La simulación en la lucha por la vida
Part 8
Taine, primero, y luego Ribot, al comentar su libro "La Inteligencia", insistieron sobre la necesidad de complementar las investigaciones de psicología general, analítica y abstracta, con estudios de psicología sintética y concreta, es decir, de psicología aplicada. "La psicología, cuyo objeto es el estudio de los fenómenos mentales, en general, no excluye en manera alguna el estudio de los seres reales, de los individuos que sienten y piensan. Así entendida, es y seguirá siendo una obra de clasificación, una taxonomía; ella determina los tipos y las variedades específicas. La psicología general permanecerá siempre muda a este respecto, pues, por su misma naturaleza, despreocúpase de lo que no es general; su obra consiste en clasificar los procesos mentales, sin inquietarse por las combinaciones resultantes de sus diversas condiciones. Al contrario de la psicología general, que es principalmente analítica, la psicología aplicada será, sobre todo, sintética, por lo menos en cuanto a sus fines". Y agrega el mismo Ribot, estudiando la psicología de los sentimientos: "Repetidamente, muchos autores han señalado, con razón, que el gran trabajo realizado hoy en el dominio de la psicología, debería completarse por estudios directamente opuestos; es decir, que la psicología analítica y abstracta tiene por complemento indispensable una psicología sintética y concreta. Como toda ciencia, la psicología procede por generalidades. Ya se ocupe de las percepciones o de los conceptos, de la asociación de ideas o de los movimientos, de la atención o de las emociones, ella toma esos hechos en todas partes donde los encuentra, en todos los hombres, en todos los animales, y trata de explicarlos, reduciéndolos a sus condiciones más generales. Parte de la suposición, implícita, que en cada hombre hay instintos y costumbres, fenómenos intelectuales, afectivos, voluntarios. ¿Pero en qué proporciones se combinan esos elementos para constituir las diversas individualidades psicológicas? ¿Qué múltiples combinaciones pueden producir? ¿Hay preponderancia de las emociones, de la inteligencia o de la acción? ¿La preponderancia de la una influye sobre el desarrollo de las otras?" (_Psychologie des sentiments_). Estas cuestiones son eminentemente prácticas y ajenas, por lo tanto, a la psicología general. Pero así como en medicina no hay enfermedades, sino enfermos, en psicología no hay una humanidad, sino hombres; todo no puede reducirse al estudio analítico general de cada fenómeno, pues la comprensión sintética no es desdeñable. Los elementos del carácter se combinan, no se suman simplemente; de allí que para conocer el conjunto no baste el conocimiento aislado de los componentes. El estudio sintético es más necesario a medida que se asciende de lo inorgánico, a lo orgánico, a lo consciente, a lo social. En suma, es justo decir que la psicología analítica y abstracta tiene por complemento indispensable una psicología sintética y concreta... El problema capital de esta última reside en el campo de la acción, no del conocimiento. Es práctico. Consistirá en determinar los principales tipos de individualidad, según su manera de actuar y de reaccionar, originada en los sentimientos y en la voluntad. Eso desígnase con un término, un tanto vago, consagrado por el uso: el "carácter". Es decir, consistirá en el estudio de la conducta como resultado del carácter individual.
En el mismo orden de ideas encuéntranse Hoffding, Pérez, Malapert, Queyrat y otros psicólogos que estudiaron los caracteres humanos. Paulhan enuncia este concepto más explícitamente. Fouillée, aunque tiende a separar de la psicología propiamente dicha el estudio de los caracteres, le asigna proporciones y objetivos semejantes. Todos los autores concuerdan en la necesidad de estudios sintéticos de la personalidad humana, determinando y clasificando sus diversas formas según la relativa preponderancia de alguno de los elementos psicológicos en la conducta del individuo, actuando sobre su personalidad.
Los métodos aplicables al estudio del carácter son cuatro. El _empírico_, propio de todos los tiempos y accesible a todos los observadores; el _razonante_ fué propio de los filósofos, reducidos a especulaciones abstractas acerca del proceso íntimo de los hechos estudiados; el _fisiológico_, cimentado sobre las doctrinas relativas al "temperamento" individual, cuya consecuencia fué detener a muchos autores en la investigación de las bases orgánicas del carácter y de sus manifestaciones; el _psicológico_, creado por Stuart Mill, que lleva a estudiar el carácter en sus manifestaciones psicológicas sintéticas, y que podríamos llamar el procedimiento clínico.
