La simulación en la lucha por la vida
Part 14
Es de Puisbarand la conocida frase: "los peores enemigos de los pobres son los mendigos"; podría completarse agregando que los peores enemigos de los mendigos son los falsos mendigos. Pero Puisbarand no nos dijo por qué hay hombres que viven simulando estar enfermos. Esas causas son principalmente sociales. Desde que la sociedad no asegura a todos sus miembros una educación integral, capaz de adaptarlos a las condiciones de lucha por la vida, muchos sujetos carecen de inclinación por el trabajo, único medio honesto de vivir. Por otra parte, este parasitismo social es debido a que no siempre los individuos están en condiciones de poderse dedicar a un trabajo elegido en armonía con sus tendencias; muchos que se ven obligados a aceptarlo en condiciones inhumanas, por su cantidad y por su calidad, se sienten inclinados a odiarlo. Bien ha demostrado Ferriani que las condiciones antisociales del trabajo industrial convierten al niño en vago y después en ladronzuelo, por odio al taller, que, en lugar de ser una escuela donde se enseñe a trabajar, es una cárcel donde se le explota sin consideración; las condiciones sociales determinan la delincuencia ocasional, en sus formas de fraudulencia y vagancia, combinadas en los mendigos profesionales que simulan estados patológicos.
En estos sujetos la _mise en scéne_ suele ser aparatosa y refinada. En Chicago, según refirió la prensa, la policía descubrió un club de mendigos, hace algunos años, en West Adam Street. Encontróse allí una comitiva de sujetos sanísimos y alegres, que comían, bebían, jugaban, fumaban y poseían una biblioteca de filósofos clásicos para recrear sus ratos de ocio. Todos ellos, durante el día, simulaban ser cojos, ciegos, mudos, idiotas, sordos, y mendigaban por las calles de la ciudad; por la noche reuníanse en su club para gozar tranquilamente las ganancias de su "trabajo" diario. La policía encontró, en una de las habitaciones, gran cantidad de carretelas para tullidos, muletas, piernas de palo, zapatos simulando pies deformes, anteojeras y vendas para los ojos, bastones para ancianos débiles, barbas postizas, cajas de pintura destinadas a simular sobre la piel toda clase de llagas y pústulas, ocupándose en esta especialidad dos miembros del club, verdaderos artistas del pincel. Había numerosos carteles con inscripciones apropiadas: "soy ciego de nacimiento", "soy sordo-mudo por un susto", "inválido de la guerra civil", "ha adquirido su lepra prestando servicios a otros enfermos", etc. Arrestados, se comprobó su excelente estado de salud y sus aptitudes para el trabajo; desde largo tiempo habíanse asociado para explotar la caridad de los filántropos, en perjuicio de los verdaderos pobres.
Casos como el anterior--que por su magnitud alcanzó cierta celebridad--ocurren en todas las grandes ciudades. En Buenos Aires la mendicidad fraudulenta aún no ha alcanzado vastas proporciones. Conocimos, sin embargo, un ladrón profesional que nos refirió haber sido ciego de profesión durante cinco años; ejerció "honradamente" su trabajo con discretas ganancias, hasta que la policía descubrió su fraude y le arrestó. En la prisión conoció a varios ladrones profesionales; al ser puesto en libertad no pudo volver a su antiguo oficio de ciego, y se dedicó al robo profesional con sus nuevos amigos.
En las puertas de las iglesias no es raro ver sujetos tullidos que, terminada su tarea, se retiran tranquilamente a sus casas, muy mejorados de su enfermedad. Un enfermo de la Sala de nerviosos del hospital San Roque ejercía la mendicidad fraudulenta; era un antiguo hemiplégico, cuya pierna funcionaba casi normalmente, presentando impotencia del brazo; este sujeto solía pedir permiso para salir uno o dos días por semana, regresando al hospital provisto de dinero para tabaco y otras pequeñeces. Supimos que en esas salidas mendigaba, exagerando su hemiplegia y simulando la afasia observada en otros enfermos de la sala.
Estos fraudes han motivado la organización de la caridad social, en sentido de proporcionar trabajo apropiado a todos los mendigos en institutos _ad hoc_, encargándose la policía de perseguir a todos los pícaros que no tienen cabida en ellos; son buenos modelos los institutos existentes en Londres y en Bruselas.
