La señorita de Trevelez: Farsa cómica en tres actos
Part 3
Me ha dicho Torrijita que es usted un entusiasta aficionado a la caza... ¡Un gran cazador!
Num.
¿Yo?... ¡Por Dios, don Gonzalo, no haga usted caso de esos guasones!... ¡Yo cazador!... Nada de eso... Que cojo alguna que otra liebre, una perdicilla, pero nada...
Gonz.
Bueno, bueno... usted es muy modesto; de todos modos, he oído decir que le gustan a usted mucho mis dos perros _setter_, _Castor_ y _Polux_... Una buena parejita, ¿eh?...
Num.
Hombre, como gustarme, ya lo creo. Son dos perros preciosos.
Gonz.
Pues bien, a la una los tendrá usted en su casa.
Num.
¡Quiá, por Dios, don Gonzalo, de ninguna manera!...
Gonz.
Le advierto que son muy baratos de mantener. Por cuatro pesetas diarias los tiene usted como dos cebones.
Num.
¿Cuatro pesetas?... ¿Y dice usted?...
Gonz.
A la una los tiene en su casa.
Num.
Que no me los mande usted, don Gonzalo, que los suelto... ¡No quiero que usted se prive!...
Gonz.
Pero hombre...
Num.
Además, a mí se me podían morir. Como no me conocen los animalitos, la hipocondría...
Gonz.
¡Ah, eso no, son muy cariñosos, y dándoles bien de comer!...
Num.
Pues ahí está, que en una casa de huéspedes... Ya ve usted, a nosotros nos tratan como perros...
Gonz.
Pues conque den a los perros el trato general, arreglado.
Num.
Si ya lo comprendo, pero usted se hará cargo...
Gonz.
A la una los tendrá usted en su casa.
Num.
Bueno...
Gonz.
Además, también le voy a mandar a usted...
Num.
¡No, no, por Dios!... No me mande usted nada más... yo le suplico...
Gonz.
Ah, sí, sí, sí... ha de ser para mi hermana, conque empiece usted a disfrutarlo. Le voy a mandar mi cuadro, mi célebre cuadro, último vestigio de mi bohemia artística. Una copia que hice de la Rendición de Breda, la obra colosal de Velázquez, conocida vulgarmente por el _cuadro de las lanzas_...
Num.
Sí; ya, ya...
Gonz.
Sino que yo lo engrandecí; el mío tiene muchas más lanzas.
Marc.
Que le sobraba lienzo y se quedó solo pintando lanzas.
Gonz.
Ocho metros de lanzas, ¡calcule usted!
Num.
¡Caramba!... ¡¡Ocho metros!!
Gonz.
Lo que tendrá usted que comprarle es un marquito.
Num.
¿Ocho metros y dice usted que un marquito? ¿Por qué no espera usted a ver si me cae la Lotería de Navidad y entonces...?
Gonz.
¡Hombre, no exagere usted, no es para tanto!... El marco todo lo más se llevará...
Num.
Medio kilómetro de moldura. Lo he calculado _grosso modo_. Además, me parece que no voy a tener donde colocarle, porque como no dispongo más que de un gabinete y una alcoba...
Gonz.
Puede usted echar un tabique.
Num.
Sí; ¿pero cómo le voy yo a hablar a mi patrona de echar nada... si está conmigo si me echa o no?
Marc.
Bueno, pero todo puede arreglarse: divides el cuadro en dos partes; pones la mitad en el gabinete y debajo una mano indicadora señalando a la alcoba, y el que quiera ver el resto, que pase...
Gonz.
¡Ja, ja!... Muy bien... muy gracioso, Marcelino, muy gracioso... ¡Qué humorista!... Conque, con el permiso de ustedes me marcho, reiterándoles la invitación a nuestra próxima _suaré_... (~Tendiéndoles la mano.~) Querido Marcelino...
Marc.
Adiós, Gonzalo.
Gonz.
Simpático Galán...
Num.
Don Gonzalo... (~Le va a dar la mano.~)
Gonz.
No, no... la mano, no... otro efusivo y fraternal abrazo. (~Se abrazan.~) _¡Fra-ter-nal!_
ESCENA XVI
DICHOS, TORRIJA, MANCHÓN, TITO GUILOYA y PICAVEA
Todos
(~Desde la primera izquierda, aplaudiendo.~) ¡Bravo, bravo!
