La señorita de Trevelez: Farsa cómica en tres actos

Part 2

Chapter 23,974 wordsPublic domain

Menéndez, yo te debo a ti...

Men.

Trescientas cuarenta y cinco pesetas de bocadillos.

Num.

Y un cariño muy grande, porque si no me quisieras, ¿cómo me ibas a haber dado tantos bocadillos?...

Men.

Que le tengo a usted ley.

Num.

Pues por eso, como sé que me quieres... y que te alegras de mis triunfos amorosos...

Men.

Por descontado...

Num.

Voy a hacerte una revelación sensacional.

Men.

¡Carape!

Num.

Sensacionalísima.

Men.

¿Ha caído la viuda?

Num.

Ha tropezado nada más; pero no es eso. Atiende. Muchos días, efusivo Menéndez, ¿no te ha chocado a ti verme entrar a deshora en este salón de lectura?

Men.

Mucho, sí, señor.

Num.

Pues bien, ¿al entrar yo en el salón de lectura tú no leías nada en mis ojos?

Men.

No, señor; yo casi nunca leo nada.

Num.

¿Pero no te chocaba verme huraño, triste y solo, metido en ese rincón?

Men.

Sí, señor; pero yo decía: será que le gusta la soledad.

Num.

Y eso era, perspicaz Menéndez, que me gusta la Soledad... pero no la de aquí, sino la de ahí enfrente.

Men.

¡La doncellita de los Trevelez!

Num.

La misma que viste y calza... de una manera que conmociona.

Men.

Entonces, ahora me explico por qué teniendo usté tanta ilustración aquí dentro...

Num.

No hacía más que tonterías ahí fuera... como señas, sonrisitas, juegos de fisonomía... ¿lo comprendes ahora?

Men.

¡Ya lo creo!... ¡Menudo pimpollo está la niña!

Num.

¡Qué Soledad más apetecible!, ¿verdad, Menéndez?

Men.

Es una Soledad pa no juntarse con nadie, don Numeriano.

Num.

Para no juntarse con nadie más que con ella.

Men.

Natural.

Num.

A mí, Menéndez, esa chiquilla me inspira un sentimiento de deseo, un sentimiento de pasión, un sentimiento de...

Men.

(~Dándole la mano.~) Acompaño a usted en el sentimiento.

Num.

Muchas gracias, incondicional Menéndez. Pues bien, por conseguir los favores de esa monada, andábamos a la greña Pablito Picavea y yo.

Men.

¿Y qué?

Num.

Que lo he arrollado... ¡que esa bizcotela ya es mía!

Men.

¡Arrea!

Num.

Aquí tengo los títulos de propiedad. (~Saca una carta.~) Atiende y deduce. Por la tarde la pedí relaciones y por la noche me trajo el cartero del interior esta expresiva y seductora cartita. Juzga. «Señorito Numeriano. De palabra no me he atrevido esta tarde a darle una contestación aparente porque no me dejó el reparo.» ¡El reparo!... ¡qué monísima!... «Pero si usted quiere que le diga lo que sea, estese mañana a las once en el salón de lectura del Casino y si tiene valor una servidora, se asomará y se lo dirá; aunque sé que es usted muy mal portao con las mujeres...» ¡Mal portao!... ¡Me ha cogido el flaco!

Men.

¡La fama que _vola_!

Num.

(~Sigue leyendo.~) «No falte. Saldré a sacudir... No vuelva...» (~Vuelve la hoja.~) «No vuelva a asomarse hasta mañana, porque mi señorita está escamada. Sulla. Ese.» ¡Sulla! (~Guardándose la carta.~) ¡Ah, estupefacto Menéndez, este _sulla_ no lo cambio yo por una dolora de Campoamor, porque estas cuatro letras quieren decir que esa fruta sazonada y exquisita ha caído en mi implacable banasta!

Men.

¡Pero qué suerte tiene usté!

Num.

(~Por sus ojos.~) ¡Le llamas suerte a estas dos ametralladoras!

Men.

¡Hombre!...

Num.

Lo que hay es que tengo una mirada que es para sacar patente. La fijo cuarenta segundos en un puro y lo enciendo. No te digo más. Y hay días que los enciendo de reojo.

Men.

De modo que viene usted a la cita.

Num.

Di más bien a la toma de posesión.

Men.

Poquito que va a rabiar el señor Picavea.

