La simulación en la lucha por la vida

Part 4

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Justo es que antes de estudiar las múltiples formas de simulación usadas por el hombre para luchar por la vida dentro de la sociedad, miremos un momento los fenómenos similares que se observan en las especies animales. Todos no tienen su misma significación psicológica; algunos carecen de ella por completo. Pero entre uno y otro extremo, entre el insecto que se asemeja a otro como simple resultado de la selección natural y el orador desvergonzado que finge las pasiones más caras a su auditorio, existe una serie gradual de hechos que muestran la relación entre lo accidental y lo consciente, entre lo instintivo y lo voluntario.

Nuestro estudio del interesante tema biológico es fruto, en parte, de observaciones directas; mas para su desarrollo global hemos analizado las descripciones de los naturalistas, en cuyo vasto material intentamos proyectar una mirada de conjunto. Procurando sistematizar los fenómenos estudiados, ensayamos una tarea no estéril; no obstante las bellas páginas de Wallace, ellos esperaban ser clasificados y explicados conforme a un criterio común. El conocimiento amplio de la bibliografía permite, en temas de esta índole, coordinar de manera precisa la labor de los investigadores, aclarando y haciendo comprensibles los hechos y explicaciones que, vistos en diseminado desorden, aparecen confusos e incoordinados.

Una reseña sintética, que sea, a la vez, un esfuerzo de sistematización, es siempre útil para los naturalistas y los biólogos. Ver ordenado metódicamente un conjunto de hechos dispersos, es de provecho para los estudiosos. Por nuestra parte, procuraremos obtener el poderoso argumento de los hechos en favor de nuestras inducciones acerca del valor de la simulación como medio de lucha por la vida.

No creemos aventurado afirmar que los fenómenos de simulación representan uno de los medios de lucha por la vida, ofensivos y defensivos, más generalizados en la serie animal; su difusión e importancia no es comparable, sin embargo, con la de los medios violentos. Como sólo estudiamos los fenómenos en conjunto, quien quiera analizarlos y observar su desarrollo progresivo, puede ocurrir a la interesante monografía en que Cuénot estudia los medios de defensa en los animales.

Para dar unidad a las ideas expuestas en este capítulo y a las observaciones en él reunidas, diremos que, en general, hay simulación, o mimetismo, toda vez que un animal, mediante la adaptación de sus caracteres exteriores a los seres y cosas del medio en que actúa--ya por la forma: homotipía; ya por el color: homocromía,--se beneficia en la lucha por la vida contra sus enemigos, contra sus presas, o contra el medio ambiente.

Así interpretados, en su más lato sentido, esos fenómenos de simulación--cuya finalidad en la lucha por la vida es siempre la misma,--son numerosos y complejos; sin embargo, es posible unificarlos, encarándolos desde el punto de vista de su rol biológico, pues _todos desempeñan una función útil en la lucha por la vida_[3].

II.--SUS GRUPOS FUNDAMENTALES

Antes de ocuparnos detenidamente de esos fenómenos, debemos señalar que examinando las investigaciones de los naturalistas, pueden fijarse varias modalidades bien definidas; ello permite intentar una ordenación general, agrupándolos en categorías bien diferenciadas por su valor psicológico, y caracterizadas por modalidades fundamentales diversas.

1.º. En algunos casos se encuentra una simple homogeneidad de color entre el animal y el medio en que vive; homogeneidad que lo disimula más o menos completamente. Es involuntaria y resulta de la selección de los mejor adaptados al ambiente: _homocromía involuntaria, de origen selectivo_.

2.º. Otras veces esa homogeneidad de color, entre el animal y su medio, es buscada y completamente voluntaria, resultando de la emigración activa del animal a un medio homocromo, donde pasa desapercibido, siéndole más fácil la lucha por la vida: _homocromía involuntaria, con fines protectivos_.

3.º. Los animales tienen el color y la forma de otros que gozan de alguna ventaja en la lucha por la vida, beneficiándose de esa semejanza que los protege como a la especie simulada, favoreciéndolos en la selección natural: _mimetismo involuntario, de origen selectivo_.

4.º. Los animales simulan activamente los caracteres externos de otras especies u objetos, ya mediante procedimientos fisiológicos aun poco conocidos, ya cubriéndose con cuerpos extraños para disimularse: _mimetismo voluntario, con fines protectivos_.