Ribot sólo señala dos métodos: el fisiológico y el psicológico. Malapert indica los tres últimos. Sin embargo, conviene señalar que el empírico, por ellos omitido, fué en toda época el más generalizado y fecundo, fundándose en la simple observación directa; las más geniales manifestaciones del arte, que alcanzan la sanción de la clasicidad, son estudios empíricos del carácter humano. Los tipos creados de Shakespeare a Ibsen, de Cervantes a Zola, de Calderón a Dostojewsky, serán eternos modelos psicológicos de caracteres humanos, empíricamente observados; los mejores trabajos debidos al método científico podrán equiparar, mas no superar, a un tipo de Macbeth o Stockmann, Sancho o Saccard, Segismundo o Raskolnikoff.
El procedimiento empírico no subordina sus resultados al rigor de su método, sino a la perspicacia del escritor; se funda en una aptitud psicológica personal. El razonante reduce mucha parte de su labor a especulaciones estériles, sólo utilizables cuando corresponden a la observación empírica. El fisiológico tiende a estudiar las bases orgánicas del carácter, antes que sus manifestaciones mismas. El psicológico conduce al estudio directo del carácter, al estudio _clínico_ de sus expresiones psicológicas; es el método por excelencia, dada la imposibilidad de experimentar la formación y las evoluciones del carácter. Fuerza es convenir con Malapert en que "el método conveniente para el estudio de los caracteres es, si así puede decirse, el método clínico, constituido esencialmente por la observación, la comparación y una inducción prudente." (_Le caractère_).
II.--LOS ELEMENTOS DEL CARÁCTER Y SU COMBINACIÓN EN LA PERSONALIDAD
¿Cuáles son los elementos constitutivos del carácter humano? ¿Se equivalen por su importancia, por la orientación que cada uno imprime al conjunto de la personalidad, a la conducta?
Antes de exponer nuestro criterio sobre este punto, creemos útil examinar el que no adoptaremos. Imposible sería el análisis crítico de los autores que estudiaron el problema de la constitución del carácter humano; reduciremos nuestro comentario a los autores modernos, más o menos científicos, previa una cita de Platón, recordada por Fouillée: "Cada uno de nosotros está compuesto de una hidra, de un león y de un hombre: la hidra de cien cabezas, es la pasión; el león es la voluntad; el hombre es la inteligencia. Se puede agregar que nuestra modalidad moral cambia cada vez que uno cualquiera de esos tres elementos adquiere un predominio sensible".
Esta imagen contiene ya, en su expresión puramente literaria, la antigua concepción psicológica fundada en las tres "facultades", con el mismo sello intelectualista que la caracterizó durante siglos en esta fórmula: "El hombre es la inteligencia".
El estudio de los fenómenos psicológicos ha entrado ya a otra nueva concepción, que mira la _estesia_ y la _kinesia_ como formas evolutivas superiores de las funciones biológicas fundamentales: la sensibilidad y el movimiento; concepto cuya síntesis clarísima ha dado Sergi en algunos de sus libros recientes. ("_La Psiche nei fenomeni della vita_", y "_L'origine dei fenomeni psichici_"). Sobre bases análogas ha fundado Ribot su teoría y clasificación de los caracteres humanos.
Las condiciones necesarias y suficientes para constituir un carácter, dice Ribot, son dos: la unidad y la estabilidad. La unidad consiste en una manera de actuar y reaccionar siempre homogénea y constante; la estabilidad es la unidad continuada en el tiempo. Esas premisas le llevan a excluir de los caracteres a la masa de los amorfos y los instables. Sobre esa base, agrega: "La vida psíquica, considerada en su más lata generalidad, puede reducirse a dos grandes manifestaciones fundamentales; sentir y actuar; tenemos, pues, dos grandes divisiones: los sensitivos y los activos".
Ribot no dice que "sentir y obrar" sean dos funciones, sino el doble aspecto de la sensibilidad, que es impresionabilidad, susceptibilidad y excitabilidad del sistema nervioso, a la vez que impulso, tendencia, deseo. La sensibilidad es al mismo tiempo aptitud para el placer y el dolor, y aptitud para desear. Todo ello es movido por la sensibilidad, que en su fase más evolucionada es sentimiento y constituye toda la vida afectiva.
La inteligencia, por su parte, queda relegada a un rol secundario, como fenómeno intermediario entre los sentimientos y la voluntad; "sólo los estados afectivos son primordiales en la constitución del carácter. Forman la capa profunda, de primera aparición; las disposiciones intelectuales forman una segunda capa superpuesta. Lo fundamental en el carácter son los instintos, las tendencias, los impulsos, deseos, sentimientos: todo eso y nada más que eso. Es un hecho de observación tan simple y tan evidente, que no sería menester insistir sobre él si la mayor parte de los psicólogos no hubieran embrollado esta cuestión por sus inveterados prejuicios intelectualistas, es decir, esforzándose por referir todo a la inteligencia, explicar todo por ella, y plantearla como el tipo irreductible de la vida mental".