Num.

El señor Picavea y todos esos imbéciles del _Guasa-Club_, que hasta me amenazaron con no sé qué venganzas si no abandonaba mi conquista... ¡abandonarla yo!... Cuando es ella la que... ¡ja, ja, ja!

Men.

¿Y a qué hora es la cita?

Num.

¿No lo has oído? A las once. Faltan solo unos segundos.

Men.

Pues miremos a ver... (~Dan las once en el reloj.~)

Num.

¡Ya dan!... ¡Estoy emocionado!... (~A Menéndez, que mira.~) ¿Ves algo?

Men.

No... aún nada... ¡pero calle!... Sí... los visillos se menean.

Num.

(~Mira.~) Es verdad, algo se mueve detrás.

Men.

¿Será ella?...

Num.

Sí, ella, ella es, veo su silueta hermosísima. Aparta, Menéndez. (~Se retoca y acicala.~)

Men.

Salga usted.

Num.

Sí, voy a salir; porque hasta que no me vea no se asoma.

Men.

Ya va a abrir, ya va a abrir...

Num.

Ahora verás aparecer su juvenil y linda carita... ahora verás cómo fulgen sus ojos africanos. ¡Fíjate!... (~Sale.~) ¡Ejem, ejem!... (~Tose delicadamente. Se abre la ventana poco a poco y asoma entre las persianas la cara ridícula, pintarrajeada y sonriente de la señorita de Trevelez.~)

ESCENA IX

DICHOS y FLORITA

Flora

(~Después de mirar con rubor a un lado y a otro.~) Buenos días, amigo Galán.

Num.

(~Aterrado.~) (¡Cielos!)

Men.

(¡Atiza! ¡Doña Florita!)

Num.

Muy buenos los tenga usted, amiga Flora.

Flora

Es usted cronométrico.

Num.

¿Un servidor?

Flora

Y no tiene usted idea de todo lo que me expresa su puntualidad.

Num.

¿Mi puntualidad?... (¿Sabrá algo?)

Men.

(~Muerto de risa.~) (¡Qué plancha!)

Num.

(~A Menéndez.~) (No te rías, que me azoras.)

Flora

(~Acariciando las flores de un tiesto.~) ¡Galán!

Num.

Florita.

Flora

(~Con rubor.~) He recibido eso.

Num.

¿Que ha recibido usted eso?... (¿Qué será eso?)

Flora

Lo he leído diez veces y a las diez su fina galantería ha vencido mi natural rubor.

Num.

¿A las diez?... De modo que dice usted que a las diez mi fina... (¿pero de que me hablará esta señora?) Florita, usted perdone, pero no comprendo y yo desearía que me dijese de una manera breve y concreta...

Flora

(~Con vivo rubor.~) ¡Ah, no, no, no, no!... Eso es mucho pedir a una novicia en estas lides... Hágase usted cargo... mi cortedad es muy larga, Galán.

Num.

Bueno, pero por muy larga que sea una cortedad, si a uno no le dicen claramente las cosas...

Flora

Sí, pero repare usted que hay gente en los balcones...

Num.

Ya lo veo, pero qué importa eso para...

Flora

Y como yo presumía que no podríamos hablar sin testigos, le he escrito en este papel unas líneas que expresarán a usted debidamente mi gratitud y mi resolución.

Num.

¿Dice usted que su gratitud y su...?

Flora

(~Tirando el papel que cae en la habitación.~) Ahí va mi alma.

Num.

(~Esquivando el golpe.~) (Caray, de poco me deja tuerto.)

Flor

Galán... en el texto de esa carta voy yo misma. Léalo, compréndala y júzguele. (~Entorna.~)

Num.

Bueno, pero...

Flora

Voy tal cual soy: sin malicia, sin reserva, sin doblez. (~Cierra.~)

Num.

¡Pero Florita!

Flora

(~Abre.~) Sin doblez. Adiós, Galán. (~Cierra.~)

ESCENA X

NUMERIANO GALÁN y MENÉNDEZ

Num.

(~A Menéndez que está muerto de risa en una silla.~) ¡Dios mío!... Ay, Menéndez, ¿pero qué es esto?

Men.

(~Señalando la carta que está en el suelo.~) Parece un papel.

Num.

No, eso ya lo sé; mi pregunta es abstracta: digo, ¿qué es esto?, ¿qué me pasa a mí?, ¿por qué en vez de Solita sale ese estafermo y me arroja una carta?