En suma, sea como fuere, la terapéutica de las simulaciones usadas para explotar la filantropía debe convertirse en profilaxia; si el mal tiene hondas raíces sociales, es necesario llevar a cabo una serie de reformas que hagan del trabajo un agradable deber para todos, y no como es hoy un yugo penoso para algunos. Impónese infundir a cada individuo la noción de los deberes impuestos por la solidaridad social, que a todos beneficia. Y, por fin, deben desaparecer esas formas agudas de la miseria que deprimen el espíritu, degradándolo hasta formas inferiores de lucha por la vida que simulan lo más desagradable en la vida humana: la enfermedad.
Ésa será la profilaxia eficaz contra tales simulaciones; será obra de mucho tiempo, pues aún son pocos los países civilizados que pueden pensar en tales reformas. En algunos está ya suprimida la mendicidad y todo inválido tiene derecho a ser asistido por el Estado.
Recorridos esos dos grandes grupos de causas de la simulación de estados patológicos, no insistiremos sobre las demás, menos frecuentes y sumamente variables. Tendrían su sitio en un tratado especial que no sabríamos escribir. Réstanos citar las conclusiones de nuestros estudios sobre el grupo más importante.
3.º. _Simulación de la locura._--Es necesario considerarla desde tres puntos de vista diversos.
_a_)--_en general._ Las condiciones en que se desenvuelve la lucha por la vida en el ambiente social civilizado pueden hacer individualmente provechosa la simulación de la locura, como forma de mejor adaptación a las condiciones de lucha; ya sea directamente, favoreciendo al simulador, ya indirectamente, disminuyendo las resistencias que el ambiente opone al desarrollo y expansión de su personalidad.
_b_)--_por alienados verdaderos._ La persistencia de la razón en los alienados y la inconsciencia de su verdadero estado mental mórbido, les permite comprender las ventajas que reporta la simulación de la locura en diversas circunstancias de la lucha por la vida, determinando el fenómeno de la "sobresimulación", o simulación de la locura por alienados verdaderos. En cambio, toda vez que el alienado es consciente de su locura o comprende las desventajas que ésta le produce en la lucha por la vida, "disimula" su alienación, equivaliendo este fenómeno a una simulación de la salud, subordinada al mismo criterio utilitario.
_c_)--_por los delincuentes._ La simulación de la locura por los delincuentes está subordinada a circunstancias propias de la legislación penal contemporánea.--Los delincuentes, además de luchar por la vida como los demás hombres, luchan contra el ambiente jurídico-penal de la sociedad en que viven.--Ese ambiente jurídico, concretado en leyes penales, condena al delincuente castigándole por la ejecución del acto cuya _responsabilidad_ le imputa; en cambio, no condena al delincuente alienado, considerándole _irresponsable_ de su delito.--El delincuente, en su lucha por la vida contra el ambiente jurídico, simula ser alienado para eludir la responsabilidad del acto delictuoso y ser eximido de pena.
La falta de criterio uniforme en el estudio de la simulación de la locura, explica las opiniones divergentes de los autores acerca de su frecuencia y de su interpretación clínica. Las estadísticas publicadas no pueden compararse entre sí; carecen de valor científico por estar levantadas en condiciones heterogéneas y por haberse apreciado de diversos modos las relaciones entre las verdaderas anomalías psicológicas de los delincuentes simuladores y la locura simulada.--Subordinándose la simulación de la locura por los delincuentes a circunstancias propias de la legislación penal contemporánea, el verdadero criterio para su interpretación debe ser "clínico-jurídico". La locura en el concepto de la ley penal, está representada por formas clínicas definidas que confieren la irresponsabilidad; las anomalías psíquicas de los simuladores no corresponden al concepto clínico y jurídico de la locura como causa eximente de pena. El delincuente simulador no simula porque tiene anomalías psíquicas verdaderas, sino a pesar de tenerlas, contra lo afirmado hasta ahora por los autores que se ocuparon de esta materia.--Los delincuentes simuladores presentan las anomalías propias de las diversas categorías de delincuentes; pero como ellas no confieren irresponsabilidad, simulan formas "clínico-jurídicas" de locura, siendo éstas las únicas que eximen legalmente de la responsabilidad.
En las diversas categorías de delincuentes las anormalidades psicológicas se presentan con desigual intensidad y con modalidades diversas. Contra las ideas predominantes en la actualidad, debe considerarse que la posibilidad de simular la locura para eludir la represión penal es en absoluto independiente de esas anormalidades psicológicas; los delincuentes más anormales son los menos aptos para usar de este medio defensivo en su lucha por la vida. La posibilidad de la simulación está en razón inversa del grado de degeneración psíquica del delincuente.
