La simulación en la lucha por la vida
Part 11
En los de este grupo puede no existir un propósito socialmente utilitario; así como el mentiroso-nato miente para satisfacer un impulso de su cerebro, como el pródigo-nato derrocha su fortuna sin medir las desventajas que ello le reporta, como el delincuente-nato se ensaña en la víctima por carecer de sentido moral y no porque en ello tenga lucro, el simulador-nato simula desinteresadamente; la simulación es el fin de su conducta y no un medio para obtener ventajas de otra índole. En este sentido puede considerarse como un juego; y es sabido que el valor biológico de este último consiste en que tiende siempre a adoptar formas de actividad específicamente útiles para la mente y para el cuerpo.
Todo lo dicho puede generalizarse a los disimuladores de esta misma categoría. Estudiaremos aquí los tipos mejor caracterizados del grupo: el _simulador fisgón_ y el _simulador refractario_.
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1.º. Hemos conocido algunos simuladores fisgones. Sujetos mentalmente superiores, hiperestésicos e hiperactivos a la vez, exuberantes de vida y de alegría, su ocupación característica es deleitarse en "tomar el pelo" a los tontivanos, haciendo un verdadero deporte de la _fisga_: "burla que se hace de una persona, con arte, usando de palabras irónicas o de acciones disimuladas", según la define el Diccionario de la Academia. Esa forma de juego, a puro ingenio, suele llevarlos a simulaciones extraordinarias, elevándolos de muchos codos sobre los demás simuladores.
El _fisgón_, "que tiene por costumbre fisgar o hacer burla", según la Academia, (la palabra francesa equivalente es _fumiste_) no simula para adaptarse a las condiciones de lucha por la vida, sino por tendencia natural, expresión, acaso, de simulaciones utilitarias de sus antepasados, transmitidas hereditariamente como tendencia psicológica. El objetivo del simulador fisgón está en la simulación misma y en el placer intelectual que le reporta realizar su propósito. Es, a menudo, un artista de la simulación: trabaja, apasionadamente, por amor a su arte.
La base fisiológica de este tipo suele ser una exuberante salud física, moral e intelectual; sin ella el organismo no tiene el exceso de energías que el fisgón derrocha sin propósito útil, por simple satisfacción de su temperamento. La risa, como fenómeno psicológico--no como expresión mímica, que puede ser inconsciente y muequear sobre el rostro de los idiotas--es un privilegio de la salud y de la superioridad intelectual; entra abundantemente en la psicología de este tipo. Diríanse escritas por un superhombre fisgón las palabras de Nietzsche: "¡De esta corona de risa, de esta corona de rosas rientes me he coronado; he proclamado sagrada mi risa!... Esta corona de risa, esta corona de rosas rientes, a vosotros, hermanos, os la arrojo! ¡He proclamado sagrada la risa. Hombres superiores: aprended, pues, a reir!". (_Zarathustra_).
Su derroche de actividad prueba que el fisgón posee energías sobrantes en la lucha por la vida. El hombre inferior limítase a economizar, aprovechando útilmente lo que posee para no ser vencido; el juego desinteresado es un derroche y revela superioridad.
Esta última condición le permite fisgarse de los individuos que, no encontrándose en igual caso, luchan ineptamente por la vida. No le guía el propósito malsano de perjudicar a las víctimas de la simulación: sólo busca el deleite de precipitar a otros espíritus en los despeñaderos de sus ficciones. Los candidatos para la práctica de la fisga no son siempre el tonto y el ignorante; el éxito sobre ellos no reportaría al fisgón grandes satisfacciones intelectuales. Cuanto más ilustradas e inteligentes sean las víctimas, tanto mayor es el éxito; el fisgón tiene, casi siempre, cierto orgullo de la propia superioridad; eso, en ciertos casos, le hace cruel para con los vanidosos y solemnes, que prefiere como víctimas de su fisga.
La psicología del simulador-fisgón es compleja; entran en su composición el ironista, el pícaro y el impertinente. Pero todos esos rasgos están convergiendo hacia el objetivo principal: la simulación.
Como casos clásicos de simuladores-fisgones son dignos de recordarse los de "Lemice Terrieux" y "Leo Taxil", ambos franceses, que alcanzaron renombre universal.
"Lemice Terrieux"--nombre que suena Le Mystérieux: el misterioso--es un distinguido escritor francés, colaborador de revistas literarias ultramodernas. Este fisgón simuló, durante muchos años, una serie de inventos y sucesos que descansaban sobre un absurdo, disimulado siempre tras apariencias lógicas; la prensa, las sociedades científicas y el mismo gobierno les prestaron su atención, estudiándolos detenidamente. Llegó, según refieren las crónicas, a engañar a la misma Academia de Ciencias. Con motivo de un accidente ferroviario presentó una memoria a la Academia exponiendo la manera de evitar los accidentes; esa corporación científica la tomó en consideración, apercibiéndose después que se trataba de una colosal simulación científica, la más absurda que imaginarse pueda.