Men.

¡Qué sé yo! Ábrala, léale y averígüelo.

Num.

Tienes razón. Veamos. (~Coge el papel y empieza a desdoblarlo, tarea dificilísima por los muchos dobleces que trae.~) ¡Caramba y decía que sin doblez!... ¿Y qué viene aquí dentro?

Men.

Ella ha dicho que venía su alma.

Num.

Pues es una perra gorda.

Men.

Que la ha metido pa darle impulso al papel.

Num.

Veamos qué trae la perra. (~Leyendo.~) «Apasionado Galán.»

Men.

¡Atiza!

Num.

¡Yo apasionado! (~Lee.~) «Después de leída y releída su declaración amorosa...»

Men.

¡Repeine!

Num.

¡¡Pero qué dice esta anciana!! (~Lee.~) «Y sus entusiastas elogios a mi belleza estética, que solo puedo atribuir a una bondad insólita...» (¡qué tía más esdrújula!) «consultele a mi corazón, pedile consejo a mi hermano como usted indicome...» ¡cuerno! «y mi hermano y mi corazón de consuno, decídenme a aceptar las formales relaciones que usted me ofrenda...» ¡Me ofrenda!... ¡Mi madre!

Men.

¿Pero usted la ha _ofrendido_?

Num.

¡Yo qué la voy a _ofrender_, hombre! (~Lee.~) «¡Ah, Galán! el amor que usted me brinda es una suerte...» ¡Pero Dios mío, si yo no la he brindado ninguna suerte a esta señora! «Es una suerte, porque prendióse en mi alma con tan firmes raíces, que nadie podrá ya arrancarlo; y si quieren hacer la prueba, háganla cuanto antes; ¡ah, Galán! ¿Se lo digo todo en esta carta?... Yo creo que sí.»

Men.

Y yo creo que también.

Num.

«Nada reserveme y sepa que al escribirla entreguele mi alma... Adiós.»

Men.

¿Se ha muerto?

Num.

Se ha vuelto loca. (~Lee.~) «Suya hasta la ultratumba. Flora de Trevelez.» ¡Pero Dios mío, yo me vuelvo loco!... ¿Pero qué es esto?

Men.

(~Señalándole los ojos.~) Las ametralladoras.

Num.

¿A qué viene esta carta?... ¿Pero quién le ha dicho a ese pliego de aleluyas que yo la amo? ¿Pero qué es esto?... ¡Dios mío, qué es esto!

ESCENA XI

DICHOS, TITO GUILOYA, PICAVEA, TORRIJA y PEPE MANCHÓN. Luego DON MARCELINO.

~Los cuatro primeros salen de la segunda izquierda muertos de risa. El último se asoma por la primera izquierda y queda presenciando la escena.~

Todos

¡Ja, ja, ja! (~Riendo.~)

Tito

Pues esto es, amigo Galán, que el _Guasa-Club_ ha triunfado.

Tor.

¡Viva el _Guasa-Club_!

Num.

¡Pero vosotros!... ¿Pero es que vosotros?...

Man.

Que sea enhorabuena, Galán; ya eres dueño de esa beldad.

Tito

¡Querías a la doncella y te entregamos a la señora!

Pic.

¡La doncellita para mí!

Num.

¡Ah, pero vosotros!... ¡Pero esta canallada!

Pic.

«Ardides del juego son.»

Todos

(~Vanse riendo por la derecha.~) ¡Ja, ja, ja! (~Menéndez les sigue estupefacto y haciéndose cruces.~) Hagan la prueba que hagan. ¡Ah, Galán!... ¡Ja, ja, ja!

ESCENA XII

NUMERIANO GALÁN y DON MARCELINO

Num.

(~Desesperado.~) ¿Pero qué han hecho estos cafres, don Marcelino?

Marc.

¿No lo adivinas, infeliz? Pues que imitando tu letra han escrito una carta de declaración a Florita de Trevelez firmada por ti.

Num.

¡Dios mío!

Marc.

Que ella, romántica y presumida como un diantre, te ha visto mil veces al acecho en ese balcón y creyendo que salías por ella ha caído fácilmente en el engaño, y que te contesta aceptando tu amor.

Num.

¡Cuerno!

Marc.

Y de ese modo te inutilizan para que sigas cortejando a la doncellita y Picavea se sale con la suya. ¿Ves qué sencillo?