Los delincuentes que intentan eludir la represión penal simulan formas "clínico-jurídicas" de alienación y no simples anormalidades atípicas, pues sólo las primeras confieren la irresponsabilidad penal.--Las formas simuladas pueden referirse a cinco grupos de síndromes: maníacos, depresivos, delirantes o paranoicos, episodios psicopáticos y estados confuso-demenciales. Por orden de frecuencia, encuéntranse los fenómenos delirantes o paranoicos, los síndromes maníacos, los síndromes depresivos, los estados confuso-demenciales y los episodios psicopáticos.--Suele, excepcionalmente, observarse la simulación de la locura en ex alienados, como también el enloquecimiento de los simuladores.--Las locuras simuladas carecen, generalmente, de unidad nosológica.
El estudio de las locuras simuladas con relación a la herencia, antecedentes patológicos individuales, raza, edad, instrucción, sexo, educación, estado civil, profesión, ambiente social y carácter individual de los simuladores, revela algunas particularidades especiales, aunque no de significación clínica muy característica.--Sobre las modalidades clínicas de las locuras simuladas influyen la tendencia al menor esfuerzo, el carácter, la vulgarización de las formas simuladas, la imitación, la sugestión y otros factores de menor importancia.--Los delincuentes simuladores pertenecen, en su gran mayoría, a las categorías en que predominan los factores externos o sociales en la determinación del delito; los delincuentes natos dan una reducida minoría de simuladores y no tienen tendencias espontáneas a la simulación.
Actualmente llámase "alienados delincuentes" a individuos psicológicamente heterogéneos, unificándolos jurídicamente por su irresponsabilidad penal; los verdaderos "alienados delincuentes" son aquéllos cuyo delito es una resultante de su locura.--La mayoría de los alienados comunes ha cometido actos delictuosos; en los estudios sobre "alienados delincuentes" sólo figuran los _procesados_, sean más o menos delincuentes que los alienados comunes no procesados.--El delito de los locos suele presentar caracteres especiales, que permiten una relativa presunción diagnóstica sobre el estado mental del agente; pero ningún signo diferencial posee valor absoluto que permita afirmar la simulación.--El delito de algunos alienados tiene caracteres bien definidos según la forma clínica de locura; en los simuladores esa relación es muy excepcional.--Por el simple estudio de los caracteres del acto delictuoso es posible descubrir la simulación de la locura en algunos delincuentes; pero esa posibilidad no implica una certidumbre, ni es generalizable a todos los casos observables en la práctica de la medicina forense.
Los numerosos elementos que ofrece la clínica psiquiátrica para establecer el diagnóstico diferencial entre los delincuentes simuladores y los alienados delincuentes, agréganse a los datos obtenidos estudiando el delito en sus relaciones con la locura o la simulación y constituyen un conjunto de factores útiles para llegar al diagnóstico; pero su valor es siempre relativo, no absoluto. Por eso el perito puede verse precisado a recurrir a medios especiales, dirigidos directamente a desenmascarar la simulación.
Los recursos especiales de índole astuta empleados para descubrir a los simuladores son variables en cada caso y pueden ser útiles. Los medios coercitivos y tóxicos no deben emplearse jamás. La pletismografía no es aplicable al diagnóstico diferencial entre la locura y la simulación. Cada día es más difícil el éxito de los simuladores; pero no puede afirmarse su imposibilidad, dada la relatividad de nuestros elementos de investigación y la falta de un solo carácter "patognomónico".
Las dificultades médico-legales que presentan los casos de simulación de la locura por los delincuentes, son determinadas por las deficiencias de concepto y de procedimiento inherentes a los sistemas penales contemporáneos. En la práctica de la psicopatología forense son indispensables tres reformas: 1.ª. A todo delincuente supuesto alienado debe observársele en una clínica psiquiátrica debidamente organizada; 2.ª. Deben ser peritos los médicos de la clínica; 3.ª. El plazo para la observación será indeterminado.--La presente posición jurídica de los simuladores es la de los delincuentes comunes, no atenuada ni agravada por la simulación.
Demostrado que la simulación de la locura por los delincuentes nace del criterio jurídico que aplica la pena según la responsabilidad e irresponsabilidad del sujeto, su profilaxia debe consistir en una reforma jurídica que la convierta en nociva para el simulador. Reemplazado el criterio de la irresponsabilidad del delincuente por la aplicación de la defensa social proporcionalmente a su temibilidad, la simulación de la locura tórnase perjudicial para los simuladores, desapareciendo de la psicopatología forense.