Tito
¡Abrazo fraternal!
Pic.
¡Preludio de venturas infinitas!
Tor.
¡Hurra!... ¡Tres veces hurra!
Todos
¡Hurra!
Tito
¿Con que era cierto lo que se susurraba?
Gonz.
¡Ah, pero estos saben!...
Tito
¡Estas noticias corren como la pólvora!...
Man.
¡Enhorabuena, don Gonzalo!
Tor.
¡Enhorabuena, Galán!
Marc.
(¡Canallas!)
Num.
(¡Granujas! ¡Por estas que me las pagáis!)
Tito
Y aquí traemos una botella de Champagne, para rociar con el vino de la alegría los albores de una ventura que todos deseamos inacabable.
Man.
Adelante, Menéndez.
(~Pasa Menéndez, primera izquierda, con servicio de copas de Champagne.~)
Gonz.
Se acepta y se agradece tan fina y delicada cortesanía. Gracias, queridos pollos, muchas gracias.
Tito
Escancia, Torrija. (~Se sirve el Champagne.~) Señores: levanto mi copa para que este glorioso entronque de Galanes y Trevelez, proporcione a un futuro hogar, horas de bienandanza y a Villanea hijos preclaros que perpetúen sus glorias y enaltezcan sus tradiciones.
Todos
(~Con las copas en alto.~) ¡¡Hurra!!
Gonz.
Gracias, señores, gracias... y yo, profundamente emocionado, quiero corresponder con un breve discurso a la...
(_En este momento se escucha en el piano de enfrente el «Torna a Surriento» y a poco la voz de Florita que lo canta de un modo exagerado y ridículo._)
Tito
¡Silencio!
Tor.
¡Callad!... (~Quedan exageradamente atentos.~)
Gonz.
(~Casi con emoción.~) ¡Es ella!... ¡Es ella, Galán!... ¡Es un ángel!
Tito
¡Qué voz! ¡Qué extensión!... (~Suena un timbre.~) ¡Qué timbre!
Tor.
¡Qué timbre más inoportuno!
Gonz.
(~Indignado.~) ¡Pararle, hombre, pararle!
Tor.
¡Ah, don Gonzalo!... Eso es, en una pieza, la Pareto y la Galicursi.
Man.
¡Yo la encuentro más de lo último que de lo primero!
Todos
Mucho más, mucho más...
Gonz.
Silencio... no perder estas notas...
(~Todos callan. Florita acaba con una nota aguda y estalla una ovación.~)
Todos
¡Bravo, bravo!... (~Aplauden.~)
Marc.
¡Bravo, Florita, bravo!
Flora
(~Levanta la persiana a manera de telón y se asoma saludando.~) Gracias, gracias. (~Baja la persiana.~)
Todos
(~Volviendo a aplaudir.~) ¡Bravo, bravo!
Gonz.
¡Es un ángel! ¡Es un ángel!
Flora
(~Volviendo a levantar la persiana.~) Gracias, gracias... ¡Muchas gracias! (~Vuelve a bajarla.~)
Man.
¡Admirable!
Tito
¡Colosal!
Tor.
¡Suprema!
Gonz.
(~Se limpia los ojos.~) ¡Son lágrimas!... ¡Son lágrimas!... ¡Cada vez que canta me hace llorar!
Tito
(~Fingiendo aflicción.~) ¡Y a todos, y a todos!
Flora
(~Vuelven a aplaudir. Levanta la persiana, sonríe y tira un beso.~) ¡Para Galán! (~Felicitaciones, abrazos y vítores.~)
(~Telón~)
FIN DEL ACTO PRIMERO
[Ilustración]
ACTO SEGUNDO
~Jardín en la casa de Trevelez. Es por la noche. Luces artísticamente combinadas entre el follaje y las ramas de los árboles.
A la derecha, en primer término, hay un poético rincón esclarecido por la luz de la luna y en el que se verá una pequeña fuente con un surtidor; a los lados dos banquillos rústicos.
A la izquierda, hacia el foro, figura que está la casa. En ese punto resplandece una mayor iluminación y se escucha la música de un sexteto y gran rumor de gente.~
ESCENA PRIMERA
MARUJA, CONCHITA, QUIQUE y NOLO del foro izquierda
Mar.