Num.

¡Dios mío, pero esto es una felonía, una canallada, que no estoy dispuesto a consentir! Yo deshago el error inmediatamente. (~Llamando desde el balcón.~) ¡Flora... Flora... Florita... amiga Flora!...

Marc.

Aguarda, hombre, aguarda. Así, a voces y desde el balcón, no me parece procedimiento para deshacer una broma que pone en ridículo a personas respetables.

Num.

¿Y qué hago yo, don Marcelino? Porque ya conoce usted el carácter de don Gonzalo.

Marc.

¡Que si le conozco! ¡Pues eso es lo único grave de este asunto!

Num.

Y por lo que aquí dice, se ha enterado.

Marc.

Como que esta burla puede acabar en tragedia: porque Gonzalo, en su persona, tolera toda clase de chanzas, pero a su hermana, que es todo su amor... ¡Acuérdate que tuvo a Martínez cuatro meses en cama de una estocada, sólo porque la llamó la jamona de Trevelez!... ¡Conque si se entera de que esto es una guasa, hazte cargo de lo que sería capaz!...

Num.

¡Ay, calle usted, por Dios!... Pero yo le diré que la carta no es mía, que compruebe la letra.

Marc.

Sí, pero ellos pueden decirle que la has desfigurado para asegurarte la impunidad, y entre que si sí y que si no, el primer golpe lo disfrutas tú.

Num.

¡Miserables, canallas!... ¿Y qué hago yo, don Marcelino, qué hago yo?

(~Se oye rumor de voces.~)

Marc.

¡Silencio!... ¿Oyes?...

Num.

¡Madre!... ¡Es don Gonzalo! ¡Don Gonzalo que viene!

Marc.

Y viene con esos bárbaros.

Num.

¡Ay, don Marcelino!... ¡ay! ¿qué hago yo?

Marc.

Ocúltate. En cuanto nos dejen solos, yo procuraré tantearle. Le dejaré entrever la posibilidad de una broma... Tú oyes detrás de una puerta, y según oigas, procede.

Num.

Sí, eso haré. ¡Canallas! ¡Bandidos! (~Vase segunda izquierda.~)

ESCENA XIII

DON MARCELINO, DON GONZALO, TITO GUILOYA, MANCHÓN, TORRIJA y PICAVEA. Salen por la derecha.

~El rumor de las voces ha ido creciendo; al fin aparecen por la puerta derecha, precediendo a don Gonzalo, Manchón, Picavea y Torrija, que bulliciosa y alegremente se forman en fila a la parte izquierda de la puerta, y al salir don Gonzalo agitan los sombreros aclamándole con entusiasmo.~

Tito

¡Hurra por don Gonzalo!

Todos

¡Hurra!

Gonz.

(~Sale sombrero en mano. Viste con elegancia llamativa y extremada para sus años. Va teñido y muy peripuesto.~) Gracias, señores, gracias.

Tito

¡Bravo, don Gonzalo, bravo!

Tor.

¡Elegantísimo! ¡Cada día más elegante!

Man.

¡Deslumbrador!

Pic.

¡Lovelacesco!

Gonz.

(~Riendo.~) ¡Hombre, por Dios, no es para tanto!

Pic.

Inmóvil, y con un letrero debajo, la primera plana del _Pictorial Revieu_.

Tito

¡Si Roma tuvo un Petronio, Villanea tiene un Trevelez!... ¡Digámoslo muy alto!

Gonz.

Nada, hombre, nada. Total un trajecillo _higge faeshion_, un chalequito de fantasía, una corbata bien entonada, una flor bien elegida, un poquito de _caché_, de _chic_... y vuestro afecto. Nada, hijos míos, nada. (~Les abraza.~) ¿Y tú, qué tal, Marcelino, cómo estás?

Marc.

Bien, Gonzalo, ¿y tú?

Gonz.

Ya lo ves; confundido con los elogios de estos tarambanas... ¡Yo!... ¡un pobre viejo!... ¡figúrate!...

Pic.

¿Cómo viejo? Usted es como el buen vino, don Gonzalo; cuantos más años más fuerza, más aroma, más _bouquet_.

Tito

Y si no que lo digan las mujeres. Ellas acreditan su marca. Le saborean y se embriagan. ¿Niéguelo usted?

Gonz.