"Leo Taxil"--de pila: Gabriel Jogand Pagés--ha realizado el record de la fisga. Durante doce años simuló ser ardiente católico, dedicándose a combatir la Masonería. Inventó un Rito Paládico o culto de Satanás, para combatirla; una querida suya, también fisgona, simuló ser gran sacerdotisa del Paladismo, convertida por Taxil. La cosa llegó hasta engañar al mismo papa León XIII, quien recibió en audiencia particular al gran fisgón Taxil y mandó su apostólica bendición a la sacerdotisa convertida. Por fin, el formidable fisgón, ante el público más selecto de París, reunido en los salones de la Sociedad Geográfica, describió personalmente todos los detalles de su memorable farsa, declarando que la había organizado por puro placer y porque era "fumista" nato...
En Francia, parecen abundar los grandes simuladores fisgones. Entre sus literatos contemporáneos son numerosísimos los que, aparte de sus méritos literarios, poseen el talento de esta simulación. Mallarmé tiene en sus libros páginas llenas de puntos suspensivos, que el lector debe interpretar subjetivamente. Peladan simula ser gran sacerdote de ritos que no existen y dice profesar el culto del androginismo. D'Annunzio (italiano que ha sufrido contagios franceses) ha simulado, en sus primeros libros, ser partidario del amor sororal y pueden considerarse como simples ficciones los más de sus "refinamientos" amorosos. Se comprende que el primero no ha creído que significaran algo sus puntos suspensivos, ni el segundo aspiró a convertirse en andrógino, ni el tercero amó a sus hermanas: son, simplemente, estetas de la fisga. En verdad, Nordau ha incurrido en error interpretando como signos degenerativos algunos hechos simulados, simple producto de una fisga complicada de estetismo.
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2.º. En la vida social desfilan sujetos inadaptados o inadaptables a su ambiente; algunos son pasivos y quedan derrotados en la lucha; otros reaccionan contra las condiciones del medio, convirtiéndose frecuentemente en simuladores. Estos _simuladores refractarios_ son el producto de importantes factores orgánicos, pero sólo se exteriorizan bajo especiales influencias del medio.
En ellos la simulación no es, como en los fisgones, el fin de sí misma. Lo que les lleva a simular es el deseo de disonar con su ambiente, disgregando las ideas de los individuos entre quienes viven y luchan; son sujetos cuya finalidad es negativa y cuya simulación suele serles perjudicial.
Hacen el efecto de aquellos individuos que se disfrazan de fantasmas para asustar a los demás, y acaban por recibir una bala enviada por alguno de los que debían asustarse. Suelen considerar malo su ambiente, al cual no saben o no pueden adaptarse. Sus actos son contradictorios con los ajenos; pero no son espontáneos, sino simulados. Son divergentes, intencionalmente dispuestos para hacer resaltar lo que consideran malo, injusto o inútil en su medio.
En su compleja psicología se combinan elementos aparentemente heterogéneos. Hay algo de místico, de orgulloso, de esteta y de descortés, engarzado en el mosaico de la simulación. Ofrece este tipo dos ramificaciones compuestas, con fisonomía propia, el _poseur_ y el _épateur_. El primero es un refractario combinado con un vanidoso y un esteta; el segundo resulta de la anastomosis del refractario con el exhibicionista y el paradojal.
Es refractario el niño que en la escuela simula no poder aprender sus lecciones, cuando ya las sabe, por espíritu de indisciplina y como protesta contra las exigencias de un maestro inepto; la joven que simula odiar un candidato a esposo, rico y joven, aunque en realidad lo anhela; el creyente que simula ser ateo para enfrenar los excesos de su familia compuesta de beatos; el sabio que se finge ignorante para mortificar a un grupo de pedantes; el bueno que simula ser malo, para protestar contra la hipocresía de los tartufos; etc., etc.