Esta agrupación en cuatro categorías nos parece más cómoda que las divisiones que hacen algunos autores; y es la única que nos interesa, por cuanto ella separa los casos en que el mimetismo es un resultado de la selección, de los otros en que el animal lo realiza voluntariamente. Aunque imperfecta, pues algunos fenómenos no pueden ubicarse con precisión en una u otra categoría, permitirá exponer los hechos con relativa claridad, y _fijar su importancia psicológica_, lo cual, hasta ahora, ha preocupado poco a los naturalistas. Consideramos esencial la diferenciación de los tipos fundamentales en grupos selectivos y voluntarios; más adelante se verá su importancia para el desarrollo de nuestra interpretación general de la simulación.

III.--HOMOCROMÍA: PERMANENTE, VARIABLE Y VOLUNTARIA

Lamarck, primero, y más tarde Darwin, observaron y comentaron los fenómenos de homocromía, sintetizables en este hecho general: los animales están disimulados a la vista de sus enemigos, o de sus presas por la semejanza entre su color propio y la coloración del medio en que viven. Los ejemplos son numerosísimos.

El color de los animales no es un resultado caprichoso del _fiat_ creador, como suponían los divagadores metafísicos, ni un objeto de deleite para la vista humana, como podrían creer los poetas poco ilustrados. El color es un carácter útil en la lucha por la vida. Ciertos colores vistosos y llamativos son el resultado de la selección sexual, y otros colores adaptados al ambiente son resultado de la selección natural; ambos son ventajosos en la lucha por la vida y determinan la conservación de los mejores individuos de las especies más adaptadas a las condiciones del medio.

Wallace, cuyo capítulo sobre el mimetismo es clásico en la materia, se detiene sobre un hecho general e importante. Los colores, más o menos fijos y uniformes en las especies salvajes, son sumamente variables en los animales adaptados a la domesticidad: caballos, perros, gatos, pichones, vacas, etc. La diferencia es debida a que éstos son protegidos por el hombre en la lucha por la vida, mientras que los salvajes fían principalmente en la protección natural de su color.

Se ha observado que, en general, la coloración blanca es el tono predominante en los animales que viven en las zonas polares; el amarillo y el terroso es el color propio de los habitantes del desierto; el verde domina en las selvas tropicales perpetuamente frondosas. Los animales nocturnos son de colores obscuros.

Entre los animales blancos de las regiones árticas los hay cuyo color es permanente, siendo en otros transitorio. Entre los primeros recordemos el oso polar, la liebre polar de América, el halcón de Groenlandia; el carácter permanente de su color coincide con el hecho de vivir todo el año entre las nieves. Es notable que en regiones no polares, en los Alpes, la liebre, que vive a grandes alturas sobre el nivel del mar, siempre nevadas, es también de color blanco. La coloración homocroma permite a los carnívoros acercarse a sus presas sin ser vistos y a los herbívoros pasar desapercibidos a sus enemigos. Además, parece que el color responde, en parte, al objeto de impedir la irradiación y conservar mejor el calor animal durante el invierno.

En las extensas regiones áridas y desiertas de la superficie terrestre, la armonía de color entre el medio y los animales es igualmente notable. El puma americano, el león, el camello, todos los antílopes del desierto, los pájaros del Sahara, el pato salvaje de Egipto, el gato montés, etc., etc., tienen un color amarillo terroso, perfectamente adaptado al color del medio en que viven. Es lógico que, en un medio desprovisto de plantas o piedras para la ocultación, hayan podido sobrevivir más fácilmente, sin emigrar o morir, las especies mejor disimuladas para la ofensa o la defensa.

En las regiones tropicales, donde las ramas siempre son frondosas, encuéntranse especies enteras cuyo color predominante es el verde; por ejemplo: los loros. En cambio, en las regiones más templadas, donde las hojas son caducas y el invierno desnuda los árboles de sus adornos naturales, los pájaros poseen colores que imitan el de la corteza de los árboles, de las hojas secas, de los tallos desnudos, etc., entre los cuales están obligados a pasar el invierno.

En los animales pelágicos, que viven en los océanos, el hecho es fácil de comprobar; muchos de ellos son transparentes como el agua en que viven. Entre los moluscos y crustáceos hay numerosas especies en análogas condiciones, siendo singularísima la identidad de aspecto entre muchas conchas o caparazones, y las piedras o toscas a que están adheridas; es uno de los géneros más difundidos de mimetismo y el primero que llama la atención de los visitadores de un acuario. Hechos semejantes se observan en los peces. Los animales marinos de mayores dimensiones, que flotan en la superficie, están hermosamente coloreados de azul intenso o azul gris en el dorso, armonizándose con el color del mar, mientras su vientre es blanco; esto hace que, vistos por debajo, se confundan con la espuma de las olas o con las nubes.