(~Jovialmente.~) ¡Hombre, hombre!... Entono y reconforto... _Voila tout..._ ¡Ja, ja, ja!

Todos

(~Aplauden.~) ¡Bravo, bravo!

Tor.

¡Y lo que le ocurre a don Gonzalo es rarísimo, cuanto más años pasan, menos canas tiene!

Tito

Y se le acentúa más ese tinte juvenil... ese tinte de distinción, que le da toda la arrogancia de un Bayardo.

Gonz.

¡Ah, no, amigos míos, no burlaros de mí! Yo ya no soy nada. Claro está que las altas cimas de mis ilusiones aún tienen resplandores de sol, postrera luz de un ocaso espléndido... pero al fin mi vida ya no es más que un crepúsculo...

Todos

¡Bravo, bravo!

Tito

¡Qué poetazo!

Pic.

Pero usted todavía ama, don Gonzalo, y el amor...

Gonz.

¡Amor, amor!... Eterna poesía. Es el dulce rumor que va cantando en su marcha hacia el misterio de la muerte, el río caudaloso de la vida. Esto es de un poema que tengo empezado.

Todos

¡Colosal! ¡Colosal!

Tor.

Gran maestro en amor debe ser usted.

Gonz.

¡Maestro!... ¡Ah, hijo mío, en amor, como las que enseñan son las mujeres, cuanto más te enseñan... más suspenso te dejan!

Todos

¡Muy bien, muy bien!

Gonz.

Sin embargo, yo tengo mis teorías.

Todos

Veamos, veamos.

Gonz.

La mujer es un misterio.

Man.

Muy nuevo, muy nuevo.

Gonz.

Amar a una mujer es como tirarse al agua sin saber nadar: se ahoga uno sin remedio. Si le dicen a uno que sí, le ahoga la alegría; si le dicen que no, le ahoga la pena...

Tito

¿Y si le dan a uno calabazas?

Gonz.

¡Ah, si le dan a uno calabazas, entonces... nada!

Todos

(~Riendo.~) ¡Ja, ja, ja!... ¡Muy bien! ¡Bravo!

Pic.

¡Graciosísimo!

Tito

¡Y se llama viejo un hombre de tan sutil ingenio!

Pic.

¡Viejo, un hombre de contextura tan hercúlea!... ¡Porque fijaos en este torso!... (~Le golpea la espalda.~) ¡Qué músculos!

Tor.

¡Es el Moisés de Miguel Ángel!

Gonz.

(~Satisfecho.~) ¡Ah, eso sí!... ¡Todavía tuerzo una barra de hierro y parto un tablero de mármol!... Hundo un tabique...

Tito

¡Mirad qué bíceps!

Man.

¡Enorme!

Tor.

Pues ¿y los sports, cómo los practica?...

Todos

¡¡Oh!!

Gonz.

En fin, pollos, esperadme en la sala de billar, que tengo algo interesante que decir a don Marcelino, y en seguida corro a vuestro encuentro y jugaremos ese match prometido.

Tito

Pues allí esperamos.

Pic.

¡Viva don Gonzalo!

Todos

¡Viva!

Tito

_¡Arbiter elegantorum civitatis villanearum, salve!_

Pic.

¡Salve y Padre nuestro! (~Se abrazan.~)

Gonz.

Gracias, gracias.

(~Vanse riendo primera izquierda.~)

ESCENA XIV

DON GONZALO y DON MARCELINO

Gonz.

Marcelino.

Marc.

Gonzalo.

Gonz.

(~Con gran alegría.~) Estaba deseando que nos dejasen solos. He venido especialmente a hablar contigo.

Marc.

¿Pues?...

Gonz.

Abrázame.

Marc.

¡Hombre!...

Gonz.

Abrázame, Marcelino. (~Se abrazan efusivamente.~) ¿No has notado desde que traspuse esos umbrales que un júbilo radiante me rebosa del alma?

Marc.

¿Pero qué te sucede para esa satisfacción?

Gonz.

¡Ah, mi querido amigo, un fausto suceso llena mi casa de alegres presagios de ventura!

Marc.

¿Pues qué ocurre?

Gonz.

Tú, Marcelino, conoces mejor que nadie este amor, qué digo amor, esta adoración inmensa que siento por esa noble criatura llena de bondad y de perfecciones que Dios me dió por hermana.

Marc.

Sé cuánto quieres a Florita.