Hemos conocido un caso típico digno de recordarse: un joven estudiante de ingeniería, de inteligencia clara e ilustración estimable, aunque neurópata. El medio familiar y el ambiente social en que vivía no eran de su agrado; los frenos domésticos y las conveniencias sociales le torturaban insufriblemente. En esas condiciones leyó libros anarquistas, encontrando exacta su parte negativa, la crítica de las costumbres e instituciones sociales, aunque no se convenció de la eficacia de la violencia para reformar la sociedad. No obstante su disconformidad con las ideas del anarquismo, simuló pertenecer a esa secta y, especialmente, a su grupo más exaltado: el de los individualistas dinamiteros. Su objetivo era mostrar a los individuos del medio en que vivía cuán absurdas eran sus mentiras convencionales. A esta fundamental simulación del anarquismo agregó otras secundarias, no menos curiosas. Así, por ejemplo, frente a la indiferencia de los demás ante su anarquismo, orientó su conducta por un sendero de simulación habitual; todos sus actos, uno por uno, eran lo inverso de lo que en igualdad de circunstancias hubiera hecho otro individuo. Vestía en pugna con la estética más elemental, pudiendo engalanarse con rica indumentaria; vivió varios años en los más plebeyos conventillos; simplificó sus comidas hasta desbordar los límites fisiológicos de la nutrición mínima; en el orden moral simuló adoptar las doctrinas de resistencia pasiva predicadas por Tolstoy, a fin de mostrar cuán despreciables son los hombres violentos.
Entre sus simulaciones secundarias la más interesante fué la de su propia temibilidad. Siendo el sujeto más inofensivo simulaba ser peligroso, para que las autoridades se preocupasen de las doctrinas que fingía profesar; hízose arrestar en un _meeting_ obrero, con el único propósito de exhibir un enorme cuchillo al ser revisado por la policía; de esa manera--pensaba--las autoridades y la burguesía, espantadas por el anarquismo, procurarían corregir los males que minan la sociedad contemporánea.
Este simulador desistió al fin de sus curiosas ficciones; dejó el anarquismo, resignándose a distanciarse del medio social a cuyos prejuicios e hipocresías no sabía adaptarse.
IX.--LOS SIMULADORES PATOLÓGICOS
Quien haya frecuentado por algún tiempo una clínica de patología mental, sabe cuán frecuente es la tendencia mórbida a la simulación, a veces subconsciente o automática. Krafft-Ebing ha señalado los trastornos de la fantasía, determinados en los locos por asociaciones mentales mórbidas, llevándolos tan pronto a la mentira como a la simulación. Hemos visto docenas de enfermos que han fingido síntomas aislados o cuadros clínicos completos, ora con el propósito de interesar al médico por su salud, ora engañándole sin un propósito especial bien definido. Fuera de los consultorios y de las salas de hospital, el hecho se presenta a los médicos con igual frecuencia, aunque bajo aspectos muy variables. En numerosos desequilibrados y anormales suele existir una marcadísima tendencia a la simulación, que se manifiesta en cualquier circunstancia, de manera irresistible para el simulador, como si el hábito mismo la convirtiera en un fenómeno automático. Estos sujetos son los que llamamos _simuladores-patológicos_.
El contralor de la conducta está en ellos perturbado por una anomalía del funcionamiento mental; resulta de ello una pérdida del "sentido de la adaptación al medio", de que el sujeto tiene conciencia o subconciencia, procurando compensarla mediante simulaciones complicadas.
En algunos de estos sujetos la simulación es un resultado directo de la anormalidad mental: son los psicópatas. En otros es un producto indirecto, pues el desequilibrio psíquico exagera la sugestibilidad del individuo y lo predispone a simular bajo la influencia de otros sujetos: son los sugestionados.
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1.º. La tendencia a la simulación en los degenerados, no escapó a la aguda perspicacia de Morselli. "La falsedad del carácter es también anomalía frecuente en los degenerados; ofrecen una tendencia irresistible a mentir, a fingir, a disimular, a calumniar. Muchos se tejen una vida de embustes, y no siempre porque ello les convenga. Típico del desequilibrio del carácter es afirmar distraídamente una cosa, un hecho, sin reparar en las consecuencias de la afirmación; después se la sostiene con el empecinamiento habitual en los espíritus pequeños, hasta que, a fuerza de repetirla, transfórmase por autosugestión en una creencia sincera (falsificación de los recuerdos, ilusiones de la memoria)". Aquí reside el origen de la simulación inconsciente que se observa en tantos degenerados, llegando al colmo en los histéricos. Y definiendo algunas modificaciones del carácter de los alienados, debidas a la exageración de los sentimientos egotistas, dice: "carácter _falso_ (astucia, complacencia en la mentira y fecundidad de invención para calumniar, propias de la histérica, del querulante, del loco razonante; mendacidad desvergonzada del alcoholista, el morfinómano, el ebefrénico masturbador; obsequiosidad hipócrita del epiléptico; picardía y tenaz premeditación de todos los alienados movidos por alguna idea impulsiva a cometer actos perjudiciales o criminosos, por ejemplo, el incendio o el suicidio; disimulación del paranoico delirante y alucinado; etcétera)".