Fuera de las adaptaciones generales de coloración, existen otras especiales, que llegan a caracterizarse por semejanzas de dibujo. Muchos animales rayados o manchados viven en sitios donde se proyectan sombras de hojas (manchas) y de tallos (rayas), teniendo en su color especial un medio de disimulación utilísimo en la lucha por la vida. En el clásico tratado de Wallace sobre "El Darwinismo" puede leerse un análisis detenido de esta cuestión singularísima.

Es de observación vulgar que los huevos de muchísimos animales--ovíparos, por supuesto--suelen adaptarse muy bien al color del medio donde se les deposita, siendo difícil descubrirlos; por eso los hombres de campo comparan frecuentemente las cosas difíciles de ver con los huevos de ciertos pájaros. Obsérvase también con frecuencia que los huevos de algunas especies presentan caracteres morfológicos que los hacen confundir con los pertenecientes a otras especies, hecho común cuando el animal no construye nido propio, obteniendo de esa manera la incubación necesaria para que la especie no se extinga. El hecho es harto conocido y está consagrado en refranes populares.

Todos los fenómenos de homocromía pueden tener su origen en una de las dos causas enunciadas. O en la selección natural sobrevivieron solamente los animales mejor adaptados al color de un ambiente determinado, o los animales emigraron voluntariamente a un medio donde estuvieran mejor disimulados para luchar por la vida en condiciones favorables. Lo primero no implica que no intervengan otras causas en la conservación de la especie; lo segundo no excluye que, en ciertos casos, la homocromía sea el producto de una reacción adaptativa del animal a su medio.

Entrando a considerar la significación psicológica de estos hechos, es evidente que en la hipótesis migratoria la disimulación es un acto voluntario, que con el tiempo puede fijarse en la especie bajo forma de instinto, pasando de consciente a automático. En la hipótesis selectiva la disimulación es involuntaria, actuando la selección natural sobre variaciones favorables adquiridas al azar, sin que esto excluya necesariamente la adquisición de esas variaciones por la influencia del medio.

En los hechos hasta aquí examinados, la homocromía es un carácter estable, permanente. En otros la adaptación es transitoria; ciertos animales, como el zorro y la liebre árticos, sólo viven entre las nieves durante una parte del año y sólo entonces tienen el color blanco que los protege. Es difícil establecer la participación que tienen la temperatura, la alimentación, la acción del color ambiente, etc., en esos cambios actuales; pero cabe suponer que esas influencias, lamarckianas por decir así, han sido en su origen más importantes que las selectivas, que diríamos darwinistas.

La acción del color ambiente sobre el color de los animales cuenta en su favor con numerosas observaciones, confirmadas por experimentos de resultado indiscutido. Wood mostró ciertas crisálidas de una misma especie que tenían diversos colores, análogos a los de las superficies en que habían sido depositadas. Las experiencias célebres de Poulton demostraron la posibilidad de modificar el color de ciertas crisálidas, haciendo evolucionar sus larvas en cilindros de vidrio cubiertos de papeles de diversos colores. Por excepcionales que sean estos hechos, coincidentes con otras observaciones y experimentos de Shaw y de Pouchet, ellos demuestran que existen organismos capaces de reaccionar a una excitación luminosa exterior y de adaptársele en alguna medida, imitando directamente el color del medio.

Conocemos otros hechos que, para ciertos casos, harían pensar que esa imitación del color ambiente ha podido en su origen ser voluntaria, fijándose luego por el hábito y convirtiéndose hereditariamente en instinto de la especie. Existen, en efecto, animales que modifican voluntariamente su propio color para adaptarse al medio, en cuyos casos es visible el valor psicológico que tiene esa disimulación activa como medio de lucha por la vida. No se trata, como en los anteriores, de una acción directa del medio que el animal recibe pasivamente, sino de una reacción activa y brusca del animal mismo.