Gonz.

¡Oh, no!, no puedes imaginarlo, porque en este amor fraternal se han fundido para mí todos los amores de la vida. De muy niños quedamos huérfanos. Comprendí que Dios me confiaba la custodia de aquel tesoro y a ella me consagré por entero; y la quise como padre, como hermano, como preceptor, como amigo; y desde entonces, día tras día, con una abnegación y una solicitud maternales, velo su sueño, adivino sus caprichos, calmo sus dolores, alivio sus inquietudes y soporto sus puerilidades, porque claro, una juventud defraudada produce acritudes e impertinencias muy explicables. Pues bien, Marcelino, mi único dolor, mi único tormento era ver que pasaban los años y que Florita no encontraba un hombre... un hombre, que estimando los tesoros de su belleza y de su bondad en lo que valen, quisiera recoger de su corazón todo el caudal de amor y de ternura que brota de él. ¡Pero al fin, Marcelino, cuando yo ya había perdido las esperanzas... ese hombre...!

Marc.

¿Qué?

Gonz.

¡Ese hombre ha llegado!

(~Galán se asoma por la izquierda con cara de terror.~)

Marc.

(~Aparte.~) ¡Dios mío!

Gonz.

Y si lo pintan no lo encontramos ni más simpático, ni más fino, ni más bondadoso. Edad adecuada, posición decorosa, honorabilidad intachable... ¡un hallazgo!... ¿Sabes quién es?

Marc.

¿Quién?

Gonz.

Numeriano Galán... ¡Nada menos que Numeriano Galán! (~Galán manifiesta un pánico creciente.~) ¿Qué te parece?

Marc.

Hombre, bien... me parece bien. (~Galán le hace señas de que no.~) Buena persona... (~Siguen las señas negativas de Galán.~) Un individuo honrado... (~Galán sigue diciendo que no.~) pero yo creo que debías informarte, que antes de aceptarle debías...

Gonz.

(~Contrariado.~) ¿Pero qué estás diciendo?

Marc.

Hombre, se trata de un forastero que apenas conocemos, y por consecuencia...

Gonz.

¡Bah, bah, bah!... ya empiezas con tus suspicacias, con tus pesimismos de siempre... ¡Has de leer la carta que le ha escrito a Florita!... Una carta efusiva, llena de sinceridad, de pasión, modelo de cortesanía, diciéndola que me entere de sus propósitos y que le fijemos el día de la boda... Conque ya ves si en un hombre que dice esto... ¡dudar, por Dios!...

Marc.

(¡Canallas!) No, si yo lo decía porque como es una cosa tan inopinada, quién no te dice que a veces... como este pueblo es así... figúrate que alguien... una broma...

Gonz.

(~Le coge de la mano vivamente con expresión trágica.~) ¡Cómo broma!

Marc.

Hombre, quiero decir...

Gonz.

¿Qué quieres decir?

Marc.

No, nada, pero...

Gonz.

(~Sonriendo.~) ¡Una broma!... No sueñes con ese absurdo. Ya sabe todo el mundo que bromas conmigo, cuantas quieran. Las tolero no con la inconsciencia que suponen, pero en fin, con esa amable tolerancia que dan los años; pero una broma de este jaez con mi hermana, sería trágica para todos. Sería jugarse la vida sin apelación, sin remedio, sin pretexto. Te lo juro por mi fe de caballero.

Marc.

No, no te pongas así... si te creo, si figúrate, pero vamos...

Gonz.

Además, puedes desechar tus temores, Marcelino, porque esto no es una cosa tan inopinada como tú supones.

Marc.

¿Ah, no?

Gonz.

Hoy, llena de rubor la pobrecilla, me lo ha confesado todo. Ella ya tenía ciertos antecedentes. Dudaba entre Picavea y Galán, porque los dos la han cortejado desde esos balcones; pero su preferido era Galán, y por eso se ha apresurado a aceptarle loca de entusiasmo... ¡Sí, loca! ¡porque está loca de gozo, Marcelino! Su alegría no tiene límites... y a ti puedo decírtelo... ¡ya piensa hasta en el traje de boda!

Marc.

¡Hombre, tan deprisa!...

Gonz.