Esta opinión de Ribot, de cepa genuinamente spenceriana, es excesiva. Indudablemente, los sentimientos son el mayor de los móviles, pero no son todo; si los estados representativos no tuviesen en la vida función alguna, no formarían parte de la vida psíquica. A lo sumo, la cuestión podría reducirse a determinar si la inteligencia es función primitiva, o si es secundaria al sentimiento; pero no a discutir su participación en la actividad psíquica sintética.
Fouillée ha combatido la teoría de Ribot, procurando devolver su prestigio a la tripartición funcional de la actividad psíquica. ¿La inteligencia es, como pretende Ribot, una facultad adventicia y sobreagregada? Contesta Fouillée con pruebas de dos clases: fisiológicas las unas, psicológicas las otras.
Si se tratara simplemente de señalar las condiciones básicas del "temperamento", Fouillée iría hasta admitir la suficiencia de las dos funciones fundamentales, correspondientes a la sensación y el movimiento; pero el "carácter" es algo más que el temperamento, por la intervención misma de la inteligencia, que le agrega modalidades que le son peculiares. Y volviendo sobre la vieja imagen de Platón, concluye su capítulo sobre clasificación de los caracteres: "Puesto que hemos restablecido la presencia de la inteligencia entre los elementos primordiales de la evolución mental, llegamos lógicamente a distinguir tres grandes tipos y géneros de caracteres: el sensitivo, el intelectual, el volitivo."
Sin negar la participación de los tres elementos en la formación del carácter, Morselli asigna papel preponderante al sentimiento, y Sergi, aunque admitiendo la preponderancia de la vida afectiva, reconoce esenciales la inteligencia y la voluntad para la determinación del carácter.
En suma, aun admitiendo el primado del sentimiento, se reconoce generalmente que los tres factores intervienen. El mismo Ribot no hace sino cuestión de _primordialidad_; en rigor él no niega a la inteligencia toda acción sobre la exteriorización de la conducta, sino que la declara consecutiva al sentimiento, lo mismo que la voluntad. Pero esto no hace al caso; la conclusión es que los tres modos de funcionamiento juegan un papel, sea cual fuere el factor primordial o los secundarios.
Esta concepción, fundada en la tripartición funcional, es compartida por la mayoría de los autores modernos, comenzando por Bain. Este autor ("_On the Study of Character_"), guiándose por un criterio estrictamente psicológico, fundó su teoría sobre la distinción de los fenómenos psíquicos en emoción, volición e inteligencia, lo que le lleva a constituir tres tipos fundamentales de carácter: los intelectuales, los emocionales y los volitivos. El mismo punto de vista encontramos en Hoffding; las diferencias individuales serían producidas por la diferente proporción en que se combinan los elementos psíquicos: una primera diferencia característica resultará del predominio que tengan en el individuo los elementos intelectuales, afectivos o volitivos ("_Esquisse d'une Psychologie_").
Otras clasificaciones recientes pueden referirse al mismo tipo de las de Fouillée, Bain y Hoffding: la de Queyrat, la de Levy, etc.
Malapert, en su reciente monografía, trata de agregar un nuevo elemento a los tres clásicos, estableciendo una diferencia entre la _actividad_ y la _voluntad_. "En resumen, dice, creemos que entre los elementos constitutivos del carácter, entre las funciones psíquicas esenciales, cuya particular naturaleza y modo de combinación constituyen la fisonomía moral de cada individuo, debe contarse, además de la sensibilidad y de la inteligencia, la actividad propiamente dicha por una parte, y por otra parte la voluntad. A la trilogía clásica nos parece más exacto sustituir esta tetralogía".
Pero no observa que la actividad es la resultante de toda la personalidad psíquica, la conducta, mientras que la voluntad es uno de los modos parciales de su funcionamiento, como lo son la inteligencia y el sentimiento. Su distinción equivaldría a diferenciar el sentimiento, que es un modo psíquico funcional, de la sensación, que es su proceso inicial.
Sin embargo, Malapert encuadra su clasificación dentro de estas mismas líneas generales. Llega a una clasificación en que figuran, en diversos grupos, los afectivos, los intelectuales, los activos y los voluntarios, complementándose con dos grupos de templados y apáticos.