Las leyes de la simulación en el mundo biológico (mimetismo) se comprueban también en la simulación de la locura por los delincuentes.--Existe un estrecho paralelismo entre las transformaciones del ambiente jurídico y la evolución de la simulación de la locura.--Fué desventajosa cuando la posición de los alienados ante la ley penal era más grave que la de los delincuentes; pasó a ser ventajosa cuando se reconoció la irresponsabilidad penal de los alienados delincuentes; será nuevamente desventajosa cuando se reconozca su mayor temibilidad y sobre ésta se funde la represión penal.
V.--ENFERMEDADES QUE PUEDEN SIMULARSE
El número de enfermedades que pueden simularse aumenta proporcionalmente a la difusión de los conocimientos médicos, entre los profanos; sus probabilidades de éxito disminuyen en razón directa de los adelantos científicos del diagnóstico médico. Cuando los médicos sabían menos, la simulación era fácil; actualmente es cada día más difícil.
Recorriendo numerosos tratados de medicina militar y obras especiales sobre enfermedades simuladas, encontramos en número enorme las que se ha intentado simular. Para dar una idea de ello no bastaría su simple enumeración, y sería imposible tratar de cada una en particular[11].
Como puede suponerse, muchas de esas simulaciones son muy hábiles y podrían despistar a más de un médico inexperto. No se trata simplemente de síntomas subjetivos, artificialmente provocados, cuyo origen escapa a la perspicacia del perito. Algunos simuladores se provocan una aceleración del pulso, acompañada de ligera excitación y elevación de la temperatura cutánea, mediante la permanencia en el recto de supositorios irritantes, o bien de ajo y tabaco, provocando su contacto una hiperemia rectal intensa acompañada de los fenómenos indicados. Más conocido es el recurso empleado para simular la fiebre; el simulador frota la cubeta del termómetro en un pliegue de la camisa y le imprime un movimiento de rotación sobre su propio eje; el inconveniente del sistema consiste en que el sujeto no puede graduar su fraude y de pronto tiene 45 grados que contrastan con su excelente estado general. Nunca olvidaremos un caso de "fiebre histérica" observada por dos colegas distinguidos, que demostramos ser una burda simulación.
Un médico francés, Benoit, refiere los medios empleados por los presidiarios franceses de Nueva Caledonia para simular las manifestaciones del escorbuto. Se frotan los miembros inferiores con corteza de caoba; ésta contiene una savia ligeramente cáustica que toma un ligero tinte vinoso al ser expuesta al aire. Se producen los edemas mediante ligaduras aplicadas en los miembros y sobre las partes así edematizadas provocan la aparición de manchas equimóticas, golpeándose con una muñeca de lienzo llena de sal o arena mojada; frótanse fuertemente las encías con la misma corteza y las hacen sangrar pinchándolas con una aguja. (Slocker).
La midriasis suele ser frecuentemente simulada mediante instilaciones de atropina; la simulación de la miosis, por la eserina y otros constrictores pupilares, es muy rara. Las conjuntivitis suelen ser provocadas o mantenidas mediante la irritación artificial de la conjuntiva; algunas veces se emplean substancias que obran física o químicamente.
Es conocidísimo el caso de un simulador cuya conjuntivitis no cedía a ningún tratamiento; habiéndole aislado y maniatado para evitar su fraude, descubrióse que mantenía su afección aplicando el ojo durante horas junto al agujero de la cerradura, donde la corriente de aire frío se encargaba de satisfacer su propósito. Mencionan todos los autores la provocación de conjuntivitis mediante el contagio voluntario del pus blenorrágico. Marshall observó una verdadera epidemia de estos casos en soldados ingleses que deseaban obtener su licencia. Se refieren casos de cataratas provocadas mediante la introducción de agujas muy finas hasta el cristalino; Gavin observó nueve casos en un mismo cuerpo de lanceros. Las otorreas suelen simularse introduciendo miel, queso blando, jugos animales o vegetales, sangre, etc., en el conducto auditivo externo; otras veces son provocadas introduciendo cuerpos extraños.
Las hemoptisis y las hematemesis suelen ser simuladas, especialmente por neurópatas que desean preocupar a sus médicos. Conocimos una enferma que se mordía la mucosa interior de los labios y mejillas, acumulaba sangre en la boca, y luego, mezclada con mucosidades, la esputaba, simulando violentos accesos de tos; bastó indicarle que su fraude era conocido para suprimir los esputos de sangre. La hematemesis simúlase por análogos procedimientos, tragando la sangre y vomitándola en seguida. Muchos enfermos consiguen fácilmente hacer sangrar sus encías o muelas cariadas, pretendiendo que la sangre viene de la garganta.