Quiere que sea liberty... ¡Yo no sé qué es liberty, pero ella dice que liberty y liberty ha de ser!... ¡Florita es dichosa, Marcelino!... ¡Mi hermana es feliz!... ¿Comprendes ahora este gozo que no cambiaría yo por todas las riquezas de la tierra?... ¡Ah, qué contento estoy! ¡Y es tan buena la pobrecilla que cuando me hablaba de si al casarse tendríamos que separarnos, una nube de honda tristeza nubló su alegría! Yo, emocionado, balbuciente, la dije:—«No te aflijas, debes vivir sola con tu marido. Mucho ha de costarme esta separación al cabo de los años, pero por verte dichosa, ¿qué amargura no soportaría yo?...» Nos miramos, nos abrazamos estrechamente y rompimos a llorar como dos chiquillos. Yo sentí entonces en mi alma, algo así como una blandura inefable, Marcelino, algo así como si el espíritu de mi madre hubiera venido a mi corazón para besarla con mis labios. Y ves... yo... todavía... una lágrima... (~Emocionado se enjuga los ojos.~) Nada, nada...

Marc.

(¡Dios mío, y quién le dice a este hombre que esos desalmados!...)

Gonz.

¿Comprendes ahora mi felicidad, comprendes ahora mi júbilo?

Marc.

Hombre, claro, pero...

Gonz.

Conque vas a hacerme un favor, un gran favor, Marcelino.

Marc.

Tú dirás...

Gonz.

Que llames a Galán...

Marc.

¿A Galán?

Gonz.

A Galán. Sé que está aquí y quiero, sin aludir para nada el asunto, claro está, darle un abrazo, un sencillo y discreto abrazo en el que note mi complacencia y mi conformidad.

Marc.

Es que si no estoy equivocado, me parece que ya se marchó.

Gonz.

No, no... está en el Casino; me lo ha dicho el Conserje. Y tengo interés, porque además del abrazo, traigo un encargo de Florita: invitarle a una _suaré_ que daremos dentro de ocho días. (~Toca el timbre. Aparece Menéndez.~) Menéndez, haz el favor de decir al señor Galán que venga un instante.

Men.

Sí, señor. (~Vase.~)

Gonz.

¡Qué boda, Marcelino, qué boda!... Voy a echar la casa por la ventana. Traigo al Obispo de Anatolia para que los case; y digo al de Anatolia, porque en obispos es el más raro que conozco.

Marc.

(¡Pobre Galán!)

ESCENA XV

DICHOS y NUMERIANO GALÁN por segunda izquierda

Num.

(~Haciendo esfuerzos titánicos para sonreír. Viene pálido, balbuciente.~) Mi querido don Gon... don Gon...

Gonz.

¡Galán!... ¡Amigo Galán!...

Num.

¡Don Gonzalo!

Gonz.

¡A mis brazos!

Num.

Sí, señor. (~Se abrazan efusivamente.~)

Gonz.

¿No le dice a usted este abrazo mucho más de lo que pudiera expresarse en un libro?

Num.

Sí, señor... Este abrazo es para mí un diccionario enciclopédico, don Gonzalo.

Gonz.

Reciba usted con él la expresión de mi afecto sincero y fraternal. _¡Fra-ter-nal!_

Num.

_Ya lo sé..._ Sí, señor... Gracias... muchas gracias, don Gonzalo. (~Le suelta.~)

Gonz.

¿Cómo don?... Sin don, sin don...

Num.

Hombre, la verdad, yo, como...

Gonz.

Pero parece usted hondamente preocupado... está usted pálido...

Num.

No, la emoción... la...

Marc.

Hazte cargo; le ha pillado tan de sorpresa... y luego esta acogida...

Num.

Sí, señor... sobre todo la acogida...

Gonz.

¡Pues venga otro abrazo! (~Se abrazan.~)

Num.

(¡Qué bíceps!)

Gonz.

¿Qué dice?

Num.

Nada, nada, nada...

Gonz.

Y después de hecha esta ratificación de afecto, diré a usted que le he molestado, querido Galán, para invitarle, al mismo tiempo que a Marcelino, a una _suaré_ que celebraremos en breve en los jardines de mi casa, que es la de ustedes...

Num.

Con mucho gusto, don Gonzalo.

Gonz.

Allí será usted presentado a nuestras amistades.

Num.

Tanto honor... (Yo salgo esta noche para Villanueva de la Serena.)

Gonz.

Bueno, y ahora vamos a otra cosa.

Num.

Vamos donde usté quiera.

Gonz.