¡Ay, sí, hija, sí, por Dios!... Vamos hacia este rincón.
Quique
Esto está muy poético.
Con.
Por lo menos muy solo.
Nolo
Solísimo.
Mar.
A mí estas cachupinadas me ponen frenética.
Quique
¡Pero por Dios, qué gente tan cursi hay aquí!
Mar.
No, allí, allí...
Quique
Eso he querido decir.
Mar.
Pues ha dicho usted lo contrario, hijo mío.
Con.
¿Y has visto a Florita?
Nolo
¡Qué esperpento!
Con.
La visten sus enemigos.
Mar.
¡Eso quisiera ella!... Ni eso.
Con.
¡Con ese pelo y con esa figura que me gasta, ponerse un traje salmón!... ¡Ja, ja!...
Nolo
¡Y hay que ver lo mal que la sienta el salmón!
Mar.
Está como para tomar bicarbonato.
Quique
¿Y qué me dicen ustedes de su amiga inseparable, de Nilita, la de Palacios?...
Con.
¡Cuidado que es orgullosa!... Acaba de decirme que ella no baila más que con los muchachos de mucho dinero.
Mar.
Ya lo dice Catalina Ansúrez, que esa es como un trompo, sin guita no hay quien la baile.
Quique
¡Ja, ja!
Con.
¡Y mire usted que llamarse Nilita!
Nolo
Yo cuando voy a su casa no fumo.
Con.
¿Por qué?
Nolo
Me da miedo. Eso de Nilita me parece un explosivo... ¡La _nilita_!
Mar.
¡No tiene el valor de su Petronila!
Todos
(~Riendo.~) ¡Ja, ja!
Con.
Y habrán comprendido ustedes que esta cachupinada la dan los Trevelez para presentarnos al novio, a Galán.
Mar.
No lo presentarán como galán joven, ¿eh?
Quique
Ni mucho menos.
(~Ríen todos.~)
ESCENA II
DICHOS, TITO y TORRIJA por la izquierda
Tito
¡Caramba!... ¡Coro de murmuración; como si lo viera!
Mar.
Ay, hijo, ¿en qué lo ha conocido usted?
Tito
Mujeres junto a una fuente, y con cacharros... a murmurar, ya se sabe.
Quique
Oiga usted, señor Guiloya, ¿eso de cacharros, es por nosotros?
Tito
Es por completar la figura retórica.
Quique
¿Y por qué no la completa usted con sus deudos?
Tito
No los tengo.
Quique
Bueno, pues con sus deudas, que esas no dirá usted que no las tiene.
Tor.
¡Ja, ja!... (~Fingiendo una gran risa.~) ¡Pero has visto qué gracioso!...
Tito
¡Calla, hombre! Si este joven creo que hace unos chistes con los apellidos, que dice su padre que por qué no será todo el mundo expósito...
Mar.
Es que si el chico fuera muy gracioso, ¿qué iban a hacer los demás?
Tito
Bueno; pero vamos a ver. ¿Se murmuraba o no se murmuraba?
Mar.
No se murmuraba, hijo; sencillos comentarios.
Tito
No, si no me hubiesen extrañado las represalias, porque hay que oír cómo las están poniendo a ustedes allí, en aquel cenador precisamente.
Mar.
¡Ay, sí!... ¿y quién se ocupa de nosotros, hijo?
Tor.
Pues Florita, su despiadada, su eterna rival de usted.
Mar.
¿Y qué decía, si puede saberse?
Tor.
Que no puede usted remediarlo, que desde que sabe usted que ella se casa, que se la come la envidia. Que por eso se han venido ustedes tan lejos.
Tito
Y que toda la vida se la ha pasado usted poniéndole dos luces a San Antonio, una para que le dé a usted novio y otra para que se le lo quite a las amigas.
Tor.
Pero que ya puede usted apagar la segunda.
Tito
Y la primera.
Mar.
¿Y les ha mandado a ustedes a soplar, eh?... ¡Muy bien, muy bien!... (~Todos ríen.~)
Quique
(Chúpate esa.)
Nolo
(Tiene gracia.)
Tito
Pues si oye usted a Aurorita Méndez... ¡qué horror!... decía que no sabe qué atractivo tiene usted para que la asedien tantos pipiolos.