Con otros criterios han intentado clasificar los caracteres Azam, Pérez y Paulhan. El primero de ellos, aunque reconoce que en la constitución del carácter entran como elementos constitutivos la voluntad, la sensibilidad y la inteligencia, incurre en una clasificación empírica, que no es del caso discutir, y que se funda sobre una primera tripartición en estas tres categorías: caracteres buenos, caracteres malos y caracteres indefinidos (buenos o malos, según las circunstancias); esta primera división se subdivide en no menos de cien caracteres secundarios ("_Le caractère dans la santé et dans la maladie_").
Partiendo de la manera de actuar, es decir, de la actividad, de la conducta, Bernard Pérez ha dividido los caracteres en seis grandes tipos: vivaces, vivaces-ardientes, ardientes, lentos, lentos-ardientes, equilibrados ("_Le caractère de l'enfant á l'homme_"). En rigor ésta no es una clasificación psicológica y su análisis no nos corresponde en este sitio.
Para completar esta crítica de las clasificaciones de los caracteres, recordemos la propuesta por Paulhan. Fundándose en su teoría general del funcionamiento mental ("_L'activité mentale et les éléments de l'esprit_", _Introducción_) que hace presidir toda la vida psíquica por la _ley de asociación sistemática_, establece cuatro tipos mentales diferentes, divididos en dos clases: "1.º. Cualidades que se refieren a la manera de ser de las tendencias, al carácter general de sus relaciones en un mismo individuo: la coherencia, la lógica, el contraste, la vivacidad, la tenacidad, etc.; 2.º. Cualidades que están constituidas por las tendencias mismas: tendencias orgánicas como la glotonería, sensuales como la gula, intelectuales, etc. La primera clase comprende las formas de la actividad mental, la segunda los elementos concretos que dirigen esa actividad." Toda la cuestión, para Paulhan, sería ésta: a tal manera de asociación sistemática y de organización de las tendencias, tal carácter. Pero le han observado Fouillée y Malapert que el modo de organización de las tendencias es una resultante de su naturaleza misma, pues la tendencia produce la sistematización; las leyes de asociación son efectos, expresan el modo según el cual actúan y reaccionan las tendencias. Paulhan ha señalado claramente las diferencias entre su sistema y la clásica doctrina inglesa del asociacionismo; pues mientras ésta es una relación de mecanismo, la de Paulhan pretende ser una relación de finalidad; el asociacionismo inglés expresa la ligazón, conexión y atracción de las ideas, mientras que para Paulhan, la asociación de las ideas depende del objetivo común a que ellas concurren.
De todas maneras, si su clasificación de los caracteres no confirma la tripartita, tampoco se opone a ella, pues obedece a un criterio muy especial.
De este análisis inducimos que en la determinación del carácter influye el predominio de una función sobre las demás, la desproporción entre las funciones. Pero es necesario, sin embargo, fijar cómo debe entenderse ese predominio y cómo conviene determinar la función dominante en un carácter. Esa dominante no debe ser el resultado de una comparación entre diversos individuos, sino el resultado de una comparación entre las diversas funciones mentales del mismo individuo; además, esa comparación no debe ser propiamente cuantitativa. Fouillée, en su clasificación, hace cuestión de individuos que tienen _más_ inteligencia; pero en este orden de fenómenos poco significan los términos "más" y "menos". Por eso Malapert aconseja fijarse en la calidad y no en la cantidad; con eso quiere decir que "en un individuo dado, la _cualidad_ especial, la modalidad, la expresión característica de una de las funciones psíquicas (_sea_ cual fuere su grado de desarrollo, su _cantidad_) implica tal o cual modalidad, forma o cualidad de las otras (sea cual fuere, también, su desarrollo). Se trata aquí de _influencia_ (de cualquier manera que se la explique) más bien que de superioridad cuantitativa. Un individuo muy inteligente tendrá una inteligencia especial si su inteligencia está dirigida y dominada por su sensibilidad; el carácter será la sensibilidad: es un sensitivo. Un individuo muy inteligente tendrá una inteligencia particular si ella está dirigida por la necesidad de acción: es un activo". Es necesario, pues, tener en cuenta las modalidades individuales con que aparecen y se combinan las diversas formas de la vida mental en los individuos, y no determinar el carácter mediante relaciones abstractas o heterogéneas.
En suma: en la composición del carácter individual, considerado como el instrumento psicológico de la conducta, intervienen los diversos elementos de la actividad mental; el predominio de alguno sobre los demás, produce tipos que pueden clasificarse como sensitivos, intelectuales y volitivos.
