sobre estos pobres revolucionarios que no habian sabido mas que despedir á una reina que nadie se habia cuidado de amparar; reina de los favores y señora de los banquetes, viuda del dolor y solitaria de la desgracia.
V.
Pero si son asombrosos--por lo audaces y lo inverosímiles--los esfuerzos de los reaccionarios y esclavistas para convencer al partido radical de que sus compromisos están por la reforma ultramarina y su interés no corre pareja con el de la libertad en América (lo cual no obsta para que por admirable coincidencia los periódicos que aquí más defienden el _statu quo_ ultramarino, y cuya vida se refiere más ó menos á la vida del esclavismo americano sean precisamente los que en el órden de la política peninsular más enérgica oposicion hacen al partido que domina)[27]; pero ni causa maravilla el empeño de estas gentes en convertir lo blanco en negro y lo negro en blanco, fiando lo que no es decible en la bondad, por ellos tan reida, del antiguo progresismo; ni es menos digno de particular mencion el trabajo que ponen en violentar la realidad de los hechos y sorprender la opinion pública para que en la Península se crea que todo lo que ocurre en Puerto-Rico es una razon bastante para que el hombre político más atrevido aparte la mano del _majestuoso_ edificio del _statu quo_ colonial.
[27] Se exceptúa un periódico republicano cuyo director se rie, en pleno Congreso (y no del mejor modo posible) de los misterios del catolicismo, pero que en su periódico defiende á capa y espada la teocracia paraguayana de Filipinas.
No es el fenómeno nuevo. Hace poco más de año y medio los pacíficos habitantes de la coronada villa fueron sorprendidos, bien de mañana, por el descompuesto vocerío y la escandalosa movilidad de una turba de muchachos que gritaban: «_¡¡¡La revolucion de Puerto-Rico, La revolucion de Puerto-Rico!!!_» y repartian un papel en que se leia:
"El gobierno debe saber que nuestro ejército ha sido atacado en la capital de Puerto-Rico al grito de _¡Muera España!_ de cuyas resultas hay que lamentar CUARENTA Y CINCO víctimas; y no contentos con esto los que quieren difundir la alarma (!!!) y borrar á esta Antilla del mapa nacional, al dia siguiente reproducen con mayor fuerza y mayor cinismo sus gritos separatistas, sus actos de rebelion y sus ataques al ejército que al grito de _¡viva España!_ atacó á los insurrectos, reproduciéndose otras víctimas en número de OCHENTA Y DOS. El gobierno debe saber que un invicto español, oficial de voluntarios, al caer MORTALMENTE HERIDO, supo gritar _¡viva España!_ y se vió contestado por quien debia secundar este grito con un _¡Eso no, la ley!_ que pudo ocasionar sabe Dios si la desolacion y la muerte de los que en nombre de nuestro pabellon representan el órden y la autoridad."
"El gobierno debe saber que fuera de la capital, en Rio Piedras y otros puntos han sido _desarmados por los rebeldes algunos guardias civiles_; el gobierno debe saber que se _han dado licencias para que puedan armarse los habitantes de la isla_, y con ello están entregadas armas para que los enemigos de la integridad del territorio logren, sin presumirlo, el poder separar de España esa isla y ayudar en Cuba á los rebeldes, que con este auxilio tienen ya un nuevo punto de apoyo y el gobierno español una lucha doble con el filibusterismo en armas. ¿Sabe el gobierno _que han circulado, sin que la autoridad se aperciba, ó si se apercibió sin poner correctivo, terminadas las elecciones, por todo el litoral personas aptas sin duda y en condiciones personales para poder hablar contra España y á favor de derechos á la nacionalidad funestos_? ¿Sabe el gobierno si la rebelion ha sido capitaneada _por algun cabo ido ad hoc_ de la Península? Si sabe todo esto y lo ha tolerado y parece dispuesto al _statu quo_ hasta Octubre, por razones que su alta política personal comprenda, el gobierno está juzgado."[28]
[28] Suplemento á _Las provincias de Ultramar_ de Agosto de 1871.
La señal estaba dada. Desde aquel momento todos los periódicos que en Madrid tenian el cargo de servir los intereses de los reaccionarios ultramarinos comenzaron á reproducir y comentar las horribles nuevas de la hoja volante, que, en efecto, consiguió que las gentes se alarmasen y brotase el deseo universal de conocer lo que habia pasado en Puerto-Rico.