Nolo
Oiga usted, señor Guiloya, ¿eso de pipiolos, es por nosotros?
Tito
Es por completar la figura retórica.
Tor.
Y la ha puesto a usted un mote que ha sido un éxito.
Tito
La llama «El Paraíso de los niños».
Mar.
¡Muy gracioso, muy gracioso!... ¿y eso lo ha dicho Aurorita Méndez? ¡Me parece mentira que diga esas cosas la hija de un catedrático!
Con.
Una pobrecita más flaca que un fideo y que lleva un escote hasta aquí.
Mar.
Y no sé para qué, porque enseña menos que su padre...
Quique
¡Que es el colmo!
Mar.
Como que cuando esa marisabia hizo el bachillerato, decían los chicos que el latín era lo único que tenía sobresaliente.
Con.
¡Déjalas... ya quisieran!
Nolo
No haga usted caso. Siempre ha habido clases.
Mar.
Eso lo dirá el padre, porque ella tiene vacaciones para un rato... ¡El Paraíso de los niños!... Vamos hacia allá, que voy a ver si le digo dos cositas y me convierto en «El Infierno de los viejos...»
Nolo, Quique
Muy bien, muy bien. ¡Bravo, bravo! (~Vanse izquierda.~)
Tito
Va que trina. (~Riendo.~)
Tor.
¡Esta noche se pegan!...
Tito
Eso voy buscando.
Tor.
¡Eres diabólico!
ESCENA III
DICHOS, PICAVEA y MANCHÓN
Pic.
Oye, ¿qué le habéis hecho a Maruja Peláez, que va echando chispas?
Tor.
Las cosas de éste; ya le conoces.
Tito
¿Y Galán, y Galán?... ¿cómo anda, tú?
Man.
¡Calla, chico, medio muerto!
Pic.
Allí le tenéis al pobre, en brazos de Florita, lívido, sudoroso, jadeante... Pasan del _Fox trot_ al _Guan step_, y del _Guan step_ al _tuesten_, sin tomar aliento.
Man.
Y en el tuesten le hemos dejado.
Pic.
Está que echa hollín.
Tito
¡Formidable, hombre, os digo que formidable!...
Pic.
Bueno, tú, pero yo creo que debías ir pensando en buscar una solución a esta broma, porque el pobre Galán, en estos quince días, se ha quedado en los huesos.
Man.
¡Está que no se le conoce!
Tor.
¡Da lástima!
Tito
Señor, ¿pero no era esto lo que nos proponíamos? Las bromas, pesadas, o no darlas.
Man.
Sí, pero es que este hombre está en un estado de excitación, que ya has visto los dos puntapiés que le ha dado a Picavea en el vestíbulo.
Pic.
¡Qué animal!... ¡Como que si no le sujetáis me tienen que extraer la bota quirúrgicamente!
Tito
¿Se ha enterado don Gonzalo del jaleo?
Tor.
Creo que no. Pero en fin, yo también temo que Galán, si apuramos mucho la broma, en su desesperación, confiese la verdad y se produzca una catástrofe.
Tito
No asustarse, hombre, si le tiene a don Gonzalo más miedo que nosotros.
Pic.
Bueno, pero es que además, estos pobres ancianos han tomado la cosa tan en serio, que, según dicen, Florita se está haciendo hasta el _trousseau_. Y vamos, hasta este extremo, yo creo que...
Tito
Nada, hombre, que no apuraros. Ya me conoceis... ¿Habéis visto la gracia conque he complicado todo esto?... Pues mucho más gracioso es lo que estoy tramando para deshacerlo.
Los tres
¿Y qué es? ¿qué es?
Tito
Permitidme que me lo reserve. Lo tengo todavía medio urdido. Os anticiparé, sin embargo, que es un drama pasional, que voy a complicar en él nuevos personajes y que tiene un desenlace muy poético, inesperado y sentimental...
Pic.
Bueno, pero...
Tito
Ni una palabra más. Pronto lo sabréis todo.
Man.
Chits... silencio. Mirad, Galán que viene agonizante en brazos de don Marcelino.
Tor.
¡Pobrecillo!
Tito
Huyamos. (~Vanse izquierda riendo.~)
ESCENA IV
GALÁN y DON MARCELINO (por la derecha)
Num.