III.--LOS "HOMBRES DE CARÁCTER" Y LOS "HOMBRES SIN CARÁCTER" EN LA LUCHA POR LA VIDA
Nos hemos detenido en el precedente análisis para decir con más firmeza que esas clasificaciones de los elementos del carácter no pueden servir como base para el estudio clínico de los caracteres humanos. En la realidad, los hechos revisten otro aspecto: una o varias cualidades especiales predominan sobre las demás, caracterizando la personalidad. Un intelectual, un sensitivo, un activo, son la materia prima del hombre de carácter; pero esa materia se elabora y modela según la cualidad predominante en la conducta; el activo podrá ser ambicioso, avaro, cobarde, temerario o simulador. Lo mismo ocurrirá con el intelectual y con el sensitivo.
Pero sea cual fuere el tipo psicológico de cada individuo, no es igualmente intensa la conducta de todos en la lucha por la vida; además de las diferencias cualitativas tenemos las diferencias intensivas. Conviene fijar con precisión este problema, esencial para el asunto que estudiamos.
La lucha, en la vida social, desenvuélvese en condiciones sociológicas que la diferencian de la lucha por la vida puramente biológica. Es natural, pues, que para entrar al estudio psicológico de los simuladores atribuyamos mayor importancia a las diferenciaciones subordinadas a la adaptación social de la conducta.
No basta el simple criterio de la fisiopatología o de la degeneración, que nos llevaría a escindir la humanidad en dos grandes grupos de normales y degenerados, por otra parte difíciles de precisar; ni satisface la división, que hace brillantemente Ferri, en hombres normales y anormales, subdividiendo estos últimos en evolutivos y regresivos (_Studi sulla Criminalità ed altri saggi_). En cambio, encontramos satisfactoria--y para nuestro objeto suficiente--la teoría, más sociológica que biológica, de Silvio Venturi (_Le mostruosità dello spirito_); para éste, los hombres, según su actuación en el grupo social en que viven, deben dividirse en "característicos" e "indiferentes". Este concepto concuerda, en general, con algunas ideas sostenidas por Ribot.
Veamos, brevemente, las ideas cardinales de esa teoría, que es una útil metodización preliminar para el estudio de los caracteres humanos. En seguida podremos comprender mejor la mentalidad de los simuladores.
Es de vieja y común observación que en la sociedad existen dos clases fundamentales de individuos. Consiguen los unos afirmar su propia personalidad en la lucha por la vida, haciéndola tangible para cuantos les rodean; los otros no salen del casillero de la vulgaridad. Vivir es expandir la propia personalidad, aumentando nuestras anastomosis con el ambiente e intensificando la acción que sobre él ejercemos; los que no consiguen hacerlo pertenecen al género que llamaríamos de los "hombres que no existen".
Estudiando los caracteres humanos, Ribot los excluye por considerarlos faltos de carácter, haciendo lo mismo con los "instables"; Venturi, recientemente, analizó ese mismo concepto en su interesante libro, esbozando además una clasificación teórica de los característicos, que señalaremos oportunamente, pues se armoniza con los criterios que serán nuestro punto de partida para estudiar la psicología de los simuladores.
Los "hombres sin carácter" son la masa anodina, el número abstracto, los individuos para quienes, como diría Dante, es noche mucho antes de la oración. Ribot los llama "amorfos" y Nordau los señala antes de estudiar la "_Psicología del genio y del talento_", coincidiendo con Venturi en asignar a los "filisteos" un rol de lastre en la vida social. Ribery (_Essai de classification naturelle des caractères_), criticando a Ribot, encuentra demasiado impreciso el tipo del amorfo. Mantegazza (_I caratteri Umani_) diríalos "sin carácter", poniendo en el fondo de su psicología una gran debilidad moral que los hace ceder a la más leve presión y sufrir todas las influencias. En la clasificación de Pérez figurarían entre los "lentos"; como "apáticos" en la de Malapert y junto a los "templados" en la de Paulhan.
"Hombres de carácter" son los que poseen fisonomía propia, presentando cualidades diversificadas, tendencias originales, capacidad fecunda para iniciativas distintas de las habituales. Son los actores en el drama humano, en la evolución social. Entre ellos se reclutan los que Taine--antes que Tarde, Sighele y Le Bon--llamó "meneurs" (_Les origines, etc._, parte III), y, recientemente, D'Annunzio "evocadores", "animadores". Ellos son los _activos_, en una palabra, pero no en el sentido estrecho que da Ribot a esa designación (persona que tiene por rasgo dominante la tendencia natural, siempre renaciente, a la acción), sino en el sentido amplio que le atribuye P. Rossi: persona que posee una o todas las aptitudes psíquicas apropiadas para vencer la presión de la multitud (_I suggestionatori e la folla_).