No repetiremos las exageraciones tocantes a las relaciones entre la histeria y la simulación; los trabajos de clínicos distinguidos, principalmente de Gilles de la Tourette y Pierre Janet, han demostrado que muchos de los fenómenos que se creían simulados son esencialmente patológicos, ajenos a la voluntad del sujeto, debidos a fenómenos de subconciencia, automatismo, restricciones del campo de la conciencia, etcétera.
En este grupo se observan dos formas clínicas diversas. En un caso la enfermedad determina una tendencia mórbida a la simulación consciente; en el otro la enfermedad, mediante torcidos procesos psicológicos, arrastra al enfermo a simular inconscientemente. La anormalidad mental suele impedir una apreciación exacta de las condiciones en que se presenta la lucha por la vida; además, como observa Morselli, las mentiras y las simulaciones voluntarias, "frecuentísimas en los alienados, los degenerados y las histéricas, reiterándose, pueden terminar por ser creídas sinceramente": la mendacidad y la simulación tórnanse, con el tiempo, involuntarias.
Caben en este grupo algunos tipos intermedios entre la salud y la locura, ya recordados. Estos individuos, por su deficiencia mental, no consiguen armonizar su conducta con el medio en que viven; esa inadaptación real los induce a colocarse en terreno falso, simulando adaptaciones ficticias, creyendo que ellas facilitarán una lucha que no aciertan a plantear en condiciones normales. Otras veces la simulación es producida por la morbosidad psíquica y no tiene ningún propósito--real ni ilusorio--de lucha o adaptación.
Un caso extraordinario, clásico en la historia de la neuropatología, es el referido por Gilles de la Tourette, relativo a la célebre Sor Juana de los Ángeles. Aquella histérica creía ser poseída a menudo por un sujeto que la violaba vigorosamente, en complicidad con diablos y otros seres sobrenaturales; afirmó encontrarse en cinta, y como no faltaron algunos de los signos físicos de su embarazo simulado, el inocente sujeto que ella acusaba como autor de sus alucinaciones fué condenado.
Conocemos un caso singular de simulación en una histérica ansiosa de tener prole. A fuerza de desearlo, comenzó su abdomen a aumentar lentamente de volumen y se suprimieron ciertas funciones periódicas de su organismo. Consultó a varios médicos que no atinaban a complacer su pretensión de ser madre; hubo uno, por fin, más inepto o más complaciente, que le diagnosticó embarazo extrauterino, indicándole el nombre de un distinguido cirujano a fin de hacerse operar. Éste, sugestionado por el diagnóstico de su colega, encontró en realidad algunos síntomas de probabilidad, creyendo por autosugestión encontrar otros de certeza, sugestión contagiada a uno de sus practicantes que creyó "oir" latidos donde simplemente los sospechaba el otro. Se procedió a operar a la enferma y se encontró "peritonismo histérico", es decir, hinchazón producida por gases. La simuladora había transformado en convicción obsesiva su deseo de maternidad; las únicas víctimas fueron el operador y el agregado que "oyó los latidos".
Otro caso de neurópata simulador merece, por lo extraordinario, recordarse en pocas líneas. Se trata de un original literato, enfermo de neurastenia cerebral, con impulsos ambulatorios conscientes pero irresistibles; un caso de aquéllos que frecuentemente llegaban a la clínica de Charcot: sujetos que viajaban al azar, sin objetivo y sin rumbo, repitiendo en la vida real la leyenda de Ashavero. Este enfermo posee en grado sobresaliente varios caracteres psicológicos; sobre fondo enteramente psicopático es genialoide, simulador, mentiroso y generoso; todo en grado característico. Ha simulado los hechos más inverosímiles, sin tener en ello la menor utilidad, ni siquiera el deseo de ser creído. En un caso le vimos convertirse en cerebro y brazo de una terrible asociación secreta, cuyo nombre envidiárale cualquier delirante sistematizado: "Liga Americana de la Democracia pura"; consiguió iniciar a varios jóvenes en los misterios de la sociedad, consagrándolos reformadores sociales y profetas del americanismo. Sabiendo que sus viajes son el resultado de impulsos irresistibles de duración variable, llegó a simular que respondían al propósito de ejecutar misiones de la asociación creada por su fantasía. Realizó otras curiosas simulaciones, hostigado por sus anomalías mentales. Para eludir el modesto compromiso de un banquete ofrecido a varios amigos, simuló haber muerto, haciendo distribuir las esquelas de invitación a sus exequias fúnebres. Otra vez simuló intenciones homicidas contra un joven colombiano, cobohemio suyo; recorría las calles de Buenos Aires, anunciando a voz en cuello que le asesinaría; pero, al encontrarle, todo terminó en un caluroso abrazo de cofrade. Simuló diversos viajes a Montevideo, con el propósito imaginario de reñir con otro joven, desequilibrado como él, que había plagiado algunos de sus escritos; pero jamás realizó sus viajes, limitándose a no salir de su habitación por todo el tiempo que simulaba estar ausente. Por fin, ha simulado numerosos hurtos con el propósito de verse enredado en montepinescas aventuras policiales y, según nos ha manifestado, para estudiar el ambiente carcelario y la psicología de los delincuentes que--nuevo Dostoiewsky--deseaba utilizar como material para una novela naturalista.