(~Desesperado, deprimido, con cara de fatiga y medio llorando.~) ¡Ay, que no... ay, que no puedo más, señor Córcoles!... Yo me marcho, yo huyo, yo me suicido. Todo menos otro _Fox trot_.
Marc.
(~Conteniéndole.~) Pero espera, hombre, por Dios, ten calma.
Num.
No, no puedo. ¡Otro _Guan step_ y fallezco! Esta broma está tomando para mí proporciones trágicas, espeluznantes, aterradoras... Yo me voy, me voy... ¡Déjeme usted!...
Marc.
¡Pero, por Dios, Galán, no seas loco! Ten calma...
Num.
No, no puedo más, don Marcelino; porque, aparte del terror que me inspira don Gonzalo... es que Florita... ¡Florita me inspira mucho más terror todavía!... (~Se vuelve aterrado.~) ¿Viene?
Marc.
No, no tengas miedo, hombre.
Num.
No, si no es miedo; ¡es pánico!... porque sépalo usted todo, don Marcelino... ¡Es que la he vuelto loca!
Marc.
¿Loca?
Num.
¡Está loca por mí!... ¡pero loca furiosa!
Marc.
¿Es posible?
Num.
Lo que sintió Eloísa por Abelardo fué casi una antipatía personal comparado con la pasión que he encendido en el alma volcánica de esta señorita... y la llamo señorita por no agraviar a ninguna especie zoológica. Figúrese usted que me obliga a estar a su lado para hablarme de amor, durante ¡nueve horas diarias!
Marc.
¡¡Nueve!!
Num.
¡Y cuando me voy me escribe!
Marc.
¡Atiza!
Num.
Mientras estoy en la oficina me escribe... Me voy a comer y me escribe... Me meto en el baño...
Marc.
¿Y te escribe?
Num.
Me cablegrafía. ¡Lleva en el bolsillo una caja de pastillas de sublimado y una _browning_ por si la abandono! Las pastillas para mí, la _browning_ para... digo, no... Bueno, no me acuerdo, pero yo en el reparto salgo muy mal parado. ¡Dice que me mata si la dejo!
Marc.
Eso es lo peor.
Num.
No, quiá. Lo peor es que como sabe usted que pinta, me está haciendo un retrato.
Marc.
¿Al óleo?
Num.
Al pastel. Y tengo que poner la mirada dulce...
Marc.
Es natural.
Num.
Y estarme hora y media inmóvil, vestido de cazador, con aquellos dos perros del regalito, que se me están comiendo el sueldo, y una liebre en la mano, en esta actitud. (~Hace una postura ridícula.~)
Marc.
Como diciendo: ¡ahí va la liebre!
Num.
¡Sí, señor, y así quince días!... ¡¡Quince!!... ¡Figúrese usted cómo estaré yo y cómo estará la liebre!
Marc.
¡Y cómo estarás de pastel!
Num.
Que paso por una pastelería y me vuelvo de espaldas. No le digo a usted más. ¡Con lo goloso que yo era!
Marc.
¡Qué horror!
Num.
Bueno, pues mientras me acaba el pictórico, me ha pedido el retrato fotográfico, ha mandado sacar ocho ampliaciones y dice que me tiene en el gabinete y en el comedor y en los pasillos... ¡y que me tiene hasta en la cabecera de la cama!... ¡Y yo no paso de aquí, don Marcelino, no paso de aquí!
Marc.
¡Pobre Galán!... pero claro, lo que sucede es lógico. Una mujer que ya había perdido sus ilusiones ve renacer de pronto...
Num.
Lo ve renacer todo. ¡Qué ímpetu, qué fogosidad!... ¡Con decirle a usted que ya está bordando el juego de novia!
Marc.
¡Hombre, por Dios, procura evitarlo!
Num.
¿Pero cómo?... Si para disuadirla hasta la he dicho que está prohibido el juego y no me hace caso. Ayer me enseñó dos saltos de cama—figúrese usted el salto mío—, para preguntarme que cómo me gustaban más los saltos, si con caídas o sin ellas.
Marc.
Tú le dirías que los saltos sin caídas.
Num.
Yo no sé lo que le dije, don Marcelino, porque yo estoy loco. Puedo jurarle a usted que en mi desesperación, más de tres veces he venido a esta casa resuelto a confesarle la verdad a don Gonzalo; pero claro, le encuentro siempre tirando a las armas, o con los guantes de boxeo puestos, dándole puñetazos a una pelota que tiene sujeta entre el techo y el suelo...