Las simulaciones de la ictericia son conocidas de antigua fecha. Las más burdas consisten en mojar el cuerpo con soluciones colorantes. Fumando tabaco macerado en aceite de coco al que se añade el fósforo de una cerilla se obtienen perturbaciones generales, color ictérico de la piel y de las conjuntivas; este ardid, recordado por Benoit, es un verdadero envenenamiento por el fósforo. Más ingenioso es el que describe Slocker; consiste en colocar en la axila una compresa de algodón empapada en vinagre y espolvoreada con azafrán, previamente sumergido en aquel líquido durante algunas horas; hecha la aplicación, el individuo se acuesta, provoca una abundante transpiración, apareciendo pronto un color amarillento en todo el cuerpo, inclusive en las conjuntivas. Un médico nos refiere haber observado, durante mucho tiempo, un sujeto que se quejaba de tener las manos amarillentas; para curar de su inexplicable enfermedad visitó sucesivamente a numerosos médicos, siguiendo sus prescripciones con puntualidad. Súpose después que se teñía las manos con solución muy diluida de ácido pícrico, ignorándose el motivo que pudiera inducirle a persistir en tan original simulación.
La introducción de riñones u otros órganos de animales pequeños en la nariz, ha servido para simular pólipos nasales; el ozena simúlase introduciendo algodones embebidos en substancias fétidas o fragmentos de substancias orgánicas en putrefacción.
Los autores de dermatología recuerdan que la tiña favosa suele ser simulada quemando con ácido nítrico una zona de cuero cabelludo. Un profesor nos dijo conocer a un joven que por ese procedimiento eludió un compromiso de matrimonio.
Podríamos continuar indefinidamente, si quisiéramos detallar todas las formas de fraude empleadas por el hombre para obtener las facilidades concedidas al enfermo en los pueblos civilizados. Es indudable que las enfermedades simuladas se desconocían y se desconocen en aquellos pueblos donde, con fines selectivos, se mata a los enfermos; allí sólo se concibe con fines de suicidio.
Como complemento de esta reseña de la simulación de estados patológicos, sólo puede agregarse que el hombre, en la lucha por la vida, puede verse obligado a simular la muerte, negación de la vida misma. Esa simulación puede ser física; otras veces la muerte es simulada, desde el punto de vista legal solamente, gracias a la ocultación o desaparición del supuesto muerto; estos casos no son raros en derecho civil y su importancia es grande. En la literatura este recurso suele ser empleado con frecuencia para crear posiciones inesperadas e interesantes; "La muerte civil" ha dado tema a un drama harto conocido.
V.--SIMULACIÓN DE LA SALUD
Complemento indispensable del estudio de las enfermedades simuladas es el de la _simulación de la salud_, por sujetos verdaderamente enfermos, o sea la disimulación de la enfermedad. Su objetivo se comprende fácilmente: cuando el estar enfermo determina una situación de inferioridad en la lucha por la vida, el sujeto recurre a la simulación de la salud.
En la vida ordinaria es frecuentísima. Las reglas de la más simple urbanidad la imponen en el trato de gentes; pocas personas habrá que nunca hayan disimulado una dolencia de poca monta, para recibir con la sonrisa en los labios a un amigo o amiga estimada. Se asiste a tertulias disimulando una cefalalgia, a un banquete disimulando una dispepsia o una colitis, a una cita amorosa disimulando una cistitis o una uretralgia. Muchos lectores habrán disimulado en su juventud alguna enfermedad que reputaban vergonzosa, hasta que la intensidad de los síntomas los obligó a denunciarse al médico y a su propia familia.
Hemos visto un caso de impotencia psíquica que involucraba una doble simulación. Un joven contrajo matrimonio con una señorita casi interesante; sufrió durante varias semanas de impotencia psíquica, siéndole imposible cumplir sus deberes de marido. En los primeros días la esposa simuló, ante la familia, dolores y molestias que atribuía a las contingencias de su nuevo estado; el esposo, por su parte, disimuló su flaqueza haciendo picarescas alusiones a sus transportes conyugales. Pero al cabo de cierto tiempo consideraron improrrogables ciertos deberes, consultando a un médico. El pobre esposo trató de simular una neurastenia, atribuyéndole su impotencia; fácilmente se le hizo desistir de su irrisoria simulación, demostrándole tratarse de una simple inhibición psíquica, curada tras breve tratamiento, con visible regocijo de los cónyuges.