El ejemplo clásico del género es el del camaleón, cuyo color, amarillo verdoso en la juventud y gris térreo en la vejez, se armoniza más o menos rápidamente con el medio que lo rodea, sin que ello importe atribuirle la propiedad de recorrer toda la gama del iris; más terroso si está entre las ramas del árbol, y más verdoso si entre el follaje, puede en momentos de excitación mostrar manchas rosadas o violáceas sobre el tono claro de los flancos y del vientre. No es un caso único en la historia natural. Hay un pececillo que posee propiedades semejantes; si nada en aguas claras su color es amarillo, pero se cubre de manchas o rayas negruzcas cuando quiere ocultarse entre plantas acuáticas de color obscuro, lo que también se observa cuando se le irrita. Muchos peces chatos, algunos crustáceos, las ranas en cierto grado, poseen la aptitud de modificar con rapidez la intensidad o el tono de su color habitual, adaptándolo a su medio.

La explicación más admitida de estas variaciones de coloración lleva a considerarlas como fenómenos reflejos, en que las excitaciones visuales determinan cambios de posición de una o más capas de células pigmentadas, los "cromatoblastos", que se encuentran en el tegumento y contienen sustancias colorantes. La expansión o contracción de esas células estaría, según Pouchet, bajo la dependencia del sistema nervioso, y su resultado general sería armonizar el tono del color del animal con el del fondo. Para probar que no se trata de una acción del medio, Pouchet repitió sus experiencias en animales privados de sus ojos, no produciéndose el cambio de color; la sección del trigémino suprimió la reacción en la zona de inervación propia de ese nervio.

Todos estos hechos han llevado a considerar que la homocromía movible es una reacción individual, una función activa de los animales en que se la observa. Es posible que sea refleja y no voluntaria, es decir, instintiva; pero todos los instintos se consideran actualmente como antiguos actos voluntarios, que por el uso en el curso de muchas generaciones se han convertido en automatismos reflejos útiles a la especie.

IV.--MIMETISMO: PERMANENTE, VARIABLE, VOLUNTARIO

El mimetismo consiste en la semejanza de forma entre el cuerpo del animal y los objetos del medio en que suele vivir, o en la semejanza con los caracteres o actitudes aparentes de otros animales mejor defendidos en la lucha por la vida. Éste es un vasto e interesante capítulo de historia natural, que procuraremos condensar en pocas notas generales, suficientes para orientarnos hacia las conclusiones de psicología social propias de este trabajo.

Insistimos en distinguir dos clases de simulaciones en los animales. Las unas son espontáneas e _involuntarias_, resultando de la selección natural; las otras son conscientes y _voluntarias_, valiéndose de ellas el animal para adaptarse mejor a las condiciones de la lucha.

Entre los casos de mimetismo selectivo involuntario, algunos simulan un objeto de su ambiente y otros los caracteres externos de especies mejor protegidas. Wallace restringe a estos últimos el nombre de mimetismo; parécenos más lógico extenderlo a todos los casos en que hay simulación de forma, es decir: _homotipía_.

Muy a menudo se encuentran combinadas las dos semejanzas, del color y de la forma; a esto llaman algunos autores _homocromía mimética_. Es el caso de los parecidos más perfectos; son bien notorios los de numerosos insectos con tallos, ramitas, hojas verdes o secas, entre las cuales viven y de las que se alimentan. En ciertos casos el detalle de las semejanzas es tan prolijo que Wallace se ha visto arrastrado a decir que "parece implicar la intención de engañar al observador".

Son curiosos los casos en que se observan colores y formas apropiados para atraer las presas; han sido principalmente señalados entre las arañas y de manera especial en el género _Mantidae_. Forbes ha observado un caso de simulación voluntaria de esta índole; tratábase de una araña cuyo vientre simulaba perfectamente, por el color y la forma, un excremento de pájaro: el animal permanecía inmóvil hasta que algún insecto venía a posarse sobre su vientre, cerrando entonces las patas y atrapando a su víctima. Otra especie simula perfectamente por su color, forma, posición y actitud, una flor en botón, sobre la cual vienen a posarse incautamente las presas inexpertas. Más curioso, aún, es el caso de otra Mántida, áptera, que simula a la perfección una orquídea rosada, atrayendo sus víctimas con tal facilidad, que resulta una verdadera trampa de insectos.

Algunos _Phyllium_ están perfectamente coloreados y fileteados, con excrecencias foliáceas sobre las patas y el tórax, de manera que difícilmente podrían distinguirse, cuando están inmóviles, de los finos tallitos de la planta donde se posan. Otros simulan fragmentos de madera, con todos los detalles; o bien hojas secas, tallitos, espolones, espinas, hongos parasitarios, etcétera. Algunas especies de _Cassidae_ parecen gotas de rocío, por su forma convexa y su color perláceo. Entre las mariposas de la India, algunas tienen la cara inferior de las alas idéntica al aspecto de una hoja; posándose sobre un tallo, cerradas las alas, pasan completamente desapercibidas. Del mimetismo de los gusanos con objetos del medio, trata extensamente Weismann. Entre los arácnidos hay varias especies cuya cara dorsal imita con precisión el aspecto de una hojita, con sus nervaduras y demás caracteres accesorios.