Marc.
Un funchimbool.
Num.
No sé cómo se llama, pero como a cada puñetazo la pelota oscila de un modo terrible y la habitación retiembla, yo me digo: ¡Dios mío, si le confieso la verdad y se ciega y me da a mí uno de esos en el balón, (~Por la cabeza.~) pasado mañana estoy prestando servicio en el Purgatorio!
Marc.
No, hombre, no, por Dios... Ten ánimo, no te apures.
Num.
Sí, no te apures, pero el compromiso va creciendo y esos miserables burlándose de mí. ¡Maldita sea!...
Marc.
¡Ah!, oye; lo que te aconsejo es que te moderes, porque Gonzalo me acaba de preguntar que por qué le has dado dos puntapiés a Picavea en el vestíbulo, y no he sabido qué decirle.
Num.
Y los mato, no lo dude usted, los mato como no busquen a este conflicto en que me han metido una solución rápida, inmediata. ¡Es necesario, es urgentísimo!
Marc.
Descuida, que creo lo mismo, y en ese sentido voy a hablarle a Tito Guiloya.
Num.
¡Sí, porque yo no espero más que esta noche para tomar una resolución heróica!
Marc.
Aguárdame aquí. Voy a hablarles seriamente. No tardo.
Num.
Oiga usted, don Marcelino; si Florita le pregunta a usted que dónde estoy, dígale que me he subido a la azotea, hágame el favor. Siquiera que tarde en encontrarme, porque me andará buscando, de seguro.
Marc.
Descuida. (~Vase izquierda.~)
ESCENA V
NUMERIANO GALÁN; luego FLORITA
Num.
(~Cae desfallecido sobre un banco.~) ¡Ay, Dios mío! Bueno, yo hace quince días que no duermo, ni como, ni vivo... ¡Y yo que nunca he debido un céntimo, me he hecho hasta tramposo!... Porque entre los dos perros y el marco, que lo estoy pagando a plazos, se me va la mitad del sueldo. ¡Qué cuadrito!... Don Gonzalo le llama _la mancha_, pero quiá. Es muchísimo más grande. La Mancha y la Alcarria, todo junto. ¡No le he puesto más que un listón alrededor y me ha subido a veinticinco duros!... ¡Ay!, yo estoy enfermo, no me cabe duda. Tengo dolor de cabeza, inquietud, espasmos nerviosos; porque además de todo esto, esa mujer me tiene loco. Es de una exaltación, de una vehemencia y de una fealdad que consternan. Y luego tiene unas indirectas... Ayer me preguntó si yo había leído una novela que se titula _El primer beso_, y yo no la he leído; pero aunque me la supiera de memoria... ¡Esas bromitas no! Y para colmo, habla con un léxico tan empalagoso, que para estar a su altura me veo negro. Aquí me he venido huyendo de ella... Aquí, siquiera por unos momentos, estoy libre de esa visión horrenda, de esa visión...
Flora
(~Apartando el ramaje del fondo de la fuente, asoma su cara risueña y dice melodiosamente.~) ¡Nume!
Num.
(~Levantándose de un salto tremendo.~) (¡Cuerno!... ¡La visión!)
Flora
Adorado Nume...
Num.
(~Con desaliento.~) ¡Florita!
Flora
(~Saliendo. Lo mira.~) ¡Pero cuán pálido! ¡Estás incoloro! ¿Te has asustado?
Num.
(~Desfallecido.~) Si me sangran no me sacan un coágulo.
Flora
Pues yo, errabunda, hace un rato que de un lado a otro del parterre vago en tu busca. ¿Y tú, amor mío?
Num.
¡Yo vago también; pero más vago que tú, me había sentado un instante a delectarme en la contemplación de la noche serena y estrellada!...
Flora
¡Oh, Nume!... Pues yo te buscaba.
Num.
Pues si yo sé que me buscas, te juro que corro, que corro a tu encuentro.
Flora
Y dime, Nume, ¿qué hacías en este paradisiaco rincón?
Num.
Rememorarte. (Con más elegancia, ni d’Anunzzio.)