_La Epoca_, la conservadora y autoritaria _Epoca_, habia dicho pocos dias antes bajo la firma de su corresponsal de la pequeña Antilla:
"Los leales son menos que los laborantes y aunque estén dispuestos á todo no pueden contar con el apoyo _de la autoridad_ (el general Baldrich) _que con sus actos protege á los separatistas_ y tiene la insensatez de decir que allí no hay más insurrectos que los españoles y que fusilando á dos docenas él conseguiria que la isla quedase completamente tranquila. Tanta obcecacion, tanta infamia parece mentira que quepa en el pecho de un general español."[29]
[29] _Epoca_ del 3 de Agosto de 1871.
Pero _El Debate_ no se habia quedado en zaga. Su corresponsal le escribia desde San Juan de Puerto-Rico:
"La Internacional se halla entre nosotros. Numerosos agentes han invadido la isla y empezado á predicar el reparto de bienes, el odio á España, á la monarquía y á la religion. Dícese que los filibusteros é internacionalistas han hecho un pacto de auxilios mútuos... _Los propietarios están haciendo inmensos esfuerzos para liquidar en parte sus bienes ya que por las circunstancias no puedan otra cosa y marcharse á Europa._ El valor de la propiedad ha bajado extraordinariamente. Haciendas que producen 15.000 duros anuales he oido que se ofrecen por 100.000 á plazo."[30]
[30] _El Debate_ del 4 de Agosto de 1871.
Así preparado el terreno--y cuenta que los reaccionarios y esclavistas no dejan de la mano el propósito que tienen,--la hoja volante de mediados de Agosto debia producir efecto. _La Epoca_, _El Tiempo_, _El Debate_... todos los periódicos del _statu quo_ repitieron el grito de alarma. «Nuestras predicciones se han cumplido--decia _El Debate_ del dia 16--_la sangre ha corrido en abundancia por las calles_ de Puerto-Rico.» Y aquí de las protestas, de las amenazas, de los recuerdos terribles. ¡Oh! aquello era para imponer al mismo Convidado de piedra. Así que _La Correspondencia_ primero y luego la prensa ministerial comenzaron tímidamente á poner reparos y pedir tregua para inquirir la verdad de los hechos. Pero entonces gritaba con más furia _El Debate_:
"El ejército español ha sido víctima de traidoras celadas de los traidores y alevosos que pueblan la isla: el ejército español se ha visto, como los voluntarios y muchos leales españoles, atropellado, insultado y maltratado en la pequeña Antilla. _La prensa ministerial no lo niega._ LOS HECHOS ESTÁN, PUES, RECONOCIDOS."
Verdaderamente la cosa era séria. La cuestion de Cuba palidecia ante este conflicto. Corríamos un peligro colosal. Quizá habia llegado el momento de exclamar: _caveant consules_.
Pero corrieron los dias... Y se supo que todo habia sido la derrota pacífica y ordenada de los conservadores en las urnas electorales. A lo sumo, un pequeño motin ocurrido en la capital de la isla (esto es, donde los conservadores tienen toda su fuerza y el gobierno todos sus soldados y sus medios de accion) dos ó tres semanas despues de las elecciones; y que el voluntario que se suponia herido _mortalmente_ habia recibido solo un palo y que no habian ocurrido bajas de ninguna especie y que el grave ataque dado al ejército español y á los voluntarios habia consistido en unas cuantas pedradas tiradas no se sabe por quién (el gobierno sí lo sabe porque tiene el parte detallado del general Baldrich) á un batallon de hombres armados hasta los dientes.
La falsedad de las noticias quedó, por lo tanto, absolutamente demostrada. Pero esto no obstó para que los enemigos de las reformas consiguieran dos cosas: la primera, dejar en el espíritu de la multitud, que no se ocupa de los asuntos políticos sino bajo la fé de los rumores y las conversaciones públicas, la impresion de que en Puerto-Rico habian sobrevenido disgustos y complicaciones á consecuencia de las reformas (porque al derecho electoral y á la libertad de imprenta se atribuyeron los sucesos de Julio de 1871) y bajo la administracion radical. La segunda, que se minase la autoridad del general Baldrich hasta el punto de conseguir su relevo de la capitanía general de Puerto-Rico.
Debian ya conocer los reaccionarios que el camino que emprendian era de seguro efecto. Medio año antes lo habian andado, tomando por objetivo al Sr. D. Cárlos de La Torre, capitan general de Filipinas. Disgustábales lo que no es decible la administracion de esta autoridad de la Revolucion. De repente _La Epoca_ y _El Debate_, _La Esperanza_ y _El Pensamiento Español_ principian á hablar de perturbaciones y conflictos revolucionarios en Filipinas. No habia llegado el correo: no existia entonces telégrafo: nadie podia saber por dónde ni cómo se habia recibido la noticia. Pero los rumores crecian: los comentarios iban en aumento: el general La Torre era atacado: pedíase al general Prim la separacion de éste, aunque los que lo solicitaban no se atrevian á acceder á los deseos del conde de Reus pidiendo la separacion por escrito y bajo su firma... Pero llega la Mala. _No habia sucedido nada._--Esto no obstante, mes y medio ó dos meses despues estaba relevado el capitan general don Cárlos María de La Torre.