Por ser, como son, tan interesantes, estos hechos han alcanzado una rápida difusión, aumentándose extraordinariamente de año en año el número de los conocidos. Es indudable que la forma de los animales mimetizantes se explica por la selección natural, careciendo por lo tanto de significación psicológica; pero no lo es menos que la actitud de inmovilidad o de acecho es voluntaria, o lo ha sido en su origen, revelando un aprovechamiento inteligente de la forma por parte del animal que la posee.

V.--MIMETISMO ENTRE LAS ESPECIES ANIMALES

Entramos a las semejanzas protectoras entre especies animales; mediante ellas, dice Wallace, una especie, simulando los caracteres exteriores de otra, es confundida con ésta y disfruta de sus ventajas en la lucha por la vida. El hecho se produce sin necesidad de que la especie simuladora y la simulada sean aliadas, y aun perteneciendo a familias u órdenes distintos. Uno de los animales parece estar disfrazado para ser confundido con el otro; de allí provienen los nombres de mimetismo y mimético, "_que no implican una acción voluntaria por parte del animal en que se produce_".

Como lo comprueban numerosas observaciones, el mimetismo _en ciertos casos es consciente y voluntario_, no tanto cuando se trata de simular los caracteres de otras especies animales o de objetos, pero muy claramente cuando un animal simula actos o actitudes distintos de los verdaderos. En estos hechos encontramos la transición entre las simulaciones puramente selectivas, y las simulaciones de orden psicológico, usadas por los hombres en las formas sociales de lucha por la vida.

El mimetismo entre especies animales fúndase en que ciertas especies bien protegidas en la lucha poseen "colores premonitorios", que las preservan de los ataques de sus enemigos; otras especies menos protegidas, confundiéndose con ellas por la identidad de los caracteres externos, evitan los ataques de adversarios comunes. De esa manera, ciertas mariposas comestibles son salvadas de la voracidad de sus enemigos por colores y formas que mimetizan perfectamente a las especies no comestibles. Los helicónidos son imitados por muchas otras especies de mariposas; el hecho es frecuente entre los lepidópteros. Entre los coleópteros, los ejemplos son numerosos, como asimismo entre los arácnidos. Muchas especies inofensivas de himenópteros presentan el aspecto de otras muy temibles por sus poderosos medios de defensa y ofensa. Algunas arañas mimetizan a las hormigas, que son menos perseguidas por los insectos. Entre los vertebrados el mimetismo es común en las serpientes; algunas especies inofensivas mimetizan a otras muy temibles, como el _Elaps_ de la América tropical. Ocurre lo mismo con algunos _Callophis_. Entre los pájaros se mencionan algunos casos de mimetismo imperfecto y solamente dos, muy completos, de mimetismo verdadero.

Wallace, que ha estudiado el mimetismo de las especies entre sí, ha determinado las cinco condiciones constantes del mimetismo selectivo.

1.º. La especie mimetizante se presenta en la misma región y ocupa los mismos sitios que la especie mimetizada.

2.º. La especie mimetizante es siempre más pobre en medios de defensa.

3.º. La especie mimetizante cuenta menos individuos.

4.º. Difiere del conjunto de sus aliados.

5.º. La simulación, por detallada que sea, es _exterior y visible_ solamente, no extendiéndose jamás a los caracteres internos, ni a aquéllos que no modifican la apariencia exterior.

Posee mayor interés psicológico el _mimetismo movible_. Al hablar de la homocromía hicimos ya notar que la había movible, recordando el clásico ejemplo del camaleón; señalamos también que en ciertos fenómenos de simulación de plantas u objetos por animales, intervenía la voluntad de éstos. Aquí mencionaremos algunos fenómenos activos de mimetismo voluntario entre las especies animales; su síntesis, como significación en la lucha por la vida, nos la da el lobo disfrazado con piel de cordero o el grajo con plumas de pavo real, de las fábulas bien conocidas. Ello comprueba, una vez más, el principio general de que el arte, en sus manifestaciones más geniales y clásicas, puede anticiparse a señalar ciertos hechos que en épocas posteriores estudia la ciencia a la luz de sus métodos menos inexactos.