Es un _simulador-mentiroso_, mixto, caso típico de los que Delbrück llama "pseudología fantástica", estudiados también por Koeppen y Kraepelin.
En la parte especial de esta obra ("La simulación de la locura") estudiamos con minuciosidad la psicología de los delincuentes en sus relaciones con la tendencia y la aptitud para simular, así como el estado mental de los simuladores de la locura, punto asaz controvertido, especialmente por los psiquiatras y criminologistas italianos; algunos de ellos--creyendo que puede ser un argumento en favor de las teorías de la Escuela--pretenden que la simulación de la locura es una característica del delincuente nato, opinión que no compartimos.
Es harto conocida la importancia que tienen en medicina legal las simulaciones de los neurópatas en general y particularmente de los histéricos. Para eludir cuestiones incidentales suprimimos cualquier consideración al respecto[9].
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2.º. La vida en sociedad es intrincada red de sugestiones de toda índole. Se extiende desde la útil sugestión del maestro sobre el alumno, hasta la perniciosa de un condiscípulo perverso; desde la caricia bondadosamente sugestiva de la madre hasta el cáliz de voluptuosidad en que las biltroteras ofrecen tentadores refinamientos; desde el ejemplo educador del laboratorio hasta el veneno de una amistad perniciosa. Todo en la vida es fuente de sugestiones que pueden llevar al mal como al bien: se transforman, se adaptan a las exigencias de cada edad, de cada profesión, de cada temperamento, de cada ambiente.
En ese vaivén de sugestiones es lógico ver germinar un tipo frecuentemente observable; bajo la influencia de sugestiones diversas algunos individuos son arrastrados a hacer de la simulación un hábito irresistible.
Si la sugestión es fuerza omnipotente--pues así como arrastra al delito a un degenerado mental, lleva al heroísmo a un entusiasta y al martirio a un místico--lógico es que en circunstancias especiales induzca a la simulación, o encamine en este sentido las tendencias de un sujeto ya predispuesto al fraude.
En la psicología de este tipo suelen combinarse diversos caracteres convergentes, aunque derivados de grupos diversos; se suman la credulidad, el misticismo y el estetismo, mezclados con la vanidad, el exhibicionismo y la mentira. Algunas veces se descubre una simulación de audaces perversidades en sujetos ingenuos, inocentes; así en un literato inteligente, pero degenerado, comprobamos detrás de una irresistible tendencia al erotismo simulado, la castidad y el onanismo.
El _simulador-sugestionado_ lo es de segunda mano. El impulso para simular le viene de otros individuos. En psicología colectiva se sabe que la sugestión de la masa sobre el individuo puede arrastrarle a simular cosas que en realidad no ha hecho ni es capaz de hacer; en una reunión de huelguistas la sugestión del ambiente era tan grande que muchos entusiastas simulaban haber apaleado a obreros que no se adherían a la huelga; uno de ellos, incapaz de ninguna acción mala, simuló lesiones que dijo recibir en la refriega con el apaleado, imitando, sin saberlo, el clásico ejemplo de Pisistrato. Más tarde se asombraba de la sugestión del medio, que le había inducido a simular la realización de actos contrarios a sus sentimientos.
Otras veces la sugestión es individual e indirecta. Conocemos un colega, sugestionado por otro, que para ser estimado y respetado cree debe parecérsele; simula su manera de hablar y sus gestos, y, por hábito, lo hace ya inconscientemente, con pleno automatismo. De sugestión indirecta nos dan abundante ejemplo los _snobs_, que simulan los gustos e ideas que están de moda. Entre los literatos novicios es frecuente encontrar sujetos que simulan poseer malas cualidades, creyéndolas verdaderas en los fisgones por quienes están sugestionados; el _snob_ literario suele fingir todo lo que cree verdadero en sus modelos.