Flora
¡Ah, Nume mío, gracias, gracias! Ah, no puedes suponerte cuánto me alegro encontrarte en este lugar recóndito.
Num.
Bueno, pero, sin embarco, yo creo que debíamos irnos, porque si alguien nos sorprendiera arrinconados y extáticos, podía macular tu reputación incólume y eso molestaríame.
Flora
¿Y qué importa, Nume?... ¡La felicidad es un pájaro azul que se posa en un minuto de nuestra vida y después levanta el vuelo y Dios sabe en qué otro minuto se volverá a posar!
Num.
Sí, pero figúrate que ahora viene el pájaro y se posa, pero luego pasa uno y nos lo espanta y encima lo divulga, y ¿qué pasa? Pues que te pesa. Hay que estar en todo. (~Intenta irse.~)
Flora
(~Deteniéndole.~) Nume, no seas tímido. La dicha es efímera. Siéntate, Nume.
Num.
No me siento, Florita. (¡A solas la tengo pánico!)
Flora
Anda, siéntate, porque quiero en este rincón de ensueño pedirte una revelación... (~Le obliga a sentarse.~)
Num.
¡Una revelación!... Bueno; si eres rápida y sintética, atenderéte; pero si no, alejaréme. Habla.
Flora
Vamos a ver, Nume, con franqueza: ¿por qué te he gustado yo?
Num.
Por nada.
Flora
¿Cómo?
Num.
Quiero decir que no me has gustado por nada y... me has gustado por todo. Te he encontrado...
Flora
¿Qué?... ¿Qué?...
Num.
Te he encontrado un no sé qué... un qué sé yo... un algo así, indefinible; un algo raro. ¡Raro, esa es la palabra!
Flora
Bueno; ¿qué te han gustado más, los ojos, la boca, el pie?
Num.
Ah, eso no, no... detallar no he detallado. Me gustas, ¿cómo te lo diría yo?... En conjunto, en total... Me gustas en globo, vamos...
Flora
¡En globo! ¡Qué concepto tan elevado!
Num.
Sí, elevadísimo; lo más elevado posible... como corresponde a mi admiración.
Flora
¡Ah, Nume mío, gracias, gracias!
Num.
No hay de qué.
Flora
Y dime, Nume, una simple pregunta; ¿tú has visto por acaso en el Cine una película que se titula «Luchando en la obscuridad»?...
Num.
¿En la obscuridad?... No; yo en la obscuridad no he visto nada.
Flora
¡Lo decía, porque en una de sus partes hay una escena tan parecida a ésta!
Num.
(~Aterrado.~) ¿Sí? (~Intenta levantarse. Ella le detiene.~)
Flora
Es un jardín. Un rincón poético, una fontana rumorosa, la luna discreta, dos amantes apasionados...
Num.
(~Con miedo creciente.~) ¡Qué casualidad!
Flora
De pronto los amantes, yo no sé por qué, se miran, se prenden de las manos, se atraen.
Num.
(¡Cielos!)
Flora
Y un beso une sus labios; un beso largo, prolongado; uno de esos besos de Cine, durante los cuales todo se atenúa, se desvanece, se esfuma, se borra, y... aparece un letrero que dice, Milano Films. Pues bien, Nume, ese final...
Num.
¡No, no... jamás... Florita!... Cálmate o pido socorro... No quiero dejarme llevar de la embriaguez. ¡Yo no llego al Milano ni aunque me emplumen!...
Flora
¡Pero, Nume mío!...
Num.
No, Flora, hay que hacerse fuertes... Vámonos, vida mía. Vámonos o llamo. (~Se escucha pianísimo el vals de «Eva».~)
Flora
(~Exaltada.~) Espera... atiende... ¡Oh, esto es un paraíso!... ¿No escuchas?
Num.
Sí; el vals de _Eva_.
Flora
¡Delicioso!
Num.
Delicioso, pero vámonos.
Flora
¡Divina, suave, enloquecedora melodía de amor! ¿Quieres que nos vayamos como en las operetas?...
Num.
Vámonos, y vámonos como te dé la gana.
Flora
¡Oh, Nume!... (~Se van bailando el vals.~)
Num.
¡Por Dios, Florita, no aprietes que congestionas! (~Hacen mutis bailando. Vanse por la izquierda.~)
ESCENA VI
DICHOS y DON GONZALO, por la izquierda
Gonz.