Pues bien, ahora no se ha hecho más que seguir igual conducta. Han comenzado las noticias de efecto y han seguido los sueltos y los artículos de sensacion: pero desde el principio al fin no se ha abandonado un instante el camino de las falsedades.
¡Oh! habia ocurrido en Puerto-Rico una cosa grave, muy grave; de nuevo habian sido derrotados en las elecciones los conservadores. Derrota efectiva, por más de que estos se hubieran decidido por el retraimiento, en vista de la inutilidad de sus esfuerzos, aunque bajo el especioso pretesto de que el Gobierno habia intentado y realizado coacciones de todo género.
Hablar de coacciones ellos, que habian hecho unas elecciones bajo la direccion del general Gomez Pulido en Abril de 1872, faltando á todas las leyes y todos los principios, como demostró hasta la saciedad el Sr. Labra en su discurso contra el acta de San Juan de Puerto-Rico[31]; ellos que habian tenido que alquilar casas (como en Mayagüez) para encerrar á los radicales que prendian la víspera ó el mismo dia de las elecciones; ellos que de un golpe habian arrebatado el derecho de sufragio á la cuarta parte de los electores de un distrito (Sabana Grande) so pretesto de insolvencia como segundos contribuyentes, no estando apremiados; ellos, que habian prohibido la publicacion de manifiestos y detenido y preso á sus firmantes (como en San German y Arecibo); ellos que contra el precepto de la ley habian dado curso á espedientes gravísimos de escepcion de contribuciones; ellos, que detuvieron á las puertas de la pequeña Antilla el manifiesto del partido radical de la Península, bajo el pretesto de ser falso en algunos de sus asertos y atentatorio al principio de autoridad; ellos, que obligaron á la prensa liberal á no tratar de asuntos políticos durante el período de las elecciones; ellos, que habian llenado las listas de candidatos con nombres de personas, respetables sin duda, pero absolutamente desconocidas del país y que casi en su totalidad jamás se habian ocupado un solo momento de cuestiones coloniales ni de los asuntos ultramarinos; ellos, que habian separado de los corregimientos y las alcaldías á los hombres de posicion que gratuitamente los desempeñaban, para poner á su frente verdaderos _corregidores_, con sueldo, émulos de los famosos _Desvravadores_ y _Antonets_ de Ecija y Sevilla; ellos, en fin, que se habian fabricado un censo _ad hoc_, no aceptando rectificacion alguna del censo de 1871, pero incluyendo á todos los soldados y marinos que habian de votar á gusto de sus jefes...!! ¡Oh! atrevimiento era hablar de las elecciones del mes de Agosto de 1872, en que no hubo un preso, ni un disgusto, ni se negó á nadie el derecho de sufragio, ni se puso limitacion á la prensa, ni se reprendió siquiera por la autoridad á los empleados _activos_ del Gobierno que (como los directores del _Boletin_ y del _Don Cándido_), no daban tregua en sus periódicos á los ataques á la situacion y á la conducta de la primera autoridad, ó (como los funcionarios de Mayagüez) se unian á los conservadores, sus patronos, para abstenerse en la eleccion, y con esta abstencion realizar un acto político; ó en fin (como los jefes y oficiales de la guarnicion de la capital) resueltamente votaban á un candidato de oposicion, al general D. José Laureano Sanz. ¡Atrevimiento se necesitaba! pero no es atrevimiento lo que falta á los se-dicentes conservadores de Ultramar.[32]
[31] Sesion del 7 de Mayo de 1872.
[32] Al final insertamos las dos cartas publicadas en _El Imparcial_ sobre las elecciones de Agosto: debió publicarse una tercera; pero _El Imparcial_ no la quiso insertar.
Mas como queda dicho, era grave, gravísimo lo que habia ocurrido en Puerto-Rico. ¡Habian triunfado los radicales! Aquí vendrian estos; la Península los oiria; creeria con justicia que eran los legítimos representantes de la pequeña Antilla; por lo menos lo creeria el partido radical. Y esos diputados hablarian; espondrian sus quejas; esplanarian sus deseos; afirmarian sus derechos. ¡Y horror!!!--se prepararia el advenimiento de las